Epicuro

Filosofía griega. Filósofos atenienses. Epicureísmo. Materialismo. Hedonismo. Estoicismo. Teoría del conocimiento

  • Enviado por: Dafne
  • Idioma: castellano
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Epicuro (341 a.C. - 270 a.C.)

Epicuro no es un filósofo ateniense pero funda en Atenas El Jardín, su escuela filosófica.

En Atenas ya había desaparecido la democracia y había dejado de ser una polis (ciudad-estado independiente) para convertirse en un municipio del inmenso imperio romano de Alejandro Magno y sus sucesores.

Epicuro fundó su escuela filosófica a las afueras de Atenas para apartarse de la vida pública y política, ya que, a diferencia de Platón, recomendaba al filósofo mantenerse alejado de la política porque ésta es un ámbito en que las pasiones humanas se exacerbaban (multiplicaban) y dedicado a la políticaun sabio perdería la mas preciado que tiene: la serenidad (paz interior).

La filosofía de Epicuro tiene como señas de identidad el materialismo y el hedonismo.

  • Materialismo

  • Epicuro es un filósofo materialista porque afirma que todo lo que existe es de naturaleza corpórea dado que lo espiritual (inmaterial) no existe. En esto se opone a Platón, quién había defendido que al menos existe un ser incorpóreo e inmaterial llamado alma.

    Según Epicuro todo el material, incluida el alma, ya que ésta es un cuerpo y como tal, está formado por átomos. Por lo tanto: todo lo que existe está formado por átomos, incluida el alma.

    ¿Qué son los átomos?

    Los átomos son los elementos últimos de los que están constituidas las cosas. Son partículas muy sutiles (diminutas) que no son percibidas, ya que se escapan a la visión. Se diferencian entre sí por su tamaño (no todos lo átomos son del mismo tamaño), por su forma y por su peso. En resumen, los átomos se diferencian cuantitativamente (forma tamaño y peso) pero no cualitativamente (todos están hechos de la misma sustancia.)

    El alma está formada por los más diminutos de todos los átomos y al morir el cuerpo, ésta muere con él porque sus átomos se disuelven. En resumen podemos decir que el alma es mortal para Epicuro porque es cuerpo y como todo cuerpo, es mortal. Por lo tanto no existe un alma más allá, ni hay un premio o castigo de ultratumba ya que ésta no sobrevive al cuerpo.

    Epicuro es antiplatónico porque se opone a Platón, puesto éste defendía la inmortalidad e inmaterialidad del alma y el juicio, premio o castigo en el más allá.

  • Hedonismo

  • Hedonismo es un término que procede de la palabra griega “hedone” (placer).

    Para Epicuro el fin supremo de la existencia humana es el placer, afirmación ha sido censurada por el cristianismo, que lo ha considerado un pensador maldito cuyas obras no deben ser leídas puesto que son peligrosas.

    Epicuro no es un vulgar hedonista. En sus dos obras que se han conservado: Carta a Meneceo y Máximas capitales desarrolla una reflexión sobre el placer compleja, ya que distingue entre dos tipos de placeres:

  • “Hedone”cinético o cinemática:

  • Consiste en el placer sensible, es decir, en la sensación agradable. Es el placer positivo (placer de la carne) al que Epicuro consideraba un placer en movimiento (cinético). Es el concepto habitual que se tiene del placer, sin embargo Epicuro sostiene que hay una segunda clase de placer.

  • “Hedone” catastemática:

  • Se define como la ausencia de dolor. Es el placer estático y negativo. Equivale a la experimentación de alivio cuando desaparece el dolor de nuestra vida.

    Epicuro divide este placer en dos tipos:

  • Aponia: Ausencia de dolor n el cuerpo.

  • Ataraxia: Ausencia de dolor en el alma. Es el placer supremo para Epicuro y se caracteriza por un estado de profunda paz interior, sosiego, equilibrio y tranquilidad.

  • ¿Cómo se alcanza la ataraxia?

    Para Epicuro hay dos caminos para alcanzar la ataraxia: la práctica de la autarquía y la práctica de la virtud.

    • La práctica de la Autarquía: significa autosuficiencia, es decir, reducir al máximo nuestra dependencia del exterior y no depositar en nada exterior a mí, ya sea un bien o una persona, la fuente de MI felicidad. Por lo tanto la autarquía consiste en un vivir sobriamente privándonos de todos los deseos artificiales que la sociedad inculca en nosotros (entre los deseos Epicuro distingue entre los que son naturales de los que son artificiales). Para este filósofo la sociedad es una fábrica de superfluas opiniones que crean necesidades artificiales al ser humano y lo que hemos de hacer nosotros es rechazar toda necesidad innecesaria aún cuando la sociedad nos haga creer que se trata de un deseo natural.

    • La práctica de la virtud: Epicuro da una enorme importancia a un virtud en particular que es la prudencia, ya que nos enseña a calcular qué placeres han de ser satisfechos o rechazados porque no todo placer es bueno dado que hay algunos que, al satisfacerlos, comportan a medio o largo plazo el dolor, la tragedia o el drama.

    La prudencia, anticipándonos a las consecuencias de ciertos placeres, nos ayuda a rechazar aquellos que nos traen sufrimiento. Por lo tanto podemos decir que no es la sensación el criterio o norma de elección o rechazo de los placeres sino que es la prudencia.

    La frónesis nos enseña, en segundo lugar, que vivir virtuosamente (practicar las virtudes) es útil, ya que de esta forma alejamos el dolor de nuestra vida.

    Finalmente Epicuro admite que los dioses sí existen pero sostiene que éstos no intervienen, ni en el curso de la naturaleza, ni en el de la historia: “Los dioses son indiferentes a los asuntos humanos” (Epicuro, Carta a Meneceo) Por lo tanto el hombre no debe temer a los dioses puesto que éstos no enviarán ninguna tragedia, ni nos juzgarán en un más allá porque el alma muere con el cuerpo y no existe juicio alguno en un más allá. En definitiva, para Epicuro, los dioses no son providentes (providencia: capacidad de Dios de modificar, según su voluntad, el curso de los acontecimientos omnipotencia)

    Su pensamiento nos ha llegado a través de un discípulo suyo llamado Lucrecio, quien vivió entre el 96 a.C. y el 55 a.C. y escribió una obra fundamental titulada: De Rerum Natura (acerca de la naturaleza de las cosas) que es el mejor resumen del epicureismo que se ha conservado desde la antigüedad.

    Estoicismo

    El estoicismo fue fundado por Zenón de Citio (335 a.C. - 264 a.C.). Es una corriente filosófica del periodo helenístico que aparece simultáneamente con el epicureismo, aunque haya diferencias notables entre ambos.

    Al estoicismo pertenecen los siguientes autores:

    Griegos

    Panecio

    Posidonio

    Epícteto

    Crísipo

    Romanos

    Séneca (3 a.C. - 65 d.C.)

    Marco Aurelio (121 d.C. - 180 d.C.)

    El estoicismo es una corriente filosófica muy importante, ya que ha influido poderosamente sobre el cristianismo y los filósofos del s. XVI i XVII y se alarga hasta el existencialismo francés del s. XX. Por lo tanto podemos decir que ha sido una constante en el pensamiento occidental.

    Esta corriente defiende que el bien supremo es la virtud: Séneca afirma: “El sumo bien es un alma que desprecia los placeres y se complace con la virtud. El hombre feliz es aquel que actúa virtuosamente, no se deja elevar ni hundir por la fortuna; para él el verdadero placer es el desprecio de los placeres” (Séneca, Sobre la Felicidad, IV)

    Una característica del estoicismo será el desprecio de los placeres y la exaltación de la virtud. A este respecto añade Séneca: “la virtud es algo elevado, excelso y regio invencible e infatigable; el placer es algo servil, bajo, ruin y mezquino, cuyo asiento y domicilio son los lupanares y las tabernas” (Op. Cit. VII)

    Para el estoicismo hay nada que supere a la virtud y obrar virtuosamente es cumplir con el deber. La exigencia de cumplir siempre con el deber moral viene impuesta por la razón y es una imposición tan radical que el estoicismo justifica y legitima el suicidio cuando se nos fuerza a actuar de un modo contrario a la virtud, ya que más vale morir con honor que vivir sin él y una vida que transcurre en medio de la indignidad y la injusticia no merece ser vivida. Por lo tanto, para el estoicismo, entre la virtud y el vicio no existe punto medio y cuando las circunstancias nos empujen a obrar inmoralmente es preferible abandonar la vida antes que ser cómplice de una injusticia (es preferible el suicidio a obrar mal). -Séneca muere por suicidio-.

    En segundo lugar, esta corriente rechazaba las emociones y las pasiones, a las que consideraba verdaderas enfermedades del alma. Los necios se dejan llevar por las emociones y el sabio, por el contrario, las rechaza y vive en un estado de ánimo en el que nada le afecta, altera o inmuta, es decir, el sabio vive una vida imperturbable. A este estado de imperturbabilidad el estoicismo lo llama apatía. Es un estado de serenidad y equilibrio en el que sólo se oye la voz de la razón y en el que el resto de las voces de las pasiones apenas se escuchan. La apatía es el ideal al que aspira el sabio (ano sentir nada) y ha de ir acompañado de la sobriedad, es decir, del rechazo al lujo innecesario y superfluo.

    En tercer lugar, el estoicismo defiende la existencia de una razón universal (Dios o destino) como ley inexorable (aquella cuyo curso no puede modificarse) que lo rige todo. Esta razón universal es el orden legal del mundo y este orden inmanente al mundo. Esto significa que Dios, para el estoicismo, no existe fuera del mundo sino que es la propia naturaleza (el cosmos) o mejor dicho, Dios es la ley que rige necesariamente todos los fenómenos que se producen.

    Dios es el DESTINO y en contra de éste (contra la ley que lo rige todo), el hombre no puede hacer nada, ya que en sus manos no está el modificar el curso de las cosas. Así que de nada sirve llorar o desesperarse, ya que con las lágrimas o la desesperación no se consigue modificar ni un ápice el curso del DESTINO. Por consiguiente, el sabio no se lamentará por lo que le manda el DESTINO, ni tampoco se dejará llevar por la emoción de la desesperación, puesto que no es inteligente desesperarse frente a algo cuyo curso no podemos cambiar. El sabio frente a esta razón universal adopta la única actitud inteligente: resignarse. De esta manera se puede decir que la ética del estoicismo es una ética de resignación.

    El cristianismo asumirá del estoicismo este concepto (resignación) tan solo que, para el cristianismo, hay que resignarse frente a la voluntad de Dios, puesto que esta corriente rechaza la existencia de un DESTINO al margen de la voluntad divinina.

    Hemos de tener en cuenta que el Dios de los estoicos no es el Dios del cristianismo, ya que el del estoicismo no es un ser personal, es decir, no es un interlocutor al que suplicarle con nuestros rezos para que cesen nuestros males, ni al que darle las gracias con nuestras plegarias. El Dios estoico no escucha la voz del hombre. Es una ley inexorable indiferente al llanto o al sufrimiento humano. Frente a éste sólo cabe resignarse, es decir, aceptar lo que esta ley depara (envía) para nuestras vidas.

    ¿Cómo defenderse frente al DESTINO?

    El estoicismo propone que para defendernos de las heridas del destino cultivemos la filosofía, que nos enseña dos cosas:

  • Que todo lo que sucede, sucede necesariamente según la ley que lo rige todo. Por tanto, debemos conocer su existencia y debemos aceptarla.

  • La segunda vía que propone el estoicismo es practicar al virtud porque el DESTINO, es cierto que puede arrebatarnos los bienes materiales que hemos ido atesorando durante nuestra vida y puede también quitarnos a nuestros seres queridos pero hay algo que el DESTINO no nos puede arrebatar y ese algo es la satisfacción espiritual de haber obrado en cumplimiento del deber moral. Esta satisfacción es nuestro gran tesoro (patrimonio).

  • Esta corriente recomienda, al igual que el epicureismo, practicar la autarquía, es decir, practicar la autosuficiencia de tal manera que prescindamos de todos los bienes externos que el destino nos puede quitar para colocar la fuente de nuestra felicidad en un bien interior que el DESTINO no pueda arrebatarnos. Este bien interior depende de nosotros y consiste en actuar virtuosamente para gozar de la satisfacción de haber obrado de un modo moral. En definitiva, el estoicismo nos invita a vivir según nuestra naturaleza racional, por tanto, vivir según niestra naturaleza, es seguir la razón y vivir según la razón es vivir virtuosamente según al virtud.