Emerita Augusta

Historia de España. Hispania romana. Obras públicas. Foro

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EMERITA

AUGUSTA:

CIUDAD

ROMANA

1.Introducción

  • Historia sucinta de la ciudad.

  • El nombre de Mérida procede de los soldados romanos licenciados —los 'eméritos'—, que conquistaron este territorio y fundaron una colonia (25-24 a. C.) que se convertiría en una de las ciudades más importantes de su Imperio: Emérita Augusta. Sus habitantes gozaron de la consideración de ciudadanos romanos y Mérida, la capital de la Lusitania, crecería con todas las construcciones arquitectónicas características de las ciudades romanas: murallas, torres, puentes sobre el Guadiana (que era navegable y hacía de la ciudad un importante centro comercial), aljibes, red de cloacas, acueductos, canalizaciones de agua recorriendo toda la colonia desde los pantanos de Proserpina y Cornalvo, termas, baños, naumaquia —gran estanque de forma ovalada—, teatro, anfiteatro, circo, arcos de triunfo —arco de Trajano—, templos —de Diana o de Marte—, obeliscos, estatuas y calzadas, que enlazaban esta floreciente colonia con Andalucía y Castilla (la que unía Sevilla con Salamanca se denominaría ruta de la Plata en la edad moderna, tras la conquista de América). Conquistada por Eurico en el 468, Emerita Augusta fue la capital del reino hispanovisigodo. En el 713 es conquistada por Muza y tras varias sublevaciones Muhammad I desmanteló la ciudad. Su decadencia se inicia con la caída del califato y deja de ser la capital de la provincia, en favor de Badajoz. En 1228 Alfonso IX la reconquista y la entrega en vasallaje al arzobispo de Compostela, quien la cederá en señorío a la Orden de Santiago. Su término tiene una superficie de 835,9 km2 y 52.518 habitantes (datos de 1995).

    1.2. Prólogo.

    El presente trabajo pretende analizar los principales elementos individuales que integraban la ciudad romana de Mérida y de qué manera, en su articulación, formaban un todo compacto capaz de dar cohesión a la ciudad, asi como en qué medida se condicionaron unos y otros entre sí. Para ello se procederá con un estudio más o menos pormenorizado, según el caso que, partiendo del elemento individual, intentará ser relacionado con los restantes elementos de modo que permita obtener una visión panorámica, total y de conjunto.

    2. Fundación y colonización de Augusta Emerita.

    Según nos dice Dión Casio en su Historia Romana, "terminada la guerra, Augusto licenció los más veteranos de sus soldados y les concedió que fundasen una ciudad en Lusitania, llamada Augusta Emerita. ". Gracias a las leyendas de las primeras monedas acuñadas por la ceca emeritense sabemos que fueron los veteranos de las legiones quinta Alaudae y décima Gemina quienes recibieron como premio a sus servicios el honor de asentarse en aquella típica fundación del Imperio Romano en los comienzos del reinado de Augusto y cuando aún se desarrollaba la dura guerra cántabra que hizo movilizar y proyectar hacia Hispania, hasta lograr su final victorioso, grandes recursos militares y económicos de todo el inmenso imperio que Roma había logrado crear.

    El nombre de Augusta es debido al emperador, mientras que el de Emerita se debe a los veterani emeriti de la guerra cántabra.

    Con la fundación de esta ciudad, claro exponente de la política imperial romana, Roma buscó enlazar la España más romanizada (la Bética) con las tierras que lo estaban menos: las del oeste y, sobre todo, las del norte peninsular. Mérida fue, en principio, el guardián de Roma y un símbolo de su grandeza en medio de tierras lejanas romanizadas gradualmente con el paso del tiempo.

    Para su ubicación se buscó un lugar estratégico. Unos pequeños cerros limitados por el arroyo Albarregas, al norte y al oeste; al oeste, el río Guadiana. El resultado final es una especie de triángulo cuyo vértice se encuentra en confluencia de ambos ríos, ofreciendo un emplazamiento relativamente fuerte por su situación natural.

    Por otra parte, la creación de esta nueva ciudad estuvo también motivada por la división reciente que de toda el área peninsular había realizado Agrippa, en nombre de Augusto, en el año 27 a.C. En su trazado urbanístico copio la planta regular de aquellos campamentos de veteranos de las legiones quinta y décima.

    3. Población y extensión.

    A falta de la información directa proporcionada por los textos, se recurre frecuentemente a otros elementos para calcular la población de una colonia; la superficie, la longitud de la muralla y el aforo de los edificios de espectáculos, permiten hacerse una idea aproximada del número de habitantes.

    La capacidad de estos edificios varía según el caso, igual que hoy en día la respuesta del público es diferente según el tipo de espectáculo (teatro: 6.000; anfiteatro: 17.000; circo: 28.000). Según los cálculos, una de cada cinco personas asistía al teatro, una de cada tres al anfiteatro, y al circo una de cada dos. Partiendo de esta base, contaríamos con un número de habitantes que oscilaría entre los 30.000 y los 55.000.

    En las primeras décadas la población debió crecer rápidamente, ya por crecimiento natural, ya por la llegada de nuevos veteranos y sus familias. Asimismo es de suponer que durante los siglos siguientes aumentarse gradualmente dicha población. El origen de este primer el grupo de veteranos debió de ser Italia, dado que en la época de Augusto Italia abastecía aún a la mayoría de las Legiones. Posteriormente la ciudad ejerció gran atractivo sobre otras regiones del Imperio; así llegaron gentes de Lusitania, de la Bética, de la Tarraconense, de Mauritania, de Numidia, de África proconsular, de Siria etcétera. La condición social de estos emigrantes era muy variada: soldados y legionarios, responsables del poder y de la administración, artistas, escultores, médicos, artesanos etcétera.

    En cuanto a la extensión hay escasa información. El trazado de la muralla debió de seguir la línea de alturas máximas entre los dos ríos. Pudo partir del Guadiana apoyándose en las alturas del cerro de San Martín, seguir luego por detrás del teatro y anfiteatro, continuar hasta la puerta de la Villa y, de aquí, volver al Guadiana por las alturas que van en dirección noroeste hasta el cerro de Calvario. No obstante, hoy por hoy, es imposible precisar con exactitud la extensión del recinto amurallado, pudo haber incluso varios, y así existen diversas valoraciones; desde las 19 hectáreas de extensión para J. R. Mélida y las 70 de Martín Almagro Basch ( M. Almagro Basch. "La topografía de Augusta Emérita" p.p.201 en Symposion de ciudades augústeas -1976-). Además, el de Mérida, como otros núcleos urbanos, debió de crecer desde su fundación de tipo romano castramental, a lo largo de todo el Imperio hasta convertirse en una ciudad abierta y más extensa. Se supone que hacia el Albarregas y hacía más allá del Guadiana surgieron barrios a extramuros del recinto inicial de la ciudad, bordeando las calzadas de mayor tráfico, aunque los hallazgos no confirman esta suposición y sólo se ha encontrado alguna casa aislada.

    Teniendo en cuenta el importante papel propagandístico que, como capital de la Lusitania, habría desempeñar en una zona de incipiente armonización, Mérida fue proyectada "a lo grande". Cronológicamente debió seguir este proceso de equipamiento:

    1. Puente sobre el Guadiana. Vía hacia Híspalis. 25-23 a. C.

    2. Alcantarillado e insulae con las que está relacionado.

    3. Dique del río.

    4. Puente sobre el Albarregas. Vía hacia Salamantica y Asturica.

    5. Muralla de la ciudad y sus puertas. 23 a. C.

    6. Acueducto de Cornalvo.

    7. Teatro de Agrippa. 16 a. C.

    8. Acueducto de Los Milagros.

    9. Acueducto de San Lázaro.

    10. Anfiteatro. 8 a. C.

    11. Circo.

    A continuación se procederá con el análisis y estudio de las principales obras arquitectónicas y monumentos.

    4. Los puentes.

    4.1. Sobre el Guadiana.

    Mérida era el único espacio en muchos kilómetros por donde se podía vadear el río con poca dificultad, por ello ya desde antiguo fue lugar de frecuente tránsito. Se trata de la clásica ciudad-puente, al igual que Roma con su Isola Tiberina y Lutetia en París.

    Estructura.

    El puente sobre el Guadiana fue construido de una sola vez. Su longitud actual es de 780 metros. Se construye con una topografía favorable en el lugar donde existe una isla. Es el más largo y monumental del mundo romano, si exceptuamos el del Danubio.

    Estaba estructurado en dos tramos de arcuationes unidos por un macizo protegido por un enorme tajamar (figura número 2). El primer tramo comprendía el espacio existente entre las murallas de la ciudad y el actual primer descendedero, y constituye la parte mejor conservada del monumento dado que está situada en el plazo menor del río, con lo que está menos expuesto al empuje hídrico. Diez arcos se tendieron para salvar este espacio sobre nueve pilas de cimentación provistas de tajamares redondeados, ocho de las cuales se conservan en buen estado, mientras que en la novena, sobre la que se voltean los arcos noveno y décimo, hubo de rehacerse casi totalmente. Las pilas están perforadas por aliviaderos (figura número 4).

    El segundo tramo (figura número 3) discurre entre la pila-estribo y el final del puente con un total de cincuenta arcos. Las características de pilas y arcos hasta el segundo descendedero son iguales para ambos tramos pero a partir del descendedero de las pilas, el segundo tramo no posee aliviaderos ni tajamares, lo que se explica si se tiene en cuenta que sólo en el curso de las grandes avenidas de agua el río alcanza esa zona.

    Materiales de construcción.

    El núcleo de la fábrica es de opus caementicium. En su ejecución se utilizó el material que ofrecía el cauce del río: gravilla y arenas de buena calidad. Su paramento es granítico, procedente de las canteras localizadas en los alrededores de la cercana población de Esparragalejo; se caracteriza por sus elementos compositivos gruesos, lo que le confiere un aspecto un tanto tosco y motiva su fácil descomposición.

    Los sillares de los tímpanos forman hiladas casi isodómicas como suele ser la norma en los puentes de la época. Los sillares conservan marcas para los ferri forcipes lográndose su unión mediante la presión de una piedra sobre otra sin ayuda de garras o lañas metálicas. Las hiladas de los tímpanos enlazan bien con las dovelas del arco y con la de los arquillos de aligeramiento (figura número 5).

    El almohadillado de los sillares es pronunciado y se encuentra en tímpanos, pilas y arcos. Junto a los vanos de los aliviaderos, consigue romper la monotonía de los tímpanos creando un juego de claroscuros bien conseguido. El tipo de almohadillado se consigue dejando el abultamiento limitado a la zona central de los sillares con el rebaje de los extremos excepto en el interior de los arcos del final del segundo tramo, concretamente en el quincuagésimo tercero y en el quincuagésimo octavo, cuya forma de penca de alcachofa los hace diferentes.

    Las pilas.

    Las de época romana son rectangulares con tajamares redondos aguas arriba pero sin espolones aguas abajo. Desde ellos arrancan los arcos. El considerable número de pilas es necesario teniendo en cuenta el número de arcos que sustentaban y lo precario de las cimentaciones. La presencia de arquillos de aligeramiento resuelve con cierta facilidad el problema de la perturbación de la pila frente al empuje hídrico (figura número 6).

    En el centro de las pilas del primer y segundo tramo se practicaron unos arquillos de medio punto como aliviaderos ante las grandes crecidas del río. En su estructura se componen de cuatro hiladas de sillares a cada lado como pies derechos, que arrancan de la cima de las pilas. Estos aliviaderos, aúnan su función práctica con la puramente ornamental, al romper la monotonía de las superficies de los macizos de las pilas y ofrecer un contrapunto perfecto a los arcos, completando con su incisión vertical el efecto siempre horizontal de la construcción. Las pilas del final del segundo tramo se caracterizan por ausencia de aliviaderos y tajamares.

    Arcos.

    Su número actual es de 60 pero las valoraciones sobre su cantidad en época antigua son diversas, oscilando entre los 54 y los 70 arcos.

    Los del primer tramo, algunos del segundo y la casi totalidad de los que tercero, son los mejor conservados. De dovelas muy uniformes tienen una clave bien marcada. La bóveda interior de los arcos se estructura en hiladas isodómicas, a excepción de la correspondiente a la clave, algo superior; mucho sillares conservan el almohadillado. Debido a las numerosas restauraciones sufridas por el puente, es difícil precisar la luz (de los vanos) de las arcadas.

    Los arcos se construyeron a plena cimbra y se aprecia el empleo de grapas metálicas para asegurar la fijación de las hiladas inferiores.

    El tipo de arcos del puente cuadra perfectamente con el tipo augústeo pidió del que tantos ejemplares se conservan en Italia. Una característica definitoria es la disposición de los sillares de las hiladas de la bóveda unidas a presión unos sobre otros.

    Tímpanos.

    Los tímpanos del primer tramo se hallan bien conservados hasta la pila número 6, así también sucede con dos del final del segundo. Son un buen exponente del buen hacer de la arquitectura augústea de puentes, con sus hiladas no exactamente isodómicas y en perfecta correspondencia con las dovelas del arco y arquillos de aligeramiento, y con una falta de regularidad en alternancia de los sillares dispuestos a soga tizón que es característica del período y ese almohadillado que adornan la superficie, evitando la campesina monotonía que siempre conlleva un muro perfectamente liso.

    Cornisa.

    La cornisa que remataba los tímpanos se encuentra prácticamente desaparecida en todo el puente, a excepción de breves zonas del primer y segundo tramo. Se trata de una hiladas saliente con molduras en cyma recta, muy empleada en los primeros momentos emeritenses y conocida en numerosos puentes y construcciones de la época.

    Tajamar.

    Protegía el macizo que unía los dos tramos de arcuationes donde se estructuraba la fábrica.

    Su función ha sido tema para la polémica ya desde antiguo; hubo quienes hablaron de un puerto fluvial y de un gran mercado., si bien hoy parece que su carácter comercial es meramente secundario.

    Su estado actual es de destrucción casi total. Sus ruinas se confunden entre la grava del río. Ello se debe en parte a la gran crecida de comienzos del siglo XVII, a lo que hay que sumar la destrucción sistemática de los restos en el curso de los trabajos previos a la restauración del siglo pasado (figura número 9).

    Si bien este tipo de estructuras no es muy frecuente en el mundo romano, los ejemplos no faltan. (en Peñaflor, Flora del Río, Posadas e Isola Tiberina).

    4.2 Sobre el Albarregas.

    Aquí comenzaba la "Calzada de la Plata", i. e., el iter ab Emerita Asturicam. La orientación del puente determinó en buena parte el trazado del cardo maximus de la ciudad.

    Se trata de un ejemplar que, por sus relaciones con el puente del Guadiana y otros bien conocidos, es típicamente augústeo. En la actualidad su longitud es de 144,35 metros, y su anchura es de 7,90 metros.

    Su estructura, dado que su cauce es menor, es diferente a la del Guadiana. Similares son sus arcos, pero sus pilares, poco señalados están concebidos de manera sencilla, con ausencia total de tajamares y aliviaderos. La imposta de arranque de los arcos no tiene esa hilada superior, que sí posee el puente del Guadiana. También hay parapetos, que en el gran puente no se observan. Por lo demás, ambos puentes coinciden por sus sillares provistos de almohadillado común, boquillas bien pronunciadas, tímpanos muy parecidos con hiladas que se corresponden con las dovelas del arco, etcétera.

    Construidos los puentes, fue preciso consolidar la orilla derecha del Guadiana contra la fuerza erosiva del agua en periodos de crecida. Así se construyó un muro de contención con hormigón y sillares de granito de unos trescientos sesenta y cinco metros. Su ejecución es posterior a la del puente, ya que el dique descansa sobre los basamentos del primer arco.

    Como ya se ha dicho los puentes condicionarán el trazado urbano. Se prolongó la línea del puente sobre el Guadiana para dibujar el decumanus maximus, que finalizaba en la Puerta de la Villa. Asimismo, la línea del puente sobre el Albarregas fue tenida en cuenta para el trazado del cardo maximus, cuyo final topaba con la casa del Mithraeo.

    Realizado el trazado urbano se construyó la red de cloacas y se pavimentaron las calles.

    5. Las cloacas.

    La red de cloacas permite establecer parte del trazado de las vías emeritenses. En su mayoría iban a desembocar al Guadiana. Eran catorce alcantarillas orientadas perpendicularmente al río y nueve paralelas a la corriente del agua. A juzgar por su homogeneidad parece que fueron construidas al mismo tiempo. Sus cuadrículas casi regulares son paralelográmicas, dándonos una división en manzanas cuyas medidas son 100 o 110 metros por 60 o 50 metros. Algunas de estas ínsulas son más cortas y más cuadradas, llegando a medir sólo 80 metros por 70 o 75. Sus dimensiones generales son de 0,86 metros de anchura por uno o dos de altura, permitiendo el paso de un nombre en posición normal. Se pavimentaron con cemento y los muros están hechos de opus incertum con bóvedas de medio cañón de ladrillo. De tramo en tramo aparecen las bocas del registro.

    6. Embalses y acueductos.

    Al no ser potable la abundante cantidad de agua que suministraba el río, fue preciso construir pantanos que, a través de acueductos, surtiesen a la ciudad. El entramado hídrico de abastecimiento urbano constituye el más complejo sistema de obras hidráulicas que Roma creó en sus provincias. Tres son los acueductos:

    -El acueducto denominado de Cornalvo. Comenzaba en el embalse de su nombre. Provisto de un enorme dique de tierra paramentado con pequeños sillares y de una torre de compuertas unida al dique por medio de un arco de medio punto. Tras 18 kilómetros de recorrido el agua llegaba a la ciudad a un depósito terminal situado bajo la actual plaza de toros.

    -El acueducto llamado de San Lázaro. Abastecido de agua no por un embalse, sino por unas canalizaciones situadas a 5 kilómetros al norte de la ciudad. El valle del Albarregas fue sorteado merced a la construcción de unas elevadas arquerías, hoy reducidas a unas pilas y un arco. En el área de la casa del anfiteatro existía un depósito desde el cual el conducto se encaminaba al área central de la ciudad, hacia el foro municipal.

    -El acueducto de los Milagros. Su embalse(Proserpina) se encuentra a unos 5 kilómetros de Mérida. Es la obra de ingeniería mayor en su género en toda España. El dique, conformado por un fuerte núcleo de hormigón y paramento exterior de sillares de granito, es rectilíneo, a excepción de dos zonas donde forma ángulo, obtuso para contener mejor el empuje hídrico; además se ve reforzado por varios contrafuertes de sección rectangular y un muro de tierra en un talud de 60 metros de espesor en la parte opuesta a las aguas. Sus dimensiones son 430 metros de longitud en la coronación y 10 metros de altura desde la cimentación.

    El agua salía por una estrecha galería de un metro de anchura y dos de altura, a partir de la cual comienza el conducto que llevó el agua a la ciudad. Esta canalización de unos 10 kilómetros de recorrido total se conserva en gran parte.

    El núcleo de la construcción, es de hormigón. Hay que hacer notar también que el material empleado en la primera parte de la conducción es piedra de granito y otra de tipo tobáceo. En la segunda parte, más próxima al Guadiana, se emplea con profusión el canto rodado.

    Se conserva en muy buen estado. En su estructura es similar al de Cornalvo. Desemboca en una importante "torre de agua" descubierta recientemente en el alto de la colina del Calvario. Este centro, al ser uno de los sitios más altos de la ciudad, (alcanzaba los doscientos veintisiete metros de altura) permitía hacer llegar el agua a toda la zona urbana occidental. Para ello debía salvar grandes vaguadas. Esta arquería elevada muestra la pericia de los ingenieros romanos en este tipo de obras.

    En cuanto a su cronología no hay nada seguro, si bien el hallazgo de la lápida de Proserpina, descubierta en las inmediaciones del embalse, corresponde, por sus características para geográficas, al siglo II después de Cristo, con lo que tendríamos un término ante quam para la fecha de construcción del embalse.

    7. Calzadas.

    La ciudad se convirtió desde el primer momento en un importante nudo de comunicaciones para la zona occidental de la península. Sus calzadas seguían el itinerario de antiguos caminos naturales y siguieron siendo utilizadas por pueblos posteriores.

    Su datación resulta tarea difícil si exceptuamos las referencias ofrecidas por los miliarios.

    A continuación analizaremos sus principales vías.

    -Iter ab Emerita Asturicam. Conocido popularmente como "Camino de la plata". Es la gran vía del occidente peninsular que ponía en comunicación las tierras del Sur, de la Bética, desde donde se accedía hasta Mérida por tres calzadas, con las del noroeste, tan consideradas por el erario público romano. Teniendo en cuenta el hecho de la conclusión, al menos eso parecía, de la campaña contra los cántabros y astures en el año 25 a. C., se podría pensar en esta fecha para su creación.

    -Alio itinere ab Emerita Caesaraugustam. Es la ruta oriental hacia la Meseta. Constituía la prolongación del decumanus maximus de la colonia y salía de ella por la denominada "Puerta de la Villa". Pasaba bajo uno de los arcos del acueducto de "San Lázaro", en dirección pareja a la carretera nacional V . Se caracteriza por una ausencia total, al menos en relieve, de obras de fábrica, aunque puede constatarse la existencia de numerosas villae.

    -Per Lusitaniam ab Emerita Caesaraugustam. Coincide en su origen con el citado anteriormente. Su nombre origina equívocos. Por un lado, el término per Lusitaniam, no concuerda con la mayoría del territorio por el que discurre; por otro, el cruce de caminos con el que comunica era el de Laminium, por lo que no puede ser considerado como un camino directo a Caesaraugusta.

    -Iter ab Corduba Emeritam. Ambas capitales quedaban comunicadas por esta vía, que ofrece como casi todas las comentadas bastantes problemas, tanto en lo referente a la identificación de tramos de calzada cuanto a las distancias relativas al itinerario. Su salida de la ciudad era común a la de los dos anteriores, pero, una vez rebasado el circo romano seguía por el camino del embalse de "Cornalvo" para, una vez cruzada "la Cañada", dirigirse a San Pedro de Mérida.

    -Iter ab Hispali Emeritam. Comunicaba ambas ciudades, si bien era más utilizada para llegar a Carmo y Astigi que a la propia Hispalis, ya que a los hispalenses les resultaba más cómodo marchar por otros caminos.

    -Iter ab ostio fluminis Anae Emeritam usque. Salía de Mérida por el puente sobre el Guadiana, a través de la gran necrópolis del "Cerro del Lorito", correspondiendo al decumanus maximus. Continuaba por la actual carretera de Sevilla, a su izquierda, pasando por la basílica de San Fausto. Su trazado no es bien conocido aunque sí su anchura que en algunos lugares alcanzarlos nueve metros.

    -Iter ab Olisipone Emeritam. Su trazado comunica la ciudad con Ebora. Sobre su punto de partida se barajan dos posibilidades: el puente del Albarregas y el puente del Guadiana, aunque no hay nada claro.

    -Alio itinere ab Olisipone Emeritam. Salía de la ciudad por el puente de Albarregas, para seguir por toda la orilla derecha del Guadiana. Dejaba a su derecha, una vez pasado este puente, el "Camino de la plata".

    -Item alio itinere ab Olisipone Emeritam. Más que un camino en sí, es un lazo de unión entre la ciudad y Scallabis. Dando por sentado que sale de la ciudad por el puente de Albarregas y que pasa por la "Alcantarilla Romana" la cuestión que hay que dilucidar es en qué punto se bifurca de la vía anterior (seguramente entre el "Cortijo de Araya" y la estación de Aljucén).

    Emerita Augusta

    Estas son todas las vías oficiales, a ellas habría que añadir una serie de caminos de menor importancia y mucho menos conocidos cuyo análisis escapa a las actuales posibilidades.

    8. Arquitectura doméstica.

    A grandes rasgos la vivienda romana puede ser de dos tipos: la domus o vivienda familiar de carácter señorial, generalmente de una sola planta, y la insula o edificio de varias plantas destinado a viviendas populares, ocupadas casi siempre en régimen de alquiler.

    -Domus. El ciudadano adinerado encargaba casas amplias, cómodas, bien ventiladas e iluminadas, con todo tipo dependencias auxiliares: almacenes, baños, cisternas, retretes, jardines etc., calentadas en invierno mediante hipocaustos o estufas de leña.

    La vida doméstica giraba en torno al atrium, especie de patio central abierto, amplio y luminoso. Desde él se accedía prácticamente a todas las dependencias de la casa: dormitorios, comedor o triclinium, habitación de recepción o tablinum, biblioteca, cocina y peristylum o jardín (huerto rodeado de un pórtico situado en el fondo del solar.). El atrium era "la sala de estar". Por su abertura central (compluvium) entraba el aire, la luz y el agua de lluvia, que se recogía en el estanque central o impluvium para ser almacenada en cisternas subterráneas. Los suelos estaban pavimentados con mosaicos y las paredes decoradas con pinturas de temática variada (se estudiarán más adelante).

    -Insulae. Los individuos menos pudientes vivían en construcciones de varios pisos. En cada planta solía haber más de una vivienda. Augusto fijó la altura máxima de estas casas en 20 metros y Trajano la limitó a 18. Los accidentes y derrumbamientos, dada la calidad de los materiales empleados, debieron de ser algo frecuente. Las condiciones higiénico-sanitarias eran muy deficientes: en la mayoría faltaba el agua corriente, un simple retrete etc. Para paliar esta situación había distribuidos por la ciudad retretes públicos y fuentes de agua potable.

    Resulta obvio saber de cuál de los dos tipos de construcción se conservan más restos. Así, de las del segundo tipo no se conserva absolutamente nada, mientras que de las del primero se desconocen los alojamientos de los primeros colonos, las construcciones del siglo I d. C. y buena parte de las del II. La mayor parte de los restos son de fines del siglo II y III.

    Los hallazgos de mayor importancia, tanto por la amplitud de la zona excavada cuanto por haber aparecido en ellos piezas escultóricas, pictóricas etc., son: la casa junto al teatro, la casa del anfiteatro y la casa del Mitreo. Pese a no ser de época fundacional, pueden testimoniar la evolución de aquellas primeras construcciones.

    -La casa junto al teatro. Parece tratarse de una domus del Bajo Imperio (primera mitad del siglo IV). Su estructura ocupa un solar próximo al teatro y aprovecha materiales y parte de un muro que antes debió de ser una dependencia aneja al monumento.

    -La casa del anfiteatro. Se trata de una variante del tipo de vivienda anterior. Su estructura, fechada en torno al siglo II-III, no se ajusta completamente al modelo anteriormente descrito: los distintos elementos de la vivienda no se organizan simétricamente en torno al eje atrio, peristilo. Según Bali, el hecho de que haya aparecido sobre ella una necrópolis tardía y una muralla denota que su función señorial no debió de ser muy larga, y que aunque pudo seguir siendo habitada en parte, sufrió adaptaciones que dificultan la lectura del plano actual.

    -La casa del Mitreo. Se encuentra junto a la plaza de toros, en una suave ladera del cerro de San Albín. Se trata de otro caso de domus señorial. Sus dependencias se organizan simétricamente a partir de tres peristilos. Consta de amplias habitaciones con mosaicos y pinturas; además posee habitaciones subterráneas, cisternas, complejo terminal etc. No cabe duda del carácter excepcional de esta vivienda.

    9. Teatro.

    Construido por Marco Agrippa, su conclusión puede datar del año 15-16 a. C., si bien la fachada de la escena se rehizo en el siglo II d. C. y se restauró en época de Constantino. Levantado siguiendo fielmente las reglas de los tratados de Vitrubio, muestra semejanzas con los teatros de Dugga (Túnez), Orange (Francia) y Pompeya (Italia). Con un aforo aproximado de 5.000 personas, el edificio responde a un modelo típicamente romano, ya establecido anteriormente en las construcciones de Pompeya y Roma. Está compuesto esencialmente de una cávea semicircular, una orchestra también semicircular, un proscenio rectangular y una escena monumental (scaena frons) que cierra totalmente el hemiciclo. Sólo en un aspecto difiere de la mayoría de los teatros romanos, aunque no de otros ejemplos hispánicos (como Tarragona, Sagunto y Pollensa): la parte inferior de su graderío, siguiendo la tradición griega, está excavada y sustentada en la propia pendiente del terreno, sin soportes artificiales. Esta parte de la cávea se subdivide en cinco sectores radiales (cunei) delimitados por escaleras para la circulación y, a nivel horizontal, por un corredor (praecintio) que lo separa de las graderías superiores, sustentadas por un complejo sistema de arcos y bóvedas de cañón. El proscenio tiene 7,5 m de anchura, 63 de longitud y 17,5 de altura total, repartidos en sus dos niveles de orden corintio. Se aprecian fuertes retranqueos en disposición de los sillares, en concordancia con el dinamismo estructural y compositivo de la escena, articulada por una exedra cóncava central y otras dos rectangulares laterales que abren tres puertas al espacio posterior del escenario (un conjunto porticado perdido en la actualidad).

    10. El anfiteatro.

    Se localiza junto al teatro. Fue inaugurado el año 8 a. C. y, al igual que el teatro, utilizó el declive del terreno en su construcción. Tenía un aforo aproximado de 15.000 espectadores.

    Posee planta elíptica y su estructura es de hormigón, mampostería y piedra granítica. Nunca tuvo la suntuosidad del teatro. La puerta de acceso estaba situada al este del teatro, sin arco de ingreso. En el corredor de entrada pueden observarse puertas adinteladas, con escaleras que dan acceso a las localidades altas: las tribunas. La arena presenta un foso utilizado seguramente para almacenar las jaulas de fieras. En los días de espectáculo este foso se cubría con un tablado .

    De manera análoga al teatro, tenía tres hiladas de las que la tercera está en ruinas. La arena quedaba delimitada por un alto podium de sillería coronado por una cornisa. Dicho podio, de respetable altura para que las fieras no pudieran saltarlo, se hallaba revestido de placas de mármol. El poyo se interrumpe con los grandes arcos situados en los extremos del eje principal que marca el comienzo de largos corredores abovedados, por donde saldrían los participantes. A ambos lados existen unas habitaciones, bajo las gradas, destinadas al gladiadores y fieras.

    11. El circo.

    Se trata del mejor circo conservado en España. Su fecha de erección se desconoce aunque se supone de época fundacional. Tan sólo se sabe que entre los años 337 y 340 el gobernador Julio Saturnino reconstruyó el circo según reza una inscripción. Se encuentra en las afueras de la ciudad, junto al valle del río Albarregas. Su interior es de treinta mil metros cuadrados y tiene una longitud de 400 metros cuatrocientos tres metros y una anchura de 96,5 metros para una capacidad aproximada de treinta mil espectadores. La arena está limitada por dos grandes muros paralelos curvos en los extremos, donde se encontraba la entrada y los servicios o carceres. La spina es una plataforma de hormigón de 8,5 metros de anchura levantada sobre un muro de 95 centímetros de altura, que corre a lo largo de 223 metros; no está situada en el centro exacto de la arena, ya que el corredor Sur (de 47,75 metros de anchura) es algo más espacioso que el Norte (39,95 metros). Los extremos de la spina son semicirculares y su parte superior muestra las huellas de obeliscos y otros elementos ornamentales. En la cabecera del circo (lado norte), ligeramente curva, estaba la puerta triunfal por donde salían los vencedores. En las carceres se colocaban los carros antes de comenzar la carrera. Alrededor de la arena corría el podio de 1,4 metros de altura sobre el que se elevaba la cavea de por lo menos ocho gradas.

    12. El foro.

    El problema de la ubicación del foro preocupó ya desde antiguo a múltiples eruditos, que se afanaban por resolver las múltiples contradicciones provocadas por los hallazgos. Hasta la mitad de nuestro siglo no se hablaba más que de un foro, sin sospechar por un momento que, al ser la ciudad capital de la provincia, pudo contar con algún área forense más, como así se deduce de los últimos hallazgos e investigaciones llevadas a cabo.

    12.1. Foro colonial.

    Es el mejor conocido de los dos, aunque no lo suficiente como para llevar a cabo una reconstrucción total del área. Se sabe que se hallaban al sureste del templo de Diana, algo separado del de cómo no máximo, en su lado suroeste, limitado por el cardo máximo. Se trataría de un foro municipal de unos cinco mil metros cuadrados de extensión.

    Contaba con un templo, a todas luces de culto imperial, tampoco faltaban unas termas (aún visibles según Moreno de Vargas en el siglo XVII). A ello habría que unir la existencia de un pórtico hallado recientemente en la esquina de la calle Capitán barón con Gavilanes, que bien pudo flanquear el cardo máximo. Además hay que añadir la existencia de restos de un edificio público bajo la casa número 22 de la calle de Romero leal, donde apareció una estatua y varios sillares.

    Así pues, tenemos tres importantes edificios más o menos identificados: templo de culto imperial, termas y posible basílica o curia, que nunca suelen faltar en los foros de las colonias romanas.

    Termas. De gran extensión, se sitúan en la por algo llamada calle de Baños. Se ha descubierto una esquina oriental del edificio, por donde entraban las conducciones que traían el agua desde la torre de agua de San Lázaro.

    Un gran edificio. Supuestamente público, en la calle Sagasta, donde aparecieron varias importantes esculturas de togados, entre ellas la de Agrippa. Dada la condición de éste como patrono de la colonia, se cree que el edificio pudo ser la basílica de la ciudad, centro comercial y judicial en el ámbito municipal.

    Templo del culto imperial (llamado de "Diana"). Se trata de un típico templo romano exástilo y períptero. Sus paramentos son de piedra de granito que nos ofrece un podio, o basamento de planta rectangular de 3,3 metros de altura, 19,32 de anchura y 32 de longitud, su orientación aproximada es de norte a sur. Sobre él se asientan 24 columnas, seguramente estucadas en un pasado y así se ven aún restos de este enriquecimiento ornamental en varios de los techos capitales hallados al excavar los alrededores del monumento. Ofrecía seis columnas en los dos frentes y 11 en las dos fachadas laterales. Las columnas completas miden 10,32 metros de altura y 85 centímetros de diámetro en su parte inferior. Los intercolumnios miden 2,1 metros. De haberse conservado los frontones sobre los frentes menores, la altura total del edificio hubiese sido de unos catorce metros. De la cella, apenas queda otra cosa que su cimentación, hoy enmascarada por los restos de la casa.

    Dentro del espacio sagrado o períbolos, se está encontrado se han encontrado dos estanques. Un mejor conservado es el situado en la fachada occidental. (La mina 10). Construido de ladrillo contaba en su interior con un revestimiento de mortero hidráulico. En las partes altas la coronación era de sillares de granito. Las dimensiones del estanque son las siguientes: 9,40 metros de longitud, 3,75 metros de anchura y 1,82 metros de profundidad. En el frente norte son patentes las huellas de un pedestal probablemente para una estatua. En el sur estaba situado el desagüe. Tras examinar las características de sus elementos arquitectónicos (estilo, materiales etc.) se puede concluir que edificio pertenece al período que mediano, época en la que comienza en la ciudad en culto al emperador. Es de destacar la posición elevada del foro, ideal para establecer el templo de culto imperial, como una verdadera acrópolis, lo que obligó a los planificadores de la ciudad a construir unas terrazas cuyos restos se han hallado en la calle de Viñeros y en los aledaños del templo en su bajada al decumano máximo.

    Otro templo del que se conservan numerosos restos estuvo consagrado a Marte. No sabemos dónde estuvo situado ya que sólo se ha conservado de ellos una serie de elementos decorativos de gran interés, colocados en 1612 formando un pórtico frente a la capilla llamada "Hornito de Santa Eulalia". Lo que hoy podemos admirar son las piezas arquitectónicas que forman un entablamento constituido por una cornisa muy decorada y por cinco piezas de un arquitrabe, todo de orden corintio. Los temas decorativos son muy variados: escudos adornados, armas de varias clases, ruedas de carros, atributos guerreros, etcétera; es decir, motivos todos relacionados con el dios al que estaban consagrados. En el centro de todos estos motivos hay un medallón con trofeos de guerra. La composición de estos elementos es similar entre sí pero no idéntica. La parte anterior externa del friso está decorado con palmeras y cabezas de Medusa alternadas (ver figura).

    Todo esto no excluye que existieran otros edificios de relieve en las inmediaciones del foro, como queda demostrado por las ruinas de un edificio aparecido en el número 7 de la calle Romero Leal, cuyas columnas estucadas son semejantes a las del "templo de Diana". Con estos elementos este foro responde a los esquemas que podemos apreciar en los de comienzos del Imperio en las provincias occidentales.

    Importantes restos escultóricos. Como los monumentales clípeos con la cabeza de Júpiter Ammón, realizados en mármol y flanqueados por cariátides. Fueron hallados recientemente y considerados como parte del pórtico del foro que daba el cardo máximo.

    12.2 Foro provincial.

    Este foro se encuentra relacionado con la gran cantidad de restos aparecidos en el área noroeste de la ciudad, en las inmediaciones de la plaza del parador y del Cerro del Calvario. Sus principales restos son:

    Edificio público. Un edificio rectangular con antecámaras y una sala principal de 18 metros de longitud y 21 de ancho; está dividido en tres naves por dos series de columnas que terminan, la central en un ábside semicircular, y las laterales en planta aproximada de cruz latina. Es octástilo, períptero, con cuatro filas de columnas. Está cerrado al exterior por una suerte de témenos. Nuevamente, ante la escasa entidad de los restos hallados surge el problema de a escribir esta construcción a algún tipo de las ya conocidas. Basándose en sus tres naves y en otros elementos arquitectónicos se ha pensado que se trata de un capitolio, aunque no falta quien sostiene que se trata de una basílica, que si bien tiene el factor en contra de la poco propia existencia de tres naves, encuentra ciertos paralelos en otras basílicas romanas (Lopodunum, Ocriculum, Centumcellae, Velleia etc.).

    Templo de la concordia de Augusto. Hubo un templo dedicado a la concordia de Augusto, como demuestra una base cuadrangular conservada en el monumento a Santa Eulalia al que se han agregado varios restos arqueológicos de interés. Se sabe que esta basa de mármol de sección cuadrada y de lados rectangulares procede de la plaza de Santiago; así lo reza su inscripción concordiae Augusti. Otra inscripción en castellano, en su otra cara dice: "esta piedra, con las letras de la concordia de Augusto, se halló en la plaza de Santiago, acabando una ruina de romano, en el año 1646".

    Cabe suponer la existencia de un templo a Júpiter, que debió ser el más importante y majestuoso de la ciudad. No hay restos ni inscripciones que lo mencionen, pero en favor de esta suposición, además de la tradición religiosa romana que difícilmente haría esta excepción en una fundación como la de Mérida, tenemos el dato epigráfico de que en la provincia hubo una gran sacerdotisa y sólo el culto de Júpiter en la capital la provincia tenía aquella dignidad.

    Un gran edificio. Supuestamente de carácter publico, ubicado en la calle por Holguín, fue encontrado recientemente y ha sido el más espectacular hallazgo de los últimos tiempos. Fue excavado por Álvarez Martínez en 1983 en apenas una pequeña parte de su inmenso podio por estar aún cubierto mayoritariamente por las casas modernas. Está ricamente adornado con elementos de mármol, y se muestra como el edificio más grande de los conocidos, lo cual ha llevado a suponer que pudiera tratarse del capitolio de la provincia.

    Yo, por el contrario, pienso que podría tratarse del templo a Júpiter anteriormente mencionado y del que todavía no se había hallado el más mínimo resto.

    El arco de Trajano. Una vez más son muchas las hipótesis que se barajan sobre la función de dicho arco: límite de una calle principal, arco triunfal, restos de un suntuoso edificio, puerta monumental del primer recinto de la ciudad, puerta de acceso a una zona oficial con templos como el de la concordia, etcétera. De todas estas posibilidades la sustentada por el profesor Almagro y por Álvarez Martínez parece la más convincente; función de primer orden, al separar espacios o unidades de un urbanismo meditadamente estudiado. Numerosos ejemplos pueden avalar esta tesis: Thigliba, Thubursicum, Cosa, Leptis Magna, etc.

    Para concluir, habría dos áreas forenses bien definidas, una la situada en los aledaños del "Templo de Diana", donde existieron unas termas y otras construcciones de carácter público aún poco definidas como la posible basílica. Este foro tenía un pórtico, al menos en parte, decorado con figuras de Júpiter, Medusa etc. al igual que sucedía en el foro de Augusto y en otros foros del Adriático, y en la basílica de Tergeste. Por otro lado, había una zona pública, dedicada, según muestran las inscripciones de culto imperial, a las necesidades de la provincia, con un templo de culto imperial que habría que situar en las cercanías del parador nacional de turismo, una posible basílica, que sería el edificio restituido por Alejandro Laborde y otros edificios que han dado a lo largo de los siglos restos importantes, pero cuyo carácter está poco claro.

    Ambas zonas de la ciudad estaban perfectamente separadas y delimitadas, seguramente, por un elemento de especial interés urbanístico: el "arco de Trajano".

    13. Cerámica.

    La industria cerámica contó desde temprano con una fuerte demanda por lo que alcanzó gran desarrollo. Pese a no haberse encontrado todavía alfares de fabricación, es probable que la ciudad contara desde un primer momento con hornos de cocción de terra sigillata y que, aunque no llegara a imponerse del todo a la cerámica procedente de Italia, la Galia y del norte de África, haya tenido gran influencia sobre los mercados regionales. Algo similar sucedería con las cerámicas de "paredes finas". Sin llegar a saber su importancia, el hallazgo de moldes de fabricación de luceras, prueba la presencia de industrias dedicadas a su producción.

    Terra sigillata. Frente a la cerámica común, la podemos considerar como la cerámica de lujo. De color rojizo, con una capa exterior brillante y fina, recibe su nombre por el hecho de mostrar en el fondo el sigillum del fabricante, su sello, su marcha del taller. Sus variedades principales son la aretina, la sudgalica y la hispanica, de inferior calidad estas últimas.

    Cerámicas de paredes finas y terracotas. El nombre de "paredes finas" alude al reducido grosor de sus paredes. Generalmente se trata de formas pequeñas que imitan vasijas en vidrio o metal. Por su parte, las terracotas son figuritas hechas en barro cocido a las que se suele dar una capa de pintura.

    Lucernas. Básicamente no son más que candiles con mecha y aceite, cuya finalidad es la emisión de luz mediante una lenta combustión.

    14. Vidrio.

    La zona del valle del Betis presenta por una parte vidrio importado del norte de Italia y del sur de Francia principalmente, por otra una cantidad muy representativa de vidrio local, formado fundamentalmente por enseres de la vajilla doméstica: huecos, platos, vasos, etcétera; y sobre todo una gran variedad de ungüentarios. Abundan formas propias de fábricas del sur del Mediterráneo como las botellas de fondo cuadrado, cuya marca está estampada en el fondo.

    Veamos las tipologías más usuales. Tenemos agitadores en sus dos variantes fundamentales, ocho variedades de botellas desde las normales hasta otras que pudieran ser variantes formales del suroeste peninsular. Seguir grupos y de cuencos que abarcan las formas difundidas por todo el Imperio. Tres tipologías de jarras y dos de platos, y por fin seis formas diferentes de ungüentarios con varias subdivisiones cada uno; en esta última forma es donde mejor puede apreciarse la creatividad del artesano. De los objetos sobresalientes entresacamos como muestra un scyphos, un cuenco decorado y un cuenco bicónico con asa torcida.

    En cuanto a indicios de talleres hay 34 recipientes (el vidrio que quedaba en el tubo del su lado una vez que éste se separaban bruscamente de la pieza) provenientes de un lugar próximo al cerro de San Albín, además de otros elementos relacionables.

    La ubicación de estos talleres solía ser: bien en barrios comerciales dentro de la ciudad, formando parte de una casa de la que ocupaban dos o tres habitaciones de manera independiente al resto de la vivienda, bien a extramuros, junto a las calzadas principales e intercalados con zonas de necrópolis y de villas. Según se cree en Mérida existieron al menos cuatro talleres situados a extramuros. Por el contrario no hay datos claros que permitan certificar la existencia de talleres interiores.

    Con todo, las formas más raras y de mayor calidad proceden de un mercado de lujo existente en el norte de Italia. Predomina la técnica de soplado y su cronología se mueve en un periodo que va desde el siglo I al IV después de Cristo, si bien los ejemplos más abundantes son de los siglos I y II.

    15. Numismática.

    Las acuñaciones en Mérida se inician con la fundación de la ciudad. En distintas monedas figura la yunta de carnero y ternera, tirando de un arado con reja de bronce y guiada por un sacerdote velado. Las referencias a las legiones organizadoras aparecen también en varias monedas, así como las enseñas legionarias, que serían clavadas ante el directorio y paseadas en comitiva como ocasión de los ritos fundacionales. Desde las primeras series la puerta de la ciudad aparece como tipo heráldico. Es posible que una de las cuatro puertas principales de la ciudad se distinguiese especialmente por su monumentalidad o cualquier otra razón.

    La cabeza de Octavio, ya desnudaba o laureada, se relaciona con el fundador y con el propio apelativo de la colonia.

    Las monedas inmediatamente anteriores al año 12 antes de Cristo estarían destinadas a la conmemoración de importantes obras hidráulicas. En época de Tiberio se acentúan los tipos religiosos, con referencias al culto imperial de Augusto, al templo y al ara de la eternidad y providencia del emperador.

    16. Necrópolis.

    La variedad de tipos de incineración atestiguados es considerable tanto en la forma cuanto en el material empleado. De este modo se pueden observar materiales tan dispares como la piedra, cerámica, vidrio, plomo, etcétera. En cuanto a su tipología se puede encontrar, dependiendo de cada necrópolis en particular desde un mausoleo, hasta busta (sepulcros a cielo abierto), pasando por cupae, "tumbas del ladrillo y mármol" etc.

    También es inmensa la diversidad en lo referente a la inhumación: sarcófagos de mármol, de plomo, de simples lajas de piedra, sepulturas de tejas con vertientes a dos aguas etc. Mención especial merecen los mausoleos, de amplia tipología en la ciudad, cuyo máximo ejemplo sea quizá el del legionario Zósymo.

    16.1 Necrópolis oriental y sudoriental.

    Comprende el sector entre la puerta de la Villa y el cerro de San Albín. Es la zona más antigua e importante, la que hasta el momento ha dado más inscripciones y restos funerarios. Gran parte de las estelas, aras, esculturas y retratos proceden de la necrópolis oriental. Veremos a continuación algunos de los restos de la zona:

    - Bodegones. Son cámaras construidas con ladrillo o argamasa y cubiertas con bóvedas de medio cañón. Su forma es similar a una pequeña casa. En su interior las urnas están colocadas en nichos y los sarcófagos en arcosolios.

    -Las tumbas de los Julios y los Voconios. Son dos mausoleos y tumbas de incineración a cielo abierto, en cuyo interior existen cavidades para depositar las urnas cinererarias. Por las inscripciones halladas, sabemos que fueron erigidas por ambas familias. El mausoleo de los últimos aún conserva en su interior frescos que representan la imagen de los difuntos.

    En esta amplia necrópolis también se han encontrado numerosas tumbas, tanto de inhumación como de incineración. Destacan las halladas en el solar del actual cuartel de artillería. Una de ellas es una cripta subterránea de planta rectangular a la que se accedía por una escalera de 12 peldaños. Otro monumento destacado es el levantado al legionario Zósymo.

    16.2. Necrópolis del nordeste.

    Abarca un espacio comprendido entre la Puerta de la Villa y el Río Albarregas. En esta zona debemos incluir la necrópolis del mencionado río, recientemente excavada en el solar de los números 39,41 y 43 de la avenida Juan Carlos I, que ofrece una variada tipología de tumbas, con abundantes ajuares, restos epigráficos y numismáticos.

    16.3. Necrópolis del norte.

    Se extiende a uno y otro lado de la salida del puente romano del Albarregas, a lo largo de la vía que va dirección a Asturica Augusta. Son por lo general tumbas de inhumación. Parece ser que los enterramientos comenzaron aquí cuando la necrópolis del sudeste estaba saturada.

    16.4. Necrópolis del puente romano del Guadiana.

    Se encuentra atravesada por la vía que unía la ciudad con Híspalis. Conocida desde 1911 no se excavo hasta 1961. Han aparecido tumbas, mausoleos familiares y un columbario. Todas las tumbas estaban expoliadas desde antiguo y muchos de sus materiales de construcción han sido reaprovechados.

    17. Esculturas.

    La descripción pormenorizada de las esculturas requeriría un trabajo monográfico exclusivo para ese tema. Aquí se esbozarán las líneas maestras mediante una clasificación en diferentes categorías, destacando las figuras más importantes.

    17.1. El retrato imperial.

    En este aspecto sobresalen los que retratan al fundador de la colonia, Augusto, y cuya identificación nos viene facilitada por su característico peinado. Entre todos destaca el que nos presenta al emperador con la cabeza velada, es decir, como sumo Pontífice.

    17.2 El retrato privado.

    Proceden en su mayoría de necrópolis y se caracterizan por un fuerte realismo, naturalidad y, a veces, penetración psicológica. La mayor parte de ellos son de época julio-claudia. Son la prueba palpable del deseo de la clientela provincial por emular a la aristocracia de la metrópoli, así como un intento de señalar la superioridad y preeminencia de determinados miembros de los estratos superiores de la proa de la población.

    Por su elevado número sólo se referirán los más relevantes.

    Sobresale por su realismo el conocido como "panadero" (ver figura). Otro retrato masculino de indudable calidad es el de un individuo de unos cuarenta o cincuenta años, de facciones secas, severas y pómulos salientes. También curioso por lo inusual de su posición es el de un varón con la cabeza vuelta hacia izquierda y la mirada dirigida hacia lo alto. Según García Bellido debe representar algún hacendado emeritense muerto relativamente joven.

    Los retratos femeninos no ceden en calidad y suelen clasificarse por los tipos de peinado, elemento decisivo para fechar las piezas gracias a la ayuda que nos prestan las monedas. La lista es muy larga pero conviene destacar dos: el conocido popularmente como "la gitana" (ver figura) y la dama emeritense, tocada con un peinado de la época de la Emperatriz Faustina Minor (162 d. C.).

    17.3. Estatuas de culto y personificaciones.

    De entre las esculturas del frente escénico destacan las que representan a Ceres, Plutón y Proserpina, que ponen manifiesto que la localización de este tipo de obras no se limitaba a los templos; teatros y termas también se adornaban con ellas, lo que prueba que no eran considerados edificios totalmente laicos.

    En el Mitreo se encontró otro conjunto escultórico importante. Sobre él existe diversidad de opiniones. Hay quienes piensan que pudo ser esculpido por artistas griegos que vivieron en la ciudad hacia mediados del siglo segundo después de Cristo. Otros creen que el espíritu griego, si algo de griego hay en ellas, se mantiene apartado. Una de ellas aparece firmada, cosa relativamente infrecuente en el mundo antiguo, y otra nos hace saber que fue dedicada en el año 180 de la colonia (150 después de Cristo) por el sacerdote del templo, un tal G. Accius Hedychrus.

    17.4. Escultura funeraria.

    Una peculiaridad de Mérida a son las estelas con uno o dos retratos. Suelen constar de un nicho con un arco escarzano flanqueado por columnas de esquina o pilastras adosadas. Muchas de ellas llevaron inscripción y aunque son de carácter artesanal, sorprenden por su gravedad y carácter adusto. Su cronología suele ser de la segunda mitad del siglo II y comienzos del III. La toga que llevan algunos de estos personajes facilita la datación de la obra. Son numerosos los ejemplares, sobresaliendo especialmente la de aquella niña llamada Lutatia Lupata a quien su nodriza hizo representar tocando un laúd.

    17.5. El relieve.

    Destacan los de:

    -Agrippa sacrificando.

    -Maximiano Hercúleo.

    -Puteal de Dioniso y Ariadna.

    -Escena de banquete.

    Agrippa, patrono de la colonia y personaje muy vinculado a la ciudad, reaparece en el relieve del foro que representa sacrificando. Se muestra con corona cívica y rodeado de un cortejo oficial que lo acompaña y donde se puede encontrar también la divinidad protectora de la colonia. Según parece los frisos con bucranios y guirnaldas rematarían la parte superior del relieve, mientras que en la parte inferior se localizaría la escena narrativa.

    El relieve de Maximiano tiene gran interés desde el punto de vista histórico. El tema bélico representaría una escena del triunfo de un emperador.

    18. Pintura.

    18.1. Pinturas del anfiteatro.

    Son interesantes las pinturas pertenecientes a un pretil del anfiteatro. Serían cuatro sillares formando parte de su balaustrada. El conjunto representa una venatio en la que la arena del anfiteatro ha sido salpicada de rocas, árboles etc. Se puede observar un cazador con una lanza, un león, y un tigre luchando con un jabalí. Su estilo es correcto, clasicista y desenfadado, revelando la gran experiencia pictórica acumulada por estas escuelas de decoradores de los siglos III y IV.

    18.2. Pinturas de la calle Suárez Somontes.

    La serie de pinturas pertenece a una casa romana descubierta en un solar de dicha calla en el año 1970. Se pueden distinguir:

    -Cuadriga de frente. Aparece un auriga con un casco y la diestra alzada en señal de triunfo. El carro va tirado por cuatro caballos, de penachos verdes, vistos de frente todos salvo el del extremo izquierdo, que aparece de costado.

    -Cuadriga derecha. Se nos muestra un auriga sobre un carro con las bridas en la cintura. La cuadriga vencedora aparece vista en tres cuartos.

    -Escena de doma. En él aparece un auriga con una fusta, sujetando con la diestra a un caballo por la brida, y tras el animal un árbol.

    -Cacería de ciervo. Cazador a caballo con el brazo derecho levantado tras arrojar a un ciervo la jabalina. El animal aparece con el arma clavada en un costado y semicaído junto a un árbol.

    -Caza de liebre. En él aparece un cazador a caballo visto oblicuamente por detrás, en escorzo. Extiende el brazo derecho y porta una horca en la mano izquierda. Contempla como su galgo ataca a una liebre. Fondo de paisaje muy sumario.

    -Estrella. Sobre fondo blanquecino y dentro de un círculo, arco de guirnaldas de colores. En los ángulos de la orla, flores de lis.

    Diseminados por la superficie también se observan grafitos con cifras, jinetes, y una jaula con liebre en su interior. Es probable que fuesen realizados por niños.

    18.3. Pinturas de la casa del Mitreo.

    Aparecen separadas por anchas bandas y su procedimiento pictórico es el temple. Las escenas representadas son las siguientes:

    - Dioniso acompañado de dos satitrillos. El dios aparece de frente, con el tirso en la mano izquierda, cubierto de una clámide azulada de hiedra.

    - Escenas con representaciones de tipo hercúleo y báquico.

    - Parte de una niké alada con torso y vientre desnudos, piernas cubiertas con un manto que cuelga de la diestra y la diosa sostiene con la mano izquierda.

    - Devolución de Briseida por Aquiles.

    18.4. Pinturas de la cripta.

    En sus muros se observan dos fases: en la primera plantas y aves zancudas sobre fondo amarillento, de fines de siglo I o principios del II. Ha sido picada para sobreponer la segunda, que exhibe motivos geométricos imitando zócalos marmóreos o crustae. Fechable en el siglo III d. C..

    19. El mosaico.

    Su temática varía entre los de tema cinegético y los puramente geométricos pasando por los que recrean escenas mitológicas y espectáculos circenses.

    19.1 Mosaicos de la villa de "las tiendas".

    Pertenecen al yacimento del "Hinojal" a 18 kms. al noroeste y en las proximidades de la antigua vía Emerita-Olisipo. Son de época de Constantino, aunque la villa fue reconstruida sobre los restos de otra de época altoimperial.

    Sus mosaicos son muy vistosos, con una rica policromía dominada por los rojos. Dos de estos mosaicos nos indican que la caza debió de ser la ocupación favorita de los señores durante el Bajo Imperio.

    El primero de ellos muestra aun cazador de pantera con escudo, lanza, túnica corta y sandalias. El pelo ceñido por una diadema. Junto al caballo una pantera revolviéndose. Por último, un árbol y dos matas de arbustos.

    El otro representa la caza del jabalí. En la alfombra central una bordura de roleos de acanto interrumpida por el busto de una estación. Matorrales y una encina al fondo sugieren el terreno.

    A este recinto pertenece también un mosaico con Nereida, cuya alfombra, ribeteada por un filete está dividida en cuadrados separados por marcas de cable. Los cuadrados estaban coloreados por damero tricolor, un florón y nudos de Salomón sobre una estrella.

    Por último, un mosaico geométrico con fondo de damero blanco y negro. La alfombra lleva una orla de dentículos. Dentro, un medallón de cable, enlazado con un cuadrado de lados cóncavos encerrando otro ocupado por una flor de ocho pétalos. En las enjutas, cráteras con roleos sin hojas.

    19.2. Mosaico de Annius Ponius.

    Data de la segunda mitad del IV o comienzos del V, con lo que sería uno de los últimos mosaicos romanos en sentido estricto, ya que desde principios del siglo V Mérida pasa primero por manos de los suevos y luego de los visigodos.

    Su tema es el encuentro de Baco y Ariadna en la isla de Naxos donde dormida y abandonada por Teseo fue encontrada por el dios y convertida en su esposa.

    En el centro del cuadro el dios Pan con sus patas de cabra, desnuda a Ariadna para mostrársela a Baco a su derecha, en su postura frontal y apoyado en un tirso. Una pantera vuelve la cabeza para beber el líquido que derrama el joven con su diestra. Entre Baco y Pan, un sátiro con piel de ciervo sobre la túnica abre los brazos alborozado. Los espacios vacíos llenos de sexifolios inscritos en círculos (algunos con arcos en los pétalos), círculos con cruces y otros adornos. Junto a Ariadna yace Cántaro. El mosaico ostenta una forma de taller.

    Añadir simplemente que, dada la fecha de realización, se trata de una prueba irrefutable de elementos paganos en la Mérida tardoromana y de la coexistencia en el mismo territorio de paganismo y cristianismo hasta tiempos muy tardíos.

    19.3. Mosaico de Baritto.

    También del siglo II. Sus colores son el blanco y el negro no de buena calidad. El agujero circular del centro parece indicar un emblema que pudo ser polícromo pero que está arrancado. A ambos lados del orificio central dos peces. En el conjunto que resta dos delfines. Junto a sendas cráteras con esvásticas. Junto con ellas la inscripción Felix. Se ha pensado que Baritto pudo ser el nombre de un hebreo, posiblemente un esclavo de la colonia.

    19.4. Mosaico de Seleucus y Anthus.

    En blanco y negro debió de ser polícromo en parte. Está muy deteriorado y conocemos sus figuras gracias a dibujos del ingeniero militar Mariano Albo. Pueden distinguirse las siguientes partes:

    - Fondo de cuadros curvilíneos negros y de círculos blancos.

    - Umbral con una cartela donde en otro tiempo se leía: C(olonia) A(ugusta) E(merita) F(ecerunt) SELECUS ET ANTHUS.

    - Gran alfombre de figuras negras compuesta de rectángulo central y bordura. El primero con un medallón en el centro. Conserva una figura varonil sentada, coronada de laurel y envuelta en himatíon. Quizá un poeta bucólico, acaso Teócrito.

    Cada uno de los medios puntos está ocupado por una pareja de las ocho musas, con cítaras, máscaras, etc.

    Cuatro Victorias con palmas y coronas en las manos se reparten los cuatro cuadrados cóncavos.

    Dos lados largos de la bordura y una de los cortos se refieren a Egipto. En el centro, frente a la cartela, Isis sentada, junto a pigmeos navegando por el Nilo, arrastrando naves, cazando pájaros, pescando, y luchando con cocodrilos.

    En el último de los lados de la bordura aparecen unas figuras estáticas: que flanquean un cuadrado policromo (dos poetas). En éste aparece a la izquierda la Quimera moribunda y un Pegaso; tras él Belerofonte; a sus espaldas un manantial brota de una peña coronada por una vasija. Dos poetas coronados de laurel flanqueaban el cuadro.

    - Alfombra geométrica de estrellas de cuatro rombos que alternan con cuadrados que encierran el nudo de Salomón.

    - Una crátera de la que sale una hiedra que se expande por el semicírculo del ábside.

    Sólo añadir que los artistas tienen nombres griegos y que la datación de la obra habría que situarla a finales del siglo II.

    19.5. Mosaico de los Siete Sabios.

    Presenta importante problemas de identificación. El cuadro central representa dos escenas relacionadas: una el tema de los Siete Sabios, y la otra referente al ciclo homérico. Los sabios aparecen identificados por sus respectivas leyendas y parecen reflexionar sobre la otra escena, que representaría la cólera de Aquiles. Los personajes de izquierda a derecha son: Agamenón, Aquiles, Ulises, y Briseida.

    19.6. Mosaico de Paulus y Marcianus.

    Data del Bajo Imperio. Su tema es los juegos circenses. Representa a estos dos aurigas sobre sus respectivas cuadrigas. El primero aparece de frente exhortado por una inscripción que reza: Paulus nica. Con una mano levanta el látigo y con la otra la palma. Marcianus aparece casi completo con las bridas en la cintura. Y otra inscripción que dice: Marcianus nicha, y dos letreros más que nos hablan del nombre de uno de los caballos (inluminator II) y en genitivo el del criador del caballo: Getuli.

    Por su composición y estilo se data en la segunda mitad del siglo IV.

    Bibliografía:

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