Siddharta; Herman Hesse

Literatura universal contemporánea del siglo XX. Narrativa (novela) alemana existencialista. Estilo literario. Existencialismo. Brahamanes. Ascetas. Buda

  • Enviado por: Nocturna
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas

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EL HIJO DE BRAHMÁN

Siddharta era hijo de Brahmán. Creció junto a su amigo Govinda. Desde pequeño, participaba en las conferencias de los sabios. La alegría invadía el corazón de su padre al ver al su hijo, inteligente y veía en él un príncipe entre los brahmanes. Los hijos de los brahmanes suspiraban por él, pero el que más le amaba era Govinda, que admiraba sus pensamientos y su férrea voluntad. Todos querían a Siddharta y a todos daba alegría y gozo. El único que no sentía eso era el propio Siddharta, que había empezado a alimentar el descontento en su interior. Había empezado a presentir que su padre, los profesores y los sabios brahmanes, ya le habían comunicado la parte más importante de su sabiduría. Pero su espíritu no se hallaba satisfecho, su alma no estaba tranquila y su corazón no se sentía saciado.

Una noche comunicó a su padre que quería irse con los ascetas y convertirse en un samana. Al principio el padre rehusó, pues tenía planes para él, pero viendo la terquedad de su hijo, tuvo que ceder.

Salió Siddharta con la primera luz del día y se le unió su amigo Govinda.

CON LOS SAMANAS

Ese mismo día, se unieron a los ascetas. Siddharta regaló su túnica a un pobre, y desde entonces solo vistió el taparrabos y una descolorida capa color tierra. Comía una vez al día y hacía ayunos prolongados hasta que la carne fue desapareciendo de sus muslos y mejillas. Cuando pasaban por los pueblos, la gente les miraba con desprecio.

De los samanas aprendió el arte de abstraerse, de contener la respiración y de insensibilizarse contra el hambre y el dolor. Pero su espíritu seguía sin estar satisfecho. Cuando llevaba tres años viviendo con los samanas, escuchó hablar de Gotama, el Buda, que en su persona había separado el dolor del mundo. Junto a Govinda, abandonó a los samanes y fueron en busca de Gotama.

GOTAMA

En la ciudad de Savathi todos conocían el nombre de Gotama, y todos estaban dispuestos a llenar el plato de limosnas de sus discípulos. Cerca de la ciudad, se encontraba el bosque de Jetavana, que el rico comerciante Anathapindika, un devoto de Gotama, había regalado a él y a los suyos.

La primera vez que Siddharta y su amigo vieron a Gotama, lo encontraron pidiendo limosna. Lo reconocieron por la perfección de su alma y el sosiego de su figura. Por la noche, escucharon la doctrina del Buda, que hablaba sobre el origen del dolor y sobre el camino para reducirlo. Esa misma noche, Govinda abrazó la doctrina del Buda y cuando terminó la ceremonia quiso saber por qué Siddharta no la había aceptado. Éste, con mucho cariño, le contesto:

- No olvides, Govinda, que ahora perteneces a los samanas del Buda. Has renunciado a tu casa y a tus padres, has negado tu origen y tu propiedad, has repudiado tu propia voluntad, has rechazado la amistad. Así lo quiere la doctrina, y tú has elegido. Mañana me marcharé, no para buscar otra doctrina mejor, sino para dejar todas las doctrinas y todos los profesores, y para llegar solo a mi meta o morirme.

Asimismo, Siddharta pensó: - El Buda me ha robado un amigo que creía en mi y era mi sombra, pero me ha regalado a mí mismo.

DESPERTAR

Cuando Siddharta dejó el bosque y a su amigo, sintió que en ese bosque se quedaba su vida actual, y pensó que de lo que menos sabía en el mundo, era de sí mismo. Por eso echó a andar, en busca de sí mismo.

KAMALA

En su camino, Siddharta se encontró con un río que no podía cruzar sin barca.

Como no tenía nada, pidió al barquero, que lo cruzara sin cobrarle. El barquero aceptó, y esa noche le dio cobijo.

Al día siguiente, de camino a la ciudad, se encontró con un hermoso parque. Paseando por ese parque, se encontró con Kamala, la cortesana, una hermosa mujer reclinada en una litera dorada que iba con su comitiva.

Al día siguiente pidió audiencia a Kamala y ésta aceptó. Cuando se encontraron, Siddharta le pidió a Kamala su sabiduría. Ella se echó a reír y le dijo que ella enseñaba su oficio a la gente que venía a verla bien vestida y con dinero. Siddharta le contestó: - Ya empiezo a aprender de ti, pues para venir a verte me he afeitado y llevo aceite en el cabello. Es poco lo que me falta: ropas elegantes y dinero.

Su respuesta, le hizo gracia a Kamala, que le preguntó qué sabía hacer. Siddharta contestó: - Sé pensar, esperar y ayunar. También sé hacer versos, leer y escribir.

Pasados unos días Kamala puso en contacto a Siddharta con un rico comerciante llamado Kamaswami.

CON LOS HUMANOS

Cuando Siddharta se entrevistó con Kamaswami, éste le pregunto qué es lo que sabía hacer. Siddharta de nuevo contestó: - Sé pensar, esperar y ayunar. -¿ Y para qué sirve?, preguntó Kamaswami. - Pues, por ejemplo, si yo no hubiera aprendido a ayunar, hoy mismo tendría que aceptar cualquier empleo, pues el hambre me obligaría, pero como puedo contener el asedio del hambre, puedo esperar.

Kamaswami se dio cuenta de que tenía razón. Entonces le hizo una prueba de lectura y escritura que pasó sobresalientemente y ese mismo día le contrató y lo alojó en su casa.

Los criados le entregaron vestidos y zapatos y le preparaban el baño diariamente, le servían dos abundantes comidas diarias, pero Siddharta sólo comía una vez y nunca comía carne, ni bebía vino.

Siddharta llegó a aprender muchas cosas de los negocios, pues escuchaba mucho y hablaba poco. En vez de poner la pasión de Kamaswami en los negocios, para Siddharta eran como un juego.

Con buenos vestidos y regalos, iba a visitar a Kamala que le enseño el arte del amor, que no se puede recibir placer sin darlo. Junto a Kamala, encontró el sentido actual de su vida, hablaba mucho con ella y sintió que estaba más cerca espiritualmente de Kamala, de lo que nunca había estado con su amigo Govinda.

SANSARA

Los años pasaban y Siddharta se encontraba rodeado de comodidades, pues se había hecho rico y apenas se había dado cuenta. Había aprendido a comerciar, a ejercitar su poder sobre las personas, a divertirse con una mujer. Se había aficionado a vestir bien, a bañarse con agua perfumada, a comer platos sabrosos de pescado, carne, aves, especias y dulces. Y bebía vino, que da pereza y ayuda a olvidar. Además se había aficionado al juego.

Le había capturado el mundo del placer, las exigencias, la pereza y la codicia.

Llegó un momento que Siddharta se dio cuenta de lo que le estaba pasando y abandonó la ciudad con ánimo de no volver jamás. No volvió a visitar a Kamala, que, pasado un tiempo, se dio cuenta de que estaba encinta.

JUNTO AL RÍO

Siddharta caminó hasta llegar junto a la orilla del río que le había cruzado el barquero cuando era joven.

Estaba lleno de fastidio, de miseria y muerte, ya no existía nada en el mundo que pudiese alegrarle o consolarle. Se sentó bajo un árbol y oyó una voz llegar desde el más remoto lugar de su alma. Era una sílaba que se repetía una y otra vez, la vieja palabra, principio y fin de todas las oraciones de los brahmanes, el sagrado OM, que significa "lo perfecto". Y en el momento en que la palabra OM alcanzó su oído, se despertó su espíritu adormecido y reconoció la necedad de su vida anterior.

Se quedó dormido con esa palabra en su pensamiento y cuando despertó vio a un monje en postura de meditación. Reconoció en él a su amigo Govinda. Éste se había quedado velando su sueño al verlo cuando pasó con otros monjes, pues aquel era un sitio peligroso, paso de animales salvajes. Al despedirse Govinda, que no sabía que era Siddharta, se dio cuenta de quien era al pronunciar éste su nombre. Después de una breve charla, los dos amigos se despidieron.

EL BARQUERO

Siddharta observaba la corriente del río y deseó quedarse junto a él, quería aprender.

Por eso preguntó al barquero si lo aceptaba como ayudante, y este respondió que sí.

Al llegar la noche, se sentaron los dos en un tronco y Siddharta le contó toda su historia.

Siddharta, en poco tiempo aprendió a manejar la barca y a la vez aprendía mucho del río, como escuchar con el corazón tranquilo, sin pasión ni deseo, sin juicio ni opinión. Mucha gente al ver la cara de felicidad de los barqueros, entablaba conversación con ellos y empezó a correr la voz de que en el río vivían dos sabios.

Los años pasaban y un día pasaron en la barca a unos monjes discípulos de Gotama que les contaron que el Buda estaba muy enfermo. Unos días después venían por la orilla en peregrinación Kamala y el hijo de Siddharta. Kamala hacía mucho tiempo que se había retirado de cortesana y había regalado su casa y el jardín que poseía a los monjes de Gotama.

El hijo de Siddharta que se había criado entre algodones, estaba acostumbrado a imponer su voluntad, y no hacía más que quejarse de tener que ir andando para ver a un viejo que se estaba muriendo.

Kamala, tubo que parar a descansar, y al rato de estar sentada, la mordió una serpiente. Todos corrieron a pedir ayuda y fueron a parar a la choza de los barqueros. Siddharta reconoció a Kamala y se dio cuenta que el niño era suyo. Curaron a Kamala pero su vientre estaba ya negro e hinchado y esa misma noche murió.

EL HIJO

El hijo de Kamala se quedó a vivir con Siddharta, pero como estaba acostumbrado a vivir con lujos, pronto empezó a tener problemas con él.

El otro barquero, al ver la preocupación de Siddharta por su hijo, le dijo que éste, al haberse criado en un ambiente de lujo, era normal que tuviese esa aptitud. Además era joven y quería estar con gente de su edad, y no con dos viejos como ellos. Por ello aconsejó a Siddharta que dejase ir a su hijo a la ciudad.

Siddharta, se resistía a dejarle partir, creía que su hijo cambiaría y como él, escucharía el río.

Pero una mañana, el hijo cogió la barca, pasó a la otra orilla y nunca supo más de él.

OM

Siddharta pensaba mucho en la marcha de su hijo, y le dolía que no hubiera querido quedarse con él. El barquero le decía que era normal, que también él se había ido de la casa de su padre para encontrar su camino, y su hijo había hecho lo mismo. Lo mejor que podía hacer, le aconsejó, era escuchar el río. El río habló a Siddharta y entonces entendió que cada uno tiene que buscar su camino, y cuando uno lo encuentra empieza a escuchar la palabra OM, " la perfección".

Al volver el barquero, le dijo que se tenía que ir al bosque, hacia la unidad. Siddharta lo sabía, se lo había dicho el río, y Vasudeva, el barquero, se fue rodeado de un resplandor.

GOVINDA

Govinda se encontraba viviendo en el jardín de Kamala y escuchó hablar de un viejo sabio que trabajaba de barquero. No reconoció a Siddharta hasta que éste se lo dijo, tras un rato de conversación. Govinda le pidió consejo a Siddharta, ya que llevaba toda la vida buscando.

Siddharta le dijo que quizá con tanto buscar, no tienes ocasión para encontrar.

Buscar significa tener un objetivo. Encontrar sin embargo, significa estar libre, abierto, no necesitas ningún fin.

Pasaron el día hablando los dos amigos y a la hora de irse, Govinda le dijo a Siddharta que mientras éste había llegado a conseguir la paz, él no la había encontrado, por eso le pidió algunas palabras más que le ayudasen en el camino para seguir buscando. Siddharta le dijo: - Acércate a mi y besamé la frente.

Al besarle, ya no contemplaba el rostro de su amigo, sino que veía centenares de rostros de personas, animales, pájaros, vio dioses y todas las experiencias de la vida.

Entonces Govinda, comprendió que había terminado su búsqueda.