Inmigración en la década de los 80

Geografía argentina. Siglo XX. Demografía. Movimientos migratorios. Inmigrantes. Evolución económica

  • Enviado por: Lord Maqui
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 6 páginas

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INMIGRACIÓN DÉCADA DEL `80

Año: 2002

Curso: 2do 2da

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Profesora:

La Inmigración Extranjera

La expansión de la economía exportadora de carnes y cereales originó profundas transformaciones en la sociedad Argentina. Durante las últimas décadas del siglo XIX se registró un vertiginoso crecimiento numérico de la población del país, que hasta entonces estaba relativamente poco poblado.

Entre 1870 y 1929 llegaron a la Argentina alrededor de 6 millones de inmigrantes europeos, de los cuales algo más de 3 millones se radicaron definitivamente en el país. En su mayoría provenían de las regiones más pobre de España e Italia. En general, se trataba de varones, muchos de ellos solteros en edad productiva, que arribaron con la esperanza de convertirse en propietarios de una parcela de tierra de cultivo o, al menos, hallara un empleo bien remunerado en las faenas de rurales. Aunque la producción agropecuaria argentina se hallaba en esos años en pleno auge, la mayor parte de los inmigrantes no logró transformarse en propietaria ni afincarse en zonas rurales. Esto se debió a diferentes factores: las mejores tierras para la producción ya estaban ocupadas y eran propiedad de grandes terratenientes, por lo que el acceso a la tierra propia era muy difícil o estaba casi bloqueado para los recién llegados, que disponían de un capital escaso. Por otra parte, la demanda de trabajadores para las tareas agrícolas tenían un carácter estacional. Por otras razones, la situación de los inmigrantes que llegaron al país después de 1880 resultó muy distinta de la de los primeros colonos, que se convirtieron en propietarios en las colonias agrícolas fundadas en el sur de Santa Fe y Entre Ríos con el fin de promover la agricultura. La mayoría de los recién llegados se convirtió en habitantes de las grandes ciudades de las provincias del Litoral y de Buenos Aires.

En esos años, ciudades como Buenos Aires y Rosario, entre otras, ofrecían la posibilidad de hallar empleo en las obras de infraestructura. En Buenos Aires, por ejemplo, se estaban realizando mejoras en el puerto, construcción de edificios y desagües, tendido de vías férreas y de instalación de alumbrado público. También podían trabajar en algunos de los talleres industriales que comenzaban a establecerse en Buenos Aires a fines del siglo XIX. Muchos inmigrantes comenzaron a trabajar por su cuenta desarrollando diferentes oficios.

“Tanos”, “Gallegos” y otras nacionalidades

La gran mayoría de los europeos arribados a la Argentina fueron italianos y españoles. Los primeros contingentes de italianos provenían de las zonas agrícolas del Piamonte, Lombardia y El Friul; luego llegaron campesinos de las tierras del sur -como Sicilia, Calabria y Nápoles -. La denominación de tantos para todos ellos se refería originalmente solo a los napolitanos. A partir de 1905, la mayoría de los inmigrantes que llegaron eran españoles.

Muchos de ellos eran originarios de Galicia, por lo que se impuso el nombre de gallegos para designar a todos los nuevos habitantes llegados de España. También arribaron franceses, ingleses, alemanes, suizos, sirios y judíos - muchos de ellos provenían de Rusia, por lo que se comenzó a llamar rusos a los judíos, aunque fueran oriundos de Polonia o Alemania -.

Se establecieron asimismo familias de irlandeses, dedicados a la cría de ovejas en el sur de la provincia de Buenos Aires, y colonias de galeses en la provincia de Chubut.

La vida cotidiana en la ciudad: Los Conventillos

El torrente inmigratorio que se concentró en Buenos Aires, generó problemas habitacionales, debido a que la ciudad no estaba preparada para recibir a tantas personas en tan corto lapso: de 180.000 habitantes en 1869 pasó a 950.000 en 1904.

El Estado Nacional había construido en el Puerto de Buenos Aires un hotel de inmigrantes, como lugar de estancia transitoria para los inmigrantes sin recursos. Pero solo podían permanecer allí unos días; luego, debían salir y hallar un sitio en el que alojarse.

La oferta más accesible fueron los conventillos. Se trataba de grandes caserones con numerosas habitaciones que se comunicaban con un patio central, ubicados en la zona sur de la provincia de Buenos Aires.

Originalmente, estas casa, habían pertenecido a ricas familias porteñas, que abandonaron los del norte, cuando, en 1871, se produjo una epidemia de fiebre amarilla que provocó la muerte del 10 % de la población de la ciudad. En esas casas viejas y deterioradas por los años de abandono se alojaron numerosas familias, condenadas a vivir en condiciones de hacinamiento y precariedad. Los conventillos se convirtieron en un excelente negocio, ya que requería una baja inversión y existía una gran demanda, lo que fue aprovechada por comerciantes, muchos de ellos extranjeros, que compraban por poco dinero las casas abandonadas, o por sus antiguos propietarios, pertenecientes a familias tradicionales porteñas, como el poderoso terrateniente Anchorena.

La llegada continua de contingentes de europeos a la ciudad alentó a algunos especuladores a edificar viviendas precarias, con muchas habitaciones pequeñas, para alquilar a las familias obreras.

En los primeros años del siglo XX disminuyó el número de personas que vivían en conventillos debido al azar de los precios de los alquileres, que empujo a muchos a buscar viviendas más baratas en las zonas periféricas de la ciudad, también debido a la extensión del servicio de tranvías que permitió trasladar a los trabajadores desde los nuevos barrios hacia el centro. También contribuyo a la descentralización la posibilidad de comprar lotes a crédito, en barrios alejados del centro en los que algunos inmigrantes, o sus hijos, edificaron sus propias viviendas.

Consecuencias

La gran corriente inmigratoria, que hizo aumentar la población en poco tiempo a tres millones de personas, produjo un gran impacto en la sociedad: en Buenos Aires, la mitad de sus habitantes eran de origen extranjero. Este hecho fue determinante para la sanción de la ley 1.420 de educación, ya que era imperioso que los hijos de esas grandes masas europeas se integrasen al país en forma rápida y, por sobre todas las cosas, se identificarán con sus tradiciones.

No hubo país latinoamericano que hubiera recibido tantos inmigrantes europeos en un período tan corto. Ni siquiera Estados Unidos igualó los volúmenes alcanzados en la Argentina durante el período que va de 1880 a 1886.

La Expansión Económica

La Argentina de los ochenta fue fundamentalmente una Argentina ganadera. Y de la mano de la ganadería creció la industria, que estaba referida así con exclusividad al tratamiento de las carnes. Gracias al invento del francés Charles Tellier, que había ideado un procedimiento de conservación por medio del frío seco, nació el frigorífico. En 1882 se construyó el primer establecimiento de este tipo en San Nicolas y muy pronto se inició la exportación de carnes congeladas a Inglaterra.

No se registró en esta década un desarrollo significativo de la industria. A la inversa de lo que sucedía en Estados Unidos o Australia, las inversiones de capital se dirigieron principalmente a la adquisición de tierras o a la expansión de los ferrocarriles.

La Inmigración

Año

Inmigrantes

1880

41.651

1891

52.000

1892

73.000

1893

84.420

1895

80.989

1896

135.205

1897

105.143

1898

95.190

Bibliografía

  • Billiken, Así se hizo la patria

  • Miretzky / Royo / Salluzzi, Historia 3, Kapelusz, 1988

  • Alonso / Elisalde / Vázquez / Blanco / Fernández Caso / Guerevich. Ciencias Sociales: La Argentina y el Mundo Contemporáneo, Aique, 1998.

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