La familia de Pascual Duarte; Camilo José Cela

Literatura española contemporánea. Narrativa expresionista. Realismo social. Muertes no justificadas. Adjetivación literaria. Personajes. Psicología

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INTRODUCCIÓN

Camilo José Cela, escritor español ganador de un premio Nobel de literatura, nació en la localidad gallega llamada Iria Flavia en 1916. Estudió en la universidad de Madrid, y tras esto empezó a escribir. En su obra se pueden encontrar tanto novelas como poesía, libros de viajes, memorias o teatro.

Su primera novela, escrita en 1942, es La familia de Pascual Duarte. Es, a la vez que la primera, una de las obras que más éxito ha cosechado entre las escritas por Cela. La familia de Pascual Duarte está narrada en forma autobiográfica, y es la historia de un hombre que vive en un pueblo de Badajoz y cuya vida le lleva a acabar en la cárcel esperando a ser ejecutado. El hecho de que se haya escrito en forma de autobiografía es para darle más verismo y presentar la historia desde un punto de vista interesado desde el que se justifican las acciones de Pascual Duarte.

Dada la aparente predisposición del protagonista a matar a cualquiera que le incordie, es interesante hacer un pequeño estudio sobre la existencia o no de una justificación para cada asesinato relatado que Pascual Duarte comete: si mataba porque era necesario, si tenía alguna razón de peso para hacerlo o si únicamente mataba porque sí, en un arrebato. En el presente trabajo se realiza un pequeño estudio sobre este tema.

MUERTES JUSTIFICADASð

En primer lugar cabría destacar la importancia del análisis de los asesinatos cometidos por el protagonista de la obra, Pascual Duarte, en el sentido de si se podrían considerar muertes justificadas o no justificadas. Dicho análisis tiene importancia porque nos ayudará a desvelar importantes características de la personalidad del personaje, como puede ser su carácter primitivo.

Antes de nada, me gustaría aclarar que Pascual Duarte, en el fondo, es una persona buena y que su comportamiento en muchas ocasiones no tiene tanto que ver con su carácter como con las circunstancias en que se encuentra y la forma y ambiente en que fue criado. Teniendo en cuenta esto se pueden entender con mayor facilidad las causas que le llevan a cometer algunos de los asesinatos que lleva a cabo.

La primera muerte citada en la novela es la de la perra de Pascual. Esta muerte no se puede justificar por causas lógicas, si bien mirándola desde el punto de vista del protagonista tal vez logremos acercarnos a las razones que le llevaron en ese momento a disparar contra su perra. En el momento de los hechos Pascual Duarte se encontraba cazando con su perra y cuando termina se va a sentar en una piedra, entonces la perra `Chispa' se echa enfrente de él y le mira de una forma extraña que Pascual Duarte interpreta como diabólica: “escrutadora y fría... como si fuese a culparme de algo de un momento a otro”. Por algún motivo ajeno a nosotros dicha mirada pone muy nervioso a Pascual, y le inquieta de tal forma que la única manera que encuentra de que la perra le deje de mirar de esa forma es matarla; al narrar los hechos él mismo intenta describir las sensaciones que esa mirada de la perra le producen: “un temblor recorrió todo mi cuerpo... su mirada me calentaba la sangre de las venas de tal manera que se veía llegar el momento en que tuviese que entregarme... mis ojos se entornaban dominados por el mirar, como un clavo, del animal.”. Sensaciones a las que sólo será capaz de poner fin matando a la perra, acto que en ese momento casi realiza de una forma instintiva, prácticamente sin pensar y que él intenta justificar con las circunstancias en que es realizado, describiendo lo que se le pasaba por la cabeza en ese momento: “la escopeta, de un solo caño, se dejaba acariciar, lentamente, entre mis piernas...cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar.”.

El siguiente asesinato a que se hace referencia en la obra también es de un animal, en este caso una yegua. Al poco de casarse Pascual con Lola, y después de pasar ambos unos días en un hotel de Mérida, cuando vuelven al pueblo montados en la yegua Pascual se queda en un bar con unos amigos y deja a Lola volver sola a casa, a lomos de la yegua; entonces la yegua (no sabemos por qué) descabalga a Lola y ésta aborta el hijo que estaba esperando y por el cual se habían casado. Cuando Pascual conoce la noticia no le da tiempo a pensar nada de lo furioso que está “la rabia que llevaba dentro no me dejó ver claro; tan obcecado estaba que ni me percaté de lo que oía”, y al instante se dirige al establo con la intención de matar a la yegua “el animal estaba despierto, como impaciente... Fue cosa de un momento. Me eché sobre ella y la clavé; la clavé lo menos veinte veces... El animalito no dijo ni pío”. También hay que tener en cuenta que el comportamiento de Pascual Duarte en este momento se puede haber visto condicionado por lo felices que habían sido esos días y el shock de recibir la noticia repentina del aborto de Lola.

Estas dos muertes tienen algo de absurdo en cuanto a que tanto la perra como la yegua son animales y, supuestamente, no pueden pensar y, por tanto, no habrían hecho lo que hicieron intencionadamente, sino fruto de la casualidad. No obstante, esto no parece convencer a Pascual Duarte, que trata a los animales como si fueran seres humanos normales y todo lo que hicieran lo hicieran queriendo; si primero había castigado a la perra por mirarle de una forma tan cruel y perversa, ahora mata a la yegua para que no pueda volver a causar problemas (como si la yegua hubiera descabalgado a Lola con malas intenciones). La yegua, además, no parece ser un animal problemático o con mal carácter, puesto que en el momento en que Pascual la ataca ni siquiera relincha. En este sentido, estas dos muertes no estarían justificadas, puesto que al tratarse de animales irracionales no tiene sentido el matarlos por causar daños en un momento determinado.

El primer asesinato de una persona del que se habla en el libro es el del Estirao. Este asesinato es perpetrado por razones que quizás nos sea más fácil comprender que las de las anteriores muertes. Todas las veces que se mencionan diálogos entre Pascual y el Estirao, éste último actúa de un modo muy arrogante y provocativo, intentando pinchar siempre a Pascual y ofenderle para luego humillarle. En múltiples ocasiones el Estirao hace alarde de su hombría y de la falta de ésta de Pascual, así como incluso llega a amenazar de muerte a Pascual varias veces, como las mencionadas a continuación: “Que si tú fueses el novio de mi hermana, te hubiera matado... Y que si te tropiezo otro día rondándome, te mato en la plaza por la feria”, “te pegaré dos tiros igual que a un perro rabioso... No sabrás tú matarme”, “¡devuélvemela, que te mato! ”. Pero el comportamiento del Estirao con Pascual no sería razón suficiente (al menos, para nosotros) para matarle sin todo lo que éste le hace a Pascual: en cuanto a su hermana (que la acaba de deshonrar) y en cuanto a su mujer (que cuando Pascual vuelve de Galicia va a tener un hijo del Estirao); todo el odio que Pascual siente hacia él con razón y, aún así, los esfuerzos que hace por controlarse y no matarle quedan revelados en los siguientes fragmentos de la novela: “Salí a buscar al asesino de mi mujer, al deshonrador de mi hermana, al hombre que más hiel llevó a mis pechos”, “has matado a mi mujer... has deshonrado a mi hermana... Me has buscado las vueltas hasta que me encontraste; yo no he querido herirte, yo no quise quebrarte el costillar...”. Pero a pesar de los enormes esfuerzos que hacía Pascual Duarte para no matar al Estirao, éste no se cansaba de contestarle con expresiones ofensivas, y ante la última sentencia “¿Entonces, me quería? ” Pascual no resiste más la chulería intencionada del Estirao; después de hablar mal de la mujer y la hermana de Pascual, éste lo acaba matando a pesar de que ésta no era su intención; es más, es lo que intentaba evitar porque “No te mato porque se lo prometí... A Lola”.

El asesinato de la madre de Pascual es el de mayor relevancia en la obra, y con él acaba el escrito en el que Pascual contaba su vida. Este asesinato tiene una importancia muy destacable por varias razones: por una parte, es la acción de matarla lo que llevará a Pascual Duarte a la cárcel la segunda vez - de donde no volverá a salir, y donde acabará siendo ejecutado por su acción; pero lo que le da una mayor relevancia dentro del contexto de la obra a este asesinato matricida es todo lo que la muerte de su madre significa para Pascual; parece que éste no tuviera otra salida que matarla, que lo deseara y que, una vez hecho, se sintiera mejor que durante el resto de su vida. De esta misma forma, este asesinato es el que parece más justificado de todos, pues a lo largo de la obra van surgiendo escenas y comentarios que nos revelan el odio tan profundo que siente Pascual por su madre. Ya simplemente con los adjetivos con que los diferentes personajes, o incluso el mismo Pascual nos la describen, nos da la sensación de ser una persona repelente y odiosa que parece vivir únicamente para hacer la vida imposible a los demás (sobre todo al pobre Pascual): a lo largo de la obra se nos presenta como una persona “violenta, desabrida, ruin, de muy mal humor, que blasfema mucho, borracha, ignorante, bruja, con poca educación y una gran escasez de virtudes, fingidora y de conversación hiriente e intencionada”. Aún si nos olvidáramos de todo lo que entre ella y su padre le hacen pasar de pequeño, no faltarían acciones que justificaran el odio que Pascual le acaba teniendo, odio que le llevará a matarla. Excluyendo su comportamiento en diversas situaciones de escasa importancia, el hecho que, según el mismo Pascual Duarte, le lleva a abrir ese odio hacia su madre es su comportamiento con el señor Rafael presente; tras la muerte del padre de Pascual, éste pasaba por su casa cuando quería, y en una ocasión en que Mario le muerde una pierna y el señor Rafael le da una patada que lo deja sin sentido, la madre de Pascual no hace más que reírse con él de la “broma”, y no es hasta que éste se marcha que ella coge a Mario y lo cuida con todo el cariño del mundo (lo cual demuestra su preocupación por que el señor Rafael no viera que se preocupaba de su hijo y que la viera tan ruin como él); estas intenciones se pueden ver en los siguientes fragmentos: “La criatura se quedó tirada todo lo larga que era, y mi madre... no lo cogía y se reía haciéndole el coro al señor Rafael”, “Cuando el señor Rafael acabó por marcharse, mi madre recogió a Mario, lo acunó en el regazo y le estuvo lamiendo la herida toda la noche”. Pero tras tan ingente gesto de cariño, ni siquiera es capaz de llorar la muerte de uno de sus hijos; cuando Mario al fin muere y se celebra su entierro, Pascual se siente muy desdichado e incluso llora, pero su madre actúa como si no fuera con ella “secas debiera tener las entrañas una mujer con corazón tan duro que unas lágrimas no le quedaran siquiera para señalar la desgracia de la criatura...”. Un hecho que nos señala el intento de Pascual de probarlo todo antes de tener que matar a su madre es su huida hacia América, pero su destino trágico o `mala estrella', como lo llama él, hace que se vea en Galicia sin dinero y no pudiendo hacer más que volver a su pueblo. El tiempo que Pascual estuvo fuera su madre se dedicó a poner las cosas del revés, pues aunque no hay pruebas de ello Pascual sospecha que había sido la alcahueta de Lola y el Estirao; y, cuando vuelve, el que Lola esté esperando un hijo del Estirao es lo que más le duele de todo. El último esfuerzo de Pascual para llevarse bien con su madre lo hace cuando vuelve de la cárcel (por haber matado al Estirao), pues él está muy contento, incluso tiene ganas de verla, pretende empezar desde cero, pero ella le recibe de una manera muy fría, como fastidiada por que volviera: “Era la voz de mi madre. Sentí alegría al oírla... a la luz del candil parecía una bruja... Estoy por asegurar que mi madre hubiera preferido no verme”, y las expresiones con que le contesta parecen ratificar el que le fastidiaba verle “¿Qué quieres?... ¿A ti qué más te da?”. Todas estas acciones y muchas otras son las causantes de la aparición de ese odio tan profundo y que sólo podrá acabara en tragedia en la mente de Pascual Duarte; él mismo explica en varias ocasiones cómo le había ido creciendo ese odio hasta no caberle dentro: “tal odio llegué a cobrar a mi madre, y tan de prisa había de crecerme, que llegué a tener miedo de mí mismo”, “a mi madre llegase a perderle le respeto y el cariño y las formas”, “dejó de ser una madre... llegó después a convertírseme en un enemigo... no hay peor odio que el de la misma sangre”, “Los odios de otros tiempos parecían como querer volver a hacer presa en mí. Yo trataba de ahuyentarlos, de echarlos a un lado”, “mi madre seguía usando de las mismas mañas... y malas artes... me quemaba la sangre”, “el mal crece... Empezamos a sentir el odio que nos mata; ya no aguantamos el mirar... No quería ni verla”. Y todo ese odio es el que le lleva a matar a su madre, pues él lo ve como única solución posible para librarse de la prisión psicológica en la que se encuentra encerrado: “ya no hay solución... tan cierto de que al mal había que sangrarlo, que no sobresaltó ni un ápice mis pulsos la idea de la muerte de mi madre... no podía evitar aunque quisiera... volverme atrás me hubiera conducido a la muerte, quién sabe si al suicidio”; una vez toma la decisión de matar a su madre, planea a largo plazo su muerte, teniendo siempre en cuenta tanto que es lo único que puede hacer como que no sería un asesinato injusto: “Se mata sin pensar, bien probado lo tengo; a veces, sin querer. Se odia, se odia intensamente, ferozmente, y se abre la navaja, y con ella bien abierta se llega, descalzo, hasta la cama donde duerme el enemigo... Todo está muy pensado; es un instante, un corto instante y después...”, “no titubear, no volverse atrás, llegar hasta el final”, “La conciencia no me remordería; no habría motivo. La conciencia sólo remuerde de las injusticias cometidas”, “Había llegado la ocasión, la ocasión que tanto tiempo había estado esperando... Quería decidirme, pero no lo acababa de conseguir”. Pero aún sabiendo que no le queda otra solución, no se decide y acaba dando la vuelta para irse, entonces el suelo cruje y su madre se despierta: ya sólo la puede matar porque ésta le ve con el cuchillo y podrá sacar conclusiones (“Entonces sí que ya no había solución. Me abalancé sobre ella...”); y aunque durante todo el tiempo que había pasado en la habitación intentando decidirse se le pasó por la cabeza la idea de que ella le había dado la vida (aunque al poco tiempo de pensar eso pensó que con ello no le había hecho ningún favor), finalmente y una vez hecho se siente muy aliviado y como libre por primera vez en su vida, esto se pude apreciar claramente en el final de la obra, en el que vemos por primera vez la magnitud del sentimiento de aprisionamiento que su madre le provocaba a Pascual Duarte, y la necesidad que éste tenía de librarse de ella para poder vivir: “una sensación como de alivio me corrió las venas. Podía respirar...”.

Ésta última muerte, la de la madre de Pascual Duarte, seguramente sea la más justificable debido a que ella le atosigaba de una forma que no le dejaba vivir y, de hecho, Pascual Duarte no es del todo libre hasta que mata a su madre. Las otras muertes, si bien la del Estirao quizás tenga una mayor justificación, se podrían considerar como realizadas de forma instintiva: había algo que hizo reaccionar a Pascual Duarte y ante ese estímulo él no encontró más respuesta que la de matar a quien lo estaba produciendo. Retomando lo dicho con anterioridad, las muertes de la perra y la yegua son absurdas debido a que son animales y no saben lo que hacen; sin embargo la muerte del Estirao se podría decir que viene empujada por él mismo, ya que su única intención cada vez que habla con Pascual es la de ofenderle y pelearse con él (sólo que saliendo victorioso).