La Televisión y su efecto en la conducta

Tecnología. Historia. Niños. Violencia. Publicidad. Perspectiva de Gerbner

  • Enviado por: Carmen Sagaseta
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 28 páginas
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ÍNDICE.

  • Introducción.................................................................................... Pág. 3

  • Tecnología de la televisión.............................................................. Pág. 4

  • Orígenes de la televisión.................................................................. Pág. 7

  • Historia de la televisión..................................................................... Pág. 10

  • Influencia de la televisión en la conducta......................................... Pág. 14

  • Conclusiones..................................................................................... Pág. 26

  • Bibliografía........................................................................................ Pág. 28

INTRODUCCIÓN.

La televisión, es toda aquella tecnología que implica la transmisión a distancia y simultanea de sonidos e imágenes en movimiento. Para este cometido, la óptica, la electricidad, la mecánica, la física en general, la informática y hasta las ciencias aerospaciales son disciplinas que junto a las artísticas, intervienen en la televisión. La técnica aquí es un medio no un fin. Actúan para lograr su correcta función como medio de comunicación de masas más allá de toda frontera.

La televisión es algo relativamente joven, al menos para le público, ya que su entrada en los hogares no se produce hasta los años 50. Sin embargo, para los técnicos y como medio de transmisión de imágenes por radio la televisión ya era conocida.

No cabe duda de que la televisión es uno de los fenómenos tecnológicos del siglo XX de mayor repercusión en la sociedad, puesto que para bien o para mal, en la mayoría de los hogares de los países desarrollados existe un aparato de televisión. Este medio de comunicación, puede ser muy beneficioso, dada la gran cantidad de información que hace accesible a la población de una forma cómoda. Pero también puede ser un arma de doble filo, sobre todo si se abusa de su consumo y no se es lo suficientemente crítico con la información que se percibe. El individuo recibe una información seleccionada de lo que acontece en el mundo, pudiéndose así crear determinadas opiniones en el público. También, la televisión es capaz de crear modelos físicos y de conducta que de forma discreta llegan a regir los comportamientos generales de la población.

Este trabajo, es una exposición concisa y divulgativa sobre el fenómeno tecnológico y social que constituye la televisión. En primer lugar, se da una breve y sencilla visión sobre la tecnología que precisa la transmisión de las imágenes desde su lugar de recepción hasta los aparatos de recepción, es decir, los televisores. A continuación, se exponen los hechos históricos más relevantes que llevaron al descubrimiento de la televisión, y posteriormente su evolución hasta la actualidad. Por ultimo, se a realizado un estudio argumentado y basado en las investigaciones de diversos autores sobre los efectos que este medio de comunicación posee en la conducta y en la vida cotidiana de los individuos. Este punto ha sido el que se ha desarrollado en mayor extensión, ya que es esta influencia en el ser humano la que convierte a la televisión en uno de los avances tecnológicos de mayor importancia para la vida actual en nuestra sociedad.

TECNOLOGÍA DE LA TELEVISIÓN.

El proceso que tiene lugar para transmitir una imagen a distancia se puede dividir en tres etapas: captación, transmisión y recomposición de la imagen.

La captación de la imagen se realiza con una telecámara, cuyo principal componente es el orticonoscopio eléctrico. Este aparato tiene la función de convertir las imágenes que se quieren transmitir en impulsos eléctricos. Así la imagen se proyecta, mediante un sistema de lentes, en una pantalla de material fotoeléctrico, con base de cesio y plata, subdividida en pequeños elementos individuales (puntos).

En el mismo instante en que la imagen se proyecta en la pantalla, entra en acción el mecanismo que transforma lo visible en corriente eléctrica. Es el efecto fotoeléctrico, que consiste en la emisión de electrones de la superficie de un cuerpo, al incidir fotones en él. Cuanto más intenso es el rayo de luz tantos más fotones encierra, tanta más energía posee y tanto mayor resulta el número de electrones alcanzados y expulsados de las órbitas de los átomos que constituyen el sólido. La corriente de electrones registrada, por consiguiente, la alteración de luces y de sombras de las imágenes óptica que se desea retransmitir y la “información” eléctrica sale de la cámara a modo de corriente cuya intensidad varía de manera irregular: sus “picos” representan la imagen de los puntos luminosos y las “depresiones” la de los oscuros. Entre esos valores extremos se sitúa la gama entera de la luminosidad de los pormenores del cuadro de imagen. No obstante, como esa corriente recoge y mide la cantidad total de los electrones emitidos, o la de los fotones provenientes de la imagen, transmite sólo la intensidad de la luz de ésta, es decir, que solo se mide la luminosidad de cada detalle.

Así pues, considerando válido el esquema anterior, se debe aislar cada parte de la imagen de las otras, así como descubrir el procedimiento para transmitir de manera sucesiva todos los puntos, uno tras otro y juntarlos después en el aparato receptor. Volviendo a los electrones que emite la pantalla a consecuencia del efecto fotoeléctrico, hay que observar que, al brotar en dirección rigurosamente perpendicular a la superficie de la pantalla, los corpúsculos liberados se trasladan en el espacio conservando el “diseño” de la imagen óptica que se encuentra en el origen de la fotoemisión.

El enjambre de electrones “en formación” acelerado por una tensión externa, es interceptado por una delgada lámina de vidrio. Al producir el choque, cada electrón hace salir de la lámpara otros llamados secundarios. De este modo se obtienen dos resultados. Ante todo se tiene un efecto de ampliación derivado de la multiplicación del número de electrones, lo que provoca un aumento de la sensibilidad de la telecámara; en segundo término se logra que, al brotar de la lámpara de vidrio, los electrones secundarios dejen en ella una imagen iónica correspondiente a la óptica de partida. Como perder electrones es lo mismo que cargarse positivamente, la imagen iónica entera queda provista de carga positiva.

En este punto se inicia la operación de escansión o exploración de la lámpara, que efectúa el cañón electrónico, o cátodo que proyecta una finísima corriente de electrones, que explora toda la superficie del vidrio línea tras línea. Los puntos de la imagen iónica, que tienen carga positiva, atraen electrones y privan de ellos al rayo de exploración en tanto mayor cantidad cuanto mayor es la de los vacíos electrónicos existentes en el vidrio.

No acontece lo mismo en las partes no ionizadas de la lámpara, correspondientes a las zonas oscuras de la imagen óptica. Por lo tanto, la intensidad de la corriente de electrones del cañón electrónico es continuamente modulada y alterada. Estas variaciones proporcionan la señal de imagen o señal de vídeo, que parte de la estación transmisora en forma de onda de radio, exactamente como sucede en el caso de una corriente variable y transmite un micrófono.

Una vez que se ha realizado la captación de la imagen, ésta debe de ser transmitida hasta el lugar de su recepción. Para ello, en primer lugar, la imagen viaja hasta una antena receptora situada en la unidad de control, y desde allí se puede distribuir de diferentes maneras: por éter, por cable, o por satélite.

La transmisión por éter es aquella en la que la señal se propaga por el aire en línea recta. Para ello la señal de vídeo con las informaciones, oportunamente amplificada, llega a la antena transmisora, produciendo en el espacio circundante campos eléctricos y magnéticos de fuerza. Estos “viajan” por los ámbitos hasta que encuentran una antena receptora, en la que inducen una corriente idéntica en esencia a la que circula por la transmisora. Los receptores televisivos se instalan en altas torres o en la cima de relieves montañosos, para que la emisión tope con el menor número posible de obstáculos.

La transmisión por cable está en considerable desarrollo desde la implantación del sistema de televisión de pago. La mayoría de las señales que son transmitidas por este sistema son captadas por antenas de alta ganancia situadas en torres próximas al área de distribución. Las señales se distribuyen por una red de cables coaxiales, hasta el domicilio del abonado.

La transmisión por satélite, permite que las comunicaciones televisivas se produzcan a grandes distancias, es decir de continente a continente. Esto puede conseguirse situando en órbita geoestacionaria varios satélites alrededor de la Tierra, de manera que las emisiones puedan viajar de un satélite a otro y así puedan llegar hasta una antena situada en cualquier parte del mundo.

La recepción de la imagen tiene lugar en el aparato televisor cuyo elemento principal es el cinescopio, en el que ocurre el proceso inverso al que sucede en el orticonoscopio, es decir, la conversión de los impulsos eléctricos en imágenes. Para ello, la débil señal que capta la antena receptora se amplifica y se desmodula, para recobrar la señal de vídeo, que se envía al cinescopio. Éste está provisto de un cañón electrónico, que proyecta un haz de electrones, modulado por la señal de vídeo, sobre una pantalla cubierta de material fluorescente. Cada punto de la superficie de la pantalla emite entonces una luz proporcional en intensidad a la del pincel electrónico que la recorre. Mediante la generación de fotones que liberan los electrones procedentes del cátodo, se reconstruyen en la pantalla del televisor doméstico los pormenores de la imagen de partida, en la posición exacta que ocupan en el cuadro óptico y con las mismas relaciones de luminosidad.

La imagen que aparece en la pantalla de televisión es una ilusión, un engaño de la vista. Una imagen de televisión, está formada realmente por un punto de la luz muy pequeño que recorre muy rápidamente la pantalla, línea a línea, incesantemente. Tarda tan solo, cincuenta y dos millonésimas de segundo en recorrer una línea. Es un proceso demasiado rápido para que pueda ser captado por el ojo humano. Cualquier imagen recibida por el cerebro humano a través de la vista, tarda una décima de segundo en desvanecerse (propiedad del cuerpo humano que se llama persistencia de visión), y por ello cada punto de la pantalla parece estar continuamente iluminado, formando así, una imagen completa a la vista del espectador.

Los sistemas televisivos de transmisión y recepción en color funcionan de una manera similar a los de blanco y negro. Como se sabe, cualquier color visible puede reproducirse mezclando entre sí, de la forma adecuada, el rojo, el verde y el azul. Las tomas se efectúan con telecámaras, en las que los electrones que producirán la imagen son emitidos por tres cañones electrónicos, idénticos a los empleados en las transmisiones en blanco y negro, pero uno para cada color primario. En el televisor, los electrones exploran una pantalla cubierta de un mosaico de centenas de millares de pequeñísimos triángulos, cada uno compuesto de tres puntos, correspondientes a tres sustancias fluorescentes, las cuales al ser excitadas por el rayo de electrones, emiten respectivamente, luz roja, luz verde o luz azul. Por consiguiente, de los tres tubos de toma se obtienen otras tantas señales de vídeo, que reproducen la imagen en rojo, verde y azul. En el televisor los colores se recomponen y combinan las tres señales de imagen.

ORÍGENES DE LA TELEVISIÓN.

Una vez inventada la radio y con ella la posibilidad de transmitir sonidos a larga distancia, muchos investigadores empezaron a plantearse la posibilidad de transmitir imágenes. Pero había mucho que desarrollar para convertir una imagen en señal eléctrica y otro tanto para convertir una señal eléctrica en imagen. El camino era largo, pero lo atractivo del objetivo haría que fueran muchos los investigadores que dedicaran buena parte de sus esfuerzos en esta línea.

Antes de que la invención de un sistema de televisión fuese algo plausible, tuvieron que darse una serie de avances científicos que permitieran llegar a tal fin. En este apartado se exponen los principales de estos descubrimientos.

En 1839, Becquerel descubre la fotoelectricidad, es decir, la conversión de luz en impulsos eléctricos.

En 1873 el químico Berzelius descubre el Selenio y sus capacidades conductoras. Ese mismo año, Joseph May realiza la aplicación práctica de la fotoelectricidad a partir de las células de Kerr, consiguiendo establecer un circuito mediante células que transforman la luz en impulsos eléctricos.

Paul Nipkow patenta en 1884 el telescopio eléctrico. Este es el primer dispositivo adecuado para explorar imágenes. Era un disco plano y circular que estaba perforado por una serie de pequeños agujeros dispuestos en forma de espiral partiendo desde el centro. Al hacer girar el disco delante del ojo, el agujero más alejado del centro exploraba una franja en la parte más alta de la imagen y así sucesivamente hasta explorar toda la imagen. Sin embargo, debido a su naturaleza mecánica el disco Nipkow no funcionaba eficazmente con tamaños grandes y altas velocidades de giro para conseguir una mejor definición. Este dispositivo fue la base para lo que se denomina “televisión mecánica”, que posteriormente fue desplazada por la “televisión electrónica” actualmente vigente.

En 1888, Hertz descubre las ondas electromagnéticas, las cuales no necesitan un soporte material para trasladarse. En 1890, Popow crea una antena con la que recibir dichas ondas. De este modo se creo un sistema que posteriormente pudo ser utilizado para transmitir las imágenes de televisión.

A finales del XIX se tiene un sistema capaz de transmitir imágenes a distancia. Éste es perfeccionado por Baird. Así se fundamenta el principio de lo que es la televisión mecánica.

Si Braid lleva asociado la televisión mecánica, a Karl Braun se le asocia en 1879 la televisión eléctrica, puesto que patenta el tubo de rayos catódicos.

El tubo de rayos catódicos, que hasta hace poco era el único sistema de presentación de imágenes, es el elemento decisivo en la historia de la televisión. Este tubo, es realmente una válvula en la que el último ánodo se recubre de un elemento capaz de emitir luz cuando sobre él incide un haz de electrones. Para poder controlar la intensidad del punto de imagen se le colocan unos terminales de puerta con los que se controla la intensidad del haz. Se colocan en el camino de los electrones unos terminales que hacen el efecto de una lente electrónica que permite focalizar todos los electrones del haz en un punto estrecho sobre la pantalla. Exteriormente se le colocan unas bobinas con las que se controla un campo magnético que desplaza el haz de electrones por toda la pantalla iluminándola en todos sus puntos. Controlando adecuadamente la intensidad del haz en cada momento se genera una imagen en la pantalla.

El otro elemento crucial fue el tubo de cámara que fue inventado por A. A. Campbell-Swinton en 1908. Se trata un sistema que utiliza el tubo de rayos catódicos para el escaneo de la imagen, además de utilizarlo como sistema de presentación. Faltaban todavía unos años para llevar las ideas hasta un sistema que funcionase correctamente, pues no fue hasta 1941 que se introdujo el primer tubo de cámara comercial, el orthicon, pero fue realmente Campbell quién había dado crédito a un sistema electrónico de captura de imágenes.

El tubo de cámara, en sus diferentes versiones (orthicon, plumbicon, saticon) consiste, en una válvula de vacío deformada. Dispone de un cátodo, un electrodo de enfoque y uno acelerador. El ánodo está formado por un conductor transparente que tiene depositado en su interior un elemento fotorresistivo cuya resistencia varía desde unos 20 Megaohms en puntos oscuros hasta unos 2 Megaohms en los puntos en los que incide una luz brillante. Siguiendo hacia adentro está el haz de electrones que obliga a que la parte interior del elemento fotorresistivo esté a cero voltios. El elemento conductor transparente externo se coloca a una tensión de unos 30 voltios.

Su funcionamiento se entiende como sigue: El material fotorresistivo tiene aplicados 30 voltios entre su parte interior y exterior justo después de que el haz de electrones haya pasado por encima de él. En los puntos en que incide luz, la resistividad del material fotorresistivo baja y circulan bastantes cargas por el material elevando el potencial de su parte interior por encima de los cero voltios. Cuando el haz en su recorrido pase por encima de este punto, introducirá electrones en él hasta llevar nuevamente su tensión a cero voltios. Los electrones que introduce el haz, son leídos desde el conductor transparente externo y proporcionan la señal de vídeo. El problema de este aparato es que no es capaz de captar imágenes en movimiento, si no únicamente fijas.

Esta limitación se solucionó en 1934 cuando Vladimir Zworykin creó el sistema de barrido electrónico o iconoscopio, y desarrolló el sistema de televisión de 405 líneas que se utilizó en el Reino Unido durante 50 años. Antes de decidirse en el Reino Unido por el sistema de las 405 líneas, decisión que se tomó en 1935, John Logie Baird, posiblemente el primero en demostrar un sistema real de televisión que producía imágenes en escala de grises y con movimiento, implementó sistemas con 30, 60, 90, 120 y 240 líneas, aunque en estos sistemas el escaneo de la imagen se hacía mecánicamente, a pesar de que ya se habían inventado las técnicas de escaneo electrónico y estas se mostraban superiores.

Algunos años más tarde apareció el cinescopio, es decir, un tubo electrónico usado para la recepción televisiva.

HISTORIA DE LA TELEVISIÓN

El descubrimiento de la televisión se ha ido fraguando desde la segunda mitad del siglo XIX. Aunque algunas personas contribuyeron a ello de modo particular, nadie puede ser señalado como inventor de la televisión, ya que ésta resulta de varios descubrimientos aislados en los campos de la electricidad, del electromagnetismo y de la electroquímica.

La primera persona que realiza importantes avances en el campo de la televisión es Baird, el cual recoge los experimentos previos tanto de televisión mecánica como electrónica, pero considera que es más fácil desarrollar modelo mecánico de televisión. La primera imagen que consigue transmitir data de 1923. se trata de una imagen fija de poca definición que consigue enviar de una habitación a otra contigua. En años posteriores se traslada a Londres para conseguir financiación al mismo tiempo que va haciendo demostraciones a públicos especializados. Trabaja de forma autodidáctica, sin ningún tipo de respaldo por compañía alguna. En 1925, en una de sus demostraciones, es necesaria tal cantidad de luz que no hay hombre que lo resista.

Finalmente, Baird consigue poner en marcha su sistema de televisión mecánica. El 28 de Enero de 1926, hace la primera demostración pública del sistema de televisión. En ella se muestra una imagen compuesta de 30 líneas con un cambio de 5 imágenes por segundo. De todas formas, Baird no tiene la visión suficiente para pasar al sistema de televisión electrónica que paralelamente se está desarrollando en América y en Alemania. A finales de los años 30 hay una constante lucha entre los dos sistemas. La batalla la gana el sistema electrónico, debido a la mayor definición y posibilidades que ofrecía.

En 1927 Jenkins realiza felizmente una transmisión televisiva por cable desde Nueva York hasta Washington de 50 líneas. Un año después Baird consigue realizar una transmisión desde Londres hasta Nueva York.

Las primeras emisiones públicas de televisión las efectuó la BBC en Inglaterra en 1927 y la CBS y NBC en Estados Unidos en 1930. En ambos casos se utilizaron sistemas mecánicos y los programas no se emitían con un horario regular.

El principio de la televisión en color, o sea el análisis de la imagen en tres colores primarios, data de 1929, pero la síntesis de la imagen era muy complicada para la tecnología de la época.

Las emisiones regulares con programación se iniciaron en Alemania en 1935, en Inglaterra en 1936, y en Estados Unidos el día 30 de abril de 1939, coincidiendo con la inauguración de la Exposición Universal de Nueva York. Únicamente en Gran Bretaña se comienza a utilizar el sistema electrónico de televisión, alternándolo con el sistema mecánico.

En 1936, se emiten en Alemania 16 días de las olimpiadas de Berlín, lo cual supuso un gran reto para la tecnología de la época.

En 1937, se incendian las instalaciones de televisión mecánica en Londres, con lo que se fija definitivamente el uso del sistema electrónico en Gran Bretaña.

Durante los años siguientes, se va aumentando el número de líneas de definición de la imagen. En EEUU se pasa de las 120 de los primeros tiempos a las 343 en 1936, las 441 en 1939, hasta llegar más tarde a las 525 actuales de la televisión estadounidense. En 1935 la BBC de Londres adopta el sistema EMI de 405 líneas. Francia inicia su programación televisiva en 1937 con una definición de 445 líneas. La Unión Soviética se incorpora con un sistema de 343 líneas en 1938. Así mismo en 1939 se efectuaron en Italia transmisiones experimentales.

En 1939 se crea un nuevo tubo de análisis de imagen, el orticonoscopio o videcon, sustituyó rápidamente al iconoscopio, que, con su baja sensibilidad a la luz, producía distorsiones de la imagen y obligaba a los actores ha actuar con la luz cegadora de las potentes lámparas de los estudios.

Las emisiones programadas en Europa se interrumpieron durante la II Guerra Mundial, ya que las instalaciones fueron destruidas. Antes del inicio de la guerra, los países más industrializados del momento (EEUU, Gran Bretaña, Francia, la URRS y Alemania) poseían un sistema de emisión de televisión, aunque la audiencia en esos tiempos fue muy escasa. Esto se debía fundamentalmente al elevado precio de los aparatos de televisión y a que no existía una producción unificada de televisores Del mismo modo, no se consiguieron establecer normas generales de televisión ni con ello la creación de un receptor universal. Cada compañía construía sus receptores siguiendo sus propias reglas.

Durante los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial se realizaron diferentes experimentos con distintos sistemas de televisión en algunos países de Europa, pero fue la URSS, que comenzó sus emisiones regulares en Moscú en 1948, el primer país del continente en volver a poner en funcionamiento este servicio público.

La industria televisiva que se expande en la posguerra tiene un alto componente nacionalista. Los estados buscan la extensión de su red a nivel nacional. En EEUU, la televisión va a tener una extensión nacional en función de las necesidades de las cadenas comerciales, es decir, que fundamentalmente va a ser de carácter privado. En Europa, la televisión se va a desarrollar bajo tutela estatal.

Los intereses comerciales norteamericanos y los intereses nacionales europeos, van a dificultar la conexión televisiva entre los distintos países.

Las primeras experiencias de televisión en Madrid ocurrieron en 1951, aunque no se emite regularmente hasta 1956.

El primer magnetoscopio, es decir, el primer sistema de grabación de las imágenes, fue fabricado en EEUU en 1952, lo que permitió que las emisiones pudieran realizarse en diferido. Un año después se produjo la primera transmisión en color mediante el sistema NTSC.

En 1957, Francia implanta también el color con el sistema SECAM, y en 1961 lo hace Alemania con el sistema PAL. El resto de los países europeos lo van incorporando en los siguientes años.

En 1962 se produce la primera transmisión de televisión por satélite en concreto con el satélite TELSTAR.

En los años 60 se da un aumento constante de la calidad y de los logros técnicos, así como una ampliación de los horarios de emisión. Además, comienza a haber un gran interés por parte de las televisiones por recoger los gustos de las audiencias. Esto fue independiente del modelo jurídico de televisión. Primero se inicia con el modelo privado y más tarde, con el estatal. De todos modos, este último modelo se vio menos motivados a tenerlos en cuenta, ya que su forma de financiación no dependía tan directamente de la publicidad. Se produce también un aumento en la producción de películas y series de televisión. Del mismo modo, comienza el auge de los informativos debido a la generalización del magnetoscopio como sistema de captación y reproducción de las noticias.

También en la década de los 60, la televisión comienza a experimentar un proceso de internacionalización. Las causas de este hecho son diversas. Por un lado, mientras que en la época anterior los estados buscaban una cohesión interna, en este periodo se produce un intercambio de información entre los diferentes países, sobre todo, dentro de los dos grandes bloques. Además, se está creando un mercado comercial en torno a la internacionalización de la información que mueve mucho dinero. Por otro lado, en esta época los sistemas de televisión van a estar interconectados. Surgen asociaciones de las distintas emisoras de televisión como Eurovisión. Además, empieza a ser usada la tecnología de los satélites, lo que favorece el flujo internacional de las imágenes televisivas. También hay que considerar que en estos años, el aumento de las horas de emisión de las diferentes cadenas, y la necesidad de una programación cada vez más diversificada, lleva a que las televisiones intercambien productos con cadenas de otros países o que se asocien para producir.

A finales de la década de los 60, se dan las primeras emisiones desde el espacio. En Julio de 1969, millones de espectadores ven retransmitida en directo la llegada del hombre a la luna.

La televisión por cable, en constante desarrollo, alcanza en Estados Unidos en 1978, la cifra de 13 millones de abonados (17 % de los telespectadores).

En los siguientes años, la televisión ha ido diversificando sus sistemas de distribución y de acceso, a la vez que se ha vuelto cada vez más temática y personalizada.

La televisión digital, surge en EEUU en 1994. Esta tecnología, permite multiplicar por siete o más el número de canales que se podían transmitir por un solo satélite.

En un futuro, lo que se espera, es una diferenciación cada vez mayor entre una televisión generalista y gratuita, y una televisión temática y de pago, a la vez que se dispondrá cada vez de un mayor número de canales.

Las distintas cadenas ofrecen cada vez una programación en la que el espectador participa de forma más activa.

Desde el punto de vista tecnológico, no se puede saber con seguridad lo que nos deparará el futuro, aunque cabe suponer que se tienda a que los televisores sean cada vez de mayor definición, con pantallas más planas y mejor sonido. También la tendencia es a utilizar con mayor frecuencia la transmisión por satélite y digital. Finalmente, los recientes adelantos en el dominio de la electrónica, cuyos logros tecnológicos, principalmente los sistemas de vídeo, están siendo incorporados masivamente a la televisión, y van dotando a dicho medio de mayor flexibilidad en la utilización por parte del usuario.

INFLUENCIA DE LA TELEVISIÓN EN LA CONDUCTA.

La televisión es considerada hoy en día el medio de comunicación de mayor fuerza socializadora. Su gran influencia, así como la masiva utilización social que de este medio se hace en nuestros días, nos lleva a considerar la importancia de revisar sus efectos e influencias. En los países industrializados, ver la televisión es la tercera actividad de mayor dedicación por los ciudadanos adultos. Las dos primeras son el trabajo y el sueño.

Los niños, son parte de ese numeroso público expuesto a la información televisiva, y probablemente el más vulnerable ante sus mensajes, dada su incompleta formación ideológica, social, cultural y de valores, desde la que son interpretados y asimilados los mensajes del medio televisivo.

Son muchos los autores que han teorizado sobre este tema, así como las experimentaciones e investigaciones realizadas al respecto dentro y fuera de nuestro país y que aportan importantes fuentes de conocimiento sobre el tema. Sin embargo, dada la limitada extensión de este trabajo y ante la imposibilidad de abarcar en su totalidad la complejidad de vertientes que componen el tema, se analizará el trabajo de algunos autores que han profundizado en el estudio de la televisión y sus influencias, haciendo una selección de algunos efectos por ellos analizados y que son especialmente relevantes. Existen autores que ven en la televisión toda clase de influencias nefastas y por el contrario, otros según los cuales, la televisión democratiza el saber y la cultura además de potenciar el aprendizaje.

Lorenzo Vilches habla de los usos de la televisión: diversión o entretenimiento, utilidad social e información. Los medios en general se usan con un fin específico, la audiencia selecciona el medio y los contenidos según sus necesidades, hay personas que prefieren informarse y otras que ven series porque les gusta identificarse con la realidad en ellas representada. Así, los hombres de clase social alta suelen ver programas de actualidad, informativos, deportes y concursos; mientras que las mujeres con un nivel de educación bajo, de una clase social inferior y que no trabajan, ven más televisión que los anteriores y ven series, películas y programas infantiles. Las personas pertenecientes a la tercera edad ven todo tipo de programas, y junto con las personas de menor nivel intelectual, son los que más tiempo ven la televisión, porque es su forma de entretenimiento y es su medio preferido de ocio. Gran parte de los adultos utilizan la televisión a falta de compañía para no sentirse tan solos.

Para Lorenzo Vilches la información política manipula el comportamiento cuanto menos implicado se sienta el espectador y hace que no se dé cuenta de ello. Según las investigaciones de Mc Combs y Shaw (1976), las personas más activas políticamente son las que menos televisión ven porque al verla mucho, esa actividad es sustituida por la televisión.

Para Rafael Roda Fernández la televisión realizan operaciones como mostrar las políticas de los gobiernos, mostrar las características de las personas de clase social o raza que nos son distantes o ajenos y datos sobre aspectos de la realidad a los que no se puede acceder fácilmente. Con esto se crea un corpus de conocimientos compartidos por la audiencia. .

La televisión tiene una serie de características que la otorgan un alto grado de influencia, entre las que cabe reseñar las siguientes. La televisión tiene una gran fuerza expresiva, porque se basa en la imagen y esto es una manera muy eficaz de interiorización de los mensajes ya que se introducen directamente en el subconsciente. Las imágenes son en color, van acompañadas de sonidos, música, y presentan la realidad con movimiento, de una forma “viva”. Además, su uso no requiere un esfuerzo mental apreciable, lo que la hace ser un modo muy atrayente de pasar el tiempo libre.

Jesús González Requena explica que la televisión ocupa un lugar privilegiado en la casa y cómo esto supone la abolición de la intimidad. La presencia de la televisión en los lugares clave de la vivienda (cuarto de estar, cocina, dormitorio) cambia la disposición de los muebles para adaptarse a su presencia. Esto también influye en la forma de comunicase entre la familia, la comunicación se estructura en torno a un centro exterior al ámbito familiar (la televisión), con lo que ese lugar deja de ser un espacio de intimidad. La televisión se va acoplando a la vida familiar, llegando a ser un elemento cotidiano y necesario, y así cuando, por ejemplo, en una comida la televisión está estropeada hay cierta incomodidad entre los comensales, que no tienen más remedio que mirar al plato de comida para evitar las miradas de los demás. Se da la abolición de todo el espacio de intimidad, incluso en el dormitorio, donde la pareja conversa en la cama mirando el televisor, que muchas veces sigue encendido mientras realizan el acto amoroso.

Paradójicamente, a la vez que esto ocurre, gran parte de los programas de la televisión se dedican a representar relaciones de intimidad, los programa se llenan de expresiones y personajes cercanos, familiares, como el presentador que comienza un programa diciendo “¡Hola familia!”. Los rostros de la televisión son un aliciente, tienen toda nuestra confianza, son como un miembro más de la familia; necesitamos verlos diariamente para que el día sea completo.

Siguiendo con Jesús González Requena, la televisión y su público no se caracterizan por una ideología o sistema de creencias. El ciudadano no es definido por una ética o ideología, sino económicamente, como consumidor/espectador, es decir por el mercado, por la lógica del capital.

Jesús González Requena, afirma que lo importante en la televisión es el esfuerzo por ofrecer un espectáculo hueco para el espectador. Los programas televisivos invitan al espectador a viajar por otros países, a asistir a conciertos, a ver diariamente la intimidad de una familia, etc. El espectador sabe que no puede acceder a todo esto pero lo acepta porque lo importante es que parece que sí.

En muchos programas se intenta crear naturalidad mediante la “falsa sorpresa”. El presentador finge que sucede algo imprevisto en el guión y se sorprende. Pero es sólo un truco, de hecho, el presentador no pretende que sea verosímil, hay fingimiento del fingimiento de la sorpresa. El espectador lo sabe, no se pretende que lo crea, por eso lo importante es el esfuerzo por ofrecer un mero espectáculo al espectador.

La televisión construye un mundo aparentemente neutro y que supuestamente representa al mundo real. La televisión da una visión de la vida más agradable y con menos problemas de los que hay en la realidad, para conquistarnos. Al estar basada en la imagen, la televisión da demasiada importancia al físico, y las personas que aparecen en el mundo televisivo se ajustan siempre al canon de belleza vigente, lo cual no ocurre en la realidad y esto crea inseguridad en los ciudadanos de a pie. Un buen ejemplo de ello son las series norteamericanas, que más que representar a la juventud, la vulgarizan y simplifican, pero a pesar de ello los jóvenes necesitan sentirse identificados con ellas.

La televisión hace que la gente se cree falsas necesidades y esto afecta a los menos dotados económicamente, con lo cual se frustran, porque la televisión postula que la felicidad se consigue con el éxito, y el éxito significa bienestar económico y social, y los mayores deseos de las personas son a cambio de dinero (los bienes materiales). Esto se muestra en las series y también en la publicidad.

Jesús González Requena nos habla de lo que él llama “irrealización del mundo”. Cuando la información del mundo exterior llega a las casas toma un carácter imaginario, y esto es la irrealización de los universos referenciales de la información televisiva. Lo que pasa dentro de la casa donde el espectador ve las noticias para él es más real que lo que aparece en los propios noticiarios, aunque no duda de la realidad de lo que se muestra en la televisión. Además, al mezclarse las imágenes del mundo real con imágenes de mundos ficticios (las películas), se desdibujan las fronteras entre lo real y lo ficticio y todo queda en el imaginario.

Robert W. Kubey, profesor de universidad de Nueva Jersey, hizo un estudio entre espectadores de Norteamérica y llegó a la conclusión de que la televisión es el recurso más cómodo y barato porque no presenta ideas complejas, es como si se diera el mensaje digerido y lo que quiere el público es ver cosas fáciles de entender, como las telenovelas.

Las telenovelas tienen una fuerte carga moral, imponen valores de amor eterno, recompensa de la virtud y castigo del pecado, son como una guía moral para el público, difunden lo que se debe hacer y lo que no, y esto da al telespectador seguridad a la hora de afrontar los problemas porque tienen un modelo a seguir.

Los niÑos y la TELEVISIóN:

En primer lugar destaca el importante papel socializador que la televisión posee. Los medios modifican el ambiente introduciendo a los niños en el conocimiento de culturas distintas a la nuestra, al tiempo que presentan comportamientos valores e ideas propias de nuestro sistema social que más tarde serán aprehendidas y apropiadas por los espectadores para su integración en el entorno social.

La televisión se convierte así en transmisora de una cultura, de una realidad, que el niño aprende a veces inconscientemente, pero que es casi siempre reflejo de su entorno social. Pero hay que considerar también otros aspectos. Como establecen Salomón y Martín del Campo, entre la emisión televisiva y sus efectos en el espectador median relaciones interpersonales que repercuten en la información y en el refuerzo social.

Entre estas variables mediadoras o de procesos, encontramos: los padres, otros agentes, conocimientos y experiencias previas del contenido televisivo, aspectos individuales y sociales y otros aspectos.

Respecto a los efectos que el medio televisivo puede producir en el aprendizaje, éstos son de diversa índole. Es de suponer que el acceso a las experiencias mediatizadas que conlleva la televisión vaya con frecuencia en detrimento de las experiencias directas, convirtiéndose estas representaciones en elementos sustitutivos del contacto directo con la realidad. En esta línea se ha pronunciado Joan Ferrés, exponiendo la necesidad de ofrecer pautas de interpretación y de análisis crítico sobre el medio a las nuevas generaciones, puesto que la televisión se ha convertido hoy en instrumento privilegiado para educar, compartiendo con la escuela esa parcela para la educación y el aprendizaje.

El niño realiza sus primeros aprendizajes a través de la observación, experimentación e imitación y en este aspecto la televisión actúa como instrumento que mediatiza e interpreta la realidad, ofreciendo importantes modelos de realización para el niño. Pero al mismo tiempo que la televisión puede ofrecer experiencias enriquecedoras para el aprendizaje del niño, mostrándole modelos prosociales de conducta, puede también mostrar modelos antisociales o violentos, que el niño puede aprender y realizar, tal y como han señalado en sus diferentes trabajos Liebert, Vilches y Ferrés.

Destacamos por ello la importancia de realizar un adecuado control social de la televisión, sometiendo a revisión los contenidos televisivos y adecuándolos a las características de los espectadores, a su nivel de desarrollo, conocimientos, necesidades afectivas y capacidades de aprendizaje. Solo de este modo el aprendizaje mediado ofrecido por la televisión potenciaría determinadas habilidades cognitivas y comportamientos sociales.

En el aprendizaje del lenguaje, la televisión juega también un papel crucial. Dada la importancia que posee el lenguaje en el desarrollo del pensamiento infantil y la influencia que los mensajes televisivos tienen para ese pensamiento en desarrollo, en este caso el medio podría servirnos de instrumento para potenciar las capacidades lingüísticas orientando sus efectos adecuadamente.

Otra importante influencia que la televisión produce en el espectador, como bien señala Joan Ferrés, es la transformación de hábitos perceptivos, que implica una modificación de los procesos mentales, al tiempo que crea la necesidad de una hiperestimulación sensorial. El medio televisivo a diferencia de otros medios, como el verbal, va a privilegiar la percepción sobre la abstracción, lo sensitivo sobre lo conceptual. Es natural por tanto, que tienda a provocar respuestas de carácter emotivo más que de carácter racional.

Otro de los efectos que potencia la narrativa televisiva y que el autor comenta es de la necesidad de inmediatez y el sentido de la impaciencia, dada la multiplicación y superposición de imágenes e informaciones a que el medio habitúa al espectador. Dicha hiperestimulación sensorial es la que incrementa aún más la gratificación instantánea.

La televisión actúa también como vehículo importante para la apropiación de esquemas de acción y conocimientos de diversa índole. El aprendizaje de las distintas operaciones y esquemas espacio-temporales no son fruto de la herencia, sino producto de la actividad interactiva que el niño realiza con su medio próximo y la televisión juega aquí un papel crucial como coinciden en afirmar los autores Vilches, Cebrián y Ferrés.

La televisión puede así ofrecer al niño un amplio abanico de conocimientos sobre el mundo, acontecimientos que en él tienen lugar, la secuenciación de eventos en el tiempo y su comprensión. Al mismo tiempo que las consecuencias que de ello pudieran derivarse.

La televisión como cualquier otro medio de comunicación puede producir efectos positivos o negativos en el espectador dependiendo de las características del contenido que transmita. El autor M. Liebert, dedica gran parte de su obra "La televisión y los niños" a hablar de la violencia televisiva.

En cualquier caso, este efecto así como otros efectos antisociales que puede producir la televisión en el espectador, serán fruto de una programación o selección de mensajes, muchas veces inadecuados al público receptor, sus expectativas y capacidad para comprender el contenido y saber valorarlo adecuadamente. Por tanto podría afirmarse que la televisión por si misma no produce tales efectos negativos. Es importante una cuidadosa selección de los mensajes emitidos en televisión, fundamentalmente cuando éstos van dirigidos a los niños, los cuales pueden llevar a cabo por mimesis la misma apropiación de los comportamientos y actuaciones antisociales que de aquellos prosociales.

Todos hemos oído alguna vez frases del tipo "La televisión fomenta actitudes pasivas en el niño, es nefasta para su adecuado desarrollo o no puede enseñar nada que el niño no aprenda mejor por sí mismo". Sin embargo, de las investigaciones y trabajos revisados se deduce que tales afirmaciones no son en absoluto ciertas. De hecho la mayoría de las hipótesis formuladas por los investigadores sobre la atención y la comprensión se basan en la evidencia de que los niños mantienen un nivel de actividad frente al televisor. El espectador infantil ante la televisión busca la interpretación de los mensajes que se le ofrecen.

Por el contrario algunas posturas resaltan los efectos nocivos de la televisión, efectos tales como la pasividad y adicción que pueden producir en el niño dicho medio. La disminución de su actividad normal de juego y otros efectos de tipo psicológico y comportamental. Tal es el caso de la autora Alejandra Vallejo-Nágera, que en su obra "Mi hijo ya no juega, sólo ve la televisión" nos habla de los efectos nocivos de la televisión, los cuales se acentúan en los niños.

En cualquier caso, tales efectos no tienen por que ser producidos por la televisión, sino por el modo en que se expone a los niños a la utilización de este medio. Nos encontraríamos más bien ante una teleadicción al medio, que produciría efectos negativos, pero no por tratarse del medio televisivo, ya que ocurriría también en la interacción al niño con otros medios si ésta se lleva a cabo de la misma manera.

Evidentemente el aprendizaje directo que el niño realiza al interactuar con su entorno próximo es más rico en experiencias que el realizado a través de un medio como la televisión, que hoy por hoy, no permite el feedback inmediato, pero no por ello la televisión ha de ser considerada como un instrumento nefasto o no apto para el desarrollo del niño.

Por supuesto, la televisión también tiene efectos nocivos. Puede provocar una actitud pasiva, pues al ser una actividad meramente receptiva no supone ningún esfuerzo y anula la iniciativa del niño. Se ha comprobado que la televisión es una de las causas del fracaso escolar porque en lugar de estudiar, ven la televisión. También les resta tiempo para desarrollar otras actividades, como puede ser la lectura o los juegos creativos.

La televisión presenta estereotipos como los de los diferentes papeles sexuales del hombre y la mujer porque limitan la percepción de la realidad y restringe los puntos de vista.

La publicidad puede ser muy nociva para los niños porque les manipula, las imágenes y la forma de presentar los productos les hace desearlos, pero ellos no saben que se los están intentando vender y los niños exigen a sus padres que se los compren.

Según Francisco Javier Rodríguez, muchas veces los padres usan la televisión como medio para tener a los hijos entretenidos y así no ocuparse de ellos, por lo que muchos niños ven la televisión solos, lo cual es perjudicial ya que nadie les restringe la programación. Otro error que cometen los padres es utilizar la televisión como premio cuando el niño obedece y prohibirle verla en caso contrario.

El lenguaje utilizado en los programas infantiles es pobre y tópico y no enriquece el vocabulario del niño lo cual le perjudica enormemente porque está en una etapa importante de aprendizaje del lenguaje. Además el uso de palabras malsonantes en la televisión ha aumentado considerablemente en los últimos años.

Hace unos años se realizó un estudio preguntando a un grupo de niños qué harían si se estropease su televisor, y se obtuvieron unos resultados bastante curiosos: aproximadamente la mitad de los niños encuestados la arreglarían, comprarían otra, o irían a verla al domicilio de un amigo, vecino o familiar; y la otra mitad jugaría.

La violencia:

Lorenzo Vilches alude a diferentes estudios sobre el tema, algunos de los cuales sacan como conclusión que los niños son violentos porque imitan lo que ven en televisión, ya que se muestran constantemente modelos de comportamiento y estereotipos a seguir. Así, los niños que veían programas violentos de la televisión e iban a acostarse inmediatamente después de verlos, resolvían sus problemas con agresividad.

Se llegaron a conclusiones tales como que el impacto de la televisión debe evaluarse en el contexto de otros medios y en el contexto de la vida del niño tanto en su casa como en el colegio. Una hipótesis no muy apoyada dice que la violencia que se muestra no es real, ni por la cantidad ni por el tipo de violencia, lo que explica el efecto catártico de la violencia.

En estudios de los años sesenta y setenta se afirma que puede haber una relación entre la violencia televisiva y la violencia en la sociedad pero esta influencia siempre depende de factores tan importantes como el sexo, la edad, el nivel económico, la agresividad de la persona, y la situación social.

La publicidad:

Según Juan Fco. González Ordóñez, Pedro J. González Sedeño y Eduardo E. Quesada Cañete, la publicidad y la propaganda están presentes en nuestra sociedad y tienen como vehículos de expresión a los medios de comunicación.

La publicidad puede ser considerada como un bien para el consumidor, ayudándole a conocer los distintos productos del mercado, o puede ser considerada como un modo de perpetuar la insatisfacción y la desigualdad social, creando nuevas necesidades en algunos casos ficticias (psicológicas, sociológicas, ...) que no corresponden a la realidad. La publicidad tiene distintas funciones como son la informativa, la económica, financiación de los medios de comunicación (pudiendo así mediatizarlos), sustitutiva, esterotipadora, desproblematizadora y la función conservadora.

A diferencia de la publicidad, que nos vende productos de consumo, la propaganda nos vende unas ideologías determinadas. Su finalidad básica es la del control de la población y de sus conductas. La propaganda y la democracia no son incompatibles ya que la propaganda es la medida de control de los estados democráticos, equiparable a la fuerza y el miedo utilizados por los estados autoritarios. En la democracia hay dos tipos de ciudadanos: la élite o clase especializada y la población o rebaño desconcertado. La élite es la que emite la propaganda y controla, o por lo menos lo intenta, a la población.

Los poderes económicos son los que poseen a los medios de comunicación, razón por la que dichos medios defienden unos ideales determinados, intentando, y consiguiendo en demasiadas ocasiones, crear consumidores pasivos en lugar de consumidores responsables y activos. Éstos poderes financieros no se rigen por los ideales democráticos sino por las reglas de los mercados internacionales. Lo económico prima sobre lo político, de forma que se ha producido una trasferencia de poder, donde son los poderes financieros los que ejercen más poder en ocasiones que los propios gobiernos.

El sistema democrático se ha debilitado. Lo que hoy importa es la economía, el mercado y no temas de estado como la política social.

La perspectiva de Gerbner:

Gerbner ha analizado principalmente la violencia en la televisión y otros temas importantes como los roles masculino y femenino y las minorías, el mundo de las ocupaciones, la familia, la ancianidad y la muerte.

La comunicación de masas tiene una gran influencia porque tiene un carácter normativo, crea un marco referencial común y la publicación es homogénea con lo que hay una transmisión de ideología al conjunto de la sociedad con las ventajas y peligros que ello implica.

Se puede decir que la televisión sustituye con éxito a la función antes realizada por la religión en otros tiempos, cumple la tarea de homogeneización porque sus representaciones del mundo son fáciles de entender y la exposición a ella es ritual, incluso mayor que en otros tiempos a la misa.

En cuanto a la demografía, la representación de la sociedad no corresponde con la realidad, está estereotipada y contiene una ideología específica. La acción suele ser desempeñada por hombres solteros blancos de clase media-alta de mediana edad. En cuanto a las ocupaciones, casi todos son profesionales (médicos, abogados, hombres de negocios), o agentes de la ley.

El protagonismo del hombre, entonces, es tres veces mayor al de la mujer y el número de jóvenes y ancianos que aparecen no se corresponde con el número real.

En cuanto a las clases sociales aparecen mucho más representadas que las bajas y la clase media está subrepresentada. La mayoría de los personajes tiene cargos profesionales directivos o de alto estatus.

En cuanto los roles masculinos y femeninos, la visión de las características que se les asocian es totalmente convencional y muy degradante respecto a la mujer.

La mayoría de las mujeres aparece por un interés romántico o familiar. Los hombres tienen papeles profesionales y las mujeres son amas de casa o tienen un papel subordinado al del hombre, y cuando la mujer se apropia del papel profesional del hombre tiene problemas emocionales o se deteriora éticamente. Un tercio de los hombres ha estado casado o va a hacerlo, mientras que dos tercios de las mujeres está casada, a punto de hacerlo o involucrada en algún tipo de relación sentimental.

Las ocupaciones normales de la mujer son: enfermera, secretaria, presentadora, criada o modelo, lo que confirma su carácter secundario de actividad en la sociedad. La personalidad que se le atribuye a la mujer es ser atractiva, sociable, tierna y pasiva, mientras que el hombre está relacionado con el poder, el talento, la racionalidad, y la estabilidad.

Respecto a la violencia, la mitad de los protagonistas se ven implicados en episodios de violencia y el 10% en muertes. Más del 90% de los programas infantiles incluye violencia. Los representantes de la ley y el orden son un 20% en la televisión, mientras que en el mundo real es un 1%, y aparecen en los programas de mayor audiencia.

El ejercicio de la violencia no es indiscriminado, y tanto los agresores como las víctimas responden a un estereotipo. Los grupos sobre los que se cierne la violencia son las mujeres, los extranjeros y personas de razas diferentes a la blanca y las personas de clase alta o baja, en los extremos de la escala social. Todo esto constituye un subsistema de valores de la televisión, es una forma implícita de propaganda que nos influye sin que nos demos cuenta.

Gerbner estudia el tema de la victimización y analiza la influencia de las percepciones del público según los hábitos de exposición. Aunque es consciente de que la influencia puede variar dependiendo de variables personales, sociales y culturales, si se controlan esas diferencias el efecto de exposición a la televisión es el mismo.

La tesis de Gerbner es que el resultado de la exposición a la violencia televisiva, es el aumento de la impresión de que se vive en un entorno social mezquino y peligroso (y no el aumento de las conductas agresivas en los individuos). Las consecuencias a la exposición a la violencia reiterada son las siguientes:

  • Sensación exagerada en el individuo de peligro y vulnerabilidad. Esto aumenta si se es un consumidor “duro” (más de cuatro horas diarias) en comparación con el consumidor “ligero” (menos de dos horas diarias).

  • Aumento de la demanda de protección colectiva. Si la gente teme por su seguridad le parece bien que se implanten medidas legales duras y que aumenten las atribuciones de los agentes del orden en su represión de los delincuentes.

Los resultados de las encuestas confirman estas suposiciones ya que los consumidores “duros” piensan que hay más personas en el mundo real con trabajos relacionados con la justicia; piensan que hay que tener cuidado con los desconocidos; y se consideran víctimas potenciales de los delitos.

En otra encuesta realizada a adolescentes se obtuvieron estos resultados:

  • Los consumidores “duros” sobrestiman el número de personas implicado en episodios violentos y el número de delitos graves que se cometen, más que los consumidores “ligeros”.

  • Los consumidores “duros” piensan que es más peligroso salir de noche que los “ligeros”, especialmente las mujeres.

  • Más consumidores “duros” que “ligeros” piensan que los agentes del orden usan habitualmente la violencia en su trabajo

  • Los consumidores “duros” tienden más que los “ligeros” a desconfiar de los demás y a pensar que la gente es egoísta por naturaleza.

En definitiva, las pruebas empíricas parecen demostrar las hipótesis de Gerbner y su grupo.

En cuanto a las actitudes políticas, los valores que se presentan en la televisión son claramente conservadores, y no se representan todas las ideologías por igual. Por ejemplo, se suele representar gente de clase media, con lo que los espectadores tienden a identificarse con lo que hacen y lo que piensan, las minorías y los marginados como las mujeres. Los jóvenes, los ancianos, y las personas de otras razas apenas si están representados, a diferencia de los hombres de mediana edad con poder adquisitivo; y tampoco aparecen tendencias de pensamiento o conductas no convencionales. Al ser discriminados por no aparecer, las minorías y marginados, también son discriminados en la conciencia de la gente en cuanto a sus derechos. La representación reiterada de la violencia hace que la gente desconfíe del medio social y se crean reacciones de ansiedad o tendencias represivas.

Gerbner se centra en tres cuestiones:

  • La falsa conciencia: la dominación de unas clases por otras se ve facilitada porque las clases dominadas interiorizan las normas y valores ajenos a su vida real gracias a los medios, lo que favorece la dominación.

  • La televisión facilita la expansión de las posiciones de la clase media.

  • La televisión no usa un tono neutro en realidad hay una renuncia a la utopía y un regreso a los valores retrógrados, disfrazados de realismo.

La televisión hace que en la sociedad haya un proceso de reestructuración de la conciencia de clase que hace que se limen los conflictos entre grupos con intereses enfrentados. Las personas de clase trabajadora, si son consumidores “duros”, se identifican más con la clase media.

La moderación de los mensajes de la televisión es engañosa porque se espera que la gente tenga posiciones más tolerantes con esta supuesta moderación, pero en realidad es todo lo contrario. Gerbner estudia el racismo en grupos de consumidores “duros” y de consumidores “ligeros” según su tendencia política (liberales, moderados y conservadores). Llegó a comprobar que la alta exposición a la televisión no aumenta la tolerancia de los conservadores y sí aumenta el conservadurismo de los liberales.

Analiza las actitudes hacia la integración escolar de los individuos de otras razas y de las residencias y matrimonios mixtos y demuestra que entre los liberales, los consumidores “duros” son más racistas que los “ligeros”; y que casi todos los consumidores “duros” se oponen a esta integración, mientras que los liberales llegan a igualarse a los conservadores.

Lo mismo ocurre al estudiar las actitudes hacia temas sociales importantes como el aborto, la homosexualidad y el uso de drogas blandas. Ver mucha televisión endurece las posiciones hacia estos temas, en general y no suaviza las posturas de los conservadores.

CONCLUSIONES y opinión.

La televisión es en a actualidad uno de los medios de comunicación más influyente en la sociedad. Esta influencia es desde muchos puntos de vista beneficiosa, ya que nos permite asimilar la diversidad y grandeza del mundo en el que vivimos, nos entretiene y nos mantiene informados. Además, si se emplea adecuadamente, puede potenciar la sensibilización y la concienciación social, mostrando determinados problemas del mundo como son la discriminación racial, la pobreza y la degradación del medio ambiente.

Pero la televisión también puede ser bastante perjudicial, en especial si se abusa de su consumo y no se tiene una actitud lo suficientemente crítica hacia su contenido. Este medio de comunicación, puede incluso crear adicción y dependencia de los individuos, y llegar a regir los horarios de vida de millones de personas. Por otro lado, crea una pasividad hacia la vida, hacia las experiencias directas, puesto que para mucha gente la realidad “vivida” mediante la televisión es suficiente para apagar la curiosidad hacia algunas cosas, y además resulta más cómodo observar desde un sofá en el propio hogar, que tener que desplazarse a cualquier lugar.

Otro punto en contra de la televisión, es la posible manipulación política y social que lleva consigo. En la televisión, se ofrece una verdad seleccionada, puesto que es obvio que no hay tiempo suficiente para que se cuenten todos los acontecimientos. El qué contar y cómo contarlo, no puede ser seleccionado objetivamente. Por otro lado, los individuos confían en la televisión, creen que lo que en ella se dice es toda la verdad, y no suelen darse cuenta de que hay cosas más allá. De este modo se crea un conocimiento compartido entre toda la sociedad, una forma de ver y de interpretar la vida, y por ello una conducta social aceptada, encaminándonos cada vez más hacía una sociedad globalista.

La televisión, fomenta la creación de estereotipos, nos dice como debemos comportarnos, como debemos ser físicamente, que ropa debemos llevar, que debemos comer, a quien debemos admirar o despreciar, y en general influye en todos los aspectos de la vida. Además, esto no suele hacerse de una forma abierta y directa como sería el caso de la publicidad, sino que la mayoría de las veces, ocurre de manera que no nos damos cuenta, por ejemplo a través de las series o películas, mediante unos personajes simpáticos que defienden ciertos valores o que actúan de una determinada manera, o por el contrario mediante personajes desagradables que representan la “antimoral”. Por muy crítico que se sea con la televisión, no se puede negar que a todos nos influye de alguna manera, aunque no nos demos cuenta lo llevamos en el subconsciente.

Esta influencia es especialmente destacada en los niños, que todavía no tienen una personalidad madura y que están en una edad muy receptiva, en la que aprenden de todas sus experiencias. Tanto las virtudes como los perjuicios que la televisión pueda tener, se verán multiplicados en los más pequeños.

BIBLIOGRAFÍA.

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  • http://www.uib.es/depart/gte/revelec.html. Televisión educativa.

  • http://www.ice.uma.es/edutec97/edu97_c4/2-4-10.htm. Revisión del conocimiento actual sobre la televisión y su influencia en el niño.

  • http://www.uc3m.es/uc3m/inst/MU/indice.htm. Textos de las I Jornadas sobre Televisión

  • 2

    LA TELEVISIÓN

    Y SU EFECTO EN LA CONDUCTA