Títeres griegos

Teatro. Historia de las religiones. Marioneta. Aristóteles. Pericles. Atenas

  • Enviado por: Marad
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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Universidad Nacional Autónoma De México .

Facultada De Filosofía Y Letras.

Colegio De Literatura Dramática Y Teatro.

Los Títeres Griegos

Origen Del Títere.

El Títere está en el principio del teatro, pues títere son los símbolos figurativos iniciales, las estilizaciones de los dioses o las fuerzas de la naturaleza, los primeros disfraces de los hechiceros, las primeras máscaras.

Para estudiarla historia del teatro hay, pues, que estudiar, inevitablemente, la historia de las religiones. Las primeras representaciones teatrales son las litúrgicas, pues teatro y religión van unidos en sus inicios. El primer sacerdote es el primer actor, el primer escenario es el primer altar y los primeros fieles son los primeros espectadores. Cuando ante el misterio de la naturaleza hay que crear una figura que la represente, nace el primer ídolo. El ídolo no sólo es la representación del dios en la tierra: el ídolo es la excusa para que a su alrededor se monte un espectáculo, con luces, sus sonidos, sus declamaciones. Al nacer el primer ídolo articulado nació el teatro de muñecos. Pero hay que distinguir entre uno y otro, y no confundir ídolo con muñeco.

La marioneta, que remeda al hombre vivo rompe sus proporciones, que altera su dimensión, fue en opinión de Paul McPharlin, “el siguiente paso” de la máscara. La máscara y la marioneta pudieron ser encarnaciones simultaneas del espíritu mágico y cumplir funciones rituales distintas, sin romper por eso su parentesco.

Los Títeres Griegos.

En lo que concierne al arte y al teatro de los muñecos están todos los autores generalmente de acuerdo que en situar sus inicios en Egipto; de donde pasó a Grecia, particularmente en el arte del mimo que practicaban los helenos.

En Grecia los muñecos animados eran llamados con el nombre de “Neuropasta” y en las ferias y fiestas representaban espectáculos profanos que atraían una multitud de espectadores Xenofonte, en el Symposium, nos cuenta que no sólo actuaba muñecos que representaban figuras humanas sino que también se representaban los personajes de la mitología, los centauros, los muñecos, los faunos... Las pantomimas que se representaban con muñecos eran tanto o más apreciadas que las de actores.

Herodoto, historiador de la antigüedad, consigna las representaciones de muñecos animados en los espectáculos religiosos en Grecia y en el antiguo Egipto, y sabemos que las tragedias de Eurípides se representabas en el teatro de Dionisios. Xenofonte, además habla de un titiritero de Siracusa llamado Poteinos, que movía muñecos en el mismo teatro en el que se representaba a Eurípides.

El más conocido manipulador de muñecos griegos ha sido Photino. Su popularidad ha llegado hasta nosotros a través de múltiples citas de los autores de la época. Hay alusiones a las marionetas en los escritos de Aristóteles, Apuleyo, Marco Aurelio, Petronio. San Agustín anota una representación de marionetas en la Roma decadente. A Photino le habían autorizado los actores a actuar con sus artistas de madera en el teatro de Dionisios, al pie de la acrópolis. Se había instalado, sin duda para ser mejor visto por la asistencia, sobre el thymele, el altar del dios que cada teatro griego tenía en el centro de la orquesta.

Arquímedes tuvo tiempo, entre tantas y tantas complejas ocupaciones como debía ocupaciones como debían impedírselo, de diseñar y construir complicados muñecos con extraños mecanismos, con los que lograba imitar todos los movimientos humanos. Por desgracia no ha llegado hasta nosotros más que la descripción de los movimientos desarrollados, pero ninguno sobre los mecanismos que los impulsaban. Es decir, sabemos el qué, pero no el cómo.

En cuanto a los muñecos en sí mismos, estaban suspendidos por la cabeza a una vara metálica, con lo que se parecían acaso a las marionetas actuales que se fabrican en Lieja y en Sicilia.

Ya en el tiempo de Pericles las representaciones que se daban en la plaza pública de la ciudad o de la pequeña población eran seguidas siempre por una enorme cantidad de público, niños y adultos. Esa es la característica del teatro de muñecos de esa época y de casi todas las épocas: sirve para divertir indistintamente a los pequeños y a los mayores. En tiempos de Sófocles consta que los muñecos no actuaban sólo en Atenas, sino que recorrían todos los pueblos.

En Atenas, a finales del siglo V antes de Cristo, el muñeco es sujeto de controversia entre los que gustan de sus espectáculos y de los que, como Aristóteles, no ven en él más que puerilidad. Se indigna, por que personalidades importantes se interpretan por los muñecos y los hacen representar en le curso de banquetes para la distracción de sus invitados.

Es innumerable la cantidad de títeres para niños que se han encontrado en las sepulturas infantiles griegas. Era costumbre de la época enterrar a los difuntos con sus objetos personales más queridos, y lógicamente enterraban a los niños con sus juguetes más preciados, su marioneta.

De la Grecia pasa la tradición del teatro de muñecos articulados a Roma. Los muñecos griegos son los que los romanos llevaron de sus conquistas. El origen de los muñecos en Roma está indiscutiblemente en Grecia. Roma supo en esto, como en todo, no sólo como tenía los países conquistados.

Entre los romanos el teatro de muñecos <como el resto de las expresiones teatrales> no estuvo excesivamente considerado. Sus actuaciones fueron pronto asimiladas a los juegos del circo, consentidas y estimuladas para el populacho por cálculo político. Las marionetas no podían faltar en la Roma imperial, como no han faltado en ninguna época en ninguna ciudad. Los romanos, sin embargo, en sus gravead, en su orgullo de ciudadanos privilegiados, en su conciencia de domadores del mundo, tenía prohibido dedicarse a estas artes del mundo, tenía dedicarse a estas artes menores que desprestigiaba al hombre: las de distraer a los otros hombres. Y así los actores <y entre ellos los marionetitas, claro> no podían ser ciudadanos romanos. Se podía ser mago, charlatán, actor o marionetita, sólo en dos casos: o siendo extranjeros o siendo esclavo.

Es triste terminar este ensayo sabiendo que el gran esplendor del que vivían las marionetas en la antigua Grecia fue destruido y terminaron siendo una arte menor, y que por desgracia hoy en día siguen siendo consideradas así.

Fuentes.

  • Beloff Angelina, Muñecos Animados, prologuista Antonio Acevedo Escobedo, México, Ediciones de la Secretaria de Educación Pública, 1945.

  • Cueto Mireya, El teatro Guignol, México, Textos del Teatro Estudiantil de la
    UNAM, 1953.

  • McPharlin Paul, Animal Marionettes, New York, Harper & Brothers Publishers, 1936.

  • McPharlin Paul, The Puppet Theate in America, New York, Harper & Brothers Publishers, 1949.

El hombre primitivo creó imágenes mediadoras para invocar las fuerzas naturales. Esquematicemos el mecanismo de la magia simpática: para cazar el reno, el primitivo apreso su imagen en la piedra; para adueñarse de las fuerzas del tigre, visitó su piel, imitó sus movimientos; para poseer la virtud de un héroe o poder deificado, se puso una máscara y se convirtió él mismo en imagen, imagen dotada de ritmo, de voz, de acción, imagen poseedora de la fuerza espiritual invocada. “esta mascarada mística resulto ser el teatro”.1

1.Paul MacPhalin, The Puppet Theatre in America.

En las tumbas griegas fueron encontradas figuritas articuladas de barro, movidas con hilos, que quizá tomaron parte en las ceremonias religiosas, según testimonios de Herodoto. 3

Athenée, en su banquete de los sofista, reprocha al pueblo de Atenas que <<hayan prostituido con los muñecos de Photino la escena en que los actores de Eurípides habían declamado su entusiasmo trágico>>. Pese a la cita, no es necesario que Photino fuera posterior a Eurípides; todo nos hace pensar que eran contemporáneos.2

2. Mireya Cueto. El Teatro Guignol.

3. Mireya Cueto. El Teatro Guignol.