Roma: mitología y religión romana

Mitos romanos. Dioses. Divinidades romanas. Plutarco. Culto privado y público. Ritos

  • Enviado por: Afrodita
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 31 páginas
publicidad
publicidad

26-02-02

Comentario de Texto: Plutarco

Parece ser que, en un pricipio, los dioses romanos no eran concebidos con forma antromomórfica y, además, no se representaban plàsticamente; parece que era una prohibición.

Plutarco era griego, pero pasó la mayor parte de su vida enseñando filosofía en Roma. Su obra más famosa es ésta (2º texto dossier), y se llama así porque establecía paralelismos entre figuras griegas y romanas. En este caso, lo hace entre Numa y Licurgo; aquí explica cómo Numa fue el que prohibió la representación plástica de los dioses. Dice que el dios, según Pitágoras, no era capaz de experimentar ningún sentimiento y que era invisible. Afirma que esta prohibición duró 170 años. Estos dogmas no se sabe bien si son de él mismo o de Pitágoras, ya que de éste se sabe muy poco y que Plutarco usaba ideas de varios pensadores como Platón.

Cronológicamente, es imposible que Pitágoras influenciara a Numa, porque aquél era del siglo VI a.C., y éste era del siglo VIII a.C. Plutarco habla por testimonio indirecto de Barrón. Barrón escribió más de 600 libros que se estudiaron hasta la antigüedad; lo conocemos por tradición indirecta, ya que todas sus obras se perdieron y sólo nos quedan las citas que otros autores hacen de él. San Agustín, por ejemplo, dice que Barrón afirma que los romanos adoraron a los dioses durante 170 años sin representarlos gráficamente y que, si hubiera perdurado esta forma, el culto hubiera sido más puro (castus o castitas, como lo llama Barrón).

Otros autores también usan las citas a Barrón y se daban cuenta de la diferente naturaleza de sus dioses en los inicios. Estos 170 años nos llevan al primer rey etrusco, lo cual nos hace deducir que la representación plástica de los dioses fue introducida por los etruscos. La religión romana más antigua que conocemos, ya está influenciada por ideales etrusco- griegos; lo que sabemos nos viene dado por las noticias y los textos de autores como Plutarco.

Se suele decir que el antropomorfismo divino queda consolidado en Roma por influencia etrusco-helénica durante la época de la República; pero en realidad, se produce por la celebración de un rito griego: el Lectisternium (lectus-cama; sterno-estirarse). Se ofrecía un banquete en el que los dioses estaban representados por estatuas que estaban estiradas por parejas. Se trataba de hacer súplicas a los dioses (suplicationes). El primero que se celebró en Roma, fue para suplicar a los dioses que erradicaran una epidemia; la súplica era realizada por los interpretadores de los libros helénicos.

Parece que el rito ya está asentado en el año 217 a.C. más tarde, se hace otro Lectisternio con motivo de la derrota romana ante Aníbal, y se hace en honor a los doce dioses mayores. A diferencia de la primera celebración, aquí ya son conscientes de la jerarquia de los dioses y de las relaciones entre ellos; por lo tanto, los distribuyen en parejas correctamente. Esto se produce claramente por influencia griega, y es aquí cuando se produce el giro decisivo de la historia religiosa romana.

En la cultura romana no existía ninguna cosmogonía ni ninguna teogonía; tal vez porque no tuvieron poetas como Esíodo que dieron forma y vida a los dioses griegos, y eso explicaría la absorción de su cultura.

1.2. EL FUNCIONALISMO DE LOS DIOSES ROMANOS:

La creencia básica es que todos los procesos de la vida están vigilados por una divinidad. Pero además de esto, cada uno de los dioses se encargaba de esferas muy particulares de esta actividad (especificación práctica de la función de los dioses). La divinidad se definía muchas veces por su oficio o función, es decir, se les invocaba por sus respectivas funciones. Esta concepción de los dioses, hace que la estructura de la religión romana sea muy complicada, porque plantea una infinidad de divinidades. Incluso las divinidades pequeñas como los Lares, que se usaban en el culto familiar, enseguida se convierten en objeto de culto público, por ser Roma también el hogar de todos.

*DIOSES DE CULTO PRIVADO:

*Lares: Existían como forma de protección del hogar, eran dioses domésticos de hombres libres y de esclavos. Su imagen estaba pintada en la pared, o en forma de estatuillas guardadas en una hornadilla llamada larario. Se les honraba en todos los acontecimientos familiares.

También existían los Lares como protectores del campo romano, a los que se le siguió invocando durante varios siglos. Otro tipo de Lares son los Compitales (compita-cruce), que designaban las encrucijadas que limitaban las propiedades. En esos límites, los Lares tenían una capilla, y se les honraba en el mes de enero, poniendo hombrecillos y bolas de lana, tantos como hombres libres y esclavos hubiera en la finca, para alejar a los malos espíritus. En su capilla tenían los ganchos en los que se colgaban las herramientas de trabajo.

28-02-02

Otros Lares parecidos eran los Lares praestites. Un praestes es el que está en frente; es un guardián, un protector. Estos Lares vigilaban las murrallas de la ciudad, y estaban situados en parejas, representados con una lanza y una piel de animal en el brazo y llevaban un perro. Augusto dividió las ciudades en barrios, y en cada barrio levantó unas capillas para estos Lares; junto a ellos puso al genius augustus. Éstos son los primeros balbuceos de la divinización de los emperadores que, en este caso, se erigía como espíritu protector. Habían muchos Lares más como los permarini (protectores de los viajes por mar) o los Lares viales (para los viajes), etc.

*Penates: Su nombre está relacionado con penus (provisiones, despensa), y a la vez con penetro (el interior). Por lo tanto, los Penates serán los protectores de la casa, que era donde estaba la despensa. Velaban por el bienestar de la família. Se decía que un buen romano, el pater familias, antes de las comidas debía echar semillas encima de ellos y decir: “deos propitios” (“los dioses son propicios”). Los Penates de Roma era los que trajo Eneas de Troya, y estaban guardados en la ciudad que fundó: Lavinio. Otras fuentes como Barrón decían que estaban en el Palatino. Los Penates eran representados con la forma de dos jóvenes sosteniendo una lanza.

*Manes: Parece que este nombre está realcionado con la raíz arcaica m (algo bueno en un buen momento); también se relaciona con el adjetivo manus (bueno). Seguramente, lo que Manes significaba era “los buenos”. Esto es curioso, ya que eran dioses inferiores. Seguramente, ese nombre era un eufemismo para congraciarse con unas deidades, dándoles un nombre bondadoso.

Es difícil acertar en su naturaleza, pero parece que representaban a los espíritus de los antepasados de una família. La fiesta de los Manes era la Parentalia, en donde se hacían ofrendas con alimentos y flores. Las almas nefastas eran los Larvae (larvas) y los Lemures. Los primeros representaban las almas de los delincuentes y maleantes que atormentaban a los vivos. Los Lemures eran conjurados en unas fiestas celebradas en Mayo, llamadas Lemuria. Eran unos ritos, al parecer, mágicos para protegerse de grandes males. Ovidio intentó explicarlo (aunque él no

lo entendía muy bien, porque parece ser que era un rito muy arcaico) y luego, lo intentaba relacionar con un mito.

Ovidio dice que en los Lemuria, un hombre se levantaba en medio de la noche sin ninguna atadura (no se podían llevar atado ningún tipo de cordón), y salía con el dedo pulgar entre los otros dedos de la mano, para alejar a los malos espíritus; luego, iba tirando habas negras por el camino (se consideraba que las habas contenían almas humanas) y diciendo nueve veces una invocación a los muertos. Ovidio lo relaciona con el mito de la muerte de Remo a manos de Rómulo; dice que no fue Rómulo, sinó un tal Céler quien mató a Remo, y que para honrar a su hermano, Rómulo quiso fundar este ritual, que en un principio se llamó Remuria.

*DIOSES DE CULTO PÚBLICO:

Según Barrón, los dioses más importantes son los dei selecti (dioses elegidos). Todos estos estos dioses tienen claramente establecidas sus funciones, y muchos, las llevaban intrínsecas en sus nombres.

*Jano:

Ianus significa paraje o porche: y como nombre común significa “puerta de entrada”. Parece la deificación de un concepto, que fue personificándose hasta convertirse en el nombre de un dios. Se le atribuían todos los comienzos (el de la mañana, el del año, el primer día de mes, etc.). Se hacía una procesión en el primer día del año, en el que también se hacía la ceremonia de sustitución de los cónsules; Jano pues, se identifica con el mes de enero.

A Jano se le rendían todos los cambios que se iban a hacer y era el guardían de las puertas de las casas. Estaba representado por dos caras (Ianus anqueps), por el concepto del paso de una cosa a otra, y también porque conocía el pasado y el futuro. En su honor, tenía el Forum Templum, que era característico por sus puertas; permanecía abierto en tiempos de guerra, y cerrado en tiempos de paz.

Tito Livio sitúa esta costumbre en tiempos de Numa y la sigue hasta el siglo IV a.C. Esas puertas estuvieron muy pocas veces cerradas, habían muchas guerras. Como dios de estas puertas se le invocaba de muchas formas: Ianus clusius (Jano cerrado) o Ianus patulcius (Jano abierto). No hay representación idéntica en los dioses griegos, pero se le identificará con el Caos, por su relación con los comienzos, según Ovidio. Es un dios arcaico con un carácter funcional y simbólico, ajeno a toda historia o leyenda.

*Júpiter:

Es un dios supremo y común a todos los pueblos latinos. Tenía diversas invocaciones: Iuppiter latiaris (Júpiter del Lacio), Iuppiter elicius (Júpiter para atraer a la lluvia o al rayo), Iuppiter fulgurator (Júpiter para atraer al rayo), Iuppiter tonans (Júpiter para atraer al trueno), Iuppiter lucetus (Júpiter de la luz), etc. Era el dios del cielo y de los fenómenos atmosféricos, pero también es el que avala los pactos y tratados, sobretodo de guerra. En esta faceta se le denomina de varias formas: Dius fidius (dios fiel) porque garantiza la lealtad entre los pactos; o Iuppiter lapis (Júpiter piedra), ya que durante los pactos o tratados bélicos se sostenía una piedra de sílex que cuando se rozaba con otra, saltaban chispas, y eso llevaba a relacionarlo con Júpiter. Se dañaba con esta piedra a un animal; por eso se le llamaba al hecho de hacer un pacto ferire foedus (herir un pacto). Fue asimilado por Zeus.

5-02-02

*Saturno:

Es un dios itálico antiguo porque es al único que se le rinde culto en varios pueblos etruscos. Antes de su asimilación griega, se supone que era protector del campo y se le quiso relacionar más tarde, por etimología popular falsa, con sata (sembrador). Se le tenía conservado en el herario público, donde la base de su escultura estaba rodeada por una cinta.

Es asimilado con Cronos y, por tanto, pasa a ser el padre de Júpiter. Esto nos interesa porque, según la leyenda griega, Zeus derrotó a su padre Cronos y le expulsó del Olimpo. Éste, fue a refugiarse a la Península itálica, concretamente en el Capitolio, donde es acogido por un dios más antiguo. Se decía que durante el reinado de Cronos en el Lacio, fue la época dorada porque los dioses convivían con los humanos; ésto representó un tópico literario y filosófico. Se dice que el propio nombre del Lacio viene de laceo (esconderse), haciendo referencia a que Saturno se escondió allí.

Las fiestas consagradas a él eran los Saturnalia, que se celebraban a finales de año y que se corresponden a la Navidad actual. En un principio, estas fiestas sólo duraban un día (17 de diciembre), pero fueron alargándose hasta el día 23 de diciembre. Además de hacer el sacrificio correspondiente, estas fiestas representaban días de alegría: se paralizaba toda actividad política, se trasponían las clases sociales (los esclavos eran servidos por los amos, podían insultarles sin temor a represalias), se hacían obsequios, se daba el indulto a algún prisionero, se aplazaban las ejecuciones, etc. Ya en esta época, habían detractores de esta fiesta, como Séneca, que proponía realizarla de una forma más comedida y religiosa.

*Genius:

Es una divinidad puramente romana. Deriva de la palabra gigno (engendrar). Intentando saber lo que era el Genius, se hicieron varias teorías, actualmente desechadas. Una de ellas habla del Genius como la capacidad de engendrar, pero en los textos en que Plauto habla sobre el Genius, no se dice nada sobre este poder que, de otro lado, en él sería de esperar que mencionara una cosa así. Se cree pues, que significa “lo engendrado”; así, se piensa que protegía la personalidad de cada individuo. En la mayoría de los textos se ve una concepción del Genius como algo más ético y más racional que los relatos de los dioses griegos. También tenían Genius los lugares (casas, bosques, ciudades, termas, etc.) e incluso tenían el dios del pueblo romano: Genius populi romani.

*Juno:

Es la diosa principal de los romanos, venerada desde la antigüedad por varios pueblos itálicos. Su nombre se ha relacionado con iuvenis (jóvenes); entonces se entendería como la fuerza vital de la juventud. En la práctica, pero, la vemos realizando dos tipos de cosas: como diosa de las mujeres (partos, matrimonio, concepción, etc.) y como diosa de la guerra.

Sus invocaciones eran: Iuno lucina (para los partos), Iuno conservatrix (para los recién nacidos), Iuno fluorum (para regular la menstruación), Iuga Iugalis (para el matrimonio). Si se entendía al Genius como protector de los varones, Juno era entendida como lo propio de las mujeres.

En su faceta como diosa de la guerra, que provenía de antiguos cultos, se le era invocada como Iuno sospita o Iuno sospes (estar a salvo) y Iuno moneta (la que advierte). En el siglo II a.C. se erigió en Roma un templo en honor a ella. La invocación de Iuno moneta se ha querido relacionar con la palabra moneta (moneda), ya que da la casualidad que en esa época se fabricaban monedas en un taller cercano a su templo; actualmente, esta afirmación no está del todo clara.

También se le llama Iuno regina (Juno reina), que no es más que la invocación a una antigua diosa etrusca: Iuna, que fue evocada a Roma mediante el rito de la “evocatio”. Fue asimilada a Hera y, por consiguiente, emparentada con Júpiter y puesta en la Tríada del Capitolio.

*Mercurio:

Su nombre se relaciona con el término merx (mercader); es muy romano el tomar nombres de dioses a partir de la vida cuotidiana. Cuando se construye su templo (415 a.C.), hay un período de crisis económica a causa de las grandes guerras que perturbaban las relaciones comerciales; este hecho fue lo que hizo que se iniciara el culto a este dios. Se le invoca como: Lucri conservator (el que conserva las ganancias), Negotiator (el negociador), Nundinator (mercader). Se celebraban sus fiestas en el mes de Mayo, en donde los mercaderes mojaban una hoja de laurel y rociaban con él sus mercancías y a sí mismos, diciendo al mismo tiempo unas plegarias. Se corresponde con Hermes, el dios griego mensajero de los dioses.

*Apolo:

Es un dios griego que no tiene equivalente en el panteón romano y fue uno de los primeros en introducirse, con motivo de una peste. Era un dios existente ya desde el primer Lectisternio; era invocado como médico: Apollo paean (dios curador). No es hasta la época de Augusto en que el culto a Apolo goza de su mayor esplendor, ya que se le empieza a relacionar con la oracularidad, algo a lo que los romanos habían sido muy reacios hasta entonces. Se le construye un templo en el Palatino y se le ubica allí junto con los libros sibilinos (libros para la adivinación), que hasta entonces habían estado en el Capitolio.

*Marte:

Es también una antigua divinidad itálica, y se encuentra en la Tríada capitolina. Tiene su sacerdote propio (flamen) y es invocado en las oraciones más antiguas que se conservan. Su nombre arcaico era Mavors. Su nombre no proviene de una etimología indoeuropea; Barrón lo relaciona con mas (varón, viril), otros lo identifican con la raíz mar (brillar); sería entonces, una divinidad celeste. Era venerado por todos los pueblos de la Italia central y fue asimilado por el dios griego Ares.

En algunos libros se supone que Marte no era, en el principio, un dios guerrero, sinó agrario. Se basan estas teorías en las plegarias antiguas en las que se le invoca. Además, a él se le dedica el mes de Marzo, que es cuando empieza la primavera. Hemos de tener en cuenta también, que es en el mes de Marzo cuando se inician muchas de las guerras. Lo que sorprende en estas plegarias agrarias, es que al dios al que más se le invoca es a Marte. Esto se puede ver en una oración escrita en un latín pretendidamente arcaico, realizada por la cofradía agraria más importante: el Carmen Arvale (pág.9 dossier). Se dice que la invocación que se hace de Marte es como de dios fiero, que debe proteger a las gentes de los desastres que les puedan sobrevenir. Sin embargo, Catón, en otra oración arcaica del Dea de cultura, se observa que no se invoca a Marte en este sentido tan claro; aquí la interpretación es confusa.

Por lo tanto, no se sabe bien el carácter primitivo del dios ni tampoco el origen de su nombre. En los textos se le invoca como Mars gradivus, que no se sabe bien lo que quiere decir; se ha relacionado con grandire (que hace crecer), y haría alusión a su faceta agraria, pero también con gradior (que marcha), en el sentido del desfile de las tropas y, por tanto, en relación con su lado guerrero.

Poco a poco, del Marte agrario ya no queda nada. Se le levanta un templo fuera de los límites de la ciudad, porque donde estaban los demás templos el ejército no podía pasar. Más tarde, Augusto construye un templo al Marte vengador en medio de la ciudad como símbolo de la justicia por el asesinato de Julio César.

7-03-02

*Vulcano:

El origen de su nombre parece etrusco por palabras como: velja, volca o voljenna. Era el dios del fuego; para los romanos, era el protector de los efectos incendiarios de los rayos, el dios del fuego destructor. Se diferencia de Vesta porque ella era protectora del fuego del hogar, con el que se cocinaba. En un principio, su templo se construyó fuera del recinto primero de los templos de Roma. Más tarde, se identifica a Vulcano con Efesto y, en consecuencia, recoge toda la tradición literaria de éste.

Plutarco recoge tres posibles respuestas a la cuestión de por qué el templo de Vulcano estaba fuera de la ciudad; la tercera es una respuesta muy rara que intenta justificar tal situación, y además añade, que sería un sacrilegio poner el templo de Vulcano en la ciudad. Estas respuestas las rescoge de la primera tradición de Efesto.

A Vulcano también se le atribuía el poder de dar calor fecundante, que permitía que las semillas germinaran.

*Neptuno:

Debía ser un dios con muy poca importancia, pero enseguida fue venerado por su asimilación con Poseidón. Neptuno proviene de la palabra neptunus (algo relacionado con la humedad); también se ha relacionado con las raíces arcaicas apm nápt ved o apm napa° arest (descendiente de las aguas). La palabra apm está en genitivo plural y significa “agua”. Aunque resulta absurdo aludir a esta comparación para decir que Neptuno tiene el significado de humedad. Lo que sí es correcto es acudir a la raíz nept o nepit que significa “descendiente”.

A la divinidad etrusca Neguns, se le honraba con fiestas, con el fin de erradicar la sequía; y por eso se convierte en el dios del mar, protector de los navegantes y, por supuesto, recoge toda la tradición literaria de Poseidón.

*Minerva:

Su nombre proviene de la raíz indoeuropea men-, que indica todas las actividades de inteligencia. Es diosa de los oficios, protectora de los artesanos. No se sabe con certeza cuál es su origen; aunque parece ser que había una diosa paralela en nombre y en funciones, llamada Menrva (es un latinismo). Fue asociada con Atenea, y aparece en la Tríada Capitolina junto a Júpiter y a Juno. Sus fiestas se celebraban en marzo, en donde participaban artesanos y escolares.

*Diana:

Su nombre proviene de la misma raíz que el de Júpiter, deiw-, que significa o indica luz. El nombre Diana es un derivado de divius dius; literalmente, Diana significaría “diosa luminosa”. En la cultura etrusca se llama Tiv; es una diosa de la luz nocturna, a diferencia de Júpiter, que es el dios de la luz diürna. Se relaciona a Diana con la luna.

Es una diosa que, junto a Juno, patrocina los nacimientos o partos, ya que siempre se ha relacionado en todas las culturas el término “dar a luz” con el de la procreación. Muy pronto, se la identificó con Artemis. La fiesta en la que se le honraba se celebraba el 13 de agosto, la ibus (fiesta) era celebrada en dos lugares: en el templo del Lavetino que había en Roma, donde participaban los esclavos que no eran romanos, aunque eran latinos; i en Aricia, una aldea cercana a Roma, en la región de Savinia. En este lugar se hacía una procesión de mujeres que iban desde Roma hasta Aricia con unas antorchas para que la diosa las ayudara en el parto.

El hecho de que se celebrara en otro lugar es por su origen sabino-etrusco; es la primera divinidad no romana, ja que se introdujo en Roma hacia el siglo V a.C. La mayoría de los esclavos eran latinos o sabinos, pero no eran romanos. Sabina fue la primera población que conquistaron los romanos. El culto o ritual de Diana se hacía en el bosque de Aricia (se supone que era un bosque sagrado); y allí se le invocaba como Diana nemorensis (nemus - bosque); el culto es extraño, ya que se extendió hasta la época imperial.

Había siempre un sacerdote especializado en el culto a Diana en ese bosque, se llamaba Rex nemorensis (el rey del bosque). Este sacerdote era sustituido cada año mediante un combate entre él y el pretendido sucesor; quien ganaba adquiría el puesto y el otro quedaba muerto, este es un ejemplo del talante práctico de los romanos. Es un rito único, su singularidad en el culto asombra, ya que no se encuentra ningún paralelismo con otras culturas.

A diana se le construye el Templo Venedictino, que es el primer templo que, de alguna forma, simula la unión de los diferentes pueblos latinos con la intención de instaurar un culto federal; era una estrategia más de los romanos para adquirir poder.

*Venus:

Su nombre proviene de la raíz wen-, que significa gracia, encanto, seducción, etc. En el idioma sánscrito se le llama vanati o vanoti (deseo). En latín encontramos el adjetivo venustus y el sustantivo venustas (gracioso, encantador, encanto,etc.); vemos pues, que se trata de la divinización de un concepto. Se sabe también que se unieron los significados del verbo veneror (venerar) y del sustantivo venia (gracia, favor); así Plauto dice en algunos pasajes de sus obras que venerar es “tratar de ejercer una seducción sobre la divinidad para obtener de ella lo que se quiere”. Venus pues, es la diosa del poder de seducción para conseguir algo, pero todavía no se le relaciona con el amor, se la relacionaba con la idea de hacer favores.

Así por ejemplo, el primer templo que se le hizo fue en honor a la Venus obsequens, por haber ayudado en la guerra; por lo tanto, no tiene nada que ver con el amor o el sexo. A partir del siglo II a.C. se le asocia con la Afrodita griega; una vez hecho esto se la invocará como Venus genetrix (madre, engendradora), como madre de Eneas y antepasada de Julio César y de los descendientes de éste.

*Vesta:

Se le relaciona con el hogar, y luego con la Vestia griega. Es pues, la diosa del hogar, de la luz y del fuego que da calor. Según la leyenda de Rómulo y Remo transmitida por Tito Livio, es una diosa de gran importancia. En las casas había de haber un fuego sagrado que no debía apagarse nunca, como símbolo de eternidad y supervivencia del hogar. Al igual que en las casas, en el templo de Vesta también era necesario el fuego encendido.

Se le invocó como Vesta publica populi romani durante mucho tiempo. La Vestia griega era una de las diosas con poca leyenda, y por eso, una vez fue asociada a Vesta, se le mantiene la misma abstracción; a diferencia de otras diosas que eran asociadas a diosas griegas con muchas leyendas.

*Ceres:

Su nombre viene de la raíz arcaica ker, que en latín deriva a los verbos creo (hacer crecer) y cresco (engendrar, producir); vemos pues, que como en otras ocasiones, se trata de la divinización de un concepto. Con el tiempo se le fue especializando como una divinidad agraria y, en concreto, como protectora de los cereales.

Se le identificó con la diosa Démeter, de la cual tomó todo el rito. La lengua de culto a esta diosa era el griego, incluso los sacerdotes asignados para ella, eran griegos. Las fiestas en las que se honraba a Ceres se llamaban Ceralias, que consistía en agradecer a la diosa por la agricultura y por las buenas cosechas, por el “regreso” de su hija Perséfone a la tierra. Ovidio cuenta en su Fastos la leyenda de Démeter y Perséfone.

*Liber:

Era una antigua divinidad latina de la fecundación, a la que enseguida se relacionó con el Baco griego. La pareja formada por Liber y Libera (paralelo femenino de Liber) unidos al dios Icedes, formaban la Tríada ventina, que se formó durante los primeros años de la República. Se fundó para rogar por los buenos tiempos agrícolas ante el miedo a las malas cosechas. Se la puede considerar una tríada popular a semejanza de la Tríada capitolina. En su templo se almacenaba el trigo para repartirlo en época de escasez; era un templo considerado de la plebe.

Estos tres dioses eran de carácter agrario. Se establecían dos ciclos condicionados por el tiempo y por las estaciones: el ciclo agrario y el ciclo guerrero. El ciclo agrario se abría en el mes de marzo o abril, y se clausuraba durante los meses de septiembre u octubre.

Muchas veces habían confusiones de invocaciones entre dos divinidades parecidas; por ejemplo, entre Diana y Juno. Cátulo en uno de sus poemas dedicado a Diana, demuestra la precaución que se había de tener frente a los dioses, y por eso, le dice que no sabe bien cómo llamarla. Luego la llama Iuno lucina. Es más importante, por tanto, la función que el nombre de la diosa. Es más, si también se había de invocar a Diana como tal, se hacía de igual modo por precaución.

12-03-02

*Quirino:

Quirites era el nombre que se les daba a los ciudadanos romanos en su calidad de no soldados en tiempos de paz. Al nombre quirites, pues, se le contrapone el nombre milites (ejército, soldados). Se había establecido una raíz común para quirites, curia y quirinus; era la raíz co- virio (colectividad). En la antigüedad se quiso relacionar quirinus con la palabra curis (lanza en idioma sabino).

Quirino vela pues, por los ciudadanos como ganaderos. Tiene en la religión umbra su equivalente Vofonio. Era honrado en el antiguo monte del Quirinal mediante unas fiestas llamadas Quirina, pero que no sabe nada acerca de ellas. Si aludimos a los testimonios antiguos de Quirino, encontraremos cosas confusas; por ejemplo, en algunos textos se le considera como un dios simétrico a Marte, incluso se le menciona como “Marte pacífico”. En el libro 1º y 4º de Livio se habla de una série de escudos para Mars gradivus y para Mars quirino.

Dionisio de Alicarnaso escribió La antigua história de Roma; en el libro 2º dice lo siguiente: “A Eníalo (sobrenombre de Marte que significa “el belicoso”) lo llaman los romanos Quirino, unos dicen que forma con Marte un solo dios, y otros dicen que es otro tipo de divinidad guerrera.” Son constantes las alusiones a que Quirino es un dios paralelo a Marte, y de alguna forma, también contrapuesto a él.

Se le ha querido explicar como un dios sabino de la guerra que fue asimilado por los romanos. También se dice que Quirino, al venir de quirites, es el nombre que recibe Marte cuando está tranquilo; por eso está su templo dentro de la ciudad, a diferencia de Marte. Se cree que Quirino fue el dios con el que se divinizó a Rómulo, una creencia que se había extendido ya en época de Augusto. Rómulo fue el creador de las curias, la organización social de los romanos, función que cumple el dios Quirino como protector de estas personas.

En conclusión, podemos decir que es muy difícil constatar las funciones primeras de estas deidades antes de la influencia griega. Las invocaciones especifican las funciones del dios que se querían atraer. Entre este amplio abanico de deidades, Varrón añadió otras nuevas y las llamó dii certi (dioses limitados, de competencia muy determinada).

! Dioses limitados o “dii certi”:

Son divinidades que no tienen más personalidad que su nombre, el cual ya indica su función. Nunca tuvieron templos ni sacerdotes, no eran más que meras invocaciones y se incluían en lo que se llamaban indigistamenta (indigito-dirigir una súplica). Entonces pues, son una colección de letanías con las que se invocan a estas divinidades. Esto es una prueba más del funcionalismo de la religión romana. Són dioses epítetos; se les llamaba para cuando alguien se moría, para los campos, para las casas, etc.

El testimonio más claro es un texto de San Agustín, La ciudad de Dios, dónde él dice que está recogiendo la información de las Antiquetates de Varrón, y enumera algunas de estas divinidades: Cloacina (la que purifica; era también una invocación de Venus-Venus cloacina), Volupia (el deleite), Lubentina (libido sexual), Vaticano (el que hace que los recién nacidos hagan sus primeros sonidos con la boca), Cunina (cuida de las cunas de los niños), Rurina (encargada de la rura de los campos de trabajo), Lugatino (dios de las cimas de las montañas y de la consumación del matrimonio- yugo), etc. Se ve pues, que sus nombres se relacionan estrechamente con sus funciones. Eran invocaciones muy técnicas y precisas; por ejemplo, en todo el proceso de sembrado y cosecha del grano, se invocaba a uno de estos dioses para cada paso de la elaboración (sembrado, maduración, recolección, etc.).

Cuando se tenía que proteger una casa, se invocaba a Jano, pero luego se hacían una série de letanías en las que aparecían nombres como Fórculo (para las puertas), Cardea (para los quicios) o Limentino (para los umbrales), que servían para reforzar la protección de los lugares específicos.

Tolerancia:

Estos dioses no tenían ritos; su existencia se debía a la creencia de que cuantos más dioses hubiera, mejor; y a que si invocaban, por ejemplo, a Jano (dios de las puertas) y a Fórculo (también para las puertas), se aseguraban que la protección fuera efectiva. Esto es lo que se llama tolerancia.

Varrón estableció dos clases de dii certi: los dioses que se ocupaban de cada una de las partes de la vida de una persona, y los que se ocupaban de cada uno de los detalles de la vida cuotidiana. Queda claro, pues, que los romanos concebían a los dioses de una forma nocional, y esto hace que los dioses se multipliquen tanto. Los romanos lo hacían para protegerse, para cubrirlo todo con la presencia de un dios. La cultura romana estaba abierta al culto de nuevos dioses en situaciones determinadas, como fue el caso de la instauración del culto a Mercurio. La acogida a dioses extranjeros era pacífica; es más, el culto del dios se seguía manteniendo en la ciudad originaria.

La primera de las divinidades de Asia menor que se introdujo en Roma fue Cibeles o Magna mater, como la llamaban. Fue acogida por motivos políticos; estaban en gran crisis, puesto que se encontraban en plena 2ª Guerra Púnica. Roma se había de aliar con el el rey de Pérgamo para derrotar a Aníbal. La absorción del culto a Cibeles le servía a Roma para acercarse a sus aliados y para presentarse como heredera de Asia Menor. Cuando la diosa llegó a Roma, se celebró un Lectisternio y se rindieron unas fiestas en honor de ella, llamadas juegos megalísios.

19-03-02

1.3. RITOS ROMANOS:

EVOCATIO:

La Evocatio no tenía un carácter pacífico: la hacía el general del ejército romano antes de atacar una ciudad. Se invocaba a la divinidad de esa y se le invitaba a abandonarla y a instalarse en Roma. Al parecer, este rito tiene cierta analogía con unos rituales de los Ititas, que eran propensos a aceptar dioses de pueblos enemigos.

La palabra evocatio viene del verbo evoco (convocar, hacer venir). En Roma, las Evocatios más importantes son la de Iuno regina en el valle de los etruscos, y la de todos los dioses de Cartago. La Evocatio conllevaba una plegaria y la invitación anteriormente citada. El texto mejor conservado que habla sobre este tema es uno de Macrobio, que reúne dos Evocatios en su obra Los Saturnalias (pág. 2 dossier), en la que se ve claramente las intenciones de este rito. Se supone que la Evocatio que se hizo sobre los dioses púnicos de Cartago era para atraer a la diosa Tanit, que fue asimilada con Juno. Según Livio, en el año 396, el dictador Marco Furio Camilo hizo una Evocatio en la ciudad etrusca de Belles para atraer a Uni (Juno). La Evocatio era un rito muy extraño, ningún otro pueblo lo practicaba.

Las divinidades asimiladas no eran desconocidas, las trataban de una forma familiar. Se aconsejaba mantener en secreto el nombre auténtico de la divinidad tutelar de la ciudad, y mucho más el nombre arcaico de la ciudad. Este secreto se supone que lo guardaban los Pontífices. Esto era una costumbre muy común entre todos los pueblos para intentar evitar este rito; con esto se puede apreciar la creencia que tenían en el poder mágico de los nombres.

Lo que nos dicen los textos sobre el verdadero nombre de Roma y el de su divinidad tutelar es muy poco. Únicamente Clinio el Viejo, en su obra La historia natural habla un poco sobre este tema. En el libro 65 de esta obra, Clinio habla sobre un tal Valerio Sorano, que hizo público el nombre verdadero de Roma y fue castigado. Al parecer, este hombre era partidario de Marco, y fue asesinado en Sicília por Pompeyo; así que parece más bien un asesinato por ser partidario de otro bando político que no un castigo. También habla de la diosa Angerona que tenía la boca tapada, aunque no dice nada sobre si esta diosa era la tutelar de Roma.

Todo esto añade grandes dosis de utilitarismo en la religión romana. Su tolerancia en aceptar dioses se producía por dos vías: el ritual bélico (Evocatio) o la asimilación pacífica para paliar un problema en concreto. No cambiaban los ritos de estas divinidades, ya que eran muy escrupulosos; los romanos querían tener pax deorum (paco - estar de acuerdo), hacer un acuerdo con los dioses para que todos los asuntos les fueran favorables, lo que se llamaba las commoditates (no creían en poder ser mejores moralmente, y mucho menos, que un dios se lo pudiera proporcionar); de esta forma, controlaban las intenciones de los dioses. Cicerón, en su Natura deorum deja claro qué es competencia de los dioses y qué no lo es. Habla de la commoditas (ventajas, cosas útiles y ventajosas) que se les pide a los dioses. Manifiesta que los romanos no daban gracias a los dioses por ser sabios, ni le rendían a Hércules la décima parte de un botín para agradecerle que les hubiera hecho buenas personas (a Hércules se le acostumbraba a rendir la décima parte de un botín de guerra); dice que la inteligencia se obtiene de uno mismo. Sin embargo, afirma que se construían altares en honor a las virtudes humanas, incluso algunas tenían ritos; también tenian una altar las commoditates.

Esto se relaciona con la tendencia romana a divinizar conceptos, y se cree que su origen está en la divinización de Ceres. Por ejemplo, los templos construidos eran: la Concordia, el Valor, la Confianza, etc.; todas estas cualidades, según los romanos, llevaban al hombre a la divinización y hacían que se reconocieran sus méritos. Victoria, por ejemplo, tenía varios templos en Roma y era representada de diferentes maneras. En el Senado había un altar dedicado a ella en el que los senadores le ofrecían vino e incienso. Cuando se instauró el cristianismo, se produjo una gran debate sobre la presencia de Victoria en el Senado que acabó con la retirada del altar.

Si tenemos en cuenta el carácter jurídico de los romanos, eso hacía que vieran la religión como un tratado en el que se está hablando de intereses recíprocos; era un tema que trataban con mucha cautela, como cualquier otro tema jurídico. Esta relación recíproca con los dioses, los romanos la llamaban facio at facias (hago para que me hagas); los tratados consistían en practicar ritos y cultos a los dioses y éstos, a cambio, les proporcionaban éxitos. Los romanos querían saber el talante de los dioses, cuál era su predisposición ante un hecho; de ahí la importancia de la adivinación, ya que los signos que enviaban los dioses no eran claros y precisaban de interpretación. Por eso se necesitaban los sacerdocios, que eran muy importantes y de un carácter muy serio.

ACTOS DE CULTO Y SACERDOCIOS:

Presentación:

Valerio Máximo trata sobre la religión en el primer capítulo de su obra Hechos y dichos memorables. En la primera parte de este capítulo habla de los sacerdotes más importantes de Roma: pontífices, augures y vates (traducido como adivinos). En la segunda parte, menciona los actos de culto: voto, acción de gracias (gratulatio), impraetitum (traducido como ofrenda, aunque significa “búsqueda de un buen presagio”), la oración (precationes) y el sacrificio. Habla sobre los pilares en los que se asienta la religión romana, que se basa en la religión antigua según afirma él mismo, y que es un legado transmitido por los antepasados que se remonta a la época de los reyes, y más en concreto, a Numa. La sistematización de la religión, pues, se concreta en Rómulo, y muy especialmente en Numa Pompilio.

Sacerdos es un compuesto de sacer dh, que a su vez, viene de la raíz indoeuropea sak-(sagrado, santificado). -Dh proviene de la raíz -dhe, que da a lugar a verbos como facio (hacer). Sacerdos pues, significa “el que hace lo sagrado”. Según los testimonios con los que contamos,los colegios sacerdotales y sus funciones fueron concretados por Numa. Prueba de esto, es un texto de Tito Livio: Ab urbe condita, en el que explica todo esto.

Dice que los rituales sagrados eran competencia del rey, sobretodo el que correspondía al flamen de Júpiter. Nos habla de los sacerdocios, de los flamines, las vestales y del pontífice, y de cómo Numa los creó por la necesidad de tener delegados. No habla de los augures, aunque dice cómo Numa hizo una consulta de augurios. Este sacerdocio era muy anterior a Numa, ya que se dice que tanto Rómulo como Remo lo practicaron, y que la propia consagración de Numa como rey fue por previo rito de augurios.

La alusión que hace a Rómulo y a Remo es de dos prototipos: uno era el rey belicoso, y el otro, el pacífico y legislador. Esta confrontación entre ambos es muy clara en toda la obra de Tito Livio y también en la de otros autores. De este contraste se ha querido sacar demasiado jugo; según unos, esta oposición demuestra la dualidad de la soberanía indoeuropea, en contraste con el carácter de los dioses; en la religión romana no hay dualidad entre los dioses, pero sí en los héroes.

En el texto se habla de la creación de la orden de los sacerdotes flamines, que estaban consagrados a un solo dios; representaban la imagen del dios en la tierra, y eso era una cosa extraña dentro de la cultura romana. Se crearon tres flamines para tres dioses, hecho que sustenta en un 80% la creación de la Tríada Precapitolina. A estos sacerdotes se les viste con elegantes vestiduras, se les da una “silla curul” (silla propia de reyes y de las altas magistraturas que tenía las patas curvas).

Se habla también de las vestales, y afirma que este sacerdocio ya existía y que Numa solamente lo organizó. Hace alusión a los salii o salios, el sacerdocio guerrero; y por último, habla del pontífice. Este último sacerdocio fue el más importante, ya que organizaba a todos los demás sacerdocios. Cada una de las clases de sacerdocios tenía una especialización muy concreta en técnicas y saberes especiales; no se mezclaban con los actos ceremoniales de otra clase sacerdotal.

En Roma no habían castas sacerdotales, aunque sí habían impedimentos de tipo social para acceder a los sacerdocios: no se admitían en las escuelas a los que no fueran patricios. A partir del año 300 a.C. se proclamó la ley Ogulnia, que reconocía los derechos de los plebeyos para ejercer sacerdocios; así que se reservaron la mitad de los puestos en las escuelas para ellos. Cincuenta años después, se vetaba la entrada de plebeyos para los sacerdocios de flamines y de rex sacrorum, ya que los patricios poseían mucho poder.

El sacerdote familiar era el pater familias, que tenía que tener unas características y unas cualidades especiales. Un sacerdote público, además, tenía que haber hecho algún servicio público y militar; normalmente, los sacerdotes eran a su vez cónsules. El hecho de tener estas dos vertientes era considerado bueno para la ciudad. Casi todos los sacerdotes, pues, desempeñaban alguna magistratura; así que en conclusión, podemos decir que la institución política y la religiosa eran la misma cosa.

El Pontifex:

Según algunas fuentes, el Pontifex fue nombrado por Numa, que debía de ser el Pontifex Maximus, pero los testimonios son contradictorios. El colegio de pontífices agrupaba a un máximo de cuatro o cinco miembros en un principio, pero que en la República se extendió a quince. El colegio era presidido por el Pontifex Maximus.

Se ha dicho que la palabra pontifex viene de la expresión pons facere (el que hace puentes). La teoría más antigua que se ha mantenido decía que la forma de esta palabra era una reminiscencia de la antigua historia de Roma; la gente vivía en villas y para comunicarse entre sí, usaban puentes. Esta postura se remonta hasta Varrón, que insiste en entender “puente” como obra arquitectónica. Ahora se cree que no se ha de interpretar como “puente”, sinó que se ha de hacer en un sentido más arcaico: nos hemos de fijar en la raíz pent- (andar, pisar), y en el sánscrito pánthh (pasar, caminar). También se puede interpretar como pontos (vía marítima a modo de unión); significaría que los pontífices prepararían los caminos, aunque no sabemos cuáles. Se ha dicho que abrían los caminos y que propiciaban la expansión de un pueblo. También se ha querido entender con un sentido más espiritual: el pontífice sería aquél que guía hasta los dioses. En esta línea, se ha querido relacionar con la palabra pathikpt, qu era un epíteto a Agni (el que llevaba por el camino para hacer pfrendas a los dioses).

Los pontífices atendían el culto de todas las divinidades protectoras de Roma, como por ejemplo a Vesta y a los Penates públicos. Supervisaban todos los ritos que se hacían y también controlaban al resto de los sacerdocios. Asesoraban a los magistrados y a los senadores, y su principal tarea era la confección del calendario: establecer los días laborables, los festivos, los de comicios, etc. Esto era muy importante, ya que el calendario regulaba la vida; la creación de éste se remonta hasta la época de Rómulo y Remo.

09-04-02

El calendario:

En lo primero que se fijaron antes de realizar un calendario, fue en la alternancia del día y de la noche; y más tarde, en las fases de la luna. Así, el primer calendario romano reflejaba un mes lunar (de unos 28 días aprox.). El primer problema es que el día y la noche no son siempre igual de largos y, además, actualmente sabemos que día, mes y año no son conceptos múltiplos. Legendariamente, se había establecido que el calendario romano había estado formulado por Rómulo; más tarde, Numa introdujo nuevos cambios basados en los meses lunares, y así se mantuvo hasta la reforma de Julio César. El antiguo calendario se remonta desde Rómulo hasta los primeros reyes etruscos. El calendario que hizo Numa tenía una gran influencia etrusca por determinadas fiestas que añadió. Aquí se pasa de un calendario lunar a uno luni-solar (conjugaba las estaciones del año con las fases de la luna). La modificación que hizo Julio César es la que nos ha llegado a nosotros, es nuestro calendario actual.

El calendario de Rómulo se dividía en diez meses de 28 días; lo hizo así por que consideraba que era lo que duraba la gestación y también el período de viudedad, así que le parecía que era suficiente tiempo para considerarlo como un año. Los meses eran los siguientes:

% 1. Martius % 3. Maius % 5. Quinctilis % 7. September % 9. November

% 2. Aprilius % 4. Iunius % 6. Sextilis % 8. October % 10. December

Martius (marzo) estaba dedicado a Marte por ser el padre de Rómulo; esto no es extraño, puesto que las fiestas de “apertura guerrera” se celebraban en marzo por ser el primer mes del año, después se siguieron celebrando en el mismo mes por el dios Marte. El nombre de Aprilius (abril), según la tradición popular de Varrón, viene de aperire (abrir), entendido como el mes en que la naturaleza está más exhuberante. Otros dicen que viene de la abreviatura etrusca del nombre de Afrodita (Apru); pero estas dos lecturas ya se han desechado. Al mes de Maius (mayo) se le relaciona con la palabra maiores (ancianos); pero también se cree que podría relacionarse con el nombre de una antigua diosa itálica de la fecundidad: Maia. Se piensa que ambas palabras podrían provenir de la raíz *ma- (hacer crecer). Respecto a Iunius (junio), Ovidio dice que viene de la palabra iuvenes (jóvenes); aunque en Los Fastos hace discutir a tres diosas sobre la etimología de este mes, y ellas se debaten entre: iuvenes, Iuno (diosa Juno) o iungere (unir). Los demás meses tienen su nombre a partir de la posición que ocupan en el año: Quinctilis es el quinto mes.

Numa colocó dos meses más delante de los antiguos: Ianuarius (dedicado a Jano) y Februarius (viene de februa -la purificación-, es un recuerdo a los antepasados). Para llegar a esta reforma, se fueron haciendo algunos arreglos que creaban más problemas. El calendario romuliano tenía unos 295 días; de esta forma, no se sabía exactamente cuando llegaban las estaciones. Los romanos se dieron cuenta de esto y decidieron ponerle 30 días a seis meses y 31 a los cuatro meses restantes; así quedaba el año en 304 días.

Cuando Numa hizo la reforma siguieron algunos problemas. Se estableció que febrero tuviera 28 días, que cuatro meses tuvieran 31 días y que los siete meses restantes tuvieran 29 días; de esta forma, el calendario quedaba fijado en 355 días. Más tarde se propuso que cada dos años se introdujera un mes nuevo de 22 o 23 días; a este mes se le llamaría Mercedonius (merces dare do = el que salda la cuenta); así, tenían dos años de 355 días, el siguiente era de 377 días, los dos años siguientes eran de 355 días de nuevo, el siguiente era de 378 días..., y así succesivamente. Además, si los pontífices lo creían necesario, podían alargar o acortar el año, añadiendo o quitando días, que recibían el nombre de intercalares. Ésto lo hicieron de forma abusiva con fines políticos, y se llegó a una situación de descalabro en el calendario (la gente ya no sabía en qué día estaba).

La reforma de Julio César, la llevó a cabo un astrólogo de Alejandría llamado Sosíades, que propuso un año constituido por 365 días y ¼ para poder controlar la situación anterior. El calendario de Numa terminó con un año de 445 días, ya que se había de cuadrar con el nuevo calendario. Este año fue de quince meses y se le llamó annus confusiones. Cada cuatro años se añadía un día a febrero, que se puso detrás del día 24 (el día sexto antes del primero de marzo -calendas de marzo-); por eso, el año al que se le añadía un día se le llamaba bis sextus (dos veces sexto -bisiesto-).

Habían días nefastus (ne fas -no hagas nada-), en los que no se permitía otra ocupación que no fuera la religiosa: no se podían celebrar juicios ni hacer comicios. Habían también días funestos, en los que no se podía hacer nada por que eran días de mal agüero; eran una superstición, no estaban marcados en el calendario y el vulgo los solía confundir con los días nefastus. Estaban los días fastos, en los que se podía hacer todo tipo de actividades; y luego, también existían unos días mezcla de nefastus y fastos, llamados nefasti parte. Podían ser de dos tipos: los días fissi (días cortados), que eran tres en todo el año y aparecían representados así:

% QRCF: era el nombre de dos de los días; uno era el 24 de marzo y el otro en el 24 de mayo. Se cree que es la abreviatura de “Quendo rex comitavit, fas” (cuando el rey ya ha asistido al comicio, haz). Se piensa que se refiere a una fiesta llamada Regi fugium (el rey huye). El sacerdote rex sacrorum hacía un sacrificio en el comicio y hacía una huida conmemorando la caída de la monarquía. Cuando terminaba este rito, el día ya era fasto.

% QSTDF: era el nombre del tercero de los días y aparecía al lado del 15 de junio. Esta abreviatura se supone que se resolvería así: “Quando stercus delatum, fas” (una vez el estiércol se ha barrido, haz). El quince de junio es el último día de las fiestas dedicadas a Vesta, y se barría de forma ritual su templo, ya que durante aquellos días había entrado mucha gente con sus animales y la casa de la diosa debería estar sucia. Cuando se terminaba de hacer ésto, el día ya era fasto.

El otro tipo de días nefastus parte aparecían representados en el calendario con la siguiente abreviatura: EN (endotercisus - intercisus- entrecortado). En total contaban ocho días que eran nefastus mañana y tarde (durante el ritual y el ofrecimiento de las vísceras de un sacrificio: el antes y el despúes del acto), y sólo era fasto en el momento del sacrificio.

11-04-02

Siguiendo las directrices del texto de Qvidio, nos habla de los días comiciales que en el calendario se marcaban con una “C”; él lo explica como días en que el pueblo era llamado al “recinto del voto”, según la traducción, pero en latín aparece la palabra saeptum (vallado con el que se limitaba el campo y también era el recinto de espera para ir a votar en los días de comicio. Habla también del ciclo o bloque de 8 días (esto vendría a ser nuestra semana). Esta división de ocho días se marcaba con las letras: A, B, C, D, E, F, G, H. El día A, por ejemplo, era el día de mercado o nundina. Ellos llamaban a la semana novem, (para ellos eran nueve días, para nosotros solo ocho); este era el bloque de los ocho días comiciales. También habla de las calendas ausonias (denominadas así literalmente por Ovidio). Eran tres puntos de referencia por los que los romanos establecían las fechas: calendas, nonas e idus; estos tres puntos de referencia son claro ejemplo de la influencia de la luna en el calendario.

% Las calendas:

Era el primer día de mes, el correspondiente a la luna nueva. Era un día dedicado a Juno y se hacían sacrificios a esa diosa; más tarde se hicieron las primeras teorías o interpretaciones: Juno es entendida como diosa de las mujeres; así que se aludía a Juno para favorecer o alentar el crecimieto de la luna, y por tanto, el paso de las calendas a las nonas. El día de las calendas se concentraba al pueblo en el Capitolio y se hacían sacrificios. El Pontifex Maximus determinaba la repetición de la invocación, que podía ser en siete o cinco días después, dependiendo de si iba a ser marzo, mayo, junio o octubre. La invocación era la siguiente: “calo iuno covella”. La palabra calo se ha relacionado con calendas; sería un verbo que habría derivado así, y que además, vendría de la raíz arcaica *kela (gritar, llamamiento conjunto). De esta forma también tendríamos intercalo, que etimológicamente significa proclamar o invocar; su aplicación primera era para los meses y días intercalados. En cuanto el significado de covella, habríamos de entender primero, que para ellos sería terrorífico vivir un transtorno de las manifestaciones de la naturaleza, así que, con esta palabra, se invocaba al curso normal de ésta.

Covella viene de la palabra cava (curso normal), y a su vez, evoluciona en cavella (el cambio de vocal es normal, puesto que habiendo detrás una “v”, implica un cambio de timbre). Con cavella se alude, provablemente, a la luna en cuarto creciente (ni llena ni nueva). En ese momento, el Pontifex Maximus oficiaba la ceremonia e indicaba el día en que iban a llegar las nonas. Proclamaba los días fastos, los nefastos y dictaminaba lo que iba a ser la vida privada de los romanos durante aquel mes.

% Las Idus:

La forma arcaica de esta palabra es eidus, así que no es extraño que en el calendario aparezca la forma abraviada “EID”. En un mes lunar, el punto culminante era la luna llena, fecha en la que se fijaban las idus. En mayo y en junio estaba en el día quince, y en el resto de los meses estaba en el día trece.

Parece ser que la hipótesis más segura acerca de la procedencia de este nombre, es la que habla del préstamo etrusco de la raíz itus-; mientras que otra hipótesis dice que proviene de otra palabra etrusca: iduar. Hay una teoría, además, que propone que eidus pueda venir de la raíz indoeuropea *aidh (brillar, quemar). Los idus eran días de sacrificios en honor a Júpiter en los que se sacrificaba una oveja blanca, según Ovidio (esto es importante, ya que a los dioses se les ofrecían sacrificios de preciados animales blancos, en contra de los temidos animales negros que eran símbolo de lo infernal).

% Las Nonas:

Eran los días comprendidos entre las calendas y los idus. En marzo y en mayo empezaban el día siete y en el resto de los meses, el día cinco. Se creía que las nonas coincidían con el cuarto creciente. Para los romanos, había nueve días entre los idus y las nonas, además, a éstas no se les había atribuído ninguna divinidad. El día antes que empezaran las nonas, el calendario enía marcado por las siglas “PR” de pridie (el día antes, víspera).

Ovidio también habla de los “días negros”, que estaban relacionados con la superstición; casi llegaron a ser oficiales y marcados en el calendario. Recibían el nombre de funestos, y la mayoría eran días marcados como fastos en el calendario. Eran días de mal agüero y estaban colocados después de las calendas N e I. Esta superstición la explica Plutarco: dice que tuvieron lugar dos derrotas militares el día después de los idus de Junio; esto se extendió entre la población y trasladaron esta creencia al día después de las calendas. Además, los días en que se producían nuevas derrotas, también pasaban a ser días negros; por ejemplo, el día quince de marzo era el día de la muerte porque fue en esa fecha cuando asesinaron a César. Las fiestas dedicadas a los muertos también eran consideradas días negros.

El uno de marzo y el 19 de octubre también eran días funestos, ya que eran los días en que los salios sacaban las lanzas del lugar que las custodiaba y que luego las guardaban, clausurando así, el ciclo militar. Los días dedicados al templo de Vesta (del siete al catorce de junio). También días negros eran los llamados mundus patet; patet significa “abierto” y mundus puede significar: universo, tierra, mundo infernal o de intratumba, o fosa (cuando una fosa estaba abierta recibía el nombre de mundus patet). Siguiendo esta última interpretación, encontramos que en el libro IV de Los Fastos, Ovidio relaciona al mundus con la fundación de la ciudad.

Cuenta que, tras construir el Pomedio (edificio que más tarde fue considerado recinto sagrado), se creó en él una fosa o zanja que se rellenó de objetos procedentes de las tierras de los fundadores de la nueva ciudad; era como una ofrenda para los antepasados. En los días del mundus patet, se hacía descender a un niño por esa zanja, y según lo que viera allí, podía utilizarse para predecir lo que iba a suceder en aquel año. Era un día considerado con bastante reticencia, por que se pensaba que los antepasados, al ser descubiertos, abandonarían la ciudad.

% Fiestas señaladas:

Enero: Se celebraban los Carmentalia (celebraciones del parto) en honor a Jano, que era el dios a quien estaba de dicado el mes. También a él se le dedicaban los Agonalia (fiestas en las que se realizaba el sacrificio de un carnero). El verbo agonio que forma este nombre, probablemente derive de la partícula interrogativa agone? (¿procede?).

Febrero: Las fiestas más importantes de este mes eran las Lupercalia, que estaban organizadas por una cofradía sacerdotal, cuyos miembros recibían el nombre de lupertales. La gruta lupercalia estaba situada en el Palatino; se decía que allí la loba había amamantado a Rómulo y a Remo. El día quince, los lupercos realizaban el sacrificio de un perro o de un macho cabrío; Ovidio dice que a este sacrificio asistía un flamen, pero esto no es creíble debido a la prohibición que tenían de hacer sacrificios de animales. Cuando tenían el cuchillo con sangre, se lavaban la cara con leche, empezaban a reír vestidos con taparrabos y corrían por el Pomedio; hacían carreras con las correas hechas con la piel del animal sacrificado e iban dando latigazos con ellas a las mujeres, las cuales se ofrecían a esto para obtener una fecundidad próxima. Luego, se celebraba un combate y la cofradía se dividía en dos partes: los favios y los quintilios. Hay una anécdota recogida en la literatura, y sobretodo por Shakespeare, que dice que durante esta fiesta se le ofreció a César una corona para que fuese Rex Sacrorum, y poco tiempo después fue asesinado; por eso, esta fiesta dejó de celebrarse. Ovidio toma el lexema de la palabra Lupercalia “lucos”, y dice que proviene de la palabra lupus (lobo); habla también del parecido de esta fiesta con otra de origen griego y propone unirlas. Cuenta la anécdota de juventud de Rómulo y Remo en la que se basa esta fiesta, en la que Remo (representado por los favios) recupera lo robado, mientras que Rómulo (quintilios) llegó tarde. Ovidio lo dijo al revés y eso fue lo que le costó el destierro.

16-04-02

Marzo: Era el mes en el que se iniciaba el ciclo guerrero y el ciclo agrícola; así que, todas las ceremonias del mes tenían que ver con la apertura y clausura de estos ciclos. En las calendas de marzo se celebraba la procesión de los salios (salii). Según la leyenda, en tiempos de Numa cayó un escudo del cielo enviado por Júpiter, que aseguraba el poder de Roma. Numa, para evitar que fuese robado, encargó a un herrero llamado Mamurio Vetulio que forjara once escudos más y que se guardaran en el templo del Palatino. Estos escudos tenían forma de ocho o de violín, y por ello recibían el nombre de ancilia (ambo caed -cortados por ambos lados-). Durante la procesión, los salios cogían los escudos haciéndolos sonar como si invocaran a la guerra; se paraban en determinados lugares e iniciaban una danza ritual caracterizada por los saltos, de ahí el nombre de salii. Era una danza ritual en honor a Roma, en donde estos salios llevaban unas túnicas muy llamativas; la fiesta concluía con un banquete.

El ciclo guerrero terminaba en octubre y se celebraba mediante una fiesta llamada “la fiesta del caballo de octubre”. Consistía en una carrera de bigas; se sacrificaba de forma brutal al caballo de la derecha de la biga ganadora. Antes de matarlo, se le había colgado al cuello una corrona de pan para pedir buenos tiempos en la cosecha. Luego, se le cortaba la cola y se la llevaban al Pontifex Maximus; la sangre tenía que gotear en el suelo para que diera buena suerte. La cabeza del animal se la disputaban entre dos barrios: el de la Via sacra y el del Surbarum. Era una fiesta mezcla de rito agrario y guerrero.

Se celebraban también los llamados Tubilustium y Armilustium, que eran fiestas para clausurar un ciclo. Se hacían sacrificios para purificar las armas y las trompetas guerreras antes de guardarlas.

Como conclusión al apartado de los pontífices y del calendario que diseñaban, podemos decir que, para llevar a cabo cualquier acto público, se había de observar que en el calendario no hubiera ningún obstáculo. Hasta las Leyes de las 12 Tablas (mitad del s.V a.C.), los pontífices podían sancionar actos políticos muy importantes; la justicia no estaba laiquizada. Su dictamen no estaba sometido al criterio de nadie, así que era una imagen muy influyente. Administraba la riqueza y los otros grupos sacerdotales dependían de él. Era el heredero de los poderes del rey, pero su figura fue ocupada por los emperadores.

Las Vestales:

Eran las sacerdotisas de Vesta y eran seleccionadas por el pontífice. Él podía castigarlas si violaban su voto de castidad y era el único que podía tener entrada al templo (aunque restringida). Para que una joven fuera vestal, tenía que cumplir una série de requisitos; eran los siguientes:

• Tenía que ser mayor de seis años, pero menor de diez.

• Sus padres tenían que estar vivos, y que ni ella ni su padre estuvieran emancipados (que sus padres no hubieran perdido la patria potestad).

• No podía tener ninguna hermana en el sacerdocio.

• Sus padres no podían haber estado nunca en servidumbre.

• No podía ser la hija de un sacerdote, ni la mujer del pontífice, ni la hija del encargado del Tubilustium.

• Tenía que ser hija de un ciudadano romano.

Si se cumplían todos los requisitos, se hacía un sorteo entre todas las aspirantes; con el paso del tiempo, este sorteo dejó de ser necesario por que habían muy pocas candidatas (a las famílias no les gustaba tener que ofrecer a sus hijas en sacerdocio e ideaban estratagemas para evitar que así fuera). Las escogidas pasaban directamente de la potestad del padre a la del Pontifex, lo cual quería decir, que ahora era él quien tenía el poder sobre su vida o su muerte. Por otra parte, pero, recibía el dercho de testamentar y de testificar en un juicio (cosas que no podían hacer el resto de mujeres). Cuando en los textos se habla de la reclutación de vestales y de otros sacerdotes, se usa el verbo capio (ser tomado).

Cuando el pontífice recoge a la nueva vestal, le dice unas palabras: “Te tomo -amata- y te nombro sacerdotisa de Vesta...”. Según la leyenda, le llama “amata” por que éste era el nombre de la primera vestal. Aparte de la leyenda, se dice que este nombre viene del griego amádata (no casada), y otros dicen que viene del verbo amare (amar), en el sentido de “persona querida”. El período de consagración era de 30 años, después del cual podían abandonar (lo hacían muy pocas) e incluso casarse (lo hacían menos todavía por que se consideraba algo de mal presagio).

El motivo de la castidad es incierto, pero se cree que es por la llama del templo de Vesta, el cuidado de la cual estaba a cargo de las sacerdotisas; se relacionaba, pues, la incorruptibilidad del fuego con la castidad. La forma de vida de las vestales significaba para Roma una garantía de las buenas relaciones entre el pueblo y los dioses. Se formaba un gran revuelo cuando una vestal infringía su voto, a lo que llamaban crimen incesti (crimen contra la castidad), y era un mal augurio para todos los romanos, así que el castigo era terrible.

23-04-02

El castigo consistía en encerrarlas en un zulo bajo tierra y dejarlas morir allí. No las mataban directamente por que asesinar a una vextal se consideraba algo impío. Cuando hacían esto, esperaban aplacar la ira de los dioses por la violación del voto de castidad, pero a la vez, consideraban algo tan terrible el tener que matar a una vestal, que celebraban un rito o un sacrificio para paliar el asesinato. El lugar donde estaba el zulo se llamaba campus sceleratus (lugar macabra). Si se sabía quién había sido el amante de la vestal, se le castigaba a una muerte a latigazos a manos de Pontifex. Todo esto era un castigo necesario por que se tenía mucho miedo cuando se infringía el voto de castidad.

Hay una trasposición de las tareas que realizaban las vestales con las que realizaban las mujeres que estaban en sus casas. Lo que hacían las vestales era muy importante para todo el pueblo y para el gobierno. Se encargaban del mantenimiento del fuego sagrado y de la preparación de determinadas sustancias; era como la sacralización de las actividades que realizaban el resto de las mujeres en sus casas.

Cuando se apagaba la llama del fuego sagrado, la vestal responsable era azotada. La llama debía ser prendida de nuevo mediante dos palos de madera de un árbol fértil (no se podía encender de otro fuego, había de ser un fuego primero).

En cuanto a las sustancias que fabricaban, está una que se llamaba mola salsa (molido y salado); eran las características de una torta de harina que se desmigajaba en la cabeza de un animal antes de ser sacrificado. A este acto se le llamaba inmolatio (inmolare: desmigajar la torta en la cabeza de un animal; ahora significa sacrificar). Otro producto era el sufimen, que se usaba para fumigar los campos tirándolo al fuego.

Los privilegios de las vestales, además de los que ya hemos visto, eran muchos más. Cuando iban por la calle, las acompañaba un lictor (encargado de abrir paso y de anunciar la llegada de la persona a la que acompaña), que sólo lo tenían los reyes y las magistraturas más altas. En los espectáculos públicos tenían reservadas tribunas de honor.

Los Flámines:

La etimología de la palabra flamen había tenido hasta ahora la misma interpretación: que venía de la misma raíz indoeuropea que la palabra brahman (sacerdote guerrero indio), la raíz *bhlagmn (ofrenda). Hoy no se cree que la solución sea esa; ya Varrón relacionaba la palabra flamen con filum (hilo de lana), haciendo alusión a la vestidura del flámine. Iban vestidos con un gorro blanco coronado con un apex (hoja de laurel rodeada con hilo de lana); por lo que se ve, esta era la marca más característica de los flámines.

Eran los sacerdotes de una divinidad en concreto, y no constituyen ninguna cofradía como otros sacerdocios; eran autónomos. En total eran quince, pero de ellos, hay que destacar a los tres flámines mayores: flamen dialis (flamen dial, sacerdote de Júpiter; relacionado por la raíz *dieu), flamen martialis (flamen marcial, sacerdote de Marte) y flamen quirinalis (flamen quirinal, sacerdote de Quirino). El resto de los flámines estaban dedicados a otros dioses. Constituyen un sacerdocio raro y especial; Plutarco dice del flamen dialis que es la imagen animada y sagrada del dios, algo que también es válido para los otros flámines mayores. Sería pues, un sacerdote-dios que no hace nada en las ceremonias, pero que su presencia es imprescindible para dar un carácter sagrado al acto. Participaban en muy pocas ceremonias, pero estaban en todos los actos dedicados a sus respectivos dioses. Aparecían los tres juntos en una fiesta de octubre en honor a Fides, que se celebraba en el templo de éste y en dónde aparecían montados en un carro junto al Rex Sacrorum. Hacían un sacrificio, y luego, entre ellos, se daban la mano derecha (símbolo de los pactos) envuelta en un paño blanco (que volvía sagrado a aquello que cubría).

El flamen dialis parece que representa el papel de Júpiter en la tierra; toda su vida está regida por normas muy estrictas que sólo se pueden entender por la supuesta encarnación que representaba de Júpiter. Algunas de las normas eran estas:

• No puede montar a caballo.

• Se le prohibe contemplar al ejército.

• No puede jurar por Júpiter.

• No puede llevar anillos, a menos que estén abiertos y vacíos.

• No puede llevar nigún nudo.

• No puede tocar ni nombrar las habichuelas, a los animales de sacrificio (perro y cabra) ni la carne cruda.

• No puede pasar más de tres noches fuera de Roma.

• No puede salir de casa con la cabeza descubierta.

• No puede tocar ni comer pan hecho con levadura.

• Si queda viudo, ha de rebunciar al cargo.

• No puede tocar un muerto ni ir al cementerio.

• Su pelo lo ha de cortar un hombre libre.

• Las uñas y el pelo cortados se han de enterrar al lado de un árbol fértil.

• No puede sacarse la túnica inferior al aire libre, por que nadie le puede ver desnudo.

Como Júpiter era el ser más puro de todos, el flamen dialis había de mantener alejado de sí mismo todo lo impuro o relacionado con la muerte y la destrucción. Se relacionan algunas normas con la unión de Júpiter con Roma y con el carácter de veracidad de los pactos, y también con con la idea de que Júpiter es el dios supremo. Estas normas también se aplicaban a los otros dos flámines; sólo era más importante que él el Rex Sacrorum. En el Senado se sentaba en la silla curul, tenía un lictor como las vestales. Cuando se elegía un flámine, se celebraba una ceremonia presidida por el Pontifex.

Era imposible que fueran cónsules o que ocuparan alguna magistratura por que no podían tener contacto con el ejército. Valerio Maximo cuenta anécdotas de los flamen quirinalis y martialis; uno de ellos (el flamen marcial) era cónsul y estaba preparando una campaña militar fuera de Roma. El Pontifex no se lo permitió por tener que pasar más de tres noches fuera y por tener contacto con el ejército.

2-5-02

Los Augures:

Constituyen uno de los principales grupos sacerdotales de Roma; se considera que son los sacerdotes más antiguos de Roma, no por el propio augur, sinó por el rito de augurio; se dice que se practicó por primera vez cuando se fundó la ciudad y que lo hicieron Rómulo y Remo. La función de los augures era consultar los augurios y los auspicios; es decir, descubrir la voluntad de los dioses.

Está claro que el término “augur” deriva de la raíz latina *aug- (hacer prosperar, augmentar; y que dio varias palabras en latín: augeo, auctor, auctoritas...). La palabra augur está restringida al campo religioso; antes se pensaba que podía venir de un neutro que significara “garantía que dan los dioses”, entonces, augur sería “el que garantiza la voluntad de los dioses”. La terminación de la palabra es la de un agente (persona que hace algo), de ahí la interpretación anterior, pero el augur era una persona que se limitaba a recibir y a comunicar. Los augures conocían una série de señales que podían enviar los dioses, y cuando realizaban el rito, garantizaban que aquello que habían interpretado era cierto y se iba a producir.

La raíz *aug- también da el adjetivo augustus, que se aplicaba a todas las casas que habían sido inauguradas y consagradas con una toma de augurios. Se decía que el princeps tenía una fuerza divina, algo especial. Ese es un paso muy importante en la divinización de los emperadores, que pasarían a llamarse Augustus.

Hay más términos relacionados con el verbo augurare e inaugurare (inaugurare -hacer augurios para inaugurar algo). Hay confusión entre los términos augur y augurium por un lado, y auspex, -icis y auspicium por el otro, ya que se parecen mucho fonéticamente, pero las dos últimas formas vienen de la construcción avis specio (mirar a las aves). Era otra técnica de augurio consistente en observar el vuelo de los pájaros. Como los augures usaban mucho esta técnica, de ahí que se llegaran a confundir estas palabras.

El cargo de augur era vitalicio; los augures formaban un colegio o asociación. En tiempos de César llegaron a ser 17, antes de esto, es incierto el número que había. No había ningún augur máximo, eran independientes los unos de los otros. Cuando había un puesto vacante, el aspirante debía estar respaldado por dos augures más; las votaciones se hacían entre ellos y el Pontifex no tenía nada que decir allí. Esta ceremonia y otras reuniones las hacían en el Auguraculum (era un monte pequeño, ya que la toma de augurios se solía hacer en lugares elevados). Habían dos tipos de resultados en la toma de augurios:

Oblativa: eran los espontáneos, que se presentaban por sí solos y no habían sido solicitados. Solían designar cosas terribles.

Impetrativa: viene de impetrio (búsqueda de un augurio favorable). Eran los que habían sido demandados.

Marco Celio dice que hay cinco tipos de signos:

ex avibus (los signos procedentes de las aves)

ex tripudiis (los procedentes del tripudio o de los pollos sagrados)

ex caelo (los procedentes del cielo)

ex quadrupibus (los procedentes de los animales)

ex diris (expresan presagios terribles)

De los primeros (ex avibus) dice que se observa el canto de los pájaros, y que no todas las aves eran buenas para este rito. Sobretodo, se observaba su vuelo, hacia dónde iban y cómo lo hacían. El lugar favorable era la izquierda; a los buenos presagios de les llamaba auspicium sinistrum (se aconsejaba llevar a cabo los planes para los cuales se había hecho el augurio). Lo de la izquierda nos podría parecer relativo, ya que depende de dónde se esté situado.

Hay dos textos que hablan de esto: uno de Plutarco y otro de Varrón. Plutarco decía que los augures griegos se ponían mirando al norte, por tanto, el ave debía hacia el este. Varrón decía que el augur debía estar mirando hacia el sur, pero el resultado sería el mismo (el este). En cambio, Livio y Dionisio de Alicarnaso dicen que el augur debe mirar hacia el este (nacimiento del sol), y entonces la izquierda sería el norte. Independientemente de si mirara al sur o al este, el augur establecía cuatro zonas mentalmente y valoraba el vuelo de las aves.

Cicerón nos cuenta acerca de los segundos signos (ex tripudiis). Al parecer, esta técnica era un poco sorprendente; consistía en dar de comer a unos pollos sagrados. Estos pollos debían de querer comer, y además, debían dejar caer las migas de lo que comían para traer buenos presagios. El significado de tripudio (tres patas) es incierto aquí; puede ser por que se hiciera a tres tiempos o por que al tocar con el pico en el suelo, los pollos tendrían tres puntos de soporte, etc. Cicerón, en cambio, dice que esta palabra viene de terripudio (golpear la tierra), pero no es así. En este texto, Cicerón estaba haciendo una crítica sobre el modo que se estaban haciendo últimamente los auspicios.

Los tres últimos signos (ex caelo, ex quadrupibus y ex diris) eran oblativa, y los romanos los consideraban fenómenos prodigiosos y que traían malos presagios que se habían de expiar inmediatamente. Iulius Obsequens (un escritor prácticamente desconocido) extrae de toda la obra de Tito Livio todos los capítulos relacionados con los prodigios y portentos a los que los romanos temían tanto.

La importancia de los augures no estaba sólo en decidir si una cosa debía hacerse o no. En Roma, todo lo que se hacía nuevo se había de inaugurar con una toma de augurios: convocatoria de comicios, toma de una magistratura, inauguración de una casa o de una ciudad, la partida del ejército, etc. En este sentido, Livio nos explica cómo se hacían las inauguraciones.

MITOLOGÍA I RELIGIÓN ROMANA - T1 Asignatura Optativa

2º Cuadrimestre

2

-Plutarco; Las cuestiones romanas.! libro muy recomendado