Sociología de la comunicación

Periodismo actual. Teoría biológica. Watzlawick. Maturana. TGS (Teoría General de Sistemas). Cibernética. Sismogénesis. Retroalimentación positiva

  • Enviado por: Patricia Poblete Y Cristian Araya
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas

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SICOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN

LA TEORÍA BIOLÓGICA DEL CONOCER Y LA TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA.

Al hacer este paralelo lo primero que hay que considerar es que en la Teoría Biológica del Conocer (TBC), Maturana toma y parte de la base conceptual de la Biología como posibilitadora del proceso comunicacional. Vale decir, la configuración corporal del individuo permite determinados campos de acciones. Y dentro de este marco tiene relevancia fundamentar el Sistema Nervioso, como componente estructural del organismo, que permite realizar distinciones mediante las neuronas, sensores, efectores y células secretoras que lo componen. El sistema nervioso, en los puntos donde se intersecta con el organismo que lo contiene (los órganos sensitivos), permite denotar, almacenar y organizar distinciones, configurando los llamados dominios de experiencia. Por ejemplo, la estructura biológica de un ciego no es la misma que la de un individuo con sus facultades oculares normales, por lo tanto sus dominios de experiencia serán distintos: mientras el ciego no puede dar cuenta de luz, colores y formas, estos elementos sí están presentes en el campo experiencial de quien tiene visión.

Watzlawick, en la Teoría de la Comunicación Humana (TCH), no toma la Biología como base para explicar el proceso comunicacional. Mientras Maturana explica el porqué y el origen de las facultades humanas que permiten la comunicación, Watzlawick se remite a las dinámicas, efectos y consecuencias de esta última.

Teniendo claro el procedimiento epistemológico de ambos autores, nos abocaremos a la tarea de dilucidar sus similitudes y diferencias referidas al campo de referencia y a sus conceptos.

1. LA TEORÍA GENERAL DE LOS SISTEMAS

Ambos autores toman como base esta teoría, lo que se refleja en el entendimiento de sistema como un conjunto de elementos, de relaciones entre éstos y sus atributos o cualidades, y en la adopción de términos fundamentales para ambas teorías:

a. Tiempo: tomado no como medida física, sino como una variable que permite dar cuenta de un cambio, ya que toda alteración o transformación de un sistema se da a través del tiempo.

b. Contexto: o medio, en referencia al cual podemos dar cuenta de un cambio, ya que un sistema siempre se encuentra en interacción con su medio y se gatillan mutuamente en busca de la adaptación. En otras palabras, el cambio en uno repercute en el otro y viceversa, ya que sin adaptación al medio y sin organización interna un sistema no puede sobrevivir.

c. Jerarquía: cada sistema es una jerarquía compuesta por subtotalidades o subsistemas interdependientes entre sí y dependientes del sistema, que a la vez están formadas por otros subsistemas, y así sucesivamente.

d. Totalidad: cada parte del sistema está relacionada con las demás, de modo que cualquier cambio en una afecta a las otras, lo que lleva a que un sistema no sea entendido como la suma de sus partes, sino como un todo en constante interacción.

e. Retroalimentación: la interacción entre las partes de un sistema se da de tal forma de que la comunicación fluye de emisor a receptor y viceversa, así como también en todos los elementos del sistema.

f. Equifinalidad: en un sistema abierto (en interacción con su medio), iguales resultados pueden tener distintos orígenes, ya que los parámetros u organización del sistema tiene predominio sobre las condiciones iniciales. Tanto para Maturana como Watzlawick, los efectos tienen preponderancia sobre las causas.

2. LA CIBERNÉTICA.

Tanto Maturana como Watzlawick también toman conceptos surgidos de la Cibernética, que a la vez incluye conceptos de la Teoría General de Sistemas:

a. El observador: ya desde la cibernética de segundo orden se asume que el observador es parte activa del sistema que observa, por lo que también asumimos que no puede hacer referencia a una realidad única e independiente, sino que depende de su propia subjetividad, en Watzlawick, u objetividad entre paréntesis, en Maturana.

En Maturana este entendimiento se da dentro de la “pregunta por el observador”. En ella podemos distinguir todo un campo epistemológico donde se cuestiona la objetividad, entendida como una forma de referirse a una realidad externa e independiente de quien la observa. Frente a esto, Maturana postula poner la objetividad entre paréntesis, lo que implica asumir que el observador está dentro del sistema observado y que no existe una realidad de la cual se pueda dar cuenta, sino sólo distinciones que el individuo hace sobre el mundo.

En este contexto, y al asumir que la realidad no es independiente del observador, se generan múltiples dominios de realidad. Entonces, es válido decir que no hay mayor o menor grado de realidad sino muchas verdades diferentes en muchos dominios distintos.

Watzlawick, por su parte, asume que hay distintas concepciones de un mismo fenómeno, lo que conlleva a diferencias entre los interactuantes a nivel de contenido de la comunicación. Expresa que las relaciones comunicacionales no son realidades concretas, sino experiencias puramente subjetivas o construcciones hipotéticas. Asimismo, asume que el mismo observador está inmerso en esas relaciones, y que en ellas es parte de un todo más amplio, cuya totalidad no puede captar.

b. Caja Negra: cuando hablamos de comunicación, el objeto en estudio son las conductas comunicacionales, así como objetos interaccionales son personas que se comunican con otras personas. Ya que sujeto y objeto son idénticos en este análisis, y frente a la imposibilidad de conocer con certeza el funcionamiento de la mente, el concepto de Caja Negra, tomado del campo de la telecomunicación, nos remite a prestar atención no a la estructura interna, sino a la función de un subsistema dentro del sistema más amplio del cual forma parte. Vale decir, importan las relaciones observables en la interacción: la comunicación.

c. Recursividad: el sistema mismo, y según la interacción de sus elementos, define su finalidad. Vale decir, una acción se realiza sobre la base de la anterior. Esta noción está íntimamente ligada a la de retroalimentación, ya que la información que fluye a través de la comunicación sirve para coordinar actos futuros entre los interactuantes.

En Maturana esto implica la noción de lenguaje, vale decir entre los interactuantes se da una coordinación conductual consensual de una coordinación conductual consensual, que les permite metacomunicarse -según Watzlawick -, es decir hacer referencia a su propia comunicación.

Watzlawick, para referirse a este proceso, se remite a la retroalimentación, en la medida en que la acción de A repercute en B y viceversa. En otras palabras, los interactuantes disponen de información acerca de su comunicación que les permite orientarla, corregirla y proyectarse a acciones futuras.

d. Autonomía. Un sistema es autónomo en el sentido de que sus partes están interconectadas entre sí y por lo tanto se influyen mutuamente; un sistema, organizacionalmente hablando, es cerrado. Sin embargo, en un nivel de interacción con el medio el sistema siempre estará intercambiando información con éste a fin de mantener la adaptación, y por lo tanto es abierto.

En Maturana esto se cristaliza en la Coderiva estructural ontogénica, donde la historia individual del sistema ya no es entendida en forma independiente ni determinada por su estructura, sino como una dinámica de cambio contingente a la interacción del sistema con su medio.

Asimismo Watzlawick, pese a reconocer la organización y estructuración propias de un sistema, asume que las conductas de éste no pueden entenderse como entidades aislables y portadoras de un significado per se, sino siempre haciendo referencia al contexto o medio en el cual el sistema se encuentra.

e. Retroalimentación negativa: el sistema tiene parámetros definidos, y al ser autónomo puede autorregularse, en la medida en que resta las desviaciones para poder volver a su estado normal. Esto genera estabilidad u homeostasis en el sistema. Sin embargo, y como un sistema no es estático y está en constante interacción con el medio, debemos incluír la noción de calibración, entendida como constancia dentro de un rango definido, dado por los parámetros del sistema. De esta forma, la variación, siempre que sea dentro de dichos parámetros, se mantiene estable.

Para Watzlawick, esto se da en la forma de regla, como una serie de patrones repetitivos mediante los cuales un sistema puede autorregularse. Por ejemplo, las reglas familiares (horas de comida, de llegada, etc). Además aquí tiene presencia el concepto de redundancia: debido a las reglas subyacentes al sistema y a la misma comunicación, ésta puede predecirse, corregirse y modificarse, con miras a tener una comunicación más efectiva. Dichas reglas señalan que después de determinada secuencia, es más probable que siga la secuencia A que la B, por ejemplo. Es lo que pasa con el idioma español: después de cierto número de consonantes lo más probale es que siga una vocal.

f. Retroalimentación positiva: las desviaciones se salen de los parámetros del sistema, por lo que se genera un nuevo sistema, con nuevos parámetros y relaciones (morfogénesis). Por ejemplo, una pareja es un sistema con parámetros definidos, uno de los cuales puede ser la fidelidad. Si uno de los interactuantes engaña al otro, y como consecuencia éste decide terminar la relación, el sistema cambia de parámetros, cambia la relación entre los interactuantes y la del sistema con el medio. Luego de la ruptura, el sistema “pareja” puede convertirse en “amistad”, “enemistad”, o simplemente desaparecer, de no mantenerse la adaptación al medio ni organización interna.

Finalmente, hay que hacer notar que tanto Maturana como Watzlawick hacen hincapié en la necesidad de la aceptación del otro como interactuante para poder lograr una comunicación eficaz. Maturana lo llama “aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia”, mientras Watzlawick explica que es fundamental que los interactuantes definan el nivel relacional en el que se desenvolverán. Dicho de otra forma, cada persona tiene una autovisión que implícitamente ofrece al otro en el momento de la comunicación. Ese otro puede aceptar, rechazar o simplemente desconfirmar esa autovisión (lo que equivale a decir tú no existes).

Tenemos entonces, que si no aceptamos al otro como potencial interactuante, y no definimos bien una determinada relación con él (lo que se llama proceso de sismogénesis: en la interacción definimos con el otro un tipo de relación según una historia de interacciones donde hay cambios constantes), no podremos comunicarnos satisfactoriamente.

“¿En que consiste el fenómeno del conocer, que corrientemente vivimos como un fenómeno que nos permite hacer referencia a algo independiente de nosotros?. Si no puedo distinguir entre lo que cotidianamente llamamos ilusión y percepción ¿con qué fundamento puedo pretender que puedo hacer referencia a algo independiente de mí para validar mi explicar?” (Maturana, “Neurociencia y Cognición”, pág. 43)

“...los equipos electrónicos son ya tan complejos que a veces resulta más incoveniente pasar por alto la estructura interna de un aparato y concentrarse en el estudio de sus relaciones específicas específicas entre entradas y salidas... la función del aparato dentro del sistema más amplio de que forma parte”. (Watzlawick y otros, “Teoría de la Comunicación Humana”, pág. 44)

“Método para controlar un sistema reintroduciédole los resultados de us desempeño en el pasado (...) Si la información de retorno sobre el desempeño anterior del sistema puede modificar el método general y su pauta de desempeño actual, estamos frente al proceso de aprendizaje” (Wiener, 1967, pág. 84)

Según Maturana, el lenguaje se define como “un fenómeno biológico consiste en un fluir en interacciones recurrentes que constituyen un sistema de coordinaciones conductuales conductuales concensuales de coordinaciones conductuales concensuales” (Maturana, “Ontología del Conversar”, pág. 139). De esto resulta que el lenguaje como proceso no tiene lugar en el cuerpo sino en el espacio de coordinaciones conductuales concensuales. El ser humano accede a su condición de tal por medio del lenguaje y, de esta manera, adquiere conciencia de su medio.

El concepto de morfogénesis, según Maturana, se presenta cuando un sistema debido a su relación con el medio y de sus partes entre sí cambia sus parámetros, la relación entre sus componentes y su modo de interactuar con el medio.