Apología de Sócrates; Platón

Filosofía griega. Pensamiento platónico. Ideas socráticas

  • Enviado por: Alex Menendez
  • Idioma: castellano
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Platón (Biografía)

(Atenas, c. 427-id., 347 a. De C.) Filósofo griego. De familia noble, frecuentó los círculos militares y poéticos, pero ante su falta de éxito siguió la enseñanza de Sócrates, a cuya muerte (399) viajó a Egipto y al sur de Italia, conociendo el pitagorismo y entablando amistad, en Sicilia, con Dión, sobrino del tirano de Siracuasa Dionisio. A su regreso a Atenas fundó la Academia (387). Volvió (367) a Siracusa, intentando en vano que el nuevo tirano aplicara en la ciudad su modelo político. Al morir, fue sustituido en la Academia por su sobrino Espeusipo.

Los escritos de Platón adoptaban la forma de diálogos, donde se exponían ideas filosóficas, se discutían y se criticaban en el contexto de una conversación o un debate en el que participaban dos o más personas. El primer grupo de escritos de Platón incluye 35 diálogos y 13 cartas. Se ha cuestionado la autenticidad de algunos diálogos y de la mayoría de las cartas.

Es el primer pensador griego cuya obra se ha conservado íntegamente, y Aristóteles ha transmitido incluso fragmentos de su enseñanza oral en la Academia, al parecer discordante con sus escritos. Sus “Diálogos” (nombre que alude al género literario prácticamente exclusivo de sus escritos) suelen ser ordenados cronológicamente en tres grandes grupos. El primero, el de los diálogos socráticos, se centra en el proceso y la muerte del maestro (“Apología de Sócrates y Critón”) y en el método mayéutico (“Hipias menor”, “Cármides”, “Laques”, “Lisis”, “Eutifrón”, “Gorgias”, “Menón”, “Cratilo”, “Eutidemo” y “Menexeno”). En el segundo grupo, el de los diálogos de madurez (literariamente, los más conseguidos), se tratan los grandes temas platónicos: la teoría de las ideas, la inmortalidad del alma, el amor ideal, la ciudad perfecta (“El banquete”, “Fedón”, “La república” y “Fedro”). El tercer grupo es el de la vejez, o de los diálogos dialécticos, en los que el autor expone su cosmología (“Timeo”) o somete a revisión su teoría de las ideas (“Teeteto”, “Parménides”, “El sofista”, “El político” y “Filebo”) o su doctrina política (“Las leyes”, obra inacabada); también inacabado es el “Critias”. Trece “Cartas” (alguna de dudosa autenticidad) cierran el conjunto, aportando datos de gran interés biográfico.

El pensamiento de Platón surge en una época de crisis política de Atenas (tras la guerra del Peloponeso y la derrota frente a Esparta), y es la democracia que sigue a los treinta tiranos la que condena a Sócrates , el justo; además la caída de los tradicionales valores religiosos y morales da paso al relativismo ético de los sofistas y al debate sobre la base convencional o natural de la ley. Platón busca una respuesta a tales problemas. Sale en defensa de la memoria de Sócrates, elabora la teoría de las ideas (hay, pues, valores y virtudes en sí, más allá de toda convencionalidad), establece la justicia “en sí” como fundamento del orden socio-político, eleva el eros a categoría ideal, presenta la figura del filósofo (crítico para con la realidad, situado por encima de intereses mezquinos y preparado para la muerte) como modelo del ser humano y el único capaz de regir la polis, y se afana por hallar un prototipo de la misma.

Sócrates (c. 470-c. 399 a.C.)

Filósofo griego fundador de la filosofía moral, o axiología que ha tenido gran peso en la filosofía occidental por su influencia sobre Platón. Nacido en Atenas, hijo de Sofronisco, un escultor, y de Fenareta, una comadrona, recibió una educación tradicional en literatura, música y gimnasia. Más tarde, se familiarizó con la retórica y la dialéctica de los sofistas, las especulaciones de los filósofos jonios y la cultura general de la Atenas de Pericles. Al principio, Sócrates siguió el trabajo de su padre; realizó un conjunto de estatuas de las tres Gracias, que estuvieron en la entrada de la Acrópolis hasta el siglo II a.C. Durante la guerra del Peloponeso contra Esparta, sirvió como soldado de infantería con gran valor en las batallas de Potidaea en el 432-430 a.C., Delio en el 424 a.C., y Anfípolis en el 422 a.C.

Sócrates creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura y por lo tanto pasó la mayor parte de su vida de adulto en los mercados y plazas públicas de Atenas, iniciando diálogos y discusiones con todo aquel que quisiera escucharle, y a quienes solía responder mediante preguntas. Un método denominado mayéutica, o arte de alumbrar los espíritus, es decir, lograr que el interlocutor descubra sus propias verdades. Según los testimonios de su época, Sócrates era poco agraciado y corto de estatura, elementos que no le impedían actuar con gran audacia y gran dominio de sí mismo. Apreciaba mucho la vida y alcanzó popularidad social por su viva inteligencia y un sentido del humor agudo desprovisto de sátira o cinismo.

Actitud hacia la política

Sócrates fue obediente con las leyes de Atenas, pero en general evitaba la política, contenido por lo que él llamaba una advertencia divina. Creía que había recibido una llamada para ejercer la filosofía y que podría servir mejor a su país dedicándose a la enseñanza y persuadiendo a los atenienses para que hicieran examen de conciencia y se ocuparan de su alma. No escribió ningún libro ni tampoco fundó una escuela regular de filosofía. Todo lo que se sabe con certeza sobre su personalidad y su forma de pensar se extrae de los trabajos de dos de sus discípulos más notables: Platón, que atribuyó sus propias ideas a su maestro y el historiador Jenofonte, un escritor prosaico que quizá no consiguió comprender muchas de las doctrinas de Sócrates. Platón describió a Sócrates escondiéndose detrás de una irónica profesión de ignorancia, conocida como ironía socrática, y poseyendo una agudeza mental y un ingenio que le permitían entrar en las discusiones con gran facilidad.

Enseñanzas

La contribución de Sócrates a la filosofía ha sido de un marcado tono ético. La base de sus enseñanzas y lo que inculcó, fue la creencia en una comprensión objetiva de los conceptos de justicia, amor y virtud y el conocimiento de uno mismo. Creía que todo vicio es el resultado de la ignorancia y que ninguna persona desea el mal; a su vez, la virtud es conocimiento y aquellos que conocen el bien, actuarán de manera justa. Su lógica hizo hincapié en la discusión racional y la búsqueda de definiciones generales, como queda claro en los escritos de su joven discípulo, Platón, y del alumno de éste, Aristóteles. A través de los escritos de estos filósofos Sócrates incidió mucho en el curso posterior del pensamiento especulativo occidental.

Otro pensador y amigo influenciado por Sócrates fue Antístenes, el fundador de la escuela cínica de filosofía. Sócrates también fue maestro de Aristipo, que fundó la filosofía cirenaica de la experiencia y el placer, de la que surgió la filosofía más elevada de Epicuro. Tanto para los estoicos como el filósofo griego Epicteto, como para el filósofo romano Séneca el Viejo y el emperador romano Marco Aurelio, Sócrates representó la personificación y la guía para alcanzar una vida superior.

Apología de Sócrates

El proceso y la consiguiente condena a muerte de Sócrates fue un hecho que iba a tener una trascendencia imposible de pensar en las fechas en que sucedió. De igual forma, no sería posible suponer la influencia posterior del pensamiento socrático en sus discípulos, especialmente en Platón, sin que éstos hubieran recibido el doloroso impulso de la injusta condena del maestro.

En el proceso de Sócrates hay un componente personal de malquerencia, pero se aprovecha el ambiente de sensibilidad de Atenas en esos momentos, los términos de la acusación habrían tenido poco o menos valor de otra forma, para condenar a un hombre injustamente mediante una acusación de impiedad.

La acusación fue presentada por Meleto, y a ella se asociaron Ánito y Licón. La acusación precisaba que Sócrates no creía en los dioses de la ciudad y quería introducir otros, que corrompía a los jóvenes y que por encima de todo, era un sofista.

Establecido esto, falta explicar el porqué de la condena a muerte. Como ya había comentado antes, era difícil que se consiguiera la culpabilidad y casi imposible la imposición de la pena de muerte; sin embargo, la opinión equivocada sobre Sócrates se había generalizado quedando éste en situación desfavorable para hacer cambiar la opinión a los jueces. Una vez Sócrates había sido declarado culpable, la necesidad de ser consecuente con toda su actuación anterior le llevó a la muerte. Sócrates tendría que haberse humillado y perdido su imagen de rectitud moral para haber sido absuelto. Tuvo que elegir la muerte física para salvar su verdadera imagen. También hace falta añadir a los posibles motivos de la condena, el precario sistema judicial ateniense.

Pero es el estilo y la organización de la obra lo que nos interesa. Platón estuvo presente en el juicio y tuvo que guardar un recuerdo muy seguro de todo lo que Sócrates dijo. Se consideran dos criterios para explicar la forma de la Apología: que se escribió al margen de los hechos (Sócrates guardó silencio durante el juicio) y que efectivamente no se apartó de los hechos ni de los razonamientos (dudándose relativamente la perfecta organización de la obra). Se cree que la obra sólo se pudo conseguir tras la muerte de Sócrates y tras una reposada reflexión sobre el enfrentamiento del maestro con áquellos sectores de la vida ateniense que representaban los jueces.

La división temática del discurso es perfecta: las dos clases de acusadores; la justificación de su conducta antes de pasar de los primeros acusadores a los segundos; el interrogatorio de Meleto; la necesidad moral para el hombre de defender sus convicciones más que su vida; la actuación en privado, en vez de la actuación política; el acogimiento de los jóvenes; finalmente, la apelación a la dignidad del acusado y a la de los jueces con que termina la parte dedicada a la defensa.

Me quedo con las páginas 38, 39 y 40 como el exponente más claro de la doctrina socrática, porque son en las que Sócrates trata de reafirmarse, trata de no echar por tierra toda su conducta anterior, anteponiendo sus principcios a la vida misma. En la página 38 hasta la tercera linea de la 40, Sócrates enuncia lo que es para él verdaderamente importante en la vida, la función que cada uno debe cumplir sin alejarse de ella (sin cometer deshonra). Así, cuando ve posible su condena a muerte, sigue expresando su deseo de filosofar, dando a entender que no teme para nada a la muerte. Y es que, según él, no puede considerar un mal algo que desconoce y que puede ser el mayor bien. Es en esto en lo que se diferencia del resto de los hombres: lo más reprochable para él es la ignorancia, creer saber lo que no se sabe.

Cuando acaba, se dirige a los jueces (generalmente los llama atenienses) y deja salir de su boca el extracto más profundo de toda la apología. Se expresa la naturaleza de los actos de Sócrates, lo que significan para él la inteligencia, la verdad, y todo su pensamiento. Se avergüenza de que la gente con riquezas y fama no se preocupen de mejorar sus valores y de los ignorantes que se creen sabios; y es ahí donde entra él, que se considera a sí mismo un enviado de Dios, para demostrar a toda esa gente la verdad, la falta de moral y conocimiento de la que muchos presumen. No importa el origen, el lugar de procedencia, Sócrates siempre tratará de examinar, refutar, mediante interrogatorios a todo el que se precie. Según él, no ha surgido mayor bien en la ciudad que su servicio a Dios. A todos intentará persuadir de igual forma, y si (a los jóvenes) así corrompe; entonces sus palabras serán dañinas, pero si alguien afirma que trata de otras cosas, no será verdad. Y por último añade que no hará otra cosa que no sea esa, aunque hubiera de morir muchas veces.

Referencias

Fedón Diálogo de Platón

Recuerdos de Sócrates Jenofonte

OPINIÓN PERSONAL.

Una vez leído el diálogo numerosas veces, y habiéndole dado muchas vueltas estoy dispuesto a dar a conocer lo que pienso acerca del libro y el suceso. El juicio de Sócrates no se distinguía de ningún otro a excepción del acusado, tan sólo se trataba de otro proceso más, pero sorprendentemente condenaría a una de las mentes más ricas y privilegiadas por el mero hecho de pensar. A lo largo de la historia se han ido sucediendo casos similares, hombres buenos condenados por expresar lo prohibido, por contradecir las opiniones ya establecidas y supuestamente por intentar revolucionar de algún modo. En este caso particular, dejando de lado el hecho de que la “justicia” se cobrara otra víctima, nos planteamos si no fue mejor su muerte. Sería imposible imaginar las obras posteriores de sus amigos y conocidos, o de otros tantos escritores, sin que la muerte de este maestro hubiera tenido lugar. Me refiero a la repercusión que tuvo el doloroso fallecimiento de Sócrates, la cantidad de alusiones u obras completas que se han dedicado a él y a su muerte.

Juzgando cada palabra, cada párrafo y cada página me doy cuenta de que Sócrates deseaba morir. Por eso he dicho antes que la muerte física no era de tanta importancia, y es que parece que Sócrates a base de sus arrogantes palabras había preparado una defensa que le condenaría. Él deseaba ante todo filosofar, y consecuentemente, cuando fue acusado y supo que tenía que compadecer ante un tribunal, decidió que o bien le permitían seguir refutando o que de otra forma no quería vivir. Por eso mantuvo esa actitud: quería mostrar su “desprecio” a la muerte, no quería ser absuelto para vivir el resto de sus ya escasos días sin ejercitar la mente ni expresar conocimientos. Meleto le concedió la oportunidad de acabar con su vida de una forma más que noble, con la conciencia tranquila y reposadamente, con un veneno que le daría su pase a la otra vida. Y es que Sócrates era absolutamente religioso; se consideraba un enviado de Dios y por eso hacía ver a los ignorantes su ignorancia y se comportaba de ese modo tan particular, quizás por todo esto anhelaba alcanzar la muerte (para él no suponía mal alguno, pues la desconocía).

La verdad es que me impresiona la forma en que Sócrates afrontó su destino ateniéndose a las posibles consecuencias. Es también imprescindible comentar la rectitud moral que mantuvo durante el juicio y antes de su muerte: nunca se contradijo, nunca se echó atrás ni escondió sus sentimientos, ni tampoco trató de conseguir el perdón rebajándose hasta suplicar. Optó por un discurso directo y comprometido, aún sabiendo que si buscaba la absolución debía seguir el procedimiento judicial, declarándose culpable y sugiriendo su propia pena.

Dicho esto, es el momento de hablar de la obra en sí, del estilo que rezuma en cada frase y palabra, del tan apreciable patetismo de algunas afirmaciones y de los rasgos de humor que con frecuencia aparecen en el texto. Sin duda alguna son rasgos que caracterizan al áureo Platón. Nos preguntamos entonces si el juicio sucedió tal y como lo narra Platón o fue en parte alterado (algunos creen que Sócrates guardo silencio durante el juicio) después de una meditada reflexión. Dada la presencia de Platón en el juicio, y que acompañó en todo momento a Sócrates, se cree que debió guardar un buen recuerdo de los hechos y que por lo tanto no se alejó de la sucesión de los acontecimientos ni de los razonamientos expuestos; pero aún así dudo que el diálogo no sea en ciertos aspectos una creación literaria.

De todas formas, no cabe ninguna duda de que tanto Sócrates como su apología son verdaderos clásicos.

“No sale de las riquezas la virtud para los hombres, sino de la virtud, las riquezas y todos los otros bienes tanto los privados como los públicos”.

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