¿Qué es filosofía?; Ortega y Gasset

Filosofía contemporánea. Perspectivismo. Raciovitalismo. Conocimiento. Duda metódica. Historicismo

  • Enviado por: Estrella
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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¿QUÉ ES FILOSOFÍA?

LECCIÓN I

La filosofía, hoy en día, no la entendemos como hace años y esto es debido, principalmente, a su situación. Hoy en día se encuentra en el espíritu colectivo, a diferencia de hace años. En la actualidad, se consumen más libros de filosofía, que no llegan solamente a los propiamente dichos filósofos, sino también a aquellas personas interesadas por la filosofía. Últimamente hay un mayor interés por esta ideología, ya que la gente siente necesidad de conocer ideas y a la vez siente en éstas voluptuosidad. Esa voluptuosidad es la cara de la felicidad y puesto que todos queremos llegar a ser felices, es decir, que se cumpla nuestro propio destino la gente compra más de estos libros para hallar una ayuda en esta búsqueda de la felicidad. Por lo tanto, todos buscamos nuestro destino, ese destino constituye lo que a nosotros en verdad nos gusta y lo que queremos que se cumpla. De ahí a que en nuestro tiempo queramos y nos complazca FILOSOFAR.

Ahora, nuestra forma de acercarnos a la filosofía es bien distinta a la de hace unos años con los anteriores pensadores, es una aproximación en la que nos vamos acercando lentamente a nuestro destino hasta alcanzarlo, como lo es la vida.

¿Qué es la filosofía? A ello se va a contestar mediante el análisis de la actividad misma filosófica y el filosofar mismo, donde la claridad es la cortesía del filósofo. El filósofo deberá, por tanto, extremar su propio rigor metódico al investigar y perseguir lo que va a formar parte de sus verdades, pero que al emitir dichas verdades deberá huir de los tecnicismos y palabras de difícil comprensión.

La filosofía, hoy en día, es muy diferente para las distintas generaciones y por ello, decimos que la verdad cambia. Esa verdad es para nosotros ahora verosímil e inverosímil para el mañana, así como que consideraremos un error la verdad correspondiente al ayer. Todo esto nos conduce al escepticismo del que debemos huir hoy en día ya que con ello desprestigiamos a nuestra propia verdad.

Las verdades preexisten, es decir, que están ahí aún cuando no las hemos descubierto nosotros, son algo latente y persistente. Pero cuando nosotros las adquirimos, un sujeto real, en un determinado tiempo, esto proporciona a dichas verdades un carácter meramente histórico. Por tanto, surgen en una fecha e incluso se pueden llegar a transformarse a otra. Esa fecha que las caracteriza no les afecta directamente a ellas, sino a la mente humana. Las verdades tienen, por tanto, historia a condición siempre de que estén presentes en nuestro pensamiento, es decir, el hecho de que las sepamos o nos las sepamos.

Será entonces el pensamiento el punto donde chocan, se tocan dos orbes de consistencia antagónica. En nuestro pensamiento encontramos que los pensamientos son volátiles, mientras que su propio contenido es invariable, permanece allí. Pero ello no quiere decir que todos esos contenidos, esas verdades sean siempre ciertas puesto que no permanecen por siempre allí. Pero ello no quiere decir que las verdades sean siempre ciertas puesto que no permanecen por siempre. Las verdades no tienen una duración determinada, no poseen ningún atributo temporal, no se las puede situar en un tiempo ya que si así fuera, su relación sería más bien negativa.

El hecho de que digamos que las verdades lo son siempre es incorrecto. Con esto afirmamos que la verdad es el carácter que más se parece a la pura intemporalidad, dentro de lo temporal.

Platón sitúa a estas verdades (ideas) fuera del mundo temporal, las cuales, a través de un poro que se dilata en un determinado tiempo y fecha da lugar a que estas sean aprehendidas, captadas por lo que es la mente humana. Ello ocurre con razón.

Uno de los elementos que distingue la filosofía actual de la anterior es que en la actual la relación entre el sujeto que ve, imagina o piensa algo y lo visto, imaginado por él no hay una diferencia genérica. Por lo que si pensamos en una cosa, nosotros que pensamos y ese acto de pensar no se va a parecer nada a esa cosa. Ya que dicha cosa ocupa un determinado espacio y nuestro pensar, en cambio, no ocupa un espacio.

Por lo tanto, son entidades diferentes, heterogéneas nuestro propio yo, nuestra conciencia y la cosa en la que pensamos.

Con el paso del tiempo se ha transformado la manera de pensar, por lo que se ha cambiado la orientación, el modo en que el hombre se ocupa de verdades distintas a las del ayer. No son las verdades, sino que es el hombre el que cambia.

El hombre es todo ser viviente que piensa con sentido y que por eso podemos nosotros entenderlo(sabiendo que no se puede entender lo que no posea ninguna dimensión de verdad). Por ejemplo, un error absoluto no se podría entender.

Por tanto, debemos estudiar cada tipo de hombre desde una perspectiva diferente a la actual, en ese determinado tiempo y así lograremos dar un sentido y verdad a esa cultura. La historia se ocupa de la segunda vista que logra encontrar la razón de la aparente sinrazón. Entonces, la historia debe cumplir una determinada misión que es entender al hombre de una época, entendiendo que el hombre de esa época lleva una vida con sentido y que tiene una estructura racional. Si no lo hacemos de esta manera, entenderemos la historia como un contenido negativo que muestra solamente errores y equivocaciones cometidos durante esos periodos por el hombre.

Por último, la gran tarea de la filosofía actual “perspectivismo” debe unir ambas dimensiones, la temporal y la eterna.

A pesar de que la filosofía tuvo épocas, concretamente en el siglo XIX en la que casi desaparece, pero que finalmente no lo hizo, solamente se quedó en un mínimum, de tal forma que se redujo mucho. Consiguió sobrevivir ya que la filosofía no era posible ser expulsada de la mente humana.

LECCIÓN II

La filosofía es un tema muy técnico, no popular. Es un gran problema técnico que nos lleva a plantearnos en cierto momento qué es nuestra vida, incluso lo que es lo cotidiano. Para explicarlo, la filosofía no suele ser siempre el camino más corto, puesto que da mucho rodeo para llegar por fin a una determinada conclusión.

Entre los años 1840 al 1900 surge una corriente antifilosófica que no llega a acabar del todo con la filosofía y queda así reducida hasta un mínimum, hoy existe un claro afán de que esa filosofía volviera a ser un máximum. El cómo se llegó a una situación en la que se produjera la reducción de la filosofía lo explica la estructura del hombre y la situación que acontecía en aquellos tiempos. A ello también se debe la vuelta de la filosofía.

La explicación de estas variantes del modo de pensar filosófico, político… es equivalente a preguntarse por qué hay historia, por qué el hombre cambia de opinión, de sentimientos, de modo de actuar… Para dar respuesta a ello es preciso que cambie el tipo de hombre la generación (variedad humana). En todo presente coexisten tres generaciones que son: jóvenes, hombres maduros y viejos. Todos ellos conviven en un “hoy” quieran o no, viven unas con otras y contribuyen a formar el tiempo y la atmósfera de manera distinta. Todos ellos son contemporáneos, no coetáneos ya que, si así fuera, la historia se detendría. Por lo que una generación es una moda integral de existencia que se fija indeleble sobre el individuo. Dicho individuo se encuentra unido a una generación, de la que va a poder salir a través de una tendencia propia del organismo que hace que salgamos del presente para ser capaz de prolongar la juventud ya que el problema del adulto es que el pasado tira de él y pasa la vida de manera que espera el futuro y por tanto, espera su muerte. Solamente aquellos que tengan ganas por vivir podrán mantener su juventud a un lado y conservarla por más tiempo que aquellos que solo esperan morir.

Entonces, la articulación de las tres generaciones en todo presente produce el cambio de los tiempos y con ello producen lo que conocemos como Historia.

Volviendo a los últimos sesenta años del siglo XIX, en los que, se cayó en un estado antifilosófico se produjo por el imperialismo de la física.

Durante esos años, se consideró a la física como una ciencia o conocimiento fundamental ya que su conocimiento implicaba dos caracteres que eran su práctica exactitud y su confirmación por los hechos sensibles: conclusiones. El triunfo de esta ciencia llegó cuando se descubrió su carácter práctico para el dominio sobre la materia: se puede intervenir en la materia y acomodarla a nuestra vida y con esto conseguir el comfort deseado.

Ahora ya el sentido del saber es el prever y el sentido del prever es hacer posible la acción. Y es esa acción la que define la verdad del conocimiento. Por ese motivo, las conquistas de la técnica son pruebas lógicas de la ciencia natural; según esto, la verdad será el precipitado intelectual de la utilidad práctica y con ello llegamos, con este pensamiento, al pragmatismo(una filosofía): “ No hay más verdad que el buen éxito en el trato de las cosas”.

Los filósofos llegaron a considerar que la física era más importante que el propio filosofar y por ello redujeron la filosofía a un mínimum a través del cual se explicaba la física, pero no su conocimiento.

La física llegó a ser importante no tanto por su conocimiento como por la gran aceptación social que tuvo. La buena fortuna que tuvo por esto la física, hizo ser agresiva a la gente, además de petulante, por ello se conocen hacia unos 100 años como el ”terrorismo de los laboratorios” que se dio en Europa. Este predominio total de la física, hizo que los filósofos fuesen físicos y, renunciando a la filosofía, apartándola hasta dejarla en un mínimum deciden dedicarse más a la meditación de la física que a la filosofía, puesto que ésta sólo constituía una teoría de conocimiento.

LECCIÓN III

Durante esos años la filosofía fue ignorada y humillada por el Imperialismo de la física y los laboratorios. Eran las ciencias naturales quienes dominaban el ambiente y este forma parte de nuestra personalidad. Nosotros estamos formados por la mitad, lo que somos y la otra mitad es el propio ambiente que al unirse dan lugar a una persona completamente realizada que se relaciona y vive en un contorno.

La filosofía, como bien afirmaban los científicos, no es una ciencia, sino que es mucho más que la ciencia. Este razonamiento volvió a dar a la filosofía su prestigio, pero además de esto, otros dos hechos fueron determinantes para que acabase con esa época de antifilosofía y son:

  • Durante esa época de antifilosofía, la filosofía quedó reducida a la teoría del conocimiento, pero no explicaba en verdad lo que era, faltaba la palabra de la secreta convención.

  • Anteriormente se pensaba que ese conocimiento era la ciencia física según la cual solamente hay un tipo de verdad, la verdad física o científica, la cual, tiene dos cualidades ciertamente admirables como son su exactitud y el ir regido por un doble criterio de certidumbre: la deducción racional y la confirmación por los sentidos. Pero esto no es suficiente para declarar que la física es el todo. El hecho de que hubiese una “crisis de principios” hizo que todo fuera mejor para la física, ya que busca tener mayor vigor y firmeza, y por ello se la somete a una revisión de principios que obliga a los físicos a apoyarse en la filosofía, es decir, tienen que filosofar sobre su ciencia.

    Encontramos que el contenido propio de la física en relación con el mundo corpóreo no hay apenas similitud, por lo tanto decimos que la física es una correspondencia simbólica y la realidad física no es sino condicional y relativa al hombre. Mientras que la filosofía busca una independencia de nuestras acciones mismas como realidad.

    Por último, se forma una nueva actitud, en la cual, cada ciencia no tiene por qué ser la totalidad entre las demás cada una puede recluirse en su propio recinto y órbita. La física fue superada recluyendo su conocimiento físico así como los experimentos, los cuales, se relacionaban con la naturaleza, en su propia órbita. Acepta su limitación, cada ciencia se independiza y no acepta su jurisdicción.

  • En estos últimos años, se manifiesta que una u otra ciencia intentaba imperar sobre las demás y éstas lo toleraban. Ahora cada una de las ciencias se defiende de ser sometida a las demás.

  • En el caso de la filosofía, esta independencia y limitación a su destino la encuentra también en el aire público hay un conocimiento filosófico.

    ¿Por qué vuelve el hombre entonces a la filosofía?

    · Para explicar esto podríamos definir que la filosofía se coloca ante su objeto el Universo que es todo cuanto hay. Entonces, el filósofo, a diferencia de otro científico, se embarca a lo desconocido como tal con una actitud distinta, de conocedor. Ignora en realidad el objeto y sólo sabe que no es ninguno de los otros objetos y que es un objeto integral.

    La filosofía es transparente al pensamiento y dócil a la razón(idea básica de todo racionalismo) y ésta debe comenzar por definir el concepto máximo, pero a la vez permanecer abierto y todos estos conceptos serán modos de conocer se aspira al conocimiento absoluto, al conocimiento del Universo, y para ello deberá enfrentarse con todo el problema aunque no se pueda resolver. Todo ello para conseguir verdades.

    La verdad científica se caracteriza por su exactitud y rigor en sus previsiones. La física no trata de averiguar el principio originario de todos sus principios y es, por esto, por lo que la verdad científica no es sólo exacta sino también incompleta y penúltima ya que su objeto es parcial, no total como la filosofía.

    LECCIÓN IV

    Encontramos dos tipos de verdad: la filosófica que es inexacta pero suficiente y es, por tanto, más verdadera que la verdad científica que a pesar de ser exacta es insuficiente.

    Ya que una verdad puede ser muy exacta... pero tener muy poco de verdad, esta sería la respuesta a por qué la verdad filosófica es más verdadera que la verdad científica, puesto que en esta última la exactitud de las verdades se ve en aquellos objetos cuantitativos que están sujetas a valores meramente estadísticos y, por tanto, ese valor sólo es probable.

    La física que va más allá de sí misma es la metafísica que es una física fuera de sí y servía para explicar la física desde el exterior con ayuda de la filosofía, descubre entonces que la física es sólo una pequeña parte y que el físico es vida humana, la cual, se refiere a un mundo íntegro al Universo. Se encuentra con que antes de ser físico es hombre y por tanto, se preocupa del Universo, de la filosofía.

    Por lo cual, podemos decir que “la filosofía es una cosa… inevitable”. Debemos saber que la filosofía no se puede leer, debemos pensar cada una de las frases y deshacerla de tal forma que encontremos en las raíces de cada uno de esos vocablos su significado y sacarlo al exterior. Tendremos que evitar leer de forma que veamos solamente la superficie, ya que estaríamos cometiendo un grave error.

    El extenso Universo:

    · Para analizarlo, el filósofo a de situarse ante él con una actitud distinta a la que adopta el científico.

    El Universo es “todo cuanto hay”, por lo que al filósofo le interesará la totalidad de cuanto hay y considera las cosas en cuanto que son, a diferencia del científico que le interesa una parte del Universo, y por ello considera las cosas como son y tal como son.

    Los problemas de la filosofía:

  • Al preguntarnos “todo lo que hay” será eso que hay. Buscamos “todo”, pero dentro de ese “todo” no sabemos nada.

  • Ignoramos si eso que hay es el Universo (un todo) o si es un Multiverso.

  • Además de ignorar si es un Universo o un Multiverso ignoramos si será cognoscible, es decir, si nuestro problema es soluble o no.

  • En el caso de los científicos, consideran y no dudan que su objeto sea cognoscible, para el físico es problema lo que en principio se puede resolver.

    La filosofía es la única ciencia que toma el problema según se le presenta y este problema será ilimitado ya que abarca todo y no tiene confines, es absolutamente un problema.

    En la ciencia, en cambio, no se tiene en cuenta un aspecto que es la conciencia del problema, sólo se buscan soluciones, pero no se plantea por qué el hombre tiene esos problemas. Dichos problemas se los plantea la vida, estos problemas son prácticos, son aquellas actitudes mentales en que proyectamos una modificación de lo real. Esa actitud va a obligarnos plantear problemas teóricos.

    La teoría empieza negando la realidad, pero el problema práctico hace que sea lo que no es. Es entonces, la actividad teórica, la que se encarga de negar al ser y al negarlo convertirse en problema y ese problema práctico hace que nos planteemos problemas teóricos. Por lo que un ser sin deseos, necesidades, gustos… que solamente tuviera problemas teóricos, nunca tendría problemas prácticos.

    Entonces en el homo theoreticus, en su actividad cognoscitiva convertirá las cosas en problemas por lo que mayor será la actitud teórica cuanto más problema sea su problema y viceversa. La filosofía es el conocimiento llevado a su máximo intento ya que es el único problema absoluto. Este problema lo admitíamos como insolubletal vez el Universo o cuanto hay es incognoscible y esto sería por dos razones principalmente: o bien porque nuestra capacidad de conocer es limitada, o bien, porque el Universo sea opaco al pensamiento, sea irracional. Siendo el conocimiento una asimilación entre el pensar y el ser.

    Entonces, filosofía es un conocimiento del Universo o de todo cuanto hay, pero al partir ni sabemos qué es lo que hay, ni si lo que hay forma Universo o Multiverso, será cognoscible.

    LECCIÓN V

    Conocemos la filosofía como un esfuerzo intelectual que se realiza por empeño y excelencia. Por sí misma, la filosofía no es necesaria entendiendo por ello que sea útil, si es así no lo es.

    La verdadera necesidad es la que el ser siente de ser lo que es. La filosofía no su por una razón de utilidad, pero tampoco sin una razón es constitutivamente necesaria al intelecto ya que busca capturar al Universo, es decir, hallar la totalidad(todo lo que es y está ahí, cuanto nos es dado, presente, que es por su esencia mero trozo, pedazo…)

    Todo objeto es solamente un fragmento del Universo y por serlo, nos fuerza pensar en otra realidad que lo completa. Por lo tanto, consideramos que cada objeto no forma toda la realidad, sino que solamente forma parte de ella.

    A través de nuestra percepción captamos las cosas como latentes, que forman un fondo que ya conocemos y damos por supuesto, además lo tenemos almacenado cuando no estamos viendo esas cosas, pero que luego serán aquellas las que tengamos delante, inmediatas, patentes y dadas.

    Entonces lo que en cada instante vemos de nuestro ser interior es solamente un pequeño trozo y esos pequeños trozos van a dar lugar al mundo. Esos fragmentos de la realidad, son cosas que forman “nuestro mundo” ya que es el conjunto de lo que nos es dado.

    ¿En qué consiste la problemática del problema?

    En que el intelecto busca una solución. El problema es la conciencia de un ser y un no ser, de una contradicción que algo es y no es a la par. Entonces, según esto, el mundo en que vivimos es un objeto insuficiente y fragmentario, proclama su no- ser y obliga a que nosotros tengamos que filosofar, es decir, buscar al mundo su integridad, completarlo en Universo y a parte construirle un todo donde se aloja y descanse.

    El ser fundamental no es que sea un dato, y tampoco es un presente para el conocimiento, es justo lo que falte a todo lo presente, es el extraño ser, notamos su ausencia. Por tanto, el ser fundamental es el eterno y esencial ausente, es el que falta siempre en el mundo. Por ejemplo, este ser fundamental, en las religiones consistiría en el propio Dios resolviendo así el problema para el fundamento del mundo. Pero en la filosofía, que es el conocimiento del Universo o de todo cuanto hay, los filósofos se plantean un problema absoluto, no dando nada por sabido anticipadamente. En esto, el filósofo se encuentra en una situación que va aneja a su autonomía, es decir, aquel principio metódico le renuncia a apoyarse en nada anterior a la filosofía misma que se va haciendo, el compromiso de no partir de verdades supuestas, no hay suposiciones.

    La filosofía es, por tanto, autonómica, ya que es una ley intelectual de sí misma.

    Toda la filosofía es paradoja, se aparta de la opinión natural que usamos en la vida, porque considera dudosas teóricamente las creencias que vitalmente no nos parecen cuestionables. El filósofo tiene que luchar para conquistar el Universo y para ello no es suficiente sólo con el principio de autonomía(que nos invita a tener cuidado, pero no a caminar) es preciso acertar y con esfuerzo y empeño atacar el problema de tener que definir el todo o Universo, el filósofo no se sumergirá simplemente en el materialismo del físico sino que buscará de la materia su valor como pieza del Universo y dirá la verdad última de cada caso; ese es el principio de Pantonimio o ley de totalidad que solo ha sido llevado a cabo en algún tiempo, no como el principio de la autonomía que todavía perdura en nuestros tiempos. Otro de los atributos de la filosofía es la teoría, ya que entendemos: la filosofía como un conocimiento teórico, comprendiendo por teoría un conjunto de conceptos( en este caso el conceptos es un contenido mental enunciable).

    En el caso de los místicos, estos dividen su itinerario hacia el éxtasis en virtuales etapas. En su travesía ultramundana no traen nada apenas que contar y por tanto se ha perdido el tiempo. Los místicos pretenden llegar a un conocimiento superior al de la realidad. El problema está, en que cuando ellos se quedan en trance, la sabiduría obtenida es mucho menor que la dada por el conocimiento teórico. Lo que nos dicen luego es de una gran trivialidad y monotonía, pero según ellos el conocimiento extático transciende todo el lenguaje, que es un saber mudo.

    En un libro místico encontraremos un plano que nos ayudará a llegar a la realidad, es el itinerario de la mente a lo absoluto. El saber místico es intransferible y, por esencia, silencioso; por ello resulta que es difícil creer a alguien que ve lo que yo no puedo ver. A pesar de esto, podemos darle solución diciendo que nosotros creemos que esa persona ve más que nosotros cuando esa visión sea superior, aunque nos sea invisible, proporcionándole superioridades visibles para nosotros.

    Según el autor, esta en contra del misticismo puesto que no produce ningún beneficio intelectual.

    El misticismo y la filosofía son opuestos, mientras que el misticismo se ocupa de explotar la profundidad y especula con lo abismático, la filosofía no está interesada en sumergirse en lo profundo, sino en emerger de lo profundo a la superficie. Es decir, que si el misticismo es callar, filosofar es decir.

    Volviendo de nuevo a la comparación con la ciencia actual, la física es todo lo que se puede medir, la filosofía es el conjunto de lo que se puede decir sobre el Universo-->[Author:ACC].

    LECCIÓN VI

    La filosofía es una teoría del Universo. Vamos a teorizar y contemplar las cosas, desde el exterior de esa cosa. A partir de ahí intentamos hallar aquellos conceptos que colocados en un cierto orden nos permiten decir cuanto nos parece que hay o el propio Universo.

    La filosofía es un ejercicio más bien placentero, en el que se unen los conceptos hallados, en el caso de la ciencia, al estudiarla, no se busca nada de lo que se propone, solamente a de convencerle, luego que se lo crea. La convicción científica lo es verdaderamente cuando viene de fuera(desde las cosas a prenderse en la periferia de nuestro yo, y en esa periferia vamos a encontrar la inteligencia).

    ¿Qué es la inteligencia? Es como una piel sensible de nuestro ser, el cual por si es sensu stricto ininteligente, irracional... Su papel es pensar las cosas, pensar en el ser... por eso Aristóteles decía que había un único intelecto o nôus en el Universo que todos éramos, en cuanto inteligentes, una sola inteligencia.

    Cuando un científico sostiene sus ideas con una creencia semejante a la fe vital, está dudando de su propia ciencia.

    En cuanto a la inteligencia, podemos definirla como lo que más vale es lo que casi siempre está en peligro ya que en un caso de conflicto, de depresión estamos cerca de dejar ser inteligentes. Esto mismo podríamos decir del sentido moral y del gusto estético.

    Según Platón, la cultura brota y vive, florece y fructifica en temple espiritual bien humorado, es decir, en la jovialidad. La seriedad nos llegará después, cuando hayamos logrado la cultura o la propia filosofía, es decir, en una edad más avanzada. Según él, el hombre es en el juego donde es más riguroso. Esta jovialidad rigorosa intelectual es la teoría. Y la filosofía no es más que una teoría. En la teoría canjeamos la realidad por su espectro que son los conceptos y que en vez de vivirla pues la pensamos.

    En conclusión, tenemos que filosofía es un conocimiento del Universo que tiene una amplitud límite y un problematismo radical en cuanto a su tema; el pensamiento filosófico tenía que cumplir dos leyes u obligaciones: la de ser autónomo (no admitiendo verdades externas) y la ley de pantonimia (que no aspire al Universo).

    Hablamos de la filosofía como algo que desconocemos, es una teoría y está será de verdad verdadera cuando esté compuesta de evidencias(de combinaciones de conceptos, de lo que llamamos juicios o proposiciones: frases) y por evidencias procede (en las frases decimos que tales cosas son de tal manera y no de tal otra). Por tanto, una frase es verdadera cuando podemos confrontar lo que ella dice con las cosas mismas de que ella lo dice, es decir, en la medida en que las cosas de las que habla pueden verse, pueden fundamentarse.

    Esas evidencias de las que se compone la filosofía no son sentimientos, son por el contrario, caracteres que adquieren nuestros juicios o frases cuando lo que en ellos defendemos lo defendemos puesto que lo hemos visto. Pero no debemos aferrarnos a esa palabra, visión, ya que esta posee el más obvio ejemplo de un estado subjetivo nuestro en que los objetos se nos presentan sin intermediarios. Por tanto, no hay más verdad teórica rigorosa que las verdades fundadas en evidencia y esto implica que para hablar de las cosas tenemos que exigir verlas, pero en vez de usar ese término, visión, utilizaremos la palabra intuición (“presencia inmediata”) que consiste en aquel estado mental en que un objeto nos sea presentado. Esta intuición podrá ser tanto sensible como insensible.

    Resumiendo, la filosofía es conocimiento del Universo de todo cuanto hay, conocemos ya el radicalismo de nuestro problema (debido al radicalismo de la filosofía, no le permite aceptar para sus frases otro modo de verdad que el de total evidencia fundada en intuiciones adecuadas. La evidencia intuitiva forma la base de la filosofía) y el de las exigencias que impone el tipo de verdad filosófica (la primera era no aceptar como verdadero nada que no hayamos nosotros mismos probado y comprobado).

    La doxa es la opinión natural y espontánea y la filosofía está obligada a separarse de esta buscando otra opinión más firme que es la para-doxa (paradoja).

    Los datos del problema filosófico.

    Todo problema supone una serie de datos necesarios para resolverlo a través del pensamiento, dichos datos son, en realidad lo que no es el problema. El problema supone una situación intermedia que algo sea dado y que lo dado sea insuficiente, incompleto. Lo que necesitamos buscar será lo que nos falta porque no nos ha sido dado.

    En el caso de la filosofía, esta fija con mayor rigor la fijación de sus datos que las demás ciencias, puesto que tiene que encontrar una serie de datos que sean pertenecientes, sin duda alguna, del Universo y que dichos datos puedan ser comprobados.

    LECCIÓN VII

    Es importante que distingamos la existencia entre estas tres clases de cosas:

  • Las que quizás hay en el Universo, conozcámolas o no.

  • Las que por equivocación creemos que hay, pero, en verdad, no las hay.

  • Aquellas de que podemos estar seguros que las hay(las que pertenecen a nuestro conocimiento). Para afirmar estas cosas como verdaderas(que existan en el Universo) puede ser de dos tipos:

  • Unas veces afirmamos que un objeto existe fundándonos en un razonamiento, en una prueba, en una firma y justificada inferencia.

  • Para afirmar por inferencia o por prueba la existencia de ciertos objetos, hay que partir de una seguridad más radical y primaria en la existencia de otros. Es un tipo de seguridad que no necesita prueba ni inferencia.

  • Estas cosas, cuya existencia indudable, son los “datos del Universo” que forman lo único que indudablemente existe, cuya existencia se funda en una seguridad muy especial.

    Esos datos del Universo los vamos a buscar en:

  • La poesía y narrativa, donde encontramos que hay cosas que en realidad no existen en el Universo o realmente, sino solamente en nuestra fantasía o imaginación. Hablan sobre la Quimera o los gigantes que supuestamente se imaginaba Don Quijote.

  • En la física: el físico nos asegura la existencia de átomos, electrones, fuerzas que existen en el Universo... aunque es posible dudar de esto. Nosotros no vemos los átomos invisibles y por ello, podríamos decir, que los átomos son objetos cuya existencia, aunque sea efectiva, nos aparece solamente al cabo de toda una teoría. Para que sea verdad la existencia de los átomos es preciso antes que sea verdad la teoría física entera. Y la teoría física, es más bien una verdad derivada, una verdad problemática.

  • Por lo tanto, los átomos no son existencias indubitables no son datos del Universo.

    Encontramos entonces, esos datos del Universo en aquellas cosas que nos rodean, que vemos, tocamos... por lo tanto, cuando vemos una alucinación, esta se caracteriza porque su objeto no lo hay en verdad. Pero al percibir una cosa, su contenido perceptible es igual en la percepción normal. Por lo que se considera que la percepción de lo real no es una alucinación cualquiera, sino una alucinación constante y común, mucho peor que la otra. Los datos nos los darían los sentidos, pero estos no nos garantizan su verdadera existencia, siempre queda la duda.

    En conclusión, todas las cosas, la naturaleza, los demás seres humanos, el mundo exterior íntegro... no tienen una existencia evidente, no lo hay, entonces, indudablemente en el Universo. Ese mundo que nos rodea, nos lleva… nos parece lo más firme, resulta ser de existencia sospechosa y por eso, la filosofía no pueda partir de la existencia del mundo exterior y tampoco puede aceptar lo que otras ciencias demuestran como verdadero y lo que la vida crea.

    Filosofar no es vivir, sino que es desasirse de las creencias vitales. Sobre este mundo exterior, la filosofía opina que no es un dato radical, que su existencia es dubitable(no es una proposición evidente y requiere otras verdades primarias donde apoyarse). Lo que no hace la filosofía es negar la realidad del mundo exterior y es porque dice que “ni la existencia ni la inexistencia del mundo en torno es evidente”.

    ¿Qué queda del Universo?

    La duda para dudar de todo, tengo que dudar que dudo. Según Descartes “Cuando dudo yo no puedo dudar de la existencia de mi duda; siendo una incuestionable realidad del Universo”. Y es que dudar significa parecerme a mí que algo es dudoso y problemático. Como parecerme a mí algo y pensarlo son la misma cosa, la duda será un pensamiento.

    El pensamiento es la única cosa del Universo que no se puede negar, puesto que negar es pensar. Las cosas, entonces, en las cuales pienso podrán no existir en el Universo, pero el que las pienso es indudable. A pesar de esto, dicho pensamiento se reduce a mí ya que es pura presencia, pura apariencia, puro parecerme a mí.

    Buscábamos los datos del Universo, estos datos serían los dados al conocimiento y ello se puede decir cuando ese algo entre plenamente en el conocimiento, cuando lo encontremos ante nuestra comprensión patente, sin misterio y sin duda. Ese dato radical, perteneciente al Universo, es el pensamiento puesto que se tiene siempre a sí mismo, es lo único que se es a sí mismo presente y consiste es esto, encontrarse consigo mismo, sin duda.

    Lo mismo que decimos del dudar, lo podríamos decir de nuestro ver y oír, imaginar, amar, querer… todas estas cosas tienen de común que son lo que para sí mismas sean, es decir, que existe en el Universo porque existe para sí, que parezca a sí mismo existir.

    Otra de las cosas del Universo, junto con el pensamiento es la subjetividad. La subjetividad es el principio básico de toda la Edad Moderna. Es la idea de la primacía de la mente o conciencia como hecho primario del Universo es tan enorme, tan firme, tan sólido que no podemos hacernos ilusiones de superarla fácilmente; al contrario, tenemos que adentrarnos en ella.

    Volviendo al dato radical, pensamiento, nos volvemos a plantear la duda metódica enunciada por Descartes, cuya resolución sería dada por la propia filosofía, percatándose de su propia y nativa condición. Sería la teoría, la prueba de resistencia que una proposición ofrece a la duda. Son dudar no hay probar, no hay saber.

    Con esta duda metódica se descubrió que para el conocimiento no hay más dato radical que el pensamiento mismo, es decir, que con el simple hecho de pensar una cosa ya existe. En todas las demás cosas es distinto su existir, pero el pensar algo ya le da un ser, ser dato para sí mismo. Pero para que exista algo que pensamos, el pensamiento, debemos tener en cuenta que pensar y existir son la misma cosa. La realidad del pensar consiste en que yo me dé cuenta de él. El ser consiste en darse cuenta.

    La seguridad con que podemos afirmar que en el Universo existe el pensamiento es de una cualidad incomparable a toda otra afirmación sobre existencias, lo cual, una vez descubierto, obliga a fundar en él todo nuestro conocimiento del Universo.

    Según esto, para la teoría la verdad primera sobre lo real es el pensamiento. En mi mente, estará entonces la realidad, una realidad indestructible a lo que se piensa. Este principio lleva a intentar un sistema de explicación de cuanto hay, interpretando todo lo que aparentemente no es pensamiento, no es idea, como consistente no que en ser pensado, que en ser idea. Este sistema es el idealismo.

    Este sistema considera al cuerpo como una idea que tiene la mente, el alma... Descartes da al pensamiento como ser para sí el nombre de consciencia o conciencia(donde aparece el atributo que constituye el pensamiento que es saberse, tenerse a sí mismo, reflejarse, entrar en sí, ser intimidad).

    Aquí es donde aparece el yo. El yo es el gerifalte que vuelve siempre al puño si el puño fuera un gerifalte, que consiste en la inflexión del vuelo hacia dentro de sí, descubriendo tan extraña realidad como la conciencia. Pero si consideramos que la conciencia es intimidad, solamente trata consigo misma. Por tanto, que al encontrar el verdadero ser de nuestro yo, nos encontramos con que nos hemos quedado solos en el Universo, que cada yo es soledad.

    LECCIÓN VIII

    Con el descubrimiento de la conciencia, subjetividad, del “yo” se pudo hallar entre esas cosas si existen o no en el Universo, una cuyo modo de ser la diferenciaba del resto, y esta era el pensamiento. Cuando decimos que una cosa existe nos referimos en cuanto “estar ahí”, en cambio, si nos referimos al pensamiento decimos que existe cuando y porque me doy cuenta de él, cuando lo pienso. Entonces, su existencia no será como la de la cosa, sino que será un activo estar. Por tanto, el pensamiento tiene un modo de ser distinto radicalmente de las cosas. Hay, entonces, en el pensamiento una dualidad o duplicidad: el pensamiento reflejado o el pensamiento reflejante.

    Por ejemplo, si tenemos una cosa cuando nosotros la veamos, no vamos a salir de nosotros mismos y ponernos en contacto con esa realidad. La cosa de alucinación y la auténtica cosa existen ambos, pero sólo en mí, son estados de mi mente, son los propios pensamientos. Son contenidos del yo, del sujeto pensante.

    Toda otra realidad de las cosas que vaya más allá de la que derivada de esta primacía que poseen como contenidos de la conciencia. Será que el mundo exterior está en nosotros, es nuestra representación y la realidad es idealidad que existe sólo en el pensante, el consciente. Aparecen, por tanto, los estados de mi subjetividad. Mi subjetividad, mi conciencia está siempre consigo misma, en la intimidad. Esto significa que yo me recluyo en mí mismo, como prisionero, pero tengo la ventaja de tomar contacto conmigo mismo sin ser invadido por la realidad exterior.

    Esta subjetividad se descubrió como tal del pensamiento en su interioridad por el hombre moderno, no por el hombre antiguo que desconoce ese modo de ser subjetivo, reflexivo, íntimo y solitario. Partiendo de que el modo de pensar ya ha descubierto la conciencia, el ser subjetivo y para sí, si representamos nuestra intimidad en la figura de un círculo llenará este círculo cuanto en nosotros pasa y hay. En este círculo en el que llamamos yo(que es el sujeto de todos nuestros actos, del ver, del oír...) y constituye el ingrediente, sujeto, que forma parte de todo acto. Ese “yo” ocuparía la periferia del círculo, todo aquello que en nosotros es menos nosotros y a la que llamamos naturaleza, Cosmos; y esa periferia estaría compuesta por las cosas materiales y nos llama la atención.

    La naturaleza, mundo exterior, le plantea constantemente problemas de subsistencia y defensa. Eso significa que el hombre vive más en la naturaleza, atiende más a lo visible y tangible, pero en ocasiones, instantes meramente fugaces, retrae dicha atención de la naturaleza hacia sí mismo. Esta es lo que podemos llamar la actitud natural de la conciencia, para lo cual sólo existe el mundo cósmico compuesto de cosas corporales.

    Éxtasis significa estar fuera de sí y en este sentido el animal vive en perpetuo éxtasis, volverse hacia sí mismo sería distraerse de lo que pase fuera y traería consigo su muerte. De esta manera, el hombre primitivo vive como los animales, “su yo”, vive directamente de las cosas y va y se ocupa de ellas. Da la espalda a su propio ser, se ignora a sí mismo.

    El hecho de que el hombre en un principio fuera de dentro de a fuera y que luego variase y fuese de fuera a dentro es un fenómeno que se produce por dos cosas: que haya algo que incite al sujeto a despreocuparse del exterior y algo que le llama la atención en su interior, aunque ambas por sí solas son insuficientes razones.

    Con el avance mayor que en Historia y, sobre todo, en la Historia de la Filosofía se ha logrado en los últimos años ser sinceros y reconocer que no entendemos a los pensadores antiguos y esto es debido a que tenían una distinta actitud mental. El hombre antiguo, conserva la tesitura del hombre primitivo por lo que vive de las cosas y solamente existe para él, el Cosmos de los cuerpos.

    Según el espiritualismo de Aristóteles, los astros tienen alma, conciencia y cómo una conciencia que no consiste en más que en un puro darse cuenta de sí, puede empujar la grave mole de un cuerpo sideral. El hombre antiguo descubre ese alma partiendo desde fuera, desde el exterior, y por ello, interpreta la percepción sensible y la vida intelectual.

    Entonces, tenemos que el cristianismo y el modernismo son opuestos. El cristianismo no será anti- moderno, no le acepta. El moderno es anti- cristiano nace frente y contra la idea religiosa. Tanto el anti- cristianismo como el anti- modernismo no quieren esforzarse en cambiar, prefieren la inercia y por eso son anti- ser.

    Las dos raíces de la subjetividad moderna son:

    · Escepticismo negativa

    · Cristianismo positiva.

    Ambas son inseparables.

    El escepticismo enseña al hombre a no creer en la realidad del mundo exterior y a desinteresarse de él. Mientras que el motivo positivo, el cristianismo, tiene interés por la subjetividad para que esta retraiga sobre sí la atención y se instale en el primer plano.

    En el caso del Dios cristiano, es trascendente. El cristianismo propone al hombre que entre en trato con ser tal. Para ello va a negar la realidad del mundo, de los demás seres, del Estado, de la sociedad, de su propio cuerpo… el alma se queda en soledad, sola con Dios. El alma es lo que verdaderamente es cuando se ha quedado sin mundo, liberada de él. No hay más que esa doble realidad: Dios y el alma. Dios se encuentra en el fondo de la intimidad.

    LECCIÓN IX

    Hemos dejado atrás la realidad del mundo exterior, el realismo antiguo, para dar paso a la realidad primordial de la conciencia, el idealismo, del cual no vamos a retroceder ya. Sean cuales sean nuestros designios, nuestros intentos de innovación y progreso filosófico. Hoy iremos más alla del idealismo y lo vamos a conservar.

    En la tesis idealista, el yo, el sujeto, se traga el mundo exterior el yo idealista es un tumor.

    Para los griegos, el yo era un detalle del Cosmos. Platón no usa casi nunca el término égo. Para Aristóteles el yo - alma son como una mano, tocan el Cosmos para su información. Pero ya Descartes asciende el yo al rango de la primera verdad teórica y a hacerse mónada en Leibniz, al cerrarse en sí y segregarse del Cosmos grande.

    En el caso del yo moderno, este se ha tragado el mundo y se ha quedado solo. Pero el yo necesita salir de sí mismo, hallar un mundo en su alrededor. El idealismo casi consigue convencer al hombre de que el medio en el que vive solamente era imagen suya y él mismo. Por otro lado, la mente primaria, nos presenta todo eso como una realidad distinta de nosotros. Si fuese así como creyéramos, todo sería una gran desilusión.

    Debemos, por tanto, liberar al yo de su prisión, curar su ensimismamiento, intentar su evasión. Pero para salir de sí mismo hay que haber estado dentro. El yo es intimidad y ahora vamos a tratar de que salga de sí, pero conservando su intimidad.

    Si nos diéramos cuenta de que la verdad fuera distinta, todas aquellas necesidades, deseos… se estrellarían contra nuestra inteligencia. Y al contrario, sin esos deseos, necesidades... podemos llegar a una verdad nueva a través de la inteligencia. Entonces decimos que una verdad será descubierta porque se la desea, se la busca, y esto mueve al hombre hacia ella, por ello existe la Historia. La verdad sólo desciende sobre quien la pretende, quien lo desea y la aloja en su mente. Se desea una determinada verdad y esto trasciende de sí mismo, se deja atrás a sí mismo y va a buscar la verdad. El hombre se hace o bien ilusiones (deseando la falsedad) o bien desea la verdad, en ambos casos, el hombre se percata.

    El problema de nuestro tiempo es intentar superar el idealismo. En la actitud nativa de la mente aparece dado y real el Cosmos, las cosas… eso es lo que nosotros primero tomamos como real. En el caso del filósofo antiguo, busca el ser de las cosas e inventa conceptos que interpreten su modo de ser. Para el idealismo, el Cosmos tiene una realidad, de ser verdaderamente primordial y seguro, el ser del pensamiento. Toda cosa tiene un carácter estático y consiste en un ser quieto, es una cosa inmutable, invariable “movimiento”. Ese ser del pensamiento consiste en ser para sí, en darse cuenta de sí mismo.

    Carecemos de conceptos adecuados y del idioma necesario para poder entender el pensamiento. Debemos, entonces, reformar la idea del ser y con ello, reformar radicalmente la filosofía.

    El pensamiento existe y consiste en una reflexión, tiene una consistencia fija, variable y quieta. Esa reflexión, a su vez, no es sino un pensamiento mío sin más ser o realidad que ser pensada.

    Para que un pensamiento exista, basta con que lo piense, dándole ser y con ello, ejecutándolo.

    El pensamiento no puede dudar de su existencia ya que consiste en darse cuenta de sí mismo el pensamiento existe “el pensamiento existe, es, luego yo existo, soy”. Decir que ese pensamiento existe es decir que existe en mi yo o sujeto y su objeto.

    “Mi pensamiento es lo que es para mi pensamiento!. Esta es la innovación que quiso traer al mundo el idealismo y ese es el verdadero espiritualismo.

    Descartes, en cambio, pierde serenidad ante un ser que consiste en un mero “parecer”, en dinamismo de reflexión. Como un antiguo, necesita sujetarse en algo más sólido, en un ser cósmico y buscar detrás de ese ser del pensamiento un ser, cosa, una entidad estática. El pensamiento deja de ser realidad para él y se convierte en una manifestación de otra realidad latente y estática. Por lo tanto, el pensamiento existe indubitablemente, pero a causa de consistir en parecerse a sí mismo, no es una realidad. Entonces, si nosotros no dudamos que existe la apariencia pensamiento, deberemos admitir una realidad latente bajo esa apariencia(que verdaderamente lo es). A esa realidad latente la llamo Yo, dicho Yo no lo veo, aunque sea real, pero no es evidente ya que para llegar a ello necesitamos sacar una conclusión. El yo no es un pensamiento sino que es una cosa de que el pensamiento es atributo, manifestación...

    Según la frase de Descartes: Yo pienso, luego existo dice que el pensamiento no necesita nada para existir. Pero esta frase está llena de contrasentidos ya que si dijéramos que el pensamiento no necesita nada para existir, no podríamos decir que el pensamiento existe y fundar en esa verdad la conclusión.

    Descartes substancializa el sujeto del pensamiento y lo arroja fuera de este; lo transforma en cosa exterior ya que no consiste en ser pensado y sólo en cuanto pensado, y solamente por eso interior a sí mismo y haciéndose el ser a sí mismo. La cosa pensante no se piensa a sí misma.

    Volviendo al idealismo, el cual trata de encontrar distintos modos de ser que le permite completar su tesis, encontramos que del sujeto del pensamiento pasamos al objeto(las cosas u objetos son sólo “contenidos de la conciencia”).

    Buscando aquello que es aceptable e inaceptable en la tesis del idealismo encontramos que: es aceptable que la presunta realidad externa del mundo es sólo una realidad en sí, independiente de mí es muy problemática. Por tanto, la filosofía no la puedo aceptar, esto quiere que el mundo exterior no está aparte de mi darme cuenta, del mundo exterior sino que está dentro de mi darme cuenta. El idealismo tiene una problemática en el hecho de situar el mundo exterior(teatro). Según esto, o tiene una realidad absoluta fuera de mi o la tiene en mí. Analizándolo se ve claramente que, al no poder yo salir de mí mismo, reconoceremos su existencia en mí, como contenido mental. Pero anteriormente a esto, el idealista debería haberse propuesto lo siguiente: el que si tiene sentido llamar a ese teatro “contenido de la conciencia o mental” o más bien “cuadrado redondo”. Pronto se advierte el absurdo de esto y el idealista se defiende retirando la expresión “teatro-contenido de la conciencia” y diciendo esta otra “lo que es contenido de mi pensamiento o conciencia es solamente mi pensar el teatro, la imagen o el imaginar. Ya no hay inconveniente ni problema alguno: yo soy mi pensar, mi imaginar... todo ello forma parte de mí o son contenidos míos.

    El teatro estará entonces, no dentro de mi pensamiento formando parte de él, pero tampoco fuera de mi pensamiento, está junto, inseparablemente junto a mi pensarlo. Yo soy frente a ese teatro, soy con el mundo, somos el mundo y yo. Y entonces podremos decir que el mundo no es una realidad subsistente en sí con independencia en mí, sino que lo es para mí o ante mí. El mundo será solamente un ser aparente y no hay porqué buscarle una substancia tras esa apariencia.

    Según el idealismo sin objetos no hay sujeto, este fue el error principal del idealismo, convertirse en subjetivismo(dar mucha importancia a la dependencia en que están las cosas en las que yo piense). El error fue hacer que entre el yo y el mundo se estableciese una relación de independencia. Yo estoy conmigo, no soy sino lo que pienso que soy, no puedo salir de mí mismo, pero para encontrar un mundo distinto de mí no necesito tampoco salir de mí, sino que el mundo está siempre junto a mí, y mi ser es un ser con el mundo. Soy intimidad (no entra ningún ser trascendente). El mundo exterior me es íntimo, pero él no soy yo y en este sentido me es ajeno extraño.

    Tenemos entonces que el dato radical del Universo no es simplemente si el pensamiento existe o yo, pensante, existo; sino que si existe el pensamiento existen, yo que pienso y el mundo en el que pienso, entonces se establece entre uno y otro una relación de imposible separación(yo soy el que ve el mundo y el mundo es lo visto por mí).

    Al buscar el dato radical del Universo, encontramos que hay un hecho primario y fundamental, ese hecho es la existencia conjunta de un yo o subjetividad y su mundo. Al hallarme a mí hallo siempre frente a mí un mundo. Por tanto el dato radical no es propiamente mi existencia sino que es mi coexistencia con el mundo.

    El idealismo lo que hizo fue transformar el mundo en subjeto, en contenido de un sujeto, encerraba a este dentro de sí y luego no se podía explicar claramente cómo si ese trato es solamente una imagen mía y trozo de mí, es tan distinta de mí. Pero ahora hemos caído en que lo indubitable es una relación con dos términos inseparables. La conciencia sigue siendo intimidad, pero ahora resulto íntimo e inmediato no sólo con mi subjetividad sino con mi objetividad, con el mundo que me es patente. No es verdad que exista sólo la conciencia, el pensar, el yo. La verdad es que yo existo con mi mundo y en mi mundo; y yo consisto en ocuparme de ese mi mundo en verlo, amarlo, imaginarlo... Ese hecho radical de que alguien que ve, odia, quiere al mundo se llama "mi vida"(que es ante todo un hallarme yo en el mundo, es la realidad primordial, el hecho de todos los hechos, un dato para el Universo).

    Lo primero que debe hacer la filosofía es definir ese dato, lo que es "mi vida", "nuestra vida", la de cada cual. Vivir es el modo de ser radical: toda otra cosa y modo de ser lo encuentro en mi vida, dentro de ella, como detalle de ella y referido a ella.Por tanto, el problema radical de la filosofía es definir ese modo de ser, esa realidad primaria que llamamos "nuestra vida". "Nuestra vida" es intransferible, es mi ser individualísimo, no la puede vivir otro, la tenemos que vivir nosotros.

    LECCIÓN X

    Hemos encontrado como dato radical del Universo algo completamente nuevo, se trata de una cosa nueva, distinta de las ya conocidas, pero al fin y al cabo “cosa” como las demás; se trata de un ser o realidad distinto de los seres y realidades ya notorios.

    Hemos hallado una realidad radical nueva, para lo cual los conceptos de realidad y de ser tradicionales no sirven. Con esta realidad nueva, se inicia la idea de nuevo ser, de una ontología nueva de una nueva filosofía y con ello, de toda una nueva vida.

    Siguiendo la ruta seguida hasta llegar con el “vivir” como dato radical nos encontramos con lo siguiente: la existencia de las cosas como existencia independiente de mí es problemática, por consiguiente, abandonamos la tesis realista de los antiguos. Es indudable que yo pienso las cosas, que existe mi pensamiento y que la existencia de las cosas depende de mí, es mi pensarlas; esta es la porción firme de la tesis realista. Pero a partir de esto nos preguntamos lo siguiente: ¿en qué sentido y modo dependen de mí las cosas cuando las pienso? El idealismo nos dice que las cosas dependen de mí(son pensamientos en el sentido de que son contenidos de mi conciencia, de mi pensar, estados de mi yo). Esta es la que no aceptamos, puesto que es un contrasentido a lo anteriormente dicho. Por tanto, la verdad radical es la coexistencia de mí con el mundo. Existir es principalmente coexistir, es ver yo algo que no soy yo, amar yo a otro ser, sufrir yo de las cosas.

    El error del idealismo fue por una sencilla razón que fue que aceptó sin discutirlo el sentido tradicional de ser y existir diciendo que El ser que para ser no necesita ningún otro o que El ser sustancial es el ser suficiente. Al toparse con el hecho de que la realidad radical e indubitable es que yo pienso y la cosa en que pienso, por tanto, una dualidad y correlación, no se atreve a aceptarla imparcialmente, sino que dice: puesto que hallo las dos cosas unidas que son el sujeto y el objeto, por tanto, las halló en dependencia y debemos decidir cuál de ellas es independiente y cuál es suficiente. Al contrario, el único ser indubitable que hallamos es la interdependencia del yo y de las cosas, por tanto el ser indubitable no es el suficiente sino “el ser indigente”. Ser es necesitar lo uno de lo otro.

    El dato radical es una coexistencia de mí con las cosas. Diremos que lo primario que hay en el Universo es “mi vivir” y todo lo demás lo hay o no en mi vida, dentro de ella. Los contenidos de mi vida serán las cosas, el Universo... ya que mi vida no solamente está formada por mí, sino también por el mundo.

    Hemos logrado superar el subjetivismo, pero antes debemos descubrir qué es, ese verdadero y primario ser que es el “vivir”. No nos sirven entonces los conceptos y categorías de la filosofía tradicional, y tendremos que buscar otros que expresen el vivir.

    El vocablo “vivir” se aproxima a un sencillo abismo sin frases, no se enmascara. ¿Qué es mi vida? Mi vida no es lo que pasa en mis células o lo que pasa en mis astros, la vida es lo que somos y lo que hacemos, es, pues, de todas las cosas la más próxima a cada cual. Y si somos sinceros nos daremos cuenta de que nuestra existencia está simplemente formada por parejas insignificantes: vamos, venimos... sólo en ocasiones, la vida cobra una cierta tensión de gran dolor, alegría...Resulta que la vida es el conjunto de actos y sucesos que la van componiendo.

    Hallaremos, pues, una serie de atributos de la vida. Vivir es lo que hacemos y nos pasa, es esa realidad extraña, única, que tiene el privilegio de existir para sí misma. Es el descubrimiento incesante que hacemos de nosotros mismos y del mundo de alrededor.

    “Nuestra vida” es como la llamamos puesto que la vida está presente en mí y ello me da posesión de ella, la hace mía. La vida de un loco no es suya ya que, el loco, al no saberse de sí mismo, no se pertenece, se ha expropiado y al hacer esto, su vida pasa a una posesión ajena. La vida es saberse es evidencial.

    Vivir es encontrarse en el mundo. No se trata de que encontremos nuestro cuerpo entre otras cosas corporales y todo ello dentro de un gran cuerpo o espacio que llamaríamos mundo. Si existiesen solamente cuerpos no existiría el vivir, los cuerpos ruedan siempre fuera los unos de los otros. El mundo en que al vivir nos encontramos está compuesto de cosas agradables y desagradables. Originariamente, se decía que el cuerpo es algo que nos resiste y estorba o bien nos sostiene y lleva; el mundo es lo que nos afecta. Y vivir es hallarse cada cuál a sí mismo en un ambiente de temas, de asuntos que le afectan.

    Nuestra vida consiste en que la persona se ocupe de las cosas o con ellas y, por ello, lo que nuestra vida sea depende tanto de lo que sea nuestra persona como de lo que sea nuestro mundo. Vivir no es entrar por que nos apetece en un sitio, nuestra vida es siempre una sorpresa, no nos anuncia lo próximo... decimos entonces que nosotros vivimos sosteniéndonos en vilo a nosotros mismos, llevando nuestra vida por entre las esquinas del mundo. En todo instante tenemos un problema, de cualquier tipo y magnitud que hemos de resolver sin que quepa transferir la solución a otro ser, es decir, sin antes haber estado resuelto. Entonces, en todo instante, nos sentimos obligados a optar por cientos de posibilidades que determinarán el rumbo que lleva nuestra vida. Nuestra vida es nuestro propio ser. Somos lo que ella sea y nada más.

    Ya no podremos decir solamente que la vida es lo que hacemos, es el conjunto de nuestras ocupaciones con las cosas de mundo, porque nos hemos dado cuenta de que todo ese hacer y esas ocupaciones no nos vienen automáticamente impuestas, sino que son decididas por nosotros mismos. El gran hecho fundamental está en que vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser. La vida es futurición, el lo que aún no es.

    LECCIÓN XI

    El espíritu, por su misma esencia, es lo más cruel y lo más tierno y generoso. El espíritu, para vivir, requiere negar su propio pasado, pero no puede hacer esto, si a la vez, no lo mantiene vivo en su interior. Ya que si lo matase de una vez por todas no podría seguir negándolo y superándolo a la vez y se tendría que empezar de nuevo. Superar es heredar y añadir.

    Necesitamos un nuevo concepto de ser, demostrar la porción de verdad que tenían los antiguos. Ya, al buscar solamente la primera verdad sobre el Universo se comienza a discrepar, si eres teísta dirías que la realidad más importante es Dios, si eres materialista dirías que es la materia y si eres panteísta dirías que es una entidad indiferente, a la vez materia y Dios. Pero en el caso del moderno, dirá que es posible que estas sean o no las realidades del Universo, no aclarando nada. En suma, que el problema primero filosófico consiste en determinar el problema de los datos radicales.

    Hallamos que podemos decir que nos encontramos en un nivel superior a la antigüedad ya que en esta no se planteó el problema de los datos radicales y podemos decir que hallamos que no es la conciencia, el sujeto, sino la vida que incluye al sujeto y al mundo, esto hace que escapemos del idealismo y alcancemos un nivel superior.

    El nuevo hecho o realidad radical es “nuestra vida”, la de cada cual. En suma, cualquiera realidad que nosotros queramos poner como primaria, supone nuestra vida y que el ponerla es ya un acto vital, es el vivir. Pero, si esto es así, no nos quedará más remedio que fijar los atributos de esa realidad nueva radical, y no hay más remedio que aceptarlos aunque den de cara a todas nuestras teorías preexistentes. Sin que contradigamos un punto a nuestro concepto de vivir, cuerpos orgánicos y leyes físicas y moral, incluso teología. Además, no está dicho que aparte de esa indudable “vida nuestra”, exista “otra vida”, esto sería realmente problemático para la ciencia.

    Así, es evidente que vivir es encontrarme en el mundo. Mundo es lo que hallo frente a mí y a mí alrededor cuando me hallo a mí mismo, lo que para mí existe y sobre mí actúa notoriamente. Mundo no es el Cosmos, no es la naturaleza.

    El primer atributo de esta realidad radical “nuestra vida” es el existir para sí misma, el enterarse de sí, el ser transparente ante sí. Solamente por eso es indubitable ella y cuanto forma parte de ella.

    La primera categoría sería el vivir, ya que me doy cuenta de mí en el mundo, de mí y del mundo. Pero ese encontrarse es encontrarse ocupado con algo del mundo. Yo consisto en un ocuparme con lo que hay en el mundo y el mundo consiste en todo aquello de lo que me ocupo y en nada más. Mi función en la vida es un ser para, para que yo haga esto o lo otro con el ser, el cual es funcionante. Por tanto, ese ser por sí de las cosas, su ser cósmico y subsistente es también un ser para mí, es lo que son cuando dejo de vivirlas, cuando fijo no vivirlas. Esta actitud fingida en que supongo no existir yo y, por tanto, no ver las cosas como son para mí y me pregunto cómo serán entonces es la actitud teórica.

    La teoría y su modo extremo(filosofía) es el ensayo que la vida hace de trascender de sí misma, de des-ocuparse, de desvivirse, de desinteresarse de las cosas. Pero el desinteresarse no es pasivo, es una forma de interesarse. Desinteresarse es interesarse en la mismidad de cada cosa, es dotarla de independencia, de subsistencia, de personalidad ponerme yo a mirarla desde ella misma, no desde mí.

    “Nuestra vida”: es hallarse ocupándose de esto o lo otro, un hacer. Pero todo hacer es ocuparse de algo para algo. La ocupación surge por un propósito en virtud de un para, de una finalidad. Ese para es lo que yo he decidido entre las posibilidades que tenía ante mí y he optado que fuera mejor. Nuestra vida se anticipa, no nos es dada hecha. El mundo vital se compone de cada instante para poder hacer yo esto o lo otro. Por otro lado, esas posibilidades no son limitadas y hay que decidirse, y para que haya decisión tiene que haber a la vez limitación y holgura. Esto expreso con la categoría “circunstancias”. La vida se encuentra siempre en ciertas circunstancias, es algo determinado, cerrado, pero a la vez abierto y con holgura interior, con hueco o concavidad donde decidirse. Toda vida se decide a sí misma entre varias posibilidades, constantemente.

    Vida es a la vez fatalidad y libertad, es ser libre dentro de una fatalidad dada. Esta fatalidad nos ofrece una serie de posibilidades, pero estas posibilidades son determinadas y por tanto, nos ofrece diferentes destinos. Nosotros lo que hacemos es aceptar la fatalidad y en ella decidimos por un destino, la vida es destino.

    La vida es, a la par, fatalidad y libertad, es posibilidad limitada, pero posibilidad, por tanto, abierta. Estamos anclados en el presente cósmico, mientras el cuerpo y la cabeza tienden hacia el porvenir.

    La fatalidad no tiene porqué ser símbolo de que no podamos mejorar en nuestra vida puesto que la belleza de la vida está en cómo logramos nosotros mismos salir de los problemas y no en cómo es el destino, es decir, que nos sea favorable o adverso. Vivir consiste en estar decidiendo lo que vamos a ser. Por lo que la vida consiste en decidir cada instante lo que se debe hacer, pero la palabra preocupación tiene un sentido que indica siempre angustia(momento difícil, es decir hacerse en muy serio cuestión de una cosa o algo que nos angustia). A pesar de que exista esa preocupación, la mayor parte de nuestra vida fluye de manera despreocupada. Todo el secreto de la despreocupación: cuando nosotros creemos no preocuparnos en nuestra vida, dejamos que flote a la deriva, impulsada por las corrientes sociales y ello es lo que hace la mayor parte de los seres humanos. Para ellas vivir es entregarse a lo unánime, dejar que todas las costumbres, los tópicos, los usos... se instalen en su interior, les hagan vivir de ellas y con ello, estas mismas sobreviven generación tras generación, Son ánimos débiles, no se esfuerzan por nada y si lo hacen es lo mínimo, se sienten sobrecogidos y se preocupan como solución a sus problemas y lo arrojan a la colectividad, a las corrientes sociales. Entonces lo que hacen es preocuparse para lograr despreocuparse; y lo que intenta hacer el despreocupado es suplantarse a sí mismo, de esto se preocupa.

    Bibliografía, obras... de Ortega y Gasset:

    Bibliografía:

    * Filósofo, profesor y escritor español nacido en Madrid. Fue una de las personalidades más brillantes de la primera mitad del siglo XX. Era hijo de Ortega y Munilla y nieto de Eduardo Gasset, ambos periodistas y promotores de periódicos. Estudió con los jesuitas de Cádiz y, en 1904, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. Al año siguiente, se trasladó a Alemania para ampliar sus conocimientos de Filosofía; allí, siguió estudios en Leipzig, Berlín y Marburg, donde profundizó notablemente en el pensamiento neokantiano. En 1910, un año después de su regreso a España, ganó la cátedra de Metafísica en la Universidad de Madrid, desde donde se propuso impulsar su proyecto de regeneración cultural de España.

    Ortega vivió su primer gran momento en 1914, año en el que fundó la "Liga de Educación Política de España", pronunció su conferencia Vieja y nueva política y asistió al nacimiento de la revista España, de la que fue el primer director. Poco tiempo después, animó la fundación del diario El Sol (1917) y de la editorial Calpe (1920), en la que dirigió la "Biblioteca de ideas del siglo XX".

    En el prólogo de su primer libro, Meditaciones del Quijote (1914), enuncia lo que sería el núcleo de su pensamiento filosófico. Julián Marías, discípulo suyo, dice de esta obra que constituye una metafísica de la vida, así como la visión de una España en potencia. Es de 1916 hasta 1934, publicó bajo el título El Espectador, una colección de ensayos que versan sobre temas culturales y literarios; paralelamente a este trabajo, escribió numerosos artículos políticos en El Sol, con el objetivo de crear opinión.

    Uno de sus libros más polémicos apareció en 1921. Se trata de La España invertebrada, obra en la que, partiendo del concepto de decadencia, denuncia la deficiente estructuración de la sociedad española, causada por la inexistencia de unas minorías selectas. Ahí, Ortega considera que los males de España estaban ya presentes, al menos su germen, en el débil reino de los visigodos.

    El tema de nuestro tiempo (1923) es la obra fundamental de su metafísica temprana. En ella supera la dependencia de su educación neokantiana, al anteponer la vida al pensamiento para ofrecer una razón vital que viene a reemplazar a la razón pura de sus predecesores. La vida es un proceso continuo y las circunstancias destruyen y alteran el papel de la razón. Este mismo año fundó la Revista de Occidente, que se convertirá en el pilar de la vida intelectual española. La Deshumanización del Arte e Ideas sobre la novela (ambas de 1925), son dos de sus mejores obras de este momento.

    Sin duda alguna, La rebelión de las masas (1930), es su obra más conocida y, a la vez, más polémica. Se trata de un nuevo trabajo elitista, en el estilo de la España invertebrada, en el que aboga por la creación de los estados unidos de Europa para contrarrestar el nacionalismo y el declive europeo. Su aparición coincide con momentos especialmente difíciles de la intervención política de Ortega, que desembocaron en el pesimismo y el desengaño.

    Separado de su cátedra por Primo de Rivera hasta 1929, pronto abandonó también El Sol. En este momento, Ortega fundó la "Agrupación al Servicio de la República" y fue elegido diputado en las Cortes Constituyentes; sin embargo, en 1933 abandonó todo tipo de actividad política. De su retiro de la política queda constancia en su discurso Rectificación de la República (1931). Desde este momento y hasta su muerte, se dedicará al estudio y a la maduración de su obra.

    En el verano de 1936 abandona España y marcha a Francia, donde vivirá hasta 1939, año en el que se traslada a Buenos Aires. Ensimismamiento y alteración (1939), Historia como sistema (1941) y En torno a Galileo (1942), son algunas de las obras más significativas de esta etapa, que alterna con sus trabajos de conferenciante en diversas universidades europeas y americanas. De Buenos Aires se traslada a Lisboa, en 1942. Desde ese año, la familia Ortega vuelve a España al llegar el verano.

    En 1946 inaugura el Ateneo de Madrid con su conferencia "Idea del Teatro". Dos años más tarde funda, con Julián Marías, el Instituto de Humanidades. Su presencia prendió con entusiasmo en la nueva generación, para quienes era una gran desconocido, y supuso un enriquecimiento de la vida intelectual española, especialmente en la universidad, su obra se lee y discute en los pasillos. Gravemente enfermo, regresó a España para morir pocos meses después de su llegada. El mismo año de su muerte vieron la luz sus Obras inéditas.

    José Ortega y Gasset, obras y comentarios de estas:

    Es uno de los filósofos más importantes de la filosofía española, junto con Unamuno. Representa una síntesis de las corrientes filosóficas del s. XX y de los grandes movimientos filosóficos occidentales. Su filosofía posee un talante vitalista, al igual que Nietzsche o Dilthey, pero también está muy influido por filósofos neokantianos y por la corriente existencialista (fundamentalmente Heidegger). En este sentido, Ortega defiende el raciovitalismo (o "filosofía de la razón vital" como él la definió), que supera al vitalismo en que es intelectualista.

    La mayor parte de la producción literaria de Ortega se encuentra en ensayos aparecidos originariamente como artículos en publicaciones periodísticas, o derivadas de conferencias y cursos; escribió también muchos prólogos. Aún los libros más extensos, a menudo fruto de retoques de aquellos materiales, constan de secciones más o menos independientes. Destacan las siguientes obras:

    · Historia como sistema

    · Verdad y perspectiva

    · En torno a Galileo

    · La idea de principio de Leibniz

    · ¿Qué es filosofía?

    · Lecciones de metafísica

    El raciovitalismo:

    En la base de la concepción del mundo de Ortega y de su idea de filosofía hay una negación del supuesto fundamental del racionalismo europeo clásico: lo primario no es el pensamiento, sino la vida. Ortega sostiene que la razón que le ha sido concedida al hombre le sirve para captar las realidades que constituyen la vida y, por ello, es una razón vital, puesto que está en función y al servicio de la vida.

    La vida humana, nunca meramente biológica, es la realidad radical, no en el sentido de sea creadora de las demás realidades, sino en el sentido de que en ella se encuentran todas. Las cosas tienen un sentido y un valor a afirmar por sí mismas; pero se las concibe como la totalidad de las situaciones que constituyen la vida circunstanciada de un hombre: "Yo soy: yo y mi circunstancia". Además, mi vida no es una circunstancia en el sentido del Yo idealista, sino un quehacer, un entretejimiento con las cosas de las que cada uno es responsable, porque siempre es necesariamente producto de la elección libre.

    Para entender la noción orteguiana de realidad radical hemos de hablar de los distintos tipos de saberes que éste considera:

    · Saber lineal. Aquellos que se acumulan progresiva e historicamente, sin plantearse continuamente sus fundamentos. De esta forma funciona la ciencia.

    · Saber circular. Aquel que siempre vuelve a los mismos problemas y a los mismos temas irresolubles. La filosofía constituye un saber circular, pues consiste en una continua búsqueda de soluciones a problemas, en un intento de explicación de la naturaleza humana.

    Y es precisamente el hecho de que el hombre no tiene naturaleza lo que explica esa continua búsqueda por parte de la filosofía. Mientras los animales responden a las situaciones del medio ambiente mediante los instintos, el hombre ha de buscar esta acomodación; se encuentra perdido frente a su circunstancia y ante ella ha de crear sus creencias. La base sobre la que cada filosofía se sustenta es la realidad radical.

    Otra distinción orteguiana de máxima importancia es la que se establece entre ideas y creencias:

    · Creencias son todas aquellas cosas con las que contamos de una forma absoluta de manera inconsciente. Estamos tan seguros de que existen que no las cuestionamos; en todo momento nuestra vida está montada sobre un enorme repertorio de creencias.

    · Ideas son todos aquellos planteamientos que de manera consciente construimos precisamente porque no creemos en ella. Aparecen cuando nos encontramos ante situaciones de las que no poseemos ninguna creencia firme.

    Un gran número de creencias actúan sobre nosotros sin que nos demos cuenta de ello; sin embargo, las ideas sólo actúan y existen cuando las pensamos. Podemos decir que las creencias son viejas ideas que se han consolidado como creencias.

    Por tanto, el hombre se encuentra en una situación de pérdida continua y ha de dar sentido a su existencia buscando continuamente ideas. En la época en la que Ortega elabora estas teorías existe una gran pérdida del sentido de la realidad (período de entreguerras) y la filosofía ha de crear un nuevo sentido, un nuevo significado de la realidad. En su caso es la concepción de la vida como realidad radical.

    Al igual que Nietzsche, parte de un concepto de verdad como perspectiva. Nunca podemos captar la realidad de una forma única, absoluta o definitiva, sino que siempre lo hacemos desde una circunstancia de carácter vital. La realidad nunca se nos muestra en su plenitud objetiva, sino en un proceso de cambio, y además el hombre añade algo a la realidad cuando la conoce, se integra en lo real. Esta fusión vida-conocimiento desde una determinada circunstancia supone un intento de superación histórica o, en el lenguaje ortegiano, de razón histórica.

    Sin embargo, en la vida está también la razón; no en oposición dialéctica sino en necesaria coexistencia. Por eso, Ortega define su filosofía como "filosofía de la razón vital", superación del racionalismo pero sin caer en el irracionalismo.

    Mediante este nuevo concepto de verdad, Ortega pretende sintetizar y superar las grandes corrientes que han configurado la filosofía occidental :

    · El pensamiento griego y la filosofía medieval. Lo único realmente verdadero, lo que realmente existe es el cosmos o la naturaleza, el SER. En esta concepción del mundo sólo existen las "cosas", independientes del hombre.

    · El pensamiento moderno (a partir de Descartes). La realidad radical, lo que realmente existe, no son las cosas sino las IDEAS, que dependen del sujeto. Es una filosofía idealista: sólo existe aquello que puede ser pensado por el sujeto.

    Su filosofía proviene de la influencia de posturas de diferentes filósofos:

    · El concepto de historia y razón histórica de Dilthey

    · Los conceptos de vida y perspectiva de Nietzsche

    · La consideración de la vida como proyecto de Heidegger, a través de conceptos como el de la angustia o el quehacer en la vida de Dasein.

    Las principales características del raciovitalismo son pues, a modo de resumen:

    · La vida es quehacer, proyecto, programa y aspiración. La finalidad es precisamente el desarrollo de la existencia del YO, que no será nunca completo. De ahí que la felicidad absoluta no exista y que la vida se a la vez felicidad e infelicidad.

    · El hombre no se encuentra solo en la realidad, sino que tiene que existir en una circunstancia; esta circunstancia es producto de la historia. En el desarrollo de la vida humana hay que ser conscientes pues de los condicionamientos históricos.

    · El hombre es en la medida que realiza proyectos y en la medida en que le ocurren cosas. El ser del hombre es desarrollo vital, donde se realiza su razón. Esta unión de la razón y de la vida es la culminación del raciovitalismo de Ortega.

    El hombre como “ser histórico”:

    Ortega recopila en sus teorías los planteamientos de:

    · Kierkegaard, para el que la vida es elección libre de posibilidades, la negación y limitación de ciertos caminos, los cuales confluyen todos en la muerte.

    · Heidegger, para el que el hombre es un ser para la muerte. El hombre concreto se encuentra en la angustia, en la pérdida del sentido de la existencia y ante esta pérdida tiene que proyectar su propia vida.

    La vida humana no está hecha, el hombre tiene que determinar permanentemente lo que va a ser; por tanto, la vida es quehacer poético, es una faena histórica. Este quehacer histórico-poético lleva consigo la necesidad de elegir, porque nos encontramos con una serie de posibilidades ante las que forzosamente hemos de optar por ellas. Es una libertad "a la fuerza": hay que elegir, aunque se elija mal. Pero esa elección humana ha de contar con un proyecto vital: la vida humana es, además de historia, proyecto de historia. Cuando éste falta la vida pierde todo sentido para él. Esta visión heracliteana de la vida y de la realidad humana deja bien claro que el hombre no tiene sustancia, sino que su sustancia es el propio cambio.

    La forzosidad de elegir del hombre en la vida nos adentra en el terreno de la moral, ya que al tener que elegir, se es libre y al ser libre se asume la acción hecha o elegida por nosotros, es decir, que se es responsable. La responsabilidad moral se especifica en las 2 categorías morales de la autenticidad y la inautenticidad , relacionadas con la respuesta del hombre a su destino :

    · Se habla de vida auténtica cuando se permanece fiel al proyecto vital.

    · Se habla de vida inauténtica cuando el hombre se pierde en la comodidad del anonimato, de la masa, cuando falsea su destino.

    Otro aspecto derivado de la historicidad del hombre es el de la temporalidad, pero un tiempo no físico, sino vital, en la forma en la que se manifiesta en el ser. El hombre es heredero de su pasado, no como en el caso de los animales, que cada uno estrena y repite el modelo del anterior. Esta vida histórica del hombre, posee una estructura que la hace estudiable, que la convierte en historiografía; esa estructura es la de las generaciones. Para Ortega una generación es "una zona de 15 años durante la cual una cierta forma de vida fue vigente". La afinidad entre los hombres de una misma generación "no procede tanto de ellos como de verse obligados a vivir en un mundo que tiene una forma determinada y única". Hay que distinguir entre los contemporáneos y los coetáneos, según sean los que viven en el mismo tiempo o sean de la misma edad, respectivamente. Hay unas generaciones decisivas, que son las que hacen cambiar las épocas históricas, o mejor dicho, aquellas que viven el cambio entre las épocas de la historia.

    El hombre además de ser histórico es ser social. Pero la sociabilidad del hombre no es la vida del hombre sino algo que pasa en su vida. La vida del hombre es radical soledad, es sólo suya y la sociabilidad es convivencia. El sujeto de lo social no es nadie determinado, sino la gente. Ortega distingue 2 formas de convivencia:

    · Interindividual : Relación entre dos o más individuos como tales, que dan origen a afecciones como el amor, la amistad, etc., en los que el individuo no sale de su individualidad, de su esencial carácter de persona.

    · Social : Establece relaciones impersonales, no espontáneas ni responsables, como por ejemplo el saludo...

    Escepticismo (en griego, skeptesthai, “examinar”), en la filosofía occidental, doctrina que niega la posibilidad de alcanzar el conocimiento de la realidad, como es en sí misma, fuera de la percepción humana. Por extensión gradual de su significado, la palabra escepticismo significa también duda de lo que es generalmente aceptado como verdad. Todo el escepticismo filosófico, al final, tiene que ver con la epistemología; es decir, que está basado en las ideas sobre el ámbito y la validez del conocimiento humano.

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    Que tengo que revisar cap 5 y 6 con ayuda del libro