Muerte en la religión

Teología. Existencia. Budismo. Hinduísmo. Grecia y Roma. Reencarnación. Mitología

  • Enviado por: Jose Ángel García
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
publicidad

INDICE

 

Indice pág. 1

Introducción pág. 2

Grecia y Roma págs. 3, 4

Reencarnación: Budismo e Hinduismo págs. 5, 6, 7

Conclusión pág. 8

Bibliografía pág. 9

INTRODUCCIÓN

¿Qué nos depara la vida?, ¿Llega un punto en que todo se acaba?, ¿Sólo somos un sistema de huesos y tendones que se mueven a través de impulsos nerviosos?, ¿ Tenemos alma?, Y si la tenemos, ¿ donde va a parar después de la muerte?, ¿Qué hay más allá de la muerte?, ¿Regresaremos algún día?, ¿Hemos vivido otras existencias anteriores?, ¿Qué argumentos y testimonios avalan la creencia en la reencarnación?.

Tras el desenlace vital de la muerte, se abre ante nuestra expectativa la imponente interrogación de qué será de nosotros y de nuestra consciencia. ¿Desaparecerá nuestro "yo" diluido entre los restos orgánicos de nuestro cadáver?

Los miedos, las esperanzas y las orientaciones que la gente mantiene respecto a la muerte no son actitudes instintivas sino aprendidas en el seno de su cultura. Cada cultura tiene una visión coherente que trata de explicar y dar significado al caos que, en último término, representa la muerte.

Las diferentes culturas pueden aceptar la muerte, negarla e incluso desafiarla. En la cultura occidental, que tiende a desafiar a la muerte, las estrategias para la salvación han incluido el activismo y el ascetismo. En la cultura oriental las estrategias han sido, preferentemente, contemplativas y místicas.

La muerte puede ser considerada como el fin de la existencia o la transición a otro estado del ser o de la conciencia. Para los budistas y para los hindúes el sufrimiento no es causado por la muerte sino por el dolor de experimentar una reencarnación. En estas culturas el objetivo es el fin de las reencarnaciones no el fin de la muerte, que es el objetivo del cristianismo.

Teniendo en cuenta las dos anteriores dimensiones con las que puede ser considerada la muerte, ésta puede ser vista como algo sagrado o algo profano.

En las culturas en las que existe alguna concepción de inmortalidad, ésta puede ser personal o colectiva. En la cultura occidental las concepciones de ser tras la muerte incluyen la integridad y continuidad del propio yo. En las culturas orientales el último objetivo es una inmersión indiferenciada e impersonal en el propio universo.

Hay culturas que han adoptado una actitud hedonista y pesimista respecto a la vida en razón de la inevitabilidad de la muerte, espléndidamente expresada en las "Odas" de Horacio: "Carpe diem, quam minimum credula postero" ("Disfruta hoy y confía poco en el mañana"), habitualmente expresada de forma abreviada como "carpe diem.

GRECIA Y ROMA

GRECIA


A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Las prácticas y las creencias, también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado.

La religiosidad griega, no tenía ninguna relación con la perfección moral del hombre ni pretendía resolver el problema del misterio de lo que hay después de la muerte, sin embargo ya a partir del siglo VI, empezaron a manifestarse entre los griegos formas religiosas que pretendían dar al hombre una seguridad para después de la muerte, y una cierta idea de plenitud y perfección morales.

Tales son las religiones de los misterios (como los del culto a Dionisos, los que se celebraban en la ciudad de Eleusis o los cultos Orficos). En estas manifestaciones el "iniciado" participaba en una serie de ceremonias que le acercaban al dios y este le aseguraba la plenitud vital y la vida feliz después de la muerte.

Entre los antiguos griegos la transmigración era una doctrina asociada de forma estrecha a los discípulos del filósofo y matemático Pitágoras. Según las doctrinas pitagóricas el alma sobrevive a la muerte física, siendo inmortal y quedando confinada en el cuerpo. Tras una serie de renacimientos en otros cuerpos, y siguiendo a cada renacimiento un periodo de purificación en el averno, el alma queda libre para siempre del ciclo de las reencarnaciones.

La liberación del cuerpo se produce en exclusiva cuando el alma ha pasado por una serie de transmigraciones. Si el alma ha tenido buen carácter en sus diversas existencias puede regresar a un estado de ser puro. Pero si su carácter ha continuado deteriorándose en sus transmigraciones acaba en Tártaro, el lugar de eterna condenación.

 

 

ROMA

La mitología romana, se basa en creencias, rituales y otras prácticas concernientes al ámbito sobrenatural que sostenía o realizaba el antiguo pueblo romano desde el periodo legendario hasta que el cristianismo absorbió definitivamente las religiones del Imperio romano a principios de la edad media.

Las religiones primitivas romanas se modificaron tanto por la incorporación de nuevas creencias en épocas posteriores, como por la asimilación de gran parte de la mitología griega. Así pues, la religión romana se consolidó antes de que comenzase la tradición literaria, por lo tanto, los primeros escritores romanos que se ocuparon de ella desconocían sus orígenes en la mayor parte de los casos, tal como el polígrafo del siglo I a.C. Marco Terencio Varrón.

 

ROMA: IMITACION GRIEGA

Los misterios de Eleusis, son una serie de rituales sagrados característicos de las fiestas religiosas celebrados en la antigua Grecia. La parte más importante de la fiesta, la iniciación de los participantes, tenía lugar todos los años, durante siglos, en el Telesterion, en Eleusis. Esta iniciación era el momento culminante de una serie de rituales que comenzaban en los primeros días de la primavera. Los ritos de purificación también formaban parte de la ceremonia de los misterios menores. Las ceremonias del otoño, llamadas los grandes misterios, comenzaban con el traslado de los objetos sagrados desde Eleusis a Atenas por los jóvenes conocidos como efebi.

Este culto pasó de Grecia a Roma y duró el periodo que engloba los reinados transcurridos desde Adriano hasta Teodosio, quien lo abolió en el 381 d. C., ordenando la clausura del santuario de Eleusis.

En cuanto a los misterios, son ritos y ceremonias secretos conectados con varios cultos religiosos en la antigua Grecia y Roma. Practicaban estos ritos y ceremonias congregaciones de hombres y mujeres que habían sido debidamente iniciados; no se les permitía participar a personas ajenas a esa iniciación. Los rituales sagrados introducían a los iniciados en doctrinas religiosas secretas, que en muchos casos estaban relacionadas con la continuación de la vida después de la muerte. A menudo se representaban mediante una forma dramática el nacimiento, sufrimiento, muerte y resurrección de un dios. Los misterios parecen haber tenido un doble propósito: dar consolación e instrucción moral para la vida en la tierra, e inspirar esperanza en la vida después de la muerte.

En lo referido al Elíseo, también conocido como Campos Elíseos, en la mitología griega, es un paraíso prehelénico, una tierra de paz y felicidad plenas. En las obras de Homero, Elíseo era una tierra en el extremo más lejano y occidental del mundo adonde eran llevados los grandes héroes, en cuerpo y alma, para hacerlos inmortales. Allí eran libres de proseguir con sus actividades favoritas y las penas y las enfermedades eran desconocidas. Pronto, sin embargo, Elíseo fue considerado como la residencia de los muertos bienaventurados, donde las almas de los héroes, poetas y sacerdotes vivían en total felicidad, rodeados de hierba, árboles y suaves brisas, y envueltos en una luz rosada perpetua.

En la mitología romana, Elíseo era una parte del mundo subterráneo y un lugar de recompensa para los muertos virtuosos. Para algunos era sólo un paraíso temporal. En el borde de su mullido y verde prado corría Lete, río del Olvido, del cual tenían que beber todas las almas que retornaban a la vida en el mundo superior.

En las sociedades más simples, el concepto de vida después de la muerte suponía una continuación oscura de la vida terrenal. Incluso dentro de esta idea se manifestaba el principio de la necesidad de una justificación de la justicia divina. Este principio queda ilustrado en la distinción entre Elíseo (lugar de recompensa para los muertos virtuosos) y Tártaro (sitio de condena donde eran castigados los malvados) que se hizo en las religiones griega y romana y en las distintas profundidades del sheol (residencia de la muerte) en los Libros Sagrados judíos

Aristóteles declaró que todas las religiones (politeístas) situaron la residencia de los dioses en el lugar más elevado del Universo. En los tiempos clásicos, esas regiones estaban vedadas a los mortales normales; la Isla de los Justos, a veces identificada con el Elíseo, sólo era alcanzada por algunos héroes, semidioses y favoritos de los dioses. El cielo de las religiones politeístas posteriores era concebido como un lugar donde los mortales podían continuar los placeres de la vida terrenal.

REENCARNACION: BUDISMO E HINDUISMO

BUDISMO

El budismo es una religión fundada en el nordeste de la India a partir de las enseñanzas y doctrinas impartidas durante los siglos VI y V a. C. por Siddhartha Gautama, más conocido como Buda o El Iluminado.

Los elementos centrales en los que se basaba la Iluminación de Buda estaban condicionados por la realización de las denominadas Cuatro Nobles Verdades:

  • La vida es sufrimiento. Esta afirmación va más allá del simple reconocimiento de la existencia del sufrimiento en la vida, y se refiere más bien a que la existencia humana es intrínsecamente dolorosa desde el momento del nacimiento hasta el de la muerte. Más aún, este sufrimiento ni siquiera desaparece con la muerte, ya que Buda incluyó en sus enseñanzas la idea hindú de que la vida es cíclica, por lo que la muerte simplemente precede a una nueva reencarnación.

  • La causa de este sufrimiento radica en el hecho de que el hombre desconoce la naturaleza de la realidad, y por ello siente ansiedad, tiene apego a las cosas materiales y mucha codicia. Estos defectos provocan su sufrimiento.

  • Se puede poner fin al sufrimiento si el hombre logra superar su ignorancia e ir más allá de las ataduras mundanas.

  • El camino para dar fin al sufrimiento es la Óctuple Senda (o Camino de las Ocho Etapas), que consiste en tener una adecuada visión de las cosas, buenas intenciones, un modo de expresión correcto, realizar buenas acciones, tener un modo de vida adecuado, esforzarse de forma positiva, tener buenos pensamientos y dedicarse a la contemplación del modo adecuado

  • Sostenía que toda existencia humana se caracterizaba por contar con las tres indicaciones de: anatmán (no tener alma), anitya (impermanencia) y dukkha (sufrimiento). La doctrina de anatmán hizo necesario que Buda reinterpretara la creencia hindú de las reencarnaciones en el ciclo de la existencia fenomenológica, más conocida como samsara. Después de haber llegado a este punto de su enseñanza, Buda comenzó a difundir la doctrina del origen condicionado (pratityasamutpada) de la existencia. Según esta doctrina, existe una cadena de 12 causas unidas donde se demuestra cómo el haber sido ignorante en una vida anterior hace que la persona tienda a formar un determinado conjunto que tiene que desarrollar. Esta combinación llevará a que actúen la mente y los sentidos. Las sensaciones que resultan de este actuar llevan a sufrir ansiedad y apegarse a la existencia. Esta condición determina el proceso de ser nuevamente, creando otro ciclo de nacimiento, vida adulta y muerte. A través de esta cadena causal se vincula una vida a la siguiente. Se llega a un fluir de nuevas vidas más que a un existir permanente que se desplace de una vida a otra; de hecho es la creencia de una reencarnación sin transmigración.

    La doctrina del karma se encuentra muy relacionada con la del anatmán. El karma se basa en los actos de cada persona y en las consecuencias morales que se desprendan de esos actos. Los actos humanos determinan la reencarnación posterior de una persona, por lo que las buenas acciones lógicamente son recompensadas, como son castigadas las malas.

    De acuerdo con las enseñanzas de Buda, y según el tipo de karma que tenga cada persona, ésta puede reencarnarse en un ser humano, en un animal, en un fantasma hambriento, en un habitante del infierno o incluso en alguno de los dioses de la religión hindú.

    El objetivo final del camino del budismo es lograr liberarse de la existencia fenoménica a la que le es propia el sufrimiento. Para lograr este objetivo es necesario alcanzar el nirvana, estado de iluminación en el que los fuegos de la codicia, el odio y la ignorancia han sido apagados. Este estado no debe confundirse con el aniquilamiento; el nirvana es un estado de conciencia que va más allá de ninguna definición. Después de alcanzar el nirvana, el iluminado puede seguir viviendo e ir eliminando cualquier remanente de karma que pueda tener, hasta llegar, en el momento de la muerte, a un último estado de nirvana absoluto (parinirvana).

    En teoría cualquier persona puede alcanzar el nirvana, aunque en realidad es un objetivo accesible sólo para los miembros de la comunidad monástica. Todos aquellos que, por una u otra razón, no son capaces de lograr el objetivo final, tienen que, como siguiente opción, tratar de lograr una mejor reencarnación por medio del perfeccionamiento de su karma. Generalmente aspiran a esta meta inferior los budistas laicos, quienes ven en este objetivo la esperanza de llegar a una vida en la que alcancen la iluminación final, como miembros de la sangha.

    El nirvana, el cielo del budismo, es un estado de pérdida de todo deseo y la unión con el cosmos alcanzados mediante el perfeccionamiento del alma a través de todas sus transmigraciones sucesivas. La rama Mahayana del budismo desarrolló también la doctrina de la Tierra Pura, un paraíso intermedio en el oeste remoto en el que las almas afortunadas se reencarnarán antes de alcanzar el nirvana.

    El budismo es único en la historia de las religiones porque afirma que el alma individual es una ilusión producida por diversas influencias psicológicas y fisiológicas. No tiene concepción de un alma o ser que pueda sobrevivir a la muerte. El punto de vista budista sobre la reencarnación no es otro que el de una cadena de consecuencias mediatizadas por cualquier identidad continuada, aunque en la creencia popular esta sutileza se suele perder y los seguidores consideran a los muertos como almas transmigratorias.

    HINDUISMO

    Dentro de la complejidad cultural del hinduismo, existen una serie de darshana o puntos de vista, que el individuo puede adoptar. Los más notables son el vedanta, basado en las doctrinas de los Upanisad, un conjunto de escritos poéticos; y el yoga, una forma de meditación que se considera nativa de la India. Tanto el vedanta como el yoga se ocupan de la liberación del mundo, considerado como una ilusión de realidad.

    El vedanta y el yoga no suelen enseñarse a los niños, como se hace con las Escrituras y las creencias de una religión como el cristianismo, sino sólo a los adultos ya disciplinados en los caminos de la sociedad. Estos caminos implican renunciar en concreto a la propia identidad, abandonar la tarea de mantener las obligaciones sociales y prepararse para morir, y esto se explica porque la muerte, cuando le llega a una persona que todavía cree que es un individuo aislado, se considera una calamidad.

    El hinduismo imaginaba 21 infiernos que formaban parte de un ciclo sin fin de transmigración de almas. Las consecuencias de las acciones mortales conducirán a los pecadores a reencarnarse en el infierno, donde les atormentarán los demonios hasta que hayan purgado sus pecados y queden libres para reencarnarse en un orden superior.

    En Oriente, la creencia en el alma humana es crucial en varios sistemas filosóficos y religiosos. Así, por ejemplo, a comienzos del hinduismo el alma (atmán) estaba considerada como el principio que controla todas la actividades y define la identidad de uno y su conciencia. Las obras filosóficas hindúes, los Upanisad, identifican el atmán con lo divino (Brahman), añadiendo una dimensión eterna al alma. Vinculado estrechamente a ello, el alma humana es atrapada en el ciclo de la reencarnación hasta que alcanza la purificación y el conocimiento se funde de nuevo con la realidad última.

    Según el hinduismo popular moderno, el estado en el que renace el alma está predeterminado por las buenas o malas acciones (karma) cometidas en anteriores encarnaciones; las almas de los que hacen el mal, por ejemplo, renacen en estados inferiores (como animales, insectos, y espíritu de los árboles). Por último, la liberación de samsara y karma se consigue después de la expiación de las malas obras y el reconocimiento de que el alma individual (atmán) y el alma universal (Brahman) son idénticas.

     

    REENCARNACIÓN: LA CREENCIA QUE LOS UNE

    La reencarnación se define en un diccionario "común" como: creencia de diversas mitologías y religiones según la cual, tras la muerte, el alma renace con otro cuerpo humano, animal o vegetal.

    La reencarnación se define en un diccionario "espiritista" como: La vuelta del espíritu a la vida corporal o su retorno a la materia; volver a tomar una nueva existencia en este globo o en otro.

    Desde tiempos antiguos, las sociedades menos estructuradas que las que abrazaron las principales religiones orientales u occidentales han creído también en diversas formas de transmigración. Suponían que el cuerpo está habitado por una sola alma o esencia vital, que se creía que se separaba del cuerpo con la muerte (y también en el sueño), saliendo por la boca o por la nariz. Separada del cuerpo tras la muerte física, el alma busca un nuevo cuerpo donde vivir, y si fuera necesario entrará en el cuerpo de un animal o de alguna otra forma de vida inferior. Entre estas culturas se creía que la reencarnación se lograba por la transmigración del alma de una persona muerta al cuerpo de un niño de la misma familia, y la posterior animación del niño. Los parecidos familiares se establecerían gracias a este proceso.

    El budismo aceptó y modificó los conceptos hindúes de reencarnación e infierno. Según la cosmología ortodoxa budista, los seis destinos de la existencia mortal incluyen tres esferas en las que los agobiados por karmas perjudiciales se puedan reencarnar: El 'destino' del infierno, el 'destino' de los espíritus ávidos y el 'destino' de los demonios en guerra. Como en el hinduismo, las torturas sufridas en estos destinos sirven para purgar el karma maligno del alma y liberarla para su reencarnación en un plano superior. Esta doctrina fue elaborada en la tradición budista de Asia oriental, donde los muertos son juzgados por el monarca (o por los reyes) del infierno y condenados a los castigos apropiados.

    CONCLUSION

    La cuestión de si el hombre sobrevive a la muerte se nos muestra hoy muy lejana; y por una sencilla razón: porque no podemos darle contestación alguna.

    Por ello creo que debemos apartarnos de este interrogante y cuestionarnos lo que se viene entendiendo por ser humano, ya que si el hombre posee un componente que sobrevive a la muerte de su cuerpo, éste ha de ser investigado con métodos diferentes a los que acostumbramos a usar para investigar la naturaleza, puesto que tal componente parece que escapa a la mayor parte de las leyes conocidas de la física.

    Es sobre el hombre vivo sobre quién se ha de estudiar la posibilidad de su propia inmortalidad o supervivencia, y no sobre los que han abandonado esta vida, pues los testimonios de éstos últimos además de ser ambiguos e insuficientes, serán siempre indirectos: siempre habrá una persona viva a la que se le pueda imputar la causación de los hechos que atribuye a alguien del más allá, es decir y como conclusión final pienso que los testimonios que se conocen de algunas personas fallecidas son "un montaje.

    BIBLIOGRAFIA

    • Communities.msn.es/Creencias

    • Más allá de la muerte colección Biblioteca básica de los temas ocultos, volumen 1 Ediciones UVE

    • www.culturalandia.com

    • Libro de texto Occidente, Historia de las civilizaciones, 1º B.U.P, editorial Vicens-Vives

    • Enciclopedia Encarta 2000