Voluntariado exigencia de la sociedad civil

Situación social. Surgimiento del tercer sector. Sociedad participativa. Aparición del voluntariado. Elementos que configuran el voluntariado. Valor del don, libertad. Expectativas del futuro del movimiento voluntario

  • Enviado por: Nuria
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 27 páginas
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EL VOLUNTARIADO

EXIGENCIAS DE LA SOCIEDAD CIVIL

INDICE

  • Situación Social

  • Surgimiento del Tercer Sector

  • Sociedad Participativa

  • Aparición del Voluntariado

  • Elementos que configuran el Voluntariado

    • El valor del don

    • El valor de la libertad

    • El valor de la proximidad

  • Educación, Formación y Voluntariado

  • El Principio de la Solidaridad

  • Los valores en el Voluntariado

  • Expectativas de futuro del Movimiento Voluntario

SITUACIÓN SOCIAL

Crisis del Estado del Bienestar como génesis del movimiento voluntario.

Las políticas del bienestar han sido el medio a través del cual se han perseguido reequilibrios en orden a las cuestiones sociales. ; éstos están cada vez más en crisis, en consecuencia a la crisis económica y del mercado de trabajo y a causa de los costes relacionados con tales políticas, pero también por las contradicciones respecto a las necesidades a las que han intentado poner remedio. En occidente el Estado de Bienestar se presenta como un compromiso entre el Estado y el Mercado. El Estado liberal no ha dejado de proclamar la igualdad de todos los ciudadanos frente a la ley u su libertad de acción: pero es esta libertad, con la consecuencia de la protección de la propiedad privada, la que lleva consigo la creación de desigualdades materiales, económicas y sociales.

El equilibrio del sistema socio-económico requiere que el reconocimiento de la legitimidad del funcionamiento del mercado, con sus reglas generadoras de desigualdades, sea compensado por mecanismos para asegurar la distribución de bienes y servicios de manera universal.

Es esta forma del compromiso entre igualdad y desigualdad, entre lógica del mercado y derechos sociales de ciudadanía, entre leyes de la economía y solidaridad social, gestionada con la mediación del Estado, lo que ha llevado a la crisis en los años setenta y ochenta.

En la crisis actual y en la fuerte manifestación de fenómenos de pobreza y de exclusión, los temas que se presentan no son sólo los de mejora de las políticas redistributivas y los de la prestación de servicios, sino también los referentes a las relaciones entre personas, entre grupos, entre el sector social y el sector estatal, entre mundos vitales y entre sistemas sociales.

Desde algunos puntos de vista las intenciones principales (aunque no las únicas) de las políticas de voluntariado contemporáneas son abaratar las obligaciones sociales del estado y legitimar sus políticas públicas. Se reflexiona sobre un principio de actuación el sistema económico y estatal contemporáneos: el aprovechamiento económico de los recursos sociales existentes como forma de resolver problemas que cuestionan el desarrollo del modelo de economía capitalista dominante. Otra forma de ver esta cuestión es señalar la relación entre la contracción de las cargas asistenciales públicas y la búsqueda de sistemas de prestación que complementen o sean alternativos a los que han caracterizado el modelo de estado asistencial.

El rótulo “crisis del estado asistencial” es una forma de hablar de los efectos que tuvieron sobre el estado fenómenos de orden económico, social y cultural. Estos fenómenos provocaron la readaptación del estado mediante la búsqueda de nuevos mecanismos que le permitiesen afrontar las reformas, de tipo económico principalmente, que se le imponían.

El debate sobre esta crisis se ocupaba de la intervención del estado en el establecimiento de niveles de protección y generación de bienestar social, de las expectativas de atención de los ciudadanos frente a los poderes públicos, de la distribución del presupuesto estatal o de la implicación del estado en el funcionamiento del sistema económico. El mantenimiento del referente de crisis sugiere la existencia de una desorientación a la hora de abordar la situación de las sociedades contemporáneas.

La moderna institucionalización del voluntariado se sitúa en el contexto de la crisis y reordenación del estado asistencial. Tanto el discurso sobre el voluntariado como el discurso acerca de la necesidad de aligerar las cargas del estado asistencial han hecho un uso recurrente de tres principios de organización social: el de solidaridad, el de responsabilidad y el de participación.

SURGIMIENTO DEL TERCER SECTOR

Entre el Mercado y el Estado surge y se va constituyendo una nueva sociedad civil, el denominado Tercer Sector. Sobre el no hay consenso ni en su denominación, ni definición, ni en los elementos que lo componen. Se le suele definir por exclusión, ni es público ni tiene fines lucrativos; aunque Mercado, Estado y Sociedad civil deben de estar interrelacionados y en mutua interacción, no como negación una de la otra, sino como retroalimentación.

La amplitud de este concepto varía según las escuelas y los autores, en este sentido las organizaciones incluidas se pueden clasificar en cinco grandes grupos:

Formas tradicionales de ayuda mutua; constituidas por las organizaciones religiosas y de caridad y por las redes comunitarias locales.

  • Movimientos sociales; de reivindicación de bienes materiales y/o simbólicos (sindicalismo, feminismo, ecologismo, etc.)

  • Asociacionismo civil; organizaciones vecinales, deportivas, culturales y de ocio.

  • Organizaciones no gubernamentales; con sus distintos anclajes sociales e institucionales

  • Fundaciones y centros de investigación; ligados al mundo empresarial aunque de carácter filantrópico.

  • El Tercer Sector suele recibir distintas denominaciones: o entidades no lucrativas para distinguirlo del mercado; y organizaciones no gubernamentales para diferenciarlo del estado. Se puede afirmar que el Tercer Sector es “un sector socializado y de socialización activa y voluntaria que se enfrenta a la pasividad y lejanía que han desarrollado las burocracias públicas modernas”.

    Hay un consenso en muchos autores sobre definir a las organizaciones que pertenecen al Tercer Sector o sector voluntario, por las características y condiciones siguientes:

    Tienen que ser organizaciones formales, es decir han de responder a criterios institucionalizados, establecidos previamente.

  • Se ha de tratar de organizaciones privadas, organizaciones que no se han de confundir con el Estado ni con el Mercado.

  • Se trata de organizaciones sin ánimos de lucro, donde sus componentes no deben obtener y como consecuencia no deben distribuir beneficios procedentes de la venta de bienes y servicios en el mercado.

  • Son organizaciones autogobernadas, capaces de tener su propia organización y controlar sus propias actividades.

  • Se trata de organizaciones voluntarias, sus miembros y componentes han de ser en gran medida voluntarios aunque no es preciso que todos sus miembros lo sean.

  • La sociedad civil y dentro de ella las instituciones de solidaridad u organizaciones voluntarias se desenvuelven por tres escenarios formados por: los mundos vitales o grupos primarios, tales como la familia, los vecinos, es decir el lugar privilegiado de socialización y de comunicación; el mercado se basa en la transacción y se mueve en el ámbito de las contraprestaciones e intercambio de bienes y servicios; y, el Estado que tiene como objeto la extensión de los derechos a todos los ciudadanos.

    Las organizaciones voluntarias desarrollan en estos ámbitos las respectivas potencialidades en la satisfacción de las necesidades.

    En el escenario de los grupos primarios se mueven las reces de relaciones familiares, agrupaciones de amigos, de vecinos y un conjunto de iniciativas que constituyen el entramado de la ayuda mutua y la solidaridad, que se caracterizan por tener conciencia de colectividad, transmitiendo nuevos valores para influir en la transformación de la sociedad. Tiene una función compensadora ya que mantiene y conserva los mundos vitales cuando diversos factores pretenden desintegrarlos.

    La organización voluntaria en el escenario del mercado se caracteriza por aceptar el mercado como espacio propio; exigir que la empresa permita el desarrollo humano e integral de quienes trabajas en ella; Desempeñan una triple función: frente a las frías relaciones contractuales, crean un nuevo clima de cercanía, que da respuesta a las necesidades personales y de todos; ante el interés individual, defiende el colectivo, ante la exclusividad la universalidad; ante la dialéctica de la oferta y la demanda, propone criterios flexibles a favor de los débiles. Trata de confrontar los fallos del mercado y dinamizar sus potencialidades.

    En el escenario del Estado las instituciones voluntarias, bien como organizaciones voluntarias o como movimientos sociales, reconocen la responsabilidad del Estado, exigen niveles más altos y defienden valores globales al servicio de toda la sociedad. Tienen una función de transformación social, mediante la confrontación o la negociación de lo público, difundiendo los valores comunes e identificando la causa pública como un bien colectivo; otras se presentan como mediadores para reducir la distancia entre los sistemas públicos de protección y los territorios de marginalidad y la población excluida. Plantean la construcción de una sociedad accesible, la construcción de la sociedad del bienestar.

    La referencia a una economía pública (Estado) diferenciada de una economía privada (mercado), y estas dos diferenciadas respectivamente de una economía social (tercer Sector), arroja una imagen parcial de los distintos modelos de actividad socio-económica. No podría aceptarse la autonomía de un Tercer sector, se estarían eludiendo las dependencias existentes entre estos modelos de actividad, cuya comprensión es fundamental para explicar la configuración contemporánea del voluntariado.

    El voluntariado no sólo participa del tercer sector sino también del sector público. Es un instrumento propicio para la satisfacción de intereses generales, la organización directa del trabajo voluntario por las administraciones públicas y el fomento de la actividad voluntaria dificultan la separación entre el sector público y el tercer sector.

    La calificación no lucrativo permitiría diferencial el Tercer Sector del sector privado; por el contrario cuando se habla de lo no lucrativo se está haciendo referencia a que el objetivo de la entidad es la socialización de recursos económicos y humanos presentes y futuros, y no la privatización de beneficios económicos.

    En definitiva, las instituciones del Tercer Sector han de desempeñar; según la mayoría de los autores, al menos estas cinco funciones.

    Función de agente innovador, estas organizaciones han dado respuestas nuevas y originales a problemas particularmente difíciles. Una sociedad viva y dinámica requiere de agentes creativos, audaces, imaginativos y emprendedores para dar nuevas respuestas a nuevos problemas.

  • Función de prestadora de servicios, para llegar allí donde no llegan los servicios públicos, de ofrecer servicios complementarios allí donde existen de manera insuficiente; siempre bajo los principios de subsidiariedad y complementariedad.

  • Función de actuar como defensor de los intereses de todos, especialmente de los débiles; a la vez que animadores y facilitadores de información y recursos.

  • Función de preservar algunos de los valores de nuestra sociedad como la participación, el pluralismo, la democracia, el fomento de nuevos valores, nuevos principios, nuevos referentes, etc.

  • Función de mediación entre las instituciones de vida privada con la públicas, entre el mercado y el estado; a la vez que responsables en la defensa de los valores fundamentales de nuestra sociedad.

  • SOCIEDAD PARTICIPATIVA

    En una sociedad multicultural como la nuestra, el objetivo de la democracia debe ir más allá de su significado clásico: debe posibilitar que las personas de diferente etnia, cultura, estatus económico, religioso e ideológico puedan convivir y compartir unos mismos espacios, una misma sociedad y unos valores. Por lo tanto si queremos que una democracia esté viva necesitamos que todas las personas adopten actitudes democráticas. La democracia tiene que practicarse en la familia, en las escuelas, en la ciudad. Se tiene que hacer realidad la ciudadanía y la participación ciudadana en todas las esferas de la convivencia. Impulsar formas democráticas de organización y de participación ciudadana es la manera más eficaz de ejercer la democracia; no es sólo una estrategia para que los derech9os sean hechos, sino que se convierte en una escuela de formación ciudadana.

    La participación se fundamenta en un hecho elemental: los ciudadanos han de ser protagonistas, han de ser parte activa en la solución de sus propias necesidades. El autentico valor de la democracia participativa reside en que puede generar diferentes formas de participación ciudadana; Esta participación es algo que se adquiere a lo largo de toda la vida, debe iniciarse en la familia y hacerse realidad en la ciudad. La democracia se sustenta en la presencia de ciudadanos con voluntad de construir y mejorar la vida colectiva, la democracia precisa de ciudadanos competentes informados y motivados por los problemas de su comunidad. Participación ciudadana y voluntariado equivalen a responsabilidad civil.

    La ciudadanía debe ser activa, participativa y responsable, amparada en la legalidad, sin olvidar que las carencias formativas para ser un buen ciudadano son un factor de marginación y discriminación. Adquirir una cultura de participación ciudadana equivale a un derecho educativo. La ciudadanía, como la solidaridad, el civismo, la interculturalidad,... debe ser algo más que una palabra sin significado conceptual pero que genera una estado de ánimo o actitud positiva. Ciudadanía es sinónimo de participación ciudadana, de voluntariedad cívica; Debería ser una estrategia previa a la toma de cualquier decisión que afecte a la calidad de vida de los ciudadanos.

    La democracia y la ciudadanía conllevan otro principio: que toda persona que quiera participar pueda hacerlo. La ciudadanía es una actitud, es una acción motivadora de la participación de los ciudadanos; en nuestra sociedad global y de la información la estrategia más eficaz para profundizar en la democracia representativa es la democracia participativa.

    Participación y voluntariado son estrategias para lograr que la ciudadanía se beneficie de una mayor justicia distributiva. Para convertirlos en realidad es necesario que los políticos sean el motor y la fuente de sensibilización necesarios para hacer realidad las aspiraciones de los ciudadanos, principalmente aquellos que más excluidos se encuentran de los beneficios de la convivencia. Participación y voluntariado fomentan la convivencia y la cohesión social y al mismo tiempo hacen realidad la democracia política; forman el escenario ideal para tratar cuestiones que afectan de manera importante a los ciudadanos. La participación ciudadana es una manera democrática de hacer política y de llamar la atención acerca de las necesidades, puede incluso llegar a ser una manera de resistencia frente a ciertas formas de totalitarismo económico o de políticas poco sensibles con la exclusión social.

    La participación como principio inspirador básico del desarrollo de la política social y como instrumento para diseñar y construir una determinado modelo de sociedad y de ciudad es un derecho que toda administración debe garantizar y desarrollar. Además la participación ciudadana y el voluntariado son eficaces estrategias para luchar contra la exclusión, pueden permitir el acercamiento de la administración a los ciudadanos sin olvidar algo más importante en la sociedad de la información como reforzar la práctica democrática de los ciudadanos participando de los asuntos públicos de manera solidaria, informar de manera eficaz a los ciudadanos acerca de los temas sociales que son de su incumbencia y estimular la cooperación entre el movimiento asociativo y la administración.

    APARICIÓN DEL VOLUNTARIADO

    Siempre ha existido la acción voluntaria. Lo nuevo es su organización, expansión y consolidación como un sector compuesto por ciudadanos y entidades, que puede incidir en la dinámica de los estados protectores. Su crecimiento es de tal envergadura que puede ser considerado como un nuevo movimiento social.

    A partir de los años 60 y 70 fue tomando cuerpo en la mayoría de democracias occidentales una cierta desconfianza en los partidos políticos como único mecanismo para canalizar las inquietudes políticas de los ciudadanos. Ello permitió la aparición de nuevas formas de participación que se han venido denominando “Nuevos Movimientos Sociales”. Las nuevas generaciones se han ido interesando por aspectos parciales de la vida social: el feminismo, el ecologismo o el pacifismo han sido los ideales que han movilizado las inquietudes y deseos de cambio de los jóvenes en los últimos decenios. Las generaciones jóvenes que han sido socializadas en los estados asistenciales parecen más preocupadas por cuestiones dirigidas a mejorar la calidad de vida, que no las clásicas reivindicaciones de clase más basadas en la mejora de los ingresos. Lo novedoso, entre otras características era su organización más democrática que la de los partidos políticos y su composición más basada en la clase media que en las populares.

    Desde los años 80 emerge una nueva inquietud, en principio entre los ciudadanos más jóvenes y se extiende después a otros grupos de población: la acción voluntaria laica. Podemos hablar de un nuevo movimiento social compuesto por organizaciones, entidades, asociaciones cívicas o grupos de voluntarios que canalizan la solidaridad y la ayuda, en distintos ámbitos y niveles.

    Las administraciones pueden haber fomentado el voluntariado, para poder seguir sus responsabilidades protectoras sin incrementar trabajadores remunerados, pero ha sido la sociedad civil la que ha vuelto a la participación y al protagonismo ciudadano en forma de acción voluntaria.

    La reestructuración de la sociedad civil y la de la política y la ciudadanía puede pasar por este nuevo movimiento. En una sociedad democrática no es suficiente la delegación del poder a través del voto, la democracia se refuerza, enriquece y consolida con el recurso de la acción participativa y cívica en los aspectos de la vida pública.

    Los procesos iniciados en los años setenta y desarrollados durante los ochenta quedaron confirmados en los años noventa. En estos últimos años se ha creado una normativa específica que ha ampliado el proceso de construcción legal del voluntariado. La institucionalización del voluntariado y el llamamiento a la solidaridad social forman parte de la transformación del estado asistencial. La colaboración social, como expresión de solidaridad, ha sido llamada a asumir un peso específico en el mantenimiento de la asistencia social. No obstante, la vinculación entre el voluntariado y la solidaridad no resuelve lo que puede acabar siendo un problema genético del voluntariado: su propia voluntariedad (la libertad en la prestación de servicios).

    La reorganización de la intervención asistencial del estado llevó a la renovación del discurso sobre la responsabilidad de los ciudadanos en el mantenimiento del bienestar general. El discurso de la responsabilidad ciudadana no es independiente de la referencia a la solidaridad. Ambos principios han de ser vistos como dos caras de una misma moneda.

    En los estados democráticos la intervención de las administraciones públicas sobre el voluntariado ha sido una constante que se ha intensificado con el paso del tiempo, llevando a la creciente institucionalización de este modelo de colaboración social. Mediante normas específicas se ha determinado cuales son los campos de actuación del voluntariado, cuáles son sus fines, en qué consiste esta actuación o qué es y qué no es voluntariado.

    El voluntariado actual no es un punto y aparte ni una ruptura. Se da la continuación de experiencias colectivas precedentes basadas en la colaboración social y cuestiones (políticas, económicas,..) que se mantienen abiertas. Es la continuidad de prácticas sociales y experiencias colectivas precedentes. Las personas que llevan años colaborando en iniciativas sociales han visto cómo se les pasaba a llamar voluntarios; a pesar de que no hubiesen modificado en nada el tipo de actividad que desarrollaban, ni el sentido de la misma. Los movimientos sociales, los grupos de resistencia ante las dictaduras, los grupos parroquiales o las bases de los partidos y de los sindicatos se han nutrido históricamente de prácticas sociales de colaboración no remunerada. Estas prácticas sociales quedan unidas a experiencias colectivas: organizarse para alcanzar un objetivo común, corresponsabilizarse, contar con los demás, etc.

    La acuñación legal del término voluntariado se ha basado en la consideración de relaciones de colaboración social que se sitúan al margen de las relaciones laborales, funcionariales, mercantiles o cualquiera otra retribuida. Además han de reunir unas características determinadas: altruismo, solidaridad, gratuidad y organización.

    Los tres valores del voluntariado que constituyen su fisonomía propia, son la gratuidad solidaria, la libertad de elección y la proximidad humana.

    ELEMENTOS QUE CONFIGURAN EL VOLUNTARIADO

    El valor del don:

    El estudio de la actividad de voluntariado a través del don requieren establecer una premisa: loas actos de dar gratuito se sitúan en el contexto general de reciprocidad social. El don es una manifestación del principio de reciprocidad social. Reciprocidad y don mantienen entre sí una relación de continuidad, aunque hay que reconocer que algunas manifestaciones del don parecen romper esta relación y posiblemente lo hacen; esto ocurre, por ejemplo, cuando una persona da la vida por otra.

    En la actividad del voluntariado una persona emplea parte de su tiempo en actividades que generan un provecho para otras personas. El voluntario realiza un acto de dar. Esta actividad de colaboración gratuita se singulariza por carecer de contraprestación económica. Esta característica fundamenta la gratuidad de la actividad solidaria.

    Don y reciprocidad son dos realidades inseparables. A pesar de su apariencia, el don obliga en términos morales y sociales y a su vez genera comportamientos recíprocos, es decir, el don crea lazos de reciprocidad entre las personas. El dar gratuito establece vinculaciones entre los individuaos y a mismo tiempo es una manifestación de estas vinculaciones.

    El don, a diferencia de la mercancía tiene una componente eminentemente subjetivo. La persona que da se proyecta en el don, supone la presencia del donante en lo donado. La persona que recibe participa de la carga subjetiva del don, de forma que queda también obligada en su persona por el don recibido.

    La cultura del voluntariado confirma que no somos objetos y se funda en la voluntad de dar más que en la de recibir. En todas las culturas hay acciones sociales que no pertenecen ni al mundo de las obligaciones ni al de los intereses individuales y colectivos; son acciones que tienden a alejarse cada vez más del intercambio mercantil y de la lógica administrada.

    El voluntariado está ahí para que lo lejano se vuelva cercano; lo distante, próximo y lo amenazador, benefactor. Practica la gratuidad y en su interior aprecia la experiencia de una descompensación que se traduce en una deuda con los sujetos frágiles. A través de la acción voluntaria se rompe la reciprocidad para adentrarse en las relaciones asimétricas; de este modo se establecen relaciones de ayuda entre jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, fuertes y débiles. Por esta razón, el voluntariado se percibe siempre en deuda y recibe más de lo que da.

    La acción voluntaria ha estado retenida por la atracción del mercantilismo, que ha disminuido el espacio social de la gratuidad y su viabilidad histórica, donde el afán de lucro y de beneficio invade las conciencias y modela las expectativas personales, el voluntariado se orilla socialmente y apenas alcanza una existencia residual. Después de haber vivido unas décadas de prepotencia de lo económico, que encumbraron la eficiencia, el provecho y el interés, hemos empezado a recrear el ámbito de las relaciones humanas basadas en la donación. Frente al poder de los mercados, los voluntarios testifican el valor de la gratuidad y del desinterés, y rompen de este modo el maleficio cultural de confunde el valor con el precio, la bondad con la eficacia, la productividad con el rendimiento. El voluntariado se orienta más bien a producir y a distribuir valores de uso, a poner el altruismo en el lugar del egoísmo, a elegir a los otros como forma de elegirse a uno mismo. El voluntariado no da para recibir a cambio cualquier otra cosa; ama aunque no exista nada a cambio ni siquiera gratitud.

    El valor de la libertad:

    La mayor energía del voluntariado seguirá siendo su radical y personal libertad para comprometerse; para convertir un tiempo libre de ocio en un tiempo liberado para la solidaridad. Hay una conexión intima y causal entre voluntariado y libertad, ya que quien no dispone tiempo libre se convierte en un mero consumidor de servicios. El compromiso voluntario se sostiene sobre el “yo quiero”. Cualquier acción generosa, cualquier gesto gratuito, cualquier pensamiento desinteresado sólo puede identificarse como voluntariado si es concebido libremente, el voluntariado partirá siempre de la libertad y se opondrá constantemente a la instrumentalización.

    Después de un tiempo en el que se han valorado los elementos funcionales, el voluntariado descubrirá más nítidamente el valor sustantivo de la acción libre. La libertad en lo cotidiano pretende superar la falsa oposición ente derechos y responsabilidades, entre compasión y solidaridad, entre los sectores públicos y privados, entre los social y lo político, entre el bienestar y el bienser.

    La libre autonomía del voluntariado concede a la acción voluntaria tres cualidades esenciales: su carácter personal, su dimensión transformadora y su carácter entusiasta. La libertad del voluntariado está seducida por el otro como individuo, de ahí que el objeto de la acción voluntaria no puede ser otro que la persona humana: no es la clase, ni la raza, ni el partido, ni la nación. El voluntariado no hace ni distinciones ni privilegios, no es un acto neutral sino partidario a favor de los perdedores.

    Gracias a esa libertad, la acción voluntaria responde a acciones que anticipan germinalmente lo que deseamos y aspiran a inventar posibilidades nuevas.

    La acción libre y creadora del voluntario se realiza con entusiasmo, se distancia de la moral del deber y de la obligación. El voluntariado no es un capítulo de la obligación, que prescribe la acción contra la propia espontaneidad y contra la propia naturaleza. El voluntariado no es aquel que se obliga a hacer lo que no le agrada. Toda su acción está orientada y dirigida hacia el otro, que desea ser amado por él mismo pero no por alguien que lo hace por deber.

    El voluntariado responde a un ejercicio de la autonomía privada, constituida y expresada libremente, sin responder la actividad desarrollada a una obligación legal preexistente. En el momento actual y paradójicamente la actividad voluntaria encierra una obligatoriedad cuyos extremos han quedado fijados por el modelo legal de voluntariado, tal y como veremos con posterioridad. En la relación jurídica de voluntariado la voluntariedad es sólo inicial ya que al haberse formalizado jurídicamente la relación entre la persona y la entidad que organiza su actividad, ambas partes adquieren derechos y contraen obligaciones ente sí.

    El valor de la proximidad.

    El futuro del voluntariado tendrá una íntima conexión con el ejercicio de la proximidad; todo él está referido al ámbito de lo concreto en el que podemos actuar realmente del cual somos directamente responsables e incluso podemos verificar el resultado de nuestra acción. El voluntariado se distancia de este modo de las declaraciones grandilocuentes y de las protestas que no se acompañan de propuestas. Si la demanda de protección de y asistencia que se dirige al Estado se vinculaba a la seguridad, la que se dirige al voluntariado se vincula a la cercanía y a la proximidad.

    El reclamo al prójimo comporta la necesidad de atender individualmente sus necesidades, acompañar sus itinerarios concretos e indivisibles, comprender personalmente sus demandas. A veces resulta más fácil ocuparse de las grandes causas de los vecinos. La proximidad ha sido y será el suelo del voluntariado.

    El voluntariado permitirá vivenciar la solidaridad social más allá de los procesos burocráticos y reglamentaristas: de este modo los mecanismos de producción de la solidaridad serán cada vez más visibles, ya que incorporarán a los individuos en los múltiples espacios de proximidad y a través de instituciones intermedias. El voluntariado recupera de este modo su vinculación al territorio, ya que atiende no sólo a la carencia del individuo, sino a la historia de la carencia. Con frecuencia el voluntariado ha sido indiferente al valor de los contextos locales: sus prestaciones han sido instituciones y equipamientos, que pueden situarse en cualquier lugar, ya que el territorio le resultaba ajeno e indiferente. Cada vez más, el voluntario se pensará en términos de arraigo y no será indiferente a los modos de estructuración del espacio social.

    Las organizaciones voluntarias han estado igualmente confiscadas por los climas de insolidaridad que han caracterizado la actual organización social. Frente a la realidad de la desafiliación, los voluntarios aportan el valor de la producción comunitaria de los bienes sociales. Recelan del anonimato como una peste que destruye el futuro común y la dignidad humana. El trabajo de estas organizaciones no tendría ningún sentido sin un profundo enrraizamiento en la vida comunitaria.

    EDUCACIÓN, FORMACIÓN Y VOLUNTARIADO

    La ciudadanía y el voluntariado no se improvisan, son resultado de una correcta socialización. Los primeros pasos de ciudadanía participativa deben iniciarse en el ámbito familiar y escolar, principalmente a través de la responsabilidad. Un importante objetivo de la educación actual es la socialización, es decir, adquirir competencias sociales. Pero la adquisición de toda competencia social comporta tres cosas: primero, pertenecer al grupo; segundo, ser valorado, ser apreciado, ser tenido en cuenta por el grupo; y tercero, implica tener la oportunidad de contribuir, de ayudar a la mejora del grupo. En ello radica la importancia de una educación para la participación ciudadana y el voluntariado.

    La educación en la sociedad de la información debe incluir entre sus objetivos, formar para la responsabilidad y la ciudadanía, capacitar para la crítica, la elección y la solidaridad:

    La educación es garantía de la libertad del hombre y garantía de un nivel mínimo de bienestar social. La educación es una estrategia más de redistribución. Es una forma de construir solidaridad.

  • La educación es adquirir capacidades para las relaciones sociales. Es un espacio más de la política social.

  • La educación es una forma más de sustrato moral de la política social y de la democracia, ya que la instrucción y la formación son recursos para la felicidad de las personas, así como una protección contra la desigualdad y la inferioridad.

  • La educación del siglo XXI incluye el ámbito escolar y la realidad sociocomunitaria. Al referirnos a educación se contemplan también las circunstancias sociales dentro de las cuales la educación se ubica y encuentra su espacio natural de acción. La educación es construcción de solidaridad... y de voluntariado, es una forma más de cohesión social y un recurso para hacer realidad la ciudadanía.

    La educación debe ser concebida como una segunda o tercera oportunidad para muchos ciudadanos y para ello debe incluir algunos aspectos todavía alejados de la escuela como la adquisición de capacidades sociales. Si al finalizar los estudios de primaria, los alumnos están ya capacitados para comprender cómo es y cómo funciona su ciudad, barrio o comunidad, si conocen también los agentes de la acción social y saben que gracias a ellos la convivencia es más fácil y más cómoda, la escuela puede ser un espacio para contribuir a educar a nuestros ciudadanos más jóvenes en el civismo, en la democracia y en los valores del voluntariado. Formar la actitud crítica, participativa y responsable es una de las tareas más importantes de la institución escolar. Si los alumnos de hoy son los responsables de gestionar las ciudades futuras, tan importante como la instrucción puede ser formar para la socialización y para la participación. Un objetivo que se recoge en el Libro Blanco “nuestros niños y jóvenes, nuestros ciudadanos de ahora y de mañana, ejerzan la libertad, la igualdad, la justicia, la solidaridad, la participación, en la dimensión a la que son acreedores y a la que legítimamente aspiran”.

    Para situar la educación en el ámbito de la sociedad de la información es necesario considerar los problemas en su totalidad; cualquier planteamiento social que no considere la población en general (hombre y mujeres, campo y ciudad, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, excluidos e integrados, blancos y negros, iguales y diferentes...) está condenado al fracaso. En una sociedad como la nuestra, la educación debe considerar y reflexionar acerca de la realidad que no es pero que debe ser.

    La sensibilidad del voluntariado se adquiere, principalmente, practicando. Practicando acciones voluntarias los ciudadanos adquieren el espíritu del voluntariado. Bandura afirma que las formas y normas de convivencia se aprenden a través de la imitación y el refuerzo positivo.

    Los valores son inherentes al ver humano. Vivir como personas significa actuar en la vida con uno valores. Queremos ciertas cosas, opinamos de una manera y nos dedicamos a ciertas actividades porque tenemos unos valores y no otros.

    En las acciones que el voluntariado realiza, igual que en el resto de las acciones en otros campos de su vida, orienta su conducta con respecto a unos valores que elige libremente. Precisamente por referencia a esos valores actúa como voluntario. También como voluntario adquiere y perfecciona la vivencia de unos valores.

    Esa vivencia es a la vez íntima e individual y tiene sin embargo repercusiones en el mundo exterior. La labor del voluntario, es importante personal y socialmente y siempre tiene su efecto. Únicamente la propia conciencia, informada por la experiencia propia y ajena, es quien decide qué valores vivir, hasta dónde vivirlos y por qué vivirlos.

    Al referirnos a la educación para la participación voluntaria debemos retomar el auténtico sentido de la educación: la aldea global o al ciudad educadora. El aprendizaje dialógico es una estrategia más de formación cara a la socialización y a la solidaridad; también el aprendizaje cooperativo gracias a la interacción que genera, mejora no sólo los aprendizajes sino que potencia las capacidades intelectuales y las competencias sociales. No debemos reducir la educación a la educación escolar. La educación global, social, se da a lo largo de toda la vida y en contacto con múltiples realidades. Si el objetivo de la educación es capacitarnos para ser más felices, para vivir en sociedad y comunicarnos tenemos que contemplar lo que en ella es sustantivo: el diálogo y la participación.

    EL PRINCIPIO DE LA SOLIDARIDAD

    La palabra “solidaridad” se ha popularizado en los últimos años, la extensión actual de su uso no es comparable con ninguna otra época histórica; este término tiene en la actualidad una gran fuerza comunicativa pese a no ofrecer un significado preciso. Se usa el termino para abarcar realidades e idealidades que eran designadas con términos específicos; un ejemplo es el término beneficencia poco utilizado y parece que pertenece al pasado, sin embargo buena parte de los comportamientos, concepciones y finalidades que históricamente han sido conocidos como pertenecientes a la beneficencia se encuentran hoy arropados por el término solidaridad.

    El término “solidaridad” tiene su raíz etimológica en el adjetivo latino solidus, a, um, que indica lo compacto, macizo o consistente; también fue utilizado para hacer referencial al todo, a la integridad de una cosa. En el derecho romano describió un tipo de obligaciones: las llamadas posteriormente obligaciones solidarias, entendidas como aquellas que se caracterizaban por la pluralidad de sujetos y por la unidad de la prestación. Entre la raíz jurídica y el uso moderno del término hay diferencias sustanciales.

    El uso del término “solidaridad” en el marco de las ciencias sociales rompe la acepción del uso jurídico primigenio al presentar la solidaridad como nexo social. El uso contemporáneo del término ya no hacía referencia a la indivisibilidad de la prestación, sino al tipo de relaciones que mantenían entre sí los elementos de una familia, una nación, un grupo de trabajo, un partido político o la humanidad. Son éstos los niveles a los que se considera como un todo y es la persona la que participa de ellos mediante la solidaridad.

    Su significado actual tiene que ver con la realidad a la que históricamente se ha hecho referencia con términos como amistad, benevolencia, concordia, bondad. El término “solidaridad” expresa la continuación de un conjunto de preocupaciones que atraviesa, con distintas manifestaciones y con soluciones diferentes, la reflexión del pensamiento acerca de la configuración de las comunidades humanas.

    El término “solidaridad” tiene un carácter polisémico que contribuye a su imprecisión: existen diferentes usos del término,

    1) solidaridad como vinculación ética y como respuesta necesaria en un mundo que se enfrenta a riesgos comunes. Esta idea se ha visto reforzada por las transformaciones globalizantes que han tenido lugar durante la segunda mitad de este siglo. Ante estos procesos la idea de solidaridad está desempeñando un papel importante en la propuesta de alternativas al orden de cosas existente. Esta concepción universalista se ha visto reflejada en la descripción de las condiciones de realización de los derechos humanos y en los derechos de tercera generación o derechos de solidaridad.

    2) solidaridad como reconocimiento del semejante. Es utilizada para dar nombre a una experiencia humana: la compasión por el que sufre y la búsqueda de esta compasión. Equivale a hablar de la necesidad que el ser humano tiene de ser reconocido como tal por sus semejantes; ser reconocido en el sufrimiento.

    3) solidaridad como elemento de control social. Esta concepción totalitaria de la solidaridad es visible en la exigencia de fidelidad a una idea o a un grupo. La característica sobresaliente de la utilización totalitaria de la solidaridad es la anulación de la libertad de la persona.

    y 4) solidaridad como mecanismo de igualación social. El concepto de solidaridad actual aparece ligado a la idea de igualdad. La solidaridad no sólo adopta una orientación igualitaria también tiene una clara dependencia respecto del principio de unidad del estado.

    Pese a las diferencias en los usos del término “solidaridad” existen entre ellos unas características o elementos comunes: pluralidad de individuos que forman o están en disposición de formar una comunidad, existencia de una finalidad común, alternancia de posiciones activas y pasivas en la dinámica de los vínculos solidarios, valoración positiva de los vínculos solidarios por los miembros de la comunidad.

    La escasa precisión del término, así como la absorción de las distintas propuestas de modelos sociales, han favorecido la equivalencia entre solidaridad y caridad; a mediados del siglo XIX la solidaridad como teoría y como propuesta práctica criticaba los planteamientos de aquellos que confiaban la resolución de la miseria y la pobreza a la caridad de los particulares. Los socialistas utópicos concebían la solidaridad como un instrumento de transformación radical de la realidad social.

    LOS VALORES EN EL VOLUNTARIADO

    En el ámbito del voluntariado, movimiento en pleno crecimiento y que se considera importante para el bienestar personal de sus miembros y el bienestar social de los lugares donde existe, merece la pena dedicar atención al centro mismo de la labor voluntaria. Ese eje central lo forman los valores del voluntario.

    Hay que comenzar por reconocer que los valores son ingerentes al ser humano: todas las acciones de la persona están orientadas por valores; las del voluntario también. Es importante señalar la importancia de las implicaciones de vivir unos valores. No se tienen valores en teoría: o se viven los valores o no se tiene nada.

    Lo primero que se viene a la cabeza cuando se habla de valores es que no existe una sola escala de valores. También hay que admitir que no todos piensan en lo mismo cuando se opina de libertad, justicia y solidaridad; además con el paso del tiempo nos damos cuenta de que los valores cambian y las personas también. Los seres humano viven con sus valores aunque no lo sepan. Los valores los vive cada ser humano en su individualidad siempre y constantemente sin pretenderlo, aunque también cada ser humano puede querer conscientemente y por propia voluntad vivir unos valores. Se actúa en la vida diaria con referencia a ellos y se puede reflexionar sobre ellos a la luz de la experiencia y del conocimiento. Sucede con frecuencia que por vivir con unos valores una persona decide participar en el movimiento voluntario, y al mismo tiempo otra persona llega a través del voluntariado a asumir y a vivir luego con unos valores. El voluntario lo es porque vive de acuerdo a una escala de valores que libremente adopta como suya y, por otro lado, el voluntariado es una escuela de valores para la vida futura de sus integrantes.

    En las acciones que una persona realiza dentro de su labor como voluntario se prueban los propios valores, se contrastan con los de otras personas, se aprende sobre la capacidad personal de vivirlos, de transmitirlos y de madurarlos. Todo ellos tienen influencia sobre el resto de las acciones en otros ámbitos: el trabajo, el estudio, las relaciones personales.

    El voluntariado se relaciona con los valores de tres formas: por vivir con unos valores una persona ingresa en el movimiento del voluntariado; el movimiento es capaz de transmitir unos valores a sus miembros, y los voluntarios los transmiten a su vez a otros ámbitos de la sociedad y de la vida.

    “Un valor es lo importante para mí como ser humano. Es lo que aprecio, lo que busco y lo que deseo en lo más íntimo de mi persona. Tanto más lo deseo cuanto más importancia le doy al valor.” Lo que el ser humano busca es lo que está en su esencia como tal, lo que le hace bien, lo que le da la felicidad. En la esencia del ser humano está la justicia, la solidaridad, la paz, la compasión, la tolerancia, etc.

    No se puede medir con seguridad ni exactitud el efecto sobre un grupo humano y el coste personal que tiene la adopción de unos valores por parte de la sociedad y del individuo. Lo que sí es seguro, como decía Platón, es que aquello que tiene valor no es gratis: nada de lo excelente se regala. Al contrario, cuanto más excelente es el valor que se desea, más aprecio se le tiene y más cuesta conseguirlo.

    Una de las característica de los valores, la de que no existen en teoría, sino que hay que vivirlos, actuar según ellos, implica que no se pueden enseñar en las escuelas. Las personas aprenden y aprecian los valores que ven que viven las demás personas en sus vidas de cada día, los que les afectan en la realidad, no los que aparecen en los textos y en las palabras de los discursos. La sociedad actual anima en teoría a los jóvenes a la solidaridad, la tolerancia, la participación y el espíritu crítico; mientras que la misma sociedad estimula y propaga la competitividad, el individualismo, el consumo, la evasión y la pasividad.

    Aunque el voluntariado es un concepto que designa una realidad reciente y hoy no es extraño en la vida diaria de muchas persona, lo conozcan directamente o no, las acciones voluntarias y los valores que guían a los voluntarios son tan antiguos como el ser humano y éste los ha practicado y los practica independientemente de los conceptos que surjan para definir las realidades sociales actuales. El voluntariado no ha inventado los valores sino que se sirve de ellos. Tampoco los valores inventaron las acciones humanas justas y solidarias, sino que éstas dieron paso al concepto de valor.

    Si se vive con unos altos valores, se educa inconsciente pero efectivamente a los demás. El voluntario tiene la oportunidad de que su acción traspase los límites concretos de su cometido cercano mediante este efecto educador que su acción tiene sobre las demás personas. No se puede medir este efecto, aunque tampoco hace falta, ni está bajo el control del voluntario. Lo importante es saber que existe y que esto confiere un valor añadido a la acción voluntaria. Se puede hablar de un efecto educador el movimiento voluntario sobre la sociedad que lo acoge, además del beneficio propio que se deriva de las acciones concretas.

    EXPECTATIVAS DE FUTURO EL MOVIMIENTO VOLUNTARIO

    Las voluntades solidarias se domicilian en el escenario de los mundos vitales que se sostiene sobre estrategias cooperativas y tiene su base moral en el sentido de pertenencia y ayuda mutua. Nace así un voluntariado que produce y distribuye ciertos bienes sociales por la vía de la proximidad, la comunicación y la personalización, en la interacción con la comunidad los voluntarios intentan liberar el fondo de bondad que hay en todo ser humano, recuperar el civismo y con él la generosidad.

    El voluntariado cristaliza en una amplia geografía de iniciativas destinadas a promover la relación de ayuda y autoayuda. Con frecuencia, la vida cotidiana está repleta de acciones que se realizan a favor del otro, unas veces custodiando niños, compartiendo alimentos, acompañando ancianos, participando en los asuntos de vecindad, atendiendo a los enfermos, visitando las cárceles, promoviendo con los vecinos mejores condiciones de vida, defendiendo y tutelando los derechos. Es un voluntariado que no está reglado por ninguna ley, más bien está excluido del concepto estricto de voluntariado que propone la Ley Estatal de Voluntariado; son actividades valiosas aunque no estén clasificadas en términos monetarios. Son aquellas actividades que si no existieran dejaría de haber sociedad; existen abundantes personas que sin pertenecer a asociaciones asisten a ancianos y discapacitados, a enfermos mentales, a jóvenes con problemas, a mujeres en situaciones conflictivas, a los que carecen de hogar, a los asuntos ambientales y a los emigrantes.

    Es un voluntario cívico que se caracteriza por prestar la acción gratuita de modo espontáneo, con el mínimo grado de formalidad y sin estar necesariamente vinculado a asociaciones. Recientemente ha sido reivindicada la acción espontánea y gratuita realizada por un individuo exclusivamente por fines de solidaridad y participación civil.

    El voluntariado en el futuro, se domiciliará cada vez más en el escenario de lo social, revalorizará los vínculos entre las personas y sus formas de agregación sobre las relaciones de lealtad, solidaridad y reciprocidad. Expresa la capacidad de autonomía, autoorganización y autorregulación que tiene los seres humanos. Es un voluntariado de la proximidad que se sustancia en la creación del mundo como hogar, en el que se produce siempre un reconocimiento del otro en su diferencia; en el hogar habitan el fuerte y el débil, el niño y el viejo, el sano y el enfermo... y cada uno es reconocido en aquella diferencia que asegura la existencia de la comunidad.

    Está vinculado al tiempo libre que se dedica a estar con sus familias, educar a sus hijos, relacionarse con su vecindario y participar en las actividades de su comunidad, para disfrutar de su vida.

    Afianzar y fortalecer los lazos comunitarios y las infraestructuras locales mediante la construcción de comunidades locales fuertes y autosuficientes es también destino del voluntariado.

    El voluntariado maduro connota la producción comunitaria de los bienes y servicios, el voluntariado nace allí donde la comunidad se hace cargo de la comunidad, se encarga de ella y carga con ella misma.

    En nombre de la ciudadanía activa, el voluntariado participa como protagonista en la vida de su comunidad local; se pasa de súbdito a ciudadano y amplía los espacios participativos; es inseparable de la profundización de la democracia y de la realización de la sociedad activa, que se despliega en autonomía personal y en promoción el asociacionismo. Cuando nos aproximamos a la comunidad como un lugar que tiene problemas, importan primariamente sus necesidades y el criterio de intervención es la reparación; cuando la comunidad se considera un actor social, importan las competencias y potencialidades y el criterio de intervención es la promoción.

    El voluntariado en el futuro hará el tránsito de un modelo centrado en la deficiencia a un modelo centrado en la competencia que pueden emplearse para la solución de los problemas sociales y la promoción de condiciones de vida. Los voluntarios poseen un saber y unas habilidades propias, cuando la comunidad es un protagonista, pueden aprender de su propia experiencia y reforzar sus capacidades, no para hacerles profesionales de la ayuda, sino para valorizar la relación de ayuda.

    El voluntariado tendrá su fuerza en la globalización de la solidaridad y de la resistencia; necesitamos de una federación de voces; necesitamos de plataformas y coordinadoras donde las voces nazcan federadas y en sintonía; necesitamos de un movimiento social transnacional que una y vincule los hilos de cada acción a nivel local, nacional e internacional. Ya no habrá voluntariados locales, nacionales o transnacionales; serán redes de voluntariados, que conectarán unos a otros.

    “Cuando se unen una cantidad suficiente de personas en torno a una causa, muchos ideales comienzan a parecer alcanzables. Cuando nos unamos en torno a la infancia conseguiremos que ningún niño muera de hambre, de desamor o de explotación. Cuando nos unamos en torno a las mujeres maltratadas conseguiremos acabar con nuestro machismo que nos humilla a todos. Cuando nos unamos en torno a los inmigrantes amanecerá una luz para ellos y, quizás también, la dignidad para todos nosotros.”

    BIBLIOGRAFÍA

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