Historia de España del siglo XIX y XX

Historia de España. Siglo XIX y XX. Historia social y política. Restauración. Democracia. Herencia liberal. Economía. Estancamiento. Progreso. Sociedad de transición. Primo de Rivera. Guerra Civil. Franquismo. Dictadura. Apertura política. Monarquía

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España:

de la Restauración a la Democracia, 1875-1980

CAPÍTULO I: REVOLUCIÓN Y RESTAURACIÓN, 1868-1875:LA HERENCIA LIBERAL

El concepto “liberal” fue utilizado en primer lugar para describir al grupo de patriotas radicales que se refugiaron en Cádiz huyendo de la invasión francesa de 1808, posteriormente redactarían en 1812 una constitución que incluía la soberanía popular.

La historia española moderna se explica en gran medida debido a las tensiones causadas por la imposición de instituciones liberales “avanzadas” sobre una sociedad conservadora y “atrasada” económica y socialmente. Los conservadores con el apoyo del ejercito y la corona se mantuvieron en el poder durante largos periodos a mediados del S. XIX, rechazando la soberanía popular.

En Septiembre de 1868 tuvo lugar la revolución mas importante del S. XIX que fue la llamada la “gloriosa”, debido a que influyó en toda la historia española de 1875 a 1923. Esta revolución político - militar obligó a Isabel II a exiliarse a Francia. Mientras, el frente político intentaba encontrar una nueva monarquía Constitucional Liberal, que llegó con la monarquía de Amadeo de Saboya, sin embargo las disputas internas de los progresistas, le obligaron a abdicar, y en 1873 España se convirtió en una República Federal. En ciertos momentos la unidad de España parecía peligrar, pero en 1874 el gobierno republicano paso a manos conservadoras, presidido por el general Serrano.

Cánovas del Castillo, político prestigioso de la época, detestaba la intervención del ejército en la política, por lo que su objetivo fue restaurar a Alfonso XII a través de “un movimiento de opinión”, pero los generales no dieron su aprobación a este plan, se levantaron en armas y restauraron a Alfonso XII por medio de una revuelta cuartelera.

La única medida progresista aceptada por los moderados fue el ataque contra los derechos de propiedad corporativista en nombre del individualismo económico. A finales del S.XVIII, una monarquía casi en bancarrota puso en venta tierras de la iglesia a cambio de bonos del Estado. Estas ventas, conocidas en conjunto como desamortizaciones, significaron una revolución, ya que suponían la transferencia de casi un tercio en valor de toda la propiedad de la tierra de España, sin embargo no fue una autentica revolución agraria que podría haber apuntalado una revolución industrial.

El legado inmediato de la Revolución de Septiembre fue una reacción conservadora que aseguró la estabilidad de la restauración Monárquica. El deseo de una vida pacifica después de la “anarquía” significaba el retorno de la iglesia como garante del orden social, en una sociedad en la que la religión era un prisma en el que quedaban reflejados todos los conflictos políticos y sociales.

La Revolución de Septiembre fracasó como experimento liberal, porque los derechos individuales defendidos, los utilizaron los demócratas urbanos para crear comités revolucionarios en las ciudades, que amenazaban a los políticos profesionales y a los que exiliaron a Isabel II con la finalidad de conseguir ellos mismos el poder político.

Para Cánovas la restauración no tenía que determinar “ vencedores ni vencidos”, la constitución de 1876 reuniría a “todos los españoles sin distinción alguna”. Todos los que aceptasen la monarquía de Alfonso XII, según aparecía en la constitución de 1876, podían participar en la vida política: el “exclusivismo” es el que había conducido a su madre hasta la frontera.

Los exclusivistas eran los viejos aliados de Isabel, tras deshacerse de ellos, Cánovas, buscó el apoyo de los viejos progresistas, dándoles una esperanza de alcanzar el poder y así poner en práctica su programa político, siempre y cuando aceptasen la nueva constitución y a Alfonso XII. El sistema de Cánovas estaba completo, los liberales y su propio partido conservador, podían alternarse en el poder, según hicieron hasta 1898. Esta alternancia se denominó turno pacífico y sustituyó al pronunciamiento como instrumento de cambio político. El sistema convertía al Rey en la pieza fundamental del mecanismo constitucional, ya que el Rey no solo nombraba los consejos, sino que también los revocaba.

Cuando los dos paridos creados y sostenidos pos Cánovas y Sagasta comenzaron a desintegrarse, empezó a peligrar también todo el sistema.

Los críticos liberales desean explicar el fracaso del liberalismo en España, y sostienen que los partidos de turno representan los intereses de los políticos que los dirigían. Ambos partidos eran artificiales en el sentido de que habían sido creados desde arriba, y por ello se trataba de clientelas dependientes de los lideres de los subgrupos en que se dividía cada partido.

En el plano local, la organización del partido estaba en manos de los caciques locales, que eran los que manipulaban las elecciones para el reparto de los cargos públicos con el fin de asegurarse una mayoría cómoda en las Cortes, al tiempo que concedía un razonable numero de escaños a la oposición para mantenerla dentro del juego, sin embargo a los partidos no dinásticos, se le había de impedir cualquier éxito electoral significativo. El cacique solo podía conseguir influencia si dominaba la administración local y el aparato judicial, creaba su clientela proporcionando trabajo (desde el cargo de sereno hasta el del juez). El objetivo era conseguir todo esto de forma pacifica por medio de pactos o convenios locales: los consistorios municipales liberales dimitían a favor de los conservadores. Los conflictos más serios no tenían lugar entre partidos contrarios, sino entre fracciones rivales del mismo partido.

El sistema acabó descansando en el voto rural, ya que se trataba de un electorado analfabeto y agobiado por la pobreza, lo que facilitaba la manipulación y falsificación de votos. Esto explica que en las zonas rurales participaba el 80% del electorado, mientras que en las ciudades el porcentaje era asombrosamente mas bajo, sin embargo estos votos eran considerados los “votos verdad”.

La división entre el voto rural manejable y un voto urbano cada vez mas independiente introdujo el concepto de “las dos Españas”, una la España del progreso librepensadora con miras a Europa y otra encerrada en si misma, la de los tradicionales valores católicos.

Los sucesores de Cánovas como jefes de gobierno conservadores, Silvela y Maura, alzaron la voz contra el caciquismo, se declararon a favor de unas elecciones “sinceras” y de una reforma del gobierno local que destruiría la corrupción desde las raíces.

CAPITULO II: LA ECONOMIA, 1875-1914: ESTANCAMIENTO Y PROGRESO

Existe una diversidad extrema en la España rural, las causas son el clima y al suelo y, la estructura histórica de la propiedad de la tierra. Tendríamos que dividir entre el sur “mediterráneo” y el norte, las tierras de regadío, en la periferia con tres cosechas por año y las de secano, en el interior con una cosecha efectiva cada tres años. Galicia, cuyas precipitaciones son de tipo “irlandés”, frente a Almería, cuyo clima es semidesértico. En Andalucía, la Mancha y Extremadura las propiedades eran de tipo latifundista, grandes fincas con cultivo extensivo y propietarios absentistas. Las provincias vascas se componían de pequeños propietarios, los campesinos de Galicia tenían las denominadas “parcelas-pañuelo”.

En la Segunda República, creían que el principal problema hacia la prosperidad y la justicia social residía en la coexistencia de latifundios y minifundios.

Los cortijos andaluces podían estar explotados por los propietarios o por un rico labrador arrendatario, donde la tierra era trabajada por obreros permanentes y jornaleros estacionales (los braceros).

Los latifundios de Aragón y de Castilla la Nueva tenían propietarios absentistas con una vida de consumo ostentoso. Estas tierras se trabajaban de forma extensiva por la gran cantidad de mano de obra barata, las técnicas usadas no habían variado desde la época de los romanos, así eran explotadas de modo antieconómico aunque proporcionando la renta suficiente para sus dueños.

Galicia, tenía una forma de tenencia de la tierra denominada foro, existiendo un amplio campesinado que cultivaba millones de parcelas diminutas, tenía un proletariado de propietarios diminutos. Se trataba de una economía de subsistencia que exportaba trabajadores estacionales, a esta emigración se unía la permanente o semipermanente hacia América Latina y otras partes de España. Aquellos que permanecieron en la zona libraron una dura batalla contra los propietarios de las tierras que pretendían convertir el foro tradicional en un contrato de arrendamiento. La miseria gallega se había creado no por los foros (redención en 1920) sino por la presión de una población creciente sobre una superficie limitada de tierras pobres.

La yerma meseta castellana se había enriquecido en el pasado con el comercio de la lana, pero en el siglo XIX había sufrido un descenso vertiginoso dejando las ciudades castellanas habitadas por una burguesía formada por grandes hacendados, por propietarios de ingenios y por funcionarios, y en el campo, por un campesinado conservador dependiente de los cereales y el vino.

Aunque en Castilla también existían grandes fincas y granjas ricas, la pequeña explotación dividida en diminutas parcelas dispersas y cercadas que exigían gran cantidad de trabajo. Las propiedades eran muy complejas y el pequeño propietario era, en muchas ocasiones, trabajador de una explotación mayor. El azote de la usura provoca el éxito de las cooperativas y las asociaciones católicas que, a comienzos del siglo XX, proporcionaban créditos a interés más bajo que los propietarios de ingenios o los terratenientes locales. Al igual que en Galicia, la emigración en esta zona era una necesidad.

Las sociedades rurales más estables y prósperas se encontraban en la periferia.

Cataluña no sólo estaba compuesta por un campesinado próspero. Las comarcas montañesas eran pobres y miserables, y fue donde la industria catalana consiguió la mano de obra barata. La riqueza agrícola descansaba en las llanuras trigueras y los viñedos del centro, junto a los ricos cultivos de las llanuras costeras. Así la jerarquía catalana del campo consideraba a los agricultores ricos como la pequeña nobleza, mostrando su prosperidad y seguridad en la estructura arquitectónica de las masías.

Los beneficios de estas comarcas procedían de la exportación de vinos y licores a América Latina, proporcionando el capital inicial para los comienzos de la industria textil en el siglo XVIII. La perdida de esos mercados empobreció ambos sectores, pero el ataque de la filoxera en 1860 a los viñedos franceses, llevo a la exportación de vino a granel para ser embotellado en Francia. Así disfrutaron una prosperidad sin precedentes que finaliza a comienzos de 1890. Cuando la filoxera invadió España lleva al hundimiento de la paz de estas zonas viticultoras. Así la forma tradicional de tenencia denominada rabassa morta, donde el arrendamiento duraba la vida del viñedo provoco una guerra cuando los campesinos se vieron obligados a sustituir las plantas nativas por cepas americanas cara y de vida corta por el ataque de la filoxera. Según Costa era un conflicto de tipo irlandés donde los rabassaires realizaron una serie de movimientos que convertiría al campesino conservador en una reserva de apoyo a la izquierda republicana catalana.

La importación de trigo para los modernos molinos de vapor de Barcelona significó un desastre para las comarcas cerealícolas, emigrando los menos afortunados a las áreas industriales.

Las zonas prosperas eran: Figueras y la Costa Brava, donde se encontraba la industria del corcho más importante del mundo. La demanda de Barcelona mantuvo una economía de mercado hortícola beneficiosa, especializada y flexible (naranjos y viñedos fueron sustituidos por las patatas tempranas y las flores).

Las huertas de Valencia y Murcia con sus cultivos de jardín soportaban las más altas densidades rurales de Europa. Las huertas valencianas, los naranjales proporcionaron la más importante de las exportaciones españolas. Pudiendo sostener que la exportación de cítricos proporciono el capital exterior para la importación de bienes de capital que, en contrapartida, permitió un modesto desarrollo industrial. La “Suiza española” (las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya) no sufrieron cambios tan radicales en el campo. No fue hasta el siglo XX cuando el incremento de la población obligó a una división antieconómica de las explotaciones agrícolas; en la década de 1930 los hijos de los agricultores comenzaron a abandonar el símbolo de esta sociedad estable (el caserío o casa solariega) por los elevados salarios de las cercanas fábricas de Bilbao.

El resultado de esta diversidad rural fue el hecho de que algunas se estancaron o comenzaron a declinar mientras otras prosperaban; algunas regiones mostraron signos de progreso e invirtieron en nuevas cosechas (remolacha azucarera y algodón) que provocaron cambios en el mercado. Era el comienzo de “la crisis de la agricultura tradicional” lo que proporcionó los mayores negocios. Afectó sobre todo al granero de España, a los monocultivos cerealistas y a los viñedos castellanos.

La crisis fue resultado de la incapacidad de la agricultura tradicional para encontrar nuevas condiciones de mercado como consecuencia de la pobreza, el conservadurismo y la falta de cosechas alternativas. El vino y las aceitunas con un mercado de exportación; el trigo se orientaba hacia el mercado interior. Estos productores de trigo castellanos cuando se vieron invadidos por las importaciones extranjeras, se organizaron para conseguir tarifas proteccionistas prohibitivas cada vez mayores. Cuarenta años de proteccionismo convierten a España en autosuficiente en cereales como resultado de un nuevo incremento en el área destinada al trigo.

En términos económicos era una situación infructuosa. Los elevados costos de transporte y unos impuestos sobre los alimentos consiguieron negarle comida barata a la industria a la periferia; pero tampoco le importó a este sector, puesto que también consiguió tarifas proteccionistas. La perspectiva de obtener ingresos garantizados reforzó aún más el conservadurismo innato del agricultor castellano y áreas con mejores condiciones a otro cultivo se dedicaron al trigo. Aunque únicamente fue el agricultor rico el que más se aprovecharía del proteccionismo al tiempo que el cultivador marginal se veía obligado a emigrar.

El cultivo de trigo, la demanda de carbón vegetal y de edificios, denudó la cubierta forestal española. El viento y las torrenciales lluvias de invierno; provocaron que las cuencas fueran incapaces de absorber el agua en mayores cantidades, llevando a inundaciones desastrosas, o al secado de los ríos en verano. La utilización de los ríos para el regadío y, posteriormente para el sistema hidroeléctrico fueron otras razones de la desaparición de los bosques.

En el siglo XVIII se había denunciado esta deforestación como crimen histórico, llegando a ser una obsesión de los reformadores de fin de siécle (Costa con su política hidráulica y Jovellanos con la confianza en la empresa privada para la repoblación). Pero sólo el Estado podía acometer esta tarea, y fue Primo de Rivera quién comenzó a poner en práctica la política de Costa en 1920.

Muchos fueron los que criticaron el conservadurismo de los agricultores españoles y su apego a las técnicas tradicionales. Pero esas técnicas estaban muy bien adaptadas a las condiciones naturales y el pequeño agricultor no podía modernizarse porque carecían de capital.

La larga lucha entre agricultores y ganaderos en Castilla, fue ganada en el siglo XVI por la Mesta (hermandad formada por los grandes propietarios de rebaños de ovejas), pero en el siglo XIX la situación se había invertido. Hecho que provocó un serio desequilibrio. Había muy poco estiércol, y los campesinos pobres tampoco podían adquirir fertilizantes artificiales, y también había poca carne, provocando un grave cuello de botella, y la importación de carne una seria sangría para un comercio exterior escaso.

Abasteciendo a los mercados locales y encerrada en un círculo vicioso, la agricultura española no podía proporcionar capital para inversiones industriales de la manera en que, en el siglo XVIII, los ahorros conseguidos en el campo catalán se unieron a los beneficios obtenidos por las exportaciones agrícolas para financiar la industria textil. Más aún, cuando se perdió el imperio, la industria se vio obligada a buscar la salida en un mercado rural interior empobrecido y con una capacidad limitada para adquirir productos fabriles. Esta dependencia continuaba todavía en la década de 1950.

El fracaso de la Revolución Industrial en España, 1814-1913, época en la que otras naciones de Europa occidental alcanzaban un cierto despegue industrial. Este fracaso se atribuye a varios factores: ausencia de una revolución agrícola como conclusión necesaria de la industrialización pobreza del Estado español después de una pérdida de las colonias americanas; inversiones “equivocadas” en los ferrocarriles más que inversiones “adecuadas” dirigidas hacia la industria; venta a extranjeros de los recursos minerales. Otras respuestas: la escasez de carbón barato; una geografía que hacía costosa y difícil la creación de un mercado nacional por medio de un adecuado sistema de trasporte; la falta de espíritu de empresa en una sociedad tradicional católica.

Antes vamos a examinar la estructura y las realizaciones de la industria española desde 1870 a 1914.

Destaca la persistencia en la mayor parte de España de talleres artesanos y la concentración de la industria en la zona vasca, Cataluña y, en menor medida en Asturias y en los alrededores de Zaragoza. Una concentración polarizada de esta manera es común, en las economías en desarrollo. Estas áreas desarrolladas sangraron a las más pobres de hombres y capital.

Barcelona y su área de influencia: La industria algodonera se basó en la prosperidad de la agricultura catalana y en las exportaciones a las colonias americanas. Las guerras napoleónicas y la pérdida del imperio le infligieron un golpe durísimo. Junto con Vizcaya era la única región con mentalidad mercantil y con un proletariado industrial.

En la década de 1850, se añadió la industria de la lana (Sabadell y Tarrasa) propiciando un duro golpe a los talleres artesanos. Los industriales eran conscientes que los bienes de consumo no eran un “sector puntero” y la sociedad industrial avanzada la proporciona la producción de bienes de capital. Pero el interior por abrirse paso hacia una economía industrializada diversificada y moderna fue lento y penoso. La mayor empresa metalúrgica, La Maquinista Terrestre y Marítima, sólo con lentitud pudo ir más allá de la fabricación de maquinaria textil, pequeños navío y motores de barcos.

Después de la pérdida de Cuba, la industria catalana dependía del mercado interior. De aquí, el apoyo de un proteccionismo agrícola que pudiera mantener el poder adquisitivo.

Existía un bajo poder adquisitivo, excepto algunos gigantes creados en 1890, la industria textil estaba dominada por pequeñas firmas conservadoras, “minifundismo industrial”. Comparada con la de sus rivales británicos, era una industria de elevado costo y su falta de competitividad la hizo depender de elevadas tarifas proteccionistas.

El segundo centro industrial está en las provincias vascas, era la vieja y conservadora industria del hierro, creados a partir de 1870. Los grandes industriales y banqueros vascos fueron los pilares financieros del despertar católico: pero en sus negocios fueron modernizadores y sensibles al clima económica de Europa.

La prosperidad vasca se basaba en las minas de hierro de Vizcaya. Fueron las leyes liberales sobre la minería de la Revolución de Septiembre, unidas a las demandas del proceso Bessemer para las “menas rojas” vizcaínas de bajo contenido en fósforo las que animaron la inversión extranjera, en particular británica, en las minas de Vizcaya.

Estas inversiones se venían como una “explotación colonial”. Las rentas que se pagaban a los propietarios de las minas, los fletes de regreso con coque barata, proporcionaron el dinero y el combustible para modernizar la industria del hierro vasca técnicamente atrasada. A finales de siglo, la Restauración fue testigo del establecimiento de los gradas bancos mixtos vizcaínos, las compañías ferroviarias. Estas iban a desempeñar un papel importante en inyectar ahorros para el crecimiento industrial. Mientras que los bancos vascos y de Madrid sobrevivieron a las crisis económicas, los establecimientos catalanes más pequeños se hundieron, ya que la empresa familiar estaba demasiado arraigada en el seny catalán.

Antes del auge vasco, pareció un intento de desarrollo de la industria metalúrgica alrededor de las minas asturianas de carbón, hornos altos se dirigieron hacia las minas de hierro y la facilidad de conseguir coque galés barato. Peor fue en Andalucía donde los hornos funcionaban con carbón vegetal y donde descendió de un modo asombroso la producción de hierro.

Las pequeñas empresas textiles de Castilla y Aragón fueron decayendo por la competencia de los productos catalanes más baratos. En Madrid el desarrollo industrial se dio en el siglo XX, pero continuó siendo la capital administrativa, política y financiera, una ciudad de consumidores y de comercios de productos de lujo atacada por los catalanes como “artificial” y “parásita”. Las ciudades castellanas siguieron siendo centros administrativos, militares y eclesiásticos dominados por intereses agrícolas; el único proletariado moderno eran los dos mil empleados de la fábrica de material ferroviario de Valladolid. La industria de la remolacha azucarera estaba en Aragón y en Granada, pero se trataba de una economía subdesarrollada.

¿A qué se debe el desarrollo titubeante de España?

Los “despegues” industriales dependen del poder adquisitivo del mercado rural. La agricultura española era pobre a causa del mantenimiento del antiguo régimen del campo. La desamortización incrementó la concentración de la propiedad y detuvo la aparición de una comunidad rural próspera de agricultores medios con suficiente poder adquisitivo para comprar productos industriales. La ausencia de una auténtica revolución agrícola provoco la pérdida del tren de la industrial.

Después de la pérdida de las colonias americanas, el Estado se endeudó enormemente. Al no haber ningún gobierno capaz de emprender la tarea de lleva a cabo la reforma de un sistema impositivo injusto y no productivo, el Estado dependía de los prestamos. Esta situación animó la adquisición de títulos de deuda en detrimento de inversiones más productivas. El Banco de España, cuando era la institución financiera dominante, consistía en proporcionar fondos al gobierno más q en financiar empresas productivas. Hasta 1900 no se embarcarón en inversiones industriales. Pero la pobreza del Estado, unido, unido a las vicisitudes por las que atravesaban los partidos políticos, condujo a q la intervención estatal que promovía Cambó acabara en fracaso.

Los ferrocarriles se construyeron con dinero extranjero, sin este capital España hubiera tenido sus ferrocarriles mucho después y se hubiera retardado su indudable contribución al desarrollo económico en un país en el que los canales era una imposibilidad física. Las generosas concesiones a la importación de raíles y de otros artículos ferroviarios libres de impuestos inhibieron el crecimiento de la industria nativa del hierro; pero esa industria metalúrgica interior no habría podido llenar el vacío proporcionando equipamiento ferroviario durante las primeras etapas ya que sus costos eran demasiado elevados. Puede sostenerse con mayor convicción que, posteriormente, la falta de tarifas proteccionistas debilitaron los procesos en cadena hacia atrás y la expansión del sector metalúrgico a través de las demandas de las compañías ferroviarias.

El resultado de las dificultades del tesoro fue la apertura de las minas españolas a la inversión extranjera. Esto produjo resultados dramáticos allí donde los capitales españoles no habían desarrollado recursos: en diez años cuadruplicaron la producción de las minas de Río Tinto, convirtiendo a España en el mayor productor europeo de cobre. Esto creó unos enclaves extranjeros en los que las compañías foráneas se conducían como si se encontrasen en estados casi soberanos, explotando España como una colonia. España se había convertido en una economía exportadora de materias primas al Occidente desarrollado; sólo la décima parte del mineral vizcaíno iba a parar a los altos hornos locales.

Esta situación fomento el nacionalismo económico. Hasta finales de la década de 1880 era la “euforia del algodón” y del crecimiento de una industria lanera que se había convertido en la tercera de Europa. Cuando se convirtió en depresión, los industriales catalanes y los metalúrgicos vascos presionaron para conseguir tarifas proteccionistas; lo mismo hicieron los debilitados cerealistas castellanos. El Estado cediendo a las demandas se embarcó en una oleada de proteccionismo. Argumentaban que el proteccionismo no era la exigencia interesada de una región o de una clase; se trataba de una exigencia nacional. La agricultura y la industria eran complementarias.

La autarquía se iba a convertir en el ideal de los dictadores: Primo de Rivera y el Franco de sus primeros años. A largo plazo demostró ser una filosofía falsa, por mucho que una valiosa ayuda estatal podría servir al establecimiento de industrias “que faltaban”. Obligó a una intervención excesiva, a trozos, que fue contraproducente y dio como resultado una sucesión de cuellos de botella; más que a animar nuevos desarrollos tendió a proteger la industria existente; separó a España del mundo en general y de la economía europea en particular sin la que no podría sobrevivir. La revolución industrial llegó en los años 1960, no por el proteccionismo y la autarquía sino gracias a una economía liberal.

En aquel momento, los españoles atribuían las pobres realizaciones de su país menos a un desarrollo histórico que habría creado un gran abismo entre ricos y pobres, o a causas estructurales en general, que a algún defecto racial inherente. Fue el período en el que los latinos eran comparados desfavorablemente con los anglosajones por su falta de sentido práctico y de espíritu de empresa, más dados a un consumo notable que a una producción eficaz.

Durante el tiempo en el que la sociedad tradicional satisfizo la mayoría de las necesidades existía una escasa inclinación a “coger el tren de la Revolución Industrial”. La queja en el XVIII fue que al país le faltaban “brazos”; España tenía ahora demasiadas bocas que alimentar y Andalucía podía verse aún azotada por el hambre. La válvula de escape residía en la emigración, desde el mismo momento en que la industria no podía absorber el excedente rural al que la agricultura era incapaz de dar empleo por más tiempo.

Por primera vez, en 1900 había en el censo más obreros industriales que artesanos. La industria metalúrgica de las provincias vascas era moderna y tenía un auténtico proletariado industrial; los bancos y las navieras vascas eran empresas dinámicas. Los ferrocarriles estaban crearon un mercado nacional, equiparación de los precios por todo el país, proceso que se complementaría con el automóvil y el camión en 1920. El comercio exterior crecía con mayor rapidez que en Francia o Italia, al tiempo que la composición iba cambiando. La relativa debilidad de la economía española y los efectos de los préstamos extranjeros eran aparentes en una balanza de pagos deficitaria con carácter crónico. Durante la guerra de 1914-1918, España se convirtió en suministrador de productos a Europa, las exportaciones españolas aumentaron rápidamente y el déficit se convirtió en fuerte superávit. Significó “la consolidación del capitalismo”. Aumento de los beneficios, pero procedían de las horas extraordinarias y de la explotación de recursos infrautilizados más que de la modernización a través de nuevas inversiones. Cuando las importaciones quedaron cortadas por la guerra, la necesidad de encontrarles sustitutivos condujo a la creación de nuevas industrias. Sería el comienzo de un desarrollo industrial que interrumpido por las recesiones y los reveses de la Guerra Civil, iba a seguir el proceso continuado; pero lento. La Revolución Industrial, el gran éxodo del campo a las ciudades, llegaría en la década de 1960.

CAPITULO III: UNA SOCIEDAD DE TRANSICIÓN, 1875-1914

En el siglo XIX los reformistas vieron en el patriotismo localista y regional de los españoles, el medio de volver a dar vida a los gobiernos locales, con el fin de promover una regeneración política. Esto era causa del carácter español, cuya lealtad se concentraba en el pueblo, la ciudad o la región.

La existencia de estas lealtades y de economías locales hacía posible la coexistencia de diferentes estructuras sociales.

Esto dio lugar a una clase gobernante que se ha llegado a describir como oligarquía. En un país donde la mitad de la población activa del país se dedicaba al campo se formo una clase compuesta por la aristocracia y los grandes propietarios de tierras. Más que un grupo homogéneo se trataba de una clase terrateniente con intereses muy distintos. No tenían los mismos intereses los propietarios de viñedos y olivares que los de grandes campos de trigo y cultivos extensivos.

La mayor parte de los terratenientes no Vivian en el campo, eran absentistas. Vivian en la ciudad más próxima, en la capital de provincia o en Madrid. En 1930 el 70 % de los grandes de España habían nacido en Madrid.

Un gran latifundio contenía muchas explotaciones dispersas y su cultivo directo era difícil. La solución para poder administrarlo era arrendando las tierras a corto plazo.

La elite social la formaba la aristocracia con títulos. Había perdido buena parte de su poder económico, pero sus diversiones habían tomado por modelo la más poderosa aristocracia inglesa. La frivolidad de su vida social se centraba en la corte de Alfonso XIII, imitando la menos responsable aristocracia francesa.

La aristocracia del sigo XIX sufrió un significativo aumento como consecuencia de la incorporación de militares con éxito, políticos, financieros e industriales. A finales de siglo los ennoblecidos doblaban en número a los aristócratas con titulo. Un ejemplo del cambio social fue el aumento en la práctica del veraneo. Habitual de cortesanos y aristócratas, se extendió a capas sociales inferiores gracias a los ferrocarriles y al menor coste de los viajes.

Hay que destacar de la sociedad española lo pequeño de un sector de agricultores acomodados. A diferencia de Gran Bretaña donde existía un gran numero de agricultores arrendatarios acomodados que cooperaban con el terrateniente en las mejoras de la agricultura. En Francia se producía la misma situación que en Gran Bretaña.

La comunidad agrícola estaba compuesta en buena medida por campesinos sin tierras que trabajaban a nivel de subsistencia. En la mayor parte de España esto se quedaba en el mundo del pueblo, que no tenía contacto con otra forma de vida. La población rural se vio azotada con dureza por la crisis agrícola de la década de 1880. La migración era la única escapatoria y tuvo como destino Latinoamérica. Aunque a largo plazo predominaron destinos como Madrid, Barcelona y zonas mineras del norte como Bilbao.

Las oleadas de emigrantes dan lugar al crecimiento de ciudades donde la tasa de natalidad era baja. Madrid crecía a razón de 10.000 hab. /año y solo la mitad de la población había nacido en Madrid. El crecimiento de las ciudades dio lugar a un nuevo urbanismo y son las actividades de la construcción las que emplean a los emigrantes como obreros no cualificados. De este modo el sector de la construcción se convierte en mayoritario. La huelga de 1936 fue la mayor muestra d poder del proletariado que había visto la capital.

Numerosas ciudades españolas eran capitales agrícolas y administrativa. La mayor parte de la población esta compuesta de artesanos, tenderos y empleados. Los funcionarios y los oficiales del ejercito formaban junto con los propietarios de tierras la elite de la ciudad provinciana.

En 1900 Madrid se había convertido en la capital financiera, administrativa y educativa de España. La universidad de Madrid era la única que concedía doctorados.

Barcelona se basaba en el comercio y en la industria y se abría a influencias del exterior.

Mientras que Madrid tiraba buena parte de la zona vieja para abrir avenidas y barrios residenciales, para que los nuevos ricos constuyeran palacios convencionales. Barcelona tenia una arquitectura vanguardista que expresaba la confianza de sus millonarios. Con el fin de golpear el centro de los valores burgueses, los anarquistas arrojaron una bomba en el Liceo en 1893.

El conservadurismo refleja la actitud delos industriales catalanes. Los empresarios preferían romper el pacto con los sindicatos y mantener lejos a los inspectores del Estado, para así tratar las condiciones laborales directamente con los obreros. Algunos eran crueles en su intento por conseguir beneficios mientras otros eran como familias.

Mientras los catalanes formaban empresas familiares, los vascos creaban instituciones financieras dominantes en España. Esto explica la indiferencia, incluso hostilidad, de los industriales vascos ante el nacionalismo de su región. La unión de catalanes y vascos se produjo para resistir frente a las reivindicaciones obreras, y crearon las federaciones de patronos para presionar al gobierno. En 1914 se fundo la Federación de Patronos con el fin de obtener concesiones económicas de Madrid.

En 1884 el gobierno realiza una encuesta sobre las condiciones de vida de la clase obrera, es una señal de la cuestión social dada la actitud de la clase obrera. Se contempla la pobreza como un defecto de la sociedad y las reivindicaciones obreras como una interferencia en la libertad individual de obreros y patronos.

Los conservadores piensan que la causa del problema social es la secularización progresiva de la sociedad, que da lugar a una clase obrera atea. Los jesuitas decían en su periódico “si no se respeta la autoridad de Dios, no se respeta ninguna otra”.

Patrono y obreros pensaban que la creación de sus propias asociaciones era legítimo, pero no lo era que el estado interviniera en sus convenios.

A finales de siglo los conservadores comienzan a abandonar la recatolizacion como solución a la cuestión social y los liberales el miedo a la intervención del estado.

En 1883 se creo la Comisión de Reforma Social que se dedicaba a la elaboración de informes sobre las condiciones de trabajo. En 1900 aparece la Ley de Compensación de Trabajadores, que son una serie de leyes que culminaran con la declaración de la jornada de 8 horas en 1918.

El proletariado industrial se encontraba concentrado en Cataluña, las provincias vascas y en las minas asturianas. Los obreros industriales de Cataluña se concentraban en Barcelona y en las ciudades textiles de los valles del Ter y Llobregat. Como consecuencia del predominio textil un tercio de la fuerza laboral era femenina. Las mujeres se mostraban reacias a un sindicalismo dominado por hombres y a las organizaciones católicas que se preocupaban mas de la servidumbre domestica.

La clase obrera madrileña se concentraba en la construcción, los comercios de artículos de lujo y el transporte. La encuesta pública de 1884 mostraba las pésimas condiciones de vivienda de las clases trabajadoras.

Tanto en Barcelona como en Madrid la tasa de mortalidad de barrios obreros doblaba la de los barrios “respetables”. El aumento de la prostitucion, incluso de niñas, era otro síntoma de la situación social. Con tales evidencias de las limitaciones de los presupuestos familiares, se toco fondo con la llegada de un periodo de recensión económica a finales de siglo el cual produjo despidos masivos.

La tensión de la sociedad española se reflejaba en la situación religiosa. La reacción conservadora de 1870 se acompaña con un resurgimiento católico. Para los liberales significa entregar la nación al enemigo de las instituciones modernas. El resurgir católico fue obra de la aristocracia y la clase media alta. Su patrocinio más representativo fue el del Marques de Comillas que financio peregrinaciones de obreros a Roma y asociaciones de Padres Católicos. Los socialistas, republicanos y liberales de izquierdas creían que los recursos financieros de las organizaciones católicas les permitían competir por el apoyo de los obreros utilizando la caridad.

La identificación del resurgir católico con los interese de las clases elevadas, intensifico el sentimiento entre las clases urbanas bajas y los agricultores de que la iglesia era parte esencial de la vida de la clase alta. A pesar de tales creencias, los sacerdotes rechazaban la actitud de los patrocinadores religiosos en contra del sindicalismo obrero. La iglesia pensaba que era el único medio de penetrar en la clase obrera.

Los políticos liberales apelaban al anticlericalismo, pero no era una de las bases de su política. Los liberales se opusieron a la influencia de la iglesia en dos campos. Creían que la Iglesia debía estar sometida a las leyes del estado y que no debía tener el monopolio de la enseñanza media. De este modo pretendían evitar que la futura elite gobernante se criara en seminarios de jóvenes fanáticos.

Los gobiernos liberales eran débiles y solo lograron actuar contra la iglesia limitando el crecimiento de las ordenes, por medio de la Ley del Candado: solo por el hecho de intentar limitar unilateralmente los privilegios del clero se provoco una reaccion catolica de intensidad y violencia sin precedentes.

Por otro lado la Asociación Católica de Propagandistas y su brazo político Acción Católica fracasaron. Realmente la iglesia nunca estuvo en peligro y los ideales demócratas del partido no eran acordes a los europeos de la época.

En 1875 nace la Institución Libre de Enseñanza, será el ideal de educación no dogmática y moderna, que tratara de formar los lideres de la democracia. Como institución universitaria no llega a triunfar pero era un instituto de prestigio para los burgueses. Una de las razones de su poco éxito fue que el Estado no podía financiar un sistema de enseñanza independiente al de la iglesia, cuya educación era gratuita. Monjas y frailes no cobraban por dar clases.

Para la iglesia la solución educacional de las clases medias conducía a la revolución y al socialismo y para los republicanos integraba a España en el mundo moderno.

Después de las conmociones de mediados de siglo XIX la sociedad española no sufrió modificaciones radicales pues la infraestructura económica iba cambiando muy lentamente. A largo plazo lo mas importante habría sido el incremento en el tamaño de la clase obrera.

CAPÍTULO IV: EL REGENERACIONISMO Y LAS CRÍTICAS AL RÉGIMEN.

El año 1898 fue el del “desastre”. España fue derrotada por los separatistas cubanos y USA y perdió los restos del imperio colonial (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), además de tener unas bajas superiores a 55.000 soldados. En el Tratado de París, España perdía su imperio a la par que otras potencias exigían colonias.

La responsabilidad de la derrota fue achacada principalmente a los políticos. Aumentaron las críticas hacia la monarquía constitucional alfonsina por corrupta y no representativa, pues negaba a las naciones latinas la capacidad para enfrentarse al mundo moderno.

Los movimientos de protesta se dividían por escisión, por la táctica que seguían y estaban muy separados por disputas personales. Además, el sistema político era mucho más abierto y flexible de lo que admitían sus críticos. Por último, la situación en las regiones y la apatía inhibieron la creación de partidos de protesta de masas de ámbito nacional.

A) Los carlistas defendían la dinastía de los herederos de don Carlos, quien dirigió su lucha contra los ejércitos liberales en la década de 1830. Los carlistas suponían una protesta “populista” contra el liberalismo urbano y anhelaban una sociedad preindustrial y tradicional contraria al cambio y a la modernidad.

Habían dejado de ser una amenaza militar tras la derrota del pretendiente en 1876 y, aunque estaban dispuestos a usar la conspiración, estaban muy enfrentados internamente. Los integristas acusaban al pretendiente, el duque de Madrid, de desviacionismo liberal y proclamaron la monarquía de Cristo Rey. Con el joven orador, Vázquez de Mella, el carlismo ortodoxo pasó a ser una doctrina de resurgimiento regional bajo una monarquía patriarcal “social”. El carlismo de la regeneración tomó cierta forma de corporativismo católico.

La influencia del inflexible y fanático catolicismo de los integristas causó una influencia desastrosa sobre el catolicismo español y lo condujo hacia la derecha.

El carlismo decía ser un movimiento nacional. Su fuerza real como movimiento antiliberal sólo descansaba en las provincias vascas y en la Cataluña rural. Entró en decadencia después de 1876 y sólo resucitó cuando la Segunda República atacó la unidad católica española.

B) Por definición, los republicanos no aceptaban la monarquía como forma legítima de gobierno. Debido al descontento general sólo tenían los recuerdos de la República de 1873. Sus supervivientes adoptaron sin esfuerzos la capa de una superioridad intelectual y moral, pero un movimiento que dividido y dominado por profesores es probable que no pudiera organizar una revolución.

Después de resurgir en 1900-1903, los republicanos seguían dos vías divergentes:

Alejandro Farroux (1864-1949) representaba la tradición revolucionaria y radical basada en una alianza con la clase obrera.

Lerroux fue hijo de un veterinario militar y famoso dentro del periodismo republicano. Aunque fue denunciado como un cínico demagogo, fue el único dirigente republicano que, aunque temporalmente, creó una alianza efectiva con la clase obrera. Reconoció el abismo cultural que existía entre los obreros y la burguesía barcelonesa, atrayendo al proletariado. Mantuvo una subcultura de la clase obrera, base de una rama violenta de anticlericalismo como medio de ataque más inmediato contra los valores de la burguesía.

Lerroux, además, estaba dispuesto a derrotar el caciquismo de Barcelona por medio de una organización rival basada en ayudantes voluntarios. Dominó la política barcelonesa desde 1901 hasta la Gran Guerra.

El lenguaje del republicanismo radical, sus ataques a “la religión, la propiedad y la familia”, convirtieron el partido en inaceptable para los burgueses comprometidos con el catalanismo.

Entre 1900 y 1914 los radicales de Lerroux y los burgueses regionalistas libraron una dura batalla electoral. Pero en 1914 Lerroux se quedó solo al perder el apoyo de la clase obrera barcelonesa, que había optado por el camino de la respetabilidad.

Los republicanos reformistas, dirigidos por intelectuales universitarios, eran evolucionistas, daban prioridad a ejecutar un programa de reformas democráticas y sociales, más que a la forma de régimen.

Rechazaron la tradición revolucionaria, desechando su violencia verbal. Los republicanos burgueses moderados se unieron a Azcárate y Melquíades Álvarez en el Partido Republicano (1912), cuya fuerza reformista residía en la calidad intelectual de sus dirigentes. Aunque el partido no logró obtener más de veinte escaños, sí atrajo a nuevos intelectuales tales como Ortega y Gasset y Azaña. Su ideal fue el gobierno parlamentario inglés, con o sin monarquía.

La visión reformista consistía en una España modernizada, tolerante, gobernada democráticamente, con una legislación social y educacional actualizada. Para Melquíades Álvarez, no había razones para oponerse a la monarquía si se reinaba por y para un parlamento elegido honesta y democráticamente.

Hasta 1931, el republicanismo amenazó a la monarquía al criticar constantemente las derrotas y corrupciones del régimen. Su razón de ser política descansaba en la protesta contra las “barbaridades del sistema”, contra la corrupción electoral que les denegaba cualquier representación salvo en las ciudades grandes. Sus victorias en Madrid, Valencia y Barcelona alarmaron a los políticos monárquicos. El programa republicano erosionó los fundamentos morales de la monarquía.

C) Joaquín Costa (1846-1911) fue la figura clave del regeneracionismo radical de los intelectuales, y aunque preparó un ataque devastador contra los males de la “vieja” política, no dio ninguna opción democrática para corregirlos.

Miembro de familia pobre, y enciclopedista y escritor autodidacta luchó por lograr el reconocimiento de sus obras. Trató intensamente de encontrar las raíces del retraso español. En 1896 había elaborado un programa para la regeneración nacional.

Este programa debía sustituir la política trivial de la Restauración, que defendía los intereses de una oligarquía, por “realizaciones prácticas”: infraestructuras, “política hidráulica”, escuelas, redistribución de las tierras a favor del campesinado, cooperativismo.

Este programa debía aplicarse movilizando a las “masas neutras”. Costa organizó la Liga de Productores en 1899 y en 1900 se unió a Basilio Paraíso y su movimiento de las Cámaras de Comercio, formando la Unión Nacional de Productores. Mientras Costa representaba la protesta de la agricultura, Paraíso canalizaba el descontento de las clases medias. Ningún terrateniente apoyó a Costa, y los industriales vascos y catalanes acogieron fríamente a Paraíso.

El movimiento fracasó por varias razones:

Costa quería aumentar los gastos en educación y agricultura mientras que las “clases productivas” querían una reducción de impuestos.

La Unión tenía intereses divergentes y usaba prácticas contradictorias. Por un lado, Costa quiso convertir a la Unión en un nuevo partido político independiente. En cambio, Paraíso se opuso a esto y optó por amenazar con una huelga en el pago de impuestos, la cual fue un verdadero fracaso.

Después de este fracaso fue clara la debilidad del regeneracionismo liderado por Costa. Finalmente se cansó y pasó a usar instrumentos autoritarios que, más que desear la modernización de la sociedad española, la encerraron herméticamente.

D) En 1914 la protesta republicana se estaba convirtiendo en la de las clases media y baja.

Durante la reacción conservadora de1875 se declararon ilegales todas las organizaciones obreras, situación que duró hasta 1881, aunque seguían estando sometidas a duras limitaciones. En 1907, España era el único país europeo importante que carecía de un diputado obrero en el parlamento.

El movimiento obrero español iba a verse debilitado por la escisión y problemas internos, y por el dilema de actuar mediante la violencia revolucionaria o usando vías pacíficas legales. La rama revolucionaria estaba representada por la CNT (anarquistas y sindicato anarcosindicalista) (1910-1011) y la rama más gradualista por el PSOE (1879) y por la UGT (Partido Socialista y sindicato socialista) (1882).

a) El Partido Socialista y la UGT fueron liderados por Pablo Iglesias. Él y su amigo Mesa, periodista en París, imprimieron en el PSOE las ideas de los marxistas franceses y de su dirigente, Guesde. Iglesias imprimió al Partido su especial calvinismo proletario.

El programa del partido fue redactado en 1886 y contenía los siguientes puntos:

Conquista del poder político por parte de la clase obrera.

“Transformación de los instrumentos de producción en propiedad común de la nación”.

Sin embargo había distintas opiniones respecto a este programa: por la izquierda, los anarquistas rechazaban la lucha por el poder político; por la derecha, los trabajadores urbanos podían verse atraídos por republicanos como Lerroux.

Muchos de los dirigentes socialistas, los intelectuales, se habían educado en la tradición liberal republicana. El partido atrajo a intelectuales debido a la lucha socialista contra las impurezas del sistema.

El partido luchó por lograr una alianza electoralista con los republicanos burgueses al verla como única opción de irrumpir en la vida política. La alianza se hundió debido a las diferencias radicales entre los casi anarquistas y el rico dirigente republicano, Duarte. En 1909, el PSOE obtuvo su primer escaño parlamentario y en 1923 eran siete los diputados socialistas por once republicanos.

Hasta 1914 la cifra de afiliados al PSOE y a la UGT subía y bajaba constantemente, pero en 1913 logró una cifra de casi 15.000 afiliados. Siguió siendo un partido de obreros industriales, dominado por la aristocracia laboral de Madrid y fuerte en las empresas mineras y Asturias y en las empresas del acero y astilleros de Vizcaya. Hasta 1930 los trabajadores rurales no afluyeron a la UGT, dando al movimiento un radicalismo nuevo.

El socialismo se caracterizó por el conflicto entre “realistas” como Indalecio Prieto (muy cercano a los republicanos), de carácter moderado y que trató de crear un proletariado disciplinado y educado, y violentos como Facundo Perezagua (se unió a los comunistas), quien veía las medidas de los otros como formas de integrar a los trabajadores en un sistema capitalista. Los socialistas usaron un lenguaje algo violento y el movimiento dio algún giro hacia la acción revolucionaria, como en 1917. Pero eran reformistas y, como buenos revisionistas, consideraban que la democracia burguesa (y en España eso sólo podía significar una república) era el siguiente paso hacia el socialismo.

b) El anarquismo se había implantado en el movimiento obrero español por la llegada en 1868 de Fanellim, que introdujo las ideas de la Alianza de la Democracia Socialista revolucionaria de Bakunin, una sociedad casi secreta dentro de la Primera Internacional. Los miembros españoles se involucraron en una lucha contra los marxistas “autoritarios”, que finalmente triunfaron al expulsar a Bakunin y a su Alianza de la Primera Internacional. A partir de aquí, la unificación fue inútil y anarquistas y socialistas lucharon por ganarse a los obreros españoles. La capital anarquista era la industrial Barcelona, seguida de Andalucía y parte de Aragón, Levante y Galicia. Madrid era el centro del socialismo, que se veía apoyado por Vizcaya y Asturias.

Mientras el sindicalismo socialista tendía a arraigar entre los obreros establecidos, el anarquismo iba siempre a atraer a los nuevos reclutas de la industria, a los obreros rurales y a los artesanos empobrecidos por la industrialización.

La diferencia entre anarquistas y socialistas siguió siendo temperamental y de tácticas, ya que los primeros sólo encontraban la salida en un deseo de violencia.

Todos los anarquistas, incluso los moderados, usaban el lenguaje de la revolución. Los socialistas consideraban a los anarquistas un grupo de radicales con los que no se podía llegar a ninguna alianza por su incorregible inclinación a la violencia y a las huelgas sin sentido. La sociedad se transformaría por medio de una serie de victorias parciales.

Desde el principio las organizaciones anarquistas estaban divididas: los comunistas libertarios se alinearon contra los colectivistas, los terroristas y los revolucionarios profesionales contra los organizadores sindicales y los educadores. La represión puso al movimiento en manos de los violentos clandestinos. En la década de 1890 hubo una oleada de atentados terroristas que horrorizó a la opinión pública burguesa. Junto a este terrorismo minoritario existía otra tradición anarquista: la del autoperfeccionamiento y la educación racionalista, centradas en debates sobre el amor libre, la propiedad, la ciudad del futuro y las ideas de Francisco Ferrer (1849-1909), quien empezó siendo revolucionario y conspirador republicano y acabó estableciendo una familia anarquista extensa y adquiriendo una gran influencia en los círculos anarquistas como un rey-filósofo benévolo.

Al principio, el crecimiento de las organizaciones anarquistas fue variable. En Andalucía la fuerza numérica del movimiento descansó hasta 1890. El anarquismo se extendió rápidamente por Andalucía ya que los dirigentes más importantes pretendían hacer frente a las demandas de los trabajadores andaluces: abolición del salario a destajo, salarios más altos y la división de las grandes fincas.

A veces este anarquismo rural caía bajo la influencia de pequeños grupos organizados, derivando hacia movimientos de protesta social o de huelga. Por el sur se extendieron ráfagas cíclicas de violencia campesina. En la década de 1880 se arrestó a quinientos anarquistas y se rompió el movimiento. Sin embargo, el anarquismo unió una protesta contra la desintegración de una sociedad tradicional, una fe en la transformación moral del mundo, y un movimiento sindical comprometido con protestas específicas.

Con la creación de su sindicato, la CNT en 1910-1911, la fuerza se centró principalmente en Cataluña, y dentro de ésta, en Barcelona. Comparada con la UGT, el reclutamiento de afiliados de la CNT fue mucho más rápido y desproporcionado.

Las diferencias más importantes dentro del propio movimiento se centraban en la función y naturaleza de la revolución y en el papel de los sindicatos obreros. Para los anarquistas, la sociedad capitalista burguesa estaba sentenciada por la decrepitud moral del análisis marxista. Consideraban que la revolución no podía ser dirigida desde arriba, sino sólo por un dirigente dotado. Estos puntos de vista conducían a una mística de la violencia y a un culto del superhombre revolucionario.

Los llamados “moderados” de la CNT rechazaron la revolución y el terrorismo como táctica. Éstos seguían la tradición anarquista del apoliticismo y el desprecio por la política burguesa, que, en la práctica, significaba la abstención en las elecciones. Sin embargo, la táctica del sindicalismo revolucionario consistía en la acción directa: una guerra constante contra los patronos sostenida por poderosos sindicatos que produciría resultados en forma de convenios salariales. En 1918, la CNT se convirtió en sindicato único: el sindicato de industria. Aunque imperfectos, estos sindicatos únicos iban a ser los únicos que iban a librar la gran ofensiva laboral de 1919.

Los moderados organizadores del Partido Socialista y de la UGT menospreciaban a los anarcosindicalistas a quienes consideraban como una mezcla de sentimentalismo y de revolucionarismo infantil que daba oportunidades a los espías y a los provocadores.

Tanto los socialistas como los anarcosindicalistas desempeñaron un papel importante en la educación del proletariado español; a comienzos del S.XX, las Casas de Pueblo socialistas, con sus pequeñas bibliotecas, sustituyeron a los casinos republicanos como centros de difusión cultural. Los socialistas se disponían a dar a los trabajadores beneficios inmediatos, tales como seguros de enfermedad, sociedades para entierros y cooperativas. En 1898 un congreso anarquista esbozó la sociedad que surgiría de la gran destrucción revolucionaria de lo pasado, algo parecido a la ciencia-ficción.

E) Los movimientos de protesta regionalistas catalanes, vascos, gallegos y valencianos se basaban en la exigencia de algún tratamiento especial, por ejemplo, el reconocimiento político del llamado “hecho diferencial” de Cataluña, o el restablecimiento de las “antiguas libertades” en el País Vasco. Son sentimientos de identidad cultural diferenciada, distinta de la del Estado central dominante, basados en una lengua y una historia únicas de la región.

Además de las tensiones entre las regiones y el Estado, el regionalismo plantea un problema político particular: debilita la estructura política al impedir el desarrollo de partidos de ámbito nacional.

- La lengua catalana fue el eje del catalanismo. Los primeros héroes de los nacionalistas catalanes fueron poetas, filólogos e historiadores. El objetivo del “ranacimiento” catalán de las décadas de 1840 y 1850 consistió en resucitar el catalán como la lengua literaria que había sido en la época medieval. El poeta Verdaguer se convirtió en “el poeta que creó la lengua catalana”. El catalán, al contrario que el vascuence, era flexible y podía usarse como vehículo de pensamiento moderno.

El renacimiento catalán participó con su historia del movimiento romántico europeo. Los liberales del S.XIX eran fuertes partidarios de la centralización; en 1812 habían dividido el principado histórico en cuatro provincias uniformes modeladas sobre los départaments franceses; en 1867 prohibieron el uso del catalán excepto para papeles menores y comedias teatrales. Los catalanes llegaron a ver al Estado español como “un asunto castellano”; los castellanos entendían España como un Estado unitario, los catalanes como una “pluralidad de naciones”, cada una con una historia y cultura propias. Los castellanos eran los enemigos de las libertades catalanas: gobernaban Cataluña desde Madrid como si fuera un país conquistado.

En la década de 1890 surgió el catalanismo político, movimiento que estuvo dividido:

Por la derecha, el obispo Torras i Bages definió Cataluña como una “entidad verdadera, capaz de vida propia, …”. El espíritu de Cataluña era conservador; el regionalismo era, por tanto, un vehículo para conservar una civilización decididamente católica. Se trataba de un catalanismo próximo al carlismo.

Para la izquierda, el espíritu de Cataluña era progresista, positivista y práctico, abierto a la influencia europea.

Para los catalanistas el problema consistía en unir ambas tendencias en una fuerza irresistible, lo que no se llegó a conseguir.

El objetivo de Valentín Almirall (1840-1904) era crear un único y gran partido catalán, el cual fue un fracaso. Sería su joven discípulo Prat de la Riba (1870-1917) quien resucitó la idea de un partido de todos los catalanes, pero basado en la derecha conservadora que podía actuar legalmente y luchar porque se satisfacieran las demandas catalanas “dentro de España”.

Prat fue abandonando el lenguaje regionalista para usar otro de carácter nacionalista, que difícilmente inspiraba confianza entre los no catalanes. El programa de Prat pasó a ser el programa esencial del catalanismo, plasmado en una serie de resoluciones conocidas como las bases de Manresa (1892): gobierno autónomo para un Estado que tendría el catalán como lengua oficial y con cargos reservados a los catalanes, de nacimiento o por haberse nacionalizado. Prat pretendía unir a todos los partidos detrás de las bases y, arrancando con los intelectuales y los republicanos, ganarse a la conservadora gente de campo.

El primer intento de acceder a la política española a través del conservador Polavieja fracasó; pero la coalición que había logrado una sorprendente victoria electoral en 1901 fue transformada en la más poderosa y efectiva fuerza creada por el catalanismo: la Lliga Regionalista.

La Lliga fue una organización conservadora autocrática, a la que se oponían duramente los radicales de Lerroux. Fue gobernada en Cataluña por Prat y Francisco Cambó (1876-1947) era su representante en Madrid. Prat y Cambó querían implantar un programa concreto y claramente definido de autonomía regional mediante la propaganda diaria y la actividad política en Madrid.

Para la izquierda catalana la Lliga era una organización conservadora dirigida por hombres de negocios, inadecuada para competir con Lerroux, y una organización de hombres preocupados principalmente por los resultados.

En 1906 la concesión de un débil gobierno liberal de la Ley de Jurisdicciones abrió el camino a la organización de la concentración más poderosa y extensa que ha tenido Cataluña: Solidaridad Catalana. La Lliga unió desde los republicanos hasta la derecha carlista. Su programa era una versión suavizada de las resoluciones de Manresa. En las elecciones de 1907 logró una aplastante victoria representada por 41 diputados de la Solidaridad en las Cortes.

En 1908 Solidaridad fue derrotada en las urnas y con ella se acabó cualquier esperanza de colaboración entre Maura, jefe de gobierno conservador y quien consideraba que la cuestión catalana era un problema local, y Cambó, que consideraba que era un problema de reconocimiento de una “personalidad”.

La Lliga se salvó gracias a la unión de la izquierda catalana con los republicanos radicales de Lerroux. Por tanto, bajo la Lliga, Cataluña logró su única victoria importante: la Mancomunidad, que, en 1913, unió en un órgano común los poderes preexistentes de las cuatro provincias. La Mancomunidad, presidida por Prat, se centró en la educación técnica y en la mejora del sistema de la red viaria y telefónica. Por encima de todo, supuso el resurgimiento y la protección de la cultura catalana como símbolo de la renovada vitalidad de Cataluña en el “Estado desierto”. El sucesor de Prat como presidente fue el historiador de arte Puig i Cadafalch.

La Mancomunidad no consiguió la autonomía. Cambó, para lograrla, se dispuso en 1917 a aliarse con la “revolución” en el “Movimiento Asambleísta” que abarcaba a republicanos y socialistas y que tenía contactos con conspiradores militares. Los esfuerzos de Cambó no triunfaron, al ser un conservador que amenazaba con la revolución pero que, como “hombre de gobierno” comprometido, detestaba la revolución. La Lliga perdió terreno después de 1919: el fracaso de los moderados reforzó a los nacionalistas radicales de izquierda que aceptaban el separatismo como consecuencia lógica de la derrota a manos de la raza dominante.

Para los nacionalistas catalanes, la Lliga se había convertido en “un apéndice del conservadurismo monárquico”, lo cual tenía poco atractivo para las clases medias de Barcelona o para los arrendatarios rurales. Por tanto, el catalanismo se orientó hacia la izquierda. El acercamiento entre catalanismo y republicanismo se llevó a cabo por jóvenes de Acció Catalana (1922). Cambó seguía siendo fuerte en Cataluña, pero el mesías del nacionalismo catalán era Francesc Macià (1859-1933), quien consideraba que Cataluña debía luchar por su reconocimiento como república libre dentro de una república federal española. Rechazó el monarquismo de la Lliga, su moderación y su nacionalismo ambivalente. Pidió para Cataluña una representación propia en la Conferencia de Paz de 1919.

Macià llevó la violencia a los jóvenes y a los intelectuales catalanes, cansados del realismo de la Lliga, lo cual convenció a los políticos más viejos para que se convirtieran en partidarios pasivos de un golpe militar en 1923. Todo esto conllevó la derrota electoral de su partido en 1931. El catalanismo se apartó de sus orígenes conservadores y se encaminó hacia la izquierda.

¿Por qué el catalanismo logró tan poco después de cuarenta años de lucha? Hasta 1930 su base era reducida. El nacionalismo había causado poca impresión entre las clases trabajadoras, la mayoría de sus miembros eran no catalanes. Al principio, los obreros siguieron a Lerroux, el mayor enemigo local del catalanismo; después se vieron atraídos por el anarcosindicalismo revolucionario. Según Salvador Seguí, dirigente de la CNT, los nacionalistas “pretendían monopolizar la política catalana, no para alcanzar la libertad de Cataluña sino para poder defender mejor sus intereses de clase …”.

- Respecto al regionalismo vasco, éste tenía carácter conservador, campesino; los nacionalistas vascos eran monárquicos, reacios a financiar un movimiento nacionalista que repudiaba al Estado español y que consideraba a los industriales vascos como malvados que habían destruido la sencillez rural y la economía campesina vasca al traer obreros de otras regiones que “corrompían” la pureza de la raza vasca y proporcionaban reclutas a un movimiento socialista “internacionalista” ateo.

El nacionalismo vasco era algo “salvaje”, arcaico. El idioma vascuence fue rechazado como instrumento literario por los más grandes escritores vascos (Maetzu, Baroja y Unamuno). Además perdía gradualmente terreno frente al castellano, principalmente entre las clases medias.

Este sentimiento de decadencia se exacerbó por la revancha liberal tras la rebelión carlista; en 1876 fueron abolidos los restos de los “fueros” vascos. Sabino de Arana (1865-1903), profeta del nacionalismo vasco, reivindicó un Estado independiente que él llamó Euzkadi.

Sabino de Arana veía las bases de una patria en la religión y la lengua vasca, los caracteres de una raza distinta y fue este recurso a la raza del nacionalismo vasco el que influyó en 1894 en la fundación del PNV. Al principio, el PNV desaconsejaba el matrimonio con los no vascos. Sabino de Arana consideraba Euzkadi como un Estado teocrático del que quedarían excluídos los no católicos. El PNV era fervientemente católico y le apoyaban sacerdotes contrarios al liberalismo.

Era difícil que este programa encontrara apoyo en una región en la que el vascuence estaba en decadencia y donde el PNV tenía que enfrentarse con partidos poderosos y arraigados, como los carlistas en Navarra y los socialistas en Bilbao. El PNV fracasó en su intento de lograr el apoyo de los nuevos ricos vascos. Aun así, envió a siete diputados a las Cortes de 1918.

El PNV aunque se moderó nunca giró hacia la izquierda como el catalanismo. Siguió siendo una partido católico conservador con un ala cristianodemocrática.

- El regionalismo gallego significó la protesta de una región deprimida y aislada por el Estado central. Los gallegos pedían subvenciones estatales para construir la red ferroviaria, a fin de lograr la prosperidad de su región. A partir de la década de 1860 sólo lograron verse ignorados por los diputados y los fondos que llegaban iban a parar a manos de la corrupción del gobierno local o de los caciques.

Los regionalistas gallegos sólo vieron empeorar sus propias condiciones de subsistencia cuando los liberales vendieron casi todas sus tierras alrededor de 1850. Los campesinos habían perdido sus derechos comunales al pastoreo y a la recogida de leña: su protesta tomó la forma de incendios de locales, casas y oficinas. Debido al reclutamiento que realizó el liberalismo la consecuencia fue la emigración y la desesperación.

Los regionalistas gallegos no pudieron lograr avances debido al dominio total de los caciques sobre una población rural disgregada y empobrecida. Los intelectuales gallegos fracasaron en su intento por lograr una alianza efectiva con los agravios de los campesinos propietarios y por lograr el apoyo de la burguesía conservadora.

El intento en 1906-1907 de formar en Galicia algo parecido a Solidaridad Catalana fue un fracaso al igual que los sindicatos campesinos. El regionalismo de la Lliga Regional Gallega siguió siendo una protesta literaria en manos de intelectuales, que lamentaban la pérdida de gallegos debido a la emigración. No fue hasta la década de 1930 cuando el nacionalismo se convirtió en una fuerza política seria. Encontró su mesías en el artista y periodista Castelâo, cuya Siempre en Galiza es la biblia del nacionalismo gallego.

- El regionalismo valenciano fracasó en su intento por ganarse el apoyo de la próspera burguesía agraria local. Con una oposición de los republicanos radicales, dirigidos por el escritor y periodista Blasco Ibáñez, siguió siendo un asunto de intelectuales que cultivaban el dialecto local del catalán. Emergió en 1920 dividido entre una izquierda republicana y una derecha católica.

- El regionalismo andaluz fue resucitado en la década de 1970. Primo de Rivera y Franco presentaron la región como una atracción turística.

CAPITULO V: LA POLITICA 1898-1917: EL FRACASO DE LA REVOLUCIÓN DESDE ARRIBA

Los más inteligentes de entre los políticos dinásticos advertían los defectos de parlamentarismo liberal español. El sistema parlamentario solo podía sobrevivir si se convertía en el más auténticamente representativo.

El nuevo liberalismo y el nuevo conservadurismo adoptaron diferentes planteamientos. Los conservadores concentraron sus esfuerzos atacando las raíces del caciquismo en la corrupción local por medio de una reforma del gobierno municipal. La “Revolución desde arriba” aseguraría su supervivencia política y un orden social estable. Los reformistas del bando liberal buscaban reorganizar el entusiasmo popular por medio de un programa democrático, atacando a los privilegios de la Iglesia.

EL REGENERACIONISMO CONSERVADOR:

El primer ensayo de regeneracionismo conservador llegó con el gabinete Polavieja-Silvela. Llego al poder en marzo de 1899 inmediatamente después del desastre colonial. Polavieja participaba del resentimiento del ejército contra los políticos y expuso su programa regeneracionista contra los viejos partidos corruptos. En Cataluña la Unión Catalanista recogió la referencia de Polavieja a la descentralización administrativa.

Polavieja se vio desanimado por la reina regente, que quería salvar el sistema a través de la normal administración de la corona. Polavieja hubo de aceptar las condiciones del dirigente del “nuevo conservadurismo” Francisco Silvela.

Silvela aborrecía las costumbres políticas de Canoas, y su regeneración ministerial fue un fracaso. Polavieja dimitió cuando Villaverde insistido en hacer rígidas economías y unas modestas contribuciones para liquidar el desastre colonial. La tributación de Villaverde provocó una revuelta de los tenderos de la clase media en Barcelona.

El segundo gobierno de Silvela resultó también ineficaz: las economías de Villaverde imposibilitaban la adquisición de una marina de guerra respetable, en tanto que para el jefe del gobierno una nación que prefería el materialismo a la dignidad nacional no podía salvarse.

El heredero de Silvela como expositor del regeneracionismo conservador y sucesor como dirigente del partido fue Antonio Maura. Polarizó la política, según Lerroux podía reducirse a decir “con Maura o contra Maura”.

El objetivo de Maura consistía en revitalizar la política por medio de una reforma del gobierno local y de las leyes electorales. La presunción que subyacía a esta situación era que la España “oficial” - del caciquismo y la corrupción- acallaba a la España “real” y la supresión de una estructura política deficiente permitiría que las masas neutrales entraran en la política y la revitalizaran.

Pero a sus críticos no les faltaban argumentos. Los resultados de su ataque contra el caciquismo por medio de una ley electoral que barriese la corrupción eran ineficaces o ambiguos.

La originalidad de las reformas del gobierno local de Maura se han sobrestimado: la ley de 1907 era un resumen complicado de los anteriores borradores liberales y conservadores. Los liberales rechazaron por completo las premisas en que se basaba la reforma de Maura: la existencia de una esclavizada “España real”. El electorado, observaba, debiera ser educado antes de que pudiera convertirse en una efectiva fuerza política. En 1907 el 40 por ciento del electorado era analfabeto, llegando a ser en algunas provincias incluso del 70 por ciento.

La revolución desde arriba conservadora de Maura daba por sentado que las masas neutrales que quería liberar eran votantes naturales conservadores.

La originalidad de la Ley de 1907 de Maura reside en que se trata de un intento por incorporar las demandas autonómicas catalanas dentro de una reforma del gobierno local comprensiva. La violenta oposición de los doctrinarios centralistas liberales al reconocimiento de una región, contribuyó a derrotar cualquier perspectiva de arreglo de la cuestión catalana por medio de un acuerdo entre Cambó y Maura.

El deseo de Maura de revitalizar la política desmantelando la centralización no podía abarcar la determinación de Cambó de que a Cataluña se le debía conceder autonomía porque se trataba de una región “viva”. La izquierda catalana del todo o nada consideraba los acercamientos de Cambó a Maura como una colaboración ilícita.

El proyecto de Maura, nunca se convirtió en ley.

Fue la reacción de Maura ante los atentados terroristas de Barcelona lo que uniría a la izquierda contra él. Su ley del Terrorismo condujo a que los líderes dinásticos y los republicanos antidinásticos se unieran con el único propósito de obligarle a dejar el poder.

Hubo un defecto fundamental en el regeneracionismo conservador. La revolución desde arriba sin una reforma de la anticuada estructura social que apoyaba el caciquismo estaba condenada al fracaso.

La crisis final que empujó a Maura fuera de la dirección de un Partido Conservador unido llegó con la Semana Trágica de 1909. Maura se había visto arrastrado a una guerra colonial para defender las concesiones españolas en Marruecos. Un llamamiento de reservistas mal dirigido desencadenó una revuelta. La Semana Trágica fue un asunto confuso embrollado de manifestaciones callejeras. Los anarquistas se fueron hacia el partido de Lerroux radicalizando sus posiciones revolucionarias. Los dirigentes de la clase obrera formaron una federación independiente de sindicatos, Solidaridad Obrera, una organización obrerista apolítica.

El domingo 25 de Julio de 1909, socialistas, anarquistas y Solidaridad obrera convocaron a una huelga general para el lunes siguiente. La huelga tuvo éxito en Barcelona y en otras ciudades catalanas pero no se extendió fuera de Cataluña. Una huelga de protesta se convirtió en una rebelión armada, que cayó en manos de revolucionarios abandonados por los dirigentes. La huelga degeneró en una guerra de barricadas sin dirección ni objetivos y en una quema de iglesias.

La Semana trágica no fue una revolución social, fue una revuelta cuyas consecuencias fueron de orden político. Si la Semana Trágica desacreditó el catalanismo burgués, sus consecuencias para España significaron el fin de “la revolución desde arriba “ de Maura.

Alfonso XIII se alarmó por la fuerza de la reacción en España ante la ejecución de Francisco Ferrer y despidió a Maura y llamó en su lugar al dirigente liberal Moret. Maura inició una huelga política negándose a alternar con los liberales. Los conservadores que no aceptaron el punto de vista catastrofista se agruparon bajo la dirección de Eduardo Dato. El resultado del orgullo político de Maura fue la división del Partido Conservador y el debilitamiento de todo el sistema político.

En 1913 Maura se había convertido en jefe de un movimiento, el maurismo. Atrajo a la juventud conservadora y se dedicó a denigrar a Dato. El maurismo acabó degenerando en movimientos juveniles bastante violentos.

El destino final de Maura fue ser presidente del Consejo en gobiernos nacionales en momentos de crisis.

EL PARTIDO LIBERAL

A la muerte de Sagasta en 1903, las disputas entre los dirigentes liberales por hacerse con la dirección del partido provocaron confusión. José Canalejas fue el hombre fuerte del liberalismo, esperaba ganar la confianza de una clase obrera que todavía no estaba irremediablemente comprometida con el socialismo o el anarquismo, para un Partido Liberal alejado del laissez-faire (dejar hacer) y dispuesto a aceptar al Estado como un instrumento de justicia social. Favoreció el arbitraje estatal en los convenios salariales, la legislación sobre las condiciones de trabajo, etc.

Canalejas se tuvo que enfrentar a movimientos huelguísticos graves y su instinto de hombre de orden le hizo perder credibilidad ante los socialistas. En noviembre de 1912 fue asesinado.

Los dos últimos gobiernos de la monarquía antes de la Gran Guerra estuvieron formados por lo que quedaba de los viejos partidos del turno: Romanones entre los liberales y Dato con los conservadores antimauristas.

Romanones no se limitó únicamente a tomar un serio interés por la educación, mantuvo abierta entre los liberales la noción de regeneracionismo procedente de la izquierda. Esta apertura hacia la izquierda llevó a Santiago Alba a formar parte del Gabinete de Romanones de 1912 a 1913. Alba pretendía inversiones productivas en la agricultura, industria y reformar el sistema tributario. El programa de realizaciones de Alba consiguió apartar paulatinamente de la conjunción republicano-socialista a los reformistas una entrevista al rey y se convirtieron en “republicanos gubernamentales”. Si la monarquía aceptaba la reforma práctica, entonces sobreviviría. Esa traición señaló el eclipse temporal de republicanismo histórico.

Quien aguantaba en pie era Dato. Fue a él a quien España le debió su primera legislación laboral, que comenzaría con su Acta de Compensación de los Trabajadores de 1900 y culminaría con la creación de un Ministerio de Trabajo en 1920.

El fracaso de las modestas ambiciones de políticos como Dato y Romanones no se debieron solo a sus ataduras con la vieja política, el hecho de que debieran el poder al rey más que al electorado debilitaba cualquier “política de realizaciones”. El verdadero obstáculo, no obstante, fue la pobreza del Estado español: Romanones no podía sacar dinero de ninguna parte para construir escuelas y la legislación laboral de Dato consiguió escasos resultados porque el Estado no podía pagar mas que a algunos inspectores.

Una incapacidad para reformar el sistema tributario y reducir los gastos en burocracia dejó cojo cualquier esfuerzo “europeizador”.

CAPITULO VI:LA CRISIS DE LA MONARQUÍA PARLAMENTARIA, 1917-1923

I

La clase política se encontraba dividida a consecuencia de la guerra en Europa (1914-1918). Por un lado estaban los conservadores: oficiales del ejército y la derecha en general que apoyaban a Alemania, y por otro lado la izquierda, que defendía la civilización frente a la barbarie alemana. Ambos elevaron la temperatura política a través de mítines masivos y el enfrentamiento fue duro. Los efectos económicos y sociales de la guerra fueron profundos y duraderos.

La neutralidad española fue clave para la prosperidad que se dio en tiempos de guerra. Las exportaciones aumentaron por la demanda de los beligerantes, a la vez que el mercado interior se vio protegido por la guerra. Se dio una era de beneficios conseguidos sin mucho esfuerzo. Se beneficiaron la industria naval, la siderurgia, la minería, se potencio el dominio de los bancos vascos y también las fábricas catalanas aumentaron su producción. Los precios agrícolas se elevaron. Se dieron nuevos ricos explotadores de la guerra. Sin embargo para el español medio y pese a los intentos por parte del gobierno por controlar los precios, la inflación trastorno el equilibrio social existente. Esta situación empezó a provocar huelgas por parte de los obreros industriales contra los patronos.

Con la paz las ventajas de España como productor neutral desaparecieron. Las ganancias de los tiempos de guerra se habían consumido. Cerraron astilleros, minas, fábricas textiles catalanas, se despedían hombres en el campo. Se culpo a los industriales por su falta de visión al no invertir los benéficos de la guerra en la modernización de la industria. Los industriales catalanes fueron reacios a las ventajas de la concentración y la modernización. En 1916, Alba, ministro de Hacienda liberal propuso un impuesto sobre los beneficios extraordinarios producidos por la guerra. Los industriales catalanes y vascos tomaron esta medida como un castigo a las clases productivas. Los industriales catalanes hicieron frente a la depresión posbélica mediante el proteccionismo y la ofensiva contra las organizaciones obreras.

II

A raíz del desastre cubano de 1898 en el que se culpo de la derrota a la negligencia de los políticos, los militares volvieron al panorama político en forma de grupo de presión de jóvenes oficiales, el ejército se consideraba la única fuerza sana de una sociedad corrupta. La realidad es que el ejército era en estos momentos un monstruo sedentario y burocrático. El cuerpo de oficiales estaba hinchado artificialmente, el 60 % del presupuesto del ejército iba destinado a pagar a oficiales. Este cuerpo de oficiales se encontraba dividido. Los cuerpos especiales impusieron a través de juntas de oficiales la promoción por antigüedad. Lo importante era la paga, la promoción y el estatus. Los intentos de reforma encaminados a reducir el número de oficiales no prosperaron. Los civiles tampoco podían atacar el ejército al considerarse a este como el máximo protector de la unidad nacional. La fuerza del ejército sobre los políticos civiles era grande. Un ejemplo se da en 1906 cuando se concedió al ejército su Ley de jurisdicciones (esta evitaba que los ataques contra el ejercito fueran juzgados en tribunales civiles). En 1917 se cedió una vez más. Se dio una huelga de oficiales que pretendía conseguir un mayor salario y mantenimiento de promoción por antigüedad y no por meritos conseguidos en la guerra de Maruecos. La infantería de la guarnición de Barcelona formo una Junta de Defensa. Los junteros querían mejores sueldos y promociones seguras. Fulminaron el caciquismo y la oligarquía. Lo sorprendente fue la reacción de los críticos civiles del sistema de la Restauración al aceptar a estos amotinados como salvadores nacionales capaces de renovar la situación política. Una buena parte de la clase media no consideraba que estos amotinados, que eran tan poderosos como para derrocar gobiernos, amenazaban con la instauración de una nueva era de política pretoriana.

III

En 1917 se vivía una crisis generalizada. La estructura política de la Restauración estaba comenzando a desmoronarse. Hubo un intento por parte del conservador catalanista Cambo de convertirse en caudillo civil de una revolución de la clase media apoyada por una huelga general. La Liga de Cambo pretendía una Cataluña autónoma como elemento fortalecedor dentro de una Gran España, además de una serie de concesiones económicas algo egoístas. Los republicanos reformistas y los radicales pretendían una soberanía nacional en unas cortes constituyentes que dotarían a España de una constitución democrática y un gobierno que incluyese a la nueva izquierda. La UGT iba apoyar esta revolución burguesa con una huelga general con el fin de asegurar un cambio fundamental en el sistema. Ante esto el coronel Márquez y sus jóvenes oficiales veían con recelo la revolución burguesa dirigida por Cambo, negándose a abandonar su papel de regeneradores a los republicanos y a la “canalla” catalana.

García Prieto, presidente del Consejo liberal dimitió el 9 de junio, negándose a reconocer a las juntas como sindicato militar legalmente constituido. Le sucedió Dato, que cedió al motín militar reconociendo las juntas. Dato suspendió las sesiones de Cortes. Este hecho unió a las distintas corrientes de protesta en el Movimiento Asambleísta. El 19 de julio y a pesar del boicot de los partidos ortodoxos y de no contar con el apoyo de Maura (crítico y enemigo de Dato) la asamblea se reunió en Barcelona. A pesar de ser disuelta como reunión sediciosa en ella se quedo de acuerdo en unas Cortes constituyentes, un gobierno que incluiría renovadores y la autonomía para Cataluña. El 20 de octubre se debían reunir de nuevo en Madrid para obligar al gobierno a aceptar las reivindicaciones. Antes de que esto sucediese la UGT desencadeno el 13 de agosto una huelga general revolucionaria. Esta anticipación al plan establecido solo sirvió para dividir el movimiento y obligo al ejecito a apoyar al gobierno. Los junteros pusieron el mantenimiento del orden y la lealtad al rey por encima de todo. La huelga general no consiguió nada pero hubo setenta victimas algo que mostró que la huelga revolucionaria de 1917 fue algo muy serio. La Asamblea se volvió a reunir el 30 de octubre en Madrid y Cambo abandono el Movimiento Asambleísta. Se invento un gobierno de concentración compuesto por liberales y conservadores, pero ya el movimiento se había convertido en pólvora mojada, imposibilitándose la renovación de España.

El 22 de marzo de 1918 cayó el gobierno de García Prieto. La confusión de los partidos era tal que el rey incluso amenazo con abdicar. Maura entonces encabezo lo que se denomino un Gobierno Nacional. Era un gobierno del viejo clan al que se añadía a Alba y a Cambo. El gobierno una vez más cayo en contradicciones. Desde noviembre de 1918 hasta septiembre de 1923 España tuvo diez gobiernos. Todos ellos se enfrentaron a dos graves problemas: la guerra de Marruecos y la guerra laboral en Barcelona.

En agosto de 1917 el ejército parecía haber salvado el establishment político. Los políticos sin apoyo por parte de un rey indeciso, eran reacios a hacer frente al cuerpo de oficiales que aun podía ser necesario. En frase Canovas, podían ser el último recurso contra una revolución proletaria. Los oficiales a cambio de la salvación del capitalismo exigían una completa independencia del control civil. En 1918, La Cierva, ministro de la guerra, inquieto por la extensión de las juntas decidió por decreto el aumento de los sueldos y la promoción basada estrictamente en la antigüedad. Las juntas se negaron a disolverse pero su influencia disminuyo. Ante esto el ejército de África que combatía en Marruecos quería la promoción por los meritos, ganada en el campo de batalla. La opinión publica (incluido el rey, cada vez mas comprometido con el ejercito de África) se iba volviendo paulatinamente contra los junteros. En noviembre de 1922 el conservador Sánchez Guerra disolvió formalmente las juntas.

Acabado el asunto de las juntas, fue la guerra de Marruecos la que conduciría al ejército más o menos unido a la política.

IV

Entre1918 y 1923 España iba a ser escenario de uno de los conflictos sociales mas salvajes de la posguerra europea. EL aumento de militancia y de afiliados se canalizo hacia la CNT. En 1919 tenia 700.000 miembros, era tres veces mayor que la UGT. Andalucía y Barcelona eran los epicentros revolucionarios del anarcosindicalismo. La tradición anarquista estaba representada en parte por pequeños grupos de acción, grupos de afinidad, firmes en su creencia de que la revolución se dispararía por medio de acciones violentas que se convertirían en un fin en si mismas. En el otro extremo se encontraban los sindicalistas puros, quienes creían que el primer paso debía ser la organización de un poderoso sindicato, para después conseguir resultados en forma de acuerdos salariales y mejores condiciones de trabajo. Los moderados sostenían que la fuerza del sindicato debía construirse sobre la base de huelgas coronadas por el éxito. A pesar de esto la CNT se encontraba infiltrada por terroristas, miembros que algunos no repudiaban y a los cuales incluso se consideraba que había que pagar. Los moderados dirigidos por Salvador Segui libraron una batalla constante contra los energúmenos revolucionarios del movimiento. Estos esfuerzos no sirvieron de mucho ante la Actitud de los patronos catalanes aliados con la guarnición de Barcelona. La CNT se eclipso como organización y cayo en el terrorismo impotente.

Los patronos catalanes organizados en la Federación Patronal estaban dispuestos a dar batalla al sindicalismo y a destruirlo. Los gobiernos de Madrid oscilaron entre llegar a un acuerdo con los moderados o la represión. La intransigencia de la patronal, respaldada por un ejército al que el gobierno no podía controlar fue la que convirtió la huelga de La Canadiense de 1919 en huelga general - la más famosa de la historia laboral española- .

Seguí resistió a las exigencias de los extremistas y acepto los esfuerzos de conciliación del gobierno pero no evito el fracaso que se dio al negarse a poner en libertad a los militantes presos. Tras esto gobernadores civiles llegaron a la conclusión de de que la mejor manera de restablecer la paz social y mantener a la CNT alejada de las manos de hombres violentos era mediante un sincero respeto por el derecho de asociación. Tales esfuerzos fueron saboteados cuando los patronos declararon un lock-out que puso en la calle a 20.000 obreros y destrozo por completo la influencia de los moderados. El gobierno claudico ante los patronos y en noviembre de 1920 les nombre como gobernados civil al general Martínez Anido. Durante dos años domino Barcelona como un feudo independiente por cuenta de la Federación Patronal. Anido tenia que hacer frente al terrorismo y para ello no utilizo solo la represión policial, también apoyo el contraterrorismo de los Sindicatos Libres organizados por su propio jefe de policía. Se convirtieron en pistoleros al servicio de los patronos, empeñados en una guerra urbana de guerrillas con los pistoleros de la CNT. Una de las victimas de la ultima oleada de terror fue el propio Salvador Seguí, muerto a tiros en marzo de 1923. Anido acabo siendo destituido por el gobierno..

Para la España conservadora , tan alarmante como la guerra laboral de Barcelona lo fue la oleada revolucionaria que se extendió por toda Andalucía en los “años bolcheviques” de 1918-1920. Fue una revolución ante expectativas crecientes. Estas huelgas estaban semiorganizadas. Se trataba de huelgas encaminadas a obtener las reivindicaciones concretas: la abolición del destajo, salarios negociados y reconocimiento de los sindicatos o centros obreros. En un primer momento las huelgas gozaron de gran éxito y los patronos negociaron convenios salariales e incluso los comités de huelga se hicieron cargo del gobierno municipal. Los terratenientes perdieron los nervios y se retiraron a la seguridad que les proporcionaban las capitales de provincia. . En la primavera de 1919 el gobierno envío tropas para acabar con la huelga.

En el congreso de Madrid de 1919, los militantes de la CNT llegaron a creer que “su” revolución era una posibilidad diferente. Rechazaron cualquier alianza con la UGT. En 1923 la CNT se había roto a causa de una depresión que reforzó la posición negociadora de la patronal. Las dos grandes uniones (sindicalistas y anarquistas) comenzaron a luchar entre si e incluso en el interior de cada una de ellas. Se llego a presentar la cuestión de si unirse o no a la Tercera Internacional creada en Moscú. En la CNT había dirigentes que simpatizaban con el leninismo, pero fueron incapaces de arrastrar al partido. En el Partido Socialista también existía un cierto sector afín a estas ideas pero estos miembros prosovieticos abandonaron el partido en 1921 para formar el diminuto Partido Comunista de España. Los comunistas se hallaban próximos a los activistas de la CNT. Organizaron un motín en Málaga y seria la gracia del gobierno concedida a un cabo lo que endureció la opinión del ejército a favor de Primo de Rivera.

Con una CNT rota, fueron la UGT y los socialistas quienes sobrevivirían como representantes organizados de la clase obrera. Con seis miembros en las Cortes de 1918 los socialistas estaban sustituyendo al Partido Republicano como vehículo de protesta moral contra el sistema. Los líderes socialistas estaban convencidos de que un largo periodo de educación debía conducir a los obreros al poder.

Consecuencia directa de la guerra laboral, acompañada como estuvo por asesinatos y violencia se tradujo en atemorizar a las clases propietarias, a la burguesía Barcelonesa y a los terratenientes del sur. Los patronos se dieron cuenta de que estaban exponiendo no solo su modo de vida sino también sus propias vidas. Los sucesivos gobiernos no aceptaban este punto de vista tan trágico. Las clases conservadoras rechazaron la conciliación propuesta por el gobierno por entenderlo como muestra de debilidad y atacaron a los ministros que no atendían todas las peticiones de protección armada hechas por los patronos. Esta falta de fe en los gobiernos civiles explica en parte la aceptación entusiasta de la dictadura militar en 1923. La dictadura de Primo de Ribera puede considerarse como la transposición a la categoría de régimen nacional de este condominio local de militares autócratas y de hombres de negocios aterrorizados.

V

En julio de 1921, cayo sobre el gabinete como una bomba la noticia de que el ejercito de la zona oriental del Protectorado de Marruecos había retrocedido de las posiciones que ocupaba cerca de Annual. Se perdieron cinco mil kilómetros cuadrados, y lo que quedaba de un ejército desmoralizado se encerró en Melilla.

La aceptación en 1912 del protectorado se dio simplemente para evitar que Francia ocupase la línea de costa situada frente a la Península. El desastre militar fue el resultado de luchar en una guerra colonial con un ejército de reclutas mal entrenados. El gobierno se encontraba ente el punto de vista de los civiles que no sentían aprecio ni interés por la guerra y el punto de vista militar. El resultado fue un cuerpo de oficiales amargado en África; Goded, Franco, Mola, Sanjurjo - los conspiradores militares de 1936 - experimentaron esa frustración.

Para vencer las dificultades de unos reclutas mal dispuestos y las críticas de los despreciados junteros los africanistas crearon la Legión o el Tercio. El comandante Franco diseño su uniforme, formo parte de ella, y escribió su historia. El tercio con una disciplina de hierro, estimulado por una paga más alta se convirtió en la mejor fuerza de choque del ejército Español.

VI

Entre 1921 y 1923 la política estuvo dominada por la exigencia de “responsabilidades”; ¿a quien y a que se les había de echar la culpa por lo de Annual. Los conservadores, partido en el poder querían reducir la investigación a problemas de tipo militar. Los liberales sin embargo se dispusieron a utilizar las responsabilidades para derribar a los conservadores. La oposición y en especial los socialistas querían desacreditar al ejercito y atacar todo el sistema político llegando incluso a culpar al propio rey. En 1931 se dieron elecciones municipales que se convirtieron en un plebiscito sobre el futuro de la monarquía. El conservador Sánchez guerra presidente de Consejo de marzo a diciembre de 1922 intento modernizar el Partido Conservador, y responsabilizar a su propio partido ante la opinión publica derrotando así a las ansias de poder de los liberales, pero la apertura de las responsabilidades al debate político acabo con su propio gabinete.

Le sucedió García Prieto en diciembre de 1922; fue el último gobierno de la monarquía. El programa de este nuevo gabinete en el que aparecían reformistas incluía una revisión de la situación religiosa, una reforma del Senado, un presupuesto moderno, la persecución de responsabilidades, el control civil sobre Marruecos e incluso una reforma agraria. Pero no hubo ocasión de poner este programa en práctica: Marruecos dominaba la política.

Alba miembro del gobierno, obligo a que se nombrase un civil como alto comisario y al pago por rescate de los militares que continuaban prisioneros. Esto fue un insulto al honor del ejército que puso su descontento en conocimiento de Alfonso XIII. EL sistema parlamentario se encontraba muy debilitado. Se tenía el sentimiento de que algún tipo de dictadura era el preludio necesario para una renovación de la vida política. Alfonso XIII sostenía que se podía permitir una dictadura temporal en momentos de extrema gravedad para limpiar el camino a gobiernos que respetasen el sentir popular. Maura le disuadió de crear un gobierno del rey dirigido por un militar. Amplios círculos pensaban que una dictadura seria el milagro que se necesitaba en esos momentos. El problema consistía en que no había ningún dictador a la vista. El candidato apareció finalmente en la figura del capitán general de Cataluña: Miguel Primo de Rivera.

En la noche del 13 de septiembre, Primo convoco a los periodistas barceloneses con un manifiesto dirigido al ejército y al pueblo español. Quería librar a España de los políticos que habían deshonrado a la patria. Atacaba a separatistas y a comunistas y hacia un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad para que se unieran al somaten nacional. Con el fin de restaurar el orden social. Se trataba de un héroe para la burguesía catalana.

El golpe hubiera fracasado probablemente si el rey hubiera respaldado a su gobierno. Primo de Rivera solo contaba con el apoyo decidido de una guarnición, además de la de Barcelona., fue una jugada muy arriesgada basada en el desencanto general de la opinión pública y en la actitud del rey. Una vez que la actitud de Alfonso estuvo clara, el gobierno dimitió. Alfonso nombro a Primo presidente legitimando así una revuelta militar incruenta. Alfonso decidió el destino de la monarquía constitucional.

El ejercito había salido de las sombras con la aprobación de los intelectuales, la indiferencia de los socialistas e incluso, probablemente, el alivio de los políticos.

La cuestión principal que se plantea es la siguiente ¿ remato primo de rivera a un cuerpo enfermo o estrangulo a un recién nacido?. Se habían dado 15 gobiernos desde 1917, suspensiones reiteradas de las cortes, censuras, el las elecciones del 23 la mitad del electorado se abstuvo. A la vez la izquierda que había utilizado con éxito las responsabilidades estaba emergiendo más fuerte que nunca. , también se estaba formando un partido democrático católico el PSP. A su vez las cortes corruptas necesitaban una seria reforma se estaba advirtiendo que para eliminar a los caciques España debía tener una representación proporcional y distritos electorales con varios candidatos.

Lo que alarmaría al rey y al ejercito fueron mucho mas estos signos de vida que la agonía del parlamentarismo. Primo de rivera asesto el golpe al sistema parlamentario en el momento en que se estaba operando la transición de la oligarquía a al democracia, La destrucción de la monarquía parlamentaria creada por Canovas marco la entrada decisiva en la moderna historia Española. Abrió lo que hoy los constitucionalistas denominan un periodo constituyente, la búsqueda de una forma estable de gobierno, un proceso que puede ser considerado como un gasto inútil de tiempo histórico. En 1977, después de dos dictaduras y de un republica, España regreso a al forma de gobierno que los militares habían derribado en 1923: una monarquía parlamentaria basada en el sufragio universal.

CAPÍTULO VII: LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1931)

1.- INTRODUCCION.-

El 13 de Septiembre de 1923, apoyado por parte del Ejército (de las antiguas Juntas de Defensa) y con el consentimiento de la burguesía, sobre todo la catalana, y de buena parte del pueblo, el General don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja dio un golpe de Estado incruento que pronto fue reconocido y apoyado por el Rey. España pasó a ser una dictadura personal, provisional según él, pero que perduraría casi siete años (hasta el 30 de enero de 1930).

El pensamiento político de Primo de Rivera era primitivo, personal e ingenuo. Una casta política, a través de la farsa de las elecciones, había aislado al gobierno del pueblo y él mismo podía entrar una vez más en contacto directo y personal con el pueblo, devolviendo al gobierno su espíritu democrático. El odio hacia el viejo grupo de políticos de partido fue racionalizado en una teoría política antiparlamentaria que decía ser más auténticamente democrática que el liberalismo parlamentario; atacaba el individualismo y los derechos individuales. La dictadura quería ser pragmática: respetaría las grandes creaciones sociales existentes: la nación, la Iglesia y el Rey.

El dictador y su partido no eran monárquicos entusiastas pero aceptaban la monarquía. Con respecto a la Iglesia, el dictador era un ferviente católico que pensaba que todos los españoles también lo eran o que debían de serlo. Mussolini era objeto de gran admiración tanto que se importaron uniformes y usos lingüísticos. La ideología de la dictadura la suministraron reaccionarios católicos y regeneracionistas del país. Costa que fue el que precedió al dictador profetizando la venida de “un cirujano de hierro”. Ortega rechazando “el falso supuesto de una igualdad real entre los hombres”, sus ataques al antiguo sistema político se convirtieron en textos bíblicos de Primo de Rivera. Y por encima de todo ello Antonio Maura, el gran hereje liberal considerando a Primo un político engañoso. Otros como el ala derecha del joven PSP (grupo socialista independiente) dieron la bienvenida a la dictadura.

En España una incapacidad del sistema parlamentario para resolver los problemas que existían dio lugar al golpe de estado. Había desorden social, caos político, conflicto de Marruecos (incapacidad de gobierno y militar), la existencia de movimientos políticos nuevos (nacionalismos, movimiento obrero). Los objetivos del golpe pretendían solucionar estos problemas de forma general y concreta asegurando la integridad de la nación frente a los nacionalismos, evitar el desorden social, reestablecer el orden político y salvar al rey de responsabilidades por la batalla y desastre de Anual en el conflicto marroquí (1921).

2.- DEL DIRECTORIO MILITAR (sep.1923-dic.1925) AL DIRECTORIO CIVIL (dic.1925-ene.1930).-

En la política de Primo de Rivera no había nada nuevo, se limito a demostrar que él podía realizar lo que no había conseguido el parlamentarismo “decadente”. Quiso poner en práctica proyectos de reforma que habían sido saboteados en las Cortes. Así el Estatuto Municipal de 1924 se basaba en 22 proyectos, todos ellos fracasados anteriormente. Otros proyectos procedían de Costa: los planes para las federaciones hidráulicas. De Maura incorporó el sufragio corporativo. Pero lo mismo que otras muchas ideas constructivas de la dictadura, el Estatuto Municipal no tenia futuro.

El Directorio Militar (septiembre de 1923-diciembre de 1925): Primo de Rivera actúa como “ministro único”, asesorado por un gabinete (el Directorio), sin poder ejecutivo. Este Directorio estuvo compuesto desde 1923 hasta diciembre de 1925 exclusivamente por militares (Directorio Militar). La Constitución quedó en suspenso, y el Gobierno de los ayuntamientos y las Diputación Provinciales quedó en manos de delegados de Gobierno. Creó la Unión Patriótica, especie de partido político que nació muerto.

Primo no era capaz de enfrentarse a una política específica. Tras librarse de los viejos políticos (como por ejemplo de Alba) impuso un primer régimen militar con generales designados por su antigüedad actuando de pseudo-ministros; generales de brigada como gobernadores de provincias y a los comandantes se les dieron instrucciones para sanear la política local. La gran virtud del gobierno militar consistía en que ahorraba salarios.

Directorio civil (diciembre 1925-enero 1930): Primo de Rivera decide en la primera de estas fechas la sustitución del Directorio exclusivamente militar por otro básicamente compuesto por civiles, lo que no significó ningún cambio en la orientación política del Gobierno. Buscó el apoyo del tándem PSOE-UGT para su política económico social, que consiguió, y se embarcó en un gran esfuerzo de creación de infraestructuras, sobre todo por medio de grandes obras públicas.

En 1926, el gobierno de militares fue sustituido por el directorio civil, mezcla de jóvenes, brillantes tecnócratas y viejos generales como Martínez Anido (Gobernación), José Calvo Sotelo (Hacienda), Eduardo Aunós (Trabajo) y el conde de Guadalhorce (Fomento). Como los partidos eran meras emanaciones de un sistema parlamentario condenado por la historia, había que movilizar el apoyo popular por medio de un movimiento, la Unión Patriótica (UP). Fue concebida como una forma de regeneración mora.

El dictador (de profunda ignorancia política) se negaba a aceptar que la UP era un partido. Y fue esta comunión de patriotas a la que Primo propuso que tomara sobre si la tarea de gobernar España. Pero el partido se negaba a crecer. El dictador fue victima del mito regeneracionista de una España “real”, popular, enterrada bajo una clase política artificial. Ya era demasiado tarde para rectificar su error y ganarse a los políticos ultrajado y repudiados.

3.- POLITICA ECONOMICA.-

Primo creía que la sociedad era sana y que todo lo malo en España era la superestructura política. Cuando no consiguió regenerar la patria tras la eliminación de la vieja política y de los políticos Primo pensó que tenía que conseguirlo por el avance económico, en particular por el crecimiento industrial.

España era una economía pobre porque el capital y la empresa privada nunca habían superado el atraso que había tenido obsesionados a los españoles desde 1898. El estado debe conceder condiciones monopolistas a las industrias débiles e intervenir fuertemente en obras públicas básicas.

El programa de obras fue criticado ya que se decía que había convertido las cañadas de ganado en carreteras de estilo europeo a costa de enormes gastos. Su legislación sobre ferrocarriles se basó en los planes de Cambó. El Estado acometió gastos que las empresas no podían soportar a cambio este tenia derecho de supervisar tales empresas. Las creaciones más duraderas fueron las Confederaciones Hidráulicas (eran fuentes de energía eléctrica y para el regadío), así como el programa de reforestación. Las Confederaciones como una visión local de “democracia” corporativa fracasaron, pero fueron origen pleno de éxitos de la moderna electrificación española.

El problema del régimen era la financiación de estas empresas, debilidad central de la dictadura. Primo había alcanzado el poder de salvar la sociedad pero no quería se el instrumento de las clases altas (escuchaba el clamor del pueblo), se encontró con la oposición del establishment económico. No podría financiar sus obras públicas al reformar un sistema impositivo que su propio ministro de Hacienda (Calvo Sotelo 1893-1936) reconocía como injusto. Se basaba en la evasión fiscal de los impuestos indirectos por parte de los ricos. En 1926, Calvo Sotelo propuso basar el presupuesto en un impuesto efectivo y progresista. El gobierno no se atrevió a unir a las masas contra las clases poseedoras, lo dejo en manos de una campaña de prensa dirigida por la aristocracia del mundo bancario. La campaña contra el impuesto sobre la renta se convirtió en una campaña contra el propio gobierno.

Tras el fracaso de la reforma impositiva ya no quedaba forma alguna para conseguir dinero. Los préstamos para financiar las obras públicas aparecieron en un presupuesto extraordinario, esto fue lo más criticado de la dictadura. Las críticas señalaron los efectos inflacionistas del presupuesto extraordinario y la falta casi total de control financiero. El resultado de los esfuerzos del régimen para mantener bajos los precios fue presionar sobre la peseta; su caída permitió a la oposición situada en los círculos financieros montar campaña contra los intentos de Calvo Sotelo por salvar las tasas de cambio, la cual le obligo a dimitir.

El gobierno decidió regular todos los aspectos de la economía estimulada por este gasto público. Perseguido por el miedo a la superproducción y a la competencia ruinosa y por los sueños de autarquía, el Consejo de Economía Nacional se embarcó en un programa de intervención general. Todo articulo susceptible de ser producido en España debía fabricarse aquí, así se salvaba la producción interior de carbón, plomo y resinas. También se elevó en un tercio las tarifas aduaneras, intentos de crear una industria automovilística nacional, financiar la producción de algodón mediante un arancel sobre el algodón importado, y de intensificar la política cerealista y por ultimo nacionalizar la distribución del petróleo. La economía nacional cayo en manos de comités que lo regulaban todo. La intervención y control eran criticados por grupos que lo sufrían o que no se beneficiaban.

Pero a pesar de las críticas el aumento en la producción era sostenido. La dictadura presentó aire de optimismo y expansión, aunque la prosperidad económica era debida en buena medida a circunstancias exteriores favorables. Los precios de importación españoles cayeron y al tiempo aumentaban las exportaciones. El turismo era un turismo de lujo, al contrario de lo que haría el turismo de masas en la década de 1960, no pudo asegurar un despegue industrial.

4.- POLITICA SOCIAL Y LABORAL.-

Hubo programas de viviendas obreras baratas, se mejoraron los servicios sociales (sobre todo estaba interesado por los derechos de la mujer). Fue el conservadurismo lo que inhibió de poner en practica un ataque serio a la desigualdad y la injusticia. Los éxitos de Primo se impusieron en la enseñanza primaria (8000 nuevas escuelas). La reforma de la tierra, colonización de tierras vendidas voluntariamente por los propietarios (solo se asentaron 4000 campesinos). Los obreros del campo continuaron fuera del sistema de la seguridad social. Tampoco mejoraron las condiciones del obrero industrial. Los salarios reales descendieron ligeramente, aumentaron enormemente en Vizcaya industrial y en Jaén descendieron de forma aguda.

¿Por qué entonces fue tan dócil la clase obrera? Esto se debió en parte a la eficacia de la represión y en parte a la actitud del Partido Socialista. La reputación política de Primo se basó en una liquidación del fantasma rojo unido a la simpatía por el trabajo honesto. La abolición del jurado, la censura de prensa y la revitalización del somatén como milicia o policía armada especial de reserva, contribuyó a acabar con los ya tambaleantes cuadros en la CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Martínez Anido (Mtro. De Gobernación) fue el experto del gobierno para la eliminación del anarquismo. La represión dividió el movimiento. Pestaña sostenía que la CNT debería aceptar la maquinaria del arbitraje laboral del gobierno, salvando así los principios del sindicalismo revolucionario. Hubo una organización clandestina de la CNT y aunque se organizaron conferencias ocasionales el movimiento dejo de existir durante 7 años. Pero en la política laboral del dictador hubo algo más que mera represión. Primo esperaba integrar a la UGT en el nuevo Estado.

En 1924 el interés de dirigentes obreros como Largo Caballero, el preferido de Pablo Iglesias, era el de proteger a la UGT poniéndola por delante de sus rivales y manteniendo y aumentando la legislación que protegía el trabajo. Esto implicaba una aceptación de la situación existente. Todo lo que los socialistas españoles debían hacer era aceptar cargos en diversas oficinas gubernamentales relacionados con asuntos laborales, sin comprometerse a un apoyo abierto al régimen. En 1926, Aunós (Mtro de Trabajo) creo una organización laboral corporativa como clave de bóveda social de un nuevo Estado. Sus comités mixtos, con igual representación del trabajo y del capital, fueron aceptados por la UGT, cuyos funcionarios de convirtieron, de hecho, en burócratas pagados por el Estado. A la cooperación de la UGT con el dictador se opuso Prieto y la izquierda del Partido Socialista, y también la desaprobación de la CNT. En 1929, los socialistas abandonaron al dictador rechazando la invitación a elegir representantes en la Asamblea Nacional de Primo.

Si Primo de Rivera fracasó en el intento por “integrar” al movimiento socialista y atrajo a la UGT hacia un programa de “producción nacional”, su fracaso son los catalanes fue si cabe más resonante. Creía que el catalanismo era obrera de una exigua minoría de profesores universitarios y de intelectuales; se suprimieron sus manifestaciones (el uso del catalán en la iglesia, la senyera catalana y al sardana). La única institución regional concedida por el parlamento corrupto, la Mancomunidad, fue disuelta por constituir un desastre financiero y político.

Más tarde, ya en el exilio, pareció haber llegado a creer que había alcanzado el poder para destruir el catalanismo; podía creer que el catalanismo estaba muerto porque, en un régimen de silencio podía llegar a tomar sus deseos por realidades. La represión reforzó el catalanismo: Cambó que la tremenda expansión de la literatura catalana, demostraba que la represión daba pie a una reconversión en profundidad allí donde su propia campaña autonómica había fracasado. La grande bourgeoisie había perdido el control. La situación se centraba ahora en los radicales de la clase media y en los republicanos convencidos.

5.- VICTORIA DE ALHUCEMAS.-

Septiembre de 1925: Deseoso con acabar con la cuestión marroquí, Primo organiza de acuerdo con Francia el Desembarco de Alhucemas con el que puso fin a la incierta situación de España en el Rif tras la Rendición de Abd-el-Krim.

Fue en Marruecos donde el dictador consiguió alcanzar su mayor triunfo. En 1924, el despiadado liderazgo de Abd-el-Krim y su primitivo nacionalismo bereber había proporcionado a las tribus rifeñas la apariencia de Estado. Ganaba la simpatía de la izquierda en contra a la opresión colonial española. La solución del dictador fue correr el riesgo de la posibilidad de un motín en el ejercito africano. Franco fue uno de los oficiales africacionistas que se opuso al abandonismo. En 1925, Abd-el-Krim atacó las posiciones francesas avanzadas. La buena voluntad francesa de cooperar con el ejército español permitiría la decisiva victoria de Alhucemas.

El circulo se cerro con el triunfo de la política maximalista del ejercito a favor de la conquista y la ocupación militar. Y ello no porque Primo de Rivera fuese débil sino porque los acontecimientos habían hecho posible una política que consideró con razón peligrosa y situada por encima de la capacidad española. En 1924, impuso sus ideas al ejército de África. En 1925, asumió la responsabilidad directa de la operación combinada de Alhucemas.

6.- CAIDA DEL REGIMEN Y OPOSICION DE INTELECTUALES. LA NUEVA CONSTITUCION.-

La oposición del régimen vino marcada por el catalanismo (que vio como el gobierno tomaba medidas en contra del catalán y se inmiscuía en las altas esferas catalanas), el obrerismo, que fue derivando hacia el apoyo al ideal republicano, los intelectuales (Unamuno, rector de Salamanca fue primero destituido de su cargo y luego, desterrado a Fuerteventura; la universidad se levantó contra el Proyecto de Reforma Universitaria, etc.) y buena parte del Ejercito de la Península.

En 1929, se habían marchitado los laureles ganados por Primo en Marruecos y parecía amenazada la prosperidad que había dado apoyo al régimen; el programa de obras públicas se detuvo. Una caída en la tasa de cambio se consideró una calamidad nacional. Pero no fue la crisis económica lo que acabo con el régimen. Su fracaso fue político. No pudo resolver el establecimiento de un sistema político con apariencia de legitimidad que pudiera suceder a la dictadura.

A partir de su original idea de la constitución de 1876, revitalizada por hombres nuevos, Primo aceptó la idea de una constitución nueva redactada por una Asamblea Nacional que podía atraer a alguno de los antiguos políticos; para los miembros comprometidos con la UP se trataba de una forma de institucionalizar el movimiento y de asegurar su supervivencia política. La Asamblea estaba destinada a representar los grandes intereses de la nación. La constitución que se redactó expresaba la habitual hostilidad de la derecha por el gobierno parlamentario liberal y responsable. Las principales diferencias con el parlamentarismo clásico consistían en la ausencia de cualquier responsabilidad ministerial y en la supresión de la prerrogativa real de nombrar y destituir gabinetes, imitación del Gran Consejo Fascista. Tal constitución no agradó al rey y la Asamblea se vio boicoteada desde el principio por los viejos políticos y por los socialistas. La nueva constitución tuvo que ser abandonada como un fracaso político.

Sánchez Guerra dirigente del Partido Conservador, aconsejo al rey que obligase a dimitir al dictador. En 1928, Sánchez Guerra organizó en Valencia una débil imitación del clásico pronunciamiento del s.XIX, en lo que se declaró un intento por librar al rey del dictador. Dicha revuelta fue un fracaso pero a pesar de ello los conspiradores se convirtieron en héroes nacionales. El rasgo mas sorprendente de la oposición política a la dictadura fue que se aseguró el apoyo de los intelectuales. La cultura española estaba entrando en su segunda Edad de Oro. Unamuno, Ortega, García Lorca…Las universidades, especialmente la de Madrid, eran mas europeas que nunca. Casi la totalidad de este colectivo intelectual se manifestó abiertamente opuesto a la dictadura.

Los políticos y los intelectuales se sentían ofendidos por lo que llamaban “la falta del sentido jurídico” del dictador. Unamuno fue separado de su cátedra y exiliado. Blasco Ibáñez, calumniaba al dictador y al rey con falsas acusaciones de inmoralidad. Ningún intelectual de renombre apoyo al régimen. Fue clausurado el Ateneo. La oposición de los intelectuales se unió a la de los estudiantes universitarios. La oposición estudiantil nació a partir de la defensa de los intereses de los estudiantes por la unión de estudiantes no católicos (FUE). El gobierno estuvo sometido a lo largo de su decadencia a una serie de ataques que le desacreditaron. Para el rey la protesta estudiantil era especialmente desalentadora. Cuando Primo cayo dio la impresión de cómo si fuese derrotado por un grupo de estudiantes.

Primo de Rivera podía haber hecho frente a las quejas de los viejos políticos y a la sedición de los intelectuales; de lo que no podía prescindir era de la lealtad del ejército y del apoyo del rey. Fue el ataque de Primo contra el cuerpo de artillería el que “rompió la armonía de la familia militar” y convirtió su caída en inevitable. Fue tan seria la resistencia de los cuerpos de artilleros a este ataque contra sus privilegios que el gobierno acabó suspendiendo a todo el cuerpo de oficiales de artillería. El conflicto debilitó seriamente a Primo de Rivera. El propio rey no estaba de acuerdo en la disolución del cuerpo más orgulloso del ejército sin consultar a su comandante en jefe.

7.- DIMISION DE PRIMO DE RIVERA.-

La conjunción de todas estas fuerzas y la retirada por parte del Rey de su apoyo a Primo llevaron a este a presentar la dimisión el 30 de enero de 1930.

En 1929 había fracasado en su intento de llegar a un entendimiento con los socialistas. Sus intentos por ganarse el apoyo de los socialistas y sus tribunales laborales irritaron a los empresarios. Los banqueros habían resistido con éxito su modesta propuesta de créditos agrarios baratos; los intereses ferroviarios se resintieron del control de su Consejo de Ferrocarriles. Los capitalistas se volvieron contra Primo. Calvo Sotelo encontró que todos sus proyectos como ministro de Hacienda eran saboteados. Cuando la peseta comenzó a depreciarse el establishment financiero atribuyó la decadencia únicamente a los efectos inflacionistas de un gasto público abundante e incontrolado. Todo este descontento alcanzó a la corte aristocrática. El rey advirtió que el gabinete estaba dividido ante el problema del retorno a la normalidad.

El 26 enero de 1929, Primo sin consultar al rey, envió una circular a los capitanes generales. Se trataba de un oferta jamás hecha por un dictador moderno. Quería comprobar si el ejército le apoyaba, si no era así y no obtenía repuestas dimitiría. Esto enfureció el rey y la falta de respuestas de sus compañeros generales fue lo que obligo a Primo de Rivera a dimitir. Se retiró a Paris y murió pocos meses después.

A menudo se ha dejado a un lado la dictadura de la historia española, ya que se considera como la intrusión temporal en la política de un militar excéntrico y bienintencionado. Esto no fue así. Abrió un periodo de búsqueda de un gobierno legítimo que sustituyese a aquel destruido en 1923 que duraría medio siglo. La dictadura fue a un tiempo un modelo y una señal de alarma para el general Franco. Muchas de sus nociones políticas las había sacado de la política de la dictadura. El eslogan nacionalista “España una y grande” era invención de la UP. El general Franco advirtió un régimen autoritario implicaba un grado de represión que Primo fue reacio e incapaz de imponer. El catalanismo debía ser suprimido sin piedad en todas sus manifestaciones; las organizaciones obreras destruidas. La armonía de la familia militar era una condición previa a la supervivencia de una dictadura. Tanto el encumbramiento de Primo al poder como su caída demuestran que el ejército fue el árbitro.

LA CAIDA DE LA MONARQUIA (1930)

8.- LA CAIDA DE LA MONARQUIA Y EL COMIENZO DE LA SEGUNDA REPUBLICA.-

Al marchar el dictador, la tarea del retorno a la normalidad fue encomendada a el general Berenguer y después el almirante Aznar. Ambos fracasaron. El 14 de abril de 1931, el rey Alfonso XIII marchaba al exilio y España se convertía en republica.

1930: Gobierno de Berenguer. Su objetivo es devolver el país a la senda constitucional por medio de un proceso escalonado de elecciones: se convocaron elecciones municipales, primero para el 12 de abril de 1931, para después convocar elecciones a Cortes Constituyentes. Este proceso, a los ojos de la mayoría de los españoles, va demasiado lento.

Los regímenes caen, los monárquicos advirtieron la necesidad de crear un partido de masas fuerte y moderno para sustituir a los partidos dinásticos en ruinas después del paréntesis de la dictadura. Romanones y Alba no consiguieron formar un Partido Liberal unido. Romanones contribuyó a sabotear los planes de Berenguer de regresar a la constitución de 1876 por medio de unas elecciones limpias.

Las vacilaciones de Berenguer permitieron la extensión del desencanto y la confusión de los políticos al aparecer en público. Estos no le podían perdonar al rey la traición de 1923; debía limpiar sus culpas sometiendo su conducta y a la misma monarquía al juicio de unas Cortes constituyentes. Miguel Maura (hijo de Antonio), condujo a los monárquicos desafectos al campo republicano.

Dada la debilidad histórica del movimiento republicano, el resurgimiento y la reorganización de los partidos republicanos fue el fenómeno político de 1930. Los conservadores se alarmaron porque el republicanismo representaba no solo el deseo de una renovación política sino una revolución social cuyo síntoma en el plano moral fue revelado en una prensa que discutía el aborto y los males del clericalismo. Para Azaña, el resurgir republicano representaba solamente un republicanismo negativo nacido de la corrupción del antiguo régimen. Una vez desaparecido el rey había pocos temas que pudieran unir a los republicanos.

Fue la alianza del establishment intelectual lo que facilitó esta tarea de aislamiento moral. En febrero los principales escritores formaron el grupo “Al servicio de la República”. En noviembre apareció el famoso articulo de Ortega “Delenta est Monarchia”. El rey después de un corto ensayo de acercamiento a los intelectuales los había olvidado. Y ellos se tomaron la revancha, Unamuno “Nuestra campaña esa menos antimonárquica que antialfonsista”.

¿Qué tenían que hacer los republicanos para derrocar la monarquía? Las tácticas revolucionarias de 1930 no pueden comprenderse si no se presume que la coalición antimonárquica dudaba de si la impopularidad del monarca era lo suficientemente grande como para que el conservadurismo monárquico residual fuese arrollado en unas elecciones generales. Las vacilaciones de Berenguer y la renovada acusación histórica de que las elecciones dirigidas por políticos monárquicos no podían ser sinceras. De ahí que se pensara que una republica pudiera imponerse mediante un golpe de estado pero para ello el ejército tendría que apoyar este golpe junto con los obreros en huelga general y por la rebelión en Cataluña.

En Cataluña, la dictadura había perjudicado a la monarquía de un modo irreparable y desacreditado a la Lliga. El catalanismo era ahora un asunto de los republicanos de clase media, divididos entre grupos de intelectuales no revolucionarios y el Estas Catalá de Maciá. En julio de 1930, los republicanos catalanistas de todas las tendencias acordaron cooperar con los republicanos españoles si éstos, presentaban un frente unido.

Los trabajadores en cambio, Berenguer fracaso en su intento por ganarse a los socialistas para que se comportaran como una fuerza de gobierno. La CNT fue legalizada en abril y rápidamente recupero su fuerza, esta estaba comprometida doctrinalmente con una revolución de los trabajadores y rechazó la cooperación en una conspiración burguesa y republicana. Firmaron un acuerdo con los republicanos en mayo de 1930, paso por el que serian duramente criticados por los puristas.

Berenguer no había tenido éxito por restaurar “la armonía de la familia militar”. Generales leales a Alfonso a título individual no denunciaban a sus subordinados comprometidos en alguna conspiración. Mola sostenía que era un deber del militar obedecer al gobierno legal, mientras que para Queipo de Llano el deber era examinar la legalidad del gobierno antes de obedecerlo.

Lo que sucedió en abril de 1931, los oficiales no se arriesgaron a una guerra civil como harían en 1936; fueron responsables de un “pronunciamiento negativo” desde el momento mismo en que su abstención dejó a la monarquía indefensa. Entonces Mola utilizo argumentos que había rechazado como traición en 1930.

Pacto de San Sebastián (agosto de 1930) entre republicanos de varias tendencias, socialistas y regionalistas, por el cual acuerdan estas fuerzas presentarse juntas a las elecciones y provocar el cambio hacia la República.

En agosto los conspiradores se reunieron en un hotel de San Sebastián y firmaron un pacto que comprometía a los grupos unidos de los republicanos españoles y a al izquierda catalana para llevar a cabo una acción conjunta. La presencia de Prieto implicaba la cooperación de los socialistas. Alcalá Zamora pararía a ser el centro de la conspiración por su promesa de una república católica conservadora podía tranquilizar a la burguesía por la derecha. Un cacique andaluz se convirtió en presidente del Comité Revolucionario creado en San Sebastián para derribar al monarca al que había servido como ministro; este comité se convertiría en el gobierno provisional de la Segunda República.

Levantamiento militar republicano de Jaca (diciembre de 1930): En esta ciudad oscense se produjo un levantamiento (que debería haberse producido asimismo en otros puntos de la Península) a favor de la República. Sus dirigentes fueron fusilados.

La rebelión estaba prevista el 15 de diciembre pero el 12 el capitán Galán se sublevó en Jaca. Quería liberar a la mujer, imponer un control de natalidad y crear un consejo mundial de la “República de la Humanidad”. Su levantamiento estuvo dirigido sin habilidad, sin alimentos ni transportes. Fueron fácilmente derrotados por las tropas leales. Los conspiradores de Madrid se vieron obligados a secundar su acción publicando un manifiesto mimeografiado, firmado por miembros del Comité Revolucionario, los cuales fueron detenidos por el gobierno. Los dirigentes de la UGT y del PSOE estaban divididos y no eran los adecuados, fueron incapaces de convocar una huelga general. Ni el ejercito ni los trabajadores se habían movido. El gobierno había dominado una rebelión sin apoyos y los republicanos se dejaron embargar por el pesimismo. Pero el fracaso fue la mejor de las bendiciones para la republica. Su fracaso y el martirio de Galán y de su compañero de conspiración, García Hernández, acelero un viraje de la opinión hacia una solución republicana.

El febrero las elecciones encontraron como respuesta una oleada de abstencionismo. Los dirigentes de los partidos se negaban a dar por buenas unas elecciones en tanto siguiesen existiendo los viejos ayuntamientos nombrados por el gobierno. Berenguer por tanto dimitió.

1931: El Gobierno Aznar.

El rey llamo a Sánchez Guerra para formar gobierno, aceptando sus condiciones de unas Cortes constituyentes y de una supresión temporal de las prerrogativas reales. Sánchez Guerra visito al Comité Revolucionario encarcelado que rechazó su oferta. Este era más poderoso que el mismo rey. Esta crisis se resolvió con la designación del almirante Aznar como jefe de gobierno, con un gabinete de políticos monárquicos pasados de moda como La Cierva y Romanones. La convocatoria de elecciones municipales era la baza del gobierno para ganar popularidad y verse aceptado por la opinión pública.

El gobierno de Aznar perdió rápidamente el escaso prestigio que tenia en un comienzo: estuvo desde un principio dividido entre los que creían que la monarquía podía y debía resistir hasta llegar incluso a un conflicto armado, donde destacaba La Cierva, y por otro lado los que ponían su confianza en las concesiones como Romanones. El Comité Revolucionario veía crecer su influencia desde las celdas de la cárcel. Su juicio se convirtió en una manifestación republicana. El público los trataba como futuros gobernantes de España. Se produjeron las peores revueltas estudiantiles (se encerraron el la facultad de medicina y dispararon contra la Guardia Civil).

12 de abril de 1931: Elecciones municipales. Triunfo de la Conjunción Republicano-Socialista.

Al atardecer del domingo 12 de abril, con la llegada de los resultados de las elecciones municipales en las capitales de provincia, el bloque republicano socialista había triunfado en las grandes ciudades. Los republicanos podían mantener que la masa y la inteligencia habían rechazado a un monarca aceptable solo para los caciques rurales. Dado los acontecimientos La Cierva rogó al rey que utilizara el ejército pero este rechazo esa idea. Desde el punto de vista monárquico hubo tres hombres que abandonaron la esperanza. Berenguer (ministro de Guerra), ordeno a sus capitanes generales que debían aceptar el veredicto de la “voluntad nacional”. Sanjurjo (director general de la Guardia Civil), dejo que el gobierno pensase que el no obligaría a sus fuerzas a una defensa de la monarquía en las calles. Y Romanones que fue el encargado de negociar la rendición final.

14 de abril: Proclamación de la Segunda Republica Española.

El 14 de abril Romanones propuso al Comité Revolucionario que esperase a que se tuvieran los resultados completos y a unas elecciones generales. Alcalá Zamora, exigió que el rey abandonase el país aquella misma tarde. Temiendo que las agitaciones callejeras empezaran la misma tarde del 14 de abril (Barcelona y Sevilla ya habían declarado la Republica). Alfonso decidió abandonar España a las 6:30 de la tarde. El Comité Revolucionario apenas podía creer en su suerte; Miguel Maura, instalo el gobierno provisional en el Ministerio de la Gobernación.

Hay hechos que son únicamente acontecimientos políticos, como la caída de la monarquía. No había crisis económica. La inversión producida en los gastos públicos en la dictadura no había producido consecuencias serias. Las revueltas estudiantiles y las huelgas no anunciaban una revolución social. Pero la inquietud fue suficiente para abandonar una monarquía por una Republica. El pronunciamiento negativo del ejército y la moral de las fuerzas de seguridad asestaron el golpe final. Se dice que la policía voto a la republica para conseguir dormir bien una noche.

CAPITULO VIII: LA SEGUNDA REPÚBLICA,1931-1936

INTRODUCCIÓN

El 12 de abril de 1931, constituye un éxito sin precedentes para las candidaturas republicanas en las elecciones municipales. En las grandes ciudades, Madrid, Valencia, Barcelona, en 41 de las 50 capitales de provincia, la victoria de los republicanos y socialistas superó ampliamente todas las expectativas.

Por encima de posteriores reconstrucciones interesadas, todos o casi todos parecían estar de acuerdo en que la voluntad nacional, o algo parecido a ella se había pronunciado en sentido inequívoco. El presidente del que iba a ser el último gabinete de la monarquía, almirante Aznar, así pareció reconocerlo en su frase ¡Qué más crisis quieren ustedes que la de un pueblo que se acuesta monárquico y se levanta republicano!

Efectivamente el día 13 por la tarde, tras el conocimiento de los resultados electorales el pueblo se lanza a la calle festejando una República inminente.

El día 14 por la mañana tras la proclamación al amanecer por los concejales electos de la republica en el ayuntamiento de Eibar, el rey encargará al conde de Romanones que se entreviste con Alcalá Zamora al fin de concretar los detalles del traspaso de poderes y de la propia salida de Alfonso XIII y su familia. La entrevista tiene lugar en casa del doctor Marañon, y el Conde intentaría aplazar la solución definitiva unas semanas, opción descartada desde el principio por Alcalá Zamora: la monarquía tenía la batalla definitivamente perdida. Esa misma noche saldrían de España.

A las nueve de la noche, Alcalá Zamora anuncia a los españoles el cambio de régimen en un discurso radiado a todo el país. La Segunda Republica española, se había instaurado tal y como recalcaba el presidente, “por un acto de soberanía popular y de un modo tan pacífico, perfecto y ejemplar que había de despertar admiración en todo el mundo”

La IIª Republica se encontraría con distintos desafíos:

-A inicio de los años 30 España era un país atrasado, la agricultura era el sector económico dominante.. Se pretendía una reforma agraria que desmantelara “el establecimiento feudal”, se trataría más de una amenaza ya que se mantendría la estructura

-La dificultad de transformar una sociedad tradicional a través de un proceso parlamentario democrático, se reveló imposible por el recortado presupuesto.

-Encarar el problema de la separación de la Iglesia y el estado, con la paralela recuperación por el último de sus competencias específicas. Entre otras en materia educativa, haciendo frente a las necesidades educativas de un país que contaba con el 33% de alfabetos y más de un millón de niños sin escolarizar.

-El desarrollo del capitalismo había conducido a la creación de una clase obrera de la industria y los servicios que se agrupaba en los sindicatos predominantes, UGT y CNT. Por otra parte los pequeños empresarios, constructores, artesanos... debían encontrarse también representados en la organización republicana. Se precisaba la representación por tanto de la clase obrera y de las clases medias.

A este panorama se enfrentaba el gobierno que ahora asumía las riendas del país, emanado del pacto de San Sebastián y que integraba la mayoría de las fuerzas políticas. Un gobierno que cambiaría 18 veces a lo largo de los cinco años que durara la Republica.

La historia política de la IIª República se puede dividir en cuatro fases:

El periodo constituyente de abril a diciembre de 1931, que finaliza con la promulgación de la Constitución republicana de 1931(9 de diciembre) y el hundimiento del gobierno provisional.

Giro hacia la izquierda con la coalición republicano-socialista bajo
Azaña, que duró hasta la derrota en las elecciones en noviembre de 1933.

Fase dominada por la derecha que, en contrapartida, sufriría la derrota electoral en las elecciones del Frente Popular de febrero de 1936.

Y, finalmente, el descenso hacia la Guerra Civil desatada por el golpe militar del 18 de julio de 1936.

1.Periodo constituyente-Gobierno provisional

El gobierno presidido por Alcalá Zamora en términos de convicción política y de historia, se trataba de un grupo tan heterogéneo que únicamente podía estar de acuerdo en las buenas intenciones del principio.

Tanto el presidente, Alcalá Zamora, como el ministro de gobernación, Miguel Maura, representaban la línea conservadora republicana. Por otro lado, Alejandro Lerroux, líder del Radicalismo Republicano (republicanismo histórico), partido que a mediados del 31 era ya un partido de clases medias. Ambas posturas se encontraban en la idea de “república abierta” dirigida por una coalición de centro, algo inaceptable para la izquierda republicana.

El hombre fuerte de la izquierda era Manuel Azaña (Acción Republicana), secretario del Ateneo, foco del activismo republicano de los últimos años de la monarquía. Los socialistas radicales eran los jacobinos del ministerio. Su radicalismo social se veía sobrepasado por su violento anticlericalismo. Los socialistas estaban representados por dos rivales en la dirección del movimiento (PSOE): Prieto periodista y amigo de los republicanos burgueses y Largo Caballero, antiguo estuquista. Era el partido más numeroso. El resto de partidos representados en el gobierno eran de menor importancia.

El legalismo del gobierno provisional les persuadió a posponer las reformas fundamentales hasta que se reunieran las Cortes constituyentes. Sin embargo los problemas urgentes exigían la actuación.

Los socialistas estaban comprometidos con el problema del desempleo agrario, la condición de los pequeños propietarios de tierras. Se aplicó un bloque de decretos a todos los trabajadores: la jornada laboral de 8 horas, los beneficios por enfermedad, las vacaciones pagadas. Pero más importe fue la remodelación de los Comités mixtos que dotó de mayores poderes a los representantes de los trabajadores

Por otro lado la Reforma militar de Azaña pretendía conseguir un ejército moderno y eficaz que sustituyese a un ejército sobrecargado de oficiales. Es decir un ejército más reducido, apolítico y mejor formado culturalmente.

2. Giro a la izquierda, el gobierno de Azaña: El bienio reformador o republicano-socialista (1931-1933)

La tarea de modernizar España comenzó en serio en esta etapa.

Las elecciones generales a Cortes Constituyentes convocadas por el gobierno provisional para el 28 de junio de 1931 dieron el triunfo a los socialistas (Partido Socialista Obrero Español, PSOE) y a pequeños partidos republicanos (radicalsocialistas, Acción Republicana), encargados de formar un nuevo gabinete presidido por Niceto Alcalá Zamora. Mas tarde renunciaría a causa del problema religioso, dejando paso al gabinete Azaña. Unas Cortes formadas por 470 diputados, dada la multiplicidad de partidos y facciones, ninguno de ellos consiguió más de 115 escaños. Todos los gobiernos fueron forzosamente gobiernos de coalición. Las distintas familias políticas enfrentadas en el gabinete debían alcanzar acuerdos en la política a seguir y después obligar a cumplirlos a los diversos grupos que les apoyaban en las Cortes.

La redacción de un texto constitucional adaptado a las nuevas reglas del juego ocupó durante estos meses de rodaje los principales desvelos de los líderes políticos, logrando aprobar antes de fin de año, y tras vencer numerosos tropiezos, el articulado definitivo. La Constitución del 9 de diciembre de 1931, que definía España como una “República de trabajadores de toda clase” en expresiva alusión a las contrapuestas percepciones de la realidad nacional, fue fruto de un laborioso consenso y uno de los escasos ejemplos del constitucionalismo español que implicaba una encendida defensa de la democracia representativa y de las libertades (soberanía popular, sufragio universal masculino y femenino, aconfesionalidad del Estado, derechos individuales y sociales).

Prácticamente todos los gobiernos de la República (18 en total) vieron su fin como consecuencia de una crisis interna. Buena parte del fracaso de la Republica en la resolución de los problemas sociales se debe atribuir a la insegura supraestructura política. La diversidad de la que se habla más arriba se reveló como impotencia gubernamental, y fue así principalmente en tres cuestiones cruciales:

La autonomía catalana., que ya se había planteado en el pacto de San Sebastián y llegaría con el Gº de Azaña.

La cuestión religiosa. El anticlericalismo doctrinario que había proporcionado su identidad política a los socialistas radicales provocó dificultades parlamentarias sin fin.

La reforma agraria. Que no tendría fuerza hasta 1936

El radicalismo religioso dividiría el gabinete y creó la oportunidad de un aislamiento de la derecha para defender a la Iglesia perseguida. El anticlericalismo formaba parte de la tradición progresista española. La misión histórica del republicanismo consistía en la creación de un Estado laico y de una educación seglar ( “una elemental aspiración democrática” El socialista” periódico del PSOE). El artículo 26 de la nueva Constitución (9 diciembre de 1931) separó al Estado de la Iglesia y la legislación consecuente expulsó a los jesuitas y suprimió el control sobre la educación de las órdenes regulares. La defensa de una iglesia reprimida y perseguida unió a la derecha con Gil Robles a la cabeza de esta línea reaccionaria católica. El problema religioso sería el centro de combate entre “las dos Españas”. El ajuste de competencias en cuanto a las relaciones entre la Iglesia y el Estado acabó por ser una grave equivocación política, como admitirá más tarde el propio Azaña, y sirvió de piedra angular de una orquestada campaña en contra del régimen tachado de anticlerical y revanchista.

La estructuración territorial del Estado, diseñada bajo una fórmula autonómica (Estado integral) con posibilidad de autogobierno para las regiones solicitantes. Cataluña, con su Estatuto de Autonomía votado por las Cortes en septiembre de 1932, aprovechando el impacto psicológico del conato golpista conocido como la Sanjurjada (protagonizada por el general José Sanjurjo), fue la primera comunidad en disfrutar de hecho de esta nueva vía descentralizadora, muy por delante del País Vasco, que hubo de aguardar al estallido de la Guerra Civil, en tanto que Galicia no llegó a ver refrendada por las Cortes la aprobación plebiscitaria de su Estatuto llevada a cabo el 28 de junio de 1936.

En cuanto a la reforma agraria Largo Caballero como ministro de Trabajo publicó una serie de decretos que prohibían a los terratenientes emplear obreros que no fueran de los municipios como siempre habían hecho para no pagar salarios más bajos y romper las huelgas… estos decretos se vieron combatidos y saboteados por los conservadores como ataques insostenibles contra la propiedad privada y por ser económicamente contraproducentes. La reforma agraria orientada a un cambio profundo en la estructura de la propiedad de la tierra obtuvo escasos resultados debido a su burocratización, a los limitados instrumentos para su puesta en práctica y a la oposición a ultranza de los terratenientes. Este fracaso fue decisivo para la marcha de la república. La Federación Socialista de Trabajadores de la Tierra (FNTT) había aumentado tanto su fuerza que los dirigentes socialistas no pudieron mantenerse indiferentes ante la exigencia de distribución de tierras. Largo Caballero vio como el problema agrario imposibilitaba alcanzar el progreso socialista en una democracia burguesa.

Por otro lado la CNT, nunca aceptó la República y despreció el reformismo socialista como una traición, perdiendo así su apoyo, pasando a manos de la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

En el verano de 1933, el prestigio del gobierno de Azaña llegaba a su fin. Había perdido el apoyo de los intelectuales mayores (Ortega, Unamuno...) que habían recibido el abril de 1931 como “un nuevo amanecer”.

3.Fase dominada por la derecha El bienio restaurador o radical-cedista (1933-1935)

Azaña tuvo que dimitir, y Alcalá Zamora, encargó a Martínez Barrio la formación de nuevo gobierno (octubre 1933), que disolvió las cortes y convocó nuevas elecciones. Éstas (19 noviembre-3 diciembre) significaron un cambio fundamental, que determinó el triunfo del ala derecha de la pequeña burguesía y una influencia predominante de las clases conservadoras

Diversos factores estuvieron implicados en su triunfo, especialmente la reagrupación de las derechas en un bloque unido: la CEDA formó coalición con los agrarios, los monárquicos alfonsinos (Renovación española) y los tradicionalistas, y en algunos distritos electorales se unió con los radicales y republicanos conservadores. La ruptura de la coalición republicano-socialista y la abstención de los anarcosindicalistas implicaron la débil posición de las izquierdas en las mismas cortes; los radicales fueron los más beneficiados, y alcanzaron un predominio extraordinario al explotar el descontento de la clase media urbana.

La izquierda llegó a contemplar el “Bienio Negro” (diciembre de 1933- febrero de 1936) como un período de gobierno casi fascista. La CEDA se manifestó como una coalición de rígidos conservadores que rechazaba el esquema de la reforma agraria propuesta por los “católicos sociales”.

La principal preocupación del bienio liderado por cedistas y radicales (estos últimos, miembros del Partido Radical) estribó en el desmantelamiento de la obra reformista precedente, considerada en términos sociales y religiosos nefasta para los intereses de España. Esta marcha atrás se detecta, con nitidez, en leyes como la denominada `contrarreforma agraria'. Como síntoma entre otros, el fuerte descenso de los salarios rurales y el aumento de los desahucios.

Gil Robles se declaró antimarxista. Para los socialistas, que tenían en mente el destino sufrido por los socialistas europeos a manos de Hitler eso significó la llegada del fascismo. En febrero de 1934 el partido se preparó para la revolución armada si la CEDA formaba parte del gobierno. Su instrumento sería la Alianza Obrera, que incluía a todos los partidos y sindicatos proletarios. Con la entrada en el gobierno de tres ministros de la CEDA, se da paso a lo que desembocaría en la Revolución de Octubre de 1934: huelga general, levantamiento armado del proletariado en Asturias, sublevación de la Generalidad de Cataluña (reprimidos violentamente por el gobierno, que decretó el estado de alarma y la censura de prensa). Sería una página épica en Asturias, fracaso en Cataluña y en balance un acto irresponsable por parte de los socialistas, teniendo en cuenta el pobre estado en el que se encontraba la Alianza Obrera.

Sin embargo la represión de la Revolución de Octubre creó la voluntad política y la solidaridad emocional para volver a recrear la coalición azañista formada por socialistas y republicanos de izquierdas, con el fin de presentarse a las siguientes elecciones como Frente Popular. Ganaría las elecciones de 16 de febrero de 1936, con estrecha mayoría.

4. El descenso hacia la Guerra Civil : El Frente Popular y el camino hacia la guerra (febrero-julio de 1936)

Se formó un nuevo gobierno, encabezado por Azaña y compuesto por republicanos (Izquierda republicana y Unión republicana), sin participación de las organizaciones obreristas, que intentó poner en práctica inmediatamente el programa del frente populista.

En las ciudades, la pugna se estableció entre las organizaciones empeñadas en la aplicación al máximo del programa del Frente Popular y las organizaciones derechistas (generalización de los choques entre las milicias obreras y grupos falangistas paramilitares). Por otra parte, los campesinos se lanzaron a la apropiación espontánea de tierras, impulsados por la CNT y por la Federación de los trabajadores de la tierra.

Azaña como presidente de la república creía poder evitar, desde su nuevo cargo, un golpe fascista y la posible formación de un gobierno exclusivamente socialista. Intentó lograr la participación de los socialistas en el gobierno, pero, ante la negativa de éstos, cuya ala izquierda, encabezada por Largo, abogaba, desde las columnas de Claridad, por una revolución socialista, tuvo que llamar a Casares Quiroga a la presidencia del gobierno.

Azaña, se temía un golpe militar, envió a los generales Franco y Goded a Canarias y Baleares, respectivamente y confió la jefatura del gobierno militar de Pamplona a Mola; con ello no pudo evitar que los grupos antirrepublicanos, ante el temor de la consolidación de la república democrática, prepararan una conspiración, organizada por Mola, que debía dar lugar a un levantamiento en julio. El asesinato de José Calvo Sotelo (13 julio), principal representante civil de la misma, motivó el adelantamiento del golpe militar, que se produjo el 18 de julio

La prensa mundial denominó el alzamiento del 17-18 de julio de 1936 como “el alzamiento de los generales” Se trataba de una definición inapropiada. Los impulsores de la conspiración fueron los oficiales jóvenes, pues los jefes, en su conjunto, permanecían fieles a al República. El colapso social - según la propaganda de la derecha- hizo que el ejército volviera a desempeñar un papel propio del siglo XIX para convertirse en árbitro final de la vida política española. Sin la intervención del ejercito no hubiera habido ni Guerra Civil ni cuarenta años de franquismo. En Italia por ejemplo las circunstancias de caos social fueron similares pero no tuvo lugar un golpe autoritario porque no había ejército que lo respaldase.

CAPÍTULO IX: LA GUERRA CIVIL (1936-1939)

Los conspiradores se equivocaron cuando pensaron que la toma del poder por lo militares iba a ser algo rápido por las simpatías de las guarniciones de las capitales de Provincia, y que todo terminaría con una rápida marcha triunfal sobre Madrid. Por otra parte el Gobierno también se equivocó al pensar en el alzamiento como una conspiración absurda.

El éxito parcial de los rebeldes y los consiguientes reveses de la guerra dividieron a España en dos zonas, que no siempre se corresponden con la estructura social o con la lealtad política previa. Esta Guerra Civil no se puede entender sin utilizar el concepto “lealtad geográfica”: aquellos que cayeron en una zona hostil tuvieron que acomodarse, escapar o arriesgarse a la prisión o al fusilamiento... y a menudo ésta esta una cuestión de situación en el mapa.

Para el bando nacional la guerra era una guerra de clases contra los marxistas, una guerra religiosa contra los masones y los librepensadores y una guerra contra los separatistas. Así la línea de convicción de clase se cruzaba con la convicción religiosa o con la lealtad regional, poniendo por ejemplo a los católicos vascos que lucharon a favor de una república “atea” que les había concedido el autogobierno que los nacionalistas se habían comprometido a destruir, y del mismo modo, la burguesía catalana también apoyo la República por la misma causa.

El los territorios donde hubo libertad de elección, por lo general, la clase obrera escogió luchar al lado de La República, y las clases elevadas, con excepciones, fueron nacionalistas fanáticas. Lo que no está tan claro es la postura de las clases medias.

Hay que tener en cuenta dos premisas fundamentales.

El ejército como institución no se sublevó, simplemente estaba dividido, ya que sin la lealtad de los oficiales de mayor graduación, La República nunca hubiera podido organizar un ejército, y sin esta lealtad a la república el alzamiento hubiera triunfado a los pocos días. El hecho de que el ejército nacionalistas y las columnas civiles que lo apoyaban fueran en un principio una fuerza de combate débil, haría del ejército de África mandado por Franco el elemento decisivo para una primera preeminencia militar y después política.

Los recursos materiales del Gobierno eran muy superiores a los de los rebeldes. En un primer momento la República poseía los recursos industriales de España, y los sublevados en corazón rural de Castilla, Andalucía y Galicia; pero la industria necesitaba materias primas y las grandes ciudades comida. Las exportaciones republicanas nunca cubrieron las importaciones de materias primas, sobre todo después de la pérdida de las minas del norte y la industria quedó estancada. Por eso la población civil que luchaba desde 1938 con un dieta de lentejas y que se encontraba a merced de los estraperlistas, en secreto escuchaban la propaganda nacionalista del “pan blanco de Franco2.

La primera reacción del Gobierno ante el alzamiento militar que el 18 de julio de 1936 se extendió desde Marruecos a la Península fue dimitir, y la respuesta de los partidos proletarios fue exigir armas para los trabajadores, aunque el nuevo Gobierno de Martínez Barrio formado el 19 de julio se negarse. Tendría que ser el Gobierno de Giral el que entregara armas a las milicias obreras.

En todos los pueblos y ciudades que permanecieron fieles a La República, los gobiernos locales se vieron sustituidos por comités locales de militares de los partidos, cuyas órdenes se hacía cumplir a través de las patrullas de milicianos.. Fue la época de la confiscación e automóviles, de los camiones cargados de entusiastas con los puños en alto...

El poder fue tomado por las grandes organizaciones proletarias (UGT, PSOE y CNT), lo que se convirtió en la más profunda revolución de la clase obrera desde 1917. Las primeras manifestaciones de este estadio bohemio de la revolución fue el terror y los asesinatos indiscriminados: quema de iglesias y sacerdotes asesinados. Estos comportamientos ayudaron a la propaganda de los nacionalistas que narraban historias de terror a las clases medias y altas.

Por otra parte la ejecución sistemática de los dirigentes de la clase obrera en la zona nacionalista hizo aparecer un río de sangre entre la clase obrera y los proletarios.

La única parte constructiva de la revolución del verano se resume en el concepto de “colectivización”, es decir, toma de poder en las grandes fábricas y propiedades por comités de obreros y por sindicatos, teniendo su mayor ejemplo en los territorios con mayor fuerza de la CNT , como Cataluña. Estos colectivos han sido defendidos como un experimento social inspirado y criticado como un “absurdo” en una economía de guerra que exigía una distribución racional de los recursos escasos, y no un sistema en el que cada unión luchaba por conseguir materia primas y en el que se prefería los salarios más altos a una producción más elevada. Ni siquiera la coordinación entre la CNT y la Generalitat a través de un Consejo Económico, consiguieron coordinar la producción, ni la utopía podía realizarse en tiempos de guerra.

La salvaguarda de la revolución social estaba representada por la milicia formada por los partidos obreros, formando columnas de muy diverso tamaño, donde la disciplina revolucionaria sustituía a la militar... así por ejemplo los oficiales elegidos sólo podían hacer cumplir órdenes después de un largo proceso de consulta, lo que se convertía en una pesadilla para los oficiales regulares del Estado Mayor.

En palabras de André Malraux la tarea del ejército republicano den la guerra consistió en organizar el Apocalipsis, poniendo freno a los excesos de la revolución espontánea para prevenir la destrucción de la lealtad en amplios sectores de la población. Había que dirigir una guerra regular y restaurar el control del gobierno central sobre los improvisados comités, lo que dividió a los políticos republicanos.

Algunos pensaban que el sacrificio de las conquistas de la revolución significaba una traición a la clase obrera que había salvado a la república en los días de julio (Defendido por la CNT y el POUM, partido revolucionario de trabajadores de ideas troskistas) , y otros sostenían que la batalla contra el fascismo sólo podía ganarse por medio de un fuerte gobierno centralizado que generase un eficiente esfuerzo bélico, a costa de un giro de la revolución a fin de conservar un Frente Popular que abarcase a los partidos burgueses (Defendido por Partido Republicano, el ala derecha del Partido Socialista y el Partido Comunista).

El Partido comunista presentaba la guerra como una defensa de la democracia burguesa “con un amplio contenido social”, ya que según ellos, por las condiciones históricas no era posible una revolución proletaria. La adopción de esta postura hizo que las clases profesionales confiaran en un partido disciplinado provisto de unas credenciales proletarias intachables y una máquina de propaganda tremendamente eficiente, y en un partido que podía parar la revolución espontánea.

El rápido crecimiento de la fuerza e influencia del Partido Comunista por su control de los suministros soviéticos de armas, del que carecían republicanos y socialistas. Pero esto no fue suficiente para que pudiesen prescindir de republicanos y socialistas, que incluso vieron a los comunistas como una aliado necesario para paliar los excesos de julio y los fracasos militares del sistema de milicias.

¿Cómo se podría haber conseguido una concentración gubernamental y una articulación de las fuerzas antifascistas? Para Azaña, el Gobierno debía adoptar la revolución o suprimirla, y como le faltaban medios, o resolución , para arriesgarse a provocar una guerra civil dentro de la Guerra Civil, no quedaba otra alternativa que adoptar la revolución con esperanza de controlarla.

A esta tarea se encomendó Largo Caballero, que fue investido Presidente el 4 de septiembre de 1936. para algunos como Prieto era un imbécil, pero también el único que podía conseguir alguna forma de organización entre las fuerzas obreras.

En noviembre la CNT se une al gobierno, siendo la primera vez que en Europa comunistas y anarquistas se sentaron en un mismo gabinete con colegas burgueses. Esta decisión supuso una traición al movimiento, y dividirlo, abriendo una grieta entre los dirigentes y los militantes de base. Esta decisión se tomó como única medida posible para no perder poder. Pero la militancia de la CNT no participó de esta colaboración con el gobierno.

En nuevo gobierno trató de estabilizar la Revolución, disolviendo los comités milicianos , y frenando y regulando las colectivizaciones... se dio estabilidad a los campesinos propietarios, se separó a la policía de los partidos políticos y comenzó el proceso para convertir a la milicia en un ejército regular. Pero pronto se vio que la revolución no podía ser absorbida.

Los problemas que debilitaron al gobierno, no fueron sólo las exigencias enfrentadas de partidos y sindicatos, sino que también es importante destacar que el control del gobierno central nunca se estableció a los largo de toda la zona republicana, sobre todo en Cataluña y las Provincias vascas donde se contaba con un Estatuto de Autonomía, y trató de llevar esta autonomía hasta su última expresión.

Así por ejemplo Cataluña emitió incluso sus propios billetes de banco, y le “robo” al gobierno central todos los poderes que podía mantener en sus manos, por lo que cuando en 1937 el Gobierno Central recuperó el control sobre Barcelona destruyó al mismo tiempo la CNT y la autonomía catalana.

Pero esta descentralización no fue aislada, Asturias tuvo su propio consejo de CNT-UGT y Santander llegó a enviar representación diplomática a Londres.

Además, el gobierno Central tampoco consiguió un mando militar unificado, aislado e inmune a las presiones de los partidos políticos.

En la primavera de 1937, tanto nacionalistas como republicanos experimentaron la crisis política más seria de la guerra, ya que las rivalidades entre partidos sobrevivieron incluso a la verdadera vida parlamentaria, y surgió el conflicto final entre los defensores de la revolución espontánea y los defensores del gobierno del orden.

El papel preponderante de los comunistas se explica por su defensa de la concentración del gobierno, de un ejército regular y de una organización de la economía cuyo único fin era ganar la guerra. Además los disturbios de Barcelona protagonizados por las luchas entre Partido Comunista Catalán, la CNT y el POUM, acabaron siendo una causa para derrocar a Largo Caballero.

A Largo Caballero, le sustituyó Juan Negrín, quien consiguió la concentración a cambio de excluir a aquellas fuerzas que reivindicaban la victoria sobre el alzamiento de los generales y de crear absurdas disputas políticas permanentes.

Desde el comienzo de la contienda, la España nacionalista fue un Estado militarizado conscientes de la necesidad de tener un mando único, eligiendo a Franco como comandante en jefe, y posteriormente en septiembre del 36 concediéndole el poder político supremo como jefe del gobierno del Estado Español y que asumiría todos los poderes del nuevo Estado, creyendo los generales que, estaban creando una dictadura para tiempos de guerra que después restauraría la monarquía.

Franco creó un movimiento único que unificaría todas las fuerzas políticas de la España nacionalista, carlistas y falangistas, que llamó FET de las JONS, que evitó las luchas entre sus propios clanes. Su programa era básicamente el de falange y por ninguna parte aparecía la promesa de restaurar la dinastía auténtica. Así Franco, jefe del partido único al mismo tiempo que generalísimo y jefe de Estado, controlaba todos los cargos importantes del gobierno, el partido y el ejército.

El 30 de enero de 1938 juró su cargo el primer gabinete de Franco, gabinete que nombró él mismo y en el que quedaban equilibradas las distintas fuerzas del régimen. En este Estado conservador a los falangistas se les concedió el control sobre las fuerzas del trabajo (sindicatos verticales bajo la dirección paternal del Estado). Esto proporcionaría la base ideológica del Fuero del Trabajo de 1938, lo que llevaría a la destrucción completa del movimiento obrero.

Dentro de esta estructura autoritaria, la economía de guerra de la zona nacionalista se encontraba tolerablemente organizada, fijándose salarios y controlándose la inflación. Se trataba de una economía basada en la confianza en la victoria.

El nuevo estado de Franco parecía una recreación del reino de los Reyes Católicos con algún ribete de la Italia fascista. Símbolos de esta vuelta al pasado fueron el regreso de los jesuitas, la reaparición de los crucifijos en las aulas...

La conquista real de la Iglesia consistió en recobrar el sistema educativo, purgando a los maestros republicanos y a los que quedaron sometiéndoles a intensivos cursos de reeducación.

Desde Navarra llegó todo el puritanismo católico que iba a marcar la vida de la España nacionalista. Fue Navarra la primera en legislar contra por ejemplo la costumbre de estar en mangas de camisa en los cafés.

Por otra parte, en la España nacionalista comenzaban a resurgir los bienes característicos de las clases elevadas, lo que era impensable en Madrid y Barcelona, donde los lujos de la corte habían sido concientemente destruidos o se habían arruinado por la escasez.

Los valores fundamentales del nuevo estado los constituían el orden militar y la ortodoxia católica. Estas ideologías y sus instituciones se ofrecían a liberar España, siendo el objetivo de la guerra para los nacionalista liberar a España de la dependencia de la Unión Soviética.

Los aliados de franco alemanes e italianos no entendían porque Franco no bombardeaba y arrasaba las ciudades en poder del enemigo, no entendían su lentitud. Franco sólo quería medios materiales (aviones, artillería... ) y apoyo diplomático, no quería ganar a marchas forzadas porque eso significaría matar a muchos españoles y destruir en consecuencia mucha riqueza del país. Esta filosofía justificó la guerra de desgaste de Franco.

La meta de Franco fue que España debería ser grande, y para poder serlo tenía que ser independiente de las potencias aliadas. Así por ejemplo como la España nacionalista necesitaba desesperadamente armas, y Alemania necesitaba mineral de hierro, al final Franco tuvo que permitir la venta de minas de hierro a Alemania para pagar su deuda, pero tratando de mantener su independencia.

Los nacionalistas crearon un ejército regular convencional entorno al ejército de África, y sin embargo los republicanos nunca pudieron superar el voluntarismo de del sistema de milicias, y además el Ejército Popular, como maquinaria militar era inferior al ejército nacionalista, lo que explicaría los principales factores de la guerra.

Los republicanos pudieron planificar ataque por sorpresa a lo largo del frente, pero estas ambiciosas ofensivas se hundían después de algunos kilómetros y tenían que regresar a la defensa de las pequeñas posiciones conquistadas. Franco sin embargo sostenía que no se podía emprender ningún ataque que luego no se pudiera mantener.

Ninguno de los dos bandos contaba con una equipación moderna, sino más bien con lotes de armamento caducados y anticuados. Al principio el ejército republicano estaba bien equipado, pero la balanza terminó cediendo a favor del ejército nacionalista en este ámbito.

La conquista de Madrid y su defensa constituyó el punto estratégico más importante de la guerra. La propaganda de la izquierda la convertiría a la defensa de Madrid en una victoria épica de la democracia española sobre el fascismo triunfante en España.

En la primavera de 1937 los estrategas de Franco le convencieron de que abandonase su obsesión por Madrid y concentrara sus tropas disponibles en la conquista del norte. El problema para la Republica era la fragmentación política y su ejército irregular.

El 26 de abril de 1937 tuvo lugar el acontecimiento más señalado de toda la guerra, la destrucción completa de la pequeña villa vasca de Guernica a manos de los bombardeos de la Legión Cóndor, escuadrón alemán que servía en las filas nacionalistas. Este bombardeo se presentó en Europa como un acto de barbarie sin precedente. Se convirtió en un suceso simbólico con resonancia desproporcionada para su significación militar.

Después cayó Bilbao, cuyos ciudadanos católicos luchaban más por mantener su autonomía que por una República laica, después Santander y después Asturias. Estas victorias fueron decisivas porque las minas de hierro y las industrias del norte cayeron en manos nacionalistas, y Franco controlaba ya un 62% del territorio y alrededor de la mitad de la población

Negrín heredó una situación militar desastrosa, pero unificó a todo el ejército republicano para librar su mayor batalla, la “Batalla del Ebro”, en la que el ejército republicano cruzó el Ebro para caer sobre la retaguardia de Franco, pero Franco aprovechó esta batalla para hundir al ejército republicano.

A partir de 1938, la escasez de los bienes de consumo convirtieron a la zona republicana en una economía de trueque, y a la vida en una dura lucha, por lo que cuanto más se aproximaba la derrota final, más iba triunfando la necesidad de convertirse a uno mismo y a su familia en aceptables para lso vencedores.

Se puede decir que la Guerra Civil acabó el 31 de marzo del 1939, ya que las tropas republicanas ya no podían seguir luchando.

Ambos bandos presentaron la guerra , a fin de ganarse el apoyo extranjero, como una batalla a favor de las ideologías que dividían Europa. Los generales de presentaban a si mismos como cruzados defensores de la civilización europea, y para la izquierda, la guerra era una lucha de la democracia contra el fascismo.

CAPITULO X: EL FRANQUISMO, 1939-1975

Después de la posguerra la economía española había quedado destrozada, no sólo por el efecto de la Guerra Civil sino por el aislamiento al que nos habían sometido los países occidentales, primero por la 2ª Guerra Mundial y después por el bloqueo diplomático por ser un Estado “fascista”. La Guerra Civil nos había llevado a una recesión económica sin precedentes.

Para recuperar la economía el régimen pretendía después de la guerra (fijándose en los modelos fascistas italianos): La regulación por parte del Estado de una economía capitalista separada en lo posible del mercado mundial. Una autarquía que pretendía sustituir las importaciones por productos creados en la nación a cualquier precio, ésta idea se quería instaurar como un “ideal” para los españoles.

La consecuencia inmediata fue el desencadenamiento en cuellos de botella que fomentaron el mercado negro.

El régimen fomentaba el resurgimiento industrial y a imitación de Italia se creó el INI (Instituto Nacional de Industria), grupo empresarial del Estado que pretendía proporcionar la base infraestructural para un despegue industrial y ayuda al capital privado en sectores vitales. Pero debido a la autarquía y al aislamiento económico (no se importaban materias primas...) la modernización de la industria se estancó en 1948.

Para seguir recuperándonos industrialmente se exigía de las importaciones, el abandono de los controles y la integración en el mercado mundial.

En 1956 se expusieron las limitaciones de la autarquía de tal manera que se estableciera un pacto entre los deseos de la industrialización y las exigencias de ésta industrialización.

En 1959 se establece un “Plan de Estabilización” que empezó a surgir 2 años antes entre los arquitectos de la nueva economía política (tecnócratas relacionados con el Opus Dei), con el cual España entró paulatinamente en la economía de mercado occidental en la que los precios controlarían la colocación de los recursos. Estos planes de desarrollo hicieron que en los años 60 en España se viviera un época de crecimiento y esplendor (hecho que el régimen aprovecharía para realizar propaganda “triunfalista” basada en la supuesta “paz de Franco”) propiciado únicamente por un aumento de la industrialización como en cualquier economía atrasada.

La Economía se aprovisionó de 3 fuentes:

Préstamos del exterior que comenzarían con los realizados por EEUU en los 50´

Los ahorros en moneda extranjera proporcionados por el turismo.

Las remesas de emigrantes, siendo el área de servicio para los países europeos suministrando mano de obra a las fábricas de Francia y Alemania.

Los Planes de Desarrollo fueron el blanco favorito de la oposición de izquierdas desde que se empezó a tolerar la crítica a la actuación económica del régimen. Los tecnócratas apostaron por la empresa privada como motor del crecimiento reforzando el dominio de la estrecha oligarquía financiera de los “siete grades” bancos privados (como el nivel de la autofinanciación era baja y la bolsa de valores estaba debilitada, sólo los bancos privados financiaban el crecimiento industrial. El éxito de éstas medidas hicieron que se convirtiera en otro rasgo a destacar para el régimen). Este crecimiento hizo más grande las diferencias entre provincias pobres y ricas, pero los tecnócratas no hacían caso de las críticas a las evidencias (la no distribución de la renta para igualar las diferencias pobres-ricos) pues lo contemplaban como los males crecientes de la industrialización: se estaba logrando un rápido crecimiento industrial y los salarios y el nivel de vida de la clase obrera se elevaron.

Una de las consecuencias más llamativas del crecimiento fue el éxodo masivo del campo a las ciudades generando un “triángulo industrial”. Madrid se convirtió en una metrópoli única en Europa: una ciudad rodeada por un desierto demográfico. Barcelona asentaba en barracas a las afueras de la ciudad los emigrantes de otras provincias. La migración a las ciudades fue una consecuencia natura de la industrialización, sin ella no se hubiera dado un despliegue industrial. Pero llegó un momento en que la industria no pudo absorber a la totalidad de desempleados rurales por lo que la emigración a Europa en los 60´ evitó un serio desempleo.

La agricultura era cada vez más débil por lo que se propuso la reforma agraria:

Los latifundios fueron consolidados por la burguesía agraria del sur, que se vieron cumpliendo una útil función social como empresarios con mentalidad de lucro, introduciendo la mecanización del campo para sustituir las cuadrillas de jornaleros.

Con los minifundios (normalmente en las tierras de secano, unos 22 millones de parcelas de menos de 2 hectáreas) se siguió una política diferente realizando una concentración parcelaria y creando una clase de agricultores medios, de la que en el pasado se carecía por completo.

El apoyo en los 40´ del gobierno para el cultivo de cereal no pudo responder a la nueva demanda de los 60´ de carne y productos lácteos debido a la prosperidad, por lo que apareció la “crisis de la agricultura tradicional” por que los cultivos tradicionales ya no encontraban mercados.

Ante éstos hechos, en 1976, los agricultores iniciaron su protesta, sin mucha fuerza ya que representaban el 8% del PNB y perdían mano de obra a una media de 100 mil por año.

La dura lucha por la supervivencia de los 40´ y posteriormente la relativa abundancia de los 60´ hizo que la mayoría de los españoles lo atribuyeran a “la paz de Franco”, pero en la década de los 70 hubo dos manifestaciones o movimientos que debilitaron ese apoyo generado por un aumento de las expectativas: el estudiantil y el obrero.

El estudiantil: una sociedad industrial exige un sistema desarrollado de una educación más elevada. En los 60´ las universidades sufrieron una expansión, pero en vez de suministrar dóciles administradores del neocapitalismo, alimentaron una generación de estudiantes radicales. En los 70´ (los primeros dirigentes estudiantiles lucharon contra el monopolio del sindicato estudiantil falangista “el SEU”) la protesta de los estudiantes se convirtió en una protesta de masas. Sus reivindicaciones se había politizado bajo la subcultura marxista que finalizó en una protesta contra la sociedad en general, intentando que la universidad no sólo fuese transmisora de cultura sino también un campo de experimentación social y sexual. La policía ocupó los campus destruyendo profesores y encarcelando estudiantes. El legado del franquismo fue una universidad masificada, a la deriva y sin ninguna finalidad concreta.

Los obreros: su protesta fue también consecuencia de lo que los marxistas llamarían las contradicciones del sistema.

Los sindicatos obreros habían sido destruidos por completo en 1939. En su lugar se crearon los sindicatos verticales que aglutinaban a trabajadores y patronos y que incorporaban la ideología falangista. La lucha de clases se sustituiría por la cooperación entre esas clases bajo dirección “jerárquica del Estado. Las huelgas eran ilegales, los sindicatos representativos de los trabajadores se sustituyeron por sindicatos dominados por burócratas falangistas.. La seguridad del empleo fue la compensación que se les dio a los trabajadores por la supresión de los sindicatos obreros, de la misma manera que a los agricultores se les dio la seguridad de la posesión, aunque estas medidas no agradaban contenían la protesta social.

Como los sindicatos oficiales eran incapaces de resolver los problemas laborales existentes, el régimen admitió los convenios colectivos y la elección de delegados; los trabajadores crearon las representativas, pero ilegales, Comisiones Obreras (CCOO).

El objetivo del franquismo era alcanzar “la paz social” gracias a la prosperidad, pero esto se consiguió sólo en parte.

La sociedad española de finales de os 60´ y de los 70´ era superficialmente estable, ya que se encontraba alterada por los conflictos existentes entre las costumbres heredadas y los valores de la clase media que había servido al franquismo, lo mismo que había servido a cualquier régimen anterior (primaban los valores: austeridad y abstinencia), mientras que iban surgiendo los valores típicos de una sociedad de consumo, materialista de “teleadictos” y que rendían culto al nuevo objeto de deseo de occidente “el automóvil”. Entre 1960-1970 el nº de coches por cada 1000 habitantes pasó de 9 a 70 y el nº de televisores pasó de 1 a 90 por cada 100 habitantes.

En términos estructurales hubo un cambio mayor entre 1957-1978 que en siglos anteriores. La aparición del sector servicios creó una nueva clase media social e hizo que muchas mujeres se incorporaran al mercado laboral y lo sustituyeran por el servicio doméstico (generando conflictos entre los viejos -el puesto de la mujer está en el hogar- y los nuevos valores).

El conflicto se hace todavía más agudo en las diferencias ideológicas entre generaciones haciendo que los padres pierdan la autoridad. La juventud española era tan progresista en cuestiones como el aborto y el control de natalidad como cualquier generación paralela en cualquier lugar del mundo.

Las modas importadas desde el “yé-yé” y los campeonatos de minifalda en los 50´ pasando en los 60´ por el marxismo y el maoísmo hasta el punk ronk y Nietzsche en los 70´ fueron haciendo que fuese inútil la imposición de la “cultura franquista”, era algo tan pobre que a largo plazo no podía resistir la influencia de Europa.

A los intelectuales de la época les repugnaba la ideología oficial y aunque no podían crear una cultura alternativa no consiguieron que se unieran al régimen, poetas, novelistas, dramaturgos... la mayoría del Partido Comunista. Los jóvenes escritores de la década de los 70´ (los novísimos) rechazaron el lenguaje crudo y el realismo de los escritores “sociales” a favor de un retorno al surrealismo y a la fantasía.

El cine fue otro de los protagonistas en contra del régimen, en España iba más gente al cine entre 19401950 que en cualquier otro país europeo. Por mucha censura que se impusiese a las películas extranjeras en ellas era evidente la ideología liberar, por lo que el régimen intentó sustituir el cine por la televisión un medio que era más fácil de controlar.

Los medios de evasión de la sociedad eran el fútbol, las fotonovelas, los seriales de radio y la televisión. Con su aparato de televisión y el “partido del día”, Franco mantenía que la mayoría de sus súbditos no tenían de nada de lo que quejarse.

La “dictadura de la victoria” (Basílica y el Valle de los caídos) se convirtió en la “dictadura del desarrollo”. Franco se veía a sí mismo menos como un general conquistador que como un benevolente patriarca familiar. El régimen se enorgullecía de su capacidad para la “perfección institucional”, sobre la evolución de una constitución sui generis que se completó con la Ley Orgánica de 1966. Esta constitución incluía los principios de la “democracia orgánica” como opuestos a la “democracia inorgánica” basada en el sufragio universal, el sistema de partidos y la responsabilidad del gobierno ante un parlamento elegido. Las Cortes, creadas en el 42, representaban no a los electores individuales sino a los sindicatos, a varios cuerpos corporativos y después del 67 a los cabezas de familia: éstos eran los cauces a través de los cuales la sociedad se comunicaba con el gobierno. No existía ninguna garantía que asegurase los derechos individuales -la libertad de asociación política continuaba siendo ilegal; existían jurisdicciones especiales, como las cortes marciales y el Tribunal de Orden Público, a quien se le confiaban los delitos de tipo político-. Basada en la “unidad de poder”, la constitución estaba altamente centralizada, reflejando el odio nacionalista por cualquier deje de separatismo. Como jefe de Estado hasta su muerte, Franco conservó el poder de nombrar y hacer dimitir a sus ministros. En aquello que se llamaba legalmente como “una monarquía tradicional católica”.

Pero a pesar de los adornos fascistas de los primeros años (el paso de la oca y el saludo con el brazo en alto) el franquismo no era un régimen totalitario, era un sistema autoritario, conservador, y católico que fue modificándose con el tiempo:

No había un partido único paralelo a la administración del Estado (después de los primeros años no hubo ningún intento exitoso de movilización de masas).

Descansaba sobre la apatía de la mayoría de la gente.

Por lo que el secreto del poder de Franco residía en el derecho a nombrar o hacer dimitir a sus ministros. El ejército (obligado al pluriempleo por los bajos sueldos) seguía siendo el pilar del régimen, controlando como mínimo tres ministerios.

En 1976, el ejército se encontraba dividido entre los derechistas, nostálgicos del orden de Franco, y los profesionales neutrales leales a su comandante en jefe y heredero de Franco, el rey Juan Carlos. A lo largo de todo el gobierno de Franco, la influencia falangista y los vestigios de su radicalismo social tuvieron la oposición de los monárquicos conservadores que se encontraban debilitados por sus disensiones internas. Habían apoyado a Franco en la Guerra Civil no solamente porque eran conservadores sino también porque esperaban que él se convirtiera en un general Monck español. Aunque en 1947 declaró que España era una monarquía, no tenía ninguna intención de dimitir como jefe de Estado.

Los monárquicos estaban divididos en: los carlistas y los alfonsinos.

Los carlistas representaron para Franco un credo noble pero arcaico; excepto quienes aceptaron su propio gobierno con entusiasmo, el resto fue acogido con frialdad y su dinastía expulsada. El joven pretendiente, Carlos Hugo, convirtió un movimiento que había sido una protesta rural conservadora en “socialismo” carlista; se oponía resueltamente al régimen y sus disputas con los carlistas tradicionalistas se convirtieron en un rito anual.

Los alfonsinos y su representante Don Juan (hijo de Alfonso XIII) esperaban que fuera restaurado por los Aliados victoriosos en 1945 como monarca constitucional, como alternativa democrática. Franco no perdonó las conspiraciones y los acuerdos con la oposición de izquierdas de Don Juan. En 1969, Franco decidió restaurar la monarquía en la persona del hijo del pretendiente, Juan Carlos (que juró lealtad a los principios del movimiento), para Franco, éste sería el error de cálculo político y personal más serio.

Como todos los franquistas eran católicos, la Iglesia permitió al régimen mostrarse como una empresa legítima: el Concordato firmado con el Vaticano en 1953 le proporcionó a Franco un cierto grado de respetabilidad internacional. Dos grupos representaban al catolicismo organizado: la ACNP (la Asociación Católica Nacional de Propagandistas) y el Opus Dei. Ambos intentaban captar para la Iglesia a la élite política, económica, intelectual y social. El Opus Dei fue acusado de ser una “santa Mafia” y sus hombres constituyeron los tecnócratas de la década de los 60´.

La familia más constante estaba compuesta por funcionarios ya que era la única manera de prosperar dentro del régimen y la forma en que el Estado se iba surtiendo de los talentos de clase media en la administración que ayudaron al régimen a que siguiera durando.

Después de que se fuese debilitando la mezcolanza de “nacional-catolicismo”, falangismo, y del frío autoritarismo militar de los años que siguieron a la posguerra, el régimen se vio enfrentado a la necesidad de conseguir respetabilidad y aceptación en Europa que salvo Portugal estaba compuesta por países democráticos. En 1953 consiguió parte de respetabilidad al firmar con EEUU el Concordato y el rapprochement, ya que el mayor estado democrático del mundo aceptó a Franco como el “centinela de Occidente”, el anticomunista más digno de confianza durante la guerra fría. Pero la CCE·se negó en 1962 a considerar a España como miembro potencial de la Comunidad. Se intentaron proponer los pasos necesarios para entrar a formar parte de la Comunidad pero ninguno llegó a realizarse.

Hubo dos áreas en las que el régimen se encontró con conflictos cada vez mayores: la pérdida del apoyo de la Iglesia y el desafecto masivo en Cataluña y las provincias vascas (sobre todo Guipúzcoa y Vizcaya) debido al centralismo rígido.

En los primeros años del régimen el apoyo de la Iglesia fue vital, era en los colegios eclesiásticos donde se educaba a la élite llegando a basar el código civil en el derecho canónico (prohibiendo el divorcio...), pero los sacerdotes más jóvenes, sobre todo en las provincias vascas y en Cataluña en los 60´ comenzaron un movimiento opuesto y fue a raíz del Concilio Vaticano II y de la muerte de la vieja generación de obispos cuando se hizo más fuerte debido sobre todo a la supresión de los regionalismos (uso de la lengua catalana...) por el régimen. Apoyado por los sacerdotes catalanes en 1970 el catalanismo había producido su propia rama de protesta popular y junto con los partidos de izquierda, como demostrarían en las elecciones de 1977.

El resurgir del nacionalismo vasco es el rasgo más notable de los últimos años del franquismo. Faltándole la confianza cultural del catalanismo, produjo una fuerza violenta. Un grupo desgajado de jóvenes activistas rechazaron el liderazgo en el exilio conservador y católico PNV y su moderación relativa por el terrorismo de ETA. Esta última combinada con algunas dificultados el marxismo y el nacionalismo. En 1973, ETA consiguió su mayor golpe, el asesinato de Carrero Blanco. Su sucesor Arias Navarro tuvo que enfrentarse a una oposición insistente (Cambio 16) cuando su gobierno se dividió. El terrorismo vasco proporcionó argumentos a los duros (sólo la represión podía derrotar al terrorismo), reforzándolos a ellos en contra de los aperturistas. La primera acción de Arias sorprendió a la opinión pública prometiendo una apertura del régimen a través del viejo remedio de la asociación política . La adhesión pasiva debería sustituirse por la participación activa. Pero el Estatuto de Asociaciones Políticas de Arias era tan restrictivo que fue rechazado no sólo por la Oposición sino también por los propios reformistas del régimen.

El 20 de noviembre de 1975 moría Franco y el sistema ya por entonces había entrado en una decadencia evidente: la Iglesia estaba dividida; la clase obrera era cada vez más militante; los catalanes y los vascos se encontraban en una posición de revuelta abierta o de hostilidad pasiva. Por encima de todo la presa se había convertido en un “cuarto estado”. Las ambiciones podían pensar muy bien que unir su suerte a un sistema que únicamente poseía fuerza física era correr el riesgo de encontrarse en el bando de los perdedores.

CAPITULO XI: LA MONARQUÍA DE JUAN CARLOS: LA TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA

% Juan Carlos es nombrado por Franco para dar continuidad a las instituciones y al espíritu franquista. Iba a ser el motor de cambio hacia la transición. Para salvar su trono instalo una monarquía democrática, constitucional y parlamentaria.

% Nombró a Arias Navarro como jefe de gobierno incluyendo en su gabinete personalidades franquistas que aún dominaban algunas instituciones como el Consejo del Reino y el Consejo Nacional del Movimiento. La oposición se encontraba dividida entre:

  • Junta Democrática ( comunistas, disidentes políticos ).

  • Plataforma de Convergencia Democrática ( socialistas, liberales y cristianodemócratas)

Pero se encontraban unido en cuanto a su programa que consistía en: un gobierno provisional, unas cortes constituyentes, libertades democráticas y amnistía política total. El gobierno de Arias se mostró incapaz de llevar acabo este programa por que instalo un sufragio universal que conservaba rasgos del régimen por lo que no gano ni aliados en la izquierda ni en la derecha. Dimitió el 1 de julio de 1975.

% Adolfo Suarez es elegido por el rey como nuevo jefe de gobierno. Con el apoyo de este consigue desmantelar el franquismo y instalar la democracia llevando a España a las primeras elecciones generales en 1977. La clase política franquista aprobó la ley de reforma política creando las cortes bicamerales elegidas por sufragio universal. En un principio Suarez se encontró con dos problemas:

  • Presiones de la derecha: contener a la derecha y mantener al ejército leal para poder retirar a los generales facciosos que quería conservar la constitución franquista.

  • Presiones de la izquierda: la oposición se mantenía unida por que corría el riesgo de aislarse y recibir acusaciones de obstrucción voluntaria si la opinión pública respaldaba a Suarez.

Suarez mantuvo contactos con la oposición (Ej.: se realizó el primer congreso socialista ). Además legalizó al partido comunista por que era un requisito imprescindible para que la oposición aceptar las reformas de Suarez. El ejercito que podía haber reaccionado de manera violenta por esta situación acepto la decisión del gobierno por puro patriotismo.

En Diciembre de 1976 el programa de reformas es respaldado en referéndum... En 1977 se producen las primeras elecciones generales resultando ganador UCD seguido de los Socialista, Comunista y AP

( formado por un grupo de franquistas ). Los vascos y catalanes apoyaron a sus autonomías. HB obtuvo una cierta simpatía por los electores debido al legado de la indiscriminación represiva de Franco.

Suarez formo gobierno y sus principales tareas fueron:

  • resolver la crisis económica.

  • Aprobar la constitución ( fue negociada por todos los partidos conteniendo los mecanismos de ajuste para garantizar un gobierno estable además recoge los estatutos de autonomía para garantizar la unidad de España y contentar a los nacionalistas ).

  • Solucionar el problema del terrorismo.

Niceto Alcalá Zamora, antiguo ministro alfonsino, conservador, católico presidente del DERECHA LIBERAL REPUBLICANA y más tarde del Partido Progresista.

Legalización del divorcio, creación de cementerios civiles, retirada de crucifijos de las aulas, multas por hacer sonar las campanas de las iglesias, prohibición de procesiones religiosas ...Todo esto llevaría a la España reaccionaria a luchar contra la entrega a los excesos del materialismo y del amor libre

José María Gil-Robles líder de C.E.D.A. Siglas de Confederación Española de Derechas Autónomas.

PARTIDO REPUBLICANO RADICAL. Fundado en 1908 por Alejandro Lerroux, célebre por su violencia dialéctica, tan atemperada con los años que ya en los comienzos de la República era una opción moderada y burguesa, tanto que fue este partido quien abrió el gobierno a la opción más derechista de Gil-Robles, lo que le hizo sufrir la escisión de su ala más izquierdista, de Martínez Barrio. Tras el desgaste del paso por el poder y el escándalo del estraperlo, terminó muy desacreditado

FALANGE ESPAÑOLA. Fundada por José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador), grupo políticamente muy minoritario (en las últimas elecciones ni siquiera lograron tener un solo diputado en las Cortes), aunque de mayor presencia callejera. Acaso su fama provenga más del uso que de ella hizo el franquismo que de lo que significó en la II República, pues su programa político era claramente revolucionario, muy alejado de lo que posteriormente serían la Falange Tradicionalista de Franco. Fusionados con las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas de Onésimo Redondo, se constituirían las FE de las JONS, finalmente ilegalizadas por su hostilidad hacia la República. Primo de Rivera acabaría siendo encarcelado y, con el estallido de la Guerra, fusilado.

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