Lengua latina

Historia. Concepto. Uso. Evolución. Indoeuropeos. Rama latina. Etruscos. Dialectos. Literatura. Cicerón. Roma. Latín. Hispania. Romanización. Íberos. Celtas. Latín medieval. Etimologías árabes. Visigodos

  • Enviado por: Laertiada Ulises
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Historia de la lengua latina :

Concepto de latín.

Utilidad del latín.

Evolución.

Para hablar del español, es necesario hacer referencia al latín. El español es una lengua romance considerada más arcaica que otras lenguas románicas, como el italiano o en francés. La evolución a partir del latín ha quedado más atenuada. El latín es una fase de transición clave entre el indoeuropeo y las lenguas romances.

La lengua latina fue el vehículo de transmisión de un gran imperio (el primero bien organizado del mundo indoeuropeo) y, por ello, se mantuvo durante ocho siglos. A pesar de que la permanencia de la lengua oral empezó a resquebrajarse entre el siglo III y el X, la escrita no se perdió tan fácilmente. De hecho, hasta hace bien poco el latín clásico ha sido la expresión de la ciencia (véase la clasificación animal y vegetal de Linneo) y de la religión católica. El latín llegó a España sobre todo con César y Augusto.

Las lenguas romances lo que hacen fundamentalmente es simplificar el latín y despojarlo de las estructuras poco útiles. El “latín vulgar” era, ante todo, un instrumento cómodo. El léxico no experimentó tantos cambios como la pronunciación y la gramática. Los cambios en el vocabulario se deben fundamentalmente a préstamos, prohibiciones, influencias de civilización... En cuanto a estas dos últimas opciones, fueron muy escasas. Algunas palabras del latín eran en realidad helenismos que habían pasado por un proceso de latinización. Las lenguas romances eliminaron palabras demasiado cortas, compuestas difíciles de analizar o con un matiz demasiado complejo.

El indoeuropeo: definición y cronología.

Vocabulario indoeuropeo.

Similitudes entre lenguas periféricas.

Oralidad del indoeuropeo.

A la familia indoeuropea pertenecen el latín y la mayor parte de las lenguas habladas en Europa, tanto en el pasado como en el presente, además de algunas de Asia meridional que se extienden por la zona que va desde la actual Turquía hasta la India. Se exceptúan de nuestro continente el finés, el húngaro y el vasco. El origen de esta familia se remonta a hace más de cinco mil años y se sitúa, según la teoría más aceptada, en una zona al norte del mar Negro, entre la desembocadura del Danubio y los montes Urales. Las lenguas modernas de Europa y Asia meridional tienen como herencia remota el indoeuropeo, aunque lenguas como las germánicas o eslavas no tienen ningún testimonio escrito de la primitiva lengua común (sí lo hay en el caso del antiguo indio, el persa, el griego o el latín).

Los indoeuropeos llegaron con instituciones sociales muy bien organizadas que les permitieron ser dominadores y hacer prevalecer su lengua. A los indoeuropeos debemos nombres de parentesco (las palabras que se aprenden antes por ser universales), de partes del cuerpo, instituciones... El italo-celta, junto con el indo-iranio, es el único que conserva palabras indoeuropeas religiosas, políticas y relativas a la organización social. Los celtas inmigraron a través de los Pirineos desde Europa Central en los siglos VIII y IV a.C. Vivían en castros, que se definen como poblados fortificados.

Las lenguas que ocupan los extremos del territorio indoeuropeo fueron llevadas probablemente por los primeros colonos que se separaron del resto de la nación indoeuropea. Consecuentemente, estos territorios han debido de conservar arcaísmos desconocidos a los colonos cuya lengua continúa la tradición de las regiones centrales. Las lenguas más occidentales, itálico y celta, tienen algunos rasgos comunes al indo-iranio y al tocario, que ocupan el extremo oriental del territorio, y al hitita, que se forja a lo largo del segundo milenio a.C. en la región oriental de Asia Menor. Y cuyos restos se remontan a unos mil años antes de las primeras lenguas indoeuropeas conocidas.

Sin embargo, las lenguas indoeuropeas eran solamente orales. Es cierto que los pueblos más arcaicos consideraban que la palabra contenía una gran fuerza que se podía volver contra la persona que la utilizaba si era dejada en manos de enemigos. Por ello, la fijación a través de la escritura era mirada con recelo e incluso, en tiempos de César, los druidas se negaban a servirse de la escritura.

Ciertas particularidades son comunes a varias lenguas indoeuropeas contiguas, lo que apunta al hecho de que existieron a través del territorio diferencias dialectales cuyos límites no coinciden entre sí. El itálico, del que el latín forma parte, cuenta con una mayoría de rasgos característicos antiguos en común con el celta y el germánico. Pero, mientras el griego se corresponde generalmente con el armenio, el latín está lejos de las lenguas orientales.

La rama latina.

La unidad itálica.

Invasiones itálicas.

El etrusco y otros dialectos.

El latín se incluye en el mismo grupo que el osco y el umbro y este grupo, a su vez, forma parte de otro más amplio, llamado italo-celta. Mientras que el latín y el osco-umbro se conocen por textos anteriores a nuestra era, las lenguas celtas (el irlandés por una parte y el bretón, por otra) no están atestiguadas hasta fechas en que el latín había pasado ya al estadio románico. Se habla de una unidad italo-celta, que no heleno-itálica, anterior a la emigración de dichos colonos. El celta contiene semejanzas léxicas con el latín, además de las concordancias morfológicas. Las concordancias de vocabulario de civilización del eslavo, el báltico, el germánico, el celta y el itálico indican que los colonos a los que se deben las lenguas itálicas pasaron por Europa Central y procedían del norte. El griego, al igual que el armenio y el indo-irano, se separó muy tempranamente del grupo indoeuropeo.

De la unidad italo-celta sólo quedan restos oscuros. En cambio, la unidad itálica es evidente, aunque recientemente se haya puesto en duda.

El osco y el umbro fueron, aunque puestos poco por escrito, los dos dialectos itálicos más importantes. Encontramos restos del umbro con alfabeto latino o con un alfabeto particular adaptado del etrusco (que dio lugar al alfabeto latino también). Los signos no se han podido descifrar con total exactitud y tampoco las expresiones. Los remanentes del osco se hallan esparcidos (incluso en Mesina). Encontramos inscripciones en caracteres latinos o griegos, pero casi todas cuentan con un alfabeto propio derivado del etrusco. Parece ser que el osco se hablaba corrientemente en Pompeya hasta la erupción del Vesubio en el año 79. Separados geográficamente (el osco, al sur; el umbro, al nordeste del Lacio, zona latina), se pueden considerar dos lenguas distintas. El osco se puede decir que es conservadora; el umbro, evolucionada. Es posible conjeturar que hubo una literatura escrita en osco, aunque parece que sí hubo una oral: la atelana, de la que no se conservan escritos. Ennio, que se jactaba de conocer tanto el osco como el latín o solamente escribió en latín o no nos ha llegado ninguna obra suya en osco.

Poblaciones vecinas a Roma tuvieron también hablas propias intermedias entre el osco y el umbro. De unas no se sabe nada (como de la lengua de los sabinos), de otras se poseen escasos datos (de los volscos, marsos, vestinos, pelignios, de los que se tienen más datos - éste es un dialecto osco a pesar de que era hablado bastante cerca de Roma). Es curioso que el llamado estilo indirecto, que siempre se ha dicho que es original del latín, aparezca en restos oscos.

La “unidad itálica” no es más que una unidad lingüística, no física. Si los arqueólogos tienen razones para creer que la invasión de Italia por los osco-umbros (considerados como un solo grupo a pesar de que las lenguas tienen grandes diferencias) y los latinos tuvo lugar en dos movimientos distintos, los datos lingüísticos no lo contradicen, aunque tampoco permiten localizar la llamada “unidad itálica”, mucho más evolucionada que la unidad italo-celta. Queda descartada la hipótesis de Walde, que emparentaba el osco-umbro con la rama británica del celta y el latín, con la irlandesa. Algunos autores consideran que en la unidad itálica se encontraban el latín, el falisco, el osco y el umbro. Posteriormente, se subdividieron en dos grupos: los dos primeros y los dos segundos.

Los dialectos osco y umbro habrían acabado con el latín de no ser gracias a los etruscos, al norte, que frenaron la oleada. El dialecto latino falisco está rodeado de otros etruscos. Los estudios lingüísticos acerca de los dialectos de Italia se basan en toponimia dudosa.

En el Adriático hay vestigios oscuros de dos lenguas indoeuropeas que ponen de manifiesto dos oleadas de invasores y que no tienen que ver con el grupo itálico del latín y el osco-umbro: al sur, el mesapio, del grupo yápigo; al norte (Venecia), los vénetos.

Los etruscos y su lengua.

Civilización etrusca y su repercusión en el léxico. Adopción de helenismos.

Fin del dominio etrusco sobre Roma.

Términos latino/romano.

El etrusco está relacionado con inmigrantes procedentes de Asia Menor, que quizá llegaron al mismo tiempo que las poblaciones de lengua indoeuropea descendían por Italia. No se sabe de cierto si el etrusco es una lengua indoeuropea.

Los etruscos, aunque dominadores, parece que trajeron una civilización más moderna. Quedan restos etruscos en la toponimia. Como los latinos conservan sus instituciones propias y todo el armazón de la lengua es, o indoeuropeo o formado por elementos indoeuropeos, sólo cabe encontrar elementos etruscos relacionados con la civilización, algo de lo que se sabe muy poco. Dominados por los etruscos, los romanos aceptaron de buen grado helenismos por ser de una civilización avanzada y por no venir de Etruria.

Hasta la expulsión del último rey etrusco (Tarquinio el Soberbio), en el siglo V a.C., no comienza la auténtica historia de Roma. Los etruscos se ven acosados por las invasiones galas y por la anexión de territorios por parte de los latinos, que reclamaban su independencia. Es más, los griegos igualmente pudieron ejercer presión, aunque no llegaron al interior de Grecia, sólo a zonas costeras como Sicilia o la Magna Grecia. La civilización griega era original, de ahí que triunfara tan enormemente, no como la etrusca, llena de préstamos apenas asimilados. En cuanto a la lengua, de este siglo y el siguiente no hay apenas restos.

Otro aspecto a tratar es el hecho de que se identifiquen los términos latino y romano. Es incorrecto por completo, puesto que en el Lacio hubo varios dialectos y muchas de las innovaciones que caracterizan al latín de Roma no son propias del latín común.

Comienzos literarios.

Integridad de la lengua.

Esplendor literario.

Cicerón, el pensador europeo.

En el III a.C. la literatura comienza con Livio Andrónico, trasplantada de Grecia, al ser éste oriundo de allí. La literatura con la que podía contar este autor era prácticamente nula, salvo cuentos y canciones, comunes a todas las sociedades. Después de Livio Andrónico, tenemos al romano Nevio. Toman los versos griegos, entre ellos el hexámetro, y los modelos. En realidad consiste en la mimesis de la cultura helena. Los romanos no pretenden mejorar nada sino adaptar esa cultura e innovarla con su propio carácter. En todo caso intentan realizar obras que estén a la altura del propio Homero e identifiquen las raíces de su pueblo, vinculado a la divinidad. Posteriormente se encuentra Ennio, poeta que imita los períodos homéricos, adaptándolos, pero sin dejar atrás el fondo romano. La lengua latina no tenía todavía gran flexibilidad, por lo que Ennio busca sinónimos para su literatura. En sus comienzos le era difícil escribir oraciones de una extensión considerable. En definitiva, es el griego el encargado de darle la forma final al latín clásico, sobre todo para componer su literatura.

Cabe destacar otros dos autores como Accio y Pacuvio, que aunque no multiplican en exceso los préstamos griegos, creen que la lengua aristocrática de Roma debía quedar puramente latina.

Como siempre ocurre en toda literatura, primero aparece la poesía y después la prosa, que en Roma llega a su momento cumbre ya en el siglo de oro, en el I a.C., tras haber llegado a Roma la enseñanza de retórica. Cicerón es, junto a César y Salustio, el mayor representante de la misma. Hombre romano de nacimiento pero de cultura griega, hablaba los dos idiomas y fue quien neutralizó el griego a latín. Latinizó esta cultura de manera práctica, a la romana, absorbiendo sólo lo útil y desechando lo demás. Desde la Atenas del siglo V a. C. y la etapa alejandrina se había llegado a consolidar un verdadero humanismo, que nace en Roma hasta difundirse por todo lo que sería la civilización occidental en los siguientes dos mil años.

Cabe destacar que en este siglo I a.C. se produce la mejor literatura latina a la par que las mayores crisis políticas y movimientos sociales.

El propio Cicerón, de lenguaje elevado y puro, utiliza multitud de préstamos griegos en sus cartas pero los evita a la hora del hablar ante el Senado o al público. La pureza y la nobleza de la lengua no admitía los préstamos de palabras griegas. Cicerón lo que hace es cargar las palabras latinas de sentido griego. Son los conocidos "préstamos de sentido” (puto y logizzomai). Se dedicó a los calcos, a la creación de léxico para el pensamiento europeo. Posteriormente este vocabulario pasa al habla popular y de ahí llega a través de las lenguas romances.

Expansión de Roma.

Implantación del latín en los territorios anexionados. Factores influyentes en la evolución del habla.

Regularización del latín. Evolución del latín en Hispania.

Ahora hablaremos acerca de Roma. En ésta se aprobó el derecho de ciudadanía para toda la península allá por el año 90 a.C. Debido a ello, junto a la densidad de población de la urbe y la necesidad de extenderse, Roma comienza a ser un Estado y ya no la ciudad que antigua que era. Ya había conquistado gran parte de las costas mediterráneas y zonas interiores de lo que sería su vasto imperio. Con la llegada de Augusto al poder como princeps, nombrado así por el Senado, Roma va a llegar a su apogeo, aunque no es hasta el año 117 cuando el Imperio alcanza su máxima extensión, bajo el mando del hispano Trajano. El papel importante lo desarrollaron por lo tanto las Provincias, ya que eran ellas las que elegían el emperador y porque se tenía especial interés por las fronteras. Las más amplias zonas fueron ocupadas en el interior del continente europeo; en cambio, de las zonas costeras ya hemos dicho que estaban mayormente influenciadas por las colonias griegas y su cultura, que desde siempre había predominado por mar.

El latín, en primer lugar, se convirtió en lengua de civilización y, posteriormente, en la lengua usual de poblaciones enteras que antes habían tenido idiomas diversos. Pero ya incluso en la propia Roma se destaca el cosmopolitismo existente, debido a la gran mezcolanza racial y social entre esclavos, patricios y plebeyos, llegados de todas partes de los territorios conquistados. Pero en las Provincias, la gran diferencia era el idioma, que no la gestión llevada a cabo en comparación con la Urbe. El latín llegaba como lengua de cultura, que se imponía sobre la autóctona por diversos motivos: los centros escolares, el cursus honorum, los cargos de administración... La lengua latina se impone debido a su fuerza, quedando relegadas a un plano secundario las propias de la tierra colonizada, hablada en cualquier caso a nivel familiar, perdiéndose poco a poco por la incomodidad que supone el bilingüismo. Pero la lengua que se propagó no fue la propia de las gentes cultas sino el habla urbana, que tiene un carácter por lo general popular.

La expresión de la lengua se busca en el vocabulario y eso fue lo primero que arraigó en las Provincias romanas. Debido a las circunstancias anteriores, el latín triunfó y la lengua del país se perdió en cuanto dejó de ser útil y hablada. El latín que llega a todas partes es el mismo pero no la lengua que lo acoge, por lo que esto es un dato importante a la hora de su pérdida y de las huellas que pudieron dejar cada una en el latín. Estas huellas son conocidas como estrato.

El contacto ínter lingüístico que se produce con el paso de los años y siglos se deja ver esencialmente en la lengua dominante, no en la extinguida. En el caso del latín de Hispania, la lengua latina daría evolución a cuatro idiomas diferentes. Los mecanismos de la lengua no terminan nunca, ya que no puede ser perfecta. Por un lado, cabe destacar la analogía y, por otro, los procedimientos reguladores de la lengua. La innovación del latín en las Provincias es el resultado de la propia estructura de esta lengua y del latín hablado por personas que se habían adaptado a ella.

Características de la lengua latina.

El latín y el espíritu romano.

El latín arcaico.

La propia sociedad romana refleja las características de la lengua en todos sus aspectos. Cabe destacar el sistema casuístico, la rígida conjugación verbal, la invención del ablativo absoluto, el uso de diminutivos, la prolífica creación de léxico, la evolución fonética a partir del indoeuropeo, el aislamiento de las palabras dentro de una misma familia, el uso del subjuntivo, las oraciones subordinadas, las de relativo, el uso de la oración de infinitivo, etc.

Los romanos tenían espíritu de políticos, juristas, administrativos, que dieron a las frases una composición que marcaba de manera exacta las relaciones de las ideas que debían expresar. El latín es un instrumento propio para poner de relieve la articulación de las ideas y para relacionarlas entre sí.

Las comedias romanas recogen multitud de expresiones del habla popular. La lengua fue adoptando una forma clásica que ya aparece en Terencio. Sin embargo había personajes públicos de la esfera política a favor de todo lo latino/romano y en contra de lo procedente de la Hélade, como Catón el censor, entre otros. Pero Roma se dejó vencer por la cultura griega. Así lo refleja un verso de Horacio: “Graecia capta ferum victorem fecit” (Epist. 2, 1, 156).

Influencia griega en las costas y sobre Roma.

Fuentes de su cultura.

Expansión gala y colonización fenicia.

Hegemonía del latín sobre otros dialectos itálicos y lenguas de otros pueblos.

En la zona costera del sur los griegos comerciaron y fundaron colonias, así en Sicilia y Magna Grecia, como ya hemos comentado más arriba. Al norte estaban los galos, cuya lengua pertenecía al grupo céltico del italo-celta. Sus tribus llegaron a avanzar hasta Roma y abarcaron la llanura del Po, donde se habló la lengua gala, poco conocida debido a que no escribían.

La civilización griega había tomado mucho de las civilizaciones mediterráneas y, además, debía mucho en un principio al mundo del Egeo, hasta el siglo VI a.C. Todos los alfabetos de Italia proceden directa o indirectamente de Grecia. En España fundan colonias como Emporion (Ampurias) o Rodon (Rodas).

La influencia griega sobre la sociedad romana entre los siglos IV y III a.C. es notable. Ya hemos comentado que toda la literatura y filosofía fueron trasvasadas a Roma desde Grecia.

Mientras que el griego no toma apenas palabras de otras lenguas, el latín se inspira en la lengua griega. Se observan préstamos directos (aether), morfológicos (qualitas del griego poiotés) o semánticos (ars por tekné).

Los fenicios estuvieron presentes en zonas como Sicilia, aunque se sabe poquísimo de ellos. En España fundan colonias como Gadir (Cádiz) o Malaca (Málaga).

Pese a la presencia de otros pueblos, desde que se comienza a escribir el latín, éste absorbe las restantes lenguas, así como hizo con los otros dialectos itálicos (en los que no se escribe nada, exceptuando los oscos, puesto que su dialecto se hablaba en Pompeya hasta que fue destruida la ciudad.).

Desde que se comienza a escribir el latín, éste absorbe los otros dialectos, en los que no se escribe nada, no como ocurrió con los oscos (su lengua se hablaba en Pompeya hasta que fue destruida la ciudad.)

La romanización.

Evolución latina.

Latín hablado y latín escrito.

En cuanto a la romanización, dependiendo de cada zona romanizada, así fue el tipo de latín que se implantó. Es más, el cuadro social de soldados y comerciantes romanos e itálicos distaba mucho en el siglo II a.C. de estar unificado y el latín competía lingüísticamente con el osco y el umbro, como hemos dicho. Si estudiamos la onomástica hispano-romana veremos que hay un número considerable de elementos itálicos, no romanos, como, por ejemplo, el topónimo "Itálica”.

Si estudiamos las formas románicas peninsulares junto con los autores latinos de la época colonizadora, que hablaban un latín arcaico, ello hace comprender muchas palabras del léxico. Es curioso que se hayan descubierto palabras del léxico castellano provenientes de tres grandes escritores, como Catón, Lucilio y Varrón. Esto se debe a que vinieron a España. Por lo tanto, el latín hispano tiene un léxico basado en su primera colonización de los dos primeros siglos. Algunas de esas características del latín hispano se mantienen en siglos intermedios. Si recurrimos al filósofo cordobés Séneca veremos que, en su afán por innovar, aportó algunos términos latino-hispanos, del latín que se hablaba en su familia. El “latín vulgar” es cuestión de estilo diferente, así no gusta del hipérbaton ni de focalizar las palabras más importantes en el centro de la oración.

En la lengua romana se produjeron muchas modificaciones a lo largo y ancho de Europa. En general, se simplificó la flexión, a pesar de que pueda parecer amplia para nosotros hoy en día, se creó el artículo y el pronombre, se perdieron los casos...

En esa lucha entre el latín hablado y el escrito, ganó la partida el hablado, ya que gozaba de mayor fama, respaldada por el pueblo y su uso. El latín escrito y culto luchó por seguir al menos en los textos, conservado aún y vigente en el Estado Vaticano, pero sucumbió en su difusión oral, hecho paralelo a la pérdida de cultura. Y esta pérdida cultural tiene sus causas en los conflictos de su alrededor.

La lengua latina se hablaba en una gran urbe, la primera que hubo dentro de lo que entendemos por Estado. El latín era una lengua hablada por una población numerosa, compuesta por diversas clases sociales. Hasta que la literatura bien implantada y la enseñanza escolar bien organizada no se asentaron, la lengua no se pudo fijar con precisión. El latín no estaba unificado y se daban fluctuaciones. Sin embargo, una vez estabilizado, incluso a pesar de la diversidad de las invasiones bárbaras, la unidad del latín prevaleció, con los visigodos, por ejemplo.

Norte de España. Su influencia sobre el resto de la península.

Toponimia de la zona Bética/levante, del norte de España y cartaginesa.

Fenómenos íberos.

Sustrato celta.

Presencia ligur e iliria en España.

Etimologías árabes.

Influencia prerromana en la pronunciación, la entonación y el ritmo del habla.

Cabe mencionar el reducto más resistente a la romanización. Era la zona de Galicia, Asturias y Cantabria. Estas regiones permiten descubrir preludios de fenómenos románicos como la sonorización y la inflexión vocálica. Estas regiones tuvieron gran influencia, puesto que fue allí precisamente donde se empezaron a reconquistar los territorios en posesión de los árabes siglos más tarde, siendo estas zonas las que más influyeron sobre el resto de la península. En Marcial encontramos frases como: “nosotros, descendientes de los celtas y de los íberos”, “gobernó a mi gente, los celtas, y a los íberos”, “a nosotros, los celtas, y a los íberos”.

Es en la toponimia donde mayor número de influencias de otros pueblos se rastrean, aunque en la provincia Bética y en levante, de una anterior romanización, la onomástica es romana. En el norte de España hay topónimos e hidrónimos con el sufijo -nt-: Numantia (Numancia), Salmantica (Salamanca). Esto parece ser del sustrato indoeuropeo. Según el académico Antonio Tovar, a esta capa indoeuropea no diferenciada, o precéltica, pertenecían los cántabros, los astures, los pelendones, los carpetones y los vetones. Encontraremos gran número de topónimos donde se rastrea la huella íbera (siglo VI a.C.) (entre las ciudades íberas hay que destacar Elche, como lo demuestran los restos arqueológicos y el arte ibérico allí encontrado), como, por ejemplo, en la zona navarro-vasca sobre todo, en apellidos como Echeverría (este sufijo -berri con “e” larga es íbero), Elgorriaga (a -gorri- con “o” larga le sucede lo mismo), Iturrioz (-otz/-otze con “o” larga)... Estas vocales largas “e”/”o” se corresponden con las latinas. La zona citada anteriormente conserva más influencias ibéricas debido a la tardía romanización. Topónimos cartagineses son, por ejemplo, Eivissa (Ibiza) o Cartago Nova (Cartagena).

Algunos autores asocian la aspiración de f- inicial al sustrato vasco-cántabro-ibérico. La inexistencia en nuestra lengua de la diferenciación de /v/ y /b/, como sucede en otras lenguas romances como el francés, se relaciona con el fenómeno anterior. Del vascuence procede la reducción vocálica a cinco elementos ni largos ni breves y la palatalización de los grupos iniciales pl- , kl- y fl- (planum} llano// clavem} llave// flammam} llama), así como la anteposición de una vocal epentética en palabras que comienzan con sonido [rr]: repentire } arrepentir(se).

Al sustrato celta se le achaca la sonorización de las oclusivas sordas /-p-/ , /-t-/ y /-k-/ (apotheca} bodega) y las evoluciones de grupos latinos como /kt/ :noctem} noche. También se dice que palabras como losa o brizna son celtas, así como el sufijo -obre (Añobre) fundamentalmente gallego. Para algunos autores -briga (Segóbriga) también lo es. El celtibérico era una lengua celta, pero arcaizante, con notables diferencias respecto al galo. No son prerromanos muchos celtismos que, tomados de los galos, pasaron a ser latinos y, de ahí, a formar parte de las lenguas romances.

Del ligur no nos resta ni un texto, sólo toponimia. Se dice que el sufijo -asco es ligur (así, Venasque en Huesca, escrito Benasco en el siglo XI). Así lo demuestra la comparación de topónimos españoles con otros italianos (Benasco, Génova). Esto también está en relación con topónimos que, por comparación con otros italianos, demuestran que con los ligures llegaron ilirios quizá (Carabanchel en Madrid frente a Caravanche en Italia e incluso, Karawanken en alemán.). Parece que le sufijo -no- también es ligur. Se dice que el sufijo -aecu, típico del noroeste e España (Lamego) es preindoeuropeo. El elemento paleolítico étnico franco-cántabro o pirenaico no puede explicar las coincidencias de la toponimia española con el centro de Europa. Hay que admitir la inmigración de un pueblo centro-europeo ya en parte "indoeuropeizado". De hecho, se han encontrado textos griegos que afirman la existencia de ligures en España, que no ocuparon toda la península, pero tampoco sólo el noroeste de Italia y la costa mediterránea de Galia hasta los Pirineos. También llegaron al valle del Ródano, al noroeste de España y a algunos puntos del sur del territorio turdetano.

En cuanto al productivo sufijo -en, con sus variantes -eno/a, etc., que se observa en nombres como Jaén o Bailén, se podría explicar como antropónimos latinos con sufijo -ana convertidos en -ena mediante la inflexión de “a” en “e” árabe (aunque esto no queda muy claro y puede que los árabes lo único que hicieran fuera hacer predominar -en frente a -an.) Se descarta la posibilidad del galo, aunque algunos autores la defienden para ciertos topónimos, pero no para -en, sino para -eno. Pero también hay una cierta coincidencia con el vasco -ain (Andoain). No queda muy claro.

Encontramos etimologías árabes en Madrid, por ejemplo, aunque algunos autores defienden variadas posturas para esta palabra: etimologías latinas, griegas, germánicas...

Se discute si el sustrato prerromano, además de en el léxico, influyó en la pronunciación, la entonación y el ritmo del habla.

El latín medieval.

Los visigodos.

La reforma carolingia.

Ahora vamos a tratar someramente el tema del "latín medieval". En tiempos del emperador Carlomagno en torno al 800, aparece el concepto de “latín medieval”. Todos hablaban en su lengua vernácula y este “latín medieval” se propone en principio como “método de lectura en voz alta” para la enseñanza. Después se extendió a la escritura y a la pronunciación. Los eruditos cortesanos buscaban elevar el nivel cultural de la Iglesia. Este latín se inventó para su uso en la liturgia romana reformada. Ésta no llegó a España (aparte de Cataluña) hasta el 1080, aproximadamente tres siglos más tarde de su establecimiento en Francia. No se extendió hasta el siglo XIII.

Sin embargo, es curioso que en España se hayan encontrado textos escritos en una lengua que parece latín antes de que llegara la liturgia romana reformada. Esto puede deberse a que eran escritos en español antiguo. Este “latín medieval” no fue visto como la recuperación del pasado, sino como algo novedoso.

En cuanto a Cataluña, a efectos prácticos se puede considerar que ésta es parte del área franca. Los árabes ocuparon este territorio durante un tiempo breve y el área volvió a ser invadida por fuerzas carolingias a finales del siglo VIII. Cataluña tuvo, pues, influencias benedictinas. Respecto a la zona astur-leonesa, fue la que contó con una mayor influencia visigótica. Este pueblo estaba muy latinizado, de ahí que se hayan encontrado textos en latín, aunque éste no es gran calidad. De los pueblos germánicos que invadieron la península ibérica (vándalos, suevos, alanos...), los visigodos estaban más romanizados por el hecho de haber permanecido siglo y medio en la Dacia y el sur del Danubio y por los casi cien años que duró el reino de Tolosa. Es posible que se trate de textos escritos en “astur-leonés” antiguo, semejante al latín.

El motivo de la reforma carolingia es el sentimiento de que el habla corriente estaba demasiado distanciada del antiguo latín. La lengua latina era, sin duda, la del cristianismo de Occidente, propagado por Carlomagno mediante el vehículo de la lengua latina. Gracias a este “renacimiento”, restos de la literatura latina fueron conservados a lo largo de la Edad Media y fueron punto de partida del gran Renacimiento de los siglos XIII y XIV, cuyo máximo representante fue Erasmo, cumbre del “humanismo”.

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