Teorías de la personalidad

Psicología. Historia de la Psicología. Personalidad. Teorías de la personalidad. Sigmund Freud. Alfred Adler. Carl Jung. Ello. Yo. Superyo. Consciente. Inconsciente. Complejos. Complejo de superioridad. Complejo de inferioridad

  • Enviado por: Mari
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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Introducción

En el presente trabajo buscamos primeramente explicar las diversas teorías y conceptos sobre la personalidad de tres importantes figuras que marcaron y nutrieron enormemente a la psicología; Sigmund Freud, Alfred Adler y Carl Jung.

Más adelante compararemos a sus teorías entre sí de modo que se expongan las diferencias y similitudes.

Sigmund Freud

“La persona que en su yo pierde la capacidad de dar algún uso a la líbido es presa fácil de la neurosis” Freud, 1916

BIOGRAFÍA

Sigmund Freud nació el 6 de mayo de 1856 en Freiberg, Moravia, en una región ahora conocida como parte de la República Checa. Durante su niñez, Freud fue un estudiante sobresaliente, pero como era judío, las únicas carreras permitidas para el fueron medicina y derecho. Entonces en 1873, decidió ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena.

Debido a su origen judío, sus compañeros universitarios lo fastidiaban y Freud descubrió que su destino era formar parte de la oposición y sufrir el confinamiento de la “inmensa mayoría”.

Durante sus estudios universitarios, Freud trabajó en el laboratorio fisiológico de Ernst Brücke, donde realizó por su cuenta investigaciones histológicas (estudiando tejidos orgánicos) y publicó artículos sobre anatomía y neurología. A los 26 años se graduó como médico y tras un año de seguir laborando con Brücke, adoptó la práctica privada siendo primero cirujano y luego médico residente del hospital más importante de Viena.

Tomó un curso de psiquiatría que le sirvió para ahondar en el estudio de las relaciones entre los síntomas mentales y las enfermedades orgánicas. En 1885 alcanzó el notorio puesto de catedrático en la Universidad de Viena. Entre 1884 y 1887, Freud realizó algunas de las primeras investigaciones sobre la cocaína. Al principio se sintió impresionado por las propiedades de esta sustancia y escribió acerca de los posibles usos terapéuticos de esta sustancia para las perturbaciones tanto físicas como mentales. Posteriormente le preocuparon los efectos adictivos de la droga por lo que cesó sus investigaciones.

Con el apoyo de Brücke, Freud obtuvo una beca para colaborar con Jean-Martin Charcot en París, donde se dedicó a estudiar las técnicas hipnóticas y participó como intérprete en las cátedras y conferencias del científico francés. Charcot se dio cuenta de las cualidades de Freud como magnífico estudiante y autorizó que éste tradujera sus artículos al alemán.

Los trabajos de Freud en Francia aumentaron el interés de Freud en la hipnosis como herramienta terapéutica. Con el respaldo del distinguido Josef Breuer, Freud exploró la dinámica de la histeria. Él mismo se encargó de resumir los resultados: “Los síntomas de los pacientes histéricos dependen de ciertas escenas impresionantes pero olvidados de sus vidas (traumas). La terapia que debía administrarse consistía, pues, en inducir al paciente a recordar y reconstruir estas experiencias en un estado de hipnosis (catarsis)”.

Sin embargo, descubrió que la hipnosis no era tan efectiva como esperaba, pues no permitía al paciente ni al terapeuta vencer la resistencia de aquél a reconstruir los recuerdos traumáticos. Freud terminó por desechar la hipnosis.

En 1896, Freud utilizó por primera vez el término psicoanálisis para describir su método. En 1897 dio inicio a su autoanálisis. El interés de Freud en los conocimientos sobre el inconsciente que revelaban los sueños narrados por sus pacientes rindió sus primeros frutos con la publicación, en 1900, de La Interpretación de los sueños. Libro que es hoy en día considerado como su obra más importante. Al año siguiente, Freud publicó otra obra fundamental, Psicopatología de la vida cotidiana, en la que se estudian los momentos de la vida diaria en los que revelamos deseos ocultos sin percatarnos de lo que hacemos o decimos. Freud terminó por rodearse de un círculo de médicos interesados en sus investigaciones, entre los cuales se encontraban Alfred Adler, Sandor Ferenczi, Carl Gustav Jung, Otto Rank, Karl Abraham y Ernest Jones. Este grupo fundó una sociedad, escribió ensayos y dirigió una publicación, extendiendo así el movimiento psicoanalítico.

Freud dedicó el resto de su vida a elaborar, extender y perfeccionar el psicoanálisis. Con el afán de conservar el control que ejercía sobre el movimiento psicoanalítico, expulsó a los miembros que disentían de sus puntos de vista y exigía una lealtad incondicional hacia su persona y sus ideas. Jung, Adler y Rank, entre otros, abandonaron el circulo de Freud tras respectivos desacuerdos de orden teórico con las ideas del maestro. Más tarde, cada uno de ellos fundó su propia corriente psicoanalítica.

Sigmund Freud escribió exhaustivamente. Veinticuatro volúmenes y ensayos relacionados con detalles de la práctica clínica, y una serie de conferencias en las que se expone a fondo la teoría psicoanalítica forman su obra completa. Buscó construir una estructura que funcionara aún después de su fallecimiento y que significara una reorientación de la ciencia psiquiátrica en general. Eternamente enfrascado en polémicas sobre la validez o la utilidad de sus investigaciones, continuó escribiendo. Su última obra fue, Introducción al psicoanálisis (1940).

En 1938, Austria fue invadida por los alemanes y Freud huyó hacia Londres, donde murió un año después.

ELLO, YO, SUPERYÓ

Freud supuso que la personalidad se conforma alrededor de tres estructuras: el ello (id), el yo (ego), y el superyó (superego). El ello es la única estructura presente al nacer y es totalmente inconsciente. En opinión de Freud, el ello consta de todos los impulsos y deseos inconscientes que continuamente buscan expresión. Opera de acuerdo con el principio de placer, es decir, trata de obtener placer inmediato y evitar el dolor. Tan pronto como surge un instinto, el ello busca gratificarlo. Sin embargo, como el ello no está contacto con el mundo real, sólo tiene dos formas de obtener gratificación. Unas es a través de las acciones reflejas que alivian las sensaciones desagradables de una vez. La otra es la fantasía, a la que Freud se refería como la satisfacción del deseo: una persona se forma una imagen mental de un objeto o situación que satisface en parte el instinto y alivia el sentimiento incómodo.

Ello. Centro biológico original del cual emana el resto de la personalidad. Aunque es primitivo y carece de organización, contiene un depósito de energía para todas las partes de la personalidad. No lo modifica la experiencia ni establece contactos con el mundo exterior. Sus funciones son reducir la tensión, aumentar el placer y disminuir el dolor. Casi todo el contenido de ello es inconsciente.

Yo. Parte de la psique cuyo desarrollo se dirige a conservar la salud, la seguridad y la cordura de la personalidad al mediar entre las exigencias del ello y la realidad externa. El yo responde a las oportunidades, mientras que el ello sólo sabe de necesidades.

Superyó. Parte de la psique que surge del yo y sirve como depositario de los códigos morales, las normas de conducta y las inhibiciones que funcionan como conciencia, autoobservación y formación de ideales. Se encarga de elaborar, establecer y mantener el código moral de la persona, así como de trazar una serie de directrices que definen e imponen límites a la flexibilidad del yo.

CONSCIENTE, INCONSCIENTE Y PRECONSCIENTE

Freud describía la mente como dividida en tres partes: el consciente, el inconsciente y el preconsciente.

Consciente. El consciente se explica por sí mismo, de ahí que hubiera sido la parte de la mente que más preocupaba a la ciencia, hasta Freud. No obstante, el consciente representa sólo una pequeña fracción de la mente, pues sólo comprende lo que percibimos en el momento. Aunque Freud nunca descuidó los mecanismos de la conciencia, le interesaban mucho más las regiones de la conciencia menos evidentes y exploradas, para las cuales acuñó los nombres de preconsciente e inconsciente.

Inconsciente. Según Freud, cuando un pensamiento o un sentimiento consciente no parece guardar relación con los pensamientos y sentimientos que le preceden, hay conexiones reales pero inconscientes. “Llamamos inconsciente a un proceso psíquico cuya existencia no podemos menos que reconocer - lo cual inferimos a partir de los efectos - pero del cual no sabemos nada”.

Dentro del inconsciente hay elementos instintivos que nunca han sido conscientes y a los que la conciencia nunca podrá acceder. Por añadidura, hay materiales que son censurados y reprimidos del estrato consciente. Estos materiales no se olvidan ni se pierden, pero tampoco se guardan en la memoria. El pensamiento o el recuerdo sigue afectado la conciencia, pero de forma indirecta.

Los materiales inconscientes se caracterizan por su vivacidad y su inmediatez. Hay recuerdos con décadas de antigüedad que, al ascender a la conciencia, conservan toda la fuerza emotiva que les dio origen.

Preconscientes. En términos rigurosos, el preconsciente forma parte del inconsciente, aun cuando se trate de una parte que fácilmente puede tornarse consciente. Tales partes accesibles de la memoria forman parte del preconsciente y comprenden, por ejemplo, el recuerdo de todo lo que hizo una persona el día de ayer, un apellido, domicilios, la fecha de la conquista española, los platillos preferidos, el olor de hojas quemadas y otros recuerdos. El preconsciente hace las veces de un almacén para los recuerdo de la conciencia funcional.

MECANISMO DE REPRESIÓN

El mecanismo más común para borrar de la mente los sentimientos y recuerdos dolorosos es la represión: el individuo excluye los pensamientos y sentimientos doloroso de la conciencia sin darse cuenta de que lo está haciendo. Los soldados que pierden el control en el campo a menudo borran el recuerdo de las experiencias que los condujeron al colapso. La represión indica que la persona está luchando contra impulsos (como la agresión) que están en conflicto con los valores. Por ejemplo, a la mayoría de nosotros se nos enseñó en la niñez que la violencia y la agresión son malas. Este conflicto entre nuestros sentimientos y valores puede generar estrés, y una forma de afrontar de manera defensiva el estrés es reprimir nuestros sentimientos y borrar por completo cualquier conciencia de nuestra ira y hostilidad subyacentes.

La negación y la represión son los mecanismos de defensa más elementales. En la negación borramos de la mente situaciones que no podemos afrontar; en la represión borramos impulsos o pensamientos inaceptables.

Alfred Adler

“Lo importante no es con qué nació uno, sino qué uso le dé a esos dotes” Adler, 1964

BIOGRAFÍA

Alfred Adler nació en un suburbio de Viena el 7 de febrero de 1870.

Toda su familia gustaba de la música y de tocar instrumentos. De niño sufrió varias enfermedades graves como el raquitismo y una neumonía aguda. Adler se esforzó por sobreponerse a su debilidad física. En el contacto con sus amigos encontraba la equidad y autoestima que no conseguía en su casa pues su hermano mayor era su gran rival. Sus experiencias de vida se presentan en sus obras, pues defendía que el compartir sentimientos y valores con la comunidad, permitía que los individuos lograran su potencial como miembros productivos de la sociedad.

Durante su juventud, Adler leyó sin parar. De adulto, todo su conocimiento con la literatura, la psicología, la Biblia y la filosofía alemana lo hizo popular en la sociedad vienesa y posteriormente como conferencista en todo el mundo.

A los 18 años ingresó en la Universidad de Viena para estudiar medicina. Se interesó profundamente en el socialismo y asistió a varias reuniones políticas. Obtuvo su título en medicina en 1895, teniendo sus primeras prácticas en oftalmología y después en medicina general. Gracias a su creciente pasión por el funcionamiento y la adaptación del sistema nervioso, sus intereses profesionales cambiaron hacia la neurología y la psiquiatría. En 1901, Adler defendió las ideas publicadas en el nuevo libro de Freud, La interpretación de los sueños. Y a pesar de que éste no lo conocía, le escribió una invitación a un grupo que se reunía para hablar de psicoanálisis.

Adler se unió a este grupo (que después se convirtió en la Sociedad Psicoanalítica de Viena) como un joven profesional exitoso que había logrado establecer su propia orientación teórica. No era seguidor de Freud. Pues nunca fue realmente su alumno y tampoco se sometió a análisis. Sin embargo, en 1910 Adler asumió la presidencia de la Sociedad Psicoanalítica y fue coeditor de una de sus publicaciones.

Un año después, la orientación teórica cada vez más divergente de Adler resultó inaceptable para Freud y para muchos otros miembros de la Sociedad. Dos de las principales diferencias eran la importancia que Adler concedía al poder y no a la sexualidad como fuerza central que mueve al hombre, así como al entorno social y a su efecto en los procesos del inconsciente. Entonces Adler dejó la Sociedad y fundó su propia organización, la Asociación de Psicología Individual que gradualmente se dispersó por Europa.

Adler y sus seguidores trabajaron en favor de la educación, especialmente en la capacitación de maestros, ya que creían en la importancia de colaborar con aquellos que influían en la mente y el carácter de los jóvenes. Estableció centros de orientación para niños en escuelas públicas, en donde éstos y sus familias recibían asesorías. En 1930 había ya 30 clínicas de este tipo tan sólo en Viena y de 1921 a 1927, Adler fue a Norteamérica para impartir clases, conferencias y demostraciones de casos a colegas, padres y maestros.

El conocimiento y la profunda comprensión de Adler acerca de la naturaleza humana eran evidentes para casi todos quienes lo trataban.

Adler publicó varios documentos y tratados y dedico mucho tiempo a dictar conferencias en Europa y EUA. Entra la Primera y la Segunda Guerra Mundial, se fundaron grupos seguidores suyos en 20 países europeos y en la Unión Americana. En 1927, Adler fue conferencista adscrito en la Universidad de Colombia. En 1928 impartió una conferencia en la New School for Social Research, en Nueva York, y un año después regresó a dar varias conferencias y demostraciones clínicas. Adler se fue permanentemente de Viena en 1932, con el ascenso del nazismo. Se estableció en Estados Unidos de América y aceptó un puesto como profesor visitante de psicología médica e el Long Island Medical College. Murió en Escocia en 1937 a los 67 años, mientras hacía un viaje de conferencias por Europa.

Adler es ahora considerado por muchos psicólogos como el padre de la psicología humanista.

COMPLEJO DE SUPERIORIDAD Y DE INFERIORIDAD

Una de las contribuciones más importantes de Adler a la psicología fueron los postulados del complejo de inferioridad y de nuestra necesidad de compensar los sentimientos de inferioridad. En el sistema de Adler, el proceso de la lucha por la superioridad fue una reformulación significativa del concepto de Nietzsche de la voluntad del poder. Las nociones de metas existenciales, estilo de vida y poder creativo del individuo son contribuciones holísticas importantes para la psicología. El énfasis que puso Adler en el interés social, la cooperación y los efectos de la sociedad en las diferencias sexuales mantiene a su teoría arraigada en su contexto social.

Originalmente propuso que el principal moldeador de la personalidad es la compensación, el intento del individuo por superar las debilidades físicas reales. Más tarde modificó su teoría para destacar la importancia de los sentimientos de inferioridad. Se dice que la gente tiene un complejo de inferioridad cuando se fija tanto en sus sentimientos de inferioridad que se queda paralizada por ellos. Todavía después, Adler concluyó que los esfuerzos para alcanzar la superioridad y la perfección tanto en la vida propia como en la sociedad en que uno vive, son cruciales para el desarrollo de la personalidad. Sugirió que la gente se esfuerza por la perfección personal y la perfección de la sociedad a la que pertenece, estableciendo metas importantes para si misma que dirigen su conducta. Esas metas personales no necesitan ser alcanzables de manera realista; lo que importa es que la persona actúe como si lo fueran. Aunque toda la gente se esfuerza por la perfección individual y social, cada individuo desarrolla un conjunto particular de direcciones y creencias que se convierten en su estilo de vida. Adler creía que ese estilo de vida emerge a los cuatro o cinco años de edad.

A diferencia de Freud, Adler creía que la gente tiene la capacidad para dominar su propio destino. El énfasis que Adler puso en las metas positivas y socialmente constructivas y en los esfuerzos por alcanzar la perfección está en claro contraste con la visión pesimista que Freud tenía de la persona egoísta atrapada en un eterno conflicto con la sociedad.

Adler introdujo en la psicología la idea, que Freud había borrado, de que el esfuerzo voluntario de la persona hacia metas positivas en lo personal y benéficas en lo social es una parte importante de la personalidad y el desarrollo humano.

Otra palabra que Adler utilizó para referirse a esta motivación básica fue la de compensación o afán de superación. Creía que alcanzamos ganar nuestras personalidades en tanto superemos nuestros problemas. El uso de esta frase evidencia una de sus raíces filosóficas de sus ideas (como prácticamente todos los de su generación): Nietzsche desarrolló una filosofía que suponía a la voluntad de poder el motivo básico de la vida humana. Aunque el anhelo de superioridad se refiere al deseo de ser mejor, envuelve asimismo la idea de que ambicionamos ser superiores que terceros, más que mejores en nosotros mismos. Después, Adler usó el término más en referencia a situaciones más neuróticos o desequilibrados.

METAS: REALES Y FICTICIAS

Adler recibió una gran influencia de las obras de Hans Vaihinger, filósofo que propuso el concepto de las ficciones sociales, que no tienen base en la realidad pero que se vuelven determinantes importantes del comportamiento. Adler sugiere que todo comportamiento, pensamiento y sentimiento se lleva a cabo de acuerdo con los como si, las que según Vaihinger, forman parte del enfoque ficcionalista “nos afectan más las expectativas que nuestras experiencias reales”.

La meta ficticia es la que se crea, se entiende como una meta idealizada de adaptación perfecta a nuestro ambiente. Una vez que nos creamos una meta ficticia, luchamos por alcanzarla como si equivalieran al éxito, la felicidad y la seguridad.

Para Adler, la meta de dominar el ambiente era un concepto demasiado amplio para explicar lógicamente cómo elegimos una dirección en la vida, por lo que adoptó la idea de que nos planteamos una meta en la vida, en la que convergen nuestros logros. Esta meta está influida por nuestras experiencias personales, valores, actitudes y personalidad. La meta en la vida no es un objetivo elegido, claro y conciso.

ESTILO DE VIDA

Adler destacaba la necesidad de analizar a las personas como una totalidad unificada. El estilo de vida es la forma única en que elegimos lugar por nuestra meta en la vida. Es un medio integrado de adaptación e interacción con la existencia.

De acuerdo con Adler, la clave para entender la conducta se encuentra en los propósitos escondidos hacia los cuales se dirige toda la energía. Estos propósitos revelan mucho más que hechos y situaciones externas.

En los primeros cuatro o cinco años de vida establecemos la unicidad de nuestra mente y la vinculamos con el cuerpo. Partimos del material hereditario y las impresiones que recibimos del ambiente y las adaptamos para lograr la superioridad. El significado que damos a la vida, la meta que perseguimos, nuestro estilo de relacionarnos y nuestra disposición emocional quedaron fijadas.

Las costumbres y pautas de conducta que parecen aisladas adquieren significado como elementos del estilo de vida y las metas y, por ello, los problemas psicológicos y emocionales deben tratarse dentro de ese contexto. Debe tomarse en cuenta el estilo de vida para el tratamiento, ya que un síntoma o un rasgo no es más que la expresión de un estilo de vida unificado.

Carl Jung

“Así como la planta engendra la flor, la psique crea sus símbolos” Jung, 1964

BIOGRAFÍA

Carl Gustav Jung nació en Suiza el 26 de julio de 1875. Sus primeros nueve años fueron vividos como una infancia un tanto aislada, caracterizada por juegos solitarios y un nutrido mundo interior. Su padre era pastor de la Iglesia Reformada Suiza y un experto en lenguas orientales. Desde niño a Jung le interesaron las cuestiones espirituales y religiosas. En su autobiografía relata dos visiones que parecieron haberle marcado la niñez por estar colmadas de contenido pero de una manera inconcebible por que desafiaban a la Iglesia, a la que este respetaba por ser institución divina. Sin embargo, tras su visión mas fuerte, Jung gozó de una enorme liberación y de un sentimiento de gracia, lo que interpretó como que era deseo de Dios que éste actuara en contra de las tradiciones de la Iglesia.

En parte como resultado de sus experiencias interiores, se sentía enajenado del resto de la gente; había momentos en los que se sentía profundamente solo. La escuela no le brindaba ninguna novedad o motivación y gastaba todo su tiempo libre leyendo cualquier impreso que llegara a sus manos.

Desde chico, Jung tomó conciencia de que en su interior había dos personalidades. La primera era la del hijo del párroco local, inseguro y tímido. La otra era la de un viejo sabio, escéptico, desconfiado y alejado del mundo de los hombres.

Para Jung, la interacción de estas dos personalidades se presenta en todos, a diferencia de que muy pocos se dan cuenta de la segunda personalidad, que en cambio adquirió para el una significación decisiva.

Jung decidió estudiar medicina, pues le permitía satisfacer sus intereses científicos y humanísticos a la vez. Le atraía particularmente la psiquiatría y descubrió que ésta contenía perspectivas tanto científicas como humanísticas. También era atraído por los fenómenos psíquicos, por lo que comenzó a investigar los mensajes que recibía su prima, una médium local.

En 1900, Jung fue nombrado internista del Hospital Burghölzli, en Zurich, uno de los centros psiquiátricos más progresistas de Europa. Cuatro años después, fundó un laboratorio experimental en la clínica psiquiátrica, donde desarrolló la prueba de asociación verbal con fines de diagnóstico psiquiátrico. También adquirió destreza para interpretar los significados psicológicos de las asociaciones producidas por los sujetos. En 1905, a los 30 años, fue asignado como catedrático de psiquiatría de la Universidad de Zurich, y médico jefe de la clínica psiquiátrica. Para entonces ya había descubierto los textos de Sigmund Freud, que desde entonces ocupó un lugar crucial en su vida como maestro y mentor.

Jung envió a Freud copias de sus artículos y un ejemplar de su primer libro a lo que obtuvo como respuesta una invitación a Viena. Se agradaron tanto que empezaron a escribirse semanalmente, y Freud lo consideró como su sucesor lógico.

A pesar de la estrecha amistad que mantenían, existían desacuerdos elementales entre ambos. Jung nunca pudo aceptar la insistencia de Freud en que las causas de la represión no podían ser otras que los traumas de tipo sexual. Freud a su vez, aceptaba a regañadientes el interés de su amigo, en los fenómenos mitológicos, espirituales y ocultos. Otro de los desacuerdos que tuvieron entre si, era que Jung postulaba que la libido era energía psíquica generalizada y por su lado Freud sostenía que ésta no era otra cosa que energía sexual. Llegó un punto donde la relación de amistad ya no pudo seguir y se dio una ruptura notable entre los dos.

Tras esta ruptura dolorosa y traumática, Jung se encontró elaborando sus propias teorías en torno a los procesos inconscientes y el análisis de los símbolos oníricos. Descubrió que sus procedimientos de análisis de los símbolos de los sueños también podían aplicarse al estudio de otras formas simbólicas, es decir, poseía la clave para la interpretación de los mitos, el folclor, los símbolos religiosos y el arte.

El interés en los procesos psicológicos fundamentales llevó a Jung al estudio de las antiguas tradiciones occidentales de la alquimia y el gnosticismo, así como la investigación de las culturas no europeas y viajó por el oriente investigando las culturas india, china y tibetana.

En 1944, a los 69 años de edad, sufrió un ataque al corazón que casi le quita la vida. Mientras convalecía en el hospital, tuvo una visión en la que parecía flotar en el espacio. Veía su existencia como parte de una gran matriz histórica de la que nunca se había percatado. Cuando se recuperó, Jung comenzó un periodo de notable productividad en el que escribió muchas de sus obras más importantes donde sus visiones le infundieron el valor de formular algunas de sus ideas más originales. Del mismo modo, estas experiencias dieron nueva luz a sus conceptos personales en la manera que le brindaron una actitud mas positiva frente a su propio destino.

Jung murió a los 86 años, el 6 de junio de 1961. Como resultado de toda su vida dedicada a la investigación, la práctica clínica y la escritura, Jung ejerció y sigue ejerciendo un efecto profundo sobre los estudios psicológicos, históricos y religiosos.

INCONSCIENTE PERSONAL Y SUS COMPLEJOS

En sus escritos, Jung insiste en que, debido a su propia naturaleza, no es posible conocer el inconsciente y, por ello, se le debe describir en relación con la conciencia, que no tiene límites desde el punto de vista teórico.

Jung divide el inconsciente en personal y colectivo:

El inconsciente personal y sus complejos. El contenido de éste se remonta al pasado del individuo. El término corresponde al concepto freudiano del inconsciente. El inconsciente personal se compone de recuerdos, y los complejos son las experiencias que no logran sobrepasar la barrera del ego, formando así un aglomerado de material inconsciente.

  • Complejo de Electra: Fue propuesto por Jung como una contraparte al complejo de Edipo de la psicología freudiana y consiste en la fijación afectiva de la niña hacia la figura de su padre.

El inconsciente colectivo y sus arquetipos. Puede ser definido como una base de nuestra experiencia como especie humana, es aquél conocimiento con el que nacemos y aunque es compartido entre los miembros de la especie, nunca somos totalmente conscientes de ello. Dentro del inconsciente colectivo podemos encontrar a los arquetipos, aquellos modelos o ejemplos de ideas de los cuales se derivan otros modelos para así moldear los pensamientos y actitudes propias de cada individuo.

  • Arquetipo de Héroe: Está representado por la personalidad maná (poder espiritual) y básicamente, representa al Yo, casi siempre está envuelto en batallas contra la sombra, en forma de dragones y otros monstruos. No obstante, el héroe es tonto. Es, después de todo, un ignorante de las formas del inconsciente colectivo.

  • Ánima y animus: El ánima es el aspecto femenino que se encuentra presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el animus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer.

  • Persona: Representa el arquetipo de la máscara (la imagen de nosotros mismos que queremos dar al salir al mundo externo, aquella parte de nuestra personalidad que lidia con la realidad externa, es la máscara que se antepone en nuestro desenvolvimiento social cotidiano).

  • Sincronicidad: Explica la ocurrencia de dos eventos que no están asociados ni causalmente ni lógicamente, pero que tienen una relación significativa pues tienen un significado idéntico o semejante. La sincronicidad también puede ser llamada coincidencia o serendipia.

DIFERENCIAS Y SIMILITUDES DE LAS TEORÍAS DE JUNG, ADLER Y FREUD

Los tres fueron durante una época seguidores y exponentes del psicoanálisis aunque más adelante Jung y Adler se distanciaron para dar cuerpo a sus propias teorías alternativas, Jung fundó entonces la corriente de la psicología profunda y Adler por su parte propuso la teoría de la psicología individual.

Los tres psicólogos tienen sus teorías sobre los complejos, como Freud y su complejo de Edipo, Jung y su complejo de Electra, Adler y sus complejos de superioridad e inferioridad.

Como ya lo mencionamos antes, Jung no coincidía con algunas de las afirmaciones formuladas por su maestro, Sigmund Freud. Por ejemplo, Jung no creía en la llamada técnica de la “asociación libre que tanto practicaba Freud, que consistía en la utilización de los sueños como punto de partida para la exploración de los problemas de los pacientes. Jung pensaba que para desarrollar esta técnica no era preciso partir de un sueño.

Para él, la asociación libre, tal como la utilizó Freud, resulta ilusoria y lo que él quería era mantenerse “lo más cerca posible del sueño mismo y prescindir de todas las ideas que no hicieran al caso y las asociaciones que pudiera evocar”.

Otra diferencia entre los tres psicólogos es que Freud otorgaba a todos los símbolos y las manifestaciones un tono sexual, mientras que Adler y Jung no estaban de acuerdo. Jung si utilizó el concepto de líbido; sin embargo rechazó el carácter sexual del que hablaba Freud, otorgándole a la libido el papel de energía universal que constituye a la fuerza motivadora de la conducta humana. Adler por su parte, tenía una perspectiva muy distinta de la naturaleza humana de la que tenia Freud, escribió sobre las fuerzas que contribuyen a estimular un crecimiento positivo y a motivar el perfeccionamiento personal. Es por eso que en ocasiones se le considera como el primer teórico humanista de la personalidad.

CONCLUSIÓN

Para finalizar, nos parece que estos tres personajes fueron revolucionarios y se les debe a ellos mucho del camino andado hasta hoy, más que ocultar las diferencias entre sus teoría se deben de aplaudir, pues sólo así, a través de la oposición, la crítica y más investigación se pueden encontrar nuevos significados y explicaciones al porqué psique humana.

A nosotros nos ha parecido muy interesante el realizar este trabajo por que así hemos comprendido mejor sus teorías, gracias a la examinación de la historia y conceptos de Freud, Jung y Adler.

BIBLIOGRAFÍA

Frager, Robert y Fadiman, James. Teorías de la personalidad.

México, Segunda Edición: Oxford - Alfaomega, 2001.

Morris, Charles y Maisto, Albert A. Introducción a la psicología.

México, Duodécima Edición: Pearson Educación, 2005.

Dr. C. George Boeree. Teorías de la Personalidad: Alfred Adler.

En línea. 20 de febrero de 2008.

<http://www.psicologia-online.com/ebooks/personalidad/adler.htm>

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Teorías de la Personalidad

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