Perfil mercantil de la empresa

Derecho Mercantil. Economía. Concepción de empresa. Capital. Patrimonio. Perfiles empresariales

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LA EMPRESA. SU PERFIL MERCANTIL

El siempre cambiante derecho mercantil ha buscado a lo largo de su desarrollo determinar cuándo estamos en su presencia. Lo ha hecho mediante teorías subjetivas, aplicando sus reglas a determinadas personas, lo ha hecho mediante teorías objetivas, enfocándose en actos determinados que se pueden tener como mercantiles y como es el caso en este estudio teniendo a la empresa como su centro.

Al estudiar la empresa vemos que encuentra su origen en la economía y no en el derecho, por lo que a partir de las definiciones que ha realizado la economía es que el derecho inicia su estudio.

Es aquí donde vemos que se desarrollan los distintos perfiles de la empresa, los cuales pretenden obtener una definición jurídica de lo que es la empresa. Dentro de dichos perfiles es que encontramos el perfil funcional o lo que es lo mismo, la empresa como actividad. Además de éste perfil en la doctrina tiene gran peso el perfil subjetivo de la empresa, el cual corresponde a la empresa vista como el empresario mismo, así como el perfil objetivo de la empresa, el cual se enfoca en el tema de la hacienda.

LA EMPRESA

Para entrar a discutir el enfoque de la empresa como actividad, es necesario primero que todo hablar en forma breve sobre el concepto de empresa y qué es lo que dicho término engloba. No sería prudente entrar a definir o discutir uno de los enfoques o perfiles que se la da a la empresa, como es el perfil funcional, es decir la empresa como actividad, en contraposición al perfil subjetivo de la empresa, por ejemplo

NOCIONES SOBRE LA CONCEPCIÓN DE LA EMPRESA

Inicialmente, al hablar de empresa no estamos inmersos en una definición de índole jurídica, más bien estamos frente a una caracterización hecha por la ciencia económica. Muchos autores coinciden en que la noción de empresa debe ser entendida en principio como una realidad de índole económica, que ha sido aplicada al Derecho. En este sentido se ha definido a la empresa como “una unidad de producción en la que se combinan los precios del capital y del trabajo con la finalidad de suministrar al mercado bienes o servicios a un determinado precio, con el fin de obtener una renta monetaria igual a la diferencia de unos precios y otros.” Aquí es importante considerar que para el concepto económico de empresa es trascendental que la producción de los bienes y servicios se dirija hacia el intercambio de los mismos, es decir que sean de algún modo llevados a un mercado, ya que si estos bienes y servicios se llevan a cabo para el consumo directo de la persona que los ejecuta o produce no estamos en presencia de una empresa. A modo de ejemplo no sería empresa “la construcción de una casa para uso personal del constructor”.

Sin embargo, en contraposición a la tesis de mayoría expuesta, encontramos que ésta cuenta con una posición encontrada en la doctrina del betrieb alemana. La cual, como muchos conceptos alemanes, al ser tan precisos más bien presentan dificultad a la hora de tratar de traducirse o trasladarse a otro sistema jurídico. En el Betrieb, a grosso modo, se regulan “las relaciones internas dentro de la empresa, que implica relaciones de trabajadores con patrono, que implica organización de la empresa internamente”. Bajo esta concepción no interesa si los bienes son llevados al mercado o no, más bien se enfoca la organización de la empresa, independientemente de los fines para los cuales se ha desarrollado, entendiendo en este caso por fines el consumo propio de los bienes o la oferta en el mercado.

En síntesis, podemos decir que “económicamente la empresa es organización de los factores de la producción (capital, trabajo) con el fin de obtener una ganancia ilimitada.”

Una vez teniendo claro el concepto económico de empresa podemos entrar a lo que los juristas han definido como empresa, es decir la noción jurídica de la empresa. Por ahora podemos acudir a distinas definiciones dadas por varios autores, como sería el caso de Vicent Chuliá la empresa, “en este sentido, es un patrimonio jurídico, invertido y organizado - no solo económicamente, sino también jurídicamente para la producción”. En este mismo sentido podemos acudir a lo indicado por Boris Kozolchyk y Octavio Torrealba, quienes manifiestan: “la empresa es un conjunto organizado de elementos de diversa naturaleza aplicados a la producción de bienes o de servicios para el intercambio. Es, en consecuencia, una cosa compleja compuesta de bienes corpóreos (planta física, mobiliario, enseres, materias primas, mercancías) e incorpóreos (nombre comercial, marcas, patentes), dinero, réditos y obligaciones, así como de relaciones jurídicas y no jurídicas establecidas con los empleados, la clientela y los proveedores, que hacen posible la actividad comercial”. Sin embargo, la verdadera definición jurídica de empresa se deberá dar según los perfiles o nociones jurídicas que se tratan más adelantes, a saber perfil subjetivo, perfil objetivo y perfil funcional de la empresa. “Las definiciones jurídicas de empresa pueden ser diferentes, si diverso es el perfil desde el cual se enfoca el fenómeno económico. Esta es la razón que explica la carencia de una definición legislativa, es esta, por lo menos en parte, la razón de la falta de concordancia en las diversas opiniones por ahora externadas doctrinariamente”.

Al irse desarrollando el tema de la empresa los autores van creando una teoría que lo que busca es dejar de lado las antiguas concepciones del acto de comercio y en cambio poner en el lugar privilegiado a la empresa como centro del derecho mercantil. En este sentido el Profesor Fernando Mora nos dice: “Los autores saben y reconocen que la empresa es la unidad básica de la economía y, que seguir hablando de actos objetivos de comercio o de actos subjetivos de comercio no tiene sentido, por cuanto lo que interesa al derecho comercial es regular el fenómeno económico, y éste tiene como célula básica la empresa y es ésta la que hay que regular.” Y es en este sentido que legislaciones como la italiana, hondureña, francesa, alemana, han tratado de desarrollar su legislación comercial tomando como base para la misma la teoría de la empresa. Sin embargo no podemos decir que esto se de en nuestra legislación, donde todavía predomina la teoría de los actos de comercio. Respetamos la posición de don Fernando Mora en cuanto al minucioso estudio que hace del Código de Comercio para extraer de éste elementos propios que puedan situar nuestra legislación dentro de la corriente de la teoría de la empresa, pero la realidad es que no podemos tomar en forma aislada los artículos donde se menciona la palabra empresa y extraerlos de la concepción general de dicho código. En este sentido recordamos lo dicho por Joaquín Garrigues que al respecto dice: “Desde el punto de vista de nuestro Derecho positivo, el significado de la empresa parece ser escaso. Hemos visto que nuestro Código de Comercio acota el Derecho mercantil sobre el concepto de acto de comercio, desconectado de la organización económica en que tales actos se producen. Para la determinación de estos actos mercantiles el Código de Comercio no se fija en su pertenencia a una empresa, sino en la concurrencia de circunstancias de varia índole que no presuponen el concepto de empresa desde el momento que pueden concurrir tanto en el acto aislado como en el acto perteneciente a la repetición profesional en masa. Es cierto que en nuestro Código de Comercio existen alusiones esporádicas a la empresa, que no son suficientes, sin embargo para afirmar que ésta es esencial para nuestro Derecho positivo.” Garrigues es muy crítico de la tesis que pretende considerar a la empresa como igual del derecho mercantil.

Al darle ese papel preponderante a la empresa se argumenta que ésta deberá contar con una personería jurídica y patrimonio propio. Sin embargo en Europa esto no ha tenido un auge total debido al principio de la indivisibilidad del patrimonio, ampliamente desarrollando por el derecho continental europeo. “este dogma de la unidad del patrimonio, de su indivisibilidad, ha frenado el desarrollo en la legislación europea del concepto de empresa, porque ésta, en definitiva, tiene una vocación hacia la personalidad jurídica.”

DEL PATRIMONIO DE LA EMPRESA

Para desarrollar plenamente la empresa, como algo o alguien distinto a su titular debemos habar de la separación de patrimonios, respondiendo los distintos patrimonios únicamente por las obligaciones generadas por la búsqueda o consecución del objeto para los cuales se “separaron” dichos bienes. Vale la pena recordar aquí brevemente las teorías más importantes sobre el patrimonio. En cuanto al patrimonio la célebre teoría de Aubry y Rau lo define como “la personalidad misma del hombre considerada en sus relaciones con los objetos exteriores, sobre los cuales puede o podrá tener derechos que ejercitar; comprende no solamente in acta, los bienes ya adquiridos, sino también in potentia los bienes por adquirirse; es esto lo que expresa correctamente la palabra alemana Vermögen, que significa a la vez poder y patrimonio. El patrimonio de una persona es su potencia jurídica, considerada de una manera absoluta y libre de todo límite de tiempo y de espacio”. En una forma más sencilla Guillermo Cabanellas lo define como “el conjunto de bienes, créditos y derechos de una persona y su pasivo, deudas u obligaciones de índole económica”.

Es decir que, en un sentido contable, se da una correlación entre el activo y el pasivo del cual cada sujeto goza.

De la teoría de Aubry y Rau, la cual es considerada la Teoría clásica del patrimonio, se extraen ciertos elementos claves para entender correctamente este concepto. Primero que el patrimonio abarca bienes presente como futuros, el patrimonio es uno desde el día de nacimiento del sujeto hasta su muerte, sin importar de qué está compuesto. Lo que quiere decir que en distintos momentos de la vida, el patrimonio puede estar comprendido de más o menos bienes, o incluso de ninguno y no por esto un sujeto llega a carecer de patrimonio. Se habla que siempre se da una expectativa de entrada de bienes y derechos al patrimonio de la persona, razón por la cual se concluye que toda persona goza de un patrimonio. Asimismo es necesario decir que solamente las personas pueden ser titulares de un patrimonio, ya que solamente éstas pueden “ser capaces de ser sujetos activos y pasivos de los derechos; por consiguiente solo ellas tienen aptitud para poseer bienes, o para tener créditos u obligaciones”.

“En estricta verdad, el patrimonio de una persona sólo existe en determinado día si, realizado un corte contable ese día, tiene expresión positiva, es decir, si presenta en ese momento un saldo acreedor (lo que resta del activo una vez deducido el pasivo que pesa sobre él). Pero fuera de esta muestra estática, que da la visión fija de un día (o de la muerte), los elementos activos y pasivos del patrimonio pueden estar, durante su funcionamiento, en una relación variable”. Sin embargo para efectos jurídicos este patrimonio va a ser uno y es inalienable durante la vida de su titular, se pueden ceder derechos, transmitir bienes, despojarse de la totalidad de los activos que comprenden el patrimonio y aún así esa persona gozará de un patrimonio ya que éste abarca más que sus componentes temporales. “Su patrimonio es considerado como un todo no es sino la consecuencia de su propia personalidad y siempre permanece unido a ella.” Únicamente con la muerte se llega suceder a título universal a sus herederos siguiendo las normas establecidas en la legislación.

Otro aspecto importante es que solamente quedan comprendidos dentro del patrimonio los derechos que son susceptibles de una valoración pecuniaria, a contrario sensu quedan excluidos del patrimonio los derechos de la personalidad, o derechos extrapatrimoniales, los cuales se encuentran fuera del negocio de los hombres.

Para resumir se puede decir que el patrimonio es “el conjunto de derechos y obligaciones pertenecientes a una persona, estimables en dinero”.

La teoría clásica francesa del patrimonio, también llamada teoría subjetiva, establece en primer lugar que el patrimonio es una emanación de la persona, es decir que hay una vinculación absoluta entre titular y patrimonio, con lo que se concluye que “no hay patrimonio sin persona” que lo ostente. En segundo lugar establece esta teoría que todo sujeto es titular de un patrimonio, sin importar qué es lo que compone el patrimonio, o la carencia de contenido de éste en dado período de tiempo. Finalmente dice la teoría clásica que cada individuo solamente goza de un patrimonio, esto es lo que la doctrina llama el principio de la unidad patrimonial o el principio de la indisolubilidad del patrimonio. “El patrimonio es uno, como la persona; todos los bienes y todas las obligaciones forma una masa única.”

Lo anterior en virtud de que para la teoría clásica el patrimonio constituye una universalidad de derecho, donde sus distintos componentes están entrelazados para así responder el activo por el pasivo. Es decir todos los bienes comprendidos dentro del patrimonio responden por cualquiera de las deudas u obligaciones contraídas por su titular, sin importar si éstas fueron adquiridas antes o después de la incorporación del bien al patrimonio del deudor. Siendo así, pensar en limitar la responsabilidad del titular desligando ciertos bienes de su patrimonio, a pesar de seguir siendo titular de estos, es impensable para la teoría clásica.

En contraposición a la teoría antes explicada se encuentra la “Teoría objetiva del patrimonio”, la cual se centra en los bienes que componen al patrimonio y específicamente en el fin para el cual se han dispuesto, en vez de basarse en el sujeto a quien de corresponde dicho patrimonio. De esta forma se rompe la unidad persona - patrimonio, a la cual se refería la teoría subjetiva, ya que le da un giro importante al admitir la posibilidad de múltiples patrimonios para un solo sujeto. Esta teoría “no niega la existencia de un solo patrimonio general, junto a él admite la coexistencia de patrimonios especiales. Para esta teoría el fundamento de la teoría del patrimonio no está en la persona del titular, sino en los fines que es dable obtener con los bienes de los cuales es titular la persona. Junto al patrimonio general es viable la existencia de patrimonios especiales”

Dada dicha posición se puede elaborar una más amplia definición de patrimonio, donde muchos de los elementos que proponía la teoría subjetiva estarán presentes, pero con una adición importante y novedosa. Siendo así, se puede afirmar que: “a) sólo las personas físicas o morales pueden tener patrimonio; b) toda persona necesariamente debe tener un patrimonio; c) cada persona no tiene más que un patrimonio, principio que puede sufrir excepciones por mandato de ley; d) el patrimonio es inseparable de la persona, por lo que no se puede concebir su transmisibilidad in totum”.

Retomando la definición expuesta, se observan los elementos constantes correspondientes a los sujetos susceptibles de gozar de un patrimonio, así como la obligatoriedad de tenerlo y la imposibilidad de transmitirlo a título universal durante la vida de su tenedor. Sin embargo, también se observa que existen excepciones legales a la regla del único patrimonio por persona, como es el caso del “patrimonio especial o afectado”.

El ordenamiento jurídico permite en ciertos casos afectar ciertos bienes para que estos se conviertan en un patrimonio afectado. Esto significa que el patrimonio especial solo puede ser usado para un fin específico y por ende las obligaciones generadas en la consecución de ese fin serán satisfechas con dicho patrimonio, no pudiendo los acreedores no directamente relacionados con la actividad para la cual se afectó dicho patrimonio, satisfacer sus créditos con bienes de éste.

Sobre el patrimonio afectado dice Cornú: “lo que los une es la afectación común a la consecución de un mismo fin (actividad comercial, obra filantrópica, etc.): los elementos del activo en cuanto están ordenados a la realización del mismo fin; las deudas en cuanto han sido todas contraídas para la realización o con ocasión de esta actividad”.

De lo anterior se puede extraer que los elementos característicos del patrimonio especial o afectado son los siguientes: a) autorización de ley; b) independencia del patrimonio general; c) responden solo a ciertas obligaciones y el que se considera más importante; d) responden solo al fin para el cual fueron destinados originalmente.

Volviendo a nuestro tema y en lo que interesa la divisibilidad del patrimonio para efectos de la empresa, se puede concluir que una persona titular de una empresa debidamente organizada tendrá en primer lugar su patrimonio y separado a éste estará el patrimonio de la empresa. Es decir, opera una desconexión entre sujeto y patrimonio.

Sin embargo, para finalizar el presente apartado se concluye que el patrimonio, sea cual sea la teoría que se esté considerando o siguiendo, siempre tendrá un mismo fin: responder. Ya sea responder por las obligaciones en que ha incurrido su titular o las obligaciones producto de la actividad para la cual fue afectado.

LOS PERFILES DE LA EMPRESA

Entramos en esta apartado a desarrollas distintas nociones que han sido tratadas por la doctrina en cuanto a la empresa. Los aspectos o perfiles que caracterizan a la empresa que son normalmente desarrollados por los distintos autores son el perfil subjetivo, el perfil objetivo y el perfil funcional o la empresa como actividad. Sin embargo hay autores que también desarrollan otros aspectos de la empresa como sería el Dr. Fernando Mora, que le dedica un apartado al perfil corporativo de la empresa o el Dr. Fernando Sánchez Calero de España, que desarrolla la empresa en su aspecto laboral.

En este caso nos concentraremos en el aspecto funcional de la empresa, sin embargo haremos una breve mención del aspecto subjetivo y objetivo, para tener un panorama más completo.

ASPECTO SUBJETIVO Y ASPECTO OBJETIVO

En el aspecto subjetivo se utiliza el término empresa como equivalente del empresario. Al darse esta vinculación cobra un papel importante la percepción que los terceros tengan de qué o quién conforma la empresa. Si bien la empresa puede ser titular de derecho, también será sujeto de obligaciones con respecto a terceros que deben ser protegidos por el ordenamiento.

Con base en lo anterior se pueden dar dos enfoques prácticos de este perfil, el primero sería otorgarle personería jurídica a la empresa, en el caso en que ésta sea desarrollada a través de una persona física, en este caso el empresario, para así distinguir a la empresa, en cuanto a sus obligaciones de las que le corresponden a la persona del empresario, pero en su ámbito personal. La segunda posibilidad que se nos ocurre, y que cada día cobra más fuerza incluso en nuestro país a pesar de ser una economía de pequeña escala, sería en el caso de los grupos societarios. A diferencia del primer enfoque en el cual se pretendía separación, aquí lo que se busca es concentración. En este caso, mediante la teoría del levantamiento del velo, podríamos reunir en una única empresa las sociedades que conforman el grupo, pues en la realidad es el grupo como un todo lo que conforma una empresa en el sentido económico arriba discutido.

El perfil objetivo de la empresa corresponde a lo que el Derecho ha desarrollado y llamado la hacienda. Es decir, los bienes que ha organizado el empresario con el fin de lograr su objetivo económico. “Todo el conjunto de bienes organizados por el empresario para la realización de los objetivos de la empresa constituyen la hacienda”. Retomando lo dicho en el aspecto subjetivo, en el caso del empresario persona física, la hacienda la conformará únicamente los bienes que ha destinado para lograr su cometido empresarial, no así los bienes que no se puedan vincular a dicha actividad. En el caso de los grupos sociales, la doctrina, especialmente en procesos de quiebras, ha ido desarrollando distintas posiciones en cuanto a la reunión de los patrimonios de las distintas sociedades en un único acervo con el fin de satisfacer las obligaciones con sus acreedores.

PERFIL FUNCIONAL

Llegamos de estar forma al perfil funcional de la empresa, o lo que es lo mismo, la empresa como actividad. Bajo este perfil, se enfoca a la empresa como la actividad organizadora del empresario.

Fernando Mora define este perfil como “un conjunto de actos organizados funcionalmente, realizados en forma coordinada y organizada. Se incluye dentro del aspecto funcional todo lo relacionado con actos de organización o de ejercicio de la empresa”.

Este enfoque incluso cuenta con soporte constitucional. En el artículo 46 de nuestra Carta magna, se establece la libertad de comercio. Esta libertad de comercio se puede traducir en la facultad de los individuos o grupos realizar actividades organizadas con el fin de producir bienes y servicios que puedan ser llevados a un mercado y con los cuales obtengan un beneficio económico.

Lo que se pretende con el perfil funcional de la empresa es determinar a ésta mediante las actividades que cumplan ciertas características, como serían su permanencia y especialización. Es decir que la empresa, según este perfil, se va a dirigir a la producción de determinados bienes o servicios en una forma permanente. Las actividades en sí no son importantes, ya que según sea el enfoque de cada empresa será necesario desarrollar algunas actividades, mientras que para otros casos no. Lo que interesa es que todas se den para conseguir las finalidades de la empresa.

Sin embargo este enfoque no es aceptado por la totalidad de la doctrina. Joaquín Garrigues es claro en rechazarlo, por cuanto considera que “concebir a la empresa como actividad es volver al punto de partida y desconocer lo que se quiere definir, porque es precisamente la actividad del empresario y de sus colaboradores la que ha creado la empresa como cosa distinta a esa actividad.”

CONCLUSIONES

En la disputa sobre cuál es el enfoque que se le debe dar al derecho comercial consideramos que más que antagónicas, las distintas teorías deben verse como complementarias.

En nuestra legislación, a pesar de lo propuesto por algunos autores, predomina la teoría del acto de comercio. Sin embargo sí se logran encontrar esporádicas menciones sobre la empresa en nuestra legislación, lo que nos hace ver la necesidad de utilizar los distintos planteamientos doctrinarios según nuestra necesidad.

Ahora bien, en el caso de los perfiles de la empresa, vemos que un amplio sector de la doctrina desarrolla el subjetivo, el objetivo y el funcional, como los tres perfiles principales de la empresa, con el fin de brindar una definición de índole jurídica de dicha figura.

Cada uno de estos nos dice qué es la empresa, sin embargo su utilidad se logra en mayor escala cuando se estudian en forma conjunta. Esto por cuanto nuestras leyes van a regular tanto al sujeto, a la actividad, así como a los bienes que conformen la empresa. Un estudio individual de estos aspectos solamente nos contará una parte de la historia.

BIBLIOGRAFÍA

Libros

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CORNÚ (Gérard) Los bienes. Volumen III, Editorial Juricentro, San José, 1996.

GAMES (Luis María) y otro. Fideicomiso y concursos. Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1997.

GARRIGUES, Joaquín. Curso de Derecho Mercantil, Editorial Porrúa, S.A., México, 1984.

KOZOLCHYK, Boris y TORREALBA, Octavio. Curso de Derecho Mercantil, Editorial Juritexto, 2ª edición, 1997.

MORA, Fernando. Introducción al Estudio del Derecho Comercial. Editorial Juritexto, 1991.

PLANIOL (Marcel) y otro. Derecho Civil, Harla, S.A. de C.V., México, 1997.

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VICENT CHULIA, Francisco. Introducción al Derecho Mercantil, Tirant Lo Blanch, 16ª edición, Valencia, 2003.

WWW

http://www.derechocomercial.edu.uy/ClaseEmp03.htm. Accesado el 11 de abril de 2004.

LEYES

Constitución Política de Costa Rica

Código de Comercio de Costa Rica

SÁNCHEZ CALERO, Fernando. Instituciones de Derecho Mercantil, Introducción, Empresa y Sociedades, McGraw Hill, vigésima edición, Madrid, 1997, p. 50

ASQUINI, Alberto. Antología de Derecho Comercial I, 1997, p. 115

MORA, Fernando. Introducción al Estudio del Derecho Comercial. Editorial Juritexto, 1991. p. 138

GARRIGUES, Joaquín. Curso de Derecho Mercantil, Editorial Porrúa, S.A., México, 1984, p. 166

VICENT CHULIA, Francisco. Introducción al Derecho Mercantil, Tirant Lo Blanch, 16ª edición, Valencia, 2003, p. 205.

KOZOLCHYK, Boris y TORREALBA, Octavio. Curso de Derecho Mercantil, Editorial Juritexto, 2ª edición, 1997, p. 96.

Ver ASQUINI, Alberto. Op. cit., p. 115

Ver MORA, Fernando. Op. Cit., p. 125

Ver GARRIGUES Joaquín. Op. Cit. p. 165

Ver MORA, Fernando. Op. Cit., p. 126

AUBRY y RUA citado por BONNECASE Julien Tratado Elemental de Derecho Civil, Harla, S.A. de C.V., México, 1997, p. 466

CABANELLAS Guillermo Diccionario Jurídico Elemental. Editorial Heliasta S.R.L., Buenos Aires Argentina, 1988, p. 238

PLANIOL (Marcel) y otro. Derecho Civil, Harla, S.A. de C.V., México, 1997, p. 355

CORNÚ (Gérard) Los bienes. Volumen III, Editorial Juricentro, San José, 1996, p. 19

Ver PLANIOL (Marcel) y otro. op. cit., p. 355

Ibid, p. 355

Ver CORNÚ (Gérard) op. cit, p. 21

Ver PLANIOL (Marcel) op. cit., p. 355

GAMES (Luis María) y otro. Fideicomiso y concursos. Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1997, p. 33

Ibid p. 33

Al respecto se puede considerar en nuestro Código de Comercio la situación de la Empresa Individual de Responsabilidad Limitada costarricense, los fideicomisos y la venta de establecimiento comercial.

Ver CORNÚ (Gérard) op. cit, vol. III, p. 26

Ver MORA, Fernando. Op. Cit., p. 144

Ibid. p. 144

Ver GARRIGUES, Joaquín. Op. Cit., p. 172

LA EMPRESA COMO ACTIVIDAD

PERFIL FUNCIONAL DE LA EMPRESA

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