Nietzsche y el vitalismo

Filosofía contemporánea. Corriente filosófica. Crítica de la cultura occidental. Muerte de Dios y Nihilismo. Valores. Superhombre. Eterno retorno

  • Enviado por: Nobila
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TEMA 6. LA CRÍTICA DE LA CULTURA OCCIDENTAL.

NIETZSCHE

  • NIETZSCHE Y EL VITALISMO

  • La Filosofía de la vida comprende un conjunto de corrientes filosóficas surgidas a mediados del siglo XIX y fuertemente influida por el desarrollo de la biología. Todas ellas se caracterizan por oponerse al excesivo racionalismo de la Edad Moderna y por considerar a la vida como esencia de la realidad.

    Por vida se entiende de modo general el movimiento, el transcurrir, el fluir constante, el devenir, ya que la realidad es cambio, evolución, transformación.

    La razón que exige algo estable, fijo, inmutable, no puede captar ese dinamismo. Se recurre entonces a las facultades irracionales: la intuición, como captación directa de la realidad, la experiencia estética o la experiencia mística.

    La realidad ya no se puede explicar con conceptos, sino sugerir con metáforas. El conocimiento es ahora una experiencia, una vivencia.

    El vitalismo de Nietzsche constituye la corriente más externa dentro de la filosofía de la vida. Influido por Sahopenhaver, distingue entre realidad aparente, ficticia, que es el mundo de los fenómenos, de los seres finitos e individuales, y uno viviente, primordial e infinito, y por eso dice: “Todos los seres individuales son como olas momentáneas que se elevan y se hunden en el gran mar de la vida”.

    La razón nos da el mundo de los fenómenos, equilibrado, sereno, ordenado. La vida nos da la pasión, la contradicción, el caos, el cambio.

    Para aclarar esta relación entre esos dos principios, razón y vida, recurre Nietzsche a la simbología mítica de los griegos: Dionisos y Apolo, que son los dos dioses más significativos en la formación de la cultura griega.

    Nietzsche afirma que la tragedia clásica griega nos muestra los dos principios que componen la realidad. En la tragedia griega anterior al siglo V a. de C. el dios Dionisos representaba los valores de la vida. Dionisos es el dios del vino, de la salud, de la fecundidad, es la imagen de la fuerza instintiva, de la efervescente. El hombre dionisíaco vive en plena armonía con la naturaleza. Por el contrario Apolo representa los valores de la razón, es el dios de la luz, de la proporción, de la medida, del equilibrio y de la serenidad. Su espíritu lo encontramos en la obra bella, equilibrada y perfecta. El hombre apolinio enmascara la realidad sometiéndola a la razón. Nietzsche considera que la Grecia presocrática no olvidó a ninguno de estos dioses: en el equilibrio griego apolinio encontramos la pasión dionisíaca. En la tragedia se manifestaban los dos órdenes de valores con oposición inconciliable: la vida y la razón.

    La tragedia es una valiente aceptación de la vida a pesar del dolor que comporta. En ella los sentimientos y pasiones luchan contra las normas morales e intelectuales.

    Pero al llegar Sócrates y Platón comenzó la decadencia.

    Los elementos morales e intelectuales se impusieron y se inició el predominio de lo que es lógico y racional, es decir, de los valores apolinios por encima de los dionisíacos. Sócrates prefirió la muerte a la lucha.

    Nietzsche se convirtió en el gran defensor de la actitud dionisíaca, de la aceptación de la vida tal como es con el dolor y la muerte, criticando la huida ante la vida, la renuncia a la vida, actitud que para él comienza con Sócrates y continua con los cristianos, y con ellos toda la cultura occidental, ha rechazado la vida o le ha tenido miedo.

    En la realidad hay dolor y destrucción, ahora bien, el camino para enfrentarse a esta realidad no es la renuncia, ni el ascetismo, sino el arte, un arte que afirma la vida en su plenitud. Este arte se había manifestado en la tragedia griega, y en la filosofía de Heráclito, y luego en el drama musical de Wagner, que es también un artista trágico en sus primeras obras.

    Otros vitalistas son Dilthey, Ortega y Gasset y H. Bergson.

  • VIDA Y OBRA DE NIETZSCHE

  • Federico Guillermo Nietzsche nació en 1844 en Röcken (Prusia). Estudia filología clásica llegando a ser catedrático en la universidad de Basilea (Suiza). Enfermó, dejó la cátedra y a los 35 años comenzó una vida errante viajando a los Alpes y al Mediterráneo a causa de su salud. Sufrió una parálisis progresiva y a partir de 1889 perdió la razón, muriendo en 1900.

    Se distinguen cuatro periodos en su obra, siguiendo sus propias expresiones:

    • Periodo romántico. Filosofía de la noche: se inspira en los presocráticos, especialmente en Heráclito pero también en Shopnehaver, y en la música de Wagner. Dionisos y el artista son las figuras que representaban la auténtica actitud ante la vida.

    OBRAS El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música

    Consideraciones intempestivas

    • Periodo Ilustrado. Filosofía de la mañana: se inspira en Voltaire y en los Ilustrados franceses. Condena la metafísica, la religión y el arte. La figura es ahora el hombre libre. Denuncia los ideales de la cultura occidental.

    OBRAS Humano, demasiado humano.

    Aurora

    La gaya ciencia

    • El mensaje de Zaratrusta. Filosofía del mediodía: la obra clave de Nietzsche es Así habló Zaratrusta, “un libro para todos y para nadie”. Aquí su pensamiento alcanza la máxima altura.

    • Periodo crítico. Filosofía del atardecer: ataca directamente a la cultura occidental: la religión, la filosofía y la moral tradicional. Es una etapa violenta y apasionada. La figura es ahora el filósofo a martillazos (que lo destruye todo), que maldice al último hombre (el hombre europeo de su época) y exalta al superhombre.

    OBRAS Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía de futuro

    La Genealogía de la moral

    Crepúsculo de los Ídolos o como se filosofa con el martillo

    El anticristo

    Maldición contra el cristianismo

    La voluntad de poder

  • ESTILO DE SU OBRA E INFLUENCIAS

  • En el subtítulo de Así habló Zaratrusta, un libro para todos y para nadie, aparece reflejada la ambigüedad de sus obras y de su pensamiento. No es sistemático, emplea habitualmente el aforismo y el poema, por eso su estilo es atractivo pero la ausencia de un vocabulario bien definido crea grandes problemas de comprensión.

    No usa razonamientos, ni deducciones, sino intuiciones rápidas, no evita contradecirse y es violento. Utiliza mucho los símbolos y por ello es imposible una interpretación unívoca de sus teorías.

    Por todo esto Nietzsche es uno de los más claros representantes del irracionalismo moderno.

    La obra de Nietzsche influirá en los nacionalsocialismos que se presentaron como la realización de la moral del superhombre, pero a su vez influyó en las tendencias de izquierda radical porque proponía construir un mundo nuevo.

  • LA MUERTE DE DIOS Y EL NIHILISMO

  • Nietzsche se presenta como el comunicador de uno de los acontecimientos más importantes de la historia que moverá los cimientos de nuestra cultura: el hombre ha matado a Dios.

    Nietzsche no busca sustitutos a Dios. Para él la muerte de Dios es una verdad amarga que necesita de un esfuerzo heroico para ser asumida.

    Dios representaba el sentido trascendente y objetivo del mundo y de la vida. Partiendo de Platón ,el mundo de las Ideas que luego los cristianos identificarán con Dios, es la convicción y fundamento del ser y del valor. Toda la filosofía occidental hasta Kant siguieron esta idea. Ahora al desterrar este fundamento metafísico, el hombre pierde algo importantísimo que le permitía vivir con sentido. La primera consecuencia de la muerte de Dios es el nihilismo o caída en la nada. Al suprimir a Dios nos quedamos sin fundamento. Con el nihilismo, Nietzsche plantea que es necesario abandonar los antiguos valores, las antiguas normas de la sociedad y del individuo que estaban presentes en la tradición occidental. al abandonar los valores esenciales de la sociedad burguesa, se entra en una etapa en la que no es posible realizar juicios de valor ni pretender verdades fundamentales sino que es necesario buscar menos puntos de referencia para sustituir a los tradicionales.

    El nihilismo es un sentimiento de estar arrojados y perdidos en un mundo incomprensible y sin valor que ya no tiene fundamento. Ahora todo es inútil; los valores se desvalorizan. Esta es la actitud del último hombre, que ya no cree en nada, ya no realiza proyectos. En el ha desaparecido el entusiasmo y la potencia creadora. Para él existir es absurdo. Éste es el aspecto negativo del nihilismo que lleva a la destrucción de los fundamentos de la moral y metafísica de occidente.

    Pero el nihilismo debe ser superado, asumiéndolo con todas sus consecuencias. Entonces aparece la otra cara de la muerte de Dios, que se convierte en un acto liberador y humanizador. Supone el fin de las barreras morales, la desaparición de límites y condiciones.

    El hombre descubre que Dios era una creación humana y se siente capaz de crear nuevos valores que potencien la vida en vez de anularla. Al renunciar a Dios, un escalofrío de libertad recorre al hombre. Por tanto el nihilismo negativo es el prólogo necesario para plantear un nuevo modo de pensar, es lo que Nietzsche denominará filosofía del futuro, el modo de pensar del superhombre. Ahora las referencias serán el sentido de la vida y la voluntad de poder.

    Nietzsche padeció las consecuencias del nihilismo como europeo del siglo XIX y así su pensamiento pasa por tres momentos:

    • Nihilismo q sigue a la destrucción de los valores que habían estado vigentes hasta entonces. Es momento de duda, desorientación y pérdida de sentido.

    • Nihilismo visto como consecuencia del pensamiento platónico-cristiano. Es momento de reflexión y distanciamiento de dicha tradición.

    • Nihilismo como punto de partida hacia una nueva realidad, hacia una nueva perspectiva del ser y del hombre. Es el momento de la nueva valoración de la vida, de la esperanza, de la aurora.

  • LA CRÍTICA A LA TRADICIÓN PLATÓNICO - CRISTIANA. CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL.

  • Parte Nietzsche de un hecho: la cultura occidental está enferma. Esta enfermedad se llama nihilismo y decadencia. El síntoma es que el hombre europeo es cada vez más manso, más mediocre, más igual, más civilizado.

    El origen de la decadencia europea lo sitúa Nietzsche en Grecia. Parménides reduce la realidad a lo racional y la explica mediante conceptos, pero los conceptos detienen y matan la realidad, son fijos, abstractos, y por ello detienen el devenir, petrifican y convierten en algo estable lo que jamás se detiene, ya que la realidad es cambio, devenir.

    Pero fue Sócrates el gran corruptor, el gran negador de la esencia griega, expresada en los poetas trágicos, el creador del hombre teórico, que todo lo somete a la razón.

    Platón atribuirá a los conceptos socráticos las propiedades del ser de Parménides y cometerá el gran fraude metafísico de crear un mundo ideal, más allá del mundo sensible. Esta gran mentira fue una exigencia de la razón, que necesitaba algo estable y absoluto. Platón presentó esta invención de la razón como la auténtica morada del hombre, del reino de las verdades y valores eternos iluminados por el bien. Cuanto más rechazase el hombre el mundo sensible, más se aseguraba el otro. Toda la filosofía posterior estará guiada por decisiones morales, por huidas que repudian este mundo y buscan el otro.

    Sobre esta metafísica y antropología platónica, el cristianismo desarrollará una moral contranatural, una moral que se opone a la vida, que castiga el cuerpo para salvar el alma. El cristianismo es una moral de muerte porque con ella se produce la auténtica liberación del hombre. Es moral de rebaño y de esclavos, pues la obediencia y la unidad son virtudes, mientras que el orgullo es un pecado. Es una moral de débiles, de resentimiento y de venganza.

    Frente a la moral cristiana opone Nietzsche una moral natural que favorezca la vida, una moral de señores y de fuertes; es la moral del superhombre.

    Por tanto Nietzsche rechaza un concepto de realidad fijo e inmutable, pero también rechaza todos aquellos que dictan lo que debe entenderse por verdad, en especial rechaza a los científicos y a los sacerdotes.

    Frente a la perspectiva de igualdad e uniformidad de la cultura occidental, Nietzsche entiende el valor del individuo. El superhombre será un individuo orgulloso de su singularidad, tendrá su propia idea de realidad, de verdad y de valores morales. Así se reconoce el valor de la primitiva reflexión de los presocráticos que no se guiaban por la razón ni por la verdad ética.

  • EL PROBLEMA DE LOS VALORES

  • Para Nietzsche todos los problemas filosóficos son en último término problemas de valores. Siempre que los filósofos reflexionaron en el pasado, plantearon problemas de valores, y así dijeron: “Lo valioso es lo real, lo verdadero, lo bueno”. Dios aparecía también como fundamento de valores absolutos y eternos. Por ello la muerte de Dios supuso la pérdida de todos los valores tradicionales.

    En el pensamiento de Nietzsche la vida es fundamento de toda valoración y por ello la vida es la medida del valor. Todos los valores son relativos a la vida.

    Para Nietzsche la cultura europea ha desarrollado un sistema de valores morales, ontológico y gnoseológicos que es necesario invertir para devolver el vigor, la creatividad y la visión trágica de la vida de las épocas poderosas. Es la inversión de todos los valores.

    A. EN EL TERRENO MORAL.

    En la Genealogía de la moral, Nietzsche critica la moral vigente a partir del análisis etimológico y de la evolución histórica de los conceptos morales.

    Dice que la investigación en diversos idiomas le condujo al siguiente resultado: en las lenguas antiguas los conceptos bueno y malo se referían a los hombres y no a las acciones. Lo bueno era lo aristocrático, lo noble, los hombres de posición superior, los poderosos. Lo malo era lo simple, lo vulgar, lo plebeyo.

    Estas dos denominaciones habían sido creadas por los nobles y poderosos ya que eran ellos los que podían dar nombres. Más tarde aparecerá otra contraposición. Bueno y malvado ya con carácter moral desplazará al anterior como consecuencia de un hecho histórico: los considerados malos se revelan, se llaman a sí mismo buenos y denominan malvados a los nobles. Esta transmutación fue realizada por los judíos y continuada por los cristianos. Los sacerdotes llevados por el resentimiento rebelaron a los débiles contra los fuertes y potenciaron una moral de igualdad frente a una moral de jerarquía. Ellos invirtieron los valores.

    De este modo la moral surge como resultado del resentimiento. El resentimiento creó los valores morales de occidente y es el responsable de un hombre incurablemente mediocre, es decir, del nihilismo que amenazaba a occidente

    Nietzsche da un sentido especial al término resentimiento, ya que en su opinión el resentimiento surge cuando se vive dependiendo de algo exterior y alejado, en una situación de obediencia irracional que desemboca en la esclavitud. Por eso el comportamiento de los llamados esclavos está dirigido por el resentimiento, el odio y el rechazo.

    Los esclavos viven dependiendo de algo extraño a sus propios intereses. La moralidad de occidente está en este caso y procede del odio y del resentimiento.

    Por el contrario la manera noble de valorar corresponde a la moral de los señores. El modo noble de valorar es positivo. Depende sólo de sus propios intereses. El modo noble de valorar está en relación con la voluntad de poder, que es sinónimo de capacidad de crear la realidad y los valores. El superhombre se caracteriza por la voluntad de poder y así creará su propia realidad y sus valores sin aceptar normas impuestas ni fundamentos transcendentales. La voluntad de poder no es la ley del más fuerte. Es el poder de los creadores, un poder que sin su esfuerzo se adueña de la situación.

    La reflexión sobre la moral se encuentran presente en todas las etapas del pensamiento de Nietzsche pero especialmente en las últimas. Zaratustra es la figura simbólica que Nietzsche utiliza para exponer tres de sus teorías fundamentales: el superhombre, la transmutación de todos los valores y la voluntad de poder.

    Nietzsche cree que algunos elementos de la moral occidental tal como ha sido configurada por la tradición judía socrático-platónica y cristiana se han elaborado a partir de la contraposición buena o mala levantada sobre la negación de los instintos vitales supeditándolos al saber racional.

    Nietzsche propone superar esos conceptos y devolver a los valores su sentido originario, recuperando el valor bueno como expresión de la vida ascendente, de los fuertes, y malo como expresión de la vida descendente, de los débiles. El superhombre vivirá más allá del bien y del mal moral.

    Nietzsche quiere una moral natural que afirme los valores e instintos de vida recuperando la primitiva inocencia moral porque el superhombre creará su propia escala de valores para manifestar la voluntad de poder.

    B. EN EL TERRENO ONTOLÓGICO

    El supremo error de la metafísica fue admitir un mundo verdadero frente a un mundo aparente. Este error se corrige invirtiendo esos dos mundos y quedándose con el aparente como el único.

    Esta división en dos mundos fue fruto de la decadencia del hombre que necesitó de algo superior para sentirse seguro y tranquilo.

    Para Nietzsche sólo existe el devenir, lo terrenal, en donde nada permanece.

    El hombre finge un Dios sustancia, un sujeto como base de sus hechos psíquicos y a partir de este yo inventa la sustancialidad de las cosas y la idea de ser que es un engaño gramatical y del lenguaje.

    Los conceptos y palabras necesitan una base inmutable y fija que permita comprender los cambios y cualidades sensibles y así se llega al concepto de ser, pero este ser fijo e inmutable no existe en la realidad.

    C. EN EL TERRENO GNOSEOLÓGICO DEL CONOCIMIENTO

    Nuestros conceptos filosóficos y científicos son falsificaciones más o menos sutiles con las que pretendemos aprehender, es decir, hacer nuestro, asimilar el devenir, el cambio, la evolución, introduciendo por debajo de su corriente salvaje un soporte que nos permita asirlo, cogerlo, capturarlo. El hombre con sus conceptos, con su pensamiento, falsea la realidad. Los conceptos son sólo metáforas que nuestra capacidad de abstracción elabora, y que la costumbre nos lleva a fijar y utilizar, pero que no nos dan la verdadera realidad.

    La realidad es devenir, cambio, movimiento, mientras que las palabras y conceptos son fijos e inmutables y por tanto no penetran nunca en el origen, en la auténtica esencia de las cosas.

    Los conceptos filosóficos y científicos se desarrollan dentro de un sistema pero estos sistemas están condicionados por la funcionalidad de una gramática. Por ello el propio lenguaje a veces nos engaña. Hemos de tener en cuenta que pensamiento y lenguaje se refieren a las cosas del mundo en que vivimos, y éstas no son fijas ni inmutables, ni siguen normas gramaticales.

    En el lenguaje lógico, matemático moral y religioso es una ficción de la razón. Solo el lenguaje metafórico y artístico puede darnos algo de la realidad.

    D. EN EL TERRENO DE LA VERDAD

    Respecto a la verdad, Nietzsche posee una concepción utilitarista y perspectivista. La teoría perspectivista de Nietzsche está basada en tres puntos:

    • No acepta la división del mundo en apariencia y realidad. El mundo de los sentidos, la apariencia, es la única base del conocimiento.

    • La verdad no es algo que tenga valor en sí mismo y se corresponda con la realidad. La verdad posee sólo un valor pragmático.

    • No existen hechos o realidades absolutas, sino solamente perspectivas de las cosas. La verdad o falsedad es una perspectiva posible. No existe una realidad única que pueda ser conocida por la ciencia.

    Nietzsche destacará el valor de la sensibilidad y la referencia directa a las verdades existenciales. Cree que la tradición occidental despreció los sentidos e impuso el valor de los conceptos y la racionalidad sometiendo el valor de la vida al valor de la razón.

    Nietzsche afirma radicalmente el valor del mundo que nos dan los sentidos, el mundo de las apariencias, del devenir, de la vida. Por todo esto dirá que algo es verdadero si sirve al desarrollo de la vida, si sigue el instinto vital y aumenta la voluntad de poder.

    Lo que importa no es la verdad o falsedad de un juicio, sino si ese juicio favorece o no a la vida. El valor para el vida es criterio decisivo para aceptar un juicio o teoría. Por eso dice Nietzsche que “la verdad es aquella clase de error son el que una determinada especie de seres vivos no podrían vivir”.

    Nuestra razón nos da una visión de conjunto de la realidad, nos da conceptos estables. Esto es sólo apariencia, error, pero nos es útil y se impone por la costumbre.

    Las verdades absolutas no existen. Cada teoría es un punto de vista sobre lo real, pero existen otros puntos de vista igualmente válidos.

    El hombre nuevo, el superhombre, conocerá el devenir y se dará cuenta de que la razón humana jamás podrá abarcar la realidad con sus categorías y conceptos.

  • EL SUPERHOMBRE

  • El superhombre aparece en uno de los mensajes de Zaratustra. Es el hombre del futuro que vivirá cuando se haya realizado la transformación de los valores y se haya cumplido la defunción de la cultura occidental. El superhombre encarna los valores de la época presocrática.

    El hombre es un animal no fijado, es defectuoso porque tiene que hacerse a sí mismo dentro de la libertad. Pero el hombre corre el peligro de fijarse, de convertirse en animal doméstico, perdiendo la voluntad de poder, el deseo de superación constante que es su principal valor.

    El último hombre (el europeo), ha superado a Dios pero se ha quedado en el nihilismo negativo. Es el hombre que vive el triste final de una civilización cuyos valores ya están muertos, es un hombre transformado en vegetal, el hombre de la vida moderna que sólo busca la comodidad, el placer cotidiano, sin plantearse metas ni ideales. Es el hombre europeo del siglo XIX según Nietzsche. Es necesario superar esta situación y seguir por un camino ascendente. Es necesario creer en el superhombre. El superhombre es una esperanza, un puente, un estar en camino. Es la superación de Dios y del nihilismo, es la afirmación de la vida como voluntad de poder, es creador de nuevos valores y aniquilador de los antiguos. Es el que da sentido a la vida humana pero fundamentándose sólo en este mundo terrenal.

    El superhombre tiene en sí mismo la fuente de todo valor y de toda verdad. Posee el sentido de la tierra, se comporta como un ser amoral con la inocencia de un niño, se aparta de la multitud y crea su propia moral.

    El superhombre no es una raza nueva, sino una nueva forma de ser hombre, aceptando el devenir, el pasar, el morir.

    Característica del superhombre es la voluntad de poder que significa capacidad de imponerse, de no someterse a nada. El deseo de ser más, de vivir más, de autosuperarse, de demostrar fuerza creciente, ya que todo esto es vida ascendente.

    El superhombre está más allá del bien y del mal. El es su propia norma. En la moral tradicional los débiles han elevado a virtudes sus miserias. Débiles son los enfermos, los apocados, los pobres y por eso sus virtudes son humildad, obediencia, compasión.

    El superhombre impondrá la moral de los señores, que son los fuertes, los dominadores, los que confían en sí mismos, no tienen simpatías ni compasión, son soberbios y arrogantes. Esta moral transformará al hombre que domesticado por el cristianismo es mezquino, mediocre, prudente, servil y perezoso y le devolverá su esencia, la voluntad de poder.

    En el primer discurso de Zaratustra expone las tres metamorfosis del espíritu que indican el camino del hombre hacia el superhombre: el espíritu se convierte en camello, el camello en león y el león en niño.

    El camello, animal que soporta pesadas cargas, simboliza a los que obedecen ciegamente se arrodillan y reciben su carga, soportan obligaciones sociales y obedecen a la ley moral y a los valores tradicionales. Dicen: “yo debo”.

    El camello que quiere ser más se transforma en león, animal que se deshace de cargas opresoras. Simboliza el nihilista que rechaza los valores tradicionales y se libera de yugos y lucha. Dice: “yo quiero”.

    Pero el león tiene que transformarse en niño para vivir libre de prejuicios y crear una nueva tabla de valores. El niño es inocencia y olvido. Es capaz de crear cosas nuevas y está más allá del bien y del mal. Es libertad verdadera, vive la existencia como una aventura y un juego. Es natural, dice sí a la vida.

    El superhombre es la síntesis del mensaje de Nietzsche y representa al hombre nuevo que surge tras la crítica a los valores de la cultura occidental que Nietzsche se propone destruir a lo largo de toda su obra.

  • EL ETERNO RETORNO

  • Es un concepto complejo, parece tener su origen en los presocráticos, especialmente en Heráclito. Es la vuelta de, la repetición rítmica de las cosas de este mundo.

    Zaratustra es el profeta del eterno retorno y nos dice que en este mundo todo se repite como en un juego o en una danza.

    Eterno retorno significa que todo, incluida nuestra vida se repetirá exactamente igual por toda la eternidad en sucesivos ciclos, a cada uno de los cuales llama Nietzsche “el gran año del devenir”. El tiempo es un círculo, el ahora se repetirá eternamente. El pasado ocurrirá de nuevo en el futuro. El futuro ya ocurrió en el pasado.

    Esta revelación del eterno retorno tiene dos caras: puede ser un insoportable suplicio o una gran esperanza.

    Visto desde el pasado, el eterno retorno es una teoría fatalista. Si todo retorna, todo esfuerzo y decisión es inútil, porque lo que va a suceder ya ha sucedido antes. Incluso la esperanza del superhombre es absurda ya que siempre retornará el hombre.

    Pero visto hacia el futuro, el eterno retorno da sentido a toda decisión actual, ya que nos llevará a pensar que lo que decidimos ahora, lo decidiremos eternamente. Cada instante cobra dimensión de eternidad.

    En la dimensión ontológica, el eterno retorno enlaza con el deseo de permanencia y eternidad que todo hombre lleva consigo. El mundo y la vida pasan pero luego se repetirán eternamente. Nietzsche niega la inmortalidad transcendente, pero acepta la eternidad inmanente del mundo y de la vida.

    La filosofía de Nietzsche es también como un eterno retorno, vuelve continuamente sobre los mismos temas y siempre llega a un mismo punto: la afirmación de la vida como lo más importante del hombre.

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