Metodología lingüística

Estructuralismo. Método lingüístico. Lengua. Saussure

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METODOLOGÍA LINGÜÍSTICA (Estructuralismo)

Comienzo esta exposición explicando el concepto de “estructuralismo” en términos generales. El estructuralismo incluye una variedad de construcciones teóricas y análisis concretos que se caracterizan por la común aplicación a los hechos humanos y sociales del concepto de estructura, tal como lo han elaborado principalmente las matemáticas y la biología, así como el método propio de la lingüística estructural. De igual modo que ésta considera la lengua (es decir, en cuanto sistema dotado de estructura y subestructuras propias y en el cual cada uno de los vocablos tiene sentido en función del todo y de la relación con los otros vocablos), así también desde el punto de vista estructuralista cada realidad humana es considerada como una totalidad estructurada y significativa articulada en un sistema de relaciones estables con leyes internas de regulación cuyo sentido hay que buscarlo en ella misma, en su estructura profunda. Desde ese punto de vista, que se aplica lo mismo al estudio de una sociedad que al de una institución, mito, obra literaria, etc... la noción de estructura designa no una unidad orgánica visible, sino un modelo teórico-práctico que traduce la realidad en términos lógicos y matemáticos, un “simulacro del objeto empírico” (R. Barthes), capaz de mostrar lo que en el objeto mismo permanecía oculto o, si se prefiere, ininteligible. La actividad estructuralista consiste, en términos generales, en “re-construir” un objeto o fenómeno de manera que salgan a la luz sus leyes de funcionamiento; se trata de identificar, bajo la diversidad de las formas aparentes, aquel pequeño número de principios o esquemas fundamentales que permitan formular unas leyes generales y establecer unas correlaciones estructurales.

Centrándonos completamente en el terreno lingüístico, el estructuralismo tiene como punto de partida teórico las ideas de F. de Saussure publicadas en su obra Cours de linguistique generale (1916) en la que se establece el concepto de lengua como “sistema de signos”. A partir de la aplicación de los principios teóricos saussureanos, nacen distintas escuelas estructuralistas desde los años veinte: la escuela de Ginebra, el Círculo Lingüístico de Praga, el Círculo Lingüístico de Copenhague y el distribucionalismo americano. A pesar de las notables diferencias teóricas de estas escuelas (especialmente entre las corrientes europeas y americana), todas ellas coinciden en unos postulados básicos como el principio de inmanencia, por el que la descripción lingüística se hace siempre sin utilizar criterios extralingüísticos, la utilización del método taxonómico y la concepción de la lengua como conjunto o estructura de elementos definibles por las relaciones y oposiciones que sostienen entre sí.

En general, el estructuralismo como método lingüístico representa simultáneamente una actitud, un punto de vista, una aproximación y un método que caracterizan prácticamente al conjunto de los trabajos que originaron el desarrollo de la lingüística en el s. XX. El término estructura no figura en el Curso de lingüística general, sin embargo se debe a Saussure lo esencial de los principios fundadores de la teoría estructuralista como se comentó anteriormente, empezando por el concepto mismo de lengua, ya mencionado también, que conviene oponer al de habla; lengua equivale al producto social registrado pasivamente, mientras que habla es la suma de actos concretos sometidos a las variaciones individuales. Además, el sistema de la lengua no podría abordarse si no se toma la precaución de separar un estado de la lengua en un momento dado (sincronía) de su evolución (diacronía). A partir de entonces es posible emprender el inventario de las unidades constitutivas del sistema, su clasificación y el descubrimiento de las reglas que rigen su funcionamiento. Esta necesidad está supuesta en la hipótesis fundamental según la cual cada unidad establece una doble red de relaciones, que se pueden representar como dos ejes ortogonales: el eje sintagmático, materializado por el encadenamiento de los elementos según el orden lineal de la cadena hablada, y el eje paradigmático, que agrupa un conjunto de elementos que pueden aparecer en un lugar determinado de esta misma cadena, lo que permite explicar que cualquier combinación de elementos es el resultado de un proceso de selección, o sea, de una serie de elecciones sucesivas. Esta hipótesis ha conducido a la elaboración de una metodología general que está en la base del conjunto de los trabajos estructuralistas: los enunciados recogidos son sometidos a un análisis inmanente que tiene por objeto la identificación de las unidades funcionales, mediante procesos de segmentación basados en operaciones de conmutación (sustitución de elementos en oposición pertinente en contextos equivalentes). Sin embargo, la adhesión común a esos principios no impide reconocer la originalidad relativa de los distintos movimientos que contribuyeron a la doctrina y su creación. En efecto, la orientación dinámica del sistema de relación según los ejes sintagmáticos y paradigmáticos implica que una unidad cualquiera sólo es identificable (y por tanto clasificable en un rango determinado) si se tienen en cuenta las relaciones que establece con los rangos de orden superior; entonces es posible poner de manifiesto diferentes niveles de análisis: fonológico, morfológico, sintagmático, que no son, por definición, autónomos sino que representan otros campos susceptibles de recibir una atención particular. Así, el estructuralismo europeo se centró, al principio, en las investigaciones de tipo fonológico con los trabajos del círculo de Praga representado, en particular, por R. Jakobson y N. Trubetzkoy; A. Martinet y la escuela funcionalista dieron prioridad a las relaciones entre el nivel fonológico y el nivel morfológico, y se puntualizó que la economía del sistema se base en una doble articulación; L. Hjelmslev, fundador de la glosemática, propuso una síntesis profunda de los principios teóricos del estructuralismo y principalmente sostuvo la hipótesis de una relación de isomorfismo entre el plano de la expresión y el plano del contenido, en la que se basan los trabajos de la semántica estructural.

Por su parte, el estructuralismo norteamericano, con L. Bloomfield y sobre todo con Z. S. Harris, se dedicó a extraer una clasificación formal de las unidades y de las secuencias de unidades basada en su distribución (o sea, la suma de sus entornos o contextos), desembocando de ese modo en una representación de los enunciados bajo la forma de una estructura jerarquizada de constituyentes (análisis en constituyentes inmediatos).

Los aparentes cuestionamientos al estructuralismo en lingüística, de hecho, sólo se refieren a una concepción estrecha y radicalizada de la doctrina. N. Chomsky, por ejemplo, cuando define los principios teóricos de la gramática generativa, estima que la limitación estricta del objeto de estudio a un corpus finito de enunciados, así como el objetivo puramente taxonómico del estructuralismo, no podría dar cuenta de la dimensión creativa de la competencia lingüística, pero reconoce que la mayoría de los resultados obtenidos constituyen la base más seria en la elaboración del modelo en el que la noción de estructura sigue teniendo un papel fundamental.

F. DE SAUSSURE

En la evolución de la lingüística podrían establecerse perfectamente 2 periodos: uno anterior y otro posterior a Saussure. Tan dilatada y profunda fue la influencia de su doctrina. Las enseñanzas de Saussure no eran totalmente nuevas; por el contrario, muchas cosas eran conocidas y habían sido dichas antes de él, pero, gracias a la ordenación sistemática, la presentación racional, y la lúcida exposición de Saussure, cualidades de su obra que le convierten en una típica creación del espíritu francés con su sella clásico, produjeron seguro efecto.

Estableció diversas teorías fundamentales. En primer lugar, la distinción de tres aspectos de “lengua”: langage, lanque, parole, que si bien no eran nuevos, en todas partes han sido aceptados como términos inequívocos y cómodos para la investigación. Viene luego la teoría fundamental de la langue como un sistema de signos que se condicionan recíprocamente. Podemos añadir seguidamente las teorías discutidas múltiples veces: 1. Del signo como conexión de una imagen fónica con una representación, de un significante con un significado. 2. De la arbitrariedad de esta conexión. Cuánto y cuán incesantemente ha ocupado esta teoría a los lingüistas, se deduce del hecho de que todavía en 1959 se celebró en Erfurt un simposio internacional con el lema de “Signo y sistema de la lengua”, a cuyos participantes se les propuso una serie de cuestiones relacionadas todas ellas con el signo lingüístico, sistema de lengua, categorías lingüísticas, etc.

Además, según Saussure, la lengua (langue) es una convención social (como también según la lingüística soviética) y puede ser adecuadamente expuesto en un diccionario y en una gramática. Pero es de importancia primordial y orientadora la teoría, según la cual el sistema de la langue, del que hay que partir para obtener de él mediante el análisis los elementos componentes es una forma, no una sustancia, si bien al mismo tiempo descubre este sistema como algo concreto. Este es el presupuesto fundamental de lo que se llama estructuralismo, pues el sistema es una estructura, fundada en las relaciones existentes entre sus elementos, cada uno de los cuales está caracterizado por el hecho de ser algo que los demás no son y que por esto son llamados valores lingüísticos. De aquí resulta la desmaterialización del objeto de la lingüística y, con ello, el carácter sumamente abstracto del estructuralismo. La doctrina de Saussure sobre las relaciones sintagmáticas y las relaciones asociativas ha llegado a ser patrimonio común, si bien tampoco era nueva. La tajante separación establecida como postulado entre Lingüística sincrónica, que está relacionado con todo lo dicho hasta aquí, y diacrónica, que, según él, se ocupa sólo de singularidades que no forman entre sí ningún sistema, fue aceptada casi como dogma de fe. La crítica a éste empezó ya con J. Trier y W. von Wartburg. En lo tocante a la teoría de Saussure sobre el fonema tampoco procede, como dije ya, originariamente de él, pero contribuyó en el marco del conjunto al desarrollo de la fonología.

Saussure había escrito al comienzo del año 1879, su Mémoire sur le systéme primitif des voyelles dans les langues indo-européenes de suma importancia para el conocimiento del vocalismo indoeuropeo. En esta obra fundó la teoría de la apofonía y fue el primero en referirse al sonido que posteriormente se llamó laringal o schwa consonántico. Saussure, que había aprendido en la escuela de los neogramáticos (estudió en Ginebra, Leipzig y Berlín) y partió de sus teorías, fue sobre todo importante como profesor universitario, primero en 1881-91 en París y después en Ginebra, en donde de 1906 a 1911 dio conferencias sobre lingüística general, cuyo contenido más importante sólo fue dado a conocer al mundo contemporáneo en 1916 por medio de una publicación póstuma a base de los apuntes de sus discípulos. El caso es que se concretó su influencia sobre todo a sus discípulos y a la lingüística comparada francesa y suiza (Escuela de Ginebra), mientras que en Alemania, que había enseñoreado sola durante tanto tiempo el campo de la investigación, no se ocuparon de sus teoría sino mucho más tarde.

Desde Saussure, sabios de muchos países se han ocupado de la Fonología, entre otros Karl Bühler, Brondal, J. Vacheck, J. von Laziczius, Arvo Sotavalta, Bloomfield, pero ha sido Trubetzkoy quien con su copiosa terminología nueva ha levantado el edificio sistemático de la nueva ciencia. Su doctrina, naturalmente, no se vio libre de críticas, y en los Estados Unidos e Inglaterra se emplearon, en parte, términos algo distintos; y E. ZWIRNER quiso introducir en lugar de Fonética y Fonología la Fonometría, que había de fijar por medio de mediciones exactas y la estadística el valor medio de los sonidos del habla. Por otra parte, E. Coseriu es partidario de una tripulación de las “ciencias fónicas” y, al mismo tiempo, de su reconciliación. Como revela el siguiente texto de los Grundzüge dre Phonologie (1939) de Trubetzkoy, confluyen en él la teoría de Saussure sobre la langue, la teoría de Bühler sobre las tres funciones del lenguaje y sobre los perfiles sonoros, y la tendencia general al examen de la forma y el sistema.

A modo de síntesis, voy a explicar a continuación el panorama del estructuralismo y su desarrollo, anteriormente comentado muy detalladamente. Como ya he dicho antes, en 1916 aparece Curso de lingüística aplicada de Saussure. Describe la lengua con un marco teórico y metodológico para estudiarla. Saussure establece diferencias entre conceptos: diacronía-sincronía, lengua-habla, significado-significante, forma-sustancia... La lengua, según el lingüista, está constituida por un conjunto de elementos y sus relaciones (sistema lingüístico) que es una organización o estructura (lengua) adquirida desde pequeños. Para poder describir el nivel fónico hay que atender a los elementos que lo forman y a las relaciones entre ellos ya que esta relación permitiría diferenciar unos elementos de otros. La permutabilidad dice que todos los elementos fónicos han de ser permutables o cambiables por otros elementos y de este modo varía la expresión. Define los elementos a partir de su permutación con su análogo. Sólo a partir de su permutación se puede identificar y definir los elementos de una lengua. Según Saussure las lenguas son inadaptables entre sí, cada una tiene sus elementos y sus relaciones (inmanentismo). Unos de sus seguidores, fue lo que se llamó la Escuela de Praga (1926), grupo de lingüistas rusos y checos, entre los que destacan Jakobson y Trubetzkoy.

La claridad y sistematización de Saussure se funda, en parte, en la simplificación, esto es, en la preterición de factores, pues esto hace justamente que los contornos sean más nítidos. Tampoco el conjunto de su doctrina se ve libre de contradicciones o inexactitudes, así cuando habla de la lengua como forma y luego como de algo concreto; o cuando dice que lo predominante en cualquier transformación del signo es que la materia primitiva subsiste en él y que esta transformación desemboca siempre en una dislocación de la relación entre el significado y el significante. Y cuando afirma que no hay ninguna imagen sonora que corresponda mejor que otra a lo que está destinada a enunciar, formula un aserto que no puede, evidentemente, aplicarse a las palabras onomatopéyicas. Pero todo esto es otro tema.

BIBLIOGRAFÍA

  • H. Arens. La lingüística I y II. Madrid. GREDOS.

  • G. Mounim. Historia de la lingüística. Madrid. GREDOS.

  • Enciclopedia SALVAT. Barcelona.

  • Enciclopedia LAROUSSE. Barcelona, PLANTETA, 1988