Filosofía moral

Filosofía. Kant. Razón. Empirísmo. Ley moral. Imperativo hipotético, categórico, práctico. Naturaleza racional, irracional

  • Enviado por: Estudioalm
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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Cuestionario de filosofía

Tema: tránsito de la filosofía moral popular a la metafísica de las costumbres

  • Explique qué es un imperativo y por qué es necesario. Clasficar y ejemplificar.

  • Tomando como modelo la deducción de los deberes del imperativo categórico y del práctico que hace Kant derive usted dos deberes .

  • Explique la fundamentación del imperativo práctico

  • Explique la idea del reino de fines.

  • Algunos conceptos preliminares

    La filosofía pura es aquella que no trasciende el ámbito de la abstracción. La filosofía práctica intenta crear un nexo entre ésta y el plano empírico. Lo que intenta Kant en este capítulo es aplicar la ley moral generada por la razón al plano práctico.

    Como hemos visto en el primer trabajo, las leyes de la moral son determinadas por la razón. El problema se suscita cuando se intenta encontrar representaciones empíricas del deber; hay deberes sobre los que no se puede dudar, aunque nunca hayan sido cumplidos por nadie. Por ejemplo, la fidelidad es un deber moral que no está muy de moda últimamente, lo que no quita que siga siendo deber. Las acciones por deber no son ejemplos, sino pruebas de que existe la posibilidad de hacer lo que la razón manda.

    La voluntad es la representación de la ley; es la razón práctica, porque es el lazo de unión entre la razón y lo empírico. La voluntad es una facultad de la razón, y por lo tanto debe seguir únicamente los dictámenes de ésta.

    Lo subjetivo es todo aquello referente al sujeto; es toda idea, concepto o accionar que está afectado por el querer individual (por lo general, inclinaciones o placeres). Lo objetivo es aquello que es siempre necesario, en todos los casos y para todas las personas (universal). Decimos que una acción es buena cuando el principio universal y obligatorio (deber) se condice con la voluntad subjetiva del querer.

    Las voluntades humanas son imperfectas y por lo tanto, su querer no siempre coincide con su deber. El querer de los hombres está por lo general asociado con el placer, con lo patológico (pasiones). El único ser perfecto cuyo querer es siempre análogo a su deber es Dios.

    Un principio es lo que da inicio a una acción. Sugiere los pasos a seguir. Estos principios pueden ser generados por la razón o por la inclinación. Los primeros son los objetivos, y los segundos son subjetivos. Los principios objetivos derivan directamente de la razón. Los principios subjetivos, por lo general, derivan de las inclinaciones. Si la voluntad obedece al principio objetivo y lo hace su propio principio subjetivo, la acción será buena. Si, por el contrario, lo desobedece, el principio subjetivo será otro y no concordará con el objetivo, en cual caso la acción será mala.

    En el primer capítulo observamos que el camino de la moralidad era el siguiente:

    Razón pura - ley moral

    En caso de que el querer de la voluntad se corresponda con el deber dictado por la razón, nos encontraríamos ante una buena voluntad. Si los resortes no se interponen con el camino de la moralidad, la secuencia sería la siguiente:

    razón práctica (voluntad) - ley práctica - acción

    La voluntad es libre cuando es autónoma. La autonomía implica crear las propias leyes. La ley práctica implica la libertad de la persona. Esta ley es generada por la voluntad a partir de la ley moral racional.

    1)Algo que impera es algo que manda; algo que nos incita a hacer algo. Un imperativo es la fórmula de la determinación de la acción; esta fórmula surge de una cópula de juicios que, unidos, nos indicarán el modo de proceder. El imperativo une las leyes objetivas del querer y la subjetividad de la voluntad. Las leyes objetivas del querer indican el correcto proceder, ya sea ante un fin perseguido o ante una cuestión moral. La subjetividad de la voluntad es determinada por la facultad, cualidad o habilidad que se emplee para efectuar la acción.

    Los imperativos reflejan necesidades prácticas de hacer determinadas cosas. Los imperativos son necesarios, puesto que marcan el deber, lo que se debe hacer, ante una disyuntiva moral, ante el planteo de un problema o ante la elección de un camino determinado.

    El imperativo es la redacción de un principio, de lo que se infiere que se desprenden de ellos. Un principio es lo que da inicio a algo; es el reflejo de lo que se debe hacer. Estos principios pueden ser de la razón o de las inclinaciones. Hay un solo principio de la razón; éste es el principio de la moralidad. Los

    principios de la inclinación son múltiples; son tan diversos como las inclinaciones mismas. Se puede sentir una inclinación hacia el dinero, hacia los placeres carnales, hacia el poder, etc.

    Clasificación de los imperativos

    * hipotéticos

    - propósito posible: principio problemático-práctico (principios de la ciencia)

    • propósito real: principio asertórico-práctico

    * categórico

    - principio apodíctico-práctico

    El imperativo hipotético es la formulación de cada medio posible en función de un fin. Por ende, estos imperativos dependen del fin, por lo que habrá tantos imperativos como fines quieran alcanzarse, y como voluntades que los formulen. El deber expresado por este tipo de imperativo es contingente, puesto que éste depende del fin que se quiera alcanzar. A distinto fin, distinto deber. Los medios son acciones; si el fin es hacer una torta, tengo que realizar ciertos accionares (batir los huevos, enmantecar el molde, etc.). Estos imperativos reflejan la funcionalidad de las acciones y no la moralidad.

    Si nuestro propósito es alcanzar un fin determinado, también será nuestro propósito emplear los medios que nos conduzcan a ese fin. Por lo tanto, si el fin es querido, también lo son los medios.

    Los principios que dictaminan estos imperativos son subjetivos, es decir, diferentes en cada voluntad. Al no ser objetivos, no dependen de la razón. Por lo tanto, no obligan moralmente.

    Un tipo de imperativo hipotético es el generado por los principios problemático-prácticos. Los imperativos pertenecientes a este género plantean una forma posible de llegar a un fin que alguien puede plantearse. Este tipo de imperativos plantea los medios posibles para llegar a un fin de alguien en particular, lo que no garantiza que sea el fin anhelado por todos.

    La facultad empleada para formular este tipo de imperativos es la de la habilidad. De nuestra habilidad depende de cuán efectivos sean los medios generados para alcanzar el fin. Por ejemplo, hay un grupo de investigadores de la NASA que quieren lanzar un cohete a marte. Su imperativo hipotético les dirá de qué material debe estar hecho éste, la velocidad, etc.

    Hay otro tipo de imperativo hipotético, que es el generado por el principio asertórico-práctico. Una aserción es una afirmación. Los imperativos que tienen su valor en un principio asertórico-práctico también nos dicen cómo llegar a un fin. La diferencia está en que este fin es un fin común a todos los seres racionales. Hay varias formas de alcanzar nuestro propósito, más o menos convenientes dependiendo de las circunstancias.

    Los propósitos reales son guiados por principios asertórico-prácticos. Una aserción es una afirmación. Los propósitos reales son aquellos sobre los que puede presuponerse que son deseados por todos. Esta certeza descansa sobre una base empírica.

    Es bien sabido que el propósito de todo ser humano, es decir el real, es la felicidad. Pero al dirigir todos sus accionares a alcanzarla, está nuevamente supeditándose a un fin en vez de seguir estrictamente a la razón. Hay varias formas de llegar a la felicidad; tantas como sujetos hay en el mundo. Depende de la sagacidad de cada uno. Para algunos, su imperativo será llenarse de riquezas; para otros, formar una familia; para otros, tener un título. Estos imperativos constituyen casi proyectos de vida. Son a largo plazo.

    La felicidad, a diferencia de los fines posibles, es un fin duradero, uno mucho más abarcativo que los otros. Es fundamental; se puede vivir sin encontrar la forma de sintetizar una sustancia química, pero difícilmente tenga alguien ganas de seguir viviendo si no es feliz.

    La voluntad meramente racional es la que se guía por este principio, abstrayéndose de medios y fines. El imperativo categórico se rige por el principio apodíctico-práctico. Lo apodíctico es aquello que no tiene contradicción; es aquello que es siempre verdadero. Por lo tanto, obliga moralmente. Es objetivo y guía a una acción que halla su fin en sí misma. Es uno solo. “Obra solo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal” . De este imperativo no pueden derivarse ejemplos, pero sí pueden derivarse ejemplos de cómo se realiza la elevación de la máxima a ley universal. Por ejemplo, tomemos a Robin Hood, el héroe que le robaba a los ricos para darle a los pobres. El fin de este hombre era equiparar los niveles de riqueza para lograr una sociedad más justa. Si analizamos esto sin demasiada profundidad, vemos que no hay nada de inmoral en el intento de hacer justicia y ayudar a los pobres. Hasta se podría pensar que Robin Hood es realmente un héroe. Pero veamos esto más detenidamente. La máxima sería “robar a los ricos para darle a los pobres”. Si robar se volviera algo corriente, ya no se podría robar más, ya que todo el mundo tendría bienes que no le pertenecen, y el robo no sería tal, puesto que se perdería la noción de propiedad privada, anulando así toda posibilidad de perpetrarla.

    De todo lo expuesto se infiere que hay dos clases de cosas buenas: lo intrínsecamente bueno y lo bueno para lograr otra cosa. El primer bien es dictaminado por el imperativo categórico y el segundo por los hipotéticos. El bien intrínsecamente bueno es objetivo y representado por la razón. Aquello que es bueno para lograr otras cosas constituye el bien patológico; éste tiene que ver con las inclinaciones, sentimientos y pasiones. Por ende, es subjetivo.

    3) El imperativo práctico es el siguiente: “obra de tal modo que uses la humanidad, tanto como en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio”

    Como hemos visto al principio, la voluntad toma los principios racionales para adaptarlos al plano empírico, tarea propia de las voluntades puesto que son el nexo entre lo racional y lo empírico. La voluntad para ser autónoma debe generar sus propias leyes, derivadas de la razón. Estas leyes constituyen la ley práctica, de la que se deriva el imperativo práctico. La producción de la razón es abstracta (deber). La de la voluntad es material (acción). La acción tiene un fin. Y pensando en términos de fines, la voluntad debe preguntarse cuál es el fin último válido para todos los casos, surgido de un principio objetivo y aplicable subjetivamente a todos los seres racionales.

    El imperativo práctico surge de la división entre la naturaleza racional y la irracional. La primera existe como fin en si misma, mientras que la segunda es simplemente un medio.

    Nuestra naturaleza racional puede ser vista como un obstáculo para la felicidad; si uno no se diera cuenta de muchas cosas, quizá tendría menos preocupaciones y estaría más abierto a los placeres. Sin embargo, para Kant, en esa racionalidad reside la función del ser humano, el verdadero valor de la existencia. El sentido de la vida no descansa en la satisfacción de las inclinaciones, sino en el ejercicio permanente de la

    racionalidad. Este ejercicio permanente de la racionalidad nos convierte en legisladores que formulan sus propias leyes, son controlados por sus pares y a su vez controlan a éstos.

    El imperativo práctico es una derivación del categórico. Se corresponde totalmente con éste; siempre que uno trate a las personas como fines en sí mismos y no como medios, podrá universalizar la máxima sin que ésta se anule. Si nosotros tratamos al resto como medios, y universalizamos esta máxima, correríamos el riesgo de ser tratados como fines nosotros mismos, por lo tanto nuestra máxima sería contradictoria.

    2) Como ya hemos mencionado, el imperativo categórico es único y es ley universal, ya que se desprende del principio objetivo de la razón: el principio de la moralidad. Los deberes son múltiples, pero se desprenden todos de un mismo imperativo categórico. Puesto que el imperativo práctico es un derivado del categórico, de los dos imperativos se derivan análogos deberes. A continuación redactaremos ejemplos de deberes derivados de estos dos imperativos:

    • Un hombre está profundamente deprimido; su mujer lo engaña con otro hombre. El hombre sufre tanto que considera la posibilidad de matarse. Pero se dice a sí mismo “es menester conservar la vida propia. Por eso es que debo terminar con cualquier cosa que genere un impulso suicida”. El hombre decide matar a su mujer.

    Imperativo categórico

    El hombre está cumpliendo con el deber de conservar la vida, sí; pero está cometiendo una inmoralidad. Esta sería su máxima: “mato a toda persona que genere en mí impulsos suicidas”.

    Pero debemos preguntarnos qué pasaría si todas las personas mataran a todos aquellos que les generasen impulsos suicidas. Podría suceder que la persona que mata al generador de sus impulsos suicidas genere a su vez estos impulsos en otras personas; de esta forma, la máxima se le vendría en contra, puesto que sería víctima de sus propios postulados.

    Imperativo práctico

    El hombre no está tratando a su mujer como un fin en sí misma, sino como a un simple medio para evitar los impulsos suicidas. El terminar con la vida de otro para lograr algún propósito es el mayor ultraje a la finalidad de los seres racionales. Si su existencia es un fin en sí misma, al acabar con ella ya no habría fin.

    Deber

    El deber inferido de este hecho es el de respetar la vida ajena: no matar.

    • Un alumno soborna a la profesora para que ésta lo apruebe en un exámen.

    Imperativo categórico

    Su máxima sería “todos deben sobornar a la profesora para aprobar un examen”. Si todos sobornaran a la profesora, y ésta aprobara a todos, los exámenes ya no servirían de nada, puesto que las notas dejarían de ser un reflejo de los conocimientos del alumno

    Imperativo práctico

    El alumno estaría utilizando a la profesora como un medio. Al sobornarla, ésta se convierte en el medio para llegar al fin de aprobar.

    Deber

    No sobornar

    4) Cuando uno intenta lograr un fin, debe valerse de determinados medios para alcanzarlo. Estos medios tienen una utilidad en función del servicio que prestan para el cumplimiento del fin. La naturaleza racional sugiere una finalidad en sí misma. Sólo es susceptible de ser medio todo aquello que no sea racional.

    El hombre es fin porque tiene dignidad. Esta se funda en la autonomía. La voluntad autónoma es una voluntad libre. Por ende, la voluntad libre es una voluntad digna. Todos los seres humanos pertenecemos a un mismo reino puesto que todos compartimos la característica de ser racionales. Esta característica nos permite formular leyes comunes a todos los pertenecientes al mismo reino, constituyendo estas leyes un enlace sistemático.

    La idea de reino de fines surge de la unión del principio categórico y el práctico. Estos dos principios, al ser universales y necesarios, deben estar aplicados a algo cuya existencia tenga un valor en sí misma. Ese algo es la nauraleza racional.

    El aspecto formal de la razón (deber) constituye las formas. Las formas contienen la materia, que son los fines. El fin es a posteriori, y es determinado por el imperativo práctico. El imperativo práctico influye directamente en los fines, es decir, en los accionares. El imperativo categórico influye sobre la voluntad; es la forma pura de la moralidad.

    Supongamos que tenemos una cubetera. La cubetera conformaría el aspecto puro de la moralidad (imperativo categórico). El agua sería materia, es decir, los fines (accionares) contenidos en los cubículos (imperativo práctico). La cubetera llena sería el reino de fines; éste es la determinación última de la fusión de los dos imperativos morales.

    Cuando uno eleva sus máximas a ley universal y éstas no se contradicen, eso es señal de que no está utilizando al resto de la humanidad como un medio para lograr un fin. En ese caso, si todos somos tratados como fines, estaremos en un rein de fines. La ley moral contiene tanto al imperativo categórico, como al

    práctico y a la idea del reino de fines, puesto que las tres cosas derivan de la razón, y por ende son a priori y obligan.

    El reino de fines es como una unión última de las leyes de la moralidad; en el reino de los seres racionales todos somos legisladores, y ninguno jefe. El legislador es el que hace su propia ley, como ya mencionamos anteriormente. Al ser su ley universal por estar supeditada a la razón, debe ser análoga a la formulada por el resto de los seres racionales. Estos estarán a su vez subordinados al legislador, y éste al resto. En este rein, el único jefe es aquel que no está subordinado a nadie. Esta figura es Dios. Uno es susceptible de ser juzgado únicamente cuando hace algo incorrecto. Al coincidir el querer de Dios siempre con el deber, jamás estará subordinado a nadie, ya que nadie tiene la autoridad moral como para juzgarlo.

    Bibliografía

    • KANT, Immanuel - Fundamentación de la metafísica de las costumbres - 10ma. Edición - Editorial Porrúa, México, 1998.

    Trabajo Práctico

    de

    Filosofía

    Tema: análisis de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de I. Kant

    5°año

    -1999-

    Preguntas

  • La habilidad es una facultad?

  • La sagacidad es una facultad?

  • Preguntar lo del imperativo, eso del principio subjetivo del querer

  • Preguntar sobre el último párrafo de la 3

  • Los resortes son impulsos generados por las inclinaciones, que nos llevan a actuar por motivos distintos del deber.

    Este imperativo es de tipo analítico. Analiza las particularidades contingentes de algo. Por ejemplo, si decimos “la mesa es marrón”, estaremos ante un juicio analítico. El hecho de que sea marrón no determina que sea una mesa. Del mismo modo los imperativos analíticos predican el medio para alcanzar el fin, lo que no implica que esos medios constituyan el fin mismo.

    La habilidad es la capacidad de utilizar y generar medios en pos de un fin.

    La sagacidad es la habilidad de utilizar los conocimientos para lograr un fin duradero.

    El imperativo categórico es sintético puesto que es en sí mismo parte del todo, es decir, el fin. Un juicio sintético sería “el triángulo es una figura de tres ángulos internos”. Lo que se predica del triángulo es parte de su escencia. Asimismo, el imperativo categórico sintético expresa el deber de realizar determinada acción, constituyendo ésta un fin en sí misma.

    KANT, Manuel - Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres - Porrúa, México, 1998 - pág. 40

    KANT, Manuel - Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres - Porrúa, México, 1998 - pág. 44 y 45