Economía política

Sistemas económicos. Capitalismo. Pensamiento de los economistas

  • Enviado por: Carlos De Pedro
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 13 páginas
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I

Como todos sabemos el capitalismo es el sistema económico que impera en el mundo hoy en día. Pero la cuestión es que si el capitalismo seguirá rigiendo en la mayoría del mundo en el próximo siglo. A pesar de los grandes conocimientos que se poseen sobre este sistema no se han logrado pronosticar los grandes procesos económicos que han sucedido a lo largo del auge del capitalismo. Por lo que el autor no se aventura a hacer el trabajo que correspondería a los adivinos y se limita a examinar las posibilidades del capitalismo desde una perspectiva de comprensión referida al futuro. El autor intenta descubrir la lógica (si es que la hay) que mueve este sistema para poder pensar como puede llegar a ser el capitalismo del siglo XXI.

II

Para llegar al punto anteriormente citado debemos llevar a cabo un examen más próximo del aspecto que presenta el capitalismo desde nuestra visión.

El autor nos lleva hacia una sociedad en la que no se requieren conocimientos de economía (que son imprescindibles para entender sociedades más complejas) para comprender sus actos. Estas sociedades, a pesar de no poseer una “economía”, realizan actividades económicas en un plano simple. Para comprender por qué a veces necesitamos saber economía para comprender una sociedad y otras no, el autor nos invita a abrir las páginas de un atlas histórico.

III

En el atlas lo primero que vislumbramos es la gran variedad de maneras en las que las comunidades humanas han intentado solventar lo que el autor denomina Problema Económico.

Lo segundo que llegamos a vislumbrar es la asombrosa escasez de soluciones globales al problema de garantizar la continuidad material de la sociedad. La primera solución es la tradición que se obtiene por medio del proceso de socialización de los individuos (este sistema no necesita conocimiento económico). En contraste con la tradición aparece la segunda solución denominada mando y que consiste en la resolución de los problemas de producción y de distribución por medio de órdenes desde arriba. El mando requiere la coerción y, a veces, también se requiere tradición para el mando.

En la economía de mando se necesita un conocimiento llamado de manera más correcta gestión que economía.

Debemos recordar que los dos tipos de sociedades anteriormente citados no exigen un conocimiento de economía.

IV

Por último, pero no por ello menos importante, se encuentra la tercera solución llamada mercado. Para darnos a entender el funcionamiento del mercado Heilbroner vuelve con un pueblo primitivo (los !Kung). De esta manera nos da a entender que para el buen funcionamiento del mercado no son necesarios los mandatos o las imposiciones ya que la gente actuará como debe actuar por su propio beneficio. No habrá demasiados productos porque sino el precio caería, por lo tanto no se estropearán los alimentos; y tampoco sucederá lo contrario. También nos explica (de manera muy clara y concisa) que el mercado no está dirigido por nadie ya que son los propios intereses de las personas las que hacen que este sistema funcione de manera correcta.

V

Las tres soluciones o principios organizativos de tradición, mando y mercado comunican un dinamismo completamente diferente a las sociedades sobre las que se imponen.

El principio organizador de la tradición es la falta de cambios. Sin embargo esto no quiere decir que, en casos en que las circunstancias lo requieran, no pueda haber adaptaciones ya que sino el ser humano no hubiese sobrevivido a ninguna de las inclemencias de la naturaleza. El que impere la tradición en una sociedad no quiere decir que, por obligación, deba existir pobreza en esa sociedad como se creía antes.

Algo diferente es cuando estamos en las sociedades en las que domina el mando. No se sabe con precisión cuando se pasa de las sociedades de tradición a las de mando; Alexander Rustow sugirió que el momento inicial podía haber sido cuando asaltaron los jinetes nómadas a cultivadores sedentarios, y al ser estos más débiles los primeros empezaron a ejercer su poder sobre los segundos. En estas sociedades el mando ejercía una función esencial en la organización del aprovisionamiento. Algo que debemos tener en cuenta es que la tradición no perdió su influencia pero ahora gracias al mando se realizaban cambios deliberados de trayectoria en la sociedad.

Finalmente se llega a las sociedades de mercado en las que la tradición y el mando siguen ejerciendo influencia pero son fuerzas subterráneas las que controlan en realidad este principio organizador. El principio de movimiento transmitido por estas fuerzas que nos proporciona un tipo especial de dinamismo llamado “economía”. Este dinamismo ha ido modificando tanto la capacidad productiva, como las relaciones sociales, hábitos sexuales, etc. Aquí el cambio pasó a ser la norma de la vida cotidiana. Estos cambios no se realizan de manera arbitraria sino que siguen algún tipo de metodología.

El autor vuelve al principio y nos da una predicción no muy arriesgada sobre sus perspectivas sobre el capitalismo del siglo XXI en el que imagina capitalismos afortunados y capitalismos fracasados. El autor, con modestia, no nos da una predicción mayor ya que no se atreve a aventurarse a hacer algo que los grandes economistas no han podido.

I

La característica histórica más importante y que más nos llama la atención es la propensión al cambio generado por el mismo capitalismo. El capitalismo es un orden social en cambio constante; si observamos la historia de occidente de los siglos XVII, XVIII y XIX y el momento presente observaremos una especie de impulso evolutivo.

Esta evolución está causada por la misma energía que causa el propio capitalismo: la ambición de progresar, de ganar dinero, de acumular capital.

Capital no significa lo mismo que riqueza. Este último término procede de la antigüedad; esa ambición de amasarla se remonta a épocas muy antiguas. Pero, ¿qué es la riqueza? ¿Es, por ventura, un propósito virtuoso? ¿ O acaso es la construcción de grandes templos y palacios? La verdad es que la riqueza es un símbolo de poder y prestigio de una persona y, a veces, de la sociedad en la que se encuentra esa riqueza. Esa riqueza es también la promovedora de una gran desigualdad. ¿Pero, porqué esa ansia de riqueza? Según Adam Smith primero por la estima (sentirse de un rango superior) y en segundo lugar por el poder que conlleva la riqueza. Smith cambia el término desigualdad por el de dominio ya que lo que posee el rico es poder disponer de personas que trabajen (por dinero) para conseguir de ellos lo que hoy llamaríamos bienes y servicios. Es aquí donde nos encontramos con un aspecto importante del capitalismo que es el del trabajador asalariado.

II

¿El capital es riqueza? Por un lado sí, ya que, normalmente, conlleva poder y estima, pero por el otro lado no ya que el capital no tiene por que ser una posesione física sino que solo depende de la utilidad que posea para conseguir una mayor cantidad de capital. El capital consiste, por poner un ejemplo, en materias primas para convertirlas en materias elaboradas y venderlas en el mercado. Después los beneficios no se acumulan sino que se utilizan para comprar más materia prima y comenzar de nuevo el proceso.

Todo este embrollo, llamado por Marx autoexpansión del capital, es dirigido por la ambición que según Adam Smith nos acompaña desde el seno materno.

El autor intenta explicar esta tendencia con las tendencias antiguas (no tan antiguas) de la necesidad de expansión (antes del territorio y ahora del capital) y el espíritu bélico (lucha contra la competencia).

III

Las reflexiones del autor nos hacen comprender parte de esta intriga pero no nos explican el ansia de acumulación de capital. Algunos lo consideran típico de la naturaleza humana pero si es así porqué solo se conocen datos de está desde la entrada al capitalismo. La razón ya se ha explicado antes, riqueza no es lo mismo que capital.

El momento en el que se empezó a crear, muy lentamente, el capitalismo fue la caída del Imperio Romano ya que su orden social era incompatible con el orden capitalista; además porque sus ruinas constituyeron una excelente base en la que emerger. Lo malo de la caída era que desapareció una ley, moneda y gobierno que unificaba a toda Europa. Aún así los mercaderes se abrieron paso vendiendo entre las granjas hasta que mucho tiempo después empezaron a dominar las ciudades donde se establecieron. Más tarde empezaron a superar a la nobleza y luego, ya a finales del siglo XIX, consiguieron el poder político en todo el mundo.

Con la burguesía en el poder el dinero pasó a ser la base de la sociedad y finalizaron los sistemas de vida anteriores llegando, según Adam Smith, a la Sociedad de la Libertad Perfecta.

IV

A partir de ese momento se utiliza el capital ya que este tiene la posibilidad de transformación constante y la fuerza para aumentar la cantidad y cambiar la calidad de los productos cosa que no se puede hacer con la acumulación de riquezas en forma de monumentos y tesoros.

Adam Smith consideró esta expansión como uno de los rasgos característicos de la Sociedad de Libertad Perfecta ya que la mejor manera para que un capitalista mejore su condición es aplicando parte de sus beneficios a la inversión en equipo adicional de manera que aumente su producción y también sus ingresos. Este proceso multiplica la productividad por lo que llegará un momento en el que se sature el mercado. Para solucionar esto Smith pone el ejemplo de una fábrica de alfileres que al saturarse su mercado puede empezar a producir alfileres con puntas de colores y, después, seguir expandiendo su capital fabricando clips...

Lo que nadie puede negar es que en los países más desarrollados está aumentando en gran medida mientras que en los que no poseen al capitalismo están en peores condiciones. También debemos saber que el capitalismo también posee efectos como son el rápido movimiento hacia la estabilización y la explosión demográfica.

Todos hemos de aceptar que el capitalismo a alterado el curso de la historia y creando un entorno socioeconómico en el que las condiciones materiales han ido mejorando de manera espectacular.

V

También debemos saber que el capitalismo tiene también importantes fallos como es la generación de miseria. Esta nueva miseria apareció en Inglaterra con la reina Isabel cuando se despojó a los campesinos de los denominados “comunales” donde tenían sus viviendas. Inglaterra se llenó de “pobres errantes”(como los llamaban).

Otra creación fue el status social de proletario los cuales vivían en condiciones infrahumanas y según Smith al realizar siempre la misma acción no ejercitaban la mente y nunca podrían dejar de ser ignorantes.

Las grandes empresas eclipsaban a las pequeñas manufacturas y se creaban cantidad de barrios bajos.

Todos sabemos que estamos lejos de solucionar los problemas que conlleva el capitalismo. Muchos economistas han vislumbrado multitud de caídas del capitalismo unos dicen que las máquinas terminarán haciendo todo el trabajo, otros dicen que se desequilibrará la balanza entre la oferta y la demanda.

Hoy en día nos preocupamos más por el esclarecimiento de la marcha irregular del impulso de crecimiento a largo plazo que de dar explicación a los ciclos de prosperidad. Ya que son las fluctuaciones el verdadero problema.

Existen dos explicaciones:

a)Tecnológica: Las fluctuaciones son producidas por los avances tecnológicos o institucionales.

b)Política: Estas son producidas por las oscilaciones entre los programas políticos y sociales de apoyo y retraimiento.

Por último debo señalar que el capitalismo ni es beneficioso ni es perjudicial ya que, como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

I

Según Marx la economía del capitalismo surge de las contradicciones generadas por su ambición productiva, y su política, de las “luchas de clases” derivadas de su modo de distribución. No hay duda de que existe cierta tensión entre quienes ocupan las posiciones favorables y quienes están excluidos de ellas y que esta tensión conforma la política de cualquier orden social estratificado. Pero el problema central inmediato del capitalismo no está aquí ya que se encuentra en la relación que mantienen la economía y el Estado. Aunque son cosas diferentes e independientes mantienen una relación inseparable y en la que a la vez, de alguna manera, son mutuamente dependientes.

Por un lado la tarea del Estado es gobernar, y por el otro la tarea de la economía es la de producir y distribuir. La gobernación requiere del Estado que legisle y regule la economía y también es verdad que los asuntos económicos interfieren sin remedio en la función del gobierno.

En los socialismos existe una única esfera e incluso en sociedades de tipo aparentemente capitalistas, como pueden ser la antigua Grecia, existía también un solo ámbito. En las sociedades precapitalistas no había “vida económica” ya que aunque existían las actividades necesarias de producción y distribución estaban a la vista no se diferenciaban en modo alguno de sus funciones sociales y políticas más amplias.

La separación del Estado y la economía comienza con los fragmentos políticos del hundimiento del Imperio Romano, en los que vislumbramos a los mercaderes libres de la autoridad del Estado.

Mucho más tarde Adam Smith reconoce la importancia de esta separación y del liberalismo económico aunque advierte que es necesaria la intervención del Estado en tres ocasiones:

A)Para proteger a la sociedad de la violencia y la invasión.

B)Para proteger a un mismo miembro de la sociedad de la injusticia o la opresión de otro individuo de la misma sociedad.

C)Para erigir y mantener ciertas obras e instituciones públicas que ningún individuo podría conseguir por sí solo.

Smith fulmina a los monopolios reales y las “impertinencias” de funcionarios entrometidos que intentan suplantar con sus voluntades la voluntad del mercado. No se trata de un Estado benefactor pero tampoco es ningún tipo de anarquía capitalista.

II

Esta claro que el impulso de acumulación es el que da vigor al ámbito privado. Pero el Estado ha tenido también sus propias motivaciones que han establecido un campo magnético capaz de capturar a individuos de todas las clases sociales. Ese imperativo ha seguido muchos caminos pero todos ellos cuentan con un común denominador. Este imperativo político es la reivindicación de la identidad nacional.

La esfera del capital no puede llevar a cabo su tarea acumulativa sin el apoyo complementario del Estado y el gobierno depende del estado saludable de la economía para conseguir los ingresos que necesita para realizar sus propios objetivos. El primer interés del Estado es apoyar y ayudar a la acumulación de capital.

La relación entre los dos ámbitos ha cambiado, en tiempos de Smith el cometido del Estado se identificaba con los puntos de vista e intereses de la aristocracia. “La riqueza de las naciones” fue un manual para el gobierno de su tiempo. A mediados del siglo XIX, el gobierno estaba asociado a la promoción de los intereses burgueses.

Lo que está muy claro es que cuando la soberanía nacional está amenazada, es el capital el que acude en su ayuda.

III

Todo esto no acarrea mayor complicación ya que solo se necesitan unos pequeños reajustes lo verdaderamente preocupante se centra en las cuestiones derivadas del proceso al que el autor nos hace dirigir la mirada una y otra vez.

Una de ellas nos lleva a examinar la acumulación de capital desde una perspectiva diferente, esta perspectiva se centra en el alcance geográfico de la búsqueda de recursos, mano de obra y mercados. El ámbito económico del capital es inconmensurablemente mayor que el alcance político. La acumulación de capital se lleva a cabo a una escala internacional. La magnitud de esta corriente transnacional ha llegado a ser enorme. Nos encontramos con equivalentes de una economía mundial dentro de la propia economía mundial.

A pesar de ello, las conexiones del comercio internacional no son iguales a las transnacionales. Estas últimas suponen una red de actividades de producción, investigación y comercio extendidas por muchas naciones.

Existen muchas multinacionales que son en muchos casos demasiado grandes para caber en sus economías “domesticas”.

El resultado de este modelo de producción es un desafío a las relaciones tradicionales entre la economía y el Estado. Los gobiernos nacionales son cada vez más incapaces de hacerse cargo de los problemas surgidos de la intromisión de la economía mundial en sus territorios. Nace el riesgo de ciertas inestabilidades para las que no existe remedio.

IV

Hubo una segunda tensión que consistía en la relación entre la economía de expansión y la paz política domestica del sistema. Ya he descrito los problemas que conllevó en la Inglaterra isabelina el proceso de acumulación. La respuesta mayoritaria de los gobiernos hacia esta amenaza se expreso en medidas legislativas y reguladoras de carácter represivo.

La década de 1930 introdujo un cambio que implicó una expansión de la función del ámbito de lo público, con una diferencia decisiva: en los Estados fascistas volvió a implantarse algo parecido a la represión por parte de la autoridad, mientras que en las naciones democráticas el cambio adoptó la forma de un nuevo “deber” que se sumó a los tres de Adam Smith. Este deber consistió en esforzarse por lograr lo que se denominó “pleno empleo”. Esto significaba sólo que el crecimiento económico debería impulsarse hasta sus límites viables, pero esta función ampliada del Estado fue lo más apolítica posible, debido al apoyo declarado de Keynes al capitalismo.

Lo que provocó la notable expansión que siguió al final de la Segunda Guerra Mundial fueron tanto los avances tecnológicos que estimularon la inversión de capital en nuevas áreas y, por otro lado, de igual importancia fueron los cambios institucionales que estimularon la demanda, sobre todo el nuevo flujo de ingresos procedentes de los planes de jubilación y los subsidios de desempleo.

Lo que proporcionó la economía keynesiana fue un fundamento razonable para utilizar el ámbito público que tendría como mínima responsabilidad la prevención del desempleo masivo, y como responsabilidad máxima la consecución del pleno empleo.

El éxito de la economía keynesiana no se prolongó indefinidamente. El mismo éxito del Estado de bienestar generó ahora un nuevo reto. La consecuencia de los efectos de una prosperidad prolongada sobre la fuerza negociadora del trabajo. La posición social del mundo del mundo laboral pasó de ser la de un grupo pasivo a convertirse en un grupo participante bien organizado y agresivo en las negociaciones salariales. Pero al aumentar los salarios frente al nivel de los precios los países comenzaron a sentir una fuerte presión. Ya con la crisis del petróleo se sufrió una inflación de dos cifras.

La inflación pasó a convertirse en el principal problema de los países e incluso se empezó a utilizar los altos tipos de interés que antes se creían perjudiciales. A partir de aquí cobró mayor importancia el mantener una estabilidad económica que el conseguir el pleno empleo.

V

¿Cuál ha sido el éxito de la política de la intervención keynesiana en el sostenimiento de la vitalidad del sistema?

La economía de Keynes fue considerada al principio como una crítica radical al capitalismo por sus dudas explícitas sobre la capacidad del sector privado para mantenerse por sí solo sin apoyo alguno. El efecto de la economía keynesiana parece haber fortalecido los intereses del capital y servido a unos fines políticos conservadores y no radicales.

Si existe una convicción en el conservadurismo, es que el sistema en conjunto funciona mejor cuanto menos constreñido está por el gobierno. Lo que encontramos del keynesianismo es precisamente lo opuesto. En el primer periodo se consideró al Estado responsable del crecimiento; en el segundo, responsable de la contención de la inflación. Esto era la expresión del convencimiento de que el orden económico del sistema está más íntegramente ligado al orden político y depende de él más de lo que se suele pensar.

VI

Un aspecto de la política del capitalismo se trata de analizar los medios por los que las instituciones centrales del sistema enlazan con la idea de libertad. La misma búsqueda de la riqueza constituye en sí misma la expresión de una libertad básica. John Locke fue el primero en describir esta libertad básica como el derecho de los individuos sobre sus propios cuerpos y por una mínima extensión, sobre el trabajo de sus propios cuerpos. Locke pasó a justificar la propiedad privada de aquellas cosas que los individuos tomaban de la naturaleza mediante ese trabajo. El capitalismo aparece de por sí como un orden social que es al mismo tiempo encarnación y expresión de la libertad.

El autor nos pide que miremos con mejores ojos la idea de la existencia de cierta vinculación entre la libertad y el derecho a ser dueños del trabajo de nuestros cuerpos y de la riqueza que este trabajo nos proporciona.

El autor justifica esto con la firme realidad de que ningún país no capitalista ha alcanzado los niveles de libertad política, civil, religiosa e intelectual que se dan en todos los capitalismos avanzados.

La presencia de una economía dentro de una unidad política proporciona una ayuda inestimable a la libertad al permitir a los disidentes políticos vivir su vida sin sufrir el entredicho de un régimen todopoderoso.

I

Hoy en día tendemos a referirnos al capitalismo como “mercado” sin darnos cuenta que los mercados son solo parte del capitalismo, y que la diferencia entre ambos es muy grande. Como descubren los ciudadanos de la antigua Unión Soviética, un sistema de mercado significa el final de las largas colas ante las panaderías pero también significa la introducción de una nueva cola que antes no existía que es la cola que se forma ante las oficinas de empleo a la búsqueda de trabajo.

El sistema de mercado es el medio principal para ligar y coordinar la totalidad de los encuentros individuales entre compradores y vendedores. Los mercados son conductos a través de los cuáles fluyen las energías del sistema y el mecanismo por el que el ámbito privado puede organizar sus tareas sin la intervención directa de la esfera pública.

En la actualidad no se oye mucho de la Mano Invisible (de Smith) ya que el sistema de mercado es hoy demasiado visible en forma de manejos empresariales o publicidad llamativa. El mercado ha conseguido gran admiración y respeto que el autor considera como una consecuencia directa del desastre económico de la antigua U.R.S.S.

Actualmente existe una coincidencia muy extendida sobre el hecho de que las sociedades avanzadas en el siglo XXI tendrán como principal medio de coordinación algún tipo de sistema de mercado.

Todo ello nos lleva a considerar ciertos problemas que no se pueden sopesar sin examinar una cuestión a la que ha sido aludida pero que no ha sido explicada que es la manera de cómo funciona el mercado.

II

Un economista nos dirá que los mercados introducen un microorden en la sociedad. Microorden es el equivalente a la Mano Invisible que lleva a las personas para que alcancen objetivos sociales de manera inconsciente. Dando por sentado que la mentalidad “maximizadora” es propia de la naturaleza humana podemos deducir tres modelos específicos de acción:

a)Los individuos seguirán cualquier camino que promueva mejor su interés económico (buscarán los trabajos mejor remunerados).

b)Los empresarios, buscando también su propio interés económico, aumentarán la producción de aquellos bienes y servicios con mayor demanda y máximos beneficios; y, por otro lado, reducirán la producción allí donde la demanda y los beneficios sean relativamente bajos.

c)El conflicto interno que afecta a la actividad de las dos partes del mercado al desarrollarse la competencia tanto entre suministradores como entre demandantes. Esto provocará el efecto de empujar todo tipo de precios hacia el nivel social predominante. El sistema de mercado se convierte así en su propio método de control.

Los sistemas de planificación central no fallan por falta de información, ya que saben cuando sube la demanda y cuando esta baja y lo que deben hacer en cada momento, el error esta en que al burocratizar el sistema de mercado se pierde ese interés por maximizar beneficios ya que van a tener lo mismo pase lo que pase.

III

Si el sistema de mercado no funcionara de esta manera el capitalismo se habría hundido hace ya tiempo. En la medida en que los mercados proporcionan coherencia y orden, somos plenamente inconscientes de su presencia y cuando actúan de manera desordenada es cuando nos damos cuenta de que está ahí ¿Pero por qué a veces los mercados se portan bien y otras mal?

La razón más antigua de los problemas reside en las nuevas características de unas economías cuyas unidades típicas de actuación no son ya empresas pequeñas y adaptables, sino consorcios tecnológicamente fijos y de gran tamaño.

Smith consideraba que el proceso competitivo garantizaba y mantenía de manera esencial una igualdad de recompensas en o entre empleo e industria. Tal observación podía haber sido exacta en los tiempos de Adam Smith pero cada vez lo fue menos con el paso del S. XIX, cuando las empresas en competencia se convirtieron en empresas auténticamente gigantes. Tales empresas requerían costosas estructuras de capital y esas estructuras requerían a su vez grandes costos fijos. La consecuencia fue una competencia asesina que dejó estancadas a muchas empresas más débiles. Las presiones de la costosa competencia condujeron a la unión por fusión y a la formación de trusts.

Así la dinámica de la competencia pasó a ser una causa mayor de la transformación de una economía atomista en otra de firmeza y debilidad estructuradas. Los distintos capitalismos nacionales se han enfrentado de manera distinta a la consiguiente amenaza para la estabilidad: unos, realizando acuerdos tácitos para vivir y dejar vivir; otros, recurriendo a cárteles; algunos con acuerdo y aprobación del gobierno, y otros sin ellos. En nuestros días el problema se ha hecho aún más complejo ya que la competencia va más allá de las fronteras nacionales creando así una nueva fuente de inestabilidad potencial.

Si esa estructura transnacional llegara a vacilar en algún momento, no habrá contrapeso político efectivo para emprender las maniobras fiscales, monetarias y reguladoras requeridas para estabilizar la producción.

Siempre que las expectativas apunten hacia un empeoramiento de las condiciones existentes, los efectos del mercado no producirán equilibrio sino desequilibrio echando así leña al fuego inflacionista.

Este último fenómeno nos lleva de la circunstancia de un microdesorden a los problemas económicos de escala mayor del macrodesorden.

El mecanismo del mercado no guiaría necesariamente a la economía hacia el pleno empleo ya que se puede aplicar a la determinación de crear empleo efectos exactamente opuestos a los que pueden producir las expectativas en la determinación del nivel de precios.

IV

La influencia más desconcertante y penetrante y desconcertante de cuantas el sistema de mercado ejerce sobre el capitalismo se denomina “fallo del mercado”, que tiene aspectos más profundos descritos mejor mediante otros términos.

Uno de ellos es la “externalidad”. Estos costes son externos y se adosan a personas ajenas al proceso de producción de una empresa a pesar de que deberían incluirse dentro de los costes de la empresa que los produce (por ejemplo: la contaminación).

Estas influencias son las más penetrantes y desconcertantes de cuantas impone el sistema de mercado. En principio, no hay prácticamente ningún acto de producción que no tenga algún efecto externo.

Es verdad que sería imposible tener en cuenta todos los costes y beneficios externos de la producción pero es que no se tienen en cuenta ni siquiera los más importantes lo que distorsiona seriamente nuestro cálculo de costes y beneficios de la producción. Estas externalidades poseen un interés especial ya que son fuente de conflicto entre el ámbito privado y el público.

Un segundo impacto del mercado consiste en su influencia sobre la cultura del capitalismo. La ética del “cada uno para sí” refleja la mentalidad del mercado. No hay manera de escapar a los entusiasmos e incitaciones de la publicidad.

Así pues, el mercado impone al mismo tiempo costes y beneficios. Pero, ¿con qué podrían sustituirlos? La pregunta apunta a la conclusión hacia la que nos encaminamos.

I

Llegados ha este momento el autor nos informa que sus conclusiones no van a consistir en una gran predicción sobre el futuro ya que no cree posible poder prever las perspectivas de la sociedad con la claridad y certeza que supone una verdadera predicción. Más bien nos habla del capitalismo del siglo XXI en función de unos escenarios mediante los cuales nos imaginamos su desarrollo.

Adam Smith previó una Sociedad de Libertad Perfecta cuya característica más importante era un incremento general del bienestar general, preveía una época en que tal sociedad llegaría a acumular una plena totalidad de riquezas. Pero el gradiente prolongado y ascendente de Smith se curvaría hacia abajo cuando una población en aumento se viera obligada a repartir una producción que habría cesado de crecer (esta previsión hace a Smith el economista menos optimista sobre el resultado futuro).

Marx es más optimista (no sobre el capitalismo pero sí de lo que resultaría de este). El análisis de Marx sigue la pista de las consecuencias del impulso adquisitivo en un entorno competitivo. Lo más importante de todo el escenario es la visión marxiana de la clase trabajadora como sujeto agente de su propia liberación futura, y no como víctima pasiva del orden existente. La clase trabajadora ignorante de Smith da paso a un proletariado confuso que poco a poco va entendiendo. La conclusión a la que llega Marx es que el socialismo sucederá al socialismo.

Otros dos importantes pensadores creyeron también en el fin del capitalismo. Keynes era un pesimista en sus análisis pero un optimista en sus visiones. Era pesimista porque su comprensión del funcionamiento del mercado llevaba a la desconcertante conclusión de que una sociedad guiada por el mercado podría acabar en una situación de desempleo permanente. La conclusión analítica pesimista de Keynes estaba compensada por una valoración sorprendentemente optimista de las posibilidades políticas del capitalismo.

Schumpeter no creía que el capitalismo pudiera sobrevivir. Este autor introduce en el proceso de acumulación un elemento mucho más dinámico: un perpetuo huracán de destrucción creativa a medida que los empresarios crean y explotan áreas de expansión anteriormente inexistentes. Concluye con que no existen razones económicas para que el capitalismo desaparezca. Pero como la cultura del capitalismo disuelve los valores el núcleo que sustenta sus creencias queda en última instancia más allá de la defensa racional y se marchitará bajo el análisis frío de los valores del capital.

Los decorados de esta predicción están diseñados más una visión que por un análisis.

II

El autor pregunta que cómo estas exposiciones podrían utilizarse para pensar acerca del porvenir. Nos da dos respuestas.

La primera es que todas ellas entienden el capitalismo como un orden social cuya dirección es predecible; piensan que la marca distintiva del capitalismo en la historia es cierto tipo de trayectoria histórica autodeterminada. El resultado lleva a las muy distintas conclusiones de la economía.

Las ideas preconcebidas de los grandes economistas informan cualquier juicio social. Los escenarios son inevitablemente conservadores o liberales, reaccionarios o radicales, etc. Los escenarios son algo más que predicciones.

III

La segunda cuestión es la de por qué casi todos ellos consideran el capitalismo autodestructivo. No se conoce a ningún personaje importante del pensamiento económico que crea que el capitalismo salga victorioso por el mero poder imbatible de su propia actuación. Esto es debido a la mera dificultad de mantener con éxito el macroorden y el microorden capitalistas. El motivo más hipotético son las dudas persistentes relativas a su validez política y moral. El primero de estos problemas es que no hay acuerdo alguno ya que la dificultad fundamental para mantener un orden económico adopta muchas formas. El denominador común consiste en la inestabilidad inherente a un sistema económico cuyas energías se generan de manera irregular y cuyo mecanismo autorregulador es de por sí volátil. El sistema generará antes o después un conjunto de problemas insolubles y tendrá que ceder su puesto a un sucesor. También existe un sentimiento extendido de desasosiego respecto al fundamento moral del capitalismo.

Por otro lado según Smith las mayores libertades conseguidas gracias a la desaparición de las relaciones feudales compensaban más que de sobra las diferencias que existían en los beneficios obtenidos por cada parte (obrero-patrón); porque los beneficios son únicamente el nombre dado a la restitución pagada al capital.

Las desigualdades inherentes a la posesión privada de los medios de producción se pueden justificar por la necesidad de mantener el orden social.

La coincidencia en el pesimismo respecto a las perspectivas del capitalismo a largo plazo expresan los recelos morales de quienes intentan justificar profesionalmente el orden social en el que viven.

IV

El origen de los problemas se halla en halla en el funcionamiento del sistema. Algunos están causados por las dificultades relativas a la ambición del capital, otros más por la interdependencia entre estos dos ámbitos. Cuando hablamos del capitalismo del siglo XXI hemos de referirnos a estos asuntos. Es posible que estos problemas acaben convirtiéndose en desafíos fatales en el próximo siglo, pero no son estrictamente problemas capitalistas.

Los problemas habrán de afrontarse confirmando una voluntad política; por medio del gobierno. Existen muchos medios por los que el gobierno puede ejercer esta función.

Habrá unos pocos que expresarán su convicción de que el gobierno es de por sí intrínsecamente hostil al capitalismo. Un exceso de gobierno puede conducir gradualmente a resultados autoritarios; por lo que el gobierno es también parte del problema y no su solución.

El alcance del ámbito público en el capitalismo se ha extendido considerablemente a expensas de lo privado.

Hay otra manera de abordar este problema. Se trata de recordar que el rasgo más notable de los dos siglos de historia capitalista ha sido el extraordinario aumento de tamaño y fuerza del sector privado. La verdad es que quien ha crecido bajo el capitalismo es el capital, en tanto que el gobierno ha ido a la zaga. Esto nos indica que los verdaderos problemas que amenazan al capitalismo nacen del sector privado, no del público. El éxito en la resolución de los problemas del capitalismo variará de acuerdo con las capacidades políticas de los distintos capitalismos.

Creo que las perspectivas para los capitalismos del siglo XXI dependerán del éxito con que los distintos capitalismos nacionales sean capaces de organizar y aplicar las fuerzas del gobierno para relacionarse con las de sus economías.

Algunos de estos capitalismos podrán sobrevivir, adaptarse y hasta florecer por largo tiempo y otros no lograrán su supervivencia.

A largo plazo, el resultado es en general menos predecible. Es seguro que dos formidables problemas autogenerados perturbarán al mundo capitalista. Uno de ellos es la proximidad de ciertas barreras ecológicas. El segundo problema es el de la tendencia a la internacionalización del capital.

V

Antes muchos pensaban que el cambio decisivo consistiría en el abandono del mercado por un sistema planificado. Esta expectativa desapareció con el hundimiento del imperio soviético aunque el autor no descarta la planificación centralizada como orden poscapitalista. La planificación podría ser útil al menos para algunos sistemas industrializados, si la amenaza ecológica o las fuerzas del capital exigen medidas extraordinarias de reorganización y autoprotección.

Los socialismos de mercado no poseen las perspectivas tan propicias como se pensaba antes y con razón ya que no es fácil introducir mercados sin la infraestructura del capitalismo.

Existe una posibilidad para el siglo XXI, se trata de una sociedad cuyo modo de cooperación no es la costumbre, tradición, ni un mando centralizado ni la sumisión a las presiones e incentivos del mercado. Su principio integrador sería la participación (las decisiones de la vida económica sometida a votación). Esto sustituiría el mero interés de los más favorecidos por la votación de todos. También supondría el reparto de beneficio para todos los que participasen.

Todo esto es difícil que funcione y nos parece utópico. Una sociedad participativa plantearía problemas de organización. También se tendría que impedir que los individuos persiguieran fines antisociales en sus actividades económicas.

A pesar de que la transición sea demasiado difícil para un corto plazo el autor no la descarta como ideología que desbancará al capitalismo pero sigue viendo en el siglo XXI al capitalismo como orden económico predominante.