La Tercera vía

Ciencias sociales. Sociedad. Experiencia. Ideologías. Realidades. Gobierno. Política activa. Visión mundial. Referencia europea

  • Enviado por: Carla Salazar
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
  • 39 páginas
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LA TERCERA VÍA

ENSAYO

INTRODUCCIÓN

La Tercera Vía es un enfoque que trata de mezclar lo mejor de las acciones y posiciones de los diferentes sectores de la sociedad, en particular, del estado, del mercadeo y de la sociedad civil, o al menos éste es el foque que le da el primer ministro británico Tony Blair, a quien se le atribuye la implantación de La Tercera Vía en Gran Bretaña donde trata de difundir una política popular, progresiva y modernizadora que busca moverse allende de la división tradicional de izquierdas / derechas. La Tercera Vía busca unir al patriotismo y al internacionalismo, a los derechos y a las responsabilidades; a la promoción del espíritu de empresa y a la lucha contra la pobreza y la discriminación.

Para conocer las bases, el contenido, la forma de aplicación, los resultados generados hasta ahora en Gran Bretaña y Alemania, así como la posible implantación de ésta filosofía política en Venezuela , recurrí primordialmente al primer documento firmado por Blair y el canciller Alemán Gerhard Schröeder , donde se recogen las líneas maestras de la nueva socialdemocracia bajo el título de La Tercera Vía.

En nuestro país sería muy interesante analizar la situación actual y compararla con las nuevas y refrescantes ( o al menos con otra cara) , propuestas de la tercera vía , para ello he analizado un simposio efectuado en nuestra ciudad capital, Caracas, el pasado 23 de Septiembre de 1999, por el Doctor Stewart Wood y el Lord Robert Skidelsky , quienes mantienes posiciones contrarias a lo largo de su exposición.

En éste escrito se pone en manifiesto lo que se quiere lograra con la implantación de la tercera vía, se explica detallada mente los efectos sobre el mercado, la política, la sociedad y también posee los deberes y derechos de los ciudadanos que están bajo éste nuevo sistema

INTRODUCCIÓN

Los socialdemócratas gobiernan en casi todos los países de la Unión. La socialdemocracia ha encontrado una nueva acogida, pero sólo porque, manteniendo sus valores tradicionales, ha iniciado un camino verosímil para renovar sus ideas y modernizar sus programas. También ha encontrado una nueva acogida porque defiende no sólo la justicia social sino también el dinamismo económico y la liberación de la creatividad y la innovación.

La marca de esta aproximación es el Nuevo Centro de Alemania y la Tercera Vía de Gran Bretaña. Otros socialdemócratas han elegido otros términos que encajan con sus propias culturas nacionales. Pero la motivación es la misma en todas partes, aunque el lenguaje y las instituciones puedan diferir. Hace tiempo que muchas personas han abandonado la visión de un mundo representado por los dogmas de izquierda y derecha. Los socialdemócratas tienen que ser capaces de hablar a esas personas.

Equidad y justicia social, libertad e igualdad de oportunidades, solidaridad y responsabilidad hacia los demás: son valores comunes a todas las épocas, valores que la socialdemocracia no sacrifica nunca. Para que esos valores sean relevantes en el mundo actual se requieren políticas realistas, de futuro, capaces de estar a la altura de los retos del siglo XXI. La modernización consiste en adaptarse a las condiciones que han cambiado objetivamente, no en reaccionar ante las elecciones.

Igualmente, tenemos que aplicar nuestras políticas en un marco económico nuevo, modernizado para la actualidad, donde los gobiernos hacen todo lo que pueden para apoyar a las empresas, pero sin creer nunca que puedan sustituir a la empresa privada. La función esencial de los mercados debe ser complementada y mejorada por la acción política, no entorpecida por ésta. Apoyamos una economía de mercado, no una sociedad de mercado.

Compartimos un destino común en el seno de la Unión Europea. Nos enfrentamos a los mismos retos, a promover el empleo y la prosperidad, a ofrecer a todos los individuos la oportunidad de desarrollar totalmente sus potenciales únicos, a combatir la exclusión social y la pobreza, a reconciliar el progreso material con un desarrollo sostenible del medio ambiente y con nuestra responsabilidad hacia las generaciones futuras, a enfrentarnos a los problemas comunes que amenazan la cohesión de la sociedad, como la delincuencia y las drogas, y a hacer que Europa sea una fuerza más eficaz por el bien del mundo.

Necesitamos fortalecer nuestras políticas asentando nuestra experiencia en Gran Bretaña y Alemania, pero también con contrapartes similares en Europa y en el resto del mundo. Debemos aprender los unos de los otros y comparar nuestra actuación con prácticas y experiencias mejores en otros países. Con este llamamiento, invitamos a otros gobiernos socialdemócratas de Europa, que comparten nuestra intención modernizadora, a unirse a nosotros en esta empresa.

I. APRENDER DE LA EXPERIENZA

Aprender de la experiencia. Aunque los dos partidos pueden sentirse orgullosos de sus logros históricos, hoy en día debemos desarrollar respuestas realistas y practicables para los nuevos retos a los que se enfrentan nuestras sociedades y economías. Esto exige que mantengamos nuestros principios, pero también exige la voluntad de cambiar nuestras viejas aproximaciones y nuestros instrumentos políticos tradicionales. En el pasado:

- La promoción de la justicia social se confundía en ocasiones con la imposición de la igualdad de salarios. Como consecuencia, no se valoraba la importancia de premiar el esfuerzo y la responsabilidad, y la socialdemocracia se asociaba con la conformidad y la mediocridad en lugar de asociarse con la celebración de la creatividad, la diversidad y la excelencia. El trabajo se gravaba con costes cada vez más altos.

- El objetivo de alcanzar la justicia social se identificaba con niveles cada vez más altos de gasto público, a pesar de lo que se hubiera conseguido y del impacto de los impuestos que se necesitaban para financiarlo en la competitividad, el empleo y la calidad de vida. Unos servicios públicos decentes son vitales para los socialdemócratas, pero la conciencia social no se puede medir por el nivel de gasto público. La verdadera prueba para la sociedad es el grado de eficacia de utilización de ese gasto, y en qué medida permite que la gente se ayude a sí misma.

- La creencia de que el estado debe encargarse de los fallos del mercado llevó con demasiada frecuencia a la expansión desproporcionada del alcance de los gobiernos y, consecuentemente, de la burocracia. El equilibrio entre el individuo y el colectivo se distorsionó. Valores importantes para los ciudadanos, como los logros personales y el éxito, el espíritu emprendedor, la responsabilidad individual y el espíritu comunitario, se subordinaron con demasiada frecuencia a las necesidades del bienestar social general.

- Con demasiada frecuencia, los derechos tuvieron preferencia sobre las responsabilidades, pero la responsabilidad del individuo hacia sí mismo o hacia su familia, su entorno y su sociedad, no puede depender del estado. Si se olvida el concepto de obligación recíproca, se obtiene un declive del espíritu comunitario, una falta de responsabilidad hacia los vecinos, un aumento de la delincuencia y del vandalismo, y un sistema jurídico que no puede estar a la altura de las circunstancias.

- La capacidad de los gobiernos nacionales de mantener en buen estado la economía, para asegurar el crecimiento y el empleo, se ha exagerado. La importancia de los individuos y de la empresa privada en la creación de riqueza se ha subestimado. La debilidad de los mercados se ha sobrestimado y su fortaleza se ha subestimado.

II. NUEVOS PROGRAMAS PARA REALIDADES DISTINTAS

Ideas para que la izquierda no se convierta nunca en una camisa de fuerza.

La política del Nuevo Centro y la Tercera Vía consiste en responder a las preocupaciones de las personas que viven en sociedades que han experimentado un rápido cambio, y que se enfrentan a ellas, ya sean ganadores o perdedores. En el nuevo mundo emergente, la gente quiere políticos que se aproximen a los problemas sin prejuicios ideológicos y que, aplicando sus valores y principios, busquen soluciones prácticas para sus problemas mediante políticas pragmáticas, honradas y bien diseñadas. Los votantes, que en su vida diaria tienen que mostrar iniciativa y adaptabilidad frente a los cambios sociales y económicos, esperan lo mismo de sus gobiernos y de sus políticos.

- En un mundo de globalización y de cambios científicos cada vez más rápidos, debemos crear las condiciones para que los negocios ya existentes puedan prosperar y adaptarse, y para que se puedan establecer y consolidar nuevos negocios.

- Las nuevas tecnologías han cambiado drásticamente la naturaleza del trabajo y han internacionalizado la organización de la producción. Con una mano, destruyen algunos negocios o los hacen obsoletos; con la otra, crean nuevos negocios y oportunidades vocacionales. La tarea más importante de modernización estriba en invertir en capital humano: hacer que individuos y negocios encajen la economía, basada en los conocimientos, del futuro.

- Tener un trabajo para toda la vida es cosa del pasado. Los socialdemócratas deben acomodar las crecientes demandas de flexibilidad y al mismo tiempo deben mantener ciertos niveles sociales mínimos, ayudar a las familias a enfrentarse a los cambios y crear nuevas oportunidades para los que no son capaces de mantener el ritmo.

- Nos enfrentamos al creciente reto de reconciliar la responsabilidad medioambiental hacia las generaciones futuras con el progreso económico de la sociedad. Debemos unir la responsabilidad medioambiental con una aproximación moderna basada en el mercado. En la protección del medio ambiente, las tecnologías más modernas consumen menos recursos, abren nuevos mercados y crean nuevos trabajos.

- El gasto público como proporción del ingreso nacional ha alcanzado más o menos los límites de lo aceptable. Los impedimentos de la política de "impuestos y gasto" obligan a modernizar el sector público y a reformar los servicios públicos para conseguir que el dinero valga más. El sector público debe servir al ciudadano: no dudaremos en promover los conceptos de eficacia, competitividad y alto rendimiento.

-Los sistemas de seguridad social deben adaptarse a los cambios en las expectativas de vida, a las estructuras familiares y al papel de la mujer. Los socialdemócratas deben encontrar vías de combatir los cada vez más acuciantes problemas de la delincuencia, la desintegración social y el consumo de drogas. Tenemos que liderar el proceso para conformar una sociedad con igualdad de derechos para mujeres y hombres.

-La delincuencia es un asunto político vital para los socialdemócratas modernos. Consideramos que la seguridad callejera es un derecho civil. Una política dirigida a hacer que las ciudades sean sitios en los que merezca la pena vivir, con espíritu comunitario, crea nuevos trabajos y hace que las zonas residenciales sean más seguras.

-La pobreza sigue siendo una preocupación central, sobre todo entre las familias con hijos. Necesitamos medidas especiales para los que están más amenazados por la marginalización y por la exclusión social.

Esto también requiere una aproximación moderna a las tareas de gobierno:

-El estado no debe remar, sino llevar el timón: no tanto control como retos. Debemos encontrar soluciones a los problemas.

-Se debe reducir la burocracia en el sector público, en todos los niveles; se deben formular objetivos de rendimiento; se debe vigilar de forma rigurosa la calidad de los servicios públicos; y se debe eliminar el rendimiento insuficiente.

-Los socialdemócratas modernos resuelven los problemas con las soluciones adecuadas. Hay problemas que actualmente sólo se pueden resolver a nivel europeo: otros, como las recientes crisis financieras, exigen de una cooperación internacional creciente. Pero, como principio general, se debe devolver el poder al nivel más bajo posible.

Para que las nuevas políticas tengan éxito, se debe promover una mentalidad positiva y un espíritu emprendedor en todos los niveles de la sociedad. Eso requiere:

-Una fuerza laboral competente y bien formada dispuesta a asumir nuevas responsabilidades.

-Un sistema de seguridad social que abra nuevas oportunidades y que premie la iniciativa, la creatividad y la disposición a enfrentarse a nuevos retos.

-Un clima positivo para la independencia emprendedora y para la iniciativa. Se debe facilitar la creación de pequeñas empresas y mejorar sus posibilidades de supervivencia.

-Queremos una sociedad que celebre el éxito de los emprendedores, tal y como hace con los artistas y los futbolistas, y que valore la creatividad en todos los aspectos de la vida.

Nuestros países tienen diferentes tradiciones en lo relativo a las relaciones entre el estado, la industria, los sindicatos y los agentes sociales, pero compartimos una convicción: que se deben superar los tradicionales conflictos laborales. Esto significa, sobre todo, que se cree un espíritu comunitario y solidario, que se refuerce la asociación y el diálogo entre todos los grupos de la sociedad y que se desarrolle un nuevo consenso para cambiar y reformar. Queremos que todos los grupos sociales compartan nuestro compromiso con las nuevas directrices establecidas en esta declaración.

Inmediatamente después de llegar al gobierno, el nuevo gobierno socialdemócrata de Alemania se reunió alrededor de una mesa con los representantes más importantes de la política, el mundo empresarial y los sindicatos para forjar una Alianza por el empleo, la formación y la competitividad.

Queremos ver una verdadera asociación en el mundo laboral, con trabajadores que tengan la oportunidad de compartir la recompensa del éxito con los empresarios.

-Apoyamos a los modernos sindicatos que protegen a los individuos contra el comportamiento arbitrario, y que trabajan en cooperación con los empresarios para gestionar cambios y crear prosperidad a largo plazo.

-Seguiremos luchando en Europa, bajo el paraguas de un pacto europeo por el empleo, para conseguir un diálogo duradero con los agentes sociales que apoyen, no que obstaculicen, los cambios económicos necesarios.

III. UN NUEVO PLAN DE TRABAJO PARA LA IZQUIERDA

Europa se enfrenta a la tarea de estar a la altura del reto de la economía global y de mantener, al mismo tiempo, la cohesión social ante la incertidumbre real que perciben los ciudadanos. La disminución del paro y la extensión de las oportunidades laborales son la mejor garantía para una sociedad cohesionada.

Las dos pasadas décadas del "laissez-faire" neoliberal han terminado. Pero en su lugar no debe surgir un renacimiento de las políticas de la década de 1970, que se basaban en el déficit público y en un intervencionismo estatal muy pesado. Tal aproximación a los problemas sería un error en la actualidad.

Nuestras economías nacionales y las relaciones económicas internacionales han sufrido profundos cambios. Las nuevas condiciones y realidades exigen una reevaluación de las viejas ideas y el desarrollo de nuevos conceptos.

El desempleo en Europa es demasiado alto, y una gran proporción es estructural. Para enfrentarnos a este reto, los socialdemócratas europeos deben formular y desarrollar juntos un nuevo plan de trabajo para la izquierda.

Tenemos intención de modernizar el sistema de salud, no de desmantelarlo: queremos embarcarnos en nuevas formas de expresar la solidaridad y la responsabilidad hacia los otros sin basar la motivación de la actividad económica en el puro interés personal.

Los elementos más importantes de dicha aproximación son los siguientes:


Un mercado robusto y competitivo

La competitividad de productos en el mercado y el mercado abierto son esenciales para estimular la productividad y el crecimiento. Por esa razón, un marco que permita que el mercado funcione adecuadamente es esencial para el éxito económico, y supone una condición previa para lograr políticas de empleo con más éxito.

-La UE debe seguir actuando como una fuerza decidida a liberalizar el comercio mundial.

-La UE debe afianzar los éxitos del mercado para fortalecer un marco económico que permita el aumento de la productividad.

 

Una política de impuestos para promover el crecimiento sostenible

Los socialdemócratas se identificaban en el pasado con los impuestos altos, especialmente en el mundo de los negocios. Los modernos socialdemócratas reconocen que en las circunstancias correctas, la reforma impositiva y las bajadas de impuestos pueden desempeñar un papel crucial para conseguir nuestros amplios objetivos sociales.

Por ejemplo, reducir los impuestos a las grandes empresas aumenta la rentabilidad y fortalece los incentivos para invertir. Las inversiones más altas expanden la actividad económica e incrementan el potencial productivo. Ayuda a crear un práctico círculo de crecimiento que incremente los recursos disponibles para el gasto público en propósitos sociales.

-Hay que simplificar los impuestos a las empresas y reducir los impuestos a las grandes empresas, tal y como ya ha hecho el "Nuevo Laborismo" en GB, y como piensa hacer el gobierno federal en Alemania.

-Para asegurar los salarios y desarrollar la equidad del sistema impositivo, habría que aliviar los impuestos que sufren las familias trabajadoras y los trabajadores, tal y como se ha comenzado a hacer en Alemania (mediante la Ley de Alivio de Impuestos), y en Gran Bretaña, con la introducción de índices impositivos más bajos y con el sistema de crédito impositivo para las familias de trabajadores.

-Se debe incrementar la voluntad y la capacidad de las empresas (especialmente de las pequeñas y medianas empresas) para invertir, tal y como pretende el gobierno socialdemócrata alemán a través de la reforma de los impuestos sobre los negocios, y como muestra la reforma de los beneficios del capital y de los impuestos a empresarios en Gran Bretaña, llevaba a cabo por el Nuevo Laborismo.

-Por encima de todo, hay que reducir los impuestos al trabajo duro y a las empresas. Hay que equilibrar la tabla impositiva; por ejemplo, hacia medios "malos". Alemania, GB, y otros países europeos gobernados por socialdemócratas liderarán ese camino.

-A nivel comunitario, hay que combinar la política impositiva con la acción para combatir la competencia desleal y luchar contra la evasión de impuestos. Esto requiere una cooperación mejorada, no la uniformidad. No apoyaremos medidas destinadas a incrementar los impuestos y a poner en peligro la competitividad y los puestos de trabajo en la Unión Europea.

La demanda y las políticas laborales van juntas. No son alternativas.

En el pasado, los socialdemócratas dieron con frecuencia la impresión de que una gestión acertada de la demanda sería capaz, por sí misma, de alcanzar los objetivos de crecimiento y de alto desempleo. Los socialdemócratas modernos asumen que las políticas laborales desempeñan un papel muy importante y complementario.

En el mundo actual, muchas decisiones políticas tienen impacto sobre las condiciones de la demanda y de las políticas laborales.

-Aplicar el bienestar a los programas laborales incrementa los ingresos de los que se encuentran previamente sin trabajo y mejora, así mismo, el suministro de fuerza de trabajo del que disponen los empresarios.

-Las políticas económicas modernas pretenden incrementar los ingresos después de impuestos de los trabajadores, y al mismo tiempo reducir los costes laborales a los empresarios. La reducción de los costes laborales no salariales a través de la reforma de los sistemas de seguridad social, un sistema impositivo más amistoso con el empleo y una estructura contributiva que mire hacia el futuro, son de particular importancia.

La pretensión de la política socialdemócrata es superar la aparente contradicción entre demanda y políticas laborales a favor de una combinación más fructífera de la flexibilidad microeconómica y de la estabilidad macroeconómica.

Las economías deben ser flexibles para conseguir niveles más altos de crecimiento y más trabajos en el mundo actual: los mercados flexibles son un principio de la moderna socialdemocracia.

La política macroeconómica aún tiene un propósito: asentar las condiciones para un crecimiento estable y evitar los vaivenes. Pero los socialdemócratas deben reconocer que tener éxito en términos macroeconómicos no es suficiente para estimular el crecimiento y conseguir más puestos de trabajo. Los cambios en las tasas de interés o la política impositiva no conseguirán incrementar las inversiones y el empleo a no ser que la economía sea lo suficientemente flexible como para responder. Para que la economía europea sea más dinámica, necesitamos que sea más flexible.

-Las empresas deben tener capacidad de maniobra para aprovechar las ventajas de las condiciones económicas mejoradas y las nuevas oportunidades: las normas y regulaciones no deben obstaculizarlas.

-Tanto el producto como el capital y los mercados laborales deben ser flexibles: no debemos combinar rigidez en un aspecto del sistema económico con apertura y dinamismo en el resto.

La adaptabilidad y la flexibilidad se encuentran en el superior incremento de la economía basada en el servicio y en los conocimientos del futuro

Nuestras economías se encuentran en transición: desde la producción industrial a la economía del futuro, basada en el servicio y en los conocimientos. Los socialdemócratas deben valorar la oportunidad de este radical cambio económico. Ofrece a Europa la oportunidad de alcanzar a los Estados Unidos. Ofrece a millones de nuestros ciudadanos la oportunidad de encontrar nuevos trabajos, de adquirir nuevas habilidades, de hacer nuevas carreras, de establecer y expandir nuevos negocios; en suma, de incrementar sus esperanzas de un futuro mejor.

Pero los socialdemócratas deben reconocer que los requisitos básicos para alcanzar el éxito económico han cambiado. Los servicios no se pueden mantener en almacén: los clientes los utilizan cuando y como los necesitan, y en horas muy distintas del día, fuera de lo que la gente entiende como horario laboral normal. El rápido avance de la era de la información, y especialmente el enorme potencial del comercio electrónico, promete un cambio radical en nuestras formas de comprar, en nuestras formas de aprender, en la forma en que nos comunicamos y en la forma en que nos relajamos. Una regulación excesiva y rígida pone en peligro nuestro éxito en la economía del futuro, basada en el servicio y en los conocimientos. Impediríamos el potencial de innovación para generar nuevo crecimiento y más trabajos. Necesitamos ser más flexibles, no menos.

Un gobierno activo, con un rol de nuevo tipo, tiene un papel clave en el desarrollo económico

Los socialdemócratas modernos no son neoliberales. Los mercados flexibles se deben combinar con un rol de nuevo tipo para un estado activo. La prioridad más importante debe ser la inversión en capital social y humano.

Si queremos conseguir y mantener altos niveles de empleo, los empresarios tendrán que reaccionar a las crecientes demandas. Nuestras economías sufren de una considerable discrepancia entre el número de puestos de trabajo que se ofrecen (por ejemplo, en el campo de la información y de la tecnología de la comunicación) y el número de candidatos convenientemente cualificados.

Eso significa que la educación no debe restringir las oportunidades a una sola vía: la formación, un acceso a la educación y una utilización de por vida de sus oportunidades representan la mayor seguridad disponible en el mundo moderno. Además, los gobiernos tienen la responsabilidad de crear un marco que permita que los individuos mejoren sus cualificaciones y alcancen todo su potencial. Esto debe ser una prioridad socialdemócrata.

-Hay que aumentar el nivel medio de todos los niveles de escolarización y para todas las capacidades de los alumnos. Debemos enfrontarnos al problema del analfabetismo, o de lo contrario condenaremos a los individuos a vidas con salarios bajos, inseguridad y desempleo.

-Queremos que todos los jóvenes tengan la oportunidad de acceder al mundo del trabajo mediante un entrenamiento vocacional cualificado. Junto con los empresarios, los sindicatos y otros agentes sociales, debemos asegurar una educación suficiente y oportunidades de formación disponibles para alcanzar los requisitos del mercado laboral local. En Alemania, el sector político está apoyando este objetivo con un programa de acción inmediata para trabajos y formación que permitir que100.000 jóvenes puedan encontrar un nuevo trabajo, o un centro de formación, u obtener cualificaciones. En Gran Bretaña, el programa de Bienestar para Trabajar ya ha permitido que 95.000 jóvenes encuentren un puesto de trabajo.

-Tenemos que reformar la educación superior y aumentar su calidad, y al mismo tiempo debemos modernizar la educación y los programas de formación para promover la adaptabilidad y el empleo en las épocas posteriores de la vida. El gobierno desempeña un papel particular, proporcionando incentivos para los individuos, para que ahorren y para que puedan enfrentarse a los costes de una vida de aprendizaje, y para ampliar el acceso a través de la promoción del aprendizaje a distancia.

-Debemos asegurar que la formación desempeñe un papel significativo en nuestras políticas laborales de mercado para los desempleados y para las familias sin trabajo.

Una infraestructura pública moderna y eficaz, con una fuerte base científica, es también una característica esencial de una economía regeneradora de trabajo. Es importante asegurar que la composición del gasto público se dirija directamente a las actividades más beneficiosas para el crecimiento y que apoyen los necesarios cambios estructurales.

Los socialdemócratas modernos deben ser defensores de la pequeña y mediana empresa

El desarrollo de pequeñas y medianas empresas prósperas debe ser una prioridad para los socialdemócratas modernos. Aquí descansa el mayor potencial para un nuevo crecimiento y nuevos trabajos en la sociedad del futuro, basada en el conocimiento.

Las personas, en épocas muy distintas de sus vidas, están deseando tener la oportunidad de ser empresarios: tanto los trabajadores por cuenta ajena como los trabajadores por cuenta propia, como abogados, expertos en informática, doctores, artesanos, asesores empresariales, y las personas activas en la cultura y en el deporte. Esos individuos deben tener la posibilidad de desarrollar su iniciativa económica y de crear nuevas ideas en el mundo de los negocios. Hay que animarlos a correr riesgos. Hay que aligerar las tasas impositivas que sufren. No hay que obstaculizar con fronteras sus mercados y sus ambiciones.

-Hay que abrir los mercados de capital de Europa para que empresas y empresarios puedan acceder con facilidad a la financiación. Pretendemos trabajar juntos para asegurar que las crecientes empresas de alta tecnología tengan el mismo acceso a los mercados de capital como sus homólogas estadounidenses.

-Debemos facilitar a los individuos la posibilidad de establecer empresas, y facilitar el crecimiento a las nuevas reduciendo los obstáculos administrativos, eximiendo a las pequeñas empresas de las legislaciones onerosas y ampliando el acceso a la financiación. Debemos facilitar a las pequeñas empresas, en particular, que contraten a nuevos empleados: eso significa disminuir el peso de las regulaciones y de los costes laborales no saláriales.

-Hay que fortalecer el lazo entre la empresa y la ciencia para asegurar que la investigación sirva para crear más empresas y para facilitar la promoción de "grupos" de nuevas industrias de alta tecnología.

Los socialdemócratas deben hacer gala de unas finanzas públicas sensatas

En el pasado se ha dicho con demasiada frecuencia que los socialdemócratas se dedican a promocionar el empleo y el crecimiento por medio de los préstamos gubernamentales, para financiar mayores gastos gubernamentales. No descartamos los déficit gubernamentales; durante los bajones periódicos es lógico dejar que funcionen los estabilizadores automáticos. Y endeudarse para financiar una mayor inversión gubernamental, cumpliendo a rajatabla la Regla dorada, puede desempeñar un papel fundamental en el reforzamiento del sector de suministros en nuestra economía.

Sin embargo, no se puede utilizar el gasto deficitario para superar debilidades estructurales en la economía que obstaculizan el crecimiento más rápido y la mayor tasa de empleo. Los socialdemócratas no deben tampoco tolerar niveles excesivos de deuda pública. El aumento del endeudamiento constituye una injusta atadura para las generaciones venideras. Podría tener efectos redistributivos indeseables. Además, el dinero gastado en saldar las elevadas deudas públicas no está disponible para gastarse en otras prioridades, como el aumento de la inversión en educación, en formación y en infraestructura de transportes.

Desde el punto de vista de una política izquierdista dirigida a los suministros, es fundamental que los altos niveles de deudas solicitadas por el gobierno aumenten y no disminuyan.

IV. UNA POLÍTICA ACTIVA DEL MERCADO LABORAL PARA LA IZQUIERDA

El estado debe constituirse en agente de empleo activo, y no sólo en el receptor pasivo de las víctimas del fracaso económico.

Las personas que nunca han trabajado o que llevan mucho tiempo desempleadas pierden las habilidades necesarias para competir en el mercado laboral. El desempleo prolongado daña asimismo las oportunidades vitales en otros aspectos, y dificulta a quienes lo sufren la plena participación en la sociedad.

Un sistema del bienestar que limita la capacidad individual de encontrar trabajo necesita una reforma.

Los socialdemócratas modernos desean transformar la red de seguridad de los derechos en un trampolín a la responsabilidad personal.

Para nuestras sociedades, los imperativos de la justicia social son más que la distribución de las transferencias de efectivo. Nuestro objetivo consiste en ampliar la igualdad de oportunidades, independientemente de la raza, la edad y las discapacidades; combatir la exclusión social y garantizar la igualdad entre hombres y mujeres.

La gente exige, con razón, servicios públicos de alta calidad y solidaridad para aquellos que necesitan ayuda, pero también un trato justo hacia los que pagan por ello. Todos los instrumentos de política social deben mejorar las oportunidades de vida, fomentar la autoayuda y promover la responsabilidad personal.

Con este propósito, el sistema sanitario y el sistema de pensiones se están modernizando radicalmente en Alemania, para adaptarse a los cambios experimentados por la esperanza de vida y el modelo de empleo, sin sacrificar el principio de la solidaridad. Este mismo principio se aplica a la introducción de los planes de pensiones y la reforma de los subsidios por incapacidad en Gran Bretaña.

Los periodos de desempleo en una economía en la que no hay puestos de trabajo vitalicios deben convertirse en una oportunidad para obtener cualificaciones y promover el desarrollo personal. Los empleos a tiempo parcial y mal remunerados son mejores que nada, porque facilitan la transición del paro al trabajo.

Las nuevas políticas para ofrecer trabajo y formación a los desempleados constituyen una prioridad para los socialdemócratas, pero también esperamos que todo el mundo aproveche la oportunidad que se le ofrece.

Pero no basta con proporcionar las habilidades y capacidades necesarias para acceder al mercado laboral. Los sistemas de impuestos y prestaciones deben asegurarse de que a los beneficiarios les interesa trabajar. Un sistema de impuestos y prestaciones bien estructurado y modernizado constituye un componente significativo de la política activa de la izquierda de cara al mercado laboral.

Debemos:

- Hacer que el trabajo resulte rentable para individuos y familias. La mayor parte de los ingresos debe permanecer en el bolsillo de quienes han trabajado para ganarlos.

- Animar a los empleadores a ofrecer trabajos de "entrada" en el mercado laboral, reduciendo la carga de los impuestos y las contribuciones a la seguridad social en los trabajos con una remuneración baja. Debemos explorar el ámbito de reducción de la carga de los gastos laborales ajenos al sueldo por medio de impuestos medioambientales.

- Introducir programas encaminados a los desempleados de larga duración y otros grupos en desventaja, para prestarles la oportunidad de reintegrarse en el mercado laboral sin olvidar el principio de que los derechos y las responsabilidades van de la mano.

- Evaluar a todos los receptores de prestaciones, incluidas las personas en edad laboral y los que reciben prestaciones por incapacidad, para examinar su potencial de obtener un sueldo, y reformar los servicios de empleo estatal para ayudar a los que pueden trabajar a encontrar un trabajo adecuado.

- Fomentar la creación de empresas como forma viable de salir del desempleo. Estas decisiones implican un riesgo considerable para quienes se atreven a dar un paso así, y debemos ayudar a estas personas gestionando los riesgos.

El programa de suministros de la izquierda va a precipitar un cambio estructural. Pero también hacer este cambio más llevadero.

Nunca resulta fácil adaptarse a los cambios, y existe la impresión de que las condiciones se modifican con más rapidez que nunca, bajo el impacto de las nuevas tecnologías. Inevitablemente, el cambio destruye algunos trabajos, pero crea otros.

No obstante, pueden existir demoras entre la pérdida de empleos en un sector y la creación de empleos en otro. Sean cuales sean los beneficios a largo plazo para la economía y la forma de vida, algunas industrias y comunidades pueden experimentar las pérdidas antes que los beneficios. Por tanto, debemos concentrar nuestros esfuerzos en paliar los problemas puntuales creados por la transición. Los efectos trastornadores del cambio son proporcionales a su duración, pero no sirve de nada fingir que se pueden borrar de un plumazo.


El ajuste ser más fácil cuanto más mercados laborales y de productos funcionen correctamente. Los obstáculos del empleo en los sectores de productividad relativamente baja se deben reducir si los empleados desplazados por el aumento de la productividad que forma parte inherente del cambio estructural pueden encontrar trabajo en otro sector. El mercado laboral necesita un sector de salarios reducidos para que los empleos de baja capacitación estén disponibles. Los sistemas de impuestos y prestaciones pueden compensar los bajos ingresos por salario y a la vez ahorrar en pagos de manutención para los desempleados.

V. PATRONES DE REFERENCIA POLÍTICOS EN EUROPA.

El reto es la definición y puesta en práctica de una nueva política socialdemócrata en Europa. No abogamos por un único modelo europeo, y menos aún por la transformación de la Unión Europea en un superestado. Somos europeístas y estamos a favor de la reforma en Europa. La gente apoya los pasos que se den hacia la integración cuando supongan un verdadero aumento del valor y se puedan justificar claramente, como las acciones encaminadas a combatir el delito y la destrucción del medio ambiente, así como el fomento de objetivos comunes en política social y de empleo. Pero a la vez, Europa necesita urgentemente una reforma; instituciones más eficaces y transparentes, la reforma de las políticas obsoletas y una acción decisiva contra el derroche y el fraude.

Presentamos nuestras ideas como esquema, no como programa finalizado. La política del Nuevo centro y la Tercera vía constituyen ya una realidad en muchos ayuntamientos, en políticas nacionales reformadas, en cooperación europea y en nuevas iniciativas internacionales. Con este fin, los gobiernos alemán y británico han decidido dar a sus acuerdos para el intercambio de puntos de vista sobre el desarrollo de las políticas un enfoque más amplio. Nos hemos propuesto hacerlo de tres maneras:

- En primer lugar, habrá una serie de reuniones ministeriales, apoyadas por contactos frecuentes entre el personal clave.

- Trataremos con los dirigentes políticos de otros países europeos que deseen emprender con nosotros ideas innovadoras para la socialdemocracia en sus respectivos países. Vamos a empezar dentro de poco.

- Estableceremos una red de expertos, pensadores de amplias miras, foros políticos y reuniones de discusión, con el fin de profundizar y seguir desarrollando los conceptos de Nuevo centro y Tercera vía. Esta es la prioridad para nosotros. La finalidad de esta declaración es impulsar la modernización. Invitamos a todos los socialdemócratas de Europa a que no desaprovechen esta oportunidad de renovación. La diversidad de nuestras ideas es nuestro principal activo para el futuro. Nuestras sociedades esperan que compaginemos nuestras distintas experiencias en un nuevo programa coherente.

Fragüemos juntos el éxito de la socialdemocracia para el nuevo siglo. Que la política de la Tercera vía y el Nuevo centro sean la nueva esperanza de Europa.

& 1 En Latinoamérica hace falta una salida de las estructuras comunes que vienen manejando la economía y la civilización. Ésta es una de las proposiciones del simposio que ofrecieron el Dr. Steward Wood, laborista y profesor de Oxford y Harvard, y Lord Robert Skidelsky, conservador, miembro de la Cámara de los Lores y profesor de varias universidades británicas y norteamericanas quienes poseen además de profundas y de amplios conocimientos sobre teoría y realidades económicas, políticas e historia, posiciones opuestas respecto al tema a tratar. Se encargaron de dar un ejemplo claro de lo que se tarta el diálogo enfatizando lo que nos une, en vez de destacar lo que nos divide y debatir desde posiciones ideológicas y con escasas referencias a la realidad.

Principios Básicos de la Tercera Vía

Dr. Stewart Wood

Se ha dicho que la Tercera Vía es un término que ha pasado de la oscuridad a la omnipresencia, sin haber pasado por una fase intermedia de adquisición de significado. Hoy en día existe un auténtico interés internacional por la Tercera Vía, quizás se pudiera hablar incluso de un movimiento intelectual internacional. Sin embargo, justo es decir que siguen existiendo grandes dudas acerca de lo que es la Tercera Vía, lo que son sus valores, sus prioridades y sus políticas principales. Algunos opinan que la Tercera Vía no es otra cosa que la conversión de la izquierda, bien rezagada pero cabal, al liberalismo del mercado. Otros dicen que carece totalmente de contenido, que sufre de un vacío filosófico y que es un término que simplemente justifica lo que Tony Blair, Bill Clinton o Gerhard Schröder digan que conviene políticamente en sus países.

Sin embargo, existen personas como Anthony Giddens -el más público de quienes propugnan la Tercera Vía- que ven en ella la semilla para la renovación de la socialdemocracia. Si Giddens está en lo correcto, entonces la Tercera Vía ofrece a los socialdemócratas una esperanza de vida ideológica después de un cuarto de siglo en el cual la base electoral, económica, sociológica y moral de su proyecto tradicional ha sufrido terribles reveses.

En esta presentación, quisiera explorar lo que puede tener de coherente y de atractiva la idea de una Tercera Vía. Existe, por supuesto, el peligro de la inexistencia de un consenso sobre lo que es. La Tercera Vía puede definirse según lo que cada individuo quiere que incluya. Por consiguiente, mi punto de referencia será el debate que ha venido dándose en el Reino Unido desde la victoria electoral de Tony Blair en 1997. Con esto no quiero decir que la Tercera Vía puede definirse como cualquier cosa que haga Tony Blair, ni tampoco que los partidos de centro-izquierda en otros países, particularmente Alemania y Estados Unidos, no estén contribuyendo al debate de la Tercera Vía. No obstante, sí pienso que lo que hace que el Partido Laboral británico, con Tony Blair al mando, es el punto de referencia natural, porque no solamente ha venido estimulando y sosteniendo un amplio debate acerca de esta tendencia, sino porque también ha producido toda una gama de políticas durante los últimos dos años cuya justificación ha sido referida explícitamente a la Tercera Vía. Vemos, pues, que por diversas razones el Reino Unido ofrece, por mucho, la mejor oportunidad para comparar las políticas de Tercera Vía con la retórica de la misma.

Primero, examinaré lo que tiene de singular la Tercera Vía en su visión del mundo. Cuáles son las principales características del mundo moderno a las cuales responde la Tercera Vía y cómo difiere esa visión de la visión tradicional de la socialdemocracia y del neoliberalismo? En segundo término, pasaré a tratar los objetivos de la Tercera Vía, de nuevo señalando el contraste entre lo que Blair suele llamar la Vieja Izquierda (la primera vía) y la Nueva Derecha (la segunda vía). Tercero, haré un repaso de los instrumentos políticos utilizados por la Tercera Vía para lograr esos objetivos. En cuarto lugar, señalaré algunos de los puntos fuertes y débiles del paquete emergente de políticas de Tercera Vía. Por último, ofreceré algunas consideraciones sobre la relevancia que pudiera tener este análisis, esta fórmula, para un país como Venezuela.

VISIÓN MUNDIAL DE LA TERCERA VÍA

Giddens sostiene que la motivación tras el debate de Tercera Vía no es otra que lograr la renovación de la socialdemocracia, siempre manteniendo sus valores centrales. En Europa occidental, esta renovación se hizo necesaria debido a que la base intelectual del pensamiento socialdemócrata había quedado descalificada en los años ochenta. Encabezados por Margaret Thatcher, los partidos de derecha alababan las virtudes del mercado, la libre empresa y la libertad individual. Para la fecha de la caída de la Unión Soviética en 1991, tanto en la izquierda como en la derecha el pensamiento general era que el liberalismo del mercado había acabado con el socialismo. Los socialdemócratas tuvieron que aceptar la derrota y enfrentarse a una encrucijada: abandonar sus valores o retenerlos, pero reformulando las políticas que emanan de ellos. La Tercera Vía es la forma más exitosa de mantener con vida a la socialdemocracia y a la vez ajustarla a un mundo muy distinto.

¿Qué es lo que realmente es distinto de este mundo y de la posición filosófica que se debe adoptar en la izquierda? En países como Suecia, Francia, Holanda y Bélgica, la izquierda nunca ha sufrido las aplastantes derrotas y humillaciones ideológicas que ha sufrido en el Reino Unido y en Alemania. Pero en el Reino Unido, el triunfo intelectual y electoral de Margaret Thatcher obligó a la izquierda -sobre todo a nuestro Partido Laboral- a ver el mundo de una manera muy distinta.

Primero, la izquierda tiene que hacer frente a los efectos de la globalización. Esta representa el punto de partida de la Tercera Vía, ya que se argumenta que la globalización ha eliminado todas las viejas certidumbres sobre las cuales descansaba la izquierda. La globalización de la economía mundial es un término paraguas que abarca todo un espectro de acontecimientos: la dramática expansión del comercio internacional en todo el globo; la emergencia de poderosas multinacionales; una mayor movilidad del capital de inversión, gracias al cambio tecnológico, y el efecto cada vez mayor de la especulación en los mercados de divisas, afectando a su vez el valor de las monedas. El efecto de estos cambios es complejo, pero esencialmente, la izquierda se ha visto obligada a entender que los gobiernos nacionales no pueden continuar con políticasautónomas keynesianas y redistributivas como lo hacían anteriormente. El keynesianismo en un país simplemente ya no es posible. Los gobiernos se encuentran restringidos fundamentalmente en los niveles fiscales y de gasto público que pueden imponer sin llegar a ser “castigados” por el mercado - es decir, por los especuladores que venden su moneda, los negocios que se mudan a otros países y la inversión extranjera que se esfuma. La victoria del liberalismo del mercado obliga de esta forma a la izquierda, como una necesidad práctica, a reevaluar sus políticas de reparto de la riqueza, intervención estatal y propiedad del estado.

Segundo, la izquierda se ve obligada a enfrentarse a restricciones políticas respecto a sus programas tradicionales. Ya no puede simplemente pensar en sí misma como una coalición de desasistidos en contra de los privilegiados. En Europa occidental, el electorado sencillamente no tolera que se establezcan altos niveles impositivos a nombre de la justicia social y la igualdad como antes se hacía; hablar de las consecuencias económicas de la redistribución no promete larga vida a ningún gobierno. Por éstas y otras razones la izquierda ha adquirido una reputación entre los electorados nacionales de ser incompetente en la administración económica. Como resultado, la Tercera Vía se enfrenta a la necesidad de afianzar ante los votantes su capacidad para administrar una economía exitosa, sin tener que financiar sus programas de gobierno con niveles crediticios dañinos o mediante aumentos impositivos a la clase media-alta y a los muy ricos.

Tercero, en la nueva economía mundial la izquierda ha entendido que la clave de la prosperidad económica yace en el capital humano, es decir los talentos, la adquisición de destrezas y la educación de los trabajadores. En Europa occidental y Estados Unidos, el crecimiento económico de los años cincuenta y sesenta fue compatible con los altos niveles de empleo entre quienes poseían bien pocas destrezas, e incluso ninguna. En el mundo de hoy, esto ya no es posible. El mercado laboral en todo el mundo se está dividiendo en dos: aquéllos que poseen destrezas y una buena educación, que tienen mejores perspectivas de empleo e ingresos; y aquéllos que cada día tienen menores perspectivas de empleo e ingresos y cuya seguridad consiguientemente depende del estado. La Tercera Vía considera que este patrón polarizado en el cual las recompensas ahora se dirigen a la educación, constituye una característica ineludible de las economías modernas, dando forma a buena parte del pensamiento económico actual.

Estos son los tres “hechos de la vida política y económica” que la izquierda debe aceptar y enfrentar. Sin embargo, también en lo filosófico la Tercera Vía difiere mucho de la socialdemocracia.

Primero, la Tercera Vía rechaza la visión socialista que divide al mundo en clases -los capitalistas, los jefes de un lado, y los trabajadores del otro- cuyos intereses forzosamente terminarán en conflicto. La visión de la Tercera Vía respecto a la forma en que se organizan las sociedades es más bien benévola, con una gran armonía entre quienes tienen menos y quienes tienen más; entre los distintos grupos sociales y también entre los distintos grupos étnicos. En el pensamiento de Tercera Vía, no existe razón para pensar que lo que es bueno para uno de los grupos, no lo sea para todos. Las sociedades pueden tener intereses en común y prosperar juntas. Por ende, la política ya no busca favorecer los intereses de un grupo por encima de otros; tampoco se trata de privar a un grupo de dinero u oportunidades para repartirlos a otro grupo. De la misma forma, la política basada en la consulta a grandes grupos de interés, por ejemplo los sindicatos, pierde mucho terreno desde este punto de vista, ya que los gobiernos están en el deber de favorecer el interés de todos, y no el de un grupo específico.

En segundo lugar, la Tercera Vía tiene una visión del individuo que difiere tanto de la Vieja Izquierda como de la Nueva Derecha. Tradicionalmente, los socialdemócratas y los liberales promercados han hecho énfasis en los derechos individuales: a la libertad personal y a recibir dineros públicos cuando hay condiciones de desempleo o enfermedad. La Tercera Vía busca un equilibrio en este aspecto, argumentando que los individuos que tienen derechos deben ejercer las responsabilidades que acompañan a esos derechos. En términos de políticas sociales, esto significa que cada persona debe estar dispuesta a asistir a otros que sufren desventajas relativas sin ninguna culpa. Pero también significa que las personas que reciben esta asistencia de sus conciudadanos deben cumplir con ciertas condiciones, lo cual será tratado más adelante.

Por último, desde el punto de vista filosófico la Tercera Vía hace énfasis en el aspecto central del trabajo, y lo hace de diversas maneras. El trabajo es la única forma en que los individuos pueden asegurarse un ingreso. Un salario bajo es mejor que depender de la beneficencia pública. En gran parte del discurso de Tony Blair, el trabajo adquiere un carácter prácticamente moral: trabajar es más noble y a la vez más lógico desde el punto de vista económico que estar desempleado y depender de la ayuda del estado. La Vieja Izquierda consideraba que la política económica y la política de bienestar eran dos etapas separadas. La primera se ocupaba de la creación de riqueza y la segunda, de la redistribución. En cambio, la Tercera Vía considera que la promoción y la expansión del trabajo tienen la función de unificar la política económica y la de bienestar.

Las metas de la Tercera Vía

Es ésta, pues, la visión del mundo que tiene la Tercera Vía. Se trata de un mundo muy distinto del de los años cincuenta y sesenta. Ahora bien, ¿cuáles son los objetivos de la Tercera Vía que emanan de este diagnóstico? y ¿cómo son distintos de los antiguos objetivos?

El primer aspecto a destacar es que la Tercera Vía no es igualitaria en un sentido estricto. No hace énfasis en la igualdad, es decir, no se ha trazado el propósito de allanar las diferencias de riqueza entre los más ricos y los más pobres. En este sentido, se ha apartado del socialismo y de la socialdemocracia. Lo que sí le preocupa es mejorar las oportunidades para quienes se encuentran en la parte inferior de la escala de ingresos, en los niveles ínfimos del mercado laboral. Por supuesto que a la Tercera Vía le preocupa la pobreza - pienso que Tony Blair es un apasionado de ese tema. Pero el hecho de facilitar el surgimiento de los menos favorecidos por encima de un umbral dado de nivel de vida aceptable no es necesariamente una acción igualitaria. Es muy posible que la sociedad se hará más desigual a medida que mejoren el bienestar y los niveles de vida de los menos favorecidos. De hecho, el pensamiento de Tercera Vía señala que la iniciativa empresarial exitosa de los más ricos es lo que permitirá que los más pobres accedan a empleos que valen la pena.

En lugar de igualdad, la Tercera Vía propugna la inclusión. En lugar de buscar la igualdad en los resultados, se busca asegurar que las oportunidades sean accesibles al mayor número posible de personas. Oportunidades para qué? Yo pienso que la Tercera Vía primeramente busca oportunidades para que las personas puedan hacerse autosuficientes. Hasta tanto las personas no alcancen una posición que les permita mantenerse ellos mismos y a sus familias mediante un empleo productivo, quedarán excluidas socialmente. Pero el mal de la exclusión social se mira también desde una perspectiva más amplia, sociológica. Las personas son excluidas cuando no participan en la vida democrática colectiva, cuando no se involucran en actividades asociativas a nivel local y aún, según Giddens, cuando se les priva de un espacio cívico común en las ciudades donde viven. La actividad dirigida por el gobierno debe sobreponerse a todas estas formas de exclusión.

No obstante, de acuerdo con la Tercera Vía, cuando un gobierno interviene, lo debe hacer de cierta manera. El propósito de la intervención estatal no es asumir la responsabilidad por la vida de las personas, como solía hacer el antiguo estado de bienestar socialdemócrata. Todo lo contrario, lo que debe hacer es ayudar a las personas para que vuelvan a ser autosuficientes lo más pronto posible. La tarea del estado es restaurar la autosuficiencia. En aquellos casos cuando las personas han sido privadas de ciertos bienes elementales - como por ejemplo, la educación, la atención primaria a la salud, la seguridad social - entonces el estado tiene el absoluto deber de asegurarse que esos bienes estén disponibles para todos. Si carecen de esos bienes, es difícil que las personas lleven una vida autónoma. Sin embargo, cuando las personas quedan desempleadas, el sistema de asignación de beneficios del estado debe regirse por el imperativo de asegurarse que esas personas regresen al empleo productivo lo más pronto posible.

Esto implica dos objetivos adicionales. El primero se refiere a la redelimitación entre la esfera de la actividad estatal y la actividad de grupos e individuos. La Tercera Vía sostiene que la socialdemocracia asignó demasiadas funciones al estado en la esfera social y económica. La objeción se basa, en parte, en lo económico -los gobiernos no tienen la capacidad para igualar las propiedades informativas de los mercados- pero también se basa en lo moral. La actividad del estado, por bien intencionada que sea, debe evitarse si tiene el efecto de socavar la responsabilidad individual. Esto no significa que el estado debe asignar la responsabilidad de los problemas más urgentes a los mercados o a los individuos. Pienso que lo que propugna la Tercera Vía es lo que pudiéramos llamar un estado magro e inteligente, autoritativo y eficiente, pero conocedor de las tareas que le son propias y las que corresponde emprender a otros niveles.

El segundo objetivo que emana del énfasis sobre la inclusión es aumentar el empleo al máximo. En cierta forma, esto es similar a la socialdemocracia de viejo estilo, que buscaba el pleno empleo. Pero difiere en algunos puntos sutiles. La socialdemocracia consideraba que la gestión macroeconómica basada en la demanda era la forma de alcanzar el pleno empleo. La Tercera Vía considera que el problema está en la capacidad de las personas para emplearse, su empleabilidad. A diferencia de la socialdemocracia, que poco discriminaba entre las destrezas del empleo creado por su expansión económica, la Tercera Vía es obsesiva en cuanto a mejorar la calidad del capital humano de sus ciudadanos. Esto es lo que ha llevado al mantra de la educación, lo cual se tratará más adelante.

Un último objetivo, que sería el objetivo marco que hace que los demás objetivos sean posibles, es el de mantener la estabilidad económica. La Tercera Vía busca restaurar la credibilidad de la izquierda como administradores de economías estables; con ese fin, está dispuesta a comprometerse a bajos impuestos, reducción del gasto público y aún a la delegación de la autoridad sobre la política monetaria a los bancos centrales. Esto naturalmente no es exclusivo de la Tercera Vía, es la política formulada por la economía neoclásica angloamericana. Lo que sí es específico de la Tercera Vía es que ésta hace la recomendación por razones políticas además de económicas, con miras a recuperar la confianza de un electorado que ya no confía.

¿Cuáles son los instrumentos políticos de la Tercera Vía?

Hasta allí las consideraciones sobre la visión del mundo y los objetivos de la Tercera Vía. Tal vez la interrogante política más importante sea “¿Qué tipo de políticas recomienda este análisis?”

La recomendación política principal de la Tercera Vía es quizás que su política debe pasar de concentrarse en las políticas económicas basadas en la demanda a políticas económicas basadas en la oferta. En lugar de la redistribución del ingreso, el estado debe estimular a los individuos para que se conviertan en trabajadores más productivos. En el mundo moderno, los valores de la izquierda respecto a la lucha contra la pobreza y las desventajas sociales deben traducirse en inversión social en los activos de los más necesitados, y no en un aumento de impuestos y de gasto público. Específicamente, esto significa, y cito la famosa frase de Tony Blair: “¡educación, educación, educación!” La inversión pública en los primeros años de la educación es absolutamente crítica y vital para las oportunidades que se le presentarán al individuo en toda su vida; aquí se debe asignar la mayor prioridad. Pero la educación de niños de más edad también debe ser facilitada por el gobierno. El aprendizaje es de por vida y no termina cuando la persona se gradúa. Las personas que deseen actualizar sus destrezas, o adquirir nuevas destrezas, deben recibir ayuda del estado en lo posible.

El énfasis sobre la educación tal vez no tenga nada de nuevo. Pero la Tercera Vía coloca la política educativa en el centro de su política económica. La Tercera Vía considera a la educación desde el punto de vista económico, en términos de inversión en el potencial de empleo y de percibir ingresos. Es así como el énfasis sobre el empleo y la educación se combinan en un solo paquete coherente. La Tercera Vía recomienda lo siguiente: “Saque a las personas del bienestar social y de los empleos de bajo salario lo más rápidamente posible; una vez que tengan empleo, ayúdelos en todo lo posible a invertir en sus propias destrezas”. La tarea del gobierno consiste en darle a las personas el incentivo que necesitan para subir estas dos escaleras: la escalera del empleo y la escalera educativa.

En cuanto a las formas que debe tomar esta actividad del estado, la Tercera Vía ha desechado la tradicional hostilidad de la izquierda al sector empresarial. Esto refleja una curiosa ambivalencia por parte de quienes siguen la Tercera Vía. Tenía razón Marx cuando señalaba la hegemonía del empresariado en el capitalismo, pero se equivocaba al pensar que los intereses del empresariado entraban en conflicto con los de los trabajadores. Por consiguiente, la Tercera Vía no sólo se ha reconciliado con la dominación del capital en la moderna economía global, sino que aboga por el reclutamiento del empresariado para que colabore con la gestión de las tareas públicas. En el Reino Unido, Blair ha iniciado una serie de alianzas público-privadas para enfrentar los problemas sociales, tales como el deterioro urbano, las escuelas con problemas y la inversión pública. De esta forma se están encaminando las actitudes empresariales y la disciplina del mercado de las compañías privadas hacia el logro de las metas públicas. De hecho, la Tercera Vía va mucho más allá, argumentando que el gobierno debe reinventarse a la imagen del sector privado. Esta es un área en la cual pienso que Estados Unidos ha sido pionero entre los países de Tercera Vía, ya que la estructura federal americana, de por sí, es una especie de laboratorio. A las cincuenta distintas gobernaciones de Estados Unidos se les ha animado a experimentar con distintas formas de servicios públicos, con la esperanza que de allí surjan mejores prácticas que luego podrán ser difundidas a los demás estados.

Todo esto dista mucho del llamado tradicional de la izquierda a favor de la nacionalización de las industrias básicas. La Tercera Vía rechaza el énfasis socialista sobre la importancia de las estructuras de propiedad, no sólo en términos de estructura industrial sino también respecto a la provisión de pensiones, las estructuras educativas y los proyectos de inversión pública. Lo que adquiere importancia para la Tercera Vía no es el hecho que la propiedad sea pública o privada. Lo importante es que lo que se está entregando sea dado con eficiencia y, si es apropiado, en forma universal. En lugar de concentrarse en la propiedad como tal, al gobierno corresponde facilitar la transferencia de los principales bienes públicos. Esto no es una forma distinta de favorecer a la privatización - aunque también hay una buena cuota de privatización en el pensamiento de la Tercera Vía. En muchas áreas donde el liberalismo económico buscaba soluciones de mercado, la Tercera Vía busca soluciones colectivas, sobre todo en cuanto a protección ambiental y rediseño del desarrollo urbano.

El estado se encuentra en el centro de las soluciones colectivas orquestadas para resolver problemas, haciendo el papel de facilitador más que de proveedor.

Así vemos que las principales políticas de la Tercera Vía son una política económica basada en la oferta, en lugar de políticas del lado de la demanda buscando empleo y crecimiento; un marcado énfasis en el capital humano desde la cuna hasta la urna; una reorientación de la política de bienestar, pasando desde la protección social incondicional hacia incentivos para volver al trabajo y restaurar la autoconfianza, y un uso pragmático del estado para organizar soluciones colectivas apropiadas para las políticas públicas, en lugar de restablecer la intervención estatal, la regulación o la nacionalización.

Antes de concluir, quisiera ofrecer algunos comentarios sobre esta versión de la Tercera Vía que vengo exponiendo. Creo que es importante señalar porqué la Tercera Vía resulta tan políticamente atractiva para la izquierda, de la misma forma que lo fue el keynesianismo para la socialdemocracia hace cincuenta años. Keynes ofrecía una fórmula irresistible porque se justificaba la redistribución no solamente por motivos de justicia social, sino también sobre la base de la teoría económica. Lo que era correcto y justo, también resultaba económicamente conveniente. En el “descubrimiento” del capital humano por parte de la Tercera Vía, observamos una cualidad similar. De acuerdo a la Tercera Vía, la inversión social en el empleo y en el capital humano, sobre todo para los niveles más bajos del mercado laboral, no sólo sirve a la justicia social sino que es esencial para la productividad y el crecimiento y la sustentabilidad. De esta forma, ofrece una oportunidad para evitar la compensación entre la eficiencia y la justicia social que representó siempre un importante escollo para la izquierda en los años setenta y ochenta.

Quisiera recordarles que la Tercera Vía no es estrictamente igualitaria. Aumentar la igualdad es cónsono con las políticas de Tercera Vía, pero no necesariamente será su resultado. Para muchos izquierdistas, esto constituye una pérdida inaceptable. Sin embargo, a mi modo de ver la igualdad es una meta que sólo cumple de manera imperfecta con lo que intuimos que sería la justicia social. Quienes se preocupan por la igualdad en realidad se preocupan por la forma en que la igualdad se asocia con las carencias de los menos favorecidos. La Tercera Vía ofrece un énfasis sobre la pobreza y la exclusión social que es más realista y a la vez más atractivo, aunque ya no asociado con temas de igualdad y desigualdad.

Voy a dejar la mayoría de las críticas a Lord Skidelsky, pero no todas, ya que existen algunas objeciones a las cuales la Tercera Vía tendrá que ofrecer respuesta a medida que vaya adquiriendo su singularidad intelectual. Son tres las objeciones que particularmente me preocupan - procedo a mencionarlas:

En primer lugar, parece existir un sesgo deflacionario en el paquete de políticas económicas de la Tercera Vía. Cuando le va bien a la economía, como sucede actualmente en el Reino Unido, las políticas del lado de la oferta pueden funcionar. Pero queda por verse si serán adecuadas cuando disminuya la demanda. La Tercera Vía tiene que abocarse a este problema, a la venganza de Keynes.

En segundo lugar, muchos cuestionan que la exclusión social realmente pueda ser abordada sin aumentar los impuestos de los socialmente incluidos. Esto nos remite a la visión central de la Tercera Vía, o sea que existe una armonía de intereses entre todos los miembros de una sociedad. ¿No existirán divisiones estructurales entre los intereses de ricos y pobres, negros y blancos, viejos y jóvenes, cristianos y musulmanes? Y si existieran, ¿podrá la Tercera Vía sobreponerse a ellas valiéndose de su énfasis sobre la responsabilidad social, las soluciones colectivas para las políticas públicas, y la inclusión social?

¿Qué tiene de nuevo todo esto? El énfasis sobre el lado de la oferta siempre ha sido componente central de la socialdemocracia en Suecia y Alemania y lo sigue siendo. Pienso que esto explica porqué la Tercera Vía es mucho más popular como estrategia política para reinventar la izquierda en el Reino Unido, Estados Unidos y América Latina que en Europa occidental continental.

Para reafirmar este punto, quisiera hacer una breve comparación entre la aplicación de la Tercera Vía en el Reino Unido y Alemania. Al igual que en el Reino Unido, la socialdemocracia estuvo fuera del poder en Alemania durante 16 años, período en el cual los conservadores continuaban su ascenso. También al igual que en el Reino Unido, la percepción de mal manejo de la economía fue una de las principales razones por las cuales se derrotaron dichos gobiernos y se permitió el regreso de la socialdemocracia. Al igual que en el Reino Unido, el nuevo líder de la socialdemocracia no sólo era de centro, sino además apóstol de la Tercera Vía. No obstante, mientras Tony Blair ha mantenido su extraordinaria popularidad, Gerhard Schröder carece en extremo de popularidad y ha enfrentado la humillación electoral en tres elecciones regionales. ¿Por qué?

Quisiera comentar este contraste. Primero, las diferencias en el destino de la Tercera Vía se deben en gran parte a las diferencias en la estructura constitucional. Dicho de forma sencilla, para cualquier gobierno en Alemania es difícil pasar legislación a través del sistema político porque el poder central está fragmentado entre el Canciller, un Gabinete sumamente independiente, la cámara baja del Parlamento y la cámara alta del Parlamento, la cual es controlada por fuertes poderes regionales, además de una poderosa corte constitucional. Blair, por su parte, no se ve restringido por ninguna institución, puede hacer aprobar cualquier legislación (una combinación de sistema electoral, fusión de poderes y partidos muy fuertes). Esta es una de las razones por las cuales Blair es el único líder de la Tercera Vía que está produciendo políticas cónsonas con su retórica, al igual que lo hacía Margaret Thatcher con la retórica neoliberal de los años ochenta. Segundo, el sistema alemán otorga mucho poder a los actores sociales organizados, particularmente a empresarios y sindicatos. En Alemania, los grupos económicos han recibido un poder de veto absoluto, lo cual dificulta enormemente las reformas en cualquier sentido. En el Reino Unido, nunca ha existido este nivel de corporatismo social; el bajo nivel que existió fue extinguido por Thatcher en los años ochenta. Tercero, no debemos hacernos ilusiones. Hay líderes que saben hablar de la Tercera Vía, pero esto no es lo mismo que llegar a tener políticas de Tercera Vía. La retórica es un punto fuerte de Schröder, pero las políticas que propone a nombre de la Tercera Vía no se diferencian en lo esencial de las propuestas por el gobierno conservador que le precedió, debido particularmente a que lo contrario implicaría recortes presupuestarios para responder a las circunstancias especiales que han seguido a la unificación. Ambos partidos se han visto obligados a responder de la misma forma a las restricciones fiscales impuestas por la unificación. Otro factor es que, en mi opinión, Alemania siempre se ha parecido mucho a una sociedad de la Tercera Vía. Alemania ha tenido una gran proporción de bienestar social, una próspera economía de mercado y un estado muy limitado (tanto en términos macroeconómicos, con la independencia del Bundesbank, como en términos de política industrial con poca intervención estatal). Pudiera dar más ejemplos. En todo caso, la Tercera Vía rechaza una versión de socialdemocracia que en Alemania nunca la hubo. Siempre fue más socialdemocracia de mercado que socialdemocracia de intervención estatal.

Muchas de estas consideraciones pueden ser de interés para quienes buscan analogías de Tercera Vía en Venezuela: la importancia de la centralización institucional para lograr cualquier cosa; la diferencia entre la retórica y las políticas, y la medida en que la Tercera Vía limita las opciones de política económica. Pienso que sería equivocado y demasiado facilismo de mi parte formular recomendaciones para un enfoque de la Tercera Vía en Venezuela, pero para concluir deseo ofrecer algunas observaciones acerca de los paralelismos.

Blair recalca mucho la importancia de la renovación institucional. Hemos creado nuevos niveles de gobierno para responder a la percepción de corrupción y falta de legitimidad. En el Reino Unido la renovación democrática es un tema urgente, al igual que lo es en Venezuela, aunque de forma distinta.

El énfasis en la renovación moral es una característica común de ambas retóricas. En Venezuela, Chávez hace un llamado para crear una cuarta fuerza en la vida política nacional, una fuerza moral. En el Reino Unido, se hace un llamado para equilibrar los derechos adquiridos con las responsabilidades.

Con todo -y Lord Skidelsky hablará también sobre este punto- quizás lo más relevante de la Tercera Vía para Venezuela, considerando sus problemas fundamentalmente distintos a los nuestros, sean los siguientes tres puntos:

A La importancia de la estabilidad macroeconómica. Esto es fundamental y además prudente (La forma en que se utiliza el superávit, por Brown).

B Reinventar el estado. Buscar un estado más magro e inteligente como forma de reducir la corrupción.

Diagnóstico de la globalización.

La Tercera Vía

Lord Robert Skidelsky

Los partidos de izquierda y de derecha enfrentan un reto común en todo el mundo: cómo adaptar sus ideas, sus políticas y sus estrategias a la globalización.

En el caso de los partidos de izquierda, la globalización implica el fin del socialismo de estado, o sea, en forma más general, el colectivismo.

Entre los partidos de derecha, la globalización representa un reto para la tradición, las costumbres y más ampliamente, la primacía de la nación estado y las lealtades que surgen de ella.

Para los partidos de izquierda, el reto es más obvio, ya que la globalización los priva de un solo plumazo de casi todo su bagaje intelectual. Por esta razón, la Tercera Vía es la primera de las ideologías post-globalistas. Constituye un intento por responder a la interrogante planteada por Anthony Giddens: “¿El estar en la izquierda, sigue teniendo algún significado ahora que el comunismo ha tocado fondo totalmente en occidente y que el socialismo está prácticamente disuelto?” (Giddens, The Third Way, p.24)

El uso de la metáfora de Tercera Vía por parte de la izquierda no es nada nuevo. Fue inventada en los años veinte y se escuchó en la fundación de la Internacional Socialista en 1951. La utilizó el reformista checo Ota Sik en 1968. Cito a Wolfgang Merkel: “Pese a ciertas variaciones en el significado, la metáfora siempre representó una tercera vía entre el capitalismo y el comunismo”. Tengo entendido que el presidente Chávez la ha utilizado en este mismo sentido.

Esta es la primera razón para sospechar de la Tercera Vía. Nunca hubo equivalencia ni económica ni moral entre el capitalismo y el comunismo y por consiguiente, ningún punto equidistante entre los dos que se pueda tener por válido. El capitalismo ha podido ser culpable de crímenes de omisión, pero los crímenes obrados por el comunismo alcanzaron otra escala totalmente distinta.

Existe también otra razón por la cual la noción de equidistancia es obsoleta. De hecho, el comunismo ha colapsado y arrastrado con él al socialismo - el cual se le parecía en términos económicos. Los caminos que se abren a la Tercera Vía se limitan a una serie de formas capitalistas. Tienen que “seguir el camino cada vez más estrecho entre el neoliberalismo radical y la vieja socialdemocracia estatista-corporativista”. (Merkel)

De esta forma, la Tercera Vía posee la importante función política de reconocer los cambios habidos en el mundo, sin tener que admitir que el comunismo y el socialismo estaban equivocados. En palabras de David Willets, prominente pensador conservador del Reino Unido, “La globalización es utilizada por las personas de izquierda para no tener que admitir que se habían equivocado todo el tiempo. Les sirve para salvar la cara, diciendo que el mundo ha cambiado y por eso, desafortunadamente, ya no se pueden aplicar las políticas tradicionales como antes se hacía. No tienen que admitir que las políticas estaban equivocadas”. Un ejemplo clásico de este tipo de maniobra es reclamar que la globalización ha acabado con la posibilidad de planificación central de la economía; la verdad más bien sería que las fallas de la planificación central en todo el mundo condujeron a la globalización. (En Blair's Gurus, 1996, p.6)

En resumen, la metáfora de la Tercera Vía permite a la izquierda reinventarse para propósitos electorales.

Una interrogante obvia es hasta qué punto una retórica desarrollada para ser usada en países desarrollados podrá ser aplicable a países más pobres. No tiene mucho sentido hablar de reinventar un sistema de seguridad social si ni siquiera se tiene tal sistema. Entonces, ¿por qué algunos líderes latinoamericanos han adoptado esta retórica -Santos en Colombia, Chávez en Venezuela?

La respuesta parece evidente. Desde los años treinta hasta los ochenta, la mayoría de los países latinoamericanos siguieron políticas de industrialización dirigida por el estado, basadas en la nacionalización, la sustitución de importaciones, monedas sobrevaluadas y, hacia fines de esa etapa, grandes déficit públicos, cuya monetización condujo a la inflación crónica.

Las políticas de izquierda y derecha evolucionaron dentro de este marco, alternando entre las dictaduras militares y el populismo. A todo lo largo de este período, la economía liberal y la política liberal batían la retirada, aunque en algunos países se logró mantener un gobierno constitucional de forma relativamente continua.

Hoy, ese juego se acabó.

América Latina se ha unido a la economía mundial, a aquel sector que se conoce como “economías emergentes”. Todos los países latinoamericanos han establecido la “apertura al mundo” y comenzado a liberalizar sus economías en los años noventa. Pero este proceso de transición ha traído consigo trastornos económicos y sociales muy serios. Igualmente, ha alimentado el resentimiento contra la “dictadura” del FMI y el “neo-imperialismo” de Estados Unidos.

Este hecho presenta nuevas oportunidades a una izquierda reinventada, una izquierda capaz de decir que acepta los hechos básicos de un nuevo orden mundial, pero cuya existencia continúa dedicada a mejorar la situación de los pobres, los oprimidos, los excluidos, etc.

Lo que nos preocupa es lo siguiente: ¿nos estamos refiriendo a una fórmula política sagaz o a una visión y un conjunto de políticas potencialmente coherentes? Me parece que hay tres posibilidades.

La Nueva Izquierda es un personaje auténticamente reformado, como San Pablo después de su conversión camino a Damasco… O es como el lobo que se disfrazó de oveja… O es un receptáculo vacío, en el cual se vale echar cualquier cosa.

Antes de considerar con cuál de las tres cosas estamos tratando, permítanme pasar brevemente a la globalización, el fenómeno que ha dado lugar a la metáfora de la Tercera Vía.

¿Qué significa la globalización y cómo ha llegado a tener el efecto que tiene?

Yo entiendo por globalización tres cosas:

1.- Integración económica impulsada por mercados cada vez más abiertos en bienes, servicios y capital.

2.-La aceleración y profundización de la integración económica, gracias al impacto de la revolución en comunicaciones y en tecnología de la información, y

3.-Cambios en la estructura política mundial, notablemente el colapso del comunismo, lo cual ha provocado el ingreso de todas las naciones al mercado mundial.

El segundo y tercer punto, o conjuntos de cambios, es lo que hace que la nueva globalización sea cualitativamente distinta del viejo mercado global que colapsó en 1914.

El mercado global del siglo diecinueve era algo mucho más superficial. La mayoría de la población mundial vivía aún de la agricultura de subsistencia.

La integración política y económica por medio del imperialismo era algo que sucedía en las alturas y prácticamente no afectaba la vida de las mayorías.

El ritmo de vida era mucho más lento.

La vida política y económica estaba organizada de forma jerárquica, no en base democrática.

La relación entre la población y los recursos era mucho más favorable. A nadie le preocupaba la protección del medio ambiente.

La nueva globalización, en cambio, está acabando simultáneamente con el tiempo y el espacio.

A mí me tomó 13 horas llegar de Londres a Bogotá, y éste es uno de los viajes más lentos del mundo de hoy. En 1900, me hubiera tomado varias semanas.

Nosotros podemos leer los periódicos de unos y otros instantáneamente por Internet. En 1900, nos hubieran llegado varias semanas después.

El impacto de las comunicaciones electrónicas sobre todos los aspectos de la vida, particularmente los servicios financieros, ha sido colosal. Son millones las personas en todo el mundo que se encuentran “conectados electrónicamente” unos con otros.

La mayor pérdida ocasionada por estos cambios ha sido el concepto de la nación autónoma. Antes, cada nación tenía la libertad de, según dijo Keynes, “hacer lo que quisiera”.

El modelo de este valiente nuevo mundo es Estados Unidos.

Estados Unidos nunca ha vivido según la tradición, y nunca ha tenido socialismo. Todo lo contrario, tiene una constitución, empresarios y abogados.

Allí, en ese país, parece que vislumbráramos nuestro futuro.

Nos corresponde, entonces, tratar de definir la actitud que vamos a asumir ante ese hecho.

¿Lo acogemos complacidos?

¿Le presentamos resistencia?

O, seamos más sensatos, ¿cómo hacemos para adaptarlo a nuestra propia historia y propósitos?

Este es el contexto de la nueva política de izquierda y de derecha.

En la segunda parte de mi conferencia, haré una breve descripción de la respuesta de la Tercera Vía. Existe también una respuesta conserva-dora que se basa en las ideas de la “economía social del mercado”. Pero eso será para otro día y otro lugar.

En términos europeos, la mejor interpretación de la Tercera Vía es que se trata de un intento de justificar un papel económico y social activo para el estado, sin recurrir a los viejos argumentos socialistas. No sólo los elementos del viejo socialismo, incompatibles con el mercado, como por ejemplo la propiedad pública y la planificación central, han sido desechados, sino también las preocupaciones por el reparto de la riqueza.

Todo lo contrario, la Tercera Vía se presenta como una respuesta pragmática a las nuevas realidades sociales y económicas -principal entre ellas la globalización- pero incluye también cambios de más largo plazo en la estructura social y los valores sociales. La Tercera Vía es un intento por equipar a la izquierda para la vida política de una era “post-socialista”.

Anthony Giddens es el más conocido de los gurúes ingleses de la Tercera Vía. Sus escritos se cuentan entre los más autorizados de la actualidad. El comenta, “Yo entiendo que la `Tercera Vía' se refiere a un marco para el pensamiento y la formulación de políticas que busca adaptar la socialdemocracia a un mundo que ha cambiado de manera fundamental en los dos o tres últimos decenios.” La noción de “cambio fundamental” es la pieza clave en su retórica.

Giddens desarrolla la idea que la globalización no sólo transforma la vida económica, sino que afecta “nuestras emociones, nuestro sentido de quiénes somos, nuestras vidas personales, el matrimonio y la familia, la amistad”… En este punto, se une a los conservadores en el temor que las relaciones del mercado acaben con las costumbres y las tradiciones. Sin embargo, los conservadores lo lamentarían y han tratado de erigir barreras para protegerse; Giddens más bien considera que serían cambios que liberan. No obstante, causarían problemas. Mientras mayor el número de estilos de vida que pueden ser adquiridos en el supermercado social, mayor la probabilidad que la selección de cada quien representará costos para otros, para terceros. Por consiguiente, Giddens pretende reemplazar las instituciones tradicionales y sus tabúes por contratos, o pactos. “Con la expansión del individualismo, debe crearse la extensión de las obligaciones individuales”, argumenta. (The Third Way, p.65) Lo que la libertad otorga con una mano, lo retira con la otra. La extensión de los deberes acompaña a la extensión de los derechos.

Suena muy lógico, pero debemos estar muy claros acerca de lo que significa todo esto. Así como los individuos adquieren derechos en la familia, en el sitio de trabajo, etc., igualmente deben adquirir deberes legales respecto a esos derechos. Esto implica una extensión en el papel del estado como creador de esos derechos y deberes, a la vez que encargado de hacerlos cumplir.

La Tercera Vía acepta que las industrias públicas sean privadas, pero obliga el paso de la vida privada al dominio público.

¿Cuáles son las implicaciones de lo que antecede para el papel económico que debe jugar un estado de Tercera Vía? Tony Blair y Gerhard Schröder, Canciller alemán, nos dan algunas luces al respecto en una declaración conjunta acerca de los principios de la Tercera Vía, emitida por ellos recientemente (Europe: The Third Way, Die Neue Mitte). Al igual que Giddens, Blair y Schröder tratan a la Tercera Vía como una respuesta pragmática a la globalización, a la vez que como un vehículo para plasmar los “valores eternos” de la socialdemocracia: “la equidad y la justicia social, la libertad y la igualdad, la solidaridad y la responsabilidad hacia otros”. (Blair, Schröder, p.2) La Tercera Vía tiene la doble obligación de crear y mantener instituciones de mercado eficientes e invertir en el capital humano y social”. (Ibid, p. 10) (Giddens lo califica como “El Estado de Inversión Social)

El primero acepta el argumento pragmático a favor de la economía de mercado. El segundo reinserta al estado en la reinvención de la economía, bajo la rúbrica de “política activa basada en la oferta económica”. Esta política busca mejorar el potencial de empleo, la “empleabilidad”, a través de programas de educación y capacitación diseñados para preparar a las personas para todas las etapas de la vida (el “aprendizaje de por vida” es la idea clave de la Tercera Vía) con las destrezas necesarias para competir en el mercado global.

También en este aspecto se juntan lo Viejo y lo Nuevo. La agenda política activa basada en la oferta económica puede ser manipulada de forma igualitaria y conveniente al dirigir los recursos hacia los menos favorecidos, combatiendo así la “exclusión social” y la “dependencia del bienestar público”. De hecho, la desigualdad se define como inclusión. (Giddens, The Third Way, p. 105) Una sociedad altamente desigual, que permite que los grupos en el extremo superior e inferior se excluyan del “espacio social”, es una sociedad que no está utilizando a cabalidad sus propios talentos y por consiguiente, incurre en costos fiscales inaceptables, fomenta la insatisfacción y se condena al estancamiento.

Pese a, o quizás gracias a su rechazo de la tradición, la Tercera Vía es altamente moral. Al leer a Giddens, se lleva uno la impresión que él considera deber del estado el entrenar a la población para trabajar con eficiencia y deber de cada quien, trabajar. Este nuevo moralismo, a su vez, debe ser visto en el contexto de los crecientes costos de los servicios sociales en las economías de bienestar avanzadas. Los seguidores de la Tercera Vía aceptan el argumento de riesgo moral que reza que si usted le da algo gratis a las personas, entonces las cifras van aumentando con el tiempo hasta el punto que ese algo, los servicios sociales, se torna inaccesible. La solución, sin embargo, no está en recortar los beneficios, sino en atar los beneficios al deber de entrenarse

para dejar de depender del bienestar público. El Estado de Bienestar de Tercera Vía no es un estado caritativo ni redistributivo, ni siquiera facilitador, sino un estado de obligaciones o deberes.

Debo señalar que la obsesión de la Tercera Vía por la educación y el entrenamiento se basa en una teoría económica altamente controvertida, que se conoce como “teoría post-clásica del crecimiento endógeno”. Esta promete la postergación indefinida de un retorno decreciente sobre el capital, y por ende, el secreto de la eterna juventud para las economías que ya envejecen. En el pensamiento de la Tercera Vía, el crecimiento económico es algo más que un producto secundario de las instituciones de mercado eficientes, es responsabilidad especial de los gobiernos. Lo que no se explica es porqué las instituciones de mercado no producen todo el crecimiento económico que desea la sociedad. Se asume un gran fracaso del mercado, pero no se explica. Para quienes creen en la libertad, preocupa más aún la costumbre que se tiene en la Tercera Vía de tratar a los seres humanos como plastilina, que se va conformando según los requerimientos de algo que llaman “el mercado global”, y no como personas autónomas, cada uno con su propia historia y proyectos.

Hay una gran diferencia entre darle a las personas una ayudadita en la vida y tratarlas como fragmentos moldeables de un capital humano. El mismo Stewart Wood sabe que el pensamiento de la Tercera Vía puede conducir a una peligrosa centralización de la educación en manos del estado.

Un último tema de la Tercera Vía es la modernización del estado a través de la democracia participativa. Citando la metáfora de Giddens, la globalización está sofocando la soberanía, empujándola hacia arriba, hacia los lados y hacia abajo. Hacia arriba, hacia el nivel supranacional como la Unión Europea; hacia abajo, hacia el nivel nacional sub-estatal y hacia los lados, hacia las regiones sub-estatales. Todo esto produce múltiples capas de inclusión en la toma de decisiones. El ideal de Giddens es el de una “nación cosmopolita”, ubicada en un mundo cosmopolita. Pero ¿cómo se ajusta este panorama de estado fraccionado o fragmentado al estado de inversión que persigue una estrategia de desarrollo?

Por último, ¿qué puede ofrecerle la Tercera Vía a Venezuela? Yo estoy a favor de cualquier etiqueta política que le permita a un gobierno comportarse de manera sensata. Si la etiqueta de la Tercera Vía permite que los partidos de izquierda acepten y promuevan políticas sensatas, pues, será para bien.

Pero, ¿qué son políticas sensatas? En todos los informes del FMI y del Banco Mundial lo encontramos. La principal es la buena gobernabilidad. Los gobiernos deben limitarse a lo que pueden hacer bien hecho, luego hacerlo con eficiencia y honestidad. En los mercados emergentes, esto implica:

  • Crear instituciones de mercado eficientes, especialmente en el sector financiero.

  • Concentrar los recursos escasos en los bienes sociales primarios: el orden público, la educación, la atención en salud, el transporte y las comunicaciones.

  • Establecer y hacer cumplir los códigos legales apropiados.

  • Asegurar la autoridad política legítima, capaz de mantener el orden público.

Ya comenté que si la Tercera Vía como fórmula política permite lograr todo esto, muy bien. Pero la fórmula política lleva ocultos tres conflictos:

  • Entre quienes toman en serio la igualdad, y quienes no la toman en serio.

  • Entre los liberales y quienes abogan por el comunitarismo.

  • Entre el elitismo y la democracia.

De igual importancia resulta el proceso político utilizado para emprender las reformas. Para un observador extranjero, esto es lo que más dudas suscita respecto al futuro de la Tercera Vía en Venezuela. El presidente Chávez desea proceder por la vía de una democracia populista. Si esto significa que el pueblo estará involucrado en el proceso de cambio necesario, entonces puede ser para bien. Si degenera en una forma de Peronismo, entonces podemos decirle adiós a la Tercera Vía.

Sólo el tiempo dirá si este estilo de democracia populista resultará para bien.

Nosotros naturalmente deseamos que sea lo mejor.

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Aunque el Gobierno británico está dispuesto a brindar la asesoría necesaria para que el país se inserte dentro de la tesis de la Tercera Vía de Tony Blair, quiere dejar bien claro que 'al final, la solución de los problemas de Venezuela están dentro de Venezuela, no en el Reino Unido'.

El ministro de Estado británico para América Latina y de Derechos Humanos, Anthony Lloyd, en su visita a nuestro país realizo varios contactos con los representantes del gobierno de Chávez

En tal sentido, manifestó su satisfacción por los anuncios hechos por el mandatario electo de asumir la tesis económica del Reino Unido para Venezuela, aunque advirtió que 'el proceso económico debe dirigirse a su propio contexto'. Tomó como ejemplo el mismo caso de su país, rico en comparación con la economía emergente venezolana, donde la pobreza está bien extendida lo cual amerita un tratamiento totalmente distinto al que se pudo aplicar en Gran Bretaña.

Explicó Lloyd que entre las directrices que deberá aplicarse para lograr la Tercera Vía, está la de mantener un clima de respeto en el mercado con fuertes reglamentos que impidan excesos en esa área, todo lo cual constituiría señales claras que deben ser enviadas a los inversionistas extranjeros, piezas necesarias en el desarrollo del país.

'Al mismo tiempo', refirió, 'debe haber un proceso de diversificación social, no soy quien debe defender esto, pero la pobreza en Venezuela es importante y se hace necesario que la próxima generación reciba educación, salud y otros beneficios'.

Insistió en el diálogo abierto como una necesaria medida de gobierno para obtener el apoyo del pueblo a la Tercera Vía. 'Sin ello se da el manejo del sistema político sin reconocer las necesidades de todos los miembros de la sociedad'.

En definitiva, lo que han escuchado los representantes del gobierno británico de Chávez les ha parecido muy bien, incluso que no se hubiesen concretado las macabras expectativas económicas y sociales que se auguraban ante su eventual triunfo, lo cual constituye una prueba de que las cosas marchan bien.

'Lo que sí es cierto es que el pueblo venezolano enfrenta un cambio decisivo y eligieron un presidente con un mandato sumamente fuerte, él tiene ahorita el poder para cambiar la manera en que Venezuela hace su actividad política', destacó el ministro del gobierno británico.

Ésta noticia nos da una clara imagen de lo que está sucediendo en venezuela y la actitud hacia la TERCERA VÍA

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BIBLIOGRAFÍA

& 1 http://www.el-mundo.es/internacional/ueterceravia/espanol/tercera.html

& 2 http://ave.trompo.com/terceravia.htm Presentación

& 3 http://www.eluniversal.com/1999/01/16/16110DD.shtml

CONCLUSIÓN

La Tercera Vía podemos resumirla como : Libertad e Igualdad.

En el mundo de hoy, la típica división del trabajo surge alrededor del mercado, los partidos, los gobernantes, las iglesias, los sindicatos, las organizaciones cívicas, etc., sin olvidar al cuarto poder, los medios de comunicación masiva. ¿Entonces, cómo pretender que una interpretación de la sociedad sea la correcta y se imponga sobre los puntos de vista diferentes de los demás sectores? ¿No será más lógico partir de un inventario de todos los intereses y filosofías, para luego asumir el difícil rol de definirle tareas especializadas a cada sector, que no sacrifiquen sistemáticamente los intereses de ningún sector y que busque la manera de que las tareas que le corresponden a cada uno sean complementarias para agregarle sinergia a la sociedad?, es allí donde surge la Tercera Vía con su propuesta central: es el mercado quien tiene que mover la economía, pero atendiendo inclusive a los pobres. Para ello no se pueden aplicar políticas redistributivas en contra de los intereses del mercado; como los controles de precio o impuestos confiscatorios, sino aquellas que ofrezcan igualdad, no de ingresos, sino de oportunidades a través del adiestramiento para el trabajo, la creación de nuevos empleos, la promoción de inversiones y el desarrollo tecnológico.

La Tercera Vía es una fórmula económica, política, social, moral y cultural que aspira a compatibilizar los siguientes puntos de vista:

Su enfoque económico compatibiliza las acciones del Mercado y del Estado en la economía, en la cual habrá espacio para el intervencionismo estatal mientras a la liberación del mercado se le malinterprete como individualismo e indiferencia frente a los que no tienen..Opción conciliadora entre los eternos opuestos

Según su enfoque político, el Estado y la Sociedad intervienen la economía para establecer políticas que promuevan el desarrollo del mercado, pero siempre tratando de asegurar acciones para que nadie se quede fuera de él.

El enfoque de la Tercera Vía es social porque supone establecer una sociedad con capital social; es decir, con visión compartida, con una división del trabajo en la que a cada sector le corresponda un papel complementario y decoroso, vs. pobreza o marginalidad, y confianza en que se cumplan esas reglas del juego.

Es moral, porque impone un “deber ser” a la economía y a la política al no tolerar la falta de oportunidades ni la pobreza

Es cultural, porque infunde un sistema de valores humanísticos; y la actitud de enfatizar lo que nos une, y no lo que nos divide.

Para Venezuela, el afán conciliador de la Tercera Vía no es una opción ni un lujo, sino un camino ineludible para responder al reto más persistente que han confrontado las élites venezolanas: superar el síndrome que sufren de “élites divididas”, alcanzando una visión compartida de país. La organización de nuestra sociedad se ha caracterizado por concentración de poder político, intervencionismo económico y por correcciones de rumbo que han consistido en derrocar al régimen vigente para establecer otro tan inflexible y excluyente como el anterior.

Para las élites venezolanas, la Tercera Vía es un reto de coexistencia, de complejidad frente al simplismo del dogmatismo ideológico; de sentido común y de constante creatividad. Ese es el reto de la V República. Si no lo asume, será sólo una transición más. Afortunadamente, la revolución sui generis de Hugo Chávez ha señalado que éste es su enfoque.

En conclusión lo único que hace falta para que cualquier doctrina política funciones e s el Sentido Común y La tercera Vía no se escapa de ello.

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