Colmillo blanco; Jack London

Literatura universal contemporánea del siglo XIX. Narrativa norteamericana. Novela de aventuras. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Chinito
  • Idioma: castellano
  • País: Perú Perú
  • 8 páginas
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COLMILLO BLANCO

Por JACK LONDON

LA MARAVILLOSA HISTORIA DE UN LOBO GRIS

Único superviviente de los cinco hijos de un lobo tuerto y de Kiche, loba mestiza, hizo sus primeras experiencias de la vida junto a su madre, de la que fue aprendiendo las diversas leyes que rigen la vida de los animales salvajes, la más importante de las cuales, la fundamental es: Comer o ser comido.

Cachorro aun, una mañana entro en contacto con el hombre, representado por cinco indios. Uno de ellos, Castor Gris, hermano del que fuera dueño de su madre, le do el hombre de Colmillo Blanco, tomo posesión de el y de su madre y los llevo a vivir al campamento de su tribu, a orillas del río Mackenzie, donde la vida en común con los hombres y sus animales domésticos aumento su experiencia. Allí conoció el palo, la soga, la piedra, el látigo y el supremo milagro de la flor roja: el fuego.

COLMILLO BLANCO, EL PERRO LOBO GRIS, COMIENZA SU APRENDIZAJE

A los pocos días de su ingreso en el campamento indio, fue separado de su madre y su amo Castor Gris, comenzó su educación, es decir para Colmillo Blanco empezó la verdadera esclavitud. Sufrió numerosos castigos destinados a enseñarle las leyes de los hombres, de las cuales la más importante es: Respeto y sumisión.

Fue objeto de las persecuciones de Lip-lip, un cachorro mayor que él, verdadero matón del campamento; se volvió solitario, astuto, rápido y feroz y aprendió a pelear contra uno o varios perros a la vez sin dejarse sorprender jamás. Supo el valor de la sorpresa y la velocidad y conoció las partes vulnerables de sus enemigos. En suma, con el correr del tiempo, el cachorro solitario se transformo en un luchador fuerte, feroz, cruel y sanguinario, lleno de astucia.

Algo mas tarde hizo su aprendizaje como tiro del trineo de Mit-sah, hijo de Castor Gris y aprendió a defender a sus amos y sus pertenencias de los ataques de otros hombres. A medida que se iba desarrollando, Colmillo Blanco impuso respeto a los cachorros de su edad y termino por imponerlo también a los perros adultos. Para ello debió sostener frecuentes y sangrientas luchas, en las que obtuvo siempre la mejor parte, hasta que finalmente, logro matar a Lip-lip, su eterno enemigo y se convirtió en guía del trineo de Mit-sah.

Cuando Colmillo Blanco tenia ya cerca de cinco años de edad, Castor Gris lo llevo en un largo viaje y durante mucho tiempo se recordaron los estragos que hizo entre los perros de las numerosas aldeas asentadas a lo largo del Mackenzie, a través de las Rocosas y aguas abajo del Puerco Espin hasta el Yukon. Gozaba con la venganza que se tomaba contra los animales de su raza.

EL PERIODO MÁS TERRIBLE DE LA VIDA DEL LOBO GRIS

En el verano de 1898, Colmillo Blanco llego al Fuerte Yukon, sobre el Circulo Polar Ártico y vio por primera vez en su vida a los hombres blancos. Allí el Bello Smith, hombre flojo, débil, llorón y cobarde, de alma tan retorcida como su deforme cuerpo, lo vio pelear en muchas ocasiones y aprecio tanto su coraje, su astucia y su fiereza que resolvió hacerse dueño de el a cualquier precio. Castor Gris se negó rotundamente a venderlo, pues Colmillo Blanco era un animal valioso, el pero de tiro mas fuerte que había tenido y el mejor guía. Pero el Bello Smith sabia tratar con los indios y Castor Gris era un indio. Despertó en él el vicio de la bebida y el alcohol hizo lo demás, impulsándolo por una progresiva pendiente de degeneración.

A los pocos días, el hermoso lobo gris, pasaba a poder del blanco a cambio de una botella de whisky y comenzó para él el periodo más terrible de su vida. Encadenado dentro de una jaula, debió soportar los más duros castigos y las mayores vejaciones por parte de Smith y de los rudos mineros de Fuerte Yukon. De esta manera, el hombre blanco lo convirtió en una fiera temible, apta para desempeñar la parte que le tenia asignada en el diabólico plan que había meditado para hacer rápida y fácil fortuna a costa de las cualidades del lobo gris.

Consistía el plan en hacerlo pelear con diversos perros cruzando apuestas de dinero. Así el Bello Smith consiguió ganar grandes sumas, pues no había perro que pudiera enfrentarse victoriosamente a Colmillo Blanco y él lo sabia.

El verdadero peligro se presentó para él, cuando en Klondike, donde lo había llevado Smith, debió enfrentarse al perro de Tim Keeman, el primer bulldog que piso aquellas tierras. Fue una pelea memorable, larga y sangrienta y Colmillo Blanco hubiera terminado sus días entre las mandíbulas del bulldog de no mediar la intervención de Weedon Scott, quien lo saco casi muerto de entre ellas, obligo a Smith a que se lo vendiera y se lo llevo consigo.

COLMILLO BLANCO LOGRA COBRARSE UNA VIEJA CUENTA

Comenzó así una nueva etapa en la vida del lobo gris, aquella en que le enseñaron a querer y lo fueron conquistando por la bondad y el cariño.

Fue su maestro Weedon Scott, quien con el deseo de hacer de el un animal útil, debió recurrir a toda su paciencia y bondad para poder vencer su obstinada resistencia, que provenía de los continuos malos tratos que le habían propinado últimamente y de su ancestral odio al hombre y su amor a la libertad.

Y lo consiguió. Poco a poco, el lobo se fue entregando a el, buscando su compañía y solicitando sus caricias. Su afecto fue creciendo hasta tal punto, que durante una ausencia de Scott enfermo de melancolía, no quiso comer y habría muerto de inanición si su dueño no hubiera regresado a tiempo para salvarlo. La vista de su amo le devolvió el deseo de vivir, que ya había perdido.

Una noche, no mucho después del regreso de Scott, este y Matt, el conductor de su trineo, se hallaban sentados jugando a los naipes antes de irse a la cama, cuando un alarido y fuertes gruñidos resonaron afuera. Se miraron sorprendidos mientras se ponían de pie.

!Es el lobo que pesco a alguien! - dijo Matt y corrió en busca de un arma mientras se oían nuevos gritos de terror y angustia.

Trae una luz - grito Scott, mientras saltaba hacia la puerta.

Matt lo siguió con una lámpara y a su luz pudieron ver a un hombre caído de espaldas sobre la nieve, con los brazos doblados uno sobre el otro, tratando de protegerse el rostro y la garganta de los colmillos del lobo. El animal, enfureció, trataba de morder el cuello del hombre. Desde el hombro hasta la muñeca, las mangas de la chaqueta, las de la camisa de franela azul y las de la camiseta se hallaban reducidas a tiras y los mismos brazos estaban terriblemente desgarrados y enrojecidos por la sangre que manaba de las heridas.

Rápidamente Weedon Scott sujeto a Colmillo Blanco por la garganta y lo arrastraba apartándolo. El perro luchaba y gruñía, pero no intentaba morder; hasta que se tranquilizo ante una palabra energica de su amo.

Matt ayudo al hombre a ponerse de pie. Al levantarse, el individuo bajo los brazos que tenia cruzados protegiéndose el cuello y apareció el rostro bestial del Bello Smith. Matt lo soltó precipitadamente, con un gesto similar al de un hombre que se quema los dedos al coger una brasa. Smith parpadeo bajo la luz de la ampara y miro a su alrededor. Vio a Colmillo Blanco y su rostro se demudo de terror.

Al mismo tiempo, Matt observo que yacían sobre la nieve dos objetos. Acerco la lámpara y con la punta del pie, se los mostró a su jefe: una cadena de acero y un grueso garrote.

Weedon Scott los vio y asintió con la cabeza. No cruzaron ni una palabra. El conductor del trineo puso la mano sobre el hombro de Bello Smith y le hizo girar, mirándolo cara a cara. No era necesario decir nada. Mientras tanto, Scott acariciaba a Colmillo Blanco y le hablaba:

Trato de robarte, eh? Y tu no podías permitirlo! Bien, bien; cometió un error no?-

Debe haber pensado que había agarrado diecisiete demonios juntos - se burlo el conductor.

Colmillo Blanco, todavía agitado y con los pelos erizados, gruñía y gruñía; pero luego se fue tranquilizando y los gruñidos se apagaron poco a poco en su garganta.

EL LOBO GRIS DA CUENTA FÁCILMENTE DE TRES ENEMIGOS

Poco tiempo después, habiendo finalizado su misión en aquellas apartadas regiones, Weedon Scott partió de regreso a su hogar y por mas que hizo, no pudo conseguir que el lobo gris se apartara de el, por lo que decidió llevarlo consigo.

Así conoció Colmillo Blanco las grandes ciudades de los hombres blancos y llego a Sierra Vista, propiedad del juez Scott y casa paterna de su amo, para comenzar una nueva etapa de su vida. Allí hubo de aprende a tolerar a los familiares de su patrón y sobre todo, a convivir con los perros de la casa, que lo recibieron fieramente. Pero el amor hacia el amo pudo mas: logro vencer el instinto y dominar sus impulsos destructores, hasta llegar a vivir en paz con todos los demás animales domésticos.

En el camino de Sierra Vista a la ciudad de San Francisco, rondando la hostería situada en una encrucijada, había tres perros que solían precipitarse furiosos sobre él cuando pasaba acompañando el coche en que su amo hacia periódicamente sus viajes.

Conociendo los métodos de lucha, Scott nunca había dejado de insistir sobre Colmillo Blanco a fin de que aprendiera bien la ley de no reñir con otros perros. Como consecuencia, habiendo asimilado perfectamente la lección, soportaba sin protestas los ataques de los perros cuando trotaba frente a la hostería de la encrucijada.

Después de la primera arremetida, con un gruñido mantenía a distancia a sus tres enemigos, pero luego lo perseguían ladrando, dándole mordiscos y provocándolo de todas maneras.

Los hombres de la hostería alentaban a los perros para que atacaran a Colmillo Blanco. Un día los azuzaron abiertamente contra él. El amo detuvo entonces el carruaje.

- A ellos! - grito a Colmillo Blanco.

El animal no podía creerlo. Miro a su amo, luego a los perros y enseguida, ansiosa e interrogativamente, clavo los ojos otra vez en su amo.

Scott asintió con la cabeza. - A ellos amigo! Comételos!

Entonces ya no titubeo, se volvió y salto rápida y silenciosamente entre sus enemigos. Los tres se enfrentaron a el y se armo una tremenda batahola de gruñidos, gritos, entrechocar de dientes y confusión de cuerpos. El polvo del camino se levantaba formando verdaderas nubes que ocultaban los detalles de la pelea. Al cabo de varios minutos, dos de los perros mordían el polvo y el tercero se declaraba en franca huida. Salto una zanja, atravesó una cerca y se lanzo a todo correr por el campo. Colmillo Blanco lo siguió, deslizándose con la agilidad y la velocidad características del lobo, sin hacer ruido y en medio del campo derribo al perro y lo mato.

COLMILLO BLANCO PROSIGUE SU EDUCACIÓN Y APRENDE A LADRAR

Con estas muertes por partida triple, terminaron las molestias y las provocaciones de los demás perros. La noticia del suceso corrió por todo el valle y todos se ocuparon de que sus animales no se metiesen con el que llamaban lobo de pelea.

Transcurrían los meses. Como no había trabajo en las tierras del Sur y abundaba la comida, Colmillo Blanco se puso gordo, de hermoso aspecto y aire feliz. Entonces fue cuando aprendió a ladrar. En cierta ocasión, un caballo no quería obedecer las ordenes de su amo y brincaba enfurecido; el lobo, que contemplaba la escena, se le acerco de pronto ladrando desaforadamente y con aire amenazador, consiguiendo que se calmara.

Otra vez, una liebre espanto al caballo de Scott, quien cayo y se rompió la pierna. Colmillo Blanco corrió hasta la casa y ladrando furiosamente llamo la atención de los familiares de su amo, que pudo así ser socorrido.

Después de este episodio se gano aun más los corazones de aquella gente, a quienes acabo por conquistar, así como él fue conquistado por Collie, la perra ovejera del padre de su amo, después de un acto heroico en que él, Colmillo Blanco, salvo la vida del juez Scott.

En esa época, los periódicos dedicaban columnas enteras a las fechorías de un delincuente que se había evadido audazmente de la cárcel de San quintín. Era un hombre feroz, de naturaleza cruel y despiadada. En vano se le buscaba por toda la región. Granjeros inofensivos que vivían en valles remotos fueron detenidos por partidas armadas que les obligaba a identificarse mientras que, una docena de campesinos codiciosos que aspiraban a lograr la recompensa que las autoridades habían ofrecido por el fugitivo, informaban sobre falsos paraderos de Jim may, el asesino fugado.

LA TRAGEDIA RONDA LA CASA DEL AMO DEL LOBO GRIS

Mientras tanto, en Sierra Vista se leían los periódicos con verdadera ansiedad. Hall había sido visto por la región. Las mujeres tenían miedo. El juez Scott dijo que eran tonterías y se rió, pero no tenia razón, pues durante sus últimos días de juez, Jim Hall fue condenado. Y terminado el juicio publico, ante todos los presentes, el delincuente había proclamado a voz en grito que llegaría el día en que se vengaría del hombre que lo había condenado.

De todo esto, naturalmente, Colmillo Blanco no sabia nada. Sin embargo, entre el y Alicia la esposa del amo, existía un secreto. Cada noche cuando todos dormían en Sierra Vista, ella se levantaba y hacia entrar a Colmillo Blanco para que durmiera en el vestíbulo. Ahora bien, el animal no era un perro para estar en la casa ni tampoco se le permitía dormir allí, de modo que todas las mañanas temprano, Alicia se deslizaba escaleras abajo y lo hacia salir antes que despertara la familia.

LA TERRIBLE LUCHA ENTRE COLMILLO BLANCO Y EL FORAJIDO JIM HALL.

Una de aquellas noches, mientras toda la casa dormía, Colmillo Blanco se despertó y permaneció echado muy quieto. Olfateo en el aire la presencia de un extraño y sus oídos percibieron los apagados rumores de sus movimientos. No prorrumpió en furiosos ladridos. No era esa su forma de actuar. El forastero avanzaba silenciosamente, pero con mayor cautela aun, empezó a caminar Colmillo Blanco.

El forastero se detuvo al pie de la gran escalera y escucho. Colmillo Blanco se había quedado como muerto, sin hacer el más mínimo movimiento, mientras vigilaba y esperaba. Escaleras arriba estaban las habitaciones de su amo y su gente. Se le erizaron los pelos, pero siguió esperando. El forastero levanto un pie. Comenzaba a subir las escaleras.

Entonces Colmillo Blanco ataco sin previo aviso, sin un gruñido. Se lanzo de un salto y fue a caer sobre la espalda del intruso. Se aferró con las patas delanteras a los hombros del desconocido y al mismo tiempo le clavo los colmillos en la nuca. Se quedo allí colgado por un momento para arrastrar a su victima, haciéndola caer de espaldas. Junto se desplomaron sobre el suelo. Salto el lobo apartándose y mientras el hombre luchaba por levantarse, volvió a atacar ferozmente con sus colmillos.

Sierra Vista se despertó alarmada. El alboroto en la planta baja parecía producido por veinte fieras peleando. Se oyeron tiros de revolver; la voz de un hombre, llena de horror y angustia; terribles gruñidos y por encima de todo, un gran estrépito de muebles que se astillan y cristales que se hacen añicos.

Pero casi tan repentinamente como se había desencadenado, ceso la conmoción. La pelea no había durado mas de tres minutos. Los moradores de la casa, asustados, se habían reunido en la escalera. Desde abajo llegaba hasta ellos un rumor similar a un burbujeo, como el que produce el aire a través del agua, aunque también disminuyo rápidamente hasta cesar. Luego nada se oyó abajo, en las tinieblas, salvo el fatigoso resuello de una criatura que apenas respiraba.

Weedon Scott apretó un botón y la escalera y el vestíbulo de la planta baja se inundaron de luz. Entonces el y el juez Scott, revolver en mano, descendieron cautelosamente. No necesitaban tanta precaución, pues Colmillo Blanco había cumplido una vez más. En medio de todo aquel desastre de muebles caídos y destrozados, casi de lado y con el rostro oculto por el brazo, yacía un hombre. Weedon Scott se inclino, retiro el brazo y volvió hacia arriba el rostro del caído. El cuello sangrante, destrozado, indicaba cual había sido la causa de su muerte.

-Jim Hall!- exclamo asombrado el juez Scott y su padre e hijo se miraron significativamente por encima del cadáver.

SUEÑOS Y VISIONES DE COLMILLO BLANCO: REVIVEN LOS FANTASMAS.

Se fijaron entonces en Colmillo Blanco. También él yacía de lado. Tenia los ojos cerrados, pero sus párpados se levantaron ligeramente en un esfuerzo por mirarlos cuando se inclinaron sobre él y la cola se movió casi imperceptiblemente.

Weedon Scott lo acaricio y en respuesta el lobo gruño en señal de reconocimiento; pero era un gruñido muy débil y rápidamente ceso. Sus párpados cayeron y todo su cuerpo pareció aflojarse hasta quedar inmóvil.

Colmillo Blanco recibió los más solícitos cuidados. Convertido en un prisionero, privado de movimientos por las vendas y tablillas, paso semanas enteras. Dormía mucho y soñaba también mucho.

Por su mente desfilaban mil visiones de las tierras del Norte. Todos los fantasmas del pasado revivieron y se presentaron ante él. Volvió a vivir en el cubil con Kiche, se arrastro temblando hasta las rodillas de Castor Gris para ofrecerle sumisión y para salvar su vida, huyo lejos de Lip-lip y toda la jauría de cachorros que lo acosaban.

Nuevamente se desplazo en medio del silencio, cazando seres vivos que habían de servirle de alimento en los meses de hambre y otra vez marcho al frente de la traílla restallando a sus espaldas el látigo de Mit-sah y de Castor Gris, que gritaban: “Ra! Raa!” cuando se acercaban a un pasaje estrecho y la manada e cerraba entonces, como un abanico para atravesarlo.

De nuevo vivió los días pasados con el Bello Smith y volvió a enzarzarse en aquellas terribles riñas. En tales ocasiones se quejaba y gruñía en sueños y los que lo observaban decían que tenia pesadillas.

Por fin llego el momento en que le quitaron los últimos vendajes y tablillas. Fue un día de fiesta para la familia. Toda Sierra Vista se había reunido alrededor de el. El amo le frotaba las orejas y él le respondía con un gruñido de satisfacción. Trato de ponerse en pie y después de varias tentativas cayo vencido por la debilidad.. A causa de la larga postración, los músculos habían perdido su vigor y flexibilidad. Tras grandes esfuerzos logro al fin quedarse apoyado sobre sus cuatro patas, aunque tembloroso y tambaleándose.

-Tendrá que aprender a caminar de nuevo- observo el medico-. De modo que puede comenzar ahora mismo. No le hará ningún daño. Llévenlo afuera.

COLMILLO BLANCO RECONOCE A SUS DESCENDIENTES

Y afuera fue, que como un rey, con toda Sierra Vista rodeándolo para atenderlo. Estaba muy débil y cuando llego al césped tuvo que echarse y descansar un rato.

Al cabo, la procesión se puso en marcha y los músculos de Colmillo Blanco comenzaron a experimentar ciertos chispazos de fuerza y la sangre comenzó a correr libremente por ellos. Llegaron a los establos y allí a la entrada, estaba echada Collie con media docena de cachorritos que jugaban en torno suyo, bañados por el tibio sol matinal de California.

Colmillo Blanco contemplo la escena con ojos maravillados. Collie le gruño en tono de advertencia y procuro mantenerse a prudente distancia. El amo empujo con el pie a un cachorro tambaleante, llevándolo en su dirección. Se le erizaron los pelos del lomo mientras lo miraba con recelo, pero el amo le tranquilizo. Collie, sujeta entre los brazos de una de las mujeres, le observaba fijamente y con un gruñido le previno que se guardara mucho de sobrepasarse con sus pequeñuelos, pues de ninguna manera estaba dispuesta a consentírselo.

El cachorrito se despatarro frente a el. Colmillo Blanco levanto entonces las orejas y lo contemplo con curiosidad. En ese momento sus hocicos se tocaron y sintió en la mejilla la tibia lengua del cachorro. A su vez sin saber por que, estiro también la suya y le lamió la cara.

Luego, vencido por la debilidad, se echo con las orejas levantadas y la cabeza a un costado, vigilando al cachorrito, cuyos hermanos a duras penas también se le acercaron con gran disgusto de Collie, mientras él, muy grave, muy circunspecto, permitía que se le subieran encima con la mayor familiaridad.

Ni las regocijadas manifestaciones de los amos lograron sacarlo de su actitud de reconcentrada reserva, tal como si la situación le resultara un tanto embarazosa; pero pronto se fue serenando a medida que los confianzudos cachorritos insistían en sus juegos tan torpes como graciosos, hasta que al fin opto por tenderse a sus anchas, entornando pacientemente los ojos para dormitar bajo las caricias del sol.

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