El existencialismo es un humanismo

Filosofía existencialista. Sartre. Ateismo. Inexistencia de Dios. Responsabilidad del hombre. Angustia. Desamparo. Libertad. Subjetividad. Moral

  • Enviado por: Diego Lorca
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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Jean Paul Sartre

(1905-1980)

Mi trabajó lo realicé a partir de uno de sus pensamientos, porque fue lo que más me interesó de Sartre, así que haré una pequeña reseña de lo más importante de su vida y obras, para no desviarme mucho de lo que yo quiero dar a entender con este trabajo. El pensamiento que yo tomé para hacer mi trabajo es: “EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO”

Jean Paul Sartre es uno de los representantes más importantes de los intelectuales europeos de la posguerra. Escribió una gran cantidad de obras filosóficas, como también obras se destacó en sus obras teatrales. Algunas de sus obras fueron, “El Ser y la Nada”, entre otras y en el ámbito teatral destacan: “Las Moscas”, “Las Manos Sucias”, “El Diablo y Dios”.

En su etapa existencialista se aboca a dar respuesta a la interrogante por el Ser de los entes, en la cual profundizaré más adelante. De esta manera los héroes del teatro sartreano encarnan una de las tesis filosóficas centrales del autor: que es imposible dejar de ser libres; que elegimos lo que somos y que, por tanto, somos responsables de lo que pasa en el mundo humano.

El “Existencialismo es un Humanismo”

Hay dos escuelas existencialistas: la cristiana y la atea, que lo único que tienen en común es que consideran que la existencia precede de la esencia.

El Existencialismo Ateo

Saca las consecuencias necesarias para afirmar la inexistencia de Dios. Considera que afirmar la existencia de Dios es afirmar que Él es un ser en el cual la existencia precede a la esencia (lo cual es errado porque Dios es acto puro, no hay en Él distinción entre esencia y existencia), y que en la consecuencia, si se afirmaba que Dios no existía, debe haber otro ser en el cual la existencia precede a la esencia, y este otro ser es el hombre, la realidad humana.

El hombre, dice Sartre, empieza por existir, surge en el mundo, y sólo después de este surgimiento en el mundo, se define por sus actos. Por tanto, el hombre en general no se define por sus actos. Por tanto, el hombre en general no es definible, ya que no hay una naturaleza humana, porque no hay un ser anterior superior, Dios, que la conciba.

Así, el hombre no es otra cosa que lo que él hace se hace por medio de sus actos, y éste es el primer principio del existencialismo, del cual se deducen todas sus demás posiciones.

El Hombre es Proyecto

En primer lugar afirma que el hombre es un proyecto que se vive subjetivamente, y que el hombre será, en consecuencia, lo que él mismo haya proyectado ser.

El primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Lo cual no indica que sea responsable de su estricta individualidad, sino del ser de todos lo hombres, esto porque la palabra “subjetivismo” tiene 2 sentidos:

  • Por una parte quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo.

  • Por otra parte, indica la imposibilidad del hombre de sobrepasar la subjetividad de la humanidad.

Según este 2º sentido, para los existencialistas, cada hombre se elige, pero al elegirse, elige también a todos los hombres, ya que al crear con nuestros actos al hombre que somos, subjetivamente creamos también una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser.

Así, al elegir ser esto o aquello estamos afirmando el valor de lo que elegimos, ya que siempre que elegimos, elegimos el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo también para todos.

Por esto la responsabilidad va mucho más allá de nuestra pura individualidad, porque compromete a la humanidad entera.

El Hombre es Angustia

Ya que no puede escapar al sentimiento de esta total y profunda responsabilidad. El único modo de escapar a este sentimiento es por lo que Sartre llama “mala fe”, que consiste en la actitud de enmascarar la angustia separándose de la responsabilidad de su acción, su elección, en relación con el resto de la humanidad, ya sea atribuyéndole esa responsabilidad a un ente superior (actitud cristiana) o declarando que de su modo de actuar no tiene por qué seguirse el modo de actuar del resto de la humanidad.

En otras palabras, el hombre, cada vez que actúa, cada vez que elige, se está decidiendo que ese acto es bueno, y que por tanto toda la humanidad debe adecuarse a él.

Esta responsabilidad evidentemente produce angustia, pero no es una angustia que lleve a no realizar ninguna acción, o a estar quieto, sino, por el contrario, es la condición misma de toda acción.

El Hombre se encuentra en el desamparo

Esta responsabilidad y esta angustia llevan al hombre al desamparo. Esto es, si Dios no existe, con Él desaparece toda posibilidad de encontrar valores prioritarios. No hay un bien que sea para siempre y perfecto al cual nos sujetemos en nuestra acción porque no hay una inteligencia infinita y perfecta que lo piense.

En consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. En otras palabras, no existen excusas que valgan para salirse de la responsabilidad y de la angustia. El hombre es entera y totalmente libre.

El Hombre es Libertad

No encontramos frente a nosotros valores u órdenes que hagan legítima nuestra conducta. El hombre está condenado a ser libre porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. Y como este “hacer“ implica un hacerse, porque no está predefinido por una naturaleza, está condenado a cada instante a inventar al hombre.

Por una parte no puede buscar en sí mismo lo fundamentos de su acción, en sus instintos, en sus sentimientos, porque estos se manifiestan en los actos mismos, por lo tanto su conocimiento es posterior a la acción, de modo que difícilmente puede construirse en su fundamento.

Por otro lado, según ya dije, no habrá ninguna moral general que pueda qué es lo que hay que hacer.

Otro elemento que se une a la angustia y desamparo es la desesperación, pero no en el sentido que le dan los cristianos, sino en el sentido de que nos debemos limitar a contar con lo que depende de nuestra voluntad, los posibles en la medida en que están insertos en nuestra acción, pero no podemos obrar con esperanza cuando se entiende ésta como la confianza en posibles que escapan a nosotros, por ejemplo, no podemos confiar en la bondad humana, porque ello supone una naturaleza humana que no existe.

En definitiva, el único elemento que hace legítima nuestra manera de actuar es el compromiso con la misma acción, asumiendo la angustia, responsabilidad y desamparo, para lo cual no es necesaria para la esperanza. Así, el no tener esperanza no lleva a estar quieto, sino todo lo contrario, porque sólo hay realidad en la acción, el hombre no es nada más que su proyecto, el conjunto de sus actos, todo lo que está fuera de su acción, por la cual se realiza, no es real, por lo tanto, inútil.

Esto transforma al existencialismo en la doctrina más optimista del hombre, puesto que pone su destino en el hombre mismo, no en la adecuación a una moral extrínseca a él, existe solo una moral de acción, de compromiso.

La Subjetividad

El punto de partida del existencialismo es la subjetividad humana. El “pienso luego soy” de Descartes es la verdad absoluta de la conciencia captándose a sí misma, fuera de esto, todos los objetos de conocimiento son sólo probables, y para definir lo probable, para hacerlo verdad, hay que partir de una verdad absoluta, que se alcanza en el captarse a sí mismo sin intermediarios, con ello el hombre no puede ser considerado como objeto, y en esto se encuentra la raíz de la dignidad humana.

¿Por qué humana y no de cada individuo? Porque la subjetividad del cogito no es una subjetividad individual, ya que en el cogito no solo se descubre uno a sí mismo, sino a sí mismo frente a otro, de modo que el otro es tan cierto para nosotros como nosotros mismos. El descubrimiento de mi libertad me hace descubrir inmediatamente la existencia de una libertad colocada frente a mí, que es tan necesaria como la mía propia. Así, lo que hemos llamado subjetividad es más bien una intersubjetividad, en el cual cada uno decide lo que es y lo que son los otros.

La Condición Humana

Si es imposible encontrar una esencia universal que constituya la naturaleza humana, existe, sin embargo, universalidad humana de condición. Por condición debe entenderse el conjunto de límites prioritarios que bosquejan su situación fundamental en el universo, ya que para nadie varía la necesidad de estar en el mundo, de estar en el trabajo, de estar en medio de los otros y de ser mortal. Estos límites tienen una faz objetiva y subjetiva:

  • Son objetivos porque se encuentran en todo y son en todo reconocibles.

  • Son subjetivos porque son vividos y no son nada si el hombre no los vive, es decir, si no se determina libremente en su existencia por relación a ellos.

En consecuencia, todo proyecto, por más individual que sea, tiene un valor universal, en el sentido de que todo proyecto es comprensible para todo hombre, no en el sentido que defina a todo hombre.

Esta universalidad del hombre no es una universalidad dad, ajena a él, sino que es una universalidad constantemente construida por su acción libre, por lo tanto esta universalidad no niega la relatividad subjetiva de cada individuo y de la situación que le corresponde vivir.

La Moral

La subjetividad de la que hablamos no implica una absoluta gratitud en la acción, el poder hacer lo que uno quiera, ya que el actuar absolutamente libre no es asimilable a actuar por capricho, ya que actúa de acuerdo a una situación en la que está comprometido por su acción, y en la que compromete con su elección a la humanidad entera, construyendo su moral como se construye una obra de arte, en la cual haya una absoluta libertad pero no capricho. Pues si bien no hay valores prioritarios, anteriores a la acción, se descubren valores posteriores, en el resultado de la acción y su coherencia con la voluntad de creación.

Por tanto, si bien no se puede juzgar el proyecto de otro de acuerdo a una moral objetiva, se le puede juzgar en cuanto a que el elegirse puede fundar su elección en la verdad o el error, y de este modo puedo decir que un hombre es de mala fe, cuando funda su elección en el error: la excusa en sus determinaciones. Pero este es un juego lógico, no moral. La mala fe es una mentira, porque esconde la total libertad del compromiso.

El único juicio moral posible es el que se deduce de la afirmación de que la libertad no puede tener otro fin que quererse a si misma, es una condición lógica al desamparo al que nos referimos, puesto que nada hay más allá del hombre, y el hombre se hace en la libertad, su fin debe ser la búsqueda de la libertad.

Al querer la libertad nos damos cuenta de que depende enteramente de la libertad de otros, y que la libertad de otros depende de la nuestra, por lo tanto, al tomar como fin nuestra propia libertad, necesariamente debemos tomar como fin también la libertad de otros.

El reconocimiento de esto, de que en el hombre no está precedida la existencia por la esencia, y de que no puede menos que querer la voluntad propia y de otros, la llamamos autenticidad total, y con ella por la voluntad de la libertad ya mencionada, puedo formular juicios sobre los que tratan de ocultar toda su libertad.

De este modo, llamo cobardes a los que intentan ocultar toda su libertad e inmundos a los que tratan de mostrar que su existencia es necesaria. Así, esta moral de la autenticidad, si bien en su contenido es variable, tiene cierta forma universal.

El contenido es siempre concreto, y por lo tanto imprevisible, ya que en él siempre hay invención. Lo único que tiene importancia es saber si esa invención se hace en nombre de la libertad, pero en el plano de lo concreto, se puede elegir cualquier cosa si es en el plano del libre compromiso.

Los Valores Existencialistas

Si se ha suprimido a Dios es necesario que alguien invente los valores, lo que significa que la vida no tiene un sentido prioritario, le corresponde a cada uno darle un sentido, y el valor no es otra cosa que el sentido que se elija, que se inventa.

El Humanismo Existencialista

Por humanismo se puede entender una teoría que toma como fin y como valor superior. El existencialismo, sin embargo, no tomará jamás al hombre como fin porque está siempre por realizarse.

El sentido en que el existencialismo es humanista está en que entiende que el hombre está continuamente fuera de sí mismo. Proyectándose, actuando existe el hombre, por lo cual está en un constante rebasamiento de sí mismo, trascendiendo, pero esta trascendencia es en el mismo universo humano, porque no hay otro. Este estar presente constantemente en el universo humano es lo que llamamos humanismo existencialista.