Violencia familiar

Tipos. Doméstica. Cotidiana. Política. Cultural. Delincuencial. Maltrato. Físico. Emocional. Por negligencia. Maltratador. Victima. Victimario. Derechos humanos. Violación. Mecanismos legales de protección

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VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

INDICE

INTRODUCCIÓN........................................................................................................ 4

Concepto general de violencia

Concepto jurídico penal

I. TIPOS DE VIOLENCIA…....…............................................................................... 5

1.1 Violencia Domestica

1.2 Violencia Cotidiana

1.3 Violencia Política

1.4 violencia socio-económica

1.5 Violencia Cultural

1.6 Violencia Delincuencial

II. TIPOS DE MALTRATO………............................................................................. 6

2.1 Maltrato Físico

2.2 Maltrato Emocional

2.3 Maltrato por negligencia

III. MALTRATADORES……………………............................................................. 7

IV. RELACION VICTIMA AGRESOR……………………………………….…… 8

V. MARCO TEORICO ……………………………………………………….……… 8

5.1 Material y Métodos

5.2 Medición de Actitud

5.3 Resultados

5.4 Discusión

VI. CARACTERES APRENDIDOS EN LA VIOLENCIA ………………………..19

6.1 Generaciones Futuras

VII. FASES DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR………………………….…21

VIII. VIOLENCIA SEXUAL, ASUNTO DE DERECHOS HUMANOS…………………………………………………....................................... 21

8.1 Dimensiones de violación sexual contra niños y niñas

8.2 Consecuencias de la violación y el abuso sexual

ix. VIOLENCIA FAMILIAR En MEXICO…………….……............................... 25

VIOLENCIA FAMILIAR, POSIBLES MECANISMOS LEGALES DE pROTECCION …………………………................................................................... 27

10.1 Manifestaciones frecuentes de violencia intrafamiliar

10.2 Contra la violencia familiar

XI. CONCLUSION………………………….………………………………………...30

11.1 Resumen

BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………….. 34

INTRODUCCIÓN

'Violencia familiar'

La violencia familiar o intrafamiliar como ahora se le llama ya que ocurre dentro del núcleo familiar, es un delito que se entiende como la agresión o daño que se comete en el hogar a algún miembro de la familia, por alguien de la misma familia. Este delito a existido durante años, en nuestro país recordemos que el machismo es un factor fundamental para que estos hechos violentos ocurran y en ocasiones de tales agresiones puede tipificarse otro delito mas grave que es el delito de homicidio.

La violencia familiar, es algo más extenso, en ella se pueden incluir tanto a la mujer como a los menores o también a los enfermos y por supuesto a los ancianos. Para lo cual nosotros nos enfocaremos más en las mujeres y en los menores. En estos últimos años se ha venido dando una serie de programas y leyes en defensa de los derechos del niño y la mujer. Sin embargo, ¿eso nos asegura el bienestar?, ¿acaso estos programas y leyes bastarán para cesar los maltratos físicos y psicológicos que se producen día a día contra ellos?

Es necesaria una protección legal, pero es urgente que nuestra sociedad adquiera nuevos y mejores hábitos de crianza y convivencia. Aún en la posibilidad de parecer alarmistas, es necesaria una reeducación en cuanto al trato familiar, el que lamentablemente para muchos está caracterizado por la violencia, el rechazo y la indiferencia.

Para lograr el cambio de esta situación se requiere, en un inicio, el replanteamiento de los papeles del padre y la madre frente a los hijos, con el fin de que éstos últimos en el futuro respondan a las expectativas de sus progenitores.

Debemos ir, entonces, en búsqueda de las causas que son la semilla de un ambiente familiar hostil y que, consecuentemente, producen una educación errónea en nuestros niños.

Concepto General de Violencia intrafamiliar

Se considera como violencia familiar, aquellos actos u omisiones de poder dirigidos a dominar, controlar y agredir física, verbal, psicoemocional y sexualmente a cualquier miembro de la familia, que tenga por efecto causarle un daño.

Concepto Jurídico Penal de Violencia Intrafamiliar

Comete el delito de violencia familiar, el cónyuge, concubina o concubinario; pariente en línea recta ascendente o descendente sin limitación de grado; pariente colateral consanguíneo o afín hasta el cuarto grado; el tutor, el curador, el adoptante o adoptado, que habitando en la misma casa de la víctima haga uso de la fuerza física o moral en contra de ésta, o incurra en omisión grave que atente contra su integridad física, psíquica o ambas.

I. TIPOS DE VIOLENCIA.

Cuando nos preguntamos qué entendemos por violencia la asociamos generalmente a la producida por la agresión física. Sin embargo, en nuestro país la violencia tiene diferentes manifestaciones, las cuales podríamos clasificar las expresiones de violencia en:

1.1 Violencia Doméstica. La violencia psicológica y física con el cónyuge, el maltrato infantil y el abuso de los niños.

1.2 Violencia Cotidiana. Es la que venimos sufriendo diariamente y se caracteriza básicamente por el no respeto de las reglas, no respeto de una cola, maltrato en el transporte público, la larga espera para ser atendido en los hospitales, cuando nos mostramos indiferentes al sufrimiento humano, los problemas de seguridad ciudadana y accidentes. Todos aportamos y vamos siendo parte de una lucha cuyo escenario se convierte en una selva urbana.

1.3 Violencia Política. Es aquella que surge de los grupos organizados ya sea que estén en el poder o no. El estilo tradicional del ejercicio político, la indiferencia del ciudadano común ante los acontecimientos del país, la no participación en las decisiones, así como la existencia de las llamadas coimas como: manejo de algunas instituciones y las prácticas de Nepotismo institucional. También la violencia producida por la respuesta de los grupos alzados en armas.

1.4 Violencia Socio-económica. Que es reflejada en situaciones de pobreza y marginalidad de grandes grupos de la población: desempleo, subempleo, informalidad; todo esto básicamente reflejado en la falta o desigualdad de oportunidad de acceso a la educación y la salud.

1.5 Violencia Cultural. La existencia de un Perú oficial y un Perú profundo (comunidades nativas y campesinas), son distorsiones de los valores de identidad nacional y facilitan estilos de vida poco saludables.

1.6 Violencia Delincuencial. Robo, estafa, narcotráfico, es decir, conductas que asumen medios ilegítimos para alcanzar bienes materiales. Toda forma de conducta individual u organizada que rompe las reglas sociales establecidas para vivir en grupo. establecido no ayuda a resolver los problemas. Todos sueñan con el modelo que les vende la sociedad, el éxito fácil. Pero ser un profesional idóneo o un técnico calificado requiere de esfuerzo y preparación. Requiere desarrollar recursos internos y metas. Los jóvenes de nuestro país tienen oportunidades de orientación y canalización de sus frustraciones y en esto dependen de sus familias, la escuela y las instituciones; la responsabilidad es de todos. Es decir, las expresiones de violencia sin futuro y sin horizontes pueden cambiar.

II. TIPOS DE MALTRATO.

2.1 Maltrato Físico.

1. Lesiones físicas graves: fracturas de huesos, hemorragias, lesiones internas, quemaduras, envenenamiento, hematomas, etc.

2. Lesiones físicas menores o sin lesiones: No requieren atención médica y no ponen en peligro la salud física del menor.

2.2 Maltrato Emocional.

1. Rechazar: Implica conductas de abandono. Los padres rechazan las expresiones espontáneas del niño, sus gestos de cariño; desaprueban sus iniciativas y no lo incluyen en las actividades familiares.

2. Aterrorizar: Amenazar al niño con un castigo extremo o con un siniestro, creando en él una sensación de constante amenaza.

3. Ignorar: Se refiere a la falta de disponibilidad de los padres para con el niño. El padre está preocupado por sí mismo y es incapaz de responder a las conductas del niño.

4. Aislar al menor: Privar al niño de las oportunidades para establecer relaciones sociales.

5. Someter al niño a un medio donde prevalece la corrupción: Impedir la normal integración del niño, reforzando pautas de conductas antisociales.

2.3 Maltrato por Negligencia.

Se priva al niño de los cuidados básicos, aún teniendo los medios económicos; se posterga o descuida la atención de la salud, educación, alimentación, protección, etc.

III. MALTRATADORES.

3.1 ¿Quiénes son maltratadores? Son todas aquellas personas que cometen actos violentos hacia su pareja o hijos; también puede ser hacia otros en general.

3.2 ¿Por qué maltratan? Porque no saben querer, no saben comprender, no saben respetar.

3.3 ¿Qué características tienen los maltratadores?

1. Tienen baja autoestima.

2. No controlan sus impulsos.

3. Fueron víctimas de maltrato en su niñez.

4. No saben expresar afecto.

3.4 ¿Qué características tienen los maltratados?

1. Tienen baja autoestima.

2. Sumisos.

3. Conformistas.

4. Fueron víctimas de maltrato.

5. No expresan su afecto.

3.5 ¿Qué se debe hacer para no llegar al maltrato?

Aprender a:

- Comprenderse.

- Comunicarse con calidez y afecto.

- Respetarse.

- Dominar sus impulsos (ira, cólera).

IV. REACCIÓN ENTRE VICTIMA Y AGRESOR

Doméstica o intra familiar, familiares y parejas.

La violencia contra la mujer por parte de su pareja es, en ciertos casos violencia instrumental para obtener el control de los recursos económicos del hogar y ejercer el control sobre la mujer, pero esta forma también tiene un componente emocional, el hacer daño que retroalimenta a la violencia si ella es exitosa.

La violencia doméstica sufrida o presentada por los niños produce problemas emocionales psicológicos.

La violencia es un fenómeno complejo que tiene múltiples causas y a la vez estas causas se relacionan entre si.

V. MARCO TEORICO

La violencia contra la mujer constituye un problema social y de derechos humanos que repercute de manera importante en la salud y bienestar de las mujeres mexicanas y de otras regiones del mundo. A pesar de que la violencia es una causa significativa de morbilidad y mortalidad femenina, sólo hasta hace algunos años se ha visualizado como un problema de salud pública.

Aunque la prevalecía de la violencia contra la mujer suele estar subestimada, en México la prevalecía de violencia doméstica reportada, tanto en zonas rurales como urbanas, oscila entre 30 y 60%. Sin embargo, las cifras registradas en las instituciones de salud, así como en las instancias de procuración de justicia representan sólo la punta del iceberg, ya que captan sólo las situaciones de extrema violencia o aquellas en las que las víctimas deciden denunciar, lo cual ocurre en la minoría de los casos.

La violencia hacia las mujeres es un problema importante, entre otras razones, por los daños que ocasiona en la salud, a saber:

a) lesiones físicas;

b) trastornos psicológicos y psicosomáticos;

c) trastornos ginecológicos y daños a la salud reproductiva, y

d) riesgo de adquirir enfermedades de transmisión sexual, inclusive el VIH-SIDA. Durante el embarazo el abuso representa riesgos significativos, tanto para la madre como para el producto, entre los que destacan bajo peso al nacer, escaso aumento de peso en la madre, parto prematuro, así como infecciones y anemia.

El Banco Mundial en 1993 estimó que las mujeres en edad reproductiva pierden 20% de años de vida saludable (AVISA) a causa de la violencia. En la Ciudad de México, Se reportaron que 38% de los AVISA perdidos entre las mujeres se deben a la violencia que se ejerce en su contra, y que este problema ocupa el tercer lugar de importancia entre el total de problemas de salud que afectan a la mujer en edad reproductiva.

El reconocimiento social de este problema ha impactado los códigos civil y penal en la República Mexicana, y dio la pauta para que la Secretaría de Salud normara la atención de los casos de violencia familiar, a raíz de la publicación de la Norma Oficial Mexicana para la prevención y control de la violencia familiar.

Pese a los avances logrados hasta el momento aún prevalece una permisividad social alrededor de la violencia hacia las mujeres, lo cual impide que el problema se detecte y se atienda de manera oportuna, siendo este el principal obstáculo para su prevención y control. Entre los elementos que dificultan la identificación y manejo de casos de violencia en los servicios de salud podemos señalar los que se refieren a los prestadores de servicios, al sistema de salud, y la reacción de temor de las propias víctimas.

En el caso de las mujeres maltratadas, a diferencia de otras víctimas de crímenes violentos, es común que tengan dificultades para expresar el origen de sus lesiones. Entre las razones que subyacen a esta conducta podemos señalar que se sienten avergonzadas y culpables de la violencia que sufren. Otra razón de su silencio son las amenazas que reciben de su agresor, las cuales incluyen las de muerte en contra de ellas o de sus hijos.

En relación con los profesionales de la salud, los estudios realizados en este sector demuestran las siguientes situaciones:

a) Existe un desconocimiento generalizado en el personal médico de los procedimientos para la identificación, atención y mecanismos de referencia en los casos de violencia hacia las mujeres, en especial en relación con la violencia por parte de la pareja;

b) En ocasiones, aunque el personal médico desea proporcionar algún tipo de atención u orientación a sus pacientes, puede verse atrapado en las limitaciones del propio sistema de salud;

c) El personal médico percibe como un problema la responsabilidad legal que implica el registrar los casos de violencia, lo que limita su registro; d) las características propias de la práctica médica limitan su intervención en los casos de violencia hacia las mujeres y

e) Finalmente, se ha observado que existen barreras de carácter personal que limitan a los profesionales de la salud. Entre éstas resaltan la incomodidad para abordar la violencia entre sus pacientes, las concepciones sexistas que culpabilizan a las mujeres de la violencia que sufren, y el temor de los médicos(as) de ofender a sus pacientes al preguntar sobre el tema.

En este sentido, las instituciones de salud son un punto clave para la detección y prevención de los daños a la salud de las mujeres maltratadas, ya sea en la consulta regular o en los servicios de urgencias, pues en estos últimos se ha identificado que 20% de los casos de demanda de atención fueron a consecuencia de la violencia doméstica, la mayoría hacia las mujeres (72%). Además, se ha demostrado que 70% de las mujeres maltratadas esperan que el personal médico sea quien inicie el diálogo en torno al abuso, y cuando se les pregunta con empatía, libre de juicios y en un clima de confianza, sí expresan la situación de abuso en la que viven.

La elevada prevalecía de la violencia contra la mujer, y sus secuelas médicas y psicológicas, justifican plenamente su detección rutinaria. No identificar el abuso como tal interfiere con el diagnóstico real, encareciendo los servicios de salud en términos de tiempo y dinero, debido a las consultas subsecuentes y al tratamiento de las secuelas.

Con base en lo anterior, el presente estudio tuvo por objetivo evaluar la actitud afectiva, cognoscitiva y conductual del personal médico del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del estado de Morelos, México, hacia la identificación y canalización de mujeres maltratadas que acuden a consulta médica, así como identificar las barreras institucionales y de la práctica médica que dificultan el manejo de estas mujeres dentro de los servicios de salud.

5.1 Material y métodos

Se realizó un estudio transversal en médicos que trabajan en el IMSS Unidad Morelos.

Participaron en el presente estudio 30 médicos (as) internos(as) de postgrado, residentes de especialidad y médicos(as) generales

Los médicos(as) fueron visitados en su área de trabajo y se les invitó a participar en el estudio; a quienes aceptaron participar se les cuestiono sobre la violencia contra la mujer, y si podrían proporcionar una lista de los servicios disponibles en el estado hacia donde podían canalizar a las mujeres maltratadas que atendieran posteriormente en su consulta.

El cuestionario fue construido para cumplir los objetivos de la presente investigación; además, se retoman algunas preguntas hechas previamente a personal médico del Hospital General.

Se evaluó la actitud afectiva del personal médico respecto de:

a) Interés por identificar los casos de mujeres maltratadas (actitud para identificar casos),

b) Interés por canalizar adecuadamente los casos de mujeres maltratadas (actitud para canalizar casos),

c) Interés por capacitarse en el tema, y

d) Actitud afectiva general (actitud general), la cual se evaluó al incorporar los tipos de actitud antes mencionados. Permitió conocer si el personal médico tenía experiencias personales (propias o de personas cercanas) respecto a la violencia en la pareja.

5.2 Medición de actitud

La variable dependiente fue la actitud (afectiva, cognitiva y conductual). Por lo que partimos de la definición de Allport, que cuenta con gran aceptación, y se toma como base para la sistematización de las representaciones acerca de la actitud: "La actitud consiste en un estado mental y neura de disposición organizado a través de la experiencia, que ejerce una influencia directiva o dinámica sobre la conducta del individuo ante todos los objetos y situaciones con los que se relaciona". Sin embargo, a pesar de que esta definición es bastante completa, otros autores integran el aspecto socio psicológico; es decir, su dependencia del grupo (o colectividad) y, en consecuencia, de las normas y valores, los cuales son expresión de la estructura socioeconómica del régimen social y expresados, así mismo, por el grupo; de esta manera, podemos asumir que la actitud constituye también una forma de orientación del proceder de las personas, dependiente de la norma grupal, y tiene la propiedad de reflejarse en el comportamiento del individuo, orientarlo, regularlo y guiarlo en determinado sentido, pudiéndose distinguir en toda actitud su objeto, dirección e intensidad.

En la estructura de las actitudes se distinguen tres componentes:

a) Cognitivo, se refiere a las ideas o información que tiene un individuo respecto del objeto de actitud;

b) Afectivo, se relaciona con el sentimiento de simpatía o antipatía, respecto del objeto de actitud, y

c) conductual, indica el comportamiento del individuo respecto del objeto de actitud.

En el presente estudio se evaluaron los componentes cognitivo, afectivo y conductual de las actitudes y, debido a que la relación entre el componente afectivo y el conductual no siempre es lineal, se implantaron circunstancias que ayudaran a obtener mediciones confiables de lo afectivo:

a) introduciendo nuevas cogniciones y

b) ofreciendo un ambiente de privacidad y confianza a los individuos que expresan sus opiniones y creencias.

5.3 Resultados

De los 30 médicos del IMSS Unidad Morelos. Se exploraron las características sociodemográficas y el tipo de especialización médica del personal entrevistado; la mayoría son hombres (64%), con 42 años en promedio (rango de edad 22-63) y con pareja (79%). En cuanto al tipo de especialización se pudieron observar diferencias importantes, por ejemplo, los médicos generales, familiares y ginecobstetras mostraron una mayor tasa de respuesta en comparación con los estudiantes y demás médicos especialistas, respectivamente.

En relación con la instrucción previa que el personal médico tenía sobre la violencia contra la mujer, casi 90% de los participantes informaron no haber recibido capacitación sobre este tema. Respecto de los participantes que sí recibieron alguna instrucción, más de la mitad sólo recibió una, la mayoría fueron médicos familiares en comparación con los especialistas de otras áreas. El personal que no tenía pareja recibió por lo menos una clase sobre el tema en comparación con el personal con pareja. Cuando relacionamos la actitud general del personal médico respecto a la violencia y el número de capacitaciones que recibieron, encontramos que la actitud del personal que por lo menos recibió una instrucción fue más favorable en relación con el que no la recibió . La actitud general de quienes recibieron de 2 a 4 capacitaciones fue relativamente más favorable, en comparación con aquellos que sólo recibieron una. El mayor número de capacitaciones se impartieron a nivel de postgrado, en comparación con pregrado y en el personal femenino, en comparación con el masculino.

Respecto al conocimiento que el personal médico tenía sobre el tema, 21% mostró nivel de conocimiento bajo, 63% medio y 16% alto; con esto se observa mayor nivel de conocimiento entre las médicas, en comparación con los médicos. Otras diferencias importantes fueron identificadas entre quienes recibieron por lo menos una capacitación sobre el tema, en comparación con quienes no lo hicieron; en quienes tienen postgrado, en relación con quienes tienen especialidad ; en quienes realizan de manera intencional preguntas para identificar mujeres maltratadas, en contraste con quienes no preguntan , y en el personal médico sin pareja .

Cuando se preguntó al personal médico acerca de los daños a la salud secundarios a la violencia, 70% respondió acertadamente respecto de los daños físicos, 58% respecto de los psicológicos, mientras que sólo 41% respecto de los sexuales. Los médicos familiares y generales respondieron más acertadamente, en comparación con otros especialistas, en ambos casos.

Aunque más de 90% de los entrevistados estuvo de acuerdo en que la violencia repercute de manera importante sobre la salud de las mujeres, y que el personal médico es el ideal para identificar y canalizar los casos, sólo 46% mostró una actitud general favorable ante el problema. Esta discordancia podría estar relacionada con las barreras institucionales y las referentes a la práctica médica que los participantes refieren como obstáculos para identificar, y canalizar los casos de las mujeres maltratadas. Los médicos que señalaron estos obstáculos, entre los que resaltan la falta de protocolos de detección y manejo de casos (29%), el carácter privado de la violencia (26%) y la falta de legitimación del médico en la intervención de este tipo de situaciones (24%).

Se evaluó también la actitud afectiva del personal médico para canalizar los casos de mujeres maltratadas por su pareja, y se encontró que la única variable significativa fue el sexo, es decir, las mujeres mostraron 2 veces mejor actitud para canalizar los casos de violencia, en comparación con los hombres,

Se exploró si alguna vez habían identificado algún caso de violencia hacia la mujer, 78% respondió afirmativamente. Además, con relación a cuántos casos habían identificado en los últimos tres meses, 68% respondió haber detectado solamente entre 1 y 2. Tantos médicos familiares como generales identificaron mayor número de casos que los especialistas en otras áreas. Por otro lado, 70% consideró que la mujer maltratada es quien debe dar la pauta para que el médico pueda preguntarle acerca de su problema de violencia, y sólo la mitad consideró que la violencia hacia las mujeres es un problema frecuentemente atendido en la práctica médica.

Respecto al tipo de conducta que el personal médico realiza para identificar casos, 68% hace preguntas para identificar el maltrato en mujeres sólo cuando sospechan que se trata de un caso, 6% lo hace de manera rutinaria y 26% nunca lo hace. Después de identificar un caso de violencia, el personal médico refiere adoptar las siguientes conductas:

a) 38% platica con las pacientes, tratando de ayudarlas;

b) 32% proporciona tratamiento médico, y

c) 25% refieren los casos a instituciones o personas que les brinden atención especializada.

Respecto a las experiencias personales de violencia en los entrevistados, 21% refieren haber sido víctimas de algún tipo de violencia por parte de su pareja (49% psicológica, 27% física, 13% económica y 9% sexual), siendo más frecuente la violencia en contra de las mujeres. El 16% refiere ser autor de violencia hacia su pareja (58% psicológica, 32% física, 6% económica y 4% sexual), no existiendo diferencia por sexo. A su vez, 44% del personal menciona conocer alguna persona cercana a su círculo social con este problema.

5.4 Discusión

Una de las limitaciones del estudio está dada por el tamaño de la muestra, el cual se ve reflejado en la amplitud de los intervalos de confianza obtenidos. Esta situación puede explicarse por la escasa disposición del personal médico para participar en estudios con esta temática, principalmente por parte de especialistas y subespecialistas. Esta situación es en sí misma un hallazgo importante que coincide con estudios previos sobre el problema y constituye un reto a considerar para quienes se interesen en la investigación en el tema. Entre las razones que explican esta negativa del personal médico podemos señalar la falta de interés sobre la violencia hacia las mujeres, la incomodidad que experimentan al tocar el tema, además de las exigencias propias de la práctica clínica. Otra razón es la inaccesibilidad a ciertas áreas hospitalarias en donde se encuentran los médicos especialistas.

En este sentido, la falta de participación cuando es mayor en cierto grupo de individuos puede ocasionar subestimación o sobre estimación de las asociaciones obtenidas. En este caso, existe la probabilidad de que la diferencia de actitud que mostraron los médicos especialistas y subespecialistas (menos favorable), en comparación con los médicos generales y familiares, ginecobstetras, médicos con postgrado y las médicas, pudiera haber sido más importante.

El primer hallazgo que queremos resaltar es que cerca de 90% del personal médico del IMSS Unidad Morelos, no tiene instrucción alguna sobre el tema; entre quienes sí recibieron alguna capacitación, la mayoría la adquirió por iniciativa propia, mientras que el resto lo hizo de manera obligatoria durante su formación, y la mayoría de las capacitaciones fueron en un nivel de postgrado. Este desconocimiento generalizado sobre el problema es la variable que mejor predice la actitud general y la actitud para identificar en la consulta médica casos de mujeres maltratadas; este hallazgo es consistente con los estudios realizados. Por ejemplo, Ferris encontró, en una muestra nacional de 963 médicos familiares en Canadá, que la mayoría de éstos demandaban más educación y capacitación sobre el problema, por considerar que no tienen los elementos suficientes para poder enfrentar la situación con sus pacientes.

Otro aspecto explorado es la relación entre el número de capacitaciones sobre violencia y la identificación, por el personal médico, de signos y síntomas. En nuestro estudio, encontramos que quienes han recibido mayor capacitación pueden identificar una mayor cantidad de signos y síntomas, en comparación de aquellos que no la tienen. Esto es consistente con lo reportado por Personal y colaboradores, quienes encuestaron a médicos ginecobstetras en los Estados Unidos de América (EUA), para conocer sus métodos y actitudes hacia la identificación de la violencia doméstica entre sus pacientes; de éstos, 34% reportó no tener capacitación suficiente. En este estudio se identificó que los médicos con mayor entrenamiento sobre el tema estuvieron más propensos a identificar la violencia en sus pacientes.

Por otro lado, resulta evidente considerar que la mayoría del personal médico rara vez sospecha violencia en sus pacientes, por lo que no les hacen preguntas sobre este tema en la mayoría de casos, y sólo sospechan en aquellos casos que son muy obvios pues las mujeres acuden a los servicios con las lesiones producidas por la violencia física. En este sentido, podemos afirmar que no se cubren las exigencias de identificación, manejo y canalización de las mujeres maltratadas que acuden a los servicios de atención a la salud.

Respecto al número de casos que el personal médico identifica se reportó que 70% del personal médico del Hospital General identificaron de 1 a 5 casos en un mes; también encontraron que 56% de su muestra ha identificado más de 10 casos en toda su vida laboral. En nuestro estudio, 68% reportó haber identificado desde ninguno hasta dos casos en tres meses. En las tres situaciones el número de casos es insuficiente ya que, de acuerdo con el promedio de pacientes que los médicos del IMSS atienden por turno, y a la prevalecía reportada en los estudios sobre el problema, el personal médico del IMSS unidad Morelos, sólo está identificando a 1% del total estimado de casos de mujeres maltratadas.

En relación con la actitud para canalizar a las mujeres maltratadas a los servicios especializados, la única variable significativa fue el sexo del personal médico, mientras que a la actitud general y a la actitud para identificar casos se asociaron, además del sexo.

Al comparar los resultados de nuestro estudio con otros similares, respecto a la instrucción previa que tiene el personal médico sobre el tema, destacan los estudios realizados por Gremillion y Elaine J, en 1996 y 1998, respectivamente,33,34 en los EUA, en los que se encontró que cerca de 54% de las escuelas de medicina de ese país ofrecen programas de instrucción sobre violencia intrafamiliar, y que más de un tercio —de 1 521 practicantes clínicos de distintas disciplinas— nunca recibió instrucción sobre violencia. Otro trabajo realizado por Reid SA y Glasser M en 1997, en el oeste del mismo país, encontró que 75% de los médicos no han sido entrenados para enfrentar este problema. En México destaca el estudio de Díaz-Martínez y Esteban-Jiménez, quienes exploraron la inclusión de contenidos temáticos de violencia intrafamiliar en diversas actividades académicas de 11 escuelas y facultades de medicina en el país. Los resultados muestran que 90% de las instituciones encuestadas sí imparten contenidos de violencia intrafamiliar. No obstante, más de la mitad aborda los temas de manera indirecta; esto es, sólo se les menciona o bien se incide en ellos de manera tangencial. Más aún, aquellas instituciones que los realizan de forma directa lo hacen a través de actividades extracurriculares como cursos, talleres, diplomados o actividades de difusión. En ningún caso se reportó una actividad que específicamente abordara los temas en el currículo. También quedó claro que la mayor parte de las instituciones carece de dependencias especializadas para su abordaje y tratamiento, y que los esfuerzos que se realizan parecen necesitar de una mayor orientación y apoyo.

Una vez que se ha identificado el caso, lo ideal es canalizarlo a instituciones y personal capacitado para que le brinde ayuda especializada; sin embargo, Fawcett reporta que 43.9% del personal médico de su estudio refiere la víctima al psicólogo del hospital y 36.6% al departamento de trabajo social. En nuestro estudio, más de la tercera parte del personal médico del IMSS, Morelos, sólo platica con las pacientes tratando de ayudarlas; otra tercera parte da tratamiento médico y 25% refieren los casos de mujeres maltratadas a instituciones o personal que proporcionan atención especializada; —aunque sólo 15% logró mencionar alguna institución especializada que brinde atención a mujeres con este problema.

Referente a las barreras institucionales y de la práctica médica que dificultan la identificación y canalización de los casos de mujeres maltratadas encontramos lo siguiente: tanto en nuestro estudio como los de Valdez R, y Alpert se observa que la falta de normas, protocolos de identificación y manejo, así como la escasa legitimidad social de las intervenciones del personal en este problema de salud, son las principales causas institucionales; situación que podría modificarse con la aplicación de la Norma Oficial Mexicana (NOM-190-SSA1-1999) promulgada en marzo del año 2000. No obstante, el aplicar esta norma no garantiza cambios en la manera de proceder del personal de salud, más bien, son la respuesta social, las tendencias ideológicas y políticas las que promueven los cambios. Respecto a las barreras de la práctica médica se observa que éstas se deben principalmente al desconocimiento sobre el tema y a la carencia de herramientas en los médicos para enfrentar estos casos. También existen algunos médicos que manifiestan falta de control y frustración ante la respuesta de la paciente, ya que desconocen el efecto de sus consejos.

En relación con la violencia que involucra al personal médico, Sugg e Inui encontraron que 31% de las médicas y 14% de los médicos reportaron padecer violencia por parte de su pareja; en nuestro estudio 21% de los entrevistados refieren padecer violencia, siendo más frecuente en las mujeres. A la vez, 16% del personal médico refiere ser autor de violencia hacia su pareja; lo cual muestra que el personal médico —al igual que cualquier persona— se encuentra inmerso en las mismas circunstancias socioculturales que determinan la desigualdad entre los géneros. Por ello, capacitar al personal médico en torno a la violencia es necesario, considerando que necesitan ayuda especializada para resolver sus propios conflictos, antes que los de sus pacientes.

Las médicas muestran mayor empatía y menos vergüenza para tratar el tema de la violencia dentro de la consulta, porque, al parecer, se sienten en mayor riesgo que los varones. Además, se ha observado que las pacientes revelan más información a las médicas; sin embargo, la mayoría del personal médico está constituido por varones, y por lo general éstos están menos interesados en el tema

Hasta el momento la violencia hacia la mujer es un tema que no ha sido abordado directamente por la enseñanza y práctica de la medicina, y uno de los aspectos que se requiere trabajar de manera inmediata es, precisamente, la escasa y equívoca información que el personal médico posee respecto del problema. En este sentido, sería enriquecedor profundizar en el aspecto del desconocimiento generalizado, pues no se satisfacen aún las necesidades de identificación, manejo y control de daños a la salud de las mujeres, secundarios a la violencia. Y, aunque se han realizado intervenciones —en EUA y Canadá— para tratar de mejorar los mecanismos de identificación, registro, atención en los servicios de salud, servicios sociales y fortalecimiento de leyes que protejan los derechos de las mujeres que sufren violencia, aún no se logran establecer programas y estrategias sólidas y efectivas. En México se están evaluando cuáles son las necesidades de capacitación, y qué tipo de médicos y personal de salud respondería con mejores resultados a la capacitación en el tema, ya que se ha encontrado que las enfermeras y las trabajadoras sociales realizan más rutinariamente preguntas para identificar maltrato en las mujeres que acuden a los servicios de salud, en comparación con los médicos. El presente estudio muestra que a pesar de que los médicos generales, los especialistas en medicina familiar y ginecobstetricia, los médicos con postgrado y las mujeres tienen mayor nivel de conocimiento, mejor actitud afectiva, identifican mayor número de casos y han recibido mayor cantidad de capacitaciones, aún no se identifica, registra y proporciona atención satisfactoria a las mujeres víctimas de violencia.

Con base en lo anterior quedan claras las limitaciones del enfoque para la intervención en los casos de violencia familiar, por lo que se justifica la incorporación de este tipo de temas, desde una perspectiva social, en los planes de estudio de licenciatura, postgrados o cursos de capacitación continua, tanto en el área médica como en otras relacionadas con la salud y los derechos humanos.

En este sentido, las intervenciones que se realicen al respecto deberán considerar como requisito indispensable el ofrecer un número suficiente de capacitaciones que permitan al profesional de la salud formarse un criterio sólido y claro con relación al papel que juegan éste y su práctica clínica en la identificación, registro, prevención y atención de los daños a la salud de las mujeres, secundarios a la violencia; además, considerar la integración del resto del personal de salud en los programas e intervenciones. No obstante, a pesar de que el entrenamiento a los profesionales de la salud ha mostrado incrementar considerablemente su conocimiento, habilidades y seguridad, cuando realizan actividades de identificación, también es sabido que sin cambios estructurales en las distintas instituciones involucradas en la atención a las víctimas de la violencia, así como la educación médica continua, es poco probable que sólo el entrenamiento sea suficiente para producir cambios importantes.

Lo que se intenta es que reconozcan la magnitud, cualidades y repercusiones del problema, y la oportunidad que tienen para apoyar a las mujeres maltratadas en la búsqueda de soluciones a su problema, ya que, tarde o temprano, éstas acudirán a los servicios por algún problema de salud secundario a la violencia que sufren. Por último, resulta necesario considerar que el proceder del personal de salud tendrá impacto sobre el desempeño laboral y la calidad de vida de las mujeres que son maltratadas por su pareja.

VI. CARACTERES APRENDIDOS DE LA VIOLENCIA:

La conducta violenta se aprende y la primera oportunidad para aprender a comportarse agresivamente surge en el hogar observando e imitando la conducta agresiva de los padres de familiares, otros familiares e incluso personajes que aparecen en los medios de comunicación máxima.

Las reacciones de los padres que premian la conducta agresiva de sus hijos y el maltrato infantil por parte de ellos, son algunos de los mecanismos mediante los cuales los niños aprenden a una temprana edad a expresarse en forma violenta.

El niño aprende estímulos agresivos con conductas violentas y a responder con violencia o frustraciones u otros eventos nocivos. A pesar que los niños abusados no necesariamente crecen y repiten el tipo de abuso experimentado, y los adultos violentos no necesariamente han tenido una niñez abusiva, los estudios muestran una relación significativa entre la victima durante la niñez (tanto los niños que son abusados como los que son testigo del abuso crónico de otros familiares.

La violencia también se aprende en la escuela y en las calles.

En muchos casos la violencia se manifiesta contra la mujer como sufrimiento físico, sexual o mental en contra de ella. También en otros casos de violencia incluyendo amenazas, o la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida publica como en la privada.

Es victima también de abuso sexual en su propio hogar cuando ocurren robos, violación física o criminalidad, mutilación genital, etc.

También es victima cuando es maltratada por su pareja o algun familiar equis sexualmente psicológicamente y físicamente.

No se consideran las manifestaciones de violencia intra familiar de mujeres hacia hombres por efectuarse con poca frecuencia y ser producto en muchos casos de la defensa propia.

Desde el punto de vista individual del agresor, los factores que incrementan el riesgo de comportamiento doméstico violento son:

Ser hombre,

Presenciar violencia matrimonial,

Ser victima de abuso, rechazo o abandono en la niñez,

Uso de alcohol.

6.1 Generaciones futuras:

Hijos de mujeres maltratadas pueden nacer con deficiencia de peso.

Hijos de mujeres maltratadas pueden presentar problemas de salud y problemas en la escuela.

Muchos niños de la calle huyen del hogar porque son maltratados.

Agresores y victimas de violencia intra familiar presenciaron o fueron victimas en su infancia.

VII. FRASES DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR.

  • Dependencia mutua. Asume una actitud de pertenencia.

  • Acontecimiento perjudicial. Hacer algo para que el otro se violente.

  • No- comunicación de sentimientos. La incapacidad de comunicación.

  • Intercambios de Coacciones. Comienza las amenazas verbales.

  • Ultimo recurso. Trata de evitarlo y hace algunos movimientos.

  • Furia primitiva. Se produce el ataque sobre objetos de la casa.

  • Refuerzo de la agresión. El ataque puede repetirse.

  • Investigación de miedo en el violento. El miedo es la conducta.

  • Fase de arrepentimiento. El ejecutor de la violencia, promete no volver hacerlo, y le da una oportunidad.

  • Busca ayuda. La persona que recibe la violencia tiende a buscar ayuda.

  • VIII. VIOLENCIA SEXUAL, UN ASUNTO DE DERECHOS HUMANOS.

    La violencia constituye un elemento cotidiano en la vida de miles de niños y niñas en México, siendo la violación y el abuso sexual que se cometen contra este vulnerable sector de la población, una de sus manifestaciones más dramáticas y extremas. La violación y el abuso sexual afectan una pluralidad de derechos humanos fundamentales tales como la libertad sexual, la integridad corporal y mental, la salud integral, la vida en su dimensión más amplia, comprometiendo el futuro de las víctimas.

    Los derechos vulnerados con las agresiones sexuales han sido constitucionalizados a nivel mundial, como muestra de su trascendencia. No obstante que tales agresiones involucran un problema de derechos humanos, coexisten al respecto diversas percepciones sociales, muchas de las cuales lo asumen como de segundo orden, silenciándolo, desconsiderándolo políticamente y tolerándolo; de modo que la mayoría de violaciones se mantienen en la impunidad.

    Asimismo, los distintos sectores sociales en México, al abordar el problema de los derechos humanos, no conceptualizan las agresiones sexuales como un problema que afecte profundamente tales derechos sino, más bien, como un asunto de naturaleza puramente sexual. Se diferencian así de la comunidad internacional, para lo cual la violencia contra la mujer es tema de la agenda pública y constituye un problema global que afecta los derechos humanos, y es un obstáculo para el desarrollo.

    Son múltiples los factores que contribuyen a producir y perpetuar la violencia, siendo fundamental, a mi juicio, la socialización, que forma individuos con roles diferenciados y asimétricos, y coloca a la vez en posiciones de subordinación a las mujeres y de dominación a los varones, adjudicándoles valores distintos. Al respecto, David Finkelhor sostiene que “la victimización sexual probablemente es tan común en nuestras sociedades debido al grado de supremacía masculina existente. Es una manera en que los hombres, el grupo de calidad dominante, ejercen control sobre las mujeres. Para mantener este control, los hombres necesitan un vehículo por medio del cual la mujer pueda ser castigada, puesta en orden y socializada dentro de una categoría subordinada. La victimización sexual y su amenaza son útiles para mantener intimidada a la mujer. Inevitablemente, el proceso comienza en la infancia con la victimización de la niña.”

    Este fenómeno es también el derecho legitimado que los padres y tutores tiene de utilizar la violencia física y emocional o sexual como medio eficaz de control y socialización. Se produce así un proceso de internacionalización y aprendizaje de estas conductas, las cuales se repetirán más adelante, garantizándose que permanecerán. Otro elemento, no menos significativo, es la violencia ofensiva o sutilmente transmitida por los medios de comunicación, que difunden imágenes y mensajes cargados de sexo, discriminación y muerte, invadiendo y agobiando permanentemente a personas de todos los sectores sociales.

    8.1 Dimensiones de la violencia sexual contra niños y niñas.

    Las características de las agresiones sexuales perpetradas contra los niños hacen prácticamente imposible aproximarnos siquiera a su verdadera magnitud. De otro lado, no existen investigaciones científicas oficiales que permitan un diagnóstico veraz; tampoco existen registros rigurosos, elaborados con criterios homogéneos que proporcionen información cuantitativa adecuada.

    Asimismo, los mitos y prejuicios sociales, los obstáculos que se presentan en la administración de justicia contra quienes deciden denunciar la legislación inapropiada que no recoge las distintas modalidades de agresión sexual, sin otros tantos factores que impiden acercarnos a una dimensión más realista de este fenómeno social. Los casos registrados, que corresponden sólo a algunos denunciados, significarían apenas la punta del iceberg, sobretodo en cuanto se refiere a violaciones, incestos y todo tipo de agresiones sexuales contra niñas y niños, ya que por investigaciones no oficiales sabemos que la mayoría de violaciones no se pone en conocimiento de las autoridades, formando parte en gran medida de la criminalidad oculta.

    Si bien es imposible contar con cifras exactas, algunos estudios ofrecen una aproximación, la cual constituye una referencia alarmante.

    Prado Saldarriaga concluyó en una investigación:

    • “Que los delitos contra las buenas costumbres son un problema de importancia, ya que estas infracciones se mantienen en el tercer lugar de mayor frecuencia en el país.”

    • “Que las violaciones en menores de edad constituyen el atentado de mayor registro en los últimos 20 años.”

    • Que la mayor incidencia de infracciones sexuales se registra en las zonas urbanas.”

    • Que los autores de este tipo de delitos presentan mayor constancia en el grupo de 18 a 27 años, y entre personas con educación básica regular.”

    • “Que la criminalidad sexual sigue una tendencia ascendente en los últimos años.”

    8.2 Consecuencias de la violación y el abuso sexual.

    En cuanto a las consecuencias, estudios realizados a nivel internacional concluyen que las agresiones sexuales perpetradas contra un niño afectan gravemente su mundo interno, destructivos en la vida de la niña o niño. Dichos estudios sostienen que estas agresiones producen en la víctima serios trastornos sexuales, depresiones profundas, problemas interpersonales y traumas que pueden ser permanentes e irreversibles, incluso en algunos casos pueden ocasionar la muerte por traumatismo o suicidio, efectos que requieren intervención profesional inmediata.

    Al respecto, el Dr. David Finkelhor, del Programa para el Estudio de la Violencia Familiar de la Universidad de New Hampshire, en una investigación realizada en 1980 con una muestra de 796 estudiantes de colegio, encontró problemas de sexualidad y bajos niveles de autoestima en aquellos participantes que habían sido victimizados sexualmente durante su niñez.

    El Dr. Nahman Greenberg, psiquiatra e investigador de la Escuela de Medicina de Illinois y Director de la Unidad de Servicios por Abuso a Niños (CAUSES), en su escrito "La epidemiología del abuso sexual" (1979) plantea la existencia de un alto riesgo de trauma mental para las niñas y los niños que han sido envueltos por adultos en actividades sexuales.

    En la práctica clínica con jóvenes y adultos que han sido abusados sexualmente durante su niñez, se han encontrado:

    1) Dosis internas de emociones, como desesperanza, minusvalía, vergüenza, culpa e ira, acompañadas de inhabilidad casi total para manejarlas. La víctima siente terror al identificarla y en algunos casos invierte dosis inmensas de energía en reprimirlas. En el caso de ira, si ésta se expresa, los varones tienden a dirigirla hacia fuera, siendo agresivos con otras personas, mientras que las mujeres tienden a dirigirla hacia ellas mismas, envolviéndose frecuentemente en comportamientos autodestructivos, mutilándose con cortaduras, quemaduras o golpes y realizando intentos de suicidio.

    2) Una gran dificultad para confiar. La misma entorpece grandemente el proceso de terapia.

    3) Poca habilidad para establecer relaciones con pares.

    4) Desbalance en las relaciones que se establece, en las que tiende a ocupar una posición inferior. Es común que la mujer abusada sexualmente en su niñez se convierta en esposa maltratada.

    5) Temor a convertirse en agresor o agresora.

    6) Problemas en su sexualidad.

    7) Neurosis crónica de origen traumático.

    IX. VIOLENCIA INTRAFAMILIAR EN MÉXICO

    Aunque la violencia intrafamiliar fue tipificada como delito desde hace seis años en el Distrito Federal, y que existen ordenamientos específicos e instancias especializadas para su atención, el flagelo persiste en la ciudad de México, casi invisible y sin castigo.

    De acuerdo con datos proporcionados por la directora de Atención y Prevención de la Violencia Familiar del Gobierno del Distrito Federal, el fenómeno se presenta en uno de cada tres hogares. Ello implicaría a más de siete millones y medio de viviendas.

    Durante este año, el Gobierno del Distrito Federal registró 21 mil 400 casos de violencia intrafamiliar, es decir cerca de 67 cada día en promedio. Ello implica un caso registrado por cada 350 hogares violentos.

    Durante este año, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) reportó alrededor de 113 averiguaciones previas por violencia intrafamiliar. En el 96 por ciento de las denuncias, los agresores fueron hombres.

    Así, a pesar de las campañas que fomentan la denuncia de ese delito, han podido más el temor a las represalias, la desconfianza en la impartición de justicia e incluso la burocracia.

    Cuando una mujer es violentada, lo que ocurre cada 15 segundos, usualmente no cuenta con todas las facilidades para denunciarlo. En primer lugar, el procedimiento penal que debe seguir atenta contra su integridad física, pues la notificación de la denuncia se le hace a su agresor, quien en los dos días que tiene para presentarse ante el Ministerio Público, puede tomar represalias contra la demandante.

    Además, las mujeres decididas a enfrentar una denuncia tienen que demostrar que han padecido violencia familiar con lesiones “visibles”, ello aunado a los pagos extra que deben hacer para agilizar los trámites.

    A pesar de que la denuncia debiera seguirse de oficio, no hay garantía de que en la realidad esto suceda. Sólo cuatro de cada diez mujeres agredidas presentan una denuncia y de éstas no más de tres logran entablar un procedimiento penal.

    A pesar de que el 8 de marzo de 2000 se publicó la Norma Oficial Mexicana NOM190-SSA-1999, “Prestación de Servicios de Salud, criterios para la atención médica de la violencia”, a dos años sigue sin cumplirse en la mayoría de los hospitales del Distrito Federal.

    Aun cuando los trabajadores de los servicios de salud la conocen, pocos la aplican pues la mayoría de los médicos, encargados de llenar los formatos en caso de detectar a pacientes víctimas de violencia, delegan la responsabilidad a las trabajadoras sociales.

    Los únicos casos que se atienden son los que presentan un oficio que acreditan que la mujer ha sido violentada anteriormente.

    De acuerdo a información de personal que labora en centros de salud en el área de violencia familiar de la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal, la norma es desestimada por los médicos quienes consideran que la violencia familiar es un asunto de la vida privada.

    Otro problema por el que esta norma es incumplida son los trámites burocráticos que las instituciones de salud deben presentar ante el Ministerio Público, además del trabajo “extra” que ello representa pues tienen que certificar las lesiones y agresiones.

    Durante estos doce meses no se dieron grandes avances legislativos sobre el tema. En julio del año pasado se realizaron modificaciones al Código Penal para el Distrito Federal, criticadas por algunos legisladores locales.

    En el Código Penal, por ejemplo, es necesario todavía establecer una definición de violencia intrafamiliar.

    Se presentó una cartilla contra la violencia intrafamiliar, material informativo que pretende fomentar la denuncia a través de una historieta que presenta las características de este delito y los ejemplos más comunes de agresiones a las que se ven sometidas las mujeres en el hogar.

    Dicha cartilla se distribuiría en las Unidades de Atención y Prevención a la Violencia Intrafamiliar (Uapvif); en las sedes del Instituto de las Mujeres del DF; en las delegaciones políticas y en los espacios donde hubiera presencia masiva de mujeres.

    También contiene la dirección y teléfonos de las Uapvif (una en cada delegación), de las unidades del Inmujeres DF, de organismos civiles que dan asesoría jurídica sobre violencia intrafamiliar y sexual, de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y de la ALDF.

    La violencia intrafamiliar es responsable de 90 por ciento de los casos de menores de la calle. Además, 86 por ciento de las niñas que viven en situación de calle fueron abusadas sexualmente por el padre, padrastro o algún familiar cercano.

    De acuerdo a datos proporcionados por la PGJDF, este año la violencia aumentó hacia las niñas adolescentes de entre 11 y 15 años, siendo las principales agresoras las madres, en 65 por ciento de los casos, y en 30 por ciento el padre u otros familiares.

    X. VIOLENCIA FAMILIAR, POSIBLES MECANISMOS LEGALES DE PROTECCIÓN.

    La conveniencia de regular jurídicamente la violencia familiar se fundamenta en la necesidad de encontrar mecanismos para proteger los derechos fundamentales de la familia frente a los cotidianos maltratos, insultos, humillaciones y agresiones sexuales que se producen en el ámbito de las relaciones familiares. Si bien es cierto que las manifestaciones de violencia familiar no se producen exclusivamente contra las mujeres, son éstas -a los largo de su ciclo vital- las afectadas con mayor frecuencia. De este modo, la casa constituye un espacio de alto riesgo para la integridad de mujeres y niños, derivándose de ahí precisamente la denominación de violencia doméstica o familiar.

    Resulta evidente, sin embargo, que el agente de la violencia no se limita siempre a dichos espacios; encontramos casos de agresiones en las calles, los centros de estudio y/o trabajo y en general los espacios frecuentados por las víctimas.

    La violencia ejercida en el entorno familiar y, en particular, la violencia de género constituye un grave problema de nuestra sociedad que exige una respuesta global y coordinada por parte de todos los poderes públicos. La situación que originan estas formas de violencia trasciende el ámbito meramente doméstico para convertirse en una lacra que afecta e involucra a toda la ciudadanía

    De otro lado, para interferirnos a mecanismos legales de protección frente a la violencia intrafamiliar es importante precisar primero dos conceptos: (i) ¿cuáles son los componentes de todo aquello que calificamos como mecanismo legal o, de manera más amplia, el sistema jurídico?, y (ii) ¿a qué acudimos cuando hablamos de violencia intrafamiliar?

    La protección a las víctimas de la violencia doméstica unifica los distintos instrumentos de amparo y tutela a las víctimas de estos delitos y faltas. Pretende que a través de un rápido y sencillo procedimiento judicial, sustanciado ante el juzgado de instrucción, pueda obtener la víctima un estatuto integral de protección que concentre de forma coordinada una acción cautelar de naturaleza civil y penal. Esto es, una misma resolución judicial que incorpore conjuntamente tanto las medidas restrictivas de la libertad de movimientos del agresor para impedir su nueva aproximación a la víctima, como las orientadas a proporcionar seguridad, estabilidad y protección jurídica a la persona agredida y a su familia, sin necesidad de esperar a la formalización del correspondiente proceso matrimonial civil. La orden judicial de protección supondrá, a su vez, que las distintas Administraciones Públicas, estatal, y local, activen inmediatamente los instrumentos de protección social establecidos en sus respectivos sistemas jurídicos

    El sistema jurídico tiene tres componentes básicos:

    El primero, la ley. Es la norma escrita, la que encontramos en los códigos y en las disposiciones legales. Es importante porque tiene carácter universal, es decir, de aplicación general para toda la sociedad desde el momento en que se encuentra vigente. Un ejemplo es el Código de los Niños y Adolescentes, que es precisamente el texto de la Ley, el componente central de lo que significaría un mecanismo legal de protección a niños y adolescentes.

    Un segundo componente es la institucionalidad. Es decir, todos aquellos operadores de la administración pública o privada que están involucrados en la aplicación de este componente normativo, de la ley escrita. Es un componente clave cuando hablamos de mecanismos legales de protección frente a la violencia familiar. Son las instituciones que nos ofrecen la sociedad y el Estado para hacer realidad aquello que disponen las normas legales.

    Un tercer componente es el relativo a lo cultural. Alude a la idiosincrasia, a la ideología que está detrás de los aplacadores de la norma. Pero no sólo de ellos, sino también de quienes la concibieron y de aquellas personas que, en determinado momento y frente a un hecho concreto, deciden acudir y solicitar su aplicación.

    Estos tres elementos son claves para entender todo lo que significa el problema de los mecanismos legales en una sociedad determinada.

    Hecha esta precisión, pasaremos a definir lo que entendemos por violencia familiar. La misma alude a cualquier acción, omisión o conducta mediante la cual se infiere un daño físico, sexual o psicológico a un integrante del grupo familiar -conviviente o no-, a través del engaño, la coacción, la fuerza física, la amenaza, el caso, entre otros.

    La mayoría de casos de violencia se producen donde existe una relación de poder, de jerarquía. Tanto en los casos de violencia sexual como familiar, podemos apreciar que existe una relación del fuerte contra el débil. Muy rara vez escucharemos hablar de la violencia del niño contra su padre. Por lo general, cuando los hijos expresan violencia contra sus padres se trata de padres mayores, muchas veces dependientes de sus hijos, y de hijos que los superan en fortaleza física.

    El elemento de poder puede estar relacionado a la ubicación en el contexto familiar: padres-hijos, tíos-sobrinos; o también por la edad: adultos-niños; o por relaciones de jerarquía: marido-mujer. Estos son, pues, elementos claves que debemos tener presentes al hablar de violencia intrafamiliar.

    10.1 Manifestaciones más frecuentes de violencia intrafamiliar.

    1. El maltrato físico. Su explicación es obvia; se refiere a todas aquellas acciones violentas que dañan la integridad física de las personas. Por lo general, es un maltrato visible. Puede afirmarse que fue el tipo de maltrato que propició todo este proceso de búsqueda de respuestas legales, por tratarse de la agresión más evidente.

    2. El maltrato psicológico. Que se refiere a toda aquella palabra, gesto o hecho que tienen por objeto humillar, devaluar, avergonzar y/o dañar la dignidad de cualquier persona. Esta es una manifestación de violencia mucho más difícil de demostrar, sobretodo en los casos en que se produce en el interior de un grupo familiar.

    3. La violencia sexual. Que es toda manifestación de abuso de poder en la esfera de la vida sexual de las personas, pudiendo ser calificada o no como delito. Esto porque, actualmente, algunas manifestaciones de violencia sexual son ignoradas por nuestra legislación penal. Pueden ir desde imposiciones al nudismo hasta la penetración anal o vaginal. Estos últimos supuestos son considerados por nuestra ley como delitos de violación.

    10.2 Contra la Violencia Familiar.

    Establecer una política de Estado y de la sociedad frente a la violencia familiar. Que esta ley constituya un recurso como un Código de los Niños y Adolescentes que reconozca como actos de violencia familiar los de maltrato físico y psicológico entre cónyuges, convivientes o personas que hayan procreado hijos en común, aunque no convivan, y de padres o tutores a menores de edad bajo su responsabilidad.

    No difundir básicamente leyes de protección a las mujeres frente a la violencia familiar. Sino que sus alcances protejan a dos grupos humanos que mayoritariamente son afectados por estas manifestaciones de violencia: a las mujeres y a las niñas y niños. En este sentido, que constituya un recurso que pueda ser utilizado proteger a los niños y niñas frente al maltrato en la familia. Que esta norma tenga como objetivo fundamental comprometer al Estado en la erradicación de la violencia familiar. Está destinada a prevenir y proteger a las personas que son víctimas de violencia en el ámbito de sus relaciones familiares. Su importancia radicaría en plantear medidas en diversos niveles, siendo las más urgentes de atención:

    1. Las acciones educativo-preventivas: Tienen como objetivo fortalecer la formación escolar y extraescolar en la enseñanza de valores éticos y humanos, de relaciones humanas igualitarias para, precisamente, prevenir que se sigan reproduciendo las relaciones de jerarquía que ubican a unas personas en desventaja frente a otras, y que constituyen causa importante de la violencia en el interior de la familia.

    2. Las acciones organizativas: plantearse entre sus objetivos promover la participación de la comunidad en la prevención y denuncia de maltratos producidos dentro de la familia. La idea es que la organización comunal pueda participar en el control y seguimiento de las medidas que los jueces adopten frente a casos de violencia familiar.

    3. Instalación de servicios: ofrecer la posibilidad de instalar servicios especializados. Ubicar delegaciones policiales para menores, y delegaciones para mujeres, e igualmente plantear reforzar las delegaciones policiales que existen con personal especializado para atender problemas de violencia familiar. Del mismo modo, plantear la necesidad de crear hogares temporales de refugio para víctimas de violencia a nivel de los gobiernos locales. Un aspecto importante que ofrecer, y que antes no había sido considerado en ninguna otra norma, es que se puedan diseñar programas de tratamiento a los agresores para evitar, precisamente, que el maltrato continúe y se multiplique.

    4. Acciones de capacitación: Dirigidas a los agentes de las instituciones que constituyen uno de los componentes del sistema jurídico: policías, jueces y fiscales.

    5. Acciones legales: Ofrecer mecanismos de carácter sumarísimo. Esto significa celeridad, inmediatez, es decir, un contacto directo de la autoridad con la víctima. Es un procedimiento, en principio, que no debería ser obstaculizado por ningún tipo de formalismos. Lamentablemente, la legislación se enfrenta en este aspecto con el componente cultural señalado originalmente. Porque nuestros jueces, en general, no han estado acostumbrados a aplicarse este tipo de legislación.

    XI. CONCLUSIONES

    El problema de la violencia en sus diferentas presentaciones indiscutiblemente demanda orientaciones pluridisciplinarias para enfrentarla. Estos enfoques se obligan a observar desde lo general hasta aquellas prácticas más asiduas y definidas, desde actos que le incumbe adjudicarse al gobierno y a la sociedad, incluso aquellas que implican a las comunidades, las familias y sus miembros como padres e hijos. Es claro además, los dispositivos correctivos habituales no han conseguido combatir este inconveniente cuando este ha alcanzado los niveles presentes y es ineludible poner énfasis en disyuntivas encauzadas a la prevención.

    Hay tres aspectos esenciales que desde el punto de vista de salud pública pueden asistir elocuentemente a lidiar la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones: a) profundizar en la prevención;

    b) dispensar una perspectiva multidisciplinaria y

    c) alentar el uso de procedimientos epidemiológicos.

    Esta orientación daría preferencia a las causas reales sobre las supuestas, y concedería la viabilidad de delinear estrategias concretas; que conllevaría la generación de condiciones óptimas para la disminución de la violencia y su impacto negativo, y genere un escenario de condescendencia, igualdad y respeto muto.

    Resumen

    La violencia es un problema generalizado y adopta muchas formas, puede presentarse en todos los ambientes de la vida de las personas desde la calle, el trabajo y principalmente en sus hogares. Esta violencia familiar la ejerce y la sufren tanto varones como mujeres, aunque la mayoría de la violencia, independientemente de su forma, naturaleza o consecuencia, es llevada a cabo por los varones mayormente. Además es manifiesta en la actualidad en grupos que se catalogan como vulnerables en nuestra sociedad: niños, mujeres, ancianos y discapacitados. Hay tres aspectos esenciales que desde el punto de vista de salud pública pueden asistir elocuentemente a lidiar la violencia, en cualquiera de sus manifestaciones: a) profundizar en la prevención; b) dispensar una perspectiva multidisciplinaria y c) alentar el uso de procedimientos epidemiológicos. Esta orientación daría preferencia a las causas reales sobre las supuestas, y concedería la viabilidad de delinear estrategias concretas; que conllevaría la generación de condiciones óptimas para la disminución de la violencia y su impacto negativo, y genere un escenario de condescendencia, igualdad y respeto muto.

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