Morfologia viral

Virus. Virión. Componentes. Cápsida. Cáspides. ADN (Ácido Desoxirribonucleico). Ácido nucleico

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MORFOLOGIA VIRAL

Los estudios al microscopio electrónico han permitido demostrar que los viriones corresponden a diversos tipos morfológicos.

1. - algunos viriones semejan pequeños cristales. Amplios estudios, realizados especialmente por Klug y Caspar, han demostrado que estos viriones son icosaedricos y que su forma está determinada por la capsidad. Ejemplo podemos citar lo picornavirus, los adenovirus, los papovavirus, adenovirus, y el bacteriófago.

2. - algunos viriones forman largas varillas. Su capsidad es una cavidad cilíndrica, en cuyo exterior puede discernirse de una fina estructura helicoidal mediante el microscopio electrónico de elevada resolución. Se denominan viriones helicoidales. Son ejemplos el virus del mosaico del tabaco, y el bacteriófago M13.

3. - en viriones de morfología más compleja, la nucleocapsida están rodeados por una envoltura membranosa libre. Estos viriones envueltos son toscamente esféricos y altamente pleomorficos, debido a que la envoltura no es rígida. Un ejemplo de un virus con cubierta icosaedrica es el virus de herpes simple. En los virus con envoltura helicoidal, tal como el mixovirus, la nucleocapsidad esta replegada dentro de la envoltura.

Diagrama esquematico de las formas simples de los viriones y de sus componentes. Los viriones icosaedricos desnudos semejan pequeños cristales; los helicoidales desnuddos semejan varillas con un patron helicoidal regular en su superficie. Los icosaedricos encapsulados estan constituidos por nucleocapsidas icosaedricas rodeadas por la envoltura. Los viriones helicoidales encapsulados son nucleocapsidas helicoidales con tendencia a formar un espiral tosca, a menudo irregular, sin la envoltura.

LOCALIZACIÓN DEL ACIDO NUCLEICO

En las nucleocapsidas icosaedricas el acido nucleico constituye un núcleo central. Como demuestra su aspecto ante el microscopio electrónico. de cápsidas vacías, sin el ácido nucleico. Estos se hallan presentesen la mayor parte de las pre­paraciones de los virus icosaédricos, con sus envolturas y sin ellas; y, dado que tienen una densidad de flotación más baja, pueden sepa­rarse de las nucleocápsidas por centrifugación, según un gradiente de equilibrio de densidad. En las preparaciones teñidas negativamente, am­bos tipos de partículas muestran una configu­ración externa similar, pero en las cápsidas va­cías, la coloración revela también el centro ex­cavado.

En las íucleocápsidas helicoidales, el ácido nucleico está localizado en una ranura helicoidal en el interior de la cápsula cilíndrica. Esta relación orde­nada entre el ácido nucleico y la cápsula se ha de­mostrado con claridad en el virus del mosaico del tabaco (TMV) * mediante estudios con difracción a los rayos X de las nueleocápsidas y las cápsidas va­cías. Se ha confirmado mediante observaciones con el microscopio electrónico de viriones, que trechos limitados de la cápsidá","pero no el RNA, se extraen por la acción de detergentes. El RNA resalta del cen­tro de los vástagos residuales en forma de filamentos sensibles a la Rnasa.

La existencia de cápsidas vacías demuestra que el embalaje del ácido nucleico no es eseii­cíal para la armadura, aunque su presencia mo­difica considerablemente la estructura de la cáp­sida. Así, en el poliovirus (que es un picornavi­rus) la asociación del RNA con la cápsida vacía da lugar a una fragmentación de la cadena poli­peptídica de la proteína de la cápsida (pági­na 1180, «Maduración»); por otra parte, en el TMV los segmentos de cápsida vacíos consis­ten en un cúmulo de discos de subunidades proteicas, mientras que su asociación con el RNA da lugar a un pequeño desplazamiento que produce una hélice. Estos cambios dan lu­gar a un aumento de la estabilidad de la nucleo­cápsida, que se pone de manifiesto por su mayor resistencia a la desintegración durante la pre­paración de muestras para el microscopio elec­trónico.

ACIDOS NUCLEICOS DE LOS VIRUS

La proporción de ácidos nucleicos en los vi­riones oscila entre un 1 % en el virus de la in­fluenza y un 50 % en el caso de ciertos bacteriófagos; la cantidad de información genética por virión se halla situada entre 1.000 códones en los virus de menor tamaño y 100.000 en los de mayor tamaño. Si se considera que el tamaño de un gen promedio es de 300 códones, puede concluirse que los virus de pequeño tamaño contienen quizá de 3 a 4 genes, mientras que los virus de mayor tamaño contienen varios cen­tenares de ellos. La diversidad de las proteínas específicas del virus sintetizadas en la célula in­fectada varía de acuerdo con el tamaño del ge­noma.

En los virus se han encontrado las cuatro posibilidades existentes con respecto al tipo y número de cadenas de los dcidos nucleicos (DNA y RNA de cadena única y de cadena do­ble).

DNA vírico de cadena doble

Peso molecular: número de moléculas por virión. Los pesos moleculares de los DNA ví­ricos, determinados mediante los métodos des­critos en el capítulo 10. En el caso de los DNA de mayor tama­ño, como es el caso de los colifagos T de nu­meración par, los datos más exactos han sido obtenidos por Autorradiografía y por microscopio electrónica . Los tamaños obtenidos fueron de 52 y 49 respectivamente, lo que, suponiendo que la distancia entre nu­cleótidos es de 3,46 A a lo largo del eje de la hélice, corresponde a 1,50 X 1 O' y 1,41 X 1 O' pa­res de nucleótidos, con pesos moleculares de 1 10 X 10' y 103 X 10' dalton, respectivamente.

En todos los virus DNA, el peso molecular del DNA se halla en relación con la cantidad promedio de este ácido nucleico por virión de­terminada por medios químicos, lo que demues­tra que los viriones contienen una sola molécula de DNA.

Composición en bases del DNA vírico. El contenido G+C de DNA varía considerable­mente en los diferentes virus. Parece lógico comparar el DNA vírico con el de las células del huésped, no sólo con respecto a su propor­ción de bases, sino también en relación a sus frecuencias más próximas, es decir, la propor­ción de todos los pares de bases adyacentes po­sibles, que resultan de mayor valor que las se­cuencias. Los resultados obtenidos demuestran que los virus de mayor tamaño, que dependen en una menor proporción de las funciones ce­lulares para su multiplicación, presentan las desviaciones más significativas con respecto a los valores de las células del huésped; ello ocu­rre, por ejemplo, en los bacteriófagos T de nu­meración par o en el virus del herpe. En cambio, el DNA de los virus de pequeño tamaño y el de los virus que interaccio­nan íntimamente con las células del huésped, como los fagos temperados o los virus oncógenos, es generalmente muy pa­recido al DNA celular.

Ciertos virus contienen bases anormales. Así, la 5-hidroximetil citosina fue descu­bierta por Wyatt y Cohen en sustitución de la citosina en el DNA de los colifagos T de nume­ración par. Esta importante observa­ción permitió determinar la replicación del DNA vírico en presencia del DNA de la célula del huésped, que no contiene esta base. El pro­blema del origen de esta base permitió demos­trar por vez primera que las células infectadas por el fago sintetizan nuevas enzimas, que se hallan ausentes en las células no infectadas. Ciertos bacteriófagos de Bacillus subtilis con­tienen 5-hidroximetiluracilo o 5-dihidroxipenti­luracilo en lugar de timina .

El grupo hidroximetil de la 5-hidroximetilci­tosina se halla glucosilado de forma distinta en los diversos fagos. Estas variacio­nes dependen de las distintas enzimas glucosi­lantes producidas en las células después de su infección por los fagos correspondientes

Configuración especial de ciertos DNA víri­cos. Los pequeños virus animales y los bacteriófagos contienen DNA cíclico. Esta observación resultó sorpren­dente hasta que llegó a comprenderse la impor­tancia de la forma cíclica en la replicación y la integración en el genoma del huésped. La utilidad de esta confor­mación explicaría también el por qué ciertos DNA vírícos lineales poseen características es­tructurales que les permiten adoptar una forma cíclica después de penetrar en la célula. Así, estas moléculas pueden adop­tar una conformación cíclica por anillamiento de sus terminaciones cohesivas o por entrecru­zamiento mediante terminaciones repetitivas (duplicación terminal); estos círculos pueden también producirse por recombinación entre dos o más moléculas que posean secuencias per­mutadas.

Una característica especial del DNA T5 es la presencia de roturas de cadena única en posi­ción fija, las cuales podrían servir con objeto de identificar zonas del DN9 que poseen fun­ciones especiales durante el proceso de infec­ción.

Otros tipos de ácidos nucieicos

DNA de cadena única. En los bacteriófagc>s de menor tamaño, el DNA es de cadena única los fagos OX-174, icosaédricos; el fl y el M13, helicoides; lo mismo ocurre en ciertos virus animales . En los fagos, el DNA es cíclico y se halla siempre formado por la misma cadena, que re­cibe el nombre de cadena vírica, ya que las mo­léculas procedentes de viriones distintos no for­man hélices por anillamiento . En cambio, en los virus de tipo ade­noasociados los distintos viriones pue­den presentar cadenas complementarias.

RNA de doble cadena: fragmentación. El RNA de cadena doble es detestable por su cur­va de fusión característica, por su resistencia a la RNasa y por sus proporciones de bases complementarias; este RNA se encuentra en diversos virus icosaédricos animales no relacio­nados entre sí (reovirus y virus de la lengua azul de las ovejas), en las plantas (virus del tu­mor de las heridas y virus del arroz enano), y en los insectos (virus de la polihidrosis citoplás­mica del gusano de seda). Una característica co­mún a todos estos virus es la fraginentacióii de su genoma; la electroforesis en gel de acrilami­da del RNA -del reovirus permite separar 10 fragmentos, cuya longitud oscila de 0,63 X 1 O' a 2,6 X 1 O' dalton, dando una longitud total de unos 15 X 10' dalton. Esta fragmentación no es un artificio de laboratorio, ya que esos mismos fragmentos se hallan presentes en los viriones intactos, en los que sus termina­ciones 3' libres pueden ser marcadas utilizan­do los reactivos adecuados. En el virión, los fragmentos pueden ser conectados entre sí por uniones no covalentes, tal como ocurre con los segmentos de corta loncitud con aparcamien­to de bases. Como se ha visto en los capítulos 47 y 48, la fragmentación del genoma parece tener como finalidad el evitar la iniciación in­terna de la traducción de MRNA multicistróni­cos, que, al parecer, es desfavorable para las células animales. Cada segmento codifica una cadena polipeptídica única.

RNA de cadena única. Muchos virus, tanto liclicoides como icosaédricos, contienen RNA de cadena única cuyo peso niolecular varía en­tre 0,4 x 1 0'5 y 13 X 1 O' dalton. En algunos casos el RNA se halla en forma de una cadena completa; en otros ca­sos, dicho RNA se halla fragmentado. El virus de la influenza contiene un RNA formado por lo menos por siete fragmen­tos distintos; el RNA de los leucovirus está' constituido por varios fragmentos que, probablemente, se hallan conectados entre sí por segmentos de corta longitud que presen­tan apareamiento de bases, y funden como re­sultado de un calentamiento moderado.

Los RNA víricos poseen una importante es­tructura secundaria, que probablemente inter­viene en su replicación y traducción . También presentan caracte­rísticas importantes en su terminación 3'. Así, diversos virus animales. al igual que los MRNA de la célula huésped presentan en su porción terminal una cadena de ácido poliaadenílico. Los virus de bacterias y plantas,. al igual que los TRNA, poseen una terminación CCA. El parecido con el TRNA au­menta gracias a la capacidad del RNA del mo­saico amarillo del nabo para cargarse por acción de la valil-tRNA sintetasa (cap. 1 1, TRNA). Esta observación sugiere la existencia de una relación entre ciertos RNA víricos y los TRNA, lo que explicaría la presencia de TRNA en los viriones de los leucovirus (cap. 63).

LA CAPSIDA

La cápsida constituye la mayor parte de la masa del virión, especialmente en los virus de

pequeño tamaño. En los viriones desnudos pro­tegc al ácido nucleico frente a la acción de las nucleasas presentes en los líquidos biológicos, y favorece su unión con las células sensibles.

Como indicaron Crick y W4tsoii, el virus no puede poseer un número excesivo de genes que codifiquen para las proteínas de la cápsida; en consecuencia, la cápsida debe de formarse por asociación de diversos pí-otótiieros idénticos (es decir, se ti-ata de una proteína oligómera). Así, el RNA del poliovirus (PM 2,5 X 1 0") puede co­dificar para unos 250.000 dalton de proteínas distintas, algunas de las cuales deben ser utiliza­das para la replicación; y, sin embargo, la cáp­sida del poliovirus pesa alrededor de 6 x 1 O' dalton.

La predicción de estos autores se ha cumpli­do: las cápsidas de numerosos virus, después de haber sido disociadas en sus polipéptidos componentes, poseen un pequeño número de cadenas polipeptídicas distintas que pueden ser separadas por electroforesis en gel de acrilami­da, y cuyo peso molecular oscila entre 20.000 y 95.000 dalton. En general, las cápsidas heli­coides están formadas por un único tipo de polipéptido; las cápsidas icosaédricas pueden presentar uno o más tipos de polipéptidos. Los polipéptidos de la cápsida son codificados por genes Y,íricos: las proteínas de la cápsida son características de cada virus, y no se hallan pre­sentes en las células no infectadas, aunque pue­den variar en ciertos mutantes víricos.

Las cadenas polipeptídicas se pliegan, for­mando las unidades estructurales básicas de la cápsida, que reciben el nombre'de protómeros, y que normalmente contienen un polipéptido único. Los métodos de difracción de rayos X demuestran que, en la cápsida, los protómeros presentan una relación espacial constante entre sí, de forma parecida a lo que ocurre en las moléculas de un cristal. Su disposición es dis­tinta en las cápsidas helicoidales e icosaédricas.

Cápsidas icosaédricas

En las cápsidas icosaédricas los protómeros se disponen en grupos de 5 ó 6, formando subes­tructuras que reciben el nombre de capsómeros, los cuales forman, a su vez, la cápsida. En las fotografías al microscopio electróni­co, los capsómeros presentan el aspecto de ani­llos espaciados a intervalos regulares con un ori­ficio central, de unos 40 A de diámetro (que, probablemente, no se extienden través de la totalidad de la cápsida). Si el orificio es de pe­queño tamaño, los capsómeros presentan el as­pecto de esferas sólidas .

Los enlaces no covalentes situados entre' los protómeros del capsómero son distintos de los que se establecen entre los capsómeros, y, ge­neralmente, se trata de enlaces más fuertes, por lo menos en las cápsidas vacías, que, a menudo, se desintegran en sus capsómeros componentes durante los procesos de purificación.

El tamaño y dimensiones del icosaedro depen­den de las características de sus protómeros; por tanto, la cápsida depende de las propiedades de sus cadenas polipeptídicas, y, en último término, de los genes víricos que las codífican.

Simetría de las cápsidas icosaédricas. Todas las cápsidas presentan 12 ángulos, cada uno de ellos ocupados por un capsómero que se rela­ciona con otros cinco (pentona), y 20 caras triangulares, cada una de las cuales contiene el mismo número de capsómeros, que se hallan relacionados con otros 6 . Las pentonas probablemente contienen 5 protó­meros, mientras que las hexonas contienen 6, aunque las hexonas del adenovirus parecen po­seer tan sólo 3. Generalmente, las pentonas y hexonas están formadas por cadenas polipeptí­dicas distintas en los virus animales, mientras que en los virus de plantas y en los fagos RNA se hallan formadas por cadenas polipeptídicas idénticas. En distintos virus, el número de he­xonas por cápsída puede variar dentro de cier­tos límites

Ejes de sitnetría. La simetría básica de ico­saedro se pone de manifiesto mediante el estu­dio de ciertos ejes ideales, que parten de su centro, y cuyas propiedades dependen del pun­to en que dichos ejes atraviesan la superficie. Los ejes situados en los ángulos son ejes quítitu­ples de simetría rotatoria, que se ponen de ma­nifiesto por observación del icosaedro tomando uno de estos ejes como punto de vista cada vez que el icosaedro gira un quinto de vuelta (72°) alrededor del eje, produce una figura idéntica a la anterior. Los ejes triples de simetría rotatoria atraviesan el centro de cada una de las caras triangulares, mientras que los ejes dobles atraviesan el punto medio de cada lado. El icosaedro es, pues, definido como un sólido con una simetría rotatoria de tipo 5:3:2.

Deben citarse aquí dos modificaciones de la cáp­sida icosaédrica. Una de ellas es la cápsida del reovi­rus que está formada por dos capas de protómeros, cada una de las cuales cum­ple las características típicas de la cápsida icosaédri­ea. La otra es la presencia de pequeñas fibras situadas en los ángulos de los adenovirus y del bac­teriófago OXI74; probablemente estas fibras presentan una simetría rotatoria quíntuple, caracterís­tica de su situación.

Cápsides helicoides

La estructura de las cápsidas cilíndricas helicoides es mucho más simple que la de las cápsidas icosaédricas, ya que la hélice posee un eje único de rotación, que coincide con el eje del cilindro. En consecuencia, los protómeros no se agrupan en capsómeros, sino que se hallan unidos entre sí formando una estructura en cinta. Esta estructura se pliega formando una hélice debido a que los protómeros son más gruesos en uno de sus extremos que en el otro.

Los protómeros situados en cada una de las vueltas de la hélice no se hallan alineados de forma exacta, por lo que cada protómero esta­blece enlaces con los dos protómeros correspon­dientes a los giros adyacentes. Ello hace que esta estructura posea gran estabilidad. El diámetro de la cáp­sida helicoide viene dado por las características de sus protómeros, mientras que su longitud de­pende de la longitud de los ácidos nucleicos que contiene.

Las cápsidas de los virus helicoides desnudos se hallan muy espirilizadas En cambio, las cápsidas de los virus cubiertos son muy flexi­bles, ya que su espirilización se realiza en el interior de la cubierta; las vueltas de la hélice

se ponen fácilmente de manifiesto mediante mi­croscopia electrónica. Por tanto, en estos virus es probable que la barrera para las nucleasas ,W representada por la cubierta y no por la cápsida.

Transiciones alostéricas de las cápsidas. El eleva­do número de enlaces débiles permite que la estruc­tura de la cápsida sufra transiciones alostéricas y de otro tipo podemos citar la transición producida por su asociación con el ácido nucleico ; en los poliovirus pueden inducirse transiciones mediante una acidificación del pH o a través de su interacción con anticuerpos , que alteran la exposición superficial de los grupos ionizados, variando así su m¿vilidad electroforética. Es probable que los irnpor­tántes efectos funcionales resultantes de la unión de los viriones a las células 0 de su calentamiento se deban también a transiciones alostéricas .

Consideraciones teóricas

sobre la arquitectura de la cápsida

Como ya hemos señalado, los monómeros de una cápsida helicoidal o icosaédrica disponen de una for­ma regular, de acuerdo con su uniformidad y su falta de simetría interna. (La última propiedad viene condicionada por e¡ hecho de que un nionómero está constituido a menudo por una sola cadena polipep­tídica). Estos monómeros sólo pueden acoplarse a través de contactos idénticos con sus vecinos. Cómo estas condiciones desembocan en una cápsida heli­coidal . No es tan evidente la manera en que estas condiciones desembocan en la formación de una capsida icosaédrica. Para poder comprender estos pro­cesos deben utilizarse las leyes de la cristalografía. Considerar primero el problema bidimensional de ha­cer un anillo en una hoja de papel con un número de monómeros asimétricos idénticos. la figura obtenida tiene simetría rotacional con un eje plegado cinco veces, que pasa a través de su centro. Ampliando el razonamiento de un obje­to bi a un tridimensional puede deducirse que la cáp­sida debe de ser un sólido con sólo simetría rotacio­nal. De los sólidos de este tipo se dice que tienen símetría cúbica porque el cubo es uno de los polie­dros regulares que puede generarse así. La simetría cúbica se encuentra en tres clases de sólidos regula­res, cuyos prototipos son el tetraedro, el octaedro y el icosaedro.

Todos estos sólidos precisan de la existencia de cap­sómeros distintos en sus ángulos y en las caras del po­liedro, Los capsómeros situados en las caras del poliedro serían siempre hexonas, mientras que los situados en los ángulos estarían formados por 5 pro­tómeros en el icosaedro, por 4 en el octaedro y por 3 en el tetraedro. Las hexonas, por sí mismas, pueden formar láminas planas capaces de generar cilindros abiertos. De hecho, no es raro encontrar cilindros de este tipo en preparaciones de virus icosaédricos, que pueden atribuirse al autoacoplamiento de capsóme­ros hexagonales producidos en exceso durante el pro­ceso de multiplicación vírica.

Número de capsómeros en las cápsidas icosaédricas. Las leyes de la cristalografía permiten que una cáp­sida icosaédrica contenga tan sólo cierto número de capsómeros, que viene dado por la fórmula IOT+2, donde T (número de triangulación) es P/', siendo j=l ó 2 ó 3 ... etc., P=hl+hk+k 2 (siendo h y k cualquier par de enteros sin factores comunes). Igual­mente, T=(fh)'+(Ih)(fk)+(Ik)',. El número mínimo permisible es de 12 pentonas, situadas todas ellas en los ángulos del icosaedro. Existen números permisibles de capsó­meros más elevados, que son 32, 42, 72, 92, etcétera, en los cuales 12 son siempre pentonas angulares y los demás hexonas. En los virus se encuentran tan sólo algunos de los valores posibles de P y de T (ta­bla 44-4). El número de protómeros en una cápsida icosaédrica es de 5XI2+6 (IOT+2-12)=60T, es decir, 60 6 un múltiplo de esta cifra.

se ofrecen varios ejemplos de la ordenación de los capsómeros en la cara triangu­lar del icosaedro en distintos tipos de cápsidas. Estos patrones permiten la identificación del tipo de cáp­sida mediante mici-oscopia electrónica. Así, por ejem­plo, resulta fácil determinar que la cápsida de la figura 44-17 posee P=1 (varias hexonas alineadas en­tre dos pentonas) y f=5 (ya que el vector básico cruza cinco veces la intersección de las coordenadas); de ahí, T=25, siendo el número de capsómeros=252.

LA CUBIERTA

Las cubiertas se hallan formadas por proteínas (a menudo unidas do forma covalente a hidratos de carbono-glucoproteínas) y lípidos.Como en el caso de las cápsidas, la cubierta contiene numerosas copias de unos pocos tipos de cadenas polipeptídicas. Generalmente, una proteína rica en aminoácidos liidrófobos se une de forma no covalente a los lípidos para formar la membrana básica. Ciertos lípidos pueden incluso intercambiarse entre el virión y el medio. Las glucoproteínas se hallan situadas en la superficie externa, generalmente en forma de proyecciones que reciben el nombre de espícitlas. En los mixovirus , que presentan una longitud de 100 Á y se hallan separadas por una distancia de 70· 80 Á, corresponden a dos tipos: algunas de ellas se unen a los hematíos, con lo que el virión adopta propiedades hema-lutinantos mientras que las otras poseen actividad neuraminidasa, La degradación de las espículas por enzimas proteolíticas no afecta a la integridad de la cubierta.

Las proteínas de la cubierta, al igual que las proteínas de la cápsida, se hallan codificadas por genes víricos. Sin embargo, tanto los lípidos como la mitad hidrato de carbotio de las GILICO proteínas dependen de la célula huésped; de ahí -ue la superficie del virión pueda contener numerosos antígenos celulares determinados por polisacáridos. Además, la superficie vírica pue­de adsorber otros antígenos celulares, así como enzimas: de este modo, la fosfatasa alcalina se halla generalmente en las preparaciones semípu­rificadas de virus de la vaccinia, pero puede ser eliminada por una ulterior purificación. El estado líquido de los lípidos impide la Formación de una estructura rígida, lo que hace que los viriones presenten destacado pleoor­lfismo. De hecho, los viriones cubiertos contie­nen nucleocápsidas helicoides, pero pueden adoptar formas raras, de renacuajo, al ser deso­cadas para su estudio al microscopio electróni­co, quizá debido a que uno de los extremos de nucleocápsida se desespiriliza y empuja la cu­Dierta hacia fuera. Este artificio, hasta que fue reconocido como tal, había sido interpretado como la existencia de virus cubiertos parecidos a los bacteriófagos de mayor tamaño.

La presencia de lípidos hace qtie los virtis cubiertos sean sensibles a la acción de los disol­veittes de grasas, como el éter.

OTROS COMPONENTES DEL VIRION

Además de las proteínas de la cubierta, los viriones contienen proteínas ¡Eternas, general­mente de tipo básico, que se hallan íntimamcii­te unidas a los ácidos nucleicos situados en la porción central: en los virus animales, algunas do estas proteínas recuerdan las histonas y las protaminas. En los bacteriófa-os y otros virus se encuentran también péptidos de pequeño ta­maño y poliaminias, como la esper­i-nina y la. espermidina. Estos compuestos polica­tiónicos facilitan probablemente el plegamien­to de los ácidos nucleicos, uniendo entre sí las distintas asas. Los viriones del reovirus contie­nen alrededor de 2.000 oligonucleótidos de pe­queño tamaño, cuya función es desconocida.

VIRUS COMPLEJOS

Poxvirus.Los viriones de estos virus, que producen enfermedades pustulosas,

poseen forma de ladrillo o forma ovoide, y man­tienen el DNA vírico unido a una proteína en forma de un ziucleoide con aspecto de disco bi­cóncavo, rodeado por varias capas de lipopto­teína. Una capa de fibrillas toscas cerca de la superficie más externa da a los viriones un as­pecto característicamente estriad¿ en las prepa­raciones teñidas negativamente.

Rabdovirus Este grupo, en el que se incluyen el virus de la rabia y el virus de la estomatitis vesici-ilar, se caracteriza por sus virioncs en forma de proyectil. La colora­ción negativa pone de manifiesto la presencia de sana serie de estriaciones transversales en la porción cilíndrica del virióii, que quizá se de­b¿in a la espirilización de la nucleocápsida por debajo de la capa externa de la partícula).

Bacteriófagos grandes. Algunos bacteriáfagos, como los colifagos numerados T2, T4 y T6, poseen estructuras muy comple­jas , que incluyen la presencia de una cabeza y una cola. En estos casos se habla de simetría bitzaria, ya que el mismo virión po­see componentes con simetría icosaédrica y si­metría helicoidal.