Griego

Literatura en la Grecia antigua y moderna. Período ático, helenístico, bizantino y moderno. Autores y movimientos literarios. Historia

  • Enviado por: Gloria González
  • Idioma: castellano
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LITERATURA GRIEGA

Literatura de los pueblos de habla griega desde finales del segundo milenio a.C. hasta la actualidad. Esta literatura se desarrolló como expresión nacional con escasa influencia exterior hasta el periodo helenístico y tuvo un efecto formativo en toda la literatura europea posterior. Véase también Grecia.

EL PERIODO PRIMITIVO

Los escritos del periodo primitivo de la literatura griega son, casi en su totalidad, textos en verso. Para detalles sobre la métrica y otros elementos de la estructura del verso planteados en esta sección, véase versificación.

Poesía épica

Los primitivos habitantes de Grecia, los pueblos de las civilizaciones egea y micénica, poseyeron una literatura oral compuesta en su mayor parte por canciones referentes a las guerras, las cosechas y los ritos funerarios. Los helenos se apropiaron de estas canciones en el segundo milenio a.C. y, aunque no se conoce la existencia de fragmentos, el arte posterior de los aedos (cantores de baladas) que celebraron las acciones de los héroes se desarrolló a partir de ellos. A su vez, las baladas folclóricas fueron la base de la poesía épica griega.

La épica griega alcanzó su cima con la Iliada y la Odisea, compuestas por el escritor Homero, aunque se cree que, más que a una sola persona, pueden deberse a una sucesión de poetas que vivieron a lo largo del siglo IX a.C. (véase Épica; Poesía). Fueron escritos en el dialecto de la lengua griega llamado jónico, con mezclas del dialecto eólico. La perfección del verso hexámetro dáctilo indica que los poemas son la culminación, más que el principio, de una tradición literaria. Los poemas épicos homéricos se diseminaron en las recitaciones de cantores profesionales que, en sucesivas generaciones, alteraron el original, sustituyendo por frases contemporáneas las que iban quedando obsoletas. Su obra mantuvo una tradición oral de más de 400 años.

Acontecimientos míticos y heroicos, que no se celebran en la obra homérica o que se mencionan sin ser narrados en su totalidad, se convirtieron en el argumento de varios poemas épicos posteriores, algunos de cuyos fragmentos se conservan. Un grupo de estos poemas épicos, compuestos por un número desconocido de poetas, entre 800-550 a.C., conocidos como poetas cíclicos, tratan de la guerra de Troya y la guerra de Los Siete contra Tebas. Entre los poetas épicos conocidos, la mayor parte de ellos de un periodo posterior, se cuentan Pisandro de Rodas, autor de la Heracleia, que trata de las hazañas del héroe mitológico Hércules; Paniasis de Halicarnaso, autor de una obra también llamada Heracleia, de la que sólo se conservan algunos fragmentos, y Antímaco de Colofón o Claros, autor de la Tebas y considerado fundador de la llamada escuela de poesía épica. Antímaco influyó poderosamente en los poetas épicos alejandrinos posteriores (véase, más adelante, el periodo helenístico).

La crítica textual contemporánea ha establecido que varias de las obras atribuidas en un principio a Homero son de autoría posterior. Las más tempranas de ellas son, probablemente, los llamados 34 himnos homéricos, fechados entre el 700 y el 400 a.C., una serie de himnos magníficos a los dioses escritos en hexámetros dactílicos. Entre otros poemas semejantes destaca la Batracomiomaquia, una parodia de un poema épico.

Poco después de Homero, el poeta Hesíodo escribió su obra principal, Los trabajos y los días, compuesta como los poemas homéricos en dialecto jónico con algunas mezclas de eólico. Es el primer poema griego que abandona un tema legendario para centrarse en la vida cotidiana, las experiencias y pensamientos de un granjero beocio. La Teogonía, normalmente atribuida a Hesíodo, aunque algunos críticos la consideran posterior, es un relato de cómo se estableció el orden a partir del caos y del nacimiento de los dioses.

El dístico elegíaco se popularizó en toda Grecia durante el siglo VII a.C. y se utilizó en composiciones de todas clases, desde canciones fúnebres a canciones de amor. El primer autor conocido de elegías fue Calino de Éfeso. Otros famosos poetas elegíacos primitivos fueron Tirteo de Esparta, Mimnermo de Colofón, Arquíloco de Paros, Solón, el primer poeta ateniense, y Teognis de Megara.

Se cree que el creador del verso yámbico fue Arquíloco, que lo utilizó ampliamente en sátiras mordaces. Solón y muchos otros poetas también lo usaron en poemas reflexivos. Puesto que representa los ritmos de la antigua habla griega con mayor fidelidad que ningún otro metro, el verso yámbico empezó a emplearse también en el diálogo de las tragedias, en la forma de trímetro yámbico. Las fábulas de Esopo se escribieron originalmente en trímetros yámbicos, aunque los textos que han llegado hasta nuestros días datan de mucho tiempo después.

Poesía lírica

La lírica fue, en un principio, una canción para ser cantada con el acompañamiento de la lira. En la antigua Grecia se componían dos tipos principales de líricas, la personal y la coral.

La lírica personal se desarrolló en la isla de Lesbos. El poeta y músico Terpandro, que había nacido en Lesbos pero que vivió casi toda su vida en Esparta, está considerado como el primer poeta lírico griego porque fue el que antes unió música y poesía. La mayor parte de sus poemas eran nomos o himnos litúrgicos, escritos en honor de un dios particular, Apolo, y cantados por un solo cantante acompañado de la lira.

Después de Terpandro aparecieron en el siglo VII a.C. los grandes poetas de Lesbos. Alceo se ocupó en sus poemas líricos de temas políticos, religiosos e intimistas e inventó la estrofa alcea. Safo, la mayor poetisa de la antigua Grecia, creó la estrofa sáfica y escribió también en otras formas líricas. Sus poemas de amor y amistad se encuentran entre los más apasionados y mejor trabajados de la tradición occidental. Los poetas lésbicos, así como varios poetas líricos posteriores de otras ciudades griegas, compusieron sus poemas en dialecto eólico.

En el siglo VI a.C., el poeta Anacreonte escribió alegres poemas líricos sobre el vino y el amor en varios metros líricos, y sus posteriores versos, similares en tono y tema, fueron conocidos como anacreónticos. Anacreonte también escribió dísticos (pareados) elegíacos, epigramas y poemas en metros yámbicos.

La lírica coral se desarrolló por primera vez en el siglo VII a.C. por poetas que escribieron en dialecto dórico. Este dialecto, dominante en la región de alrededor de Esparta, se utilizó incluso en épocas posteriores cuando los poetas de otros lugares de Grecia escribían poemas líricos corales. Los poetas espartanos fueron los primeros en escribir de esta forma canciones y bailes para celebraciones públicas religiosas. Más tarde lo hicieron para celebrar triunfos personales, como, por ejemplo, una victoria en los juegos olímpicos de la antigüedad.

Se dice que el primer poeta lírico coral fue Taletas, que se cree viajó de Creta a Esparta para sofocar una epidemia con himnos corales a Apolo. Le siguió Terpandro, que escribió tanto poemas líricos intimistas como corales; Alcmán, cuyos poemas eran en su mayor parte partheneia, es decir, himnos procesionales corales cantados por un coro de doncellas y de carácter parcialmente religioso, de tono más ligero que los himnos a Apolo, y Arión. Se cree que Arión creó tanto el ditirambo (forma poética en honor a Dioniso) como el estilo trágico, que se utilizó ampliamente en el drama griego. Entre los grandes escritores posteriores de poemas líricos corales se encuentran el poeta siciliano Estesícoro, contemporáneo de Alceo, que introdujo la forma ternaria de la oda coral, consistente en series de grupos de tres estrofas; Íbico de Reggio, autor de un largo fragmento que se conserva de una oda coral ternaria y de poemas líricos personales eróticos; Simónides de Ceos, cuya lírica coral incluye epinicia, u odas corales en honor de los vencedores en los juegos olímpicos, encomia, o himnos corales en honor a personas concretas, y cantos fúnebres, además de poemas líricos personales que incluyen epigramas, y Baquílides de Ceos, sobrino de Simónides, que escribió epinicios, de los que se conservan trece, y ditirambos, cinco de los cuales han llegado hasta la actualidad.

La lírica coral alcanzó su apogeo hacia mediados del siglo V a.C. en las obras de Píndaro, que escribió muchos poemas de este género en todas las formas, incluyendo himnos, ditirambos y epinicios. Se conserva cerca de un cuarto de su obra, principalmente epinicios con la estructura trinaria creada por Estesícoro. Se escribieron muchas odas corales importantes contemporáneas a la obra de estos últimos poetas, tanto en estructura ternaria como sin ella, como parte integral de las tragedias griegas.

Otras formas

Otro género que se desarrolló en el siglo VI a.C. fue un tipo de poema filosófico relacionado con la épica y escrito por filósofos griegos como Empédocles, Jenófanes y Parménides. Hacia finales del siglo V a.C. se escribieron algunos de los primeros textos en prosa que han llegado hasta nuestros días; los más interesantes, sin ninguna duda, son los dedicados a la medicina que se atribuyen al médico Hipócrates.

EL PERIODO ÁTICO, SIGLOS VI-IV a.C.

Durante el siglo VI a.C. se desarrolló el drama en Atenas (véase Teatro y arte dramático). En su forma primitiva, el drama consistió en un coro de hombres que cantaban y bailaban odas corales. Más tarde, se añadió un actor que dialogaba con el coro.

La tragedia

La tragedia, tal y como hoy se la conoce, se cree que fue creada en el siglo VI a.C. por el poeta ateniense Esquilo. Esquilo introdujo el papel de un segundo actor, aparte del coro. Sus tragedias, cerca de 90, versan sobre temas tan excelsos como la divinidad y las relaciones de los seres humanos con los dioses. Únicamente siete de sus obras han llegado hasta hoy, entre ellas Prometeo encadenado, historia del castigo que sufrió Prometeo, uno de los titanes, por parte de Zeus, y la Orestiada, una trilogía que retrata el asesinato del héroe griego Agamenón por su mujer, el de ésta por su hijo Orestes y el posterior destino de Orestes.

El segundo de los grandes trágicos griegos fue Sófocles. La admirable construcción de sus tramas y la manera en que sus temas y personajes despertaban al mismo tiempo piedad y temor, llevaron a Aristóteles y a otros críticos griegos a considerarle como el mejor autor de tragedias. Su Edipo rey constituye un epítome del género trágico. De las más de cien obras que escribió Sófocles, sólo se conservan siete tragedias, una obra satírica (un tipo de comedia) y más de mil fragmentos. Su particular contribución a la tragedia fue la introducción de un tercer actor en la escena, innovación que más tarde adoptaría Esquilo.

Eurípides, coetáneo más joven de Sófocles, fue el tercer gran autor de teatro. Escribió cerca de 92 obras, de las que se conservan diecisiete tragedias y una obra satírica completa, Los cíclopes. Su obra se considera más realista que las de sus predecesores, especialmente en la agudeza psicológica de sus personajes. Por ello, algunos críticos le consideran el más moderno de los dramaturgos griegos. Entre sus obras principales destaca Medea, cuyo argumento gira en torno a la venganza llevada a cabo por la hechicera Medea contra su marido Jasón; e Hipólito, que trata del amor de Fedra por su hijastro Hipólito y su destino tras ser rechazada.

La comedia

Uno de los más grandes poetas cómicos fue Aristófanes, cuya primera comedia, Daitaleis, hoy perdida, data del 427 a.C. Empleando la sátira dramática, ridiculizó a Eurípides en Las ranas y a Sócrates en Las nubes. Estas obras representan la antigua comedia de la literatura griega.

La comedia griega posterior se divide en dos grupos, la comedia media (400-336 a.C.) y la comedia nueva (336-250 a.C.). En la media, ejemplificada por las dos últimas obras de Aristófanes, La asamblea de las mujeres y Pluto, ambas escritas entre 392 y 388 a.C., la sátira personal y política es reemplazada por la parodia, la ridiculización de los mitos y el criticismo literario y filosófico. Los principales autores de la comedia media fueron Antífanes de Atenas y Alexis de Thruil. Sólo se conservan fragmentos de sus obras.

En la comedia nueva, la sátira se sustituye por la comedia social, con tramas y personajes cotidianos y familiares y temas de amor romántico. El principal autor de esta comedia nueva fue Menandro. Sus comedias tuvieron una gran influencia en los dramaturgos latinos de los siglos III y II a.C., sobre todo en Plauto y Terencio. Se conservan una obra completa de Menandro, El tacaño, y fragmentos de otras.

La historia

El primer historiador griego, Heródoto, escribió una crónica de las guerras persas (500-449 a.C.) en dialecto jónico. A su principal obra, Historias, se la valora por la riqueza de información que da sobre la Grecia antigua, así como por su estilo sugestivo. Tucídides fue el primer gran escritor de prosa ático, y con su Historia de la guerra del Peloponeso se ha ganado el título de primer historiador crítico. Las principales obras literarias del historiador y soldado Jenofonte fueron Anábasis, un relato de los mercenarios griegos que trataron de escapar de Persia; Memorabilia, una refutación de los cargos aportados contra Sócrates, junto con impresiones personales en forma de diálogo sobre su carácter y su filosofía, y Hellenica, en la que Jenofonte prosigue la historia de los griegos en el punto en que Tucídides la dejó. Un historiador posterior, Timeo, escribió una historia de Sicilia y se tiene noticia de que inventó el método de calcular el tiempo en las Olimpiadas.

La oratoria

La prosa ática alcanzó su máxima expresión en las obras de los oradores atenienses. Antifón, profesor de retórica, es uno de los primeros cuyas obras se conservan. El orador Lisias empleó un estilo sencillo y directo, desprovisto de recursos retóricos. Se cree que escribió un discurso para que Sócrates lo utilizara en su proceso (399 a.C.). Los discursos de Isócrates, por otra parte, son obras literarias concebidas más para ser leídas que habladas. La rotunda perfección de la oratoria griega se logró en las obras de Demóstenes. Empleando todos los recursos del lenguaje, creó discursos que se convirtieron en modelos para los oradores posteriores.

La filosofía

Los dos principales escritores de filosofía del periodo ático fueron Platón y Aristóteles. Platón desarrolló ciertos aspectos de la filosofía de Sócrates y expresó, en forma de diálogos escritos, el tipo de filosofía que más tarde se denominó idealismo. Véase también Filosofía Griega.

Los Diálogos de Platón no sólo son grandes obras filosóficas, sino también obras maestras de la literatura, llenas de poesía y dramatismo. El estilo de su prosa es uno de los más clarividentes y bellos de la literatura griega. Aristóteles, discípulo de Platón, escribió un gran número de obras sobre lógica, metafísica, ética, retórica y política. Algunos eruditos clásicos consideran que se trata de notas tomadas por los estudiantes de las lecturas que Aristóteles daba en el Liceo, su escuela de Atenas. De su crítica literaria sólo se conservan fragmentos sobre la tragedia, la poesía épica y la retórica.

EL PERIODO HELENÍSTICO, 323-146 a.C.

Tras las conquistas de Alejandro III el Magno en el siglo IV a.C., la cultura griega se expandió por un amplio imperio. La más destacada entre las muchas escuelas de literatura que se crearon y la mayor biblioteca de la antigüedad se localizaron en la ciudad de Alejandría, en Egipto.

La poesía

Una de las más admirables poéticas alejandrinas fue la de Calímaco de Cirene, director de una escuela en Alejandría y su principal bibliotecario. Calímaco está acreditado como autor de más de 800 volúmenes, y cada uno de ellos contiene muchas obras de las que se conservan sólo seis himnos, 64 epigramas y unas pocas elegías, además de otros poemas. Junto con sus seguidores, perfeccionó el empleo del epilio, un poema corto en hexámetros con tema épico narrativo. También desarrollaron el poema didáctico literario y el pastoral y perfeccionaron el epigrama, que más tarde adoptarían sus discípulos romanos.

El poeta siciliano Teócrito, que escribió la mayor parte de su obra en Alejandría y que está considerado por muchos críticos como el más grande de los poetas alejandrinos, escribió Idilios, una serie de poemas pastorales que fueron imitados por sus sucesores, como Bión de Esmirna, entre cuyos poemas conservados se encuentra el famoso Lamento por Adonis, y el poeta también siciliano Mosco, que escribió el poema épico Europa y composiciones pastorales.

La prosa

Posiblemente, la obra más importante del periodo helenístico fue realizada por sabios, científicos y eruditos, en particular por el médico Herófilo, el anatomista Erasístrato, los astrónomos Hiparco de Nicea, Claudio Tolomeo y Aristarco de Samos (el primero que sostuvo que la Tierra giraba alrededor del Sol) y el matemático, astrónomo y geógrafo Eratóstenes, que midió la circunferencia de la Tierra.

EL PERIODO GRECORROMANO, SIGLO II-SIGLO IV d.C.

Después de que los romanos conquistaran Grecia en el 146 a.C., el historiador griego Polibio escribió una crónica de la conquista y, un siglo más tarde, el geógrafo Estrabón recopiló su Geográficos, un estudio sistemático de lugares, animales y temas de interés. A finales del siglo I y comienzos del II d.C., Plutarco redactó sus famosas Vidas paralelas, en las que se entremezclan biografías de griegos famosos con las de romanos notables. Más adelante, en el siglo II d.C., Galeno, el médico más importante de la antigüedad, escribió obras que sentaron los fundamentos de la medicina moderna.

Los primitivos escritores cristianos que transcribieron y reunieron el Nuevo Testamento utilizaron una variedad de la koiné (“común”, en griego), la lengua cortesana y literaria de la Grecia helenística. El dialecto koiné es distinto del que emplearon los escritores griegos clásicos y sus continuadores, los llamados aticistas, el mejor de los cuales fue el satírico Luciano, autor de Diálogos de los muertos, Diálogos de los dioses e Historias verdaderas, esta última, obra narrativa cómica.

Según los eruditos modernos, el prototipo de la novela se desarrolló probablemente en Grecia antes del siglo II d.C. Los fragmentos más importantes que se conservan de una primitiva novela griega, los de la llamada Romance de Ninos, que tratan del amor de Ninos, fundador legendario de Ninevoli, se piensa que son del siglo I a.C. Se conservan cinco novelas griegas completas que se escribieron después del año 100 d.C. y antes del 300 d.C.: Caritón, considerada como la primera en el tiempo de las cinco; Etiópicas o Teágenes y Cariclea (de principios del siglo III d.C.), del hábil escritor Heliodoro de Emesa; Dafnis y Cloe, de Longo, el más conocido y probablemente el mejor de estos novelistas; Efesíacas o Antea y Habrócomes, sus protagonistas, de Jenofonte de Éfeso, el menos dotado de los novelistas; y Leucipa y Clitofonte (anterior al año 300 d.C.) de Aquiles Tacio, que se considera la última de las cinco novelas existentes. Todas narran historias románticas de amor y aventura en las que matrimonios o amantes virtuosos son separados y, tras afrontar múltiples peligros, acaban por reunirse.

La filosofía estoica estuvo representada por los escritos de Epicteto y Marco Aurelio Antonino; los neoplatónicos tuvieron su mejor representante en Plotino.

Algunos de los mejores versos de este periodo son epigramas anónimos contenidos en la Antología griega, recopilación de poesía y prosa griegas que cubre casi 2000 años; se compone de dos libros reunidos en los siglos X y XIV d.C., que se conocen, respectivamente, como la Antología Palatina y la Antología Planudean.

EL PERIODO BIZANTINO, DE MEDIADOS DEL SIGLO IV AL XV

Desde el comienzo del reinado de Constantino en el año 323 d.C., hasta la caída del imperio Oriental en 1453, la literatura griega careció del carácter homogéneo de los periodos primitivos y estuvo muy influenciada por elementos tanto latinos como orientales. La mayor parte de los escritos de este periodo son teológicos y atacan las diversas herejías que surgieron durante el primer milenio de la era cristiana. Así, san Atanasio arremetió en el siglo IV contra el arrianismo y, más tarde, Anastasio de Antioquía y León de Bizancio (siglo VI) atacaron a los monofisitas. Los padres capadocios —san Basilio de Cesarea, san Gregorio de Nisa y san Gregorio de Nacianceno— fueron importantes tanto como escritores que como teólogos y sus ideas tuvieron una gran repercusión posterior. En el siglo VIII, el último de los grandes teólogos griegos, san Juan de Damasco, escribió obras polémicas contra los iconoclastas, así como uno de los primeros libros del dogma cristiano, La fundación del conocimiento. Simeón Metafrastes destaca como editor de los Hechos de los mártires, en los que revisaba y comparaba relatos anteriores de la vida de los santos. Romanus Melodus y los primeros padres de la Iglesia compusieron numerosos himnos, sobre todo san Gregorio de Nicianzo y Cosmas de Jerusalén.

La influencia eclesiástica hizo que decayera la literatura secular. Sin embargo, hubo un importante poema histórico y legendario, la notable epopeya popular Digenes Akritas (siglos X-XI), que fue difundido por transmisión oral hasta que se redactó (contamos con textos de los siglos XV y XVI).

También son importantes desde un punto de vista literario los historiadores, críticos y filósofos bizantinos. Cabe destacar entre los historiadores a Procopio, el emperador Constantino VII Porfirogéneta, Miguel Pselo, Anna Comnena, Georgius Pachymeres y Juan VI Cantacuzene. El más significativo de los críticos bizantinos fue Focio, cuyos sumarios y extractos de 280 obras clásicas, que todavía existían en el siglo IX, nos han permitido conocer lo que de otra forma podría haberse perdido para siempre. En el siglo XII, Eustaquio de Tesalónica escribió un comentario sobre las obras de autores clásicos, entre los que se encontraban Hesíodo, Píndaro y los trágicos griegos. Entre los filósofos bizantinos destaca Georgio Gemisto Pletho, que introdujo la filosofía platónica en el renacimiento italiano.

EL PERIODO MODERNO

La cuarta Cruzada, emprendida en 1204, provocó una horda de invasores francos que se establecieron en el centro y sur de Grecia adoptando títulos como los duques de Atenas o los barones de Tebas (cruzadas). Como resultado de esta ocupación, apareció una importante obra literaria, La crónica de los Morea (siglo XIV), un largo poema épico en versos griegos, que probablemente fue escrito por un francés de habla griega de la tercera generación. El poema es importante por la belleza de su poesía, su fuerza dramática y el flujo fácil de un idioma coloquial vivamente descriptivo.

A mediados del siglo XV, los turcos otomanos conquistaron el Imperio bizantino y el resto de las colonias francas en Grecia, por lo que la literatura griega se eclipsó. Hasta el final del siglo XVIII sólo siguió cultivándose en la periferia del mundo griego, lejos del Imperio otomano.

Escritos cretenses

Creta, dominada por los venecianos, fue el centro literario de Grecia durante los siglos XVI y XVII. Los dramas que se escribieron en este periodo, como Erofili, de Yeoryos Jortatsis, imitaron ampliamente los modelos italianos. Dos de las obras cretenses más importantes aparecieron en este periodo, ambas en griego demótico o coloquial: el poema romántico Erotócritos, de Vitsentzos Cornaros, hoy elevado por algunos a título de poema épico nacional, y el Sacrificio de Abraham (1635), un drama psicológico de relaciones familiares, de autor desconocido, quizá Cornaros. En esta época se escribieron un gran número de canciones populares, incluyendo el poema pastoril La bella pastora, del que se publicó en 1627 una famosa versión. La composición de este tipo de canciones fue abundante en Chipre y en las islas egeas.

La floreciente escuela cretense se extinguió en el siglo XVII con la caída de la isla en manos turcas. Las baladas de los cleftes, sin embargo, sobrevivieron hasta el siglo XVIII; se trata de las canciones de los combatientes griegos de las montañas que sostuvieron una guerrilla contra los turcos.

Griego clásico frente a demótico

Hacia finales del siglo XVIII, los sueños de libertad se convirtieron en un objetivo para el pueblo griego. Los patriotas y los poetas escribían copiosamente, en medio de un problema lingüístico que afectó a la literatura griega durante décadas. Bajo la dominación turca, la educación la impartía la Iglesia. La enseñanza era conservadora y el lenguaje utilizado mantuvo formas antiguas del griego bizantino. Además, como muchos de los patriotas griegos escribían en el extranjero, pensando que la antigua Hellas estaba a punto de alzarse de sus cenizas, se forzó al idioma moderno a adoptar modelos antiguos. Adamantios Coraís, un experto clasicista que vivía en París, propuso el uso de una lengua combinada que no fuera ni antigua ni moderna.

La dicotomía de la lengua se puede seguir fácilmente a través de la poesía. Desde la edad media floreció una rica poesía popular que se transmitió oralmente. Estaba escrita en griego demótico, lengua natural para la narrativa y el verso lírico. Sin embargo, en el siglo XVIII, algunos poetas retomaron la tradición clásica. Entre ellos se encontraban Constantinos Rigas y Iacovakis Risos Nerulos. En el siglo XIX varios poetas continuaron la tradición clásica, como Aléxandros Risos Rangavis, poeta, historiador y novelista. Sin embargo, en el siglo XIX los poetas tendieron cada vez más a emplear el griego demótico, más expresivo, y durante décadas se vivió una feroz controversia. Actualmente se emplea el griego demótico en la literatura, mientras que para la escritura técnica y científica se emplea otra forma de griego más clásico.

La literatura del movimiento de liberación

En las primeras décadas del siglo XIX la literatura, sobre todo la poesía, fue en su mayor parte patriótica. Los versos entusiastas del líder de la escuela jónica de poesía, Dionisios Solomós, animaron a la nación a sacudirse del cautiverio turco. Su admirable Himno a la Libertad (1823) se ha convertido en el himno nacional griego. Posiblemente, el mejor poeta de la escuela jónica fue Andreas Calvos, un gran erudito clásico, cuyos excitantes poemas, escritos en una lengua original, mezcla de demótico y arcaísmos de una textura particularmente armoniosa, resuenan con ecos de los antiguos himnos griegos.

Con la emergencia de Grecia como estado independiente en 1832, la literatura cobró un renovado vigor, expresando el espíritu de un pueblo muy cohesionado. Entre los narradores del siglo XIX más importantes destacan Emmanuel Roídis, cuya primera obra fue la novela Pápisa Ioana (1865). Roídis también fue satírico, crítico literario e importante traductor de autores ingleses y franceses. Aléxandros Papadiamandis, novelista y autor de cuentos, trazó retratos líricos de la vida de los pueblos y escenarios isleños. Su obra carece por completo de influencias foráneas. En 1913, se publicó una recopilación de sus mejores historias, Orillas rosas. Otro autor de inspiración griega pura es el escritor jónico de cuentos Aryiris Eftaliotis. Su obra más conocida es Historias isleñas, 1897.

Entre los poetas del siglo XIX del periodo posterior a la liberación destacó Aristotelis Valaoritis, famoso por su vigor y descriptiva imaginería en griego demótico. Otro importante escritor de este periodo es el poeta simbolista Ioannes Papadiamandópulos, que escribió en francés con el nombre de Jean Moréas. Moréas tuvo una influencia considerable sobre los poetas griegos jóvenes, como Constandinos Hadsópulos, un gran escritor de ficción, así como de poesía, y Miltiades Malacasis, que empezó su carrera escribiendo en francés pero pronto volvió al griego. También destaca Yeoryos Suris, un gran satírico político en la mejor tradición de Aristófanes. Suris publicó en verso un diario semanal que constituyó un vivo y cáustico comentario de los asuntos públicos.

Los primeros dramaturgos griegos importantes del siglo XIX, Dimetrios Vernadakis y Spiridon Vasiliadis, escribieron a la manera clásica. Los dramas realistas y satíricos de Ioannis Cambisis sobre la vida ateniense fueron escritos en la lengua vernácula. Influenciado por el realismo ruso, el novelista y autor de teatro Spiros Melas escribió los dramas Hijo de la sombra (1907) y La casa en ruinas (1908). Las obras de Grigorios Xenópulos, especialmente Stella Violanti (1909), denotan la influencia del dramaturgo noruego Henrik Ibsen.

Poesía moderna

Uno de los poetas más populares de la primera parte del siglo XX fue Yeoryos Drosinis. Drosinis empezó escribiendo en dialectos literarios purificados, pero más tarde adoptó y propugnó el empleo de la lengua vernácula. Entre sus colecciones poéticas destacan Tinieblas luminosas (1915) y Párpados cerrados (1917).

Coetáneo de Drosinis, Costís Palamás está catalogado por los críticos como uno de los poetas más importantes de Europa; algunos de sus mejores poemas están en el libro Vida inamovible (1904). Su largo poema La flauta del rey (1910) representa una manifestación de la historia bizantina. Su poema épico, y obra maestra, El dodecálogo del zíngaro (1907) expresa las esperanzas y aspiraciones del pueblo griego.

En general, los críticos están de acuerdo en que Constandinos Cavafis es uno de los poetas más importantes de la Grecia moderna, y su obra tiene un reconocimiento mundial. Nació y vivió la mayor parte de su vida en Alejandría (Egipto). A comienzos del siglo XX, la ciudad era el centro de la cultura griega, antes de la ocupación inglesa, y este ambiente conforma el escenario de los poemas históricos muy nostálgicos de Cavafis. Tanto sus poemas eróticos como los que evocan las conmovedoras tragedias humanas de la antigüedad están henchidos de una melancolía que recuerda a Charles Baudelaire. “Voces”, (anterior a 1911), por ejemplo, es un impresionante poema sobre el emperador romano Nerón, que yace dormido mientras las furias se acercan acosando al malvado. Cavafis escribe sus versos en una mezcla de griego demótico y literario, armonioso, lírico y agradable de oír.

También es digno de mención Ánguelos Sikelianós, cuya poesía es algo ritualista y muchas veces impregnada de estilo pindárico (Píndaro). Fue uno de los primeros poetas griegos en escribir en verso libre demótico, que muchas veces recuerda el estilo de los antiguos poemas líricos y odas corales. Entre sus mejores obras destacan Aphierosi (1922), el drama poético Cristo en Roma (1946), Muerte de Diyenís Acritas (1948) y Vida lírica (3 vols., 1947), una recopilación de poemas líricos. Junto con su esposa de origen estadounidense, Eva (nacida Palmer, 1885-1952), Sikelianós organizó el Festival Délfico en Atenas y la impresionante producción y dirección de las obras de Esquilo en el santuario de Apolo en el monte Parnaso.

Prosa moderna

Uno de los escritores griegos del siglo XX más conocidos internacionalmente fue Nicos Kazantzakis, novelista y poeta cretense, cuya obra, escrita en su mayor parte con su propia adaptación del dialecto cretense, ha sido traducida a varios idiomas. Su poema más conocido es Odisea (1938), largo poema épico que comienza donde termina la Odisea de Homero. Entre sus novelas más populares y traducidas, están Zorba el griego (1943), que más tarde inspiró una película y un musical, y La última tentación de Cristo (1948).

Entre los escritores que también contribuyeron a elevar la literatura de este periodo se encuentra Ilías Venesis, un maestro soberbio del estilo y de la descripción realista, que escribió Calma (1939) y Tierra de Eolia (1943). Stratis Mirivilis, novelista poseedor de un gran encanto romántico, escribió Maestra de ojos dorados (1932), sobre la I Guerra Mundial, Llamas pequeñas (1942), y La virgen de la sirena (1955). Pandelis Prevelakis, dramaturgo, novelista, ensayista, poeta y antiguo seguidor de Kazantzakis, escribió obras dramáticas como En las manos de un Dios vivo (1955) y Dos dramas cretenses (1971); sus poemas completos se publicaron en 1969. Cosmás Politis, un consumado estilista, ha demostrado ser un idealista con una honda perspicacia sobre los personajes femeninos. Politis consigue combinar el romanticismo del siglo XIX con la realidad del siglo XX. Entre sus novelas más importantes se encuentran El limonar (1928), Hekate (1933) y Eroica (1938). Yorgos Zeotocás, novelista y dramaturgo, fue durante un tiempo director del Teatro Nacional de Grecia. Entre sus obras destacan El demonio (1938), un análisis del temperamento griego moderno, la novela Leonís (1940) y dos volúmenes de obras de teatro (1944 y 1947). Uno de los escritores griegos contemporáneos más importantes es I. M. Panayotópulos, poeta, novelista, ensayista, crítico de literatura y arte, y cronista de sus viajes. Panayotópulos es un escritor prolífico que ha publicado más de treinta libros. Cautivo (1951) es una historia que transcurre desde los días anteriores a la guerra hasta la ocupación alemana en Grecia.

Tendencias posteriores a la II Guerra Mundial

Durante la II Guerra Mundial y toda la posguera, muchos escritores iniciaron una nueva clase de actividad literaria reflejando la participación del pueblo griego en la lucha por su supervivencia. Zemos Cornarós describe en Haidari (1946) los intentos de los soldados alemanes durante la II Guerra Mundial por romper la moral de los prisioneros griegos. Se escribieron otras obras documentales de gran valor literario sobre el movimiento de la resistencia griega, así como varios poemas patrióticos que versan sobre la resistencia y la subsiguiente guerra civil.

Entre los novelistas que surgieron para continuar la obra de Nicos Kazantzakis después de su muerte en 1957, se encuentran Vassilis Vasilicós, autor de más de veinte novelas, entre ellas la novela de protesta Z (1966), traducida a muchos idiomas y llevada al cine por Costa-Gavras, con guión de Jorge Semprún. La obra trata del asesinato del senador izquierdista Lambrakis y es una condena de las tácticas violentas de políticos y militares que propiciaron el golpe de Estado de los coroneles en Grecia en 1967, promovido por Georgios Papadopoulos.

En la década de los cincuenta varios novelistas comenzaron a alejarse de una ficción específicamente centrada en la guerra y sus consecuencias, para abordar otros aspectos de la vida. Stratis Tsírcas describió la vida de los griegos exiliados en Egipto durante la guerra en su trilogía con el título general Ciudades a la deriva, que incluye: El Club (1960), Ariagni (1962) y El murciélago (1965). Antonis Samarakis escribió sobre individuos atrapados bajo la presión de la sociedad moderna, como en El fallo (1965), Galatia Sarandi se enfrenta a la angustia psicológica actual de las mujeres y Nestoras Matsas ha escrito sobre los judíos griegos durante la guerra.

Terminada la guerra surgió en Grecia un vigoroso grupo de poetas. Su modernismo no perjudicó, sino que más bien enriqueció y continuó la antigua tradición de sentimiento nostálgico, que se expresa en renovadas formas. Yeoryos Seferis, cuyo simbolismo evocador, serena sugerencia y pincelada nostálgica excitan el intelecto y despiertan las emociones, ganó el Premio Nobel en 1963. El zorzal (1914) es una de sus obras más significativas. La primera obra de Yannis Ritsos data de 1934, Tractor, y en 1961 reunió en dos volúmenes sus obras. Poemas más recientes son Dieciocho canciones llanas de la patria amarga (1974). Odiseas Elitis, nacido en Creta, pintor y traductor además de poeta, es uno de los pocos surrealistas de la literatura griega. Su tema principal es la redención de los seres humanos a pesar de todos los obstáculos, y su obra transmite la luz especial y los aspectos arquitectónicos del paisaje griego. Le fue concedido el Premio Nobel en 1979. Sus obras principales incluyen El sol primero (1943) y Dignum est (1959), título sacado de las primeras palabras de un salmo.

El teatro, que hasta el final de la II Guerra Mundial nadie trataba, empezó a revalorizarse a partir de la década de los cincuenta. En contraste con las tragedias de Sikelianos y Kazantzakis, inspiradas en la antigüedad y en la época bizantina, las obras de los jóvenes escritores abordan los problemas de la actualidad.