Restauración monárquica española

Historia de España siglo XIX. Cánovas del Castillo. Alfonso XII. Constitución de 1876. Turno de partidos

  • Enviado por: Alex
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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  • EL RÉGIMEN POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN

  • La RESTAURACIÓN DE LA MONARQUÍA: El general serrano disolvió las cortes y estableció una republica presidencialista

    En diciembre de 1874, el general Martínez Campos se sublevó contra la primera Re­pública en Sagunto y proclamó rey de España al príncipe Alfonso, hijo de Isabel II. Días después, Alfonso envió desde Inglaterra, donde se encontraba estudiando, un manifiesto a la nación española en el que aceptaba la Constitución. En enero de 1875, el nuevo rey, Alfonso XII, llegó a Madrid. La monarquía había sido restaurada: comen­zaba un nuevo periodo en la historia de España, conocido con el nombre de “Restaura­ción”, que se prolongaría hasta 1931.

    El político Antonio Cánovas del Castillo siempre había mantenido un estrecho contacto con Alfonso, y pensaba que una monarquía parlamentaria podía ser la solución para resolver los problemas políticos de España y modernizar el país. Alfonso XII le nombró jefe de su primer gobierno. Y fue Cánovas quien diseñaría los principios del nuevo régimen político.

    Periodo: 1875-1931:

    La restauración: 1) Reinado de Alfonso XII

    2) Regencia de la reina Maria Cristina

    3) Reinado de Alfonso XIII

    LA CONSTITUCIÓN DE 1876 Y EL TURNO DE PARTIDOS

    Un grupo de personalidades, dirigidos por Antonio Canovas quien diseñaría los principios de la restauración. Era conservador y decía que tenia que acabar con los pronunciamientos. Constituyo un parlamento de moderados y liberales que se turnaban en el gobierno cada un cierto periodo, se encargó de redactar una nue­va Constitución, que fue promulgada en 1876. Según ella, la soberanía residía en la uni­dad de las Cortes con el rey y no en la nación, como ocurría en las constituciones pro­gresistas. Ello otorgaba grandes poderes al rey, que podía vetar (negarse a algunas leyes por tanto no se aplicaban) determinadas leyes. El país se reconocía oficialmente como católico y el sufragio era de tipo censitario.

    La vida política del nuevo régimen estuvo protagonizada por dos partidos políticos:

    el liberal conservador, presidido por Cánovas; y el liberal fusionista, presidido por Prá­xedes Mateo Sagasta (liberal apoyado por la burguesía y algunos republicanos), luego llamados conservador y liberal, respectivamen­te. Los conservadores estaban apoyados por parte de la aristocracia, los terratenientes y el clero; los liberales representaban a la burguesía, a los demócratas radicales y a algu­nos republicanos. Ambos partidos se turnaron pacíficamente en el poder.

    Para lograr que el partido de turno (conservador o liberal) lograra la mayoría abso­luta, las elecciones se organizaban desde el gobierno central de Madrid, a través de los gobiernos civiles y los ayuntamientos. Los caciques locales controlaban el proceso elec­toral y así lograban, con amenazas, promesas o dinero, que las elecciones tuvieran el re­sultado adecuado. Este era un sistema de dominación político-social desarrollado en la España de la restauración en el que los detentadores del poder económico en pueblos y pequeñas ciudades controlan a la población ( mediante el reparto de dinero o favores, o recurriendo a la violencia) para obtener sus propósitos políticos. Fue especialmente importantes en Andalucía y algunas zonas de castilla. Durante 1877 y 1878 se centralizó la administración y se aprobó un có­digo civil. Las medidas políticas adoptadas por los gobiernos de ambos partidos fueron semejantes, aunque los liberales consiguieron importantes avances, como la aprobación del sufragio universal masculino en 1890. El turno de partidos pacificó la vida políti­ca a costa del fraude electoral, pero no logró resolver los problemas sociales. Pero si se acabaron las guerras carlistas.

    LA PACIFICACIÓN DEL PAÍS Y LA CONTINUIDAD DEL RÉGIMEN

    Durante la Restauración se resolvieron dos problemas bélicos: las Guerras Carlistas y las sublevaciones independentistas en Cuba. Alfonso XII proclamo una amnistía para los carlistas, y las ultimas tropas rebeldes fueron derrotadas. En Cuba se habían produ­cido varias sublevaciones desde 1868. Tras años de enfrentamientos, el general Martínez Campos firmó el llamado “Convenio de Zanjónen 1878, por el que se otorgaban cier­tos derechos políticos a los cubanos. La colonia vivió unos años de relativa paz.

    Alfonso XII murió en 1885, cuando su esposa, María Cristina, esperaba su primer hi­jo. Un acuerdo tácito entre conservadores y liberales (conocido como “Pacto de El Par­do”) posibilitó la continuidad del régimen, María Cristina fue nombrada reina regente, se mantuvo la Constitución y el turno de partidos, y se aseguró la paz política.

  • LA RESTAURACIÓN EN CRISIS: EL DESASTRE DE 1898

  • LAS ÚLTIMAS COLONIAS: Cuba, Puerto Rico y Filipinas

    A pesar del Convenio de Zanjón, el deseo de independencia seguía vivo en Cuba. En febrero de 1895 se produjeron nuevas sublevaciones contra España, que pronto sé ex­tendieron a las colonias del Pacífico (Filipinas, Islas Marianas, etc.). España envió miles de soldados para sofocar los levantamientos. Pero los Estados Unidos tenían crecientes intereses económicos en las últimas colonias españolas y apoyaron con armas y dinero a los sublevados.

    En 1898, el navío norteamericano Maine, fondeado en el puerto de La Habana ( estaba mandado por los Estados Unidos para proteger a sus súbditos en la guerra entre España y Cuba) se hundió en circunstancias extrañas. Estados Unidos acusó a España de sabotaje y le de­claró la guerra. Tras diversas batallas navales en Cuba y Filipinas, España perdió su flota y fue derrotada. El 10 de diciembre de 1898 se firmó la Paz de París (le quedaba el protectorado compartido con Francia) por la que España perdía sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. EL líder de los cubanos fue Máximo Gómez, que siguió luchando contra Estados Unidos hasta que proclamó la republica cubana.

    EL PROBLEMA DE ESPAÑA

    La perdida de las colonias causo una gran indignación social. España había sido de­rrotada, sólo poseía un protectorado colonial en Marruecos y seguía teniendo graves pro­blemas para su modernización social y económica.

    Ante esta situación, un grupo de políticos e intelectuales, que formaron la llamada “Ge­neración del 98”, exigió nuevas medidas de reforma política. Joaquín Costa ha­bló de la necesidad de “regenerar” España. El regeneracionismo, es un movimiento intelectual y político que plateó la necesidad de renovar o “regenerar” la sociedad española tras el desastre de 1898. El término regeneracionismo fue acuñado por el político Joaquín Costa y se convirtió en una referencia fundamental para los intelectuales de la generación del 98. Los regeneracionistas pretendieron luchar contra el caciquismo, mejorar la educación, modernizar la agricultura y fomentar la industria. Criticaron el ascentral retraso de España frente a las naciones modernas de Europa. Y se propusieron medidas para sanear la ha­cienda pública, aumentar la industrialización, acabar con el caciquismo y mejorar la educación. Uno de los más importantes logros de este movimiento fue la creación de la Institución Libre de Enseñanza, que defendió una reforma educativa y pre­paró a los más brillantes políticos e intelectuales de las siguientes décadas.

    PRIMEROS AÑOS DE ALFONSO XIII Y EL REGENERACIONISMO

    En 1902 subió al trono Alfonso XIII. Los primeros años de su reinado coincidieron con la necesidad de modificar el caduco sistema de la Restauración. Dos importantes ex­periencias intentaron modernizar la estructura política del país y dinamizar su sociedad: los gobiernos del conservador Antonio Maura (1904-1909) y del liberal José Canale­jas (1910-1912).

    Maura intentó renovar el sistema creado por Cánovas. Para ello, dictó medidas re­formistas que combatieron el poder de los caciques rurales, e intentó integrar en la acti­vidad política a la burguesía y a los nacionalistas, autonomistas catalanes. Sin embargo, no logró mejo­rar las condiciones sociales de la población; en julio de 1909 se produjeron graves revueltas sociales en Barcelona, que fueron gravemente reprimidas y provocaron la caída del go­bierno por la semana trágica de Barcelona. En julio de 1909 se desencadenó el Barcelona un movimiento revolucionario en contra de la política de Maura, el motivo del estallido se basó fundamentalmente en el descontento por la movilización y el embarque de tropas destinadas a contener los ataques de los marroquíes en Melilla. Los sindicatos dieron la orden del paro sindical en Barcelona con relativa facilidad a causas del descontento de las fuerzas del orden y de las autoridades, los anarquistas e hicieron dueños de la ciudad durante unos días (semana trágica del 26 al 31 de julio. A final el movimiento fue reprimido por las fuerzas del orden.

    Canalejas, un político progresista, sucedió a Maura en 1910. Pretendió recuperar los aspectos más avanzados de la revolución de 1868 e introdujo una serie de medidas para regenerar el sistema político. Realizó una importante tarea de descentralización ad­ministrativa, impulsando la creación de la “Mancomunitat de Catalunya”; limitó el po­der de la Iglesia y reconoció la creciente importancia del movimiento obrero. Asimismo impulsó ciertas mejoras educativas y creó la Junta de Ampliación de Estudios, que per­mitió a profesionales e intelectuales estudiar en universidades extranjeras. Pero Canale­jas fue asesinado en 1912 en un atentado anarquista, y su muerte frustró algunas de sus reformas políticas.

    La Mancomunitat de Catalunya : órgano autónomo que regia la Administración de las cuatro provincias catalanas y pretendían defender los intereses económicos de Cataluña. Fundada en 1911 su primer presidente fue Prat de la Riba. La Mancomunitat realizó una importante obra educativa y fomentó el desarrollo económico y cultural. Fue disuelta durante la dictadura del General Primo de Rivera.

    . LOS NACIONALISMOS Y EL MOVIMIENTO OBRERO

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    Los Nacionalismos: Vasco, catalán y Galicia ( movimiento cultural Rexurdimiento)

    El régimen político de la Restauración había instaurado un fuerte centralismo admi­nistrativo, en el que todo dependía del gobierno central. Pero la burguesía de Cataluña y el País Vasco pretendía alcanzar una mayor autonomía política y pronto se organizaron movimientos nacionalistas. Asimismo, en Galicia se inició un significativo movimiento cul­tural y político: el “Rexurdimento”.

    Desde 1879, la burguesía agraria catalana había fomentado las iniciativas de autonomía, creando organizaciones para extender la cultura catalana. En 1892, los distintos grupos na­cionalistas catalanes formaron la Unió Catalanista. El partido fue presidido por Prat de la Ri­ba, quien redactó las llamadas Bases d e Manresa, documento fundacional del nacionalismo catalán. En 1901 se creó la Lliga Regionalista de Catalunya, y en 1911 la Mancomunitat de Catalunya, que permitió organizar de modo autónomo la administración de Cataluña.

    En el País Vasco fue la pequeña burguesía industrial de Vizcaya la que protagonizó el movimiento nacionalista. El vizcaíno Sabino Arana defendía la idea de una antigua nación vasca, con una lengua y una historia propias. Pronto se creó la primera sociedad cultural vasca (Euskaldun Batzoki) y en 1887 se fundó el Partido Nacionalista Vas­co (PNV), que encauzó las pretensiones autonomistas vascas.

    LAS NUEVAS ORGANIZACIONES OBRERAS

    Coincidiendo con el auge internacional del movimiento obrero, desde 1870 se intro­dujeron en España las principales ideologías obreras: el socialismo y el anarquismo. Los anarquistas eran más numerosos y estaban presentes en Extremadura, Cataluña y Andalucía. Los socialistas se concentraban en las zonas industriales y mineras del norte (Bilbao, Cantabria Asturias), en Madrid y en algunos centros industriales de Cataluña. En1879, el tipógra­fo Pablo Iglesias fundó en Madrid el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y, po­co después los anarquistas crearon en Barcelona una Federación de Trabajadores que tuvo gran influencia en las movilizaciones obreras.

    Los nuevos partidos obreros se implantaron rápidamente en España. Los socialistas Fundaron “casas del pueblo” y los anarquistas crearon “ateneos libertarios”, cen­tros de cultura y análisis político que proliferó por ciudades y pueblos.

    LAS LUCHAS OBRERAS ENTRE 1909 Y 1917

    Los nuevos partidos y sindicatos obreros protagonizaron pronto acciones para rei­vindicar sus derechos. Las manifestaciones del 1 de mayo iban acompañadas de huelgas, y los conflictos en el campo andaluz eran constantes. Uno de los principales episodios de la lucha obrera tuvo lugar en 1909. Ese año había subido el precio de los alimentos y se inició una guerra en Marruecos; la mayoría de los soldados eran hijos de obreros y cam­pesinos que no podían pagar la “cuota” para librarse del servicio militar. En julio de 1909, la población obrera de Barcelona, impulsada por los anarquistas, se sublevó, y durante una semana (la “Semana Trágica”) la violencia reinó en la ciudad. El ejército reprimió la revuelta; el movimiento anarquista fue aniquilado y algunos de sus dirigentes, como Ferrer Guardia, fusilados.

    En 1917 estalló una grave crisis política y económica que afectó a amplios secto­res de la vida nacional. En julio de ese año se proclamó la huelga general y el país estuvo paralizado durante una semana. El ejército reprimió la huelga y hubo muertos, centena­res de heridos y miles de detenidos, entre ellos los principales líderes del socialismo es­pañol (Besteiro, Largo Caballero). La situación provocó la caída del gobierno y el final de­finitivo del turno de partidos.

  • LA CRISIS DE 1917 Y LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

  • LA CRISIS DE 1917

    En 1917, los problemas que afectaban a la sociedad española desembocaron en una grave crisis. Enjulio de ese año se reunió en Barcelona una “Asamblea de Parlamentarios” para exigir una reforma que permitiera democratizar la vida política. Al mismo tiempo, ofi­ciales del ejército descontentos organizaron “juntas de defensa” para exigir mejoras pro­fesionales. Y ese mismo verano de 1917 los grandes sindicatos convocaron una huelga ge­neral, muy violenta, que fue reprimida por el ejército. Entre 1917 y 1923 se sucedieron varios gobiernos formados por políticos de diferentes partidos. Sin embargo, la conflicti­vidad social fue en aumento: los patronos organizaron sindicatos antirrevolucionarios, y los atentados de pistoleros a sueldo llenaron las calles de violencia.

    Pero fue un acontecimiento militar el que provocó la crisis más grave de este con­flictivo periodo. Desde 1909 se mantenía en Marruecos una guerra contra los indígenas que no aceptaban el dominio español y se habían hecho fuertes en las montañas del Rif. En 1921, el ejército español fue aniquilado por los sublevados en lo que dio en llamarse el desastre de Annual, que fue una derrota sufrida en juniode1921por las tropas españolas durante la guerra de Marruecos. El ejercito español, al mando del general Silvestre, fue atacado por lo rebeldes marroquíes (dirigidos por Abd-el-Krim) en el barraco de annual, y los españoles tuvieron que abandonar la zona con graves perdidas. Este hecho motivó la retirada del ejercito español, puso en peligro la plaza de Melilla y ocasionó una grave crisis política.

    Se exigieron responsabilidades y la autoridad del rey se tambaleó. El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de estado e instauró una dictadura militar, de acuerdo con el rey.

    LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

    Tras el golpe de estado, el rey Alfonso XIII encargó a Primo de Rivera la formación de un nuevo gobierno, sin consultar a las Cortes. El poder quedó en manos de un Directorio Militar, presidido por Primo de Rivera donde pretendía establecer el orden social y creando un partido denominado la union patriótica. Se disolvieron las Cortes y se de­rogó la Constitución de 1876; las libertades públicas y los partidos políticos fueron supri­midos. Durante dos años (1923-1925), el Directorio Militar intentó terminar con la crisis e imponer el orden. La Guerra de Marruecos concluyó en 1924. Para sustituir a los parti­dos tradicionales, se creó un partido único llamado Unión Patriótica.

    Pero la dictadura deseaba normalizarse, y Primo nombró, en 1926, un nuevo gobierno de personalidades civiles, el Directorio Civil, que pretendía preparar el retorno de la mo­narquía constitucional. En 1927 se crearon “corporaciones” en sustitución de los partidos políticos, y una Asamblea Nacional sin poderes reales. Sin embargo, durante esos años hu­bo cierta prosperidad económica; se realizaron importantes obras públicas, se fundaron escuelas de formación profesional y se prestó una especial atención a la enseñanza.

    EL FINAL DE LA DICTADURA

    La dictadura había logrado una pacificación momentánea del país, pero en 1929 co­menzaron a sentirse en España los efectos de la gran depresión económica mundial y cre­ció la oposición de sectores contrarios al régimen. Los nacionalistas exigían autonomía

    Política, y el movimiento obrero organizó huelgas y acciones violentas a lo largo de 1930. Los estudiantes protagonizaron numerosas manifestaciones y en las grandes ciudades crecía un importante sentimiento republicano, que ponía en cuestión la validez de la mo­narquía que había apoyado al dictador.

    La falta de apoyo social, la crisis económica y los problemas sociales llevaron a Pri­mo de Rivera a presentar su dimisión al rey el 28 de enero de 1930. Alfonso XIII encargó al general Berenguer la formación de un nuevo gobierno. En agosto de 1930, representantes de los republicanos, socialistas y nacionalistas firmaron un pacto en San Sebastián para instaurar la república. Meses después, en abril de 1931, se convocaron unas elecciones mu­nicipales que ganaron los republicanos en las ciudades más importantes. Alfonso XIII aban­donó el país y el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República Española.