Adicciones

Ciencias sociales. Drogas. Farmacodependencia. Alcohol. Café. Somníferos. Tranquilizantes. Efectos

  • Enviado por: Ana María Diego
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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INTRODUCCIÓN

Si partimos de la definición de adición, tenemos: apego o acostumbramiento a personas, elementos, medicamentos, doctrinas, objetos o conductas que llevan a una persona a perturbarse psíquicamente y llegar a la destrucción física como individuo y como partícipe de una sociedad.

Dentro de las adiciones hay una escala que va de las más nocivas a las menos destructivas. En esa escala partimos desde las drogas, alcoholismo, tabaquismo, juego, comida, sectas, sexo, trabajo, y todo lo que se haga en forma compulsiva y sin poderlo controlar desde nuestro propio yo.

Las adiciones son consecuencia de una sociedad perturbada y violenta que pueden demoronar a las mejores familias y deja a su paso solo ruinas. De repente se desata la violencia y la desazón de un adicto en la familia y el problema de no saber como reaccionar. La peligrosidad de las adiciones, como enemigo común a enfrentar por el grupo familiar, debe encontrarlos unidos para vencer, defendiendo sus cuerpos y sus cerebros.

DROGAS

La droga en la antigüedad

Hasta el final del siglo XIX el uso de la droga estaba poco difundido. La toxicomanía era un problema de dimensión personal y generalmente mostraba una patología individual. Algunas grandes celebridades del mundo literario, especialmente, se hicieron verdaderos mensajeros de la toxicomanía. Veían en el opio, consumido especialmente bajo la forma de Hachís, una fuente de inspiración, un medio para alimentar su sensibilidad.

Baudelaire tal vez haya sido la figura más representativa entre esos artistas que se alimentaban con opio para mantener su hambre de ilusiones y para nutrir sus sueños.

Algunos en el campo médico utilizaron morfina y cocaína (supuestamente Freud). Pero eran casos especiales y el acceso a las drogas eran casos especiales, reservado a pequeños grupos de personas. Estos grupos no llegaban a formar escuelas para que otros los siguieran.

Además estaban aquellos que vivían constantemente perturbados mentalmente. Antes que el psicoanálisis haga su aparición al finalizar el siglo XIX, y antes que la psiquiatría entre en auge, la patología del espíritu llevaba a algunos psicópatas a recurrir a los tóxicos con la esperanza de huir de sus males, ya sea de orden depresivo o excitante.

En tales condiciones la droga era condenada moralmente en el caso de los artistas, y contaba con la censura social en el caso de los enfermos, siempre teniendo la sociedad la tendencia a despreciar a los que reconocía como psicópatas. El mundo de los tóxicos era el mundo de los perdidos, ya sea por propia voluntad, o por esa fatalidad que marca el destino de los psicópatas que no tenían otro recurso para escapar de sus males. La relación entre la patogenia y la toxicomanía era muy estrecha. La toxicomanía estaba unida a las condiciones individuales de vida. No tenía nada que ver con el flagelo social que posteriormente llegó a ser.

La droga en la actualidad

A partir del siglo XX, y especialmente en el último cuarto de siglo, el problema d ella droga adquirió otras proporciones. Ya no está relacionado solamente al individuo, prisionero de la toxicomanía como conclusión de una aventura personal, sino que asumió una dimensión social y, además la patología es toda la sociedad.

En una sociedad que sufre por haber perdido todos los valores que podrían orientar un proyecto de vida; que se volvió insensata, pues se diluyó el sentido de la existencia en una necedad crónica y en un absurdo del cual Kafka, entre otros, mostró hasta qué punto hace insoportable la vida; en una sociedad que lleva en sí el miedo, pues la violencia se instaló en ella en todos los niveles, los hombres dejaron de creer en la vida. La realidad es demasiado dura para soportarla, hay que huir de ella, encerrándose en sueños de paraísos artificiales y que permitirán seguir viviendo en otro mundo bello, y lleno de extrañas maravillas. En esta sociedad, el viaje fuera del mundo implacable y fuera de sí y de su desdicha se convirtió en un recurso frecuente. Se hace el viaje por el mundo irreal porque no se puede soportar el mundo real, malamente asombrado por múltiples figuras.

Si la patología es social, el sumergirse en las drogas, también es social. Ya no son privilegio de solo grupos de élite, sino que ataca a la sociedad entera y penetran en todos los niveles, sin tener en cuenta la situación económica y social, sexo, y edad. En estas condiciones los jóvenes son los primeros en ser alcanzados, cuya vulnerabilidad es directamente proporcional a su sensibilidad herida. Ven el mundo que se cierra ante ellos y entonces ellos se cierran ante el mundo, respondiendo con rechazo al rechazo. Se sienten asfixiados por la estupidez de un mundo que ignora todos los valores del espíritu, que dice no a sus esperanzas, que los arroja contra la violencia de los demás, que torna imposible el amor, que es el reino d ella mentira, de los intereses ocultos, de la más total indiferencia respecto a los demás. En esta sociedad enferma en que los jóvenes viven como contaminados, ellos constituyen la clientela fácil e ideal para el infame comercio d ella droga que vende al mismo tiempo veneno e ilusión de felicidad.

Hoy ya no se puede tratar el problema de la droga como una patología individual, sino que hay que tomarlo como un síntoma de una sociedad enferma. Si descuidamos este tema o lo separamos, todos los datos serán falsos. La droga aparece como la respuesta a nuestra sociedad, renegando de todos los valores y perdiendo su sentido y apoyando el desorden espiritual. En este contexto social, la droga gana la partida. Ella arranca a la persona de la realidad y se convierte en su modo de vida.

Se convierte en seducción proporcionando instantes de fuga y refugio, hace olvidar lo malo de la vida, y se ofrece como el último recurso para sobrevivir. Calma la debilidad de los que están destruidos y se sienten morir lentamente, da ilusión de fuerza, combate la fealdad que nos rodea, estimula la risa, es la sustituta de la alegría. Así trata de imponer su reino mediante la esclavitud. Entre un mundo que tambalea entre la insensatez y la estupidez, los jóvenes deben elegir, la elección debe ser la más difícil de hacer en un mundo que no perdona los que pretenden escapar de él.

Omnipotencia de la droga

La droga pasó a ser parte integrante de nuestra sociedad. Se la encuentra en cualquier parte: en la familia, en la escuela, en los ambientes de trabajo, de diversión. La droga, que en otros tiempos era nada más que accidental, hoy es constante y está omnipresente.

La contracultura de los años 60'

Todas las guerras que marcaron este siglo fueron terribles, desde Hiroshima , cualquier guerra se convirtió en amenaza de genocidio, y con el triunfo nuclear estamos al borde de un holocausto, por el soplo de locura suicida que puede destruir la humanidad entera. Entre todas las guerras Vietnam, transformó el mundo, radicalmente. Par soportar esos años terribles, en que los soldados vivieron en la más agresiva de las selvas, donde la tortura era moneda corriente, el miedo a la muerte, y otras atrocidades, los jóvenes soldados americanos pasaron a ser consumidores de drogas. De regreso después de la guerra, la droga siguió siendo el refugio en el que se protegían de los insoportables recuerdos que cargaban consigo. Para ellos la toxicomanía se transformó en una esclavitud necesaria para sobrevivir. Vivían matándose , y huían del recuerdo de la muerte, procurando la muerte para ellos mismos.

La droga extendió su círculo. De los jóvenes militares que regresaban del infierno, se propagó a casi toda la juventud. En esa época al promediar los 60', aparece el movimiento hippie, como un rechazo d ellos jóvenes a la sociedad cuya cultura se transformaba en locura. Los adultos continuaban con su cultura de irracionalidad y muerte, mientras que los jóvenes organizaban el mundo tristemente fantástico de la contracultura, un mundo marginado, rodeado de fantasmas y muertes por sobredosis.

La droga se hacía irresistible, triunfaba en los ambientes de promiscuidad, pero se fue infiltrando de tal manera, que rápidamente envenenó a una generación y se convirtió en parte integrante de una nueva cultura. La contracultura se transformó en cultura.

La droga se desplazó, ganó terreno y dejó de ser fuente de marginalidad. Los consumidores ya no se ocultaban, sino por el contrario, se exponían demostrando que eran la flor de una nueva cultura del futuro. Drogas de toda especie oscurecían el espacio de cultura que conservaba todos los elementos de la contracultura de la cual nació. La cultura de la droga hacía de todos los jóvenes que aspiraban a esa cultura una presa fácil para lo que no estaban preparados a comprender lo que pasaba y evaluar las trampas que podían aparecer en el camino. Sin embargo la droga estaba presente en todo el mundo y lo llevó al lugar en que estamos hoy.

Este lugar se puede convertir en un viaje sin retorno si no actuamos bien y rápido, es necesario romper el encanto vigorosamente. Por un lado devolver a la juventud a la realidad, mostrándole que el placer de la droga no es sino mentira, ilusión, magia inconsciente, camino alienante, expresión del miedo de vivir, débil aspiración de fuga. Por otro lado devolver al joven la fe en el hombre, revelarle el sentido del vivir y de las cosas; devolverle la esperanza de la felicidad, restituirle el impulso del amor sin el cual ninguna vida merece vivirse. En suma para prevenir que los jóvenes penetren en el mundo d ellas drogas, es necesario desintoxicar nuestra propia cultura.

Los requerimientos provienen de todos lados.

De esta cultura que marca el fin del siglo XX, no es erróneo afirmar que estamos ante una cultura tóxica. Los adolescentes son hijos naturales de esta cultura, cuando digo cultura no me estoy refiriendo al sentido estético únicamente, sino desde la antropología. Desde este punto de vista nuestra cultura se volvió patológica, con la difusión irracional de las drogas estamos preparando una juventud psicópata. Para evitarlo debemos alejar a los jóvenes de las constantes tentaciones, de las sugerencias incesantes , de los condicionamientos que se repiten todos los días; es necesario vencer las barreras de la droga. La droga se les sugiere primero, luego se les ofrece para que lo más rápido posible comiencen su aprendizaje. No sólo los jóvenes son la presa fácil de los narcotraficantes, en una rápida extensión de su mercado económico, a partir de la escuela primaria comienzan a comerciar con la muerte, este nefasto mercado no reconoce hoy en día edades, ámbitos sociales, clase social, etc.

En los adultos inmersos en un mundo manejado por la competencia por conquistar el mercado, acumular objetos materiales, estar siempre jóvenes, ágiles y preparados para la dura lucha diaria, la droga encuentra candidatos excelentes que necesitan estimularse para aguantar semejante presión. La gran diferencia entre los adictos jóvenes y los adictos adultos parten de que el joven está en contra de la sociedad porque no se siente identificado con ella y el adulto por querer identificarse a pleno con una sociedad que le exige, en muchos casos una imagen de la que él como individuo es totalmente ajeno.

Autoafirmación de los jóvenes.

Es una característica de las más importantes del período de la pubertad. Erich Erickson explicó lo que todos los educadores saben: lo esencial de la adolescencia es que el joven inicia el vuelo experimentando una gran crisis de identidad.

La pubertad no es nada más que un problema de índole biológico, si bien es el despertar sexual, también aparece en el joven el despertar de la libertad, que es más importante y estratégico considerándose el despertar psicológico. El joven comienza a tomarse libertades en nombre de su nueva libertad, y de libertad en libertad construye esa libertad que es propia de todo ser humano; cualquier manifestación de libertad es una autoafirmación, el ser libre es el que se afirma a sí mismo en su libertad y que, haciéndolo asume toda su existencia. Se niega a obedecer las órdenes de los demás.

Por eso se vuelve contestador, porque la contestación es la contrapartida de su autoafirmación. Por eso es propio del adolescente vivir contra: contra la autoridad de sus padres, contra la autoridad de los profesores, contra la autoridad de todos los adultos pues él supone que pretenden reducir su libertad e invadir su autonomía, contra la autoridad de todos los adultos porque el supone que todos pretenden reducir su libertad e invadir su autonomía, contra la autoridad de la sociedad que le impone límites y pretende enmarcarlo en leyes que él considera abusivas.

En ese momento aparece la droga, la sociedad prohibe totalmente la droga lo mismo que todas las autoridades. En ese punto la sociedad es intransigente, de tal manera que el aparato legal frecuentemente condena, en un mismo movimiento al traficante, y al consumidor, entonces el uso de drogas se convierte en ideal para la contestación antisocial. Cuando con los hippies comenzó el uso de drogas en gran escala, se hablaba de ellos como marginales, contestaban a la sociedad y pretendían vivir al margen de ella, ridiculizaban a las autoridades, infringían las leyes y provocaban a las fuerzas del orden, la droga para ellos es la violación al orden establecido.

El mimetismo

Una de las más curiosas paradojas de la adolescencia es el mimetismo, que parte de la búsqueda constante de la personalidad y de su identidad, cree que debería ignorar a los demás, pero termina imitándolos.

En busca de la identidad desea que no lo noten diferente, entonces procura un extraño mimetismo en todos los ámbitos: la ropa, la música, los intereses, el tipo de comportamiento, etc. Como un camaleón, se identifica en el medio que vive y quiere ser igual a los otros al punto de olvidarse de sí mismo.

A partir de este dato es fácil comprender su actitud frente a las drogas, esta penetró en el medio en que el joven circula agresiva y abiertamente; otros se drogan alrededor del adolescente, en gran número y en todos los niveles. Entonces él aplica la regla de “todo el mundo lo hace” y no se atreve a decir que es diferente no aceptando la utilización de drogas. Devorado por el miedo de ser diferente, de ser señalado con el dedo, de hacer el ridículo, de considerarse enajenado de su libertad, el joven hace lo que todos hacen a su alrededor. Comienza a fumar marihuana por mero mimetismo, simplemente para “hacer lo que hacen los demás”. Cree que se debe hacer lo que se hace en el medio en que vive. Se diluye en ese medio que lo excusa de cualquier opción personal, los otros deciden por él.

La presión del grupo

La presión del grupo empuja, este aspecto es muy importante cuando se trata de comprender el comportamiento de los adolescentes frente a las drogas. Sucede que muchos de ellos después de hacer una primera experiencia, o después de haber adherido en un principio a la marihuana, sienten que llegó el momento de detenerse; entonces ensayan una actitud de rechazo frente a sus compañías, pero el círculo se cierra y los presiona de diferentes maneras, recurriendo a los más extraños argumentos, incluso amenazas que intentan llevarlo nuevamente al consumo de drogas.

Se sabe de un fenómeno importante en el consumo de drogas, casi nunca un individuo comienza solo, sino que halla una especie de cómplice que compromete frente a los otros. Se establece una especie de fraternidad de la toxicomanía que no tolera que alguien se retire de sus filas. Con frecuencia, por temor a la denuncia directa o indirecta del que se retira, se impide el regreso a la normalidad. Así asistimos al triste espectáculo que si uno de ellos ingresa en una clínica para desintoxicarse, apenas sale es confundido sutilmente para hacerlo entrar nuevamente en el vicio. A su alrededor se crea un clima que lo conduce nuevamente a los tóxicos.

Casi siempre sin llegar a la coacción, hay una interferencia del grupo en la decisión de quien quiere romper con la droga o que se rehusa a participar de las experiencias que ellos consideran indispensables. La presión a veces es tan grande que el individuo entra en un franco proceso de alienación. Acepta que sea reducida su libertad, que sus proyectos de vida estén comprometidos y que no se respeten sus opciones personales. Siempre vulnerable y extremadamente sensible a la opinión de los que lo rodean, termina cediendo contra su voluntad y se sumerge con los otros en la ola que lo llevará … a su fin.

Fuga de la realidad

Además de los aspectos mencionados anteriormente relacionados con la sociología del adolescente, se puede notar otro elemento perteneciente a la psicología. La adolescencia es el momento del descubrimiento del yo, pero también de los otros, del mundo, de los dinamismos sociales, del sentido de las cosas y, especialmente de la existencia. Además el adolescente emerge de la infancia vivida entre sueños; vivir era bueno, las personas eran calurosas, el universo era bello y todo el mundo era ordenado y estaba a su disposición, todo marchaba bien, como si fuera el mejor de los mundos. Era la época en que la fantasía permitía el idealismo.

Pero, de repente, cuando la mirada del adolescente se hace más aguda y penetrante, el joven sale al mundo mágico para sumergirse en el mundo real. Percibe que no hay ninguna relación entre el sueño que había alimentado y la realidad que descubre. Busca en ella la belleza y encuentra la fealdad; soñaba con el amor y descubre el odio; preparaba generosidad y no encuentra más que egoísmo. Deseaba solidaridad y le oponen competencia y “cada uno por sí mismo”. Multiplicaba proyectos y le dicen que no son más que engaño. Trataba de descubrir el sentido de la vida, y le enseña que la vida es un absurdo.

Se desbarranca y se cierra en sí mismo para no herirse. Las nubes vaporosas de la infancia las sustituye por el muro impenetrable de la dura realidad. Pronto comprende que la realidad es otra, no como la pensaba él. El baño de realidad que toma le produce un violento choque, aun mayor porque encuentra la misma decepción en los hombres que lo rodean. El amor por sus padres muere y la eterna felicidad, que se había prometido a sí mismo, desaparece en el tiempo y la rutina. El adolescente comprende que el amor, del cual nació no tiene consistencia.

Esperaba que los profesores lo llevaran a la verdad y la sabiduría, pero de todos lados le ocultan la verdad, le ofrecen mentiras, se disfrazan hipócritamente, reniegan de la sabiduría. Está ahogado en el más absoluto esceptisismo. Descubre que, además de sus padres, sus maestros también lo engañaron.

En cuanto al resto del mundo, la situación es la misma. La política es corrupta por la ambición y la más vergonzosa corrupción. Aprende que todas las promesas pueden ser hechas, jamás se las cumple. Percibe que se abusa de la palabra Patria, utilizada para esconder una sociedad cuyas estructuras muchas veces son inhumanas. Escucha el grito de justicia, pero también oye el eco que siempre responde injusticia.

La realidad lo decepciona, lo irrita, lo desanima y termina perdiendo la esperanza. Qué le queda si no la fuga ?. Y el recurso más seguro para escapar es precisamente la droga. Se zambulle completamente en la toxicomanía, que le permite crear paraísos que probablemente no existan, pero que, a la vez, por la misma ausencia, por su irrealidad alucinante, le sirven de refugio. Ya no le interesa vivir en el mundo real. La irrealidad es su mundo y en ella se sumerge para hacerlo necesite destruir su cerebro, pues el saber y pensar son muy dolorosos. Opta por la muerte del espíritu y, frecuentemente, opta simplemente por la muerte.

Búsqueda de sensaciones nuevas

El mundo en que hoy vive el adolescente es totalmente materialista. El espíritu ocupa cada vez menos lugar. Sobran los sentidos que en este mundo son muy valorados. Se podría decir que nuestro universo es de las sensaciones. Desde el nacimiento el niño está rodeado de delicias de toda especie, de manera que cuando llega a la adolescencia, ya está agotada toda la gama de los sentidos. Pareciera que no se puede agregar nada de las sensaciones experimentadas; ya fueron asimiladas y debidamente incorporadas. Se llega de esa manera al límite del placer, de todos los placeres. Se agota el mundo de las sensaciones de tal manera que los sentimientos empiezan a exigir cada vez más.

Aparece una nueva sed y exige nuevas sensaciones, cada vez más variadas y violentas. Cuando los sentidos caen en una especie de letargo porque fueron satisfechos totalmente, se experimenta la necesidad de despertarlos exacerbándolos.

El denominador común a todas las drogas es llevar los sentidos al máximo de vibración posible. El mundo de los colores, de los sonidos, de la sensualidad, asume aspectos alucinantes. La persona está más allá de los sentidos, llega a las fronteras de lo insensible. Esta es la nueva propuesta que ofrece la toxicomanía a los que prefiere la alucinación a la simple realidad de sensibilidad sana, medida, equilibrada. Precisamente, recurriendo a las drogas se pretende romper el equilibrio.

Con frecuencia, es por este camino que el adolescente se fija en la toxicomanía que no le ofrece otra cosa que el placer llevado al paroxismo.

Este es el proceso de afiliación del adolescente en la práctica de la droga. Algunas veces todos estos elementos se juntan. La pregunta que se plantea es saber como podrá salir de esta situación.

La espiral de las drogas

Existe una especie de espiral de las drogas que es muy conocida, y también personas que quieren negarla o minimizarla. Pero nadie que esté familiarizado con la toxicomanía tiene dudas al respecto. La toxicomanía es una especie de lento descenso al infierno.

Del uso al abuso

Del uso al abuso hay un deslizamiento casi imperceptible, inconsciente. La reflexión del toxicómano es muy conocida: siempre es la misma.

Un marihuanero afirma con altivez que está en sus primeras experiencias y, en la peor de las hipótesis, que sólo fuma esporádicamente. Dice que no es consumidor regular, y tiene la precaución de afirmar que domina la droga, de manera que cuando lo desee puede abandonarla. Además cree que en determinado momento puede dejarla y vencer la esclavitud. Pero por desgracia la experiencia enseña que del uso al abuso no hay más que un paso y que este paso se da muy pronto.

Casi siempre la curiosidad impulsa a la experiencia. Aunque no tenga ningún problema particular y su pubertad se desarrolle de manera normal y tranquila, incitado por todo lo que se dice de la marihuana y obsesionado por la necesidad de verificar lo que dicen sus compañeros que muchas veces hacen extravagantes consideraciones sobre paraísos en que creen haber penetrado, el adolescente quiere ver por sí mismo si todo es como dicen. A veces estimulado por amigos a compartir placeres que evocan fantasiosamente, el chico fuma por primera vez. Experiencia generalmente dudosa, poco convincente, e incluso decepcionaste. Sin embargo, decide repetir la experiencia hasta obtener cierta satisfacción. A partir de ese día, será tentado a renovar constantemente una experiencia que lo deja siempre insatisfecho, con ganas de repetirla. El camino está abierto: paso a paso, de un porro a otro se encamina rumbo al hábito.

Una vez adquirido el hábito, será impulsado a multiplicar las sesiones y, de simple usuario que era al inicio, pasará a ser consumidor regular. A partir de ese momento la intoxicación pasará a formar parte de su vida. La buscará cada vez más hasta que se transforme en una necesidad. Del uso excepcional y esporádica pasa al uso regular y constante. La marihuana aparece como necesaria para su bienestar. La dependencia psicológica es real. Necesita un porro. Entonces comienza el círculo infernal de la mentira, a veces del robo (pues es necesario pagar para obtener la marihuana necesaria), del disimulo, del interminable doble juego tanto en la casa como en la escuela.

Podríamos decir que la dependencia psicológica es la intoxicación del espíritu. Tal vez el cuerpo todavía esté libre de la dependencia biológica, pero el espíritu está prisionero. Es la dependencia más grave porque no se puede destruir con una corta y simple cura de desintoxicación.

Una vez instalado el hábito, la droga inicial que no es muy poderosa no logra provocar las sensaciones deseadas, las reacciones que aspira, los trances soñados. Se sabe que las drogas terminan perdiendo su fuerza porque el organismo se adapta a ellas: se utilizan las drogas pero ya no corresponden a las expectativas del individuo intoxicado. La dependencia pasa a ser tolerancia. Las sesiones deben multiplicarse, fumar más y más hasta que se tiene que recurrir a las drogas pesadas, porque la marihuana se tornó inoperante e insípida. Y, con las drogas pesadas, a la dependencia psicológica se le agrega la terrible dependencia física, que ocasiona el “síndrome de abstinencia”. El organismo intoxicado exige que la droga esté siempre presente, porque sin ella se producen terribles espasmos. El ciclo de la desgracia está completo: hubo un paso imperceptible del uso al hábito; del hábito a la tolerancia psicológica, de ésta a las drogas más fuertes y de éstas últimas a la dependencia física. De allí se llega a la tolerancia que es el límite extremo, que solamente puede ser superado por la liberación dramática de la sobredosis. Cualquier persona que vive dentro del mundo de la toxicomanía sabe que, muchas veces, se requiere poco tiempo para llegar a ese punto. El camino de la experiencia inicial a la dosis final es muy corto.

La desintegración interior

Durante este proceso se opera una dolorosa desintegración interior. En cierto modo, el sujeto intoxicado deja de ser el mismo. Pierde su identidad y entra en un proceso de división interna que lo llevará a ser solamente un harapo. Balanceándose entre la apatía y la excitación, entre las alucinaciones y la paranoia multiforme, su alma está fragmentada. En cierto modo, pierde la unidad estructural de su personalidad; está destruido por la violencia de los tóxicos, dividido, no se encuentra a sí mismo, no se reconoce.

Se torna diferente a todo y a todos; lo único que reconoce es el miedo a que le falte su próxima dosis, la fe en los demás s etransforma en desconfianza; la amistad no es más que compañerismo en el universo infernal de los tóxicos, el sexo pierde todo su valor de relación amorosa y no es otra cosa que un gozo efímero y frecuentemente imposible; la vida no permite ningún proyecto porque no se sabe si habrá un mañana; los sueños pasan a ser terribles pesadillas pobladas por los monstruos más repugnantes.

Disgregación cerebral

Este proceso de ruina psíquica es inevitable, pues deriva de la desintegración del cerebro, puesto que la droga toca ese nivel del sistema nervioso.

Ciertamente no todas las drogas ejercen una acción tan destructiva ni preparan la muerte cerebral, pero de una u otra manera, todas atacan el sistema nervioso central, perturban el equilibrio cerebral y reducen el bulbo raquídeo, matando de una en una las células que no podrán reconstruirse jamás. “El alma se deteriora porque el organismo se deteriora”.

Todo lo que alcanza al cerebro, todo lo que amenace su integridad biológica, todo lo que destruye su vida celular, priva al hombre de lo más humano que tiene que es la racionalidad.

Por eso que la toxicomanía es tan grave; afecta irreversiblemente el cerebro, nunca se rehacen sus partes destruidas; consumir tóxicos significa destruir fatalmente el cerebro. Y destruir el cerebro es destruirse a si mismo, porque del hombre no queda nada más que una sombra, un recuerdo, una dignidad perdida.

Clasificación de las drogas

Las drogas se clasifican en tres grandes categorías: las depresivas, las estimulantes y las perturbadoras de la actividad del sistema nervioso. Para quien quiere aplacar la angustia y encontrar cierta calma, están las depresivas; para combatir la fatiga y tengan necesidad de aumentar su dinamismo, están las estimulantes. Otros pretendiendo huir d ella realidad que los oprime, utilizan las perturbadoras para evadirse por medio de sensaciones fantásticas.

Farmacodependencia

La definición de la Organización Mundial de la Salud dice: es un estado psíquico y a veces físico causado por la acción recíproca entre un organismo vivo y un fármaco, que se caracteriza por modificaciones del comportamiento y por otras reacciones que comprenden siempre un impulso insoportable de tomar el fármaco en forma continua o periódica, para experimentar sus efectos psíquicos y, a veces para evitar el malestar producto de la privación. La dependencia puede o no estar acompañada de tolerancia. Una persona puede ser dependiente de uno o más fármacos.

Los investigadores dividen a la dependencia en física y psíquica. La física: algunas drogas pueden causar un estado de dependencia física, situación en la que si hay privación, el organismo presentará reacciones características conocidas como “síndrome de abstinencia”. La dependencia física deriva del proceso de adaptación del organismo a la droga independientemente de la voluntad del individuo. La dependencia psíquica se trata de situaciones en que existe un impulso irrefrenable que exige se administre droga para producir placer o evitar el malestar. Sin duda es el aspecto más importante para tener en cuenta en todos los casos de toxicomanía. La dependencia psíquica indica que existen alteraciones psicológicas que favorecen la adquisición o mantenimiento del hábito.

Las drogas depresivas de la actividad del sistema nervioso

Definición

Se llaman drogas depresivas a las que disminuyen la actividad del sistema nervioso. Si se emplean moderadamente, disminuyen el dolor y la ansiedad e inducen al sueño. En dosis mayores tienen el poder de hacer dormir, y en dosis muy fuertes pueden causar coma e incluso la muerte.

Efectos

El sistema nervioso está formado por las neuronas y los ejes o axones de las mismas, el cerebro y la médula espinal. Cuando se ataca el sistema nervioso central, hay una inhibición o ausencia de transmisión de impulsos nerviosos. Se altera el comportamiento del individuo y frecuentemente se desordena: los reflejos pierden elasticidad y se desorganiza la coordinación motora.

Los diversos depresivos

Entre los depresivos encontramos diversas sustancias que pueden englobarse en: alcohol (al comienzo excita y con más dosis deprime), somníferos (hipnóticos), tranquilizantes y narcóticos.

El alcohol

Aunque está legalizado, el alcohol no deja de ser una verdadera droga.

Definición

Se habla de alcohol etílico, que es un compuesto de carbono, hidrógeno y oxígeno que proviene de la fermentación de diversos productos vegetales, desde la pasta de cereales y papas hasta la leche de coco.

Efectos

Provoca inhibición de los centros de control que disminuye la acción neuronal. Modifica los reflejos, confiriéndoles una vivacidad desordenada o retardándolos, de manera que el individuo alcoholizado pierde el control de sí mismo. Suprime las barreras psíquicas, modifica el comportamiento y anula toda censura, de manera que bajo su efecto se realizan actos que en estado sobrio, no se harían. Esto lleva erróneamente a creer que es estimulante o excitante, cualquier excitación aparente del individuo alcohólico, proviene de la inhibición de los centros de control y, por lo tanto, se ubica en el de la depresión.

Esto es evidente cuando el individuo sigue bebiendo durante la etapa de euforia inicial y luego la excitación, la depresión se manifiesta claramente cuando empieza a tener trastornos en el habla, en la coordinación motora y torna lloroso al individuo. Puede conducir a la inconsciencia y, en breve tiempo, provocar estado de coma. En este caso, los centros vitales que controlan la respiración y la circulación de la sangre dejan de funcionar según el ritmo necesario, de manera que con frecuencia puede llevar a la muerte.

La dependencia que produce el alcohol

El alcohol produce dependencia física, psíquica y tolerancia.

La dependencia física ocasiona el delirium tremens, que es consecuencia de la destrucción de las células nerviosas del cerebro. Este estado lleva a la persona al borde de la locura.

Los somníferos (hipnóticos)

Reciben este nombre las píldoras que tranquilizan y hacen dormir. En algunos casos son recomendadas por el médico, su abuso produce tolerancia y dependencia física y psíquica. También reciben el nombre de barbitúricos.

El producto

Se supone que hay aproximadamente 2500 derivados del ácido barbitúrico, de los que se utilizan 50, más o menos. Su nombre en la mayoría d ellos casos terminan en “al”, gardenal, luminal, tuinal, nembutal, seconal, fenobarbital, etc., los que no terminan en “al”; soneryl, medomina, etc. Se presentan como polvo blanco o amarillo, con gusto amargo, estos productos se comercializan en gran cantidad en forma ilegal.

Se emplean en cápsulas, elixir, supositorios e inyecciones. Los médicos los indican en insomnios, epilepsia, ansiedad y en algunos organismos policiales se usa como el “suero de la verdad”.

Efectos

Hay barbitúricos cuya duración es de 3 horas, otros de 3 a 6 y otros de más de 6, depende de la tolerancia, el individuo y su personalidad. Provoca accidentes, suicidios, anestesia total, efectos sobre el dolor.

Tolerancia

Hay individuos que soportan a veces hasta 10 veces la cantidad de la dosis, cerca del límite de la dosis mortal. Luego de semanas de abstinencia, la tolerancia termina.

La intoxicación crónica produce: perturbaciones en lo social y emocional, apariencia negligente, incapacidad de trabajar, ejecutar acciones delictivas, comportamiento infantil.

La desintoxicación

La reducción del 50% de la dosis habitual produce el síndrome de abstinencia a los barbitúricos. Las consecuencias son: miedo, debilidad, temblor de manos y de los músculos faciales, reflejos musculares exagerados, aumento de la temperatura, aceleración del pulso, descenso de la presión, náuseas y vómitos. Después de 20 a 36 horas de la desintoxicación produce calambres musculares y convulsiones epilépticas. En esta etapa está el mayor peligro de muerte, la cura definitiva se da generalmente después de 10 ó 15 días.

Los tranquilizantes

Tranquilizantes menores (ansiolíticos)

Son prescriptos especialmente contra la agitación, la tensión nerviosa y la ansiedad, en el tratamiento de mareos y vómitos. Los más usados son: Valium (diazepan), Lexotanil, Librium (clordiazepoxido), Miltown (meprobramato) y Trapax. Estos medicamentos tienen gran popularidad entre jóvenes y adultos, producen dependencia psicológica y física.

Tranquilizantes mayores (neurolíticos)

Los tranquilizantes mayores (reserpina, clorpromazina y las drogas de la familia butirofenona) son reservados especialmente al tratamiento de las enfermedades mentales graves como la esquizofrenia. Disminuye las tensiones y angustias sin perturbar el estado aparente del individuo. Su acción se manifiesta muy lentamente, trae efectos sobre la presión arterial y la coordinación motora.

La mayor parte de los tranquilizantes crea dependencia, ya que el consumidor debe aumentar la dosis para obtener el efecto deseado. El usuario crónico que corta bruscamente el consumo, puede atravesar el síndrome de desintoxicación caracterizado por ansiedad, temblores, insomnio, mareos y delirio.

Los tranquilizantes son las drogas más difundidas en la sociedad, estas drogas llegan a esclerosar los mecanismos de defensa del organismo.

Los narcóticos

Los narcóticos son drogas extremadamente peligrosas, porque producen rápido hábito en quien las consume.

Opio

El opio es el jugo disecado de la cabeza, aun verde, de la adormidera, cuyo nombre científico es Papaver somniferum, la semilla es oleaginosa y alimenticia. El opio contiene un gran número de sustancias orgánicas utilizadas en medicina: morfina, codeína, tebaína y papaverina. Por eso el cultivo de esta planta está permitido.

En Oriente se come o se fuma, mientras que en Occidente se utiliza en inyecciones, aparte de las aplicaciones medicinales, que son las legales, el opio y sus derivados es utilizado por los toxicómanos, por su puesto en forma clandestina.

Los modos de uso son: vía oral, en forma de dulces especiales; vía subcutánea, respiratoria (inhalación, cigarrillo); nasal (aspiración); vía rectal y vía intravenosa.

Los efectos

La dependencia y tolerancia se crean rápidamente, y el adicto, sin obtener placer comienza a sufrir de diversas maneras. Cada vez necesita dosis mayores para sentirse tranquilo. Sufre temblores, sudorización, angustia, diarrea, vómitos, calambres, cólicos. Una vez creada la dependencia, se da una verdadera esclavitud. Cuando no está drogada la persona pierde el ánimo, está atónita, silenciosa, tiene movimientos muy lentos, cae en el abatimiento, y un debilitamiento físico y psíquico, con alucinaciones y perturbaciones en el sueño.

Morfina

Es derivada del opio y una de las drogas analgésicas más poderosas. Su uso es exclusivamente como sedante de dolores agudos producidos por intervenciones quirúrgicas, fracturas, quemaduras y enfermedades terminales.

Los efectos de la morfina son similares a los del opio, pero mucho más potente. En el período inicial, predomina un gran placer intelectual y físico, verdadero estado de euforia; a esto se le agrega el desarrollo de la imaginación y de lo imaginario, porque hay un enriquecimiento de las sensaciones, para encontrar estos efectos, se hace necesario dosis cada vez más potentes y seguidas. Es así cuando comienza una rápida decadencia física, psíquica, afectiva y social, el sujeto sufre terriblemente porque guarda intactas sus facultades mentales.

Heroína

Se la conoce como “la reina de las drogas”, la heroína es cinco veces más tóxica que la morfina y menos hipnótica. La inyección de heroína debe darse cada 2 ó 3 horas.

Es un derivado de la morfina, se presenta como un polvo cristalino, blanco y de sabor amargo, en el mercado clandestino su color varía a marrón oscuro. El adicto debe consumir hasta 450 miligramos para no tener el síndrome de abstinencia, para ello necesitan repetir las inyecciones cada 4 ó 6 horas.

Los efectos son: letargo, evasión mental, una gran apatía. El heroinómano al inyectarse está expuesto a infecciones como el SIDA, Tuberculosis, Tétanos, Gangrena, Septicemia y numerosas enfermedades infectocontagiosas. El adicto con tal de conseguir su dosis, se entrega a todo tipo de promiscuidad, pasando a ser marginales.

Codeína

Es un derivado del opio, se utiliza en medicina para disminuir los accesos de tos.

Gracias a su gran difusión es usada por los toxicómanos, consumen grandes cantidades de jarabe para la tos, produce una somnolencia.

Estimulantes de la actividad del sistema nervioso

Son las drogas que excitan las funciones neuronales, provocando sensación de euforia y bienestar, reduciendo el apetito y el sueño. Para vencer la depresión el hombre siempre apeló a los vegetales: cocaína, té, café, y chocolate, en nuestra época no solo usa esos sino también los estimulantes químicos.

Estimulantes mayores

Son las anfetaminas y los adelgazantes. Las dos estimulan y dan idea de bienestar, reduciendo el apetito y el sueño, producen dependencia y tolerancia, llevan casi siempre a la depresión.

Anfetaminas

El abuso de las anfetaminas se convirtió en el mayor problema de tóxicos en los adolescentes. Se consume en tres formas: Benzedrina (anfetamina propiamente dicha), Dexedrina (dextroanfetamina) y Pervitán (metanfetamina). Producen una aceleración a nivel somático y mental.

Los efectos

Los adictos empiezan usándola por vía oral, hasta que descubren que la vía endovenosa es más efectiva, produce dependencia que lleva a la destrucción física y mental.

Desde el comienzo quita el sueño y el apetito, es ahí cuando por falta del producto, o por agotamiento somático, comienza el agotamiento mental. Es una fase angustiosa, de temor, pánico, interpretaciones paranoicas, inestabilidad, perturbaciones cardiovasculares, crisis cardíacas, coma, problemas cerebrales, hemorragias cerebrales, todos estos efectos llevan a la muerte.

Adelgazantes

Gran parte de lo descrito para las anfetaminas corresponde también a los adelgazantes, ya que muchos de estos productos están hechos en base a éstas. Cuando se las consume sin control médico pueden producir intoxicaciones semejantes a las d ellas anfetaminas. Las más usadas son: Fenmetrazina (Preludín), Dietilpropina.

Cocaína

La coca es un arbusto que crece en la parte oeste y norte de América del Sur. Al masticar sus hojas produce euforia y una gran voluntad de trabajar. Es un estimulante del sistema nervioso central y simpático que provoca efectos muy fuertes, casi idénticos a los que produce la anfetamina y la adrenalina, la diferencia es que la cocaína puede actuar como anestésico local.

La cocaína vendida en las calles en forma de polvo blanco, fino y cristalino, contiene entre 4 a 10% de cocaína pura, mezclada con otros ingredientes de origen y composición dudosa: harina, talco, azúcar anfetaminas, procaína y benzocaína.

Habitualmente se emplea aspirándola, también se coloca en la lengua, en la vagina o en el ano, hay quienes recurren a la inyección endovenosa, porque el efecto es más rápido y duradero; pero aumenta la dependencia y el peligro.

Efectos

Las dosis producen euforia, autoconfianza, aumento d eenergía, alerta mental, mayor capacidad d ecomprensión. El hambre y la necesidad d edormir parecen no existir, el aumento de las dosis produce comportamiento violento, extraño y desordenado, aceleración de los latidos del corazón, respiración entrecortada, aumento d ella temperatura, pupilas dilatadas, sudor y palidez. En determinado grado de intoxicación se produce una agitación frenética y gran ansiedad, los reflejos se vuelven exagerados, comienzan los temblores, desaparece la coordinación motora, en algunos casos se producen alucinaciones, espasmos y convulsiones.

Los dependientes pueden presentar estados psicóticos en que las alucinaciones táctiles dan la impresión de que pequeños gusanos y hormigas caminan debajo de la piel.

Como el efecto de la droga es rápido y corto, fácilmente se establece un círculo vicioso que el toxicómano no consigue romper. Como el organismo metaboliza rápidamente la droga, el consumidor se ve obligado a recurrir a nuevas dosis si quiere que el placer permanezca. Se crea un mecanismo de repetición, que produce una fuerte dependencia psicológica; al salir del estado de euforia conduce a una terrible depresión que obligará a la persona a consumir nuevamente la droga para superar el estado depresivo, cerrando así el círculo vicioso.

Estimulantes menores

Si bien son menos peligrosos que los anteriores, igualmente perjudican la salud del consumidor.

Estas drogas cotidianas son: té, café, Coca Cola y especialmente el cigarrillo.

El cigarrillo

La nicotina que tiene el cigarrillo actúa como tóxico. El cigarrillo se trata de un alcaloide encerrado en el tabaco junto a una mínima proporción de nicotina, que es considerada como uno de los venenos más violentos; esto se explica porque se lo utiliza en casi todos los raticidas. Además de la nicotina del tabaco, el humo está formado por una mezcla compleja de gases, vapores, partículas líquidas que van formando el alquitrán y el óxido de carbono. El alquitrán como el óxido de carbono es absorbido por la sangre, a través de los pulmones. El alquitrán tiene componentes cancerígenos. La nicotina actúa sobre el corazón, los vasos sanguíneos, el aparato digestivo y los riñones.

Efectos

La nicotina provoca la contracción de las arterias pequeñas, eleva la presión sanguínea, reduce la circulación en los brazos y piernas y aumenta los latidos del corazón, aumenta la secreción ácida del estómago y disminuye la formación de orina.

Produce dependencia psicológica y física. Así también como cáncer de boca, estómago, laringe y esófago; inflamación bronquial, efisema, cáncer de pulmón, bronquitis, neumonías, etc..

Perturbadores de la actividad del sistema nervioso

Todas las drogas perturban la actividad del sistema nervioso, algunas lo deprimen y otras lo alteran, pero todas lo afectan. Bajo el nombre de perturbadores, conocemos a las drogas que desorganizan el funcionamiento de los mecanismos cerebrales, provocando un desorden en la interpretación de las percepciones sensoriales y en las facultades intelectuales (síntomas: ilusiones, alucinaciones, despersonalización).

Alucinógenos

Son las drogas que producen alucinaciones o perturbaciones de la función psíquica, a los trastornos de juicio, de comportamiento y de humor.

El alucinógeno más conocido es el LSD, la mescalina, la psilocibina y el STP.

LSD (dietilamida del ácido lisérgico)

Se consume en forma de gotas diluidas en un terrón de azúcar.

Efectos

Modificación del tiempo vivido, modificación del sentido del espacio, del sentido del propio cuerpo, modificaciones afectivas, del curso del pensamiento, alucinaciones e ilusiones, tonalidad erótica y sensual, frío intenso, inestabilidad psicomotora, sudor, dilatación de pupilas, dolor d cabeza, miedo y angustia.

Solventes

Se usan como si fuesen drogas, debido a los efectos eufóricos producidos por los vapores que se desprenden de esos productos.

Estos productos se inhalan , o se consumen en forma de líquidos mezclados con licores dulces.

Efectos

Al intoxicar la sangre que va al cerebro, se siente un estado de embriaguez, al principio euforizan, luego producen un atontamiento, y confusión de ideas, aparecen alucinaciones visuales y auditivas, tos violenta, irritación de ojos, garganta, dolor de cabeza, y de corazón, vómitos.

Produce dependencia física, psíquica, comportamiento anormal, riesgos de accidentes.

BIBLIOGRAFÍA

Drogas. Consecuencias y prevención. Paul - Eugene Charbonneau. Editorial: Ediciones Paulinas.

Gran Enciclopedia Médica Sarpe.

Informe cedido por la Policía Federal Argentina

CONCLUSIÓN

De acuerdo en lo expuesto en el trabajo práctico, creo que el grupo social más expuesto a las adiciones somos los jóvenes, y esto es por varios motivos: las campañas de organizaciones gubernamentales, me parecen incompletas y faltas de contenido, no son del todo preventivas y les falta información.

El peligro de la droga no sólo está en el consumo de cocaína, como hemos visto en el informe, sino que hay muchísimas sustancias que alteran nuestro físico, nuestro sistema nervioso, nuestro comportamiento, nuestro estado general físico y psíquico, haciéndonos perder amigos, familia, nuestra propia vida.

Hoy en día tenemos al alcance de la mano desde las drogas más peligrosas, hasta las de apariencia menos ofensiva como el cigarrillo y el alcohol. Desde la publicidad nos ofrecen romances increíbles si tomamos tal o cual bebida, aventuras espectaculares si fumamos tal o cual cigarrillo, píldoras adelgazantes de aparente venta libre (que no lo son), el mercado nos invade y la tentación o la falta de información adecuada nos puede llevar a alguna adición. Si bien somos bastante grandes para saber que consumir y que nos puede dañar, a veces tenemos ejemplos cercanos que nos confunden, no es raro encontrar un padre, madre o algún familiar que consuma tranquilizantes, o pastillas para adelgazar, o fume, o se tome su bebida favorita, cuando llega a casa; no quiero con esto que sean adictos, pero no son buen ejemplo.

En caso de drogas propiamente dichas, el narcotráfico encuentra caminos para introducir las drogas cada vez en gente menor edad.

Creo que habría que hacer campañas de prevención “en serio”, no sólo basadas en los dibujitos animados, sino con personal idóneo dando charlas en los colegios, médicos que realmente nos alerten y nos expliquen los efectos de las adiciones a que estamos expuestos por vivir en una sociedad consumista, y que sigue patrones que no todos podemos conseguir, a veces es ahí donde está la base de ciertas adiciones, en querer escapar de una realidad que no es la nuestra, también nos faltan ejemplos a seguir, o a lo mejor esa misma sociedad nos lleva a seguir ejemplos que no son tales.