La religión: Punto de vista sociológico

Ciencias sociales. Variedad religiosa. Creyentes. Símbolos. Rituales. Totemismo y animismo. Cristianismo. Islamismo. Budismo. Organización. Weber

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TEMA 6: LA RELIGIÓN

  • Definición y variedad religiosa.

  • 1. 1. Definición de la religión (y de la magia)

    Existen dificultades para proponer una definición de religión generalmente aceptada, por ello, puede resultarnos útil empezar diciendo qué no es religión:

    1º: no debe identificarse con el monoteísmo (creencia en un solo dios). En la mayoría de las religiones intervienen varias deidades. Incluso en ciertas versiones del cristianismo hay varias figuras con cualidades sagradas (Dios, Jeús, María, el Espíritu Santo, ángeles y santos). Otras, en cambio, no tienen ningún tipo de dioses.

    2º: no debe identificarse con prescripciones morales que controlan el comportamiento de los creyentes, como los mandamientos que se supone que Moisés recibió de Dios. La idea de que los dioses están muy interesados en cómo nos comportamos es extraña para muchas religiones. Para los antiguos griegos, p.e., los dioses eran en buena medida indiferentes a las actividades de la humanidad.

    3º: no se ocupa necesariamente de explicar cómo el mundo ha llegado a ser como es. En el cristianismo, el mito de Adán y Eva trata de explicar el origen de la existencia humana, y muchas religiones tienen mitos sobre el origen; pero, de igual modo, otras muchas no.

    4º: no puede identificarse con lo supranatural como algo que intrínsecamente implica la creencia en un universo “más allá del ámbito de los sentidos”. El confucionismo, p.e., se ocupa de aceptar la armonía natural del mundo, no de encontrar verdades “detrás” de él.

    ¿Qué es religión? ¿Qué características comparten todas las religiones?

    Todas implican un conjunto de símbolos, invocan sentimientos de reverencia o respeto, y están vinculadas a rituales o ceremoniales (como los servicios eclesiásticos) practicados por una comunidad de creyentes. Todos estos elementos requieren cierta elaboración. Impliquen o no dioses dichas creencias, existen siempre seres u objetos que inspiran actitudes de respeto o admiración. En algunas religiones creen en y reverencian una “fuerza divina” más que dioses personalizados. En otras hay figuras que no son dioses, pero en las que se piensa con reverencia, como Buda o Confucio.

    Los rituales asociados con la religión son muy diversos: plegarias, letanías, cánticos, ciertos tipos de comida o el ayuno. Como los actos rituales están orientados hacia símbolos religiosos, por lo general se consideran bastante distintos de los hábitos y procedimientos de la vida ordinaria (encender una vela para honrar a un dios tiene un significado distinto al de hacerlo para alumbrarse). Los rituales religiosos con frecuencia los llevan a cabo individuos en aislamiento, pero todas las religiones incluyen ceremoniales que sus miembros practican de forma colectiva, y suelen disponer de lugares especiales: iglesias, templos, etc.

    Los sociólogos suelen considerar la existencia del ceremonial colectivo como uno de los factores principales que distinguen la religión de la magia. Ésta consiste en influir en los acontecimientos por el uso de pociones, cánticos o prácticas rituales. Generalmente es practicada por individuos, no por una comunidad de creyentes. La gente muchas veces opta por la magia en situaciones de desgracia o peligro. Y aunque las prácticas mágicas han desaparecido en su mayor parte de la sociedad moderna, en situaciones de peligro las supersticiones de tipo mágico son todavía comunes, y en ocupaciones que son peligrosas o tienen factores aleatorios que pueden cambiar de forma drástica (mineros, pescadores, deportistas, etc.).

    1.2. Variedad religiosa

    En las sociedades tradicionales, la religión generalmente desempeña un papel central en la vida. Los rituales y símbolos religiosos a menudo están integrados en la cultura material y artística de la sociedad: música, pintura, talla, teatro, relato de historias y literatura. En las culturas pequeñas no hay sacerdocio profesional, pero siempre existen ciertos individuos que se especializan en el conocimiento de prácticas religiosas (y a menudo mágicas). Uno de los tipos más comunes es el chamán (palabra de origen indoamericano): un individuo al que se le cree capaz de dirigirse a los espíritus o a fuerzas no naturales mediante medios rituales.

    Totemismo y animismo

    Dos formas de religión que a menudo se hallan en culturas más pequeñas son el totemismo y el animismo. El tótem (palabra propia de tribus indias norteamericanas) se refiere a especies de animales o plantas de las que se cree que tienen poderes supranaturales. Generalmente, cada grupo de parentesco o clan dentro de una sociedad tiene su tótem particular, con el que se asocian varias actividades rituales. Y aunque pueda parecernos una práctica extraña hoy día, en ciertos contextos sigue siendo familiar el mantenimiento de símbolos semejantes a los del totemismo, como cuando un equipo o colectivo adopta un animal o planta por emblema. Una mascota es un tótem.

    El animismo es una creencia en los espíritus o fantasmas, los cuales, se piensa, pueblan el mismo mundo que los seres humanos. Tales espíritus pueden considerarse benignos o malignos, y pueden influir en el comportamiento humano, causar enfermedad o locura, y pueden también poseer individuos de manera que controlen su conducta. Las creencias animistas no están confinadas a las culturas pequeñas, sino que se encuentran hasta cierto punto en muchos contextos religiosos. En la Europa medieval se perseguía por brujos a los que se creía poseídos por malos espíritus.

    El totemismo y el animismo son más comunes entre sociedades simples que entre otras más complejas, aunque no siempre es así.

    Por otro lado, las religiones que se inclinan hacia el monoteísmo, sin embargo, son relativamente infrecuentes entre las culturas tradicionales más pequeñas. La mayoría son politeístas, creen en muchos dioses.

    Judaísmo, cristianismo e islam

    Son las tres religiones monoteístas más influyentes en la Historia. Todas originarias de Oriente Medio y todas se han influido entre sí.

    El judaísmo: es la más antigua, data aproximadamente del año 1000 a.C. Los primeros hebreos eran nómadas que vivían alrededor de Egipto. Sus profetas o líderes religiosos, en parte tomaron sus ideas de creencias religiosas existentes en la región, pero diferían de ellas en su compromiso con un único dios todopoderoso. Los hebreos creían que Dios exige la obediencia a unos códigos morales estrictos, e insistían en su pretensión a un monopolio de la verdad, considerando sus creencias como la única religión verdadera.

    El cristianismo: muchas concepciones judías fueron adoptadas e incorporadas al cristianismo. Jesús era un judío ortodoxo y el cristianismo comenzó como una secta del judaísmo; no está claro que Jesús deseara fundar una religión distinta. Sus discípulos llegaron a creerle el Mesías (el “Ungido” en hebreo, o “Cristo” en griego) esperado por los judíos. Aunque brutalmente perseguido al principio, el cristianismo fue adoptado finalmente por el emperador Constantino como la religión oficial del Imperio Romano. Y se difundió hasta convertirse en una fuerza dominante en la cultura occidental durante los siguientes dos mil años. Pero existen numerosas divisiones por lo que a teología y organización eclesiástica se refiere. Las principales ramas son el catolicismo romano, el protestantismo y la ortodoxia oriental.

    El islam: los orígenes del islam, hoy la segunda de las religiones del mundo por su difusión, se solapan con los del cristianismo. Deriva de las enseñanzas del profeta Mahoma (s. VII d.C.). Se cree que el único dios del islam, Alá, gobierna toda vida humana y natural. Los pilares del islam son los cinco deberes religiosos esenciales de los mahometanos: recitación del credo islámico “no hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta, repetición de plegarias formales cinco veces al día mirando siempre hacia la ciudad santa de La Meca durante las mismas, la observancia del Ramadán (ayuno por el día durante un mes), la entrega de limosnas a los pobres y realizar un peregrinaje a La Meca al menos una vez en la vida.

    Las religiones del Lejano Oriente

    El hinduismo: existen contrastes muy importantes entre judaísmo, cristianismo e islam, por un lado, y las religiones del Lejano Oriente, por otro. La más antigua de todas las grandes religiones aún hoy prominente es el hinduismo, que data de hace seis mil años. Es politeísta, y tiene tantas diferencias internas que algunos estudiosos han sugerido que debería considerarse como un conglomerado de religiones relacionadas entre sí.

    Aceptan la doctrina del ciclo de la reencarnación: la creencia de que todos los seres vivos forman parte de un eterno proceso de nacimiento, muerte y renacimiento. Establece un sistema de castas, basado en la creencia de que los individuos nacen dentro de una posición particular en la jerarquía social y ritual, de acuerdo con la naturaleza de sus actividades en encarnaciones previas. Para cada casta existe un conjunto de deberes y rituales diferentes. Acepta que existan puntos de vista religiosos diferentes, sin tratar de convertir a otros en “verdaderos creyentes”, a diferencia del cristianismo o el islamismo.

    Budismo, confucionismo y taoísmo: ninguna de ellas tiene dioses. En su lugar, enfatizan ideales éticos que relacionan al creyente con la cohesión y unidad naturales del universo.

    El budismo se deriva de las enseñanzas de Siddharta Gautama, el Buda (el iluminado), príncipe hindú nepalí del s. VI a.C. Según Buda, los seres humanos sólo pueden escapar al ciclo de la reencarnaciópn renunciando al deseo. El camino de la salvación reside en una vida de autodisciplina y meditación, separada de las tareas del mundo terrenal. El objetivo global del budismo es la consecución del nirvana, realización espiritual completa. Buda rechazó del ritual hindú la autoridad de las castas; tolera muchas variaciones locales y no insiste en una sola concepción.

    El confucionismo fue la base de la cultura y de los grupos gobernantes en la China tradicional. Confucio vivió en el s. VI a.C., en el mismo período que Buda. No es considerado un dios, sino como “el más sabio entre los hombres sabios”. El confucionismo trata de ajustar la vida humana a la armonía interna de la naturaleza, acentuando la veneración de los ancestros.

    El taoísmo comparte principios similares, enfatizando la meditación y la no violencia como los medios para llegar a la vida superior.

    2. Teorías de la Religión y de la Organización Religiosa

    2.1. Teorías de la Religión

    Los enfoques sociológicos de la religión están aún fuertemente influidos por las ideas de tres clásicos de la teoría sociológica: Marx, Durkheim y Weber. Todos pensaban que la religión, en un sentido fundamental, es una ilusión, imposible de separar de una serie de condicionantes naturales y sociales. Así, un individuo nacido en una sociedad australiana de cazadores-recolectores tendrá, obviamente, creencias religiosas distintas a las de uno nacido en el sistema de castas hindú o en la Iglesia católica de la Europa medieval.

    Marx y la religión: a pesar de su influencia, nunca estudió la religión con detalle. Sus ideas se derivan de los escritos de diversos autores de comienzos del XIX, como Ludwig FEUERBACH (La esencia del cristianismo). Según este autor, la religión consiste en ideas y valores producidos por los seres humanos en el curso de un desarrollo cultural, pero erróneamente proyectados en fuerzas divinas o dioses. Como los seres humanos no entienden por completo su propia historia, tienden a atribuir a la acción de los dioses valores y normas creados socialmente. Así, la historia de los diez mandamientos es una versión mítica de los orígenes de preceptos morales que gobiernan la vida de los creyentes judíos y cristianos.

    Mientras el hombre no entienda la naturaleza de los símbolos religiosos que él mismo ha creado, sostiene Feuerbach, estará condenado a ser prisionero de fuerzas históricas que no puede controlar. Él utiliza el término alienación para referirse al establecimiento de dioses o fuerzas divinas en tanto que distintas de los seres humanos. Una vez que el hombre comprenda que los valores proyectados en la religión son realmente sus propios valores, éstos serán susceptibles de realización en esta tierra y no se diferirán a un más allá. Los cristianos creen que, aunque Dios es todopoderoso y lleno de amor, los propios seres humanos son imperfectos. Sin embargo, el potencial de amor y bondad, y el poder de controlar nuestras propias vidas, creía Feuerbach, están presentes en las instituciones sociales humanas y pueden hacerse fructificar una vez que comprendamos su verdadera naturaleza.

    Marx acepta la concepción de que la religión representa la autoalienación humana. Muchas veces se cree que Marx despreciaba la religión, pero esto está lejos de la verdad. La religión, escribe, es “el corazón de un mundo sin corazón”, un refugio frente a la dureza de la realidad cotidiana. Su opinión es que la religión desaparecerá -y debe desaparecer- en su forma tradicional, porque los valores positivos encarnados en la misma pueden convertirse en ideales directrices para mejorar la suerte de la humanidad en esta tierra, no porque los ideales y valores en sí mismos sean erróneos.

    Marx declaró que la religión había sido el “opio del pueblo”, porque difiere la felicidad del hombre a una vida en el más allá, enseñando la aceptación resignada de las condiciones existentes en esta vida. Así, la atención se desvía desde las desigualdades e injusticias a la promesa de lo que está por venir. La religión tienen un fuerte componente ideológico: las creencias y valores religiosos a menudo proporcionan justificaciones de las desigualdades de riqueza y poder. P.e., la enseñanza de que “los mansos heredarán la tierra” sugiere actitudes de humildad y no resistencia a la opresión.

    Durkheim y el ritual religioso: Durkheim se concentró particularmente en la religión en sociedades pequeñas, tradicionales (Las formas elementales de la vida religiosa). No conecta primariamente la religión con las desigualdades sociales o con el poder, sino con la naturaleza global de las instituciones de una sociedad. Basó su obra en un estudio del totemismo tal como es practicado por las sociedades aborígenes australianas, y sostuvo que el totemismo representa la religión en su forma más “elemental” o simple.

    Un tótem era originalmente un animal o planta al que un grupo otorgaba u un significado simbólico particular. Es un objeto sagrado. Durkheim define la religión en términos de una distinción entre lo sagrado y lo profano. Los objetos y símbolos sagrados, sostiene, se tratan como separados de los aspectos rutinarios de la existencia, el ámbito de lo profano.

    ¿Por qué es sagrado el tótem? Porque simboliza al propio grupo o comunidad; representa sus valores esenciales. La reverencia hacia el tótem se deriva en realidad del respeto por los valores sociales esenciales. En religión, el objeto de adoración es en realidad la propia sociedad.

    Durkheim enfatiza con energía el hecho de que la religión nunca es una simple cuestión de creencia. Todas implican actividades ceremoniales y rituales regulares, en las que se reúnen un grupo de creyentes. En los ceremoniales colectivos se afirma y realza el sentido de la solidaridad del grupo.

    La ceremonia y el ritual, según Durkheim, son esenciales para vincular a los miembros de los grupos. Ésta es la razón de que no sólo se encuentre en situaciones regulares de culto, sino también en las diversas crisis vitales que suponen transiciones sociales fundamentales, como, p.e., el nacimiento, el matrimonio y la muerte. Los ceremoniales colectivos reafirman la solidaridad del grupo en un momento en el que las personas se ven forzadas a ajustarse a los cambios principales de su vida. Los rituales funerarios demuestran que los valores del grupo sobreviven a la desaparición de determinados individuos.

    Con el desarrollo de las sociedades modernas, cree Durkheim, la influencia de la religión se va desvaneciendo. El pensamiento científico sustituye progresivamente a la explicación religiosa, y las actividades ceremoniales y rituales llegan a ocupar sólo una pequeña parte de la vida de los individuos. Durkheim está de acuerdo con Marx en que la religión tradicional está al borde de la desaparición. “Los viejos dioses -dice- están muertos”. Sin embargo, afirma que hay un sentido en el que es probable que continúe la religión de forma modificada, a través de nuevos rituales que reafirman sus valores. Durkheim es vago acerca de cuáles puedan ser, pero parece que tenía en mente la celebración de valores humanísticos y políticos totales como la libertad, la igualdad y la cooperación social.

    Podría sostenerse que la mayoría de los países industrializados han fomentado efectivamente las religiones civiles (con símbolos como las banderas, canciones e himnos, y rituales como coronaciones, etc.).

    Weber y las religiones mundiales: Durkheim basa sus argumentos en un número muy reducido de ejemplos. Weber prestó más atención a lo que él denominaba las religiones mundiales, o sea, aquellas que han atraído gran número de creyentes y que han afectado de forma decisiva el curso de la historia global: budismo, hinduismo, taoísmo, judaísmo, cristianismo.

    Los escritos de Weber difieren de los de Durkheim en que se concentran en el nexo entre la religión y el cambio social. Y contrastan con Marx en que Weber sostiene que la religión no es necesariamente una fuerza conservadora; por el contrario, los movimientos de inspiración religiosa han producido transformaciones sociales dramáticas en numerosas ocasiones. Así, el protestantismo -en particular el puritanismo- fue la fuente de la concepción religiosa que se encuentra en el Occidente moderno. Los primeros empresarios fueron en su mayoría calvinistas. Su tendencia al éxito, que contribuyó a iniciar el desarrollo económico occidental, originalmente les fue infundida por el deseo de servir a Dios. El éxito material era para ellos un signo del favor divino.

    Analizando las religiones orientales, Weber concluyó que constituyen barreras insuperables al desarrollo del capitalismo industrial tal como se dio en Occidente. Esto no sucede porque las civilizaciones no occidentales estén retrasadas, sino porque han aceptado valores distintos a los que llegaron a predominar en Europa.

    P.e., el hinduismo es lo que Weber denomina una religión extramundana. Es decir, sus valores más elevados enfatizan la huida de los trabajos del mundo material hacia un plano superior de existencia espiritual. El confucionismo también actuó desviando el esfuerzo del desarrollo económico tal como éste vino a entenderse en Occidente, enfatizando la armonía con el mundo en vez de promover su dominación activa.

    Weber considera el cristianismo como una religión de salvación, que implica la creencia de que los seres humanos pueden ser “salvados” si adoptan las creencias de la religión. Las nociones de pecado y de ser rescatado del pecado por la gracia de Dios son importantes a este respecto. Generan una tensión y un dinamismo emocional esencialmente ausentes de las religiones orientales. Las religiones de salvación tienen un aspecto “revolucionario”. Mientras que las de Oriente cultivan en el creyente una actitud de pasividad hacia el orden existente, el cristianismo implica una lucha constante contra el pecado y, por tanto, puede estimular la rebeldía contra el orden establecido.

    Como valoración general, cabe decir que los tres autores señalan importantes características generales de la religión, y que sus ideas se complementan.

    2.2. Tipos de Organización Religiosa

    En todas las religiones se dan comunidades de creyentes, pero existen muchas formas diferentes de organización de tales comunidades. Un modo de clasificar organizaciones religiosas es la que propusieron por primera vez:

    Weber y Troeltsch: iglesias y sectas: una iglesia es un cuerpo religioso grande y bien establecido, como la católica o la anglicana. Una secta es una agrupación de creyentes comprometidos más pequeña y menos organizada, que generalmente se constituye en protesta frente a una iglesia, como hicieran los calvinistas o metodistas. Las iglesias tienen una estructura formal y burocrática, con una jerarquía de funcionarios religiosos, y tienden a representar la cara conservadora de la religión, integradas en el orden institucional existente.

    Las sectas son comparativamente pequeñas, usualmente aspiran a descubrir y seguir “el camino verdadero”, y tienden a retirarse de la sociedad circundante a comunidades propias; consideran corruptas las iglesias establecidas, tienen pocos funcionarios, o ninguno, y todos los miembros participan en pie de igualdad.

    Becker: denominaciones y cultos: este autor añadió estos dos conceptos. Una denominación es una secta que se ha “enfriado” y se ha convertido en un cuerpo institucionalizado en lugar de un grupo de protesta activo. Las sectas que sobreviven durante cierto período de tiempo se convierten inevitablemente en denominaciones (como ocurrió con el calvinismo). Las iglesias reconocen más o menos como legítimas a las denominaciones, y éstas coexisten con aquéllas en cooperación armoniosa muchas veces.

    Las cultos se asemejan a las sectas, pero tienen énfasis diferentes. Son las más débilmente ligadas y las más transitorias de todas las organizaciones religiosas, pues se componen de individuos que rechazan lo que consideran valores de la sociedad exterior. Se centran en la experiencia individual, reuniendo a individuos con opiniones e inclinaciones parecidas. Las personas no se adhieren formalmente a un culto, y sus miembros pueden mantener otros vínculos religiosos. Ejemplos de cultos son los creyentes del espiritualismo, la astrología o la meditación trascendental.

    Estos cuatro conceptos son útiles, pero sólo para analizar aspectos de la organización religiosa cristiana. Como en el caso del islam, en religiones no cristianas no siempre hay una iglesia claramente diferente e independiente de otras instituciones, y otras religiones no tienen una jerarquía burocrática desarrollada. Tampoco tendría sentido llamar “denominaciones” a las diversas subdivisiones del hinduismo.

    No obstante, y a pesar de estar culturalmente condicionados, estos cuatro conceptos nos ayudan a analizar la tensión que todas las religiones tienden a generar entre la “revitalización” y la institucionalización.

  • La Revolución Islámica

  • Un sistema religioso tradicional como el islam ha sufrido un resurgimiento esencial y se ha convertido en la base de importantes desarrollos políticos a finales del s. XX. Así ocurió en Irán a fines de los años 70. En años más recientes, el fundamentalismo islámico (un énfasis en la interpretación literal de los textos de las escrituras) ha tenido también un impacto significativo en otros países (Egipto, Siria, Líbano y Argelia). ¿Qué explica esta renovación a gran escala del islam?

    El desarrollo de la fe islámica

    El islam, como el cristianismo, es una religión que ha estimulado continuamente el activismo: el Corán -la sagrada escritura islámica- está lleno de instrucciones dadas a los creyentes para que “luchen en el camino de Dios”. Esta lucha se dirige contra los no creyentes y contra los que introducen la corrupción dentro de la comunidad musulmana. A lo largo de los siglos han existido sucesivas generaciones de reformadores musulmanes, y el islam ha quedado tan dividido internamente como el cristianismo. El karigismo y el shiísmo se separaron del cuerpo principal del islam ortodoxo en épocas tempranas de su historia. Los karigitas sostienen creencias fuertemente igualitarias, rechazando todas las formas de privilegio material y proclamando que los culpables de graves pecados no pueden seguir siendo considerados musulmanes. No duraron como secta, pero en algunos aspectos son precursores de los movimientos fundamentalistas.

    Los shiítas, en cambio, han conservado su influencia. Es hoy la religión oficial de Irán y fue la fuente de las ideas subyacentes a su revolución. Los orígenes se remontan al Imán Alí, un líder religioso y político del siglo VII que mostró cualidades de devoción personal a Dios y una virtud descollantes entre los gobernantes de la época. Los descendientes llegaron a considerarse líderes legítimos del islam, puesto que sostenían que pertenecían a la familia del profeta Mahoma.

    El shiísmo ha sido la religión oficial de Irán, y existen importantes poblaciones shiítas en otros países, como Turquía, Irak y Arabia Saudí. El liderazgo islámico en estos países está, sin embargo, en manos de la mayoría sunnita, que sigue el “Camino Hollado”, una serie de tradiciones que derivan del Coran y que toleran una considerable diversidad de opinión.

    El Islam y Occidente

    Durante la Edad Media hubo una lucha más o menos constante entre la Europa cristiana y los estados musulmanes, que controlaban grandes áreas de lo que se convirtió en España, Bulgaria, Yugoslavia, Grecia y Rumanía. La mayoría de las tierras conquistadas por los musulmanes eran reclamadas por los europeos, y muchas de sus posesiones en el norte de África fueron de hecho colonizadas cuando el poder occidental aumentó en los siglos XVIII y XIX. Esos reveses fueron catastróficos para la religión y civilización musulmanas, que los creyentes islámicos consideraban la más alta y avanzada de cuantas eran posibles. A fines del XIX, la incapacidad del mundo musulmán para resistir la expansión de Occidente desembocó en movimientos reformistas que trataban de devolver el Islam a su fuerza y pureza originales, afirmando la identidad de sus propias creencias y prácticas.

    La idea se ha desarrollado de diversas formas en el s. XX, y formó el telón de fondo de la “Revolución Islámica” en Irán en 1978-79. La revolución se alimentó inicialmente de la oposición interna al sha Mohammed Reza, que había aceptado y tratado de promover formas de modernización inspiradas en Occidente. El movimiento que derribó al sha unió a personas con intereses muy diversos, muchas de ellas nada afectas al fundamentalismo islámico; sin embargo, la figura dominante fue el ayatollah Jomeini, que proporcionó una reinterpretación radical de las ideas shiítas.

    Jomeini estableció un gobierno organizado de acuerdo con la ley islámica tradicional, y la revolución hizo de la religión, tal como queda definida en el Corán, la base directa de toda la vida política y económica. Un estricto código (que segrega a hombres y mujeres, condena a muerte la homosexualidad y a lapidación al adúltero) que está acompañado de una concepción sumamente nacionalista que se afirma a sí mismo especialmente contra influencias occidentales.

    Evidentemente, los movimientos de revitalización del islamismo no pueden entenderse sólo en términos religiosos; representan en parte una reacción contra el impacto occidental, y un movimiento de afirmación nacional o cultural.

    SOCIOLOGÍA

    TEMA 6: LA RELIGIÓN

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