Reyes Católicos. Carlos V

Historia de España en el siglo XVI. Enfrentamientos militares. Herencia imperial. Conquista de América. La reforma

  • Enviado por: Cristobal Illanes
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  • País: España España
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SUS PREDECESORES, LOS REYES CATÓLICOS, ISABEL DE CASTILLA Y FERNANDO DE

ARAGON.

Cuando la Reina Católica subió al trono de Castilla, que permanecía vacante

tras la muerte de su hermano Enrique IV (1454-1474), la península ibérica

formaba un conjunto de 5 Estados: Portugal, Castilla, Aragón, Navarra y el

Reino Arabe de Granada. Un censo del año 1482 daba aproximadamente 7.500.000

habitantes para el reino de Castilla, un millón para los habitantes de Aragón

y a partir de 1492 había que contabilizar 700.000 habitantes del reino de

Granada. Existían una treintena de ciudades, siendo la población del campo

tres veces más numerosa que la población urbana.

Las clases sociales.

- La nobleza.

Se distinguía la gran nobleza, la media y la pequeña. En Castilla los grandes

nobles eran ricos en dinero y en poderío. Formaban una casta muy cerrada, en

la que el título y la herencia se transmitían indivisiblemente del padre al

primogénito. La segunda categoría de la nobleza se originaba en los

segundones de las grandes familias, que víctimas de la ley inexorable sobre

los mayorazgos no disponían de otros medios, para crearse una situación, que

ingresar en la iglesia, en el ejército o en la magistratura.

- El clero.

Los siglos XIV y XV vieron como el relajamiento de las costumbres

eclesiásticas alcanzaba su apogeo. Numerosos clérigos ejercían un segundo

oficio, además de su sacerdocio, los había comerciantes, escribanos públicos y

comisionistas. Algunos se convertían en titiriteros o bufones, otros ejercían

los oficios menos recomendables. El concubinato había arraigado profundamente

en las costumbres del clero Español en los últimos siglos de la edad media.

- Las poblaciones urbanas.

La población urbana era el 15% de la población total del país y estaba

formada principalmente por La burguesía, que comprendía la gran burguesía y la

clase media y el pueblo. Como clase social, la burguesía española no comenzó a

contar sino a partir de los últimos años del reinado de los Reyes Católicos y

sobre todo, tras la expulsión de los judíos que mantenían en sus manos, la

casi totalidad del comercio del país.

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Lo que distinguía a la burguesía de los nobles (que eran los propietarios del

capital tierra), era su calidad de dueños del capital dinero.

La clase media estaba constituida por elementos tan numerosos como dispares,

entre ellos, los comerciantes, que eran aproximadamente el 20% de la población

urbana. Por otra parte, la gran masa humana, que representaba el 80% de dicha

población, era conocida como pequeño pueblo o pueblo llano; comprendía los más

diversos oficios, obreros no clasificados y una multitud, confusa e inestable

eternamente errante que eran los sin trabajo ya por fuerza o por gusto; se

puede añadir a todo esto la afluencia incesante de los campesinos atraídos por

la esperanza de ganarse más fácilmente el pan en los centros urbanos.

- La población rural.

La agricultura y ganadería constituyen la base fundamental de la economía

española. Al norte estaban los granjeros y al sur los trabajadores

jornaleros o asalariados.

La concentración de un gran número de tierras en las manos de una minoría,

fue el origen de una gran cantidad de mano de obra asalariada; algunos

trabajaban con contrato fijo y otros trabajaban durante la estación de

cosechas.

RETRATO DE CARLOS V

En el atardecer del 17 de septiembre de 1517 desembarcaba en la abrupta costa

Asturiana, un endeble adolescente llegado de Flandes para recoger la herencia

que le habían dejado sus abuelos maternos: la corona de un país en el que no

había puesto nunca los pies y del que ni siquiera conocía el idioma.

El extraordinario destino que tuvo el archiduque Carlos de Habsburgo, único en

la historia de Europa desde Carlomagno, promovido a emperador de Ambos Mundos,

es lo que se describe brevemente a continuación: En torno a Carlos V se

produce el giro más espectacular que la historia de Europa ha

conocido. En torno a él, compañías de soldados bien instruidos giran el

destino de numerosos pueblos y de Europa entera.

Estos vastos movimientos, no todos dentro de un campo de visión intelectual

explican un fracaso. En cuanto a la talla eminente de su persona en la

historia se debe menos a un genio político o a un genio militar, sino a que su

integridad, su dignidad y la envergadura de las ideas políticas que guiaron su

conducta. Siendo el último de los Reyes Católicos, sentía profunda y

sinceramente las obligaciones que al individuo impone el honor, sobre todo

quien pertenezca a una familia de blasón como la suya una de las

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de mayor grandeza en Europa. El buen nombre de su casa y el deber de

servirla, se traduce en todas sus direcciones y después la unión y la paz

entre cristianos, confraternal con el Papa como uno de los dos jefes de la

cristiandad, obligado a defender la fe contra la amenaza Turca. Este hombre

fastuoso cuando había que hacerlo, pero de costumbres sencillas y hasta

modestas cruzaba Europa con gran libertad. Carlos V estaba hecho a que sus

consejeros se arrodillasen para hablarle; ¿cómo no iba Carlos V a sentirse

designado por la mano del señor?

Carlos I (V del Sacro Imperio Romano) (1500-1558), rey de España (1516-1556)

y, como Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1519-1558);

hijo de Felipe de Habsburgo (el Hermoso) y de Juana de Castilla (la Loca).

Una herencia imperial

La política matrimonial de sus abuelos, la muerte de su padre, la desaparición

prematura de presuntos herederos y la incapacidad de su madre concentraron en

su persona las dispares herencias de las cuatro dinastías. De su abuelo

Maximiliano heredó los territorios centroeuropeos de Austria y los derechos al

Imperio, de su abuela María de Borgoña los Países Bajos, de Fernando el

Católico los reinos de la Corona de Aragón, además de Sicilia y Nápoles, y de

su abuela Isabel I la Corona de Castilla, Canarias y todo el Nuevo Mundo

descubierto y por descubrir.

Carlos vivió y se educó durante los primeros años en la corte flamenca.

Huérfano de padre y alejado de su madre, recibió de su preceptor, Adriano de

Utrecht, una esmerada educación, una excelente preparación cultural y

religiosa, y el gran sentido idealista y caballeresco que aún pervivía en el

ambiente borgoñón, aunque le faltó el sentido práctico de un auténtico

estadista. En 1515 se hizo cargo del gobierno de los Países Bajos, que debido

a su inexperiencia dejó en manos de Guillermo de Croy, y a la muerte de su

abuelo Fernando (1516), se convirtió en rey de España. En 1519 logró su máxima

aspiración de convertirse en emperador, título al que deseaba dar un contenido

positivo, sustituyendo el simple vínculo jurídico por un ideal común, al que

bajo su dirección cada componente del Imperio aportaría su propia

originalidad. Carlos, sin embargo, a lo largo de su vida


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En su primer viaje a España en 1517 visita a su madre, ya loca, en Tordesillas

y muere ese año el cardenal Jiménez de Cisneros regente de España desde la

muerte de Fernando el católico. Bajo la influencia de dos consejeros flamencos

cometió varios errores en este primer viaje vendiendo cargos y beneficios

Este saqueo manifiesto de la riqueza del país no había sido visto jamás. La

oposición popular fermentaba en el seno de las comunidades o sea los

organismos municipales que eran entonces, centro administrativo y político de

gran actividad. El rey representante de Dios en la tierra, tenía en sus manos

todas las libertades; si cedía una parte a alguien, esta libertad concedida

constituía un privilegio.

La corona tendía a restringir el poder de grandes y de ciudades, y por eso los

Reyes Católicos habían creado el corregidor que se infiltraba en el centro del

poder municipal.

Cuando el joven rey cometió el desatino de nombrar a un canciller flamenco

como presidente de La

Cortes, en 1518, los miembros protestaron y el rey tuvo que aguardar ser

reconocido por Las Cortes hasta

haber jurado que respetaría los deberes del reino. El segundo acto del drama,

tuvo lugar en La Coruña, en

1520, en vísperas del embarque del rey para coronarse emperador. Violados los

juramentos hechos

anteriormente, sus asesores flamencos vendieron en España cuanto podían,

mercedes, oficios, obispados,

dignidades y otros oficios, de manera que faltaba la justicia y sobraba la

avaricia. Empieza así un

período en España muy castigado, donde pequeños artesanos toman las armas

contra nobles y moriscos,

estimulados por las vacilaciones del rey Carlos. Segundones e hidalgos pobres

que vivían a costa de la

gran nobleza en reserva de ir a luchar en las huestes de tal o tal príncipe,

también constituían parte de los

Sublevados.

Se trataba de un país que quería seguir siendo libre y se negaba a la

explotación. El pueblo como el Español, tenía tras de si siglos de estrechas

relaciones con Francia e Inglaterra, generaciones de familiaridad con Italia,

posesiones en Nápoles y Palermo, siglos de comerciar con los países bajos, sin

contar que por aquel entonces iba a conquistar México y en medio siglo dominar

a un continente.

Los españoles querían que su rey, aún emperador, residiera en España el mayor

tiempo posible. Sobreviene la derrota de las comunidades, que fue un desastre

para España. Si la autoridad real hubiera seguido los consejos de prudencia,

España hubiera crecido en armonía. La monarquía aliada con la nobleza y

contra el pueblo organizado, tuvo graves consecuencias, instaurándose el

absolutismo.

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Carlos V enuncia el concepto de Monarquía Cristiana Europea, concreta en el

pensamiento pero vaga en la acción. Este concepto-sentimiento, va ha

desmoronarse durante su reinado por el flujo de 2 sucesos renovadores: La

Reforma y El Descubrimiento de América; pero además, Carlos V mantendría el

principio de la unión personal de varias coronas fundadas en mero azar

hereditario, apoyado en sabia política matrimonial, contra el nacionalismo

vigoroso de Francia y la misma España.

Se situó pues en el centro de ideas fuerzas históricas antiguas y nuevas, que

actúan en él y por él y por el consciente o inconsciente, convergentes o

divergentes. Por eso el gran emperador multinacional y cristiano, adversario

como europeo de los Reyes Nacionalistas Francisco I de Francia y Enrique VIII

de Inglaterra, será también, aunque sin darse cuenta, nacionalista Español.

Para Carlos V, el objetivo de la política imperial era la cristiandad en paz

interior y en guerra con el Turco y el infiel. Afirma que no quiere el

imperio para ganar nuevos reinos, sino para desviar grandes males de la

religión cristiana y una empresa contra los infieles.

Carlos V es reconocido como un gran príncipe cristiano; pensaba que la

conquista de otros reinos que los que de derecho natural le pertenecían, era

tiranía. El no pretendía tiranizar a los pueblos apoderándose de lo que no le

pertenecía, pues se contentaba con lo que tenía. Las ideas las estuvo

reiterando durante los 41 años de su reinado, siendo un hombre de mucha vida

interior que demostraba profunda sinceridad cuando expresaba la duda, la

angustia, la búsqueda de la verdad y de la justicia. En el fondo de su ser,

sus relaciones con los demás protagonistas del drama de la cristiandad, fueron

siempre más humanos que políticos. Carlos V no sólo creía en Dios sino en el

derecho divino de todo monarca de buena voluntad.

En Francisco I de Francia, sentía la falta de fervor religioso. Para

Francisco I, Carlos V podía jugar todo lo que quisiera a ser el soldado de

Dios, siempre y cuando no lo cercara a él en Francia con una barrera de

territorios imperiales y si para romper esta cadena y abrir paso a Francia le

era menester aliarse con el Gran Turco y mandar armas a los de Túnez y Argel,

así lo haría.La diferencia entre ambos monarcas, no era una querella personal;

procedía de un desfase histórico: Francisco I vivía el mañana, en cambio

Carlos V vivía en el ayer para el pasado mañana. Francisco I estaba cando a

Francia y Carlos V soñaba en el imperio medieval y vislumbraba ya los

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Estados Unidos de Europa. Carlos V tomaba su religión enserio y la

consideraba como la misma arma de un político.

El emperador se sentía respetuoso del santo padre por indigno que el Papa

fuese. La lógica de la situación imponía una reforma de la iglesia. Reformas

a tiempo en la iglesia, habrían evitado quizás a

la iglesia el sismo protestante que se realizaba como un movimiento paralelo

derivado de la reforma luterana.

*El imperio que soñaba Carlos V con una unidad cristiana, era amenazado por el

nacionalismo de Francisco I y por Lutero. Enrique VIII y Lutero fueron los

propulsores del culto moderno.

Lo que Carlos V perseguía, era la reforma de la iglesia y por ella la reforma

pacifica de los protestantes. La política de entendimiento no daba frutos,

mientras la cristiandad estallaba desde dentro por la fuerza explosiva de la

energía. También se dilataba hacia fuera de modo peligroso para su unidad por

efectos de los descubrimientos. Los hombres descubiertos por Cristóbal Colón,

no eran ni cristianos ni negros ni moros.*

No es muy probable que Carlos V se halla dado cuenta de las consecuencias que

el descubrimiento del nuevo mundo iba a ejercer para la

noción de cristiandad que tan cara le era. Para él aquellos países remotos se

traducían en un inmenso prestigio para su corona española: copiosas rentas que

tanto necesitaba para sus múltiples actividades reales e imperiales; y un peso

más para su consciencia ya abrumada de rey cristiano, responsable del

bienestar y de la salvación de sus nuevos súbditos.

Si por un lado el hachazo de Lutero viene a endir el viejo roble de la

cristiandad y por otro la fronda exuberante del nuevo mundo tiende a agotarlo

y aún a marchitarlo, el peligro turco por el contrario ejerce sobre la unidad

cristiana un efecto tónico y estimulante. La meta era realizar la unión de

oriente y occidente, y conquistar los lugares santos para converger en

Jerusalén.

El emperador no realizaba política nacional y por lo tanto no le era fácil

hacer política española.

En 1551 Trípoli cayo en manos de los turcos y las incursiones turcas se

multiplicaron en Hungría. Por otra parte, el emperador volvió de sus campañas

contra los protestantes para sitiar Methos pero fracaso, perdiendo

Alemania.Entretanto se moría el sultán en Hungría y su ideal de unidad

cristiana se rompía en el Mediterráneo, en Argel y en Insbruk. El desastre

también había afectado a los hombres; en los Reyes de Francia, aliados del

gran turco y de Barbaroja; en los Papas, dispuestos a crucificar a Cristo para

favorecer a sus

Encarta 97 en Ingles.-

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sobrinos más o menos carnales, en los príncipes alemanes siempre aptos a la

tradición para ganar más en el otro lado; en un propio hermano, Fernando el

emperador que debió pasar entonces por una baja de

presión moral y aun quizás mental. A causa de sus constantes apuros de

dinero, eran múltiples la bastedad e incoherencia de sus dominios. La

enormidad de sus empresas en repugnancia de gran señor

para con las cosas concernientes con el dinero. Para el no era tan fácil

dominar la hacienda de un dominio tan vasto y complejo, donde cada cual

hacía lo que le parecía. En Alemania los esfuerzos del emperador para

establecer un tesoro común para la defensa contra los infieles fracasaron en

1552. En Italia ajena cada uno de sus países se bastaba a si mismo. Los

reinos de la corona de Aragón no abrían la bolsa y sólo Castilla y algo menos

los países bajos alimentaban el tesoro imperial, Carlos V se describe como

testarudo como el sólo. Antes de tomar una decisión Carlos V tenía la

costumbre de escribir el pro y el contra en dos columnas pesando, pesa

bien la una contra la otra y tomada la decisión, no cambiaba

jamás. Toda su carrera pone de manifiesto su sensibilidad fina y

aristocrática, siendo casado tuvo gran amor a la

emperatriz, su mujer.

*-En el consejo de Flandes la salud lo obligaba a dejar el poder, volviéndose

hacía su hijo Felipe y con abundancia de lágrimas y palabras muy tiernas, le

encomendó el amor que debía tener a sus súbditos y el cuidado en el gobierno y

sobre todo la fe católica, pero Felipe que sólo sabía la lengua española que

no podía expresarse ni en francés ni en Flamenco ni sabía la lengua italiana.

Se pregunta la historia como pudo permitir que su hijo heredero de sus

dominios y quien había querido ser sólo un rey de España sino también un

emperador sólo de hablar español. No se ven más que dos explicaciones o

estaba seguro en haber establecido el español como lengua universal o se había

resignado a ver venir una era de nacionalismo. Los pensamientos que

germinaron aquel 25 de octubre de 1555, a las 16:00 de la tarde, en aquel

millar de cabezas reunidas en la gran sala del palacio de Bruselas para

contemplar el ocaso del sol imperial.

Carlos V abdica su soberanía en los países bajos, Felipe arrodillado para

recibir la pesada corona, cuyo peso era ya incapaz de llevar, su padre y

Guillermo sobre cuyo hombro el anciano prematuro se apoyaba para seguir en

pie, iban pronto a continuar más ásperos que nunca el descuartizamiento de

Europa que había iniciado Lutero. Carlos V así abdicaba su soberanía en los

países bajos a la edad de 55 años.*

Carlos V Salvador de Madariaga

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En 1556 Carlos V abdica nuevamente su soberanía en España (16 de enero).

Carlos V abandona Flandes y se dirige a España llegando al monasterio de Justa

el 3 de febrero, muere en 1558 en Justa el 21 de septiembre, a las 02:00 de la

madrugada, a la edad de 58 años.-

PRINCIPALES CAMPAÑAS

La llegada a España de Carlos I

El malestar que produjo la llegada de Carlos a España, por su juventud,

educación flamenca y consejeros extranjeros, aumentó en 1519 cuando, al

descontento producido por su petición a las Cortes castellanas de subsidios

para ser nombrado emperador, se unieron una serie de reivindicaciones

políticas, dando lugar al levantamiento de las Comunidades (1520-1521). Las

principales ciudades castellanas, dominadas por oligarquías nobiliarias y

burguesas, se unieron en una revuelta que adquiriría matices tanto sociales

como políticos. El memorial de agravios (Constitución de Ávila), dirigido al

rey, recogía las aspiraciones de los comuneros. Aunque éstos consiguieron

algunos éxitos bélicos, fueron derrotados en la batalla de Villalar (1521) que

significó la sumisión de Castilla. En adelante, las Cortes cederían la mayor

parte de su antiguas prerrogativas políticas, limitando sus funciones a

materia tributaria: los pecheros castellanos tendrían que soportar el peso del

Imperio.

Casi simultáneamente, se produjeron en Valencia los alzamientos de las

Germanías o hermandades cristianas que reflejaban la protesta contra el poder

de la nobleza y sus vasallos moriscos, aunque indirectamente eran también un

movimiento de resistencia a la Corona. Su destrucción (1521-1524) constituyó

otra victoria del poder del emperador.

España, un vez pacificada, iba a integrarse en los planes de la política

imperial, a la que habría de proporcionar además de medios humanos, abundantes

recursos.

Los enfrentamientos militares del emperador

Los compromisos carolinos, previstos o impuestos por las circunstancias,

fueron tan grandiosos como inasequibles.

Enfrentamiento con Francia Aunque las raíces arrancaban del deseo francés y

aragonés de dominar Italia, el conflicto se endurecerá al sentirse los

franceses cercados por los inmensos dominios imperiales, sin olvidar las

reivindicaciones territoriales de Francisco I sobre Navarra y el Rosellón y de

Carlos sobre Borgoña y Milán, así como la

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incompatibilidad de una conciencia nacional francesa con cualquier liderazgo

europeo supranacional y las rivalidades personales de ambos monarcas.

En el primer choque (1521) Navarra quedó definitivamente para España, y aunque

Francisco I ocupó personalmente el Milanesado, al ser derrotado y hecho

prisionero en Pavía, se comprometió a entregar Borgoña y retirarse de Milán.

No cumplió lo pactado, y se reanudaron las luchas hasta la paz de Crepy

(1544), que confirmó prácticamente las cláusulas de Cambrai (1529), en las que

Francisco I reconocía la soberanía de Carlos V sobre Artois y Flandes y

retiraba sus pretensiones sobre Milán y Nápoles, mientras que el emperador,

por su parte, renunciaba a Borgoña.

El peligro turco

La lucha contra el infiel se centró en el 'turco', enemigo de la cristiandad.

Mito, pero también peligro real que presionaba por Europa central y

mediterránea donde ponía en peligro el espacio hispano-italiano y las costas

levantinas españolas.

Aunque en Centroeuropa se limitó a contener los ataques turcos, sin pasar a la

contraofensiva, Carlos se vio obligado a luchar por el Mediterráneo occidental

y penetrar en el oriental, no logrando acabar definitivamente con el poder de

Solimán, ni de Barbarroja, pues si con la conquista de Túnez (1535) obtuvo un

gran triunfo, su fracaso en Argel (1541) afianzó las posiciones berberiscas.

El problema alemán

El fracaso definitivo de la política de Carlos V llegaría de la nueva

situación creada en Alemania con la aparición del protestantismo que, además

de conectar con las inquietudes espirituales, aglutinó intereses económicos y

políticos opuestos a los programas imperiales, reformistas y centralizadores,

y dividió el Imperio en dos grupos antagónicos, católicos y reformados.

El diálogo y la concordia empleados en las dietas y conversaciones (Worms,

Spira, Augsburgo) para lograr el acercamiento y evitar el enfrentamiento

armado, no dieron resultado, por ello el emperador decidió actuar con la

fuerza contra los protestantes, que habían formado la Liga de Smalkalda. Su

victoria en la batalla de Mühlberg (1547) no consiguió, sin embargo, ni la

unidad política ni la religiosa.