La derrota del pensamiento; Alan Finkielkraut

Escritor y ensayista francés. Política. Nación. Problemas raciales. Sociedad. Evolución. Globalización. Intolerancia. Consumo. Consumidores. Jóvenes. Cultura

  • Enviado por: Dinamyd
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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El ensayista francés Alain Finkielkraut es conocido sobre todo por La Derrota del pensamiento, una obra en la que protesta contra la banalización de la cultura y defiende los valores de la modernidad. Hijo único de un marroquinero judío polaco deportado a Auschwitz, Alain Finkielkraut nació en París en 1949. En la actualidad es profesor de la prestigiosa Ecole Polytechnique de París y se lo reconoce como uno de los filósofos más brillantes de su generación. Entre la docena de ensayos que ha publicado se destacan El judío imaginario (1981), La sabiduría del amor (1984), La humanidad perdida (1996) y La derrota del pensamiento (1987). Finkielkraut, discípulo de Hannah Arendt, Lévinas y Kundera, y cofundador, junto a Bernard-Henri Lévy, del Centro de Investigaciones y Estudios Levinasianos, es ante todo un intelectual de la incomodidad, enfrentado con las ideas bien pensantes.

El comentario del capitulo “Un par de botas equivalente a Shaskespeare” analiza como los valores de unos y otros grupos difieren enormemente en función de sus necesidades más inmediatas. De esta forma los europeos más acomodados y despreocupados mayoritariamente, disfrutan de su pasado cultural o bien intentan crear una nueva diversión- ocio, que le permitan disfrutar todo lo bueno de la vida. Por otro lado tenemos a los emigrantes de esos países tercermundistas donde su finalidad más inmediata e importante, en muchos casos, es la de encontrar sustento cada día.

“Los herederos del tercermundismo no son os únicos que precolizan la transformación de las naciones europeas sociedades multiculturales. Los profetas de la postmodernidad exhiben actualmente el mismo ideal. Pero mientras los primeros, frente a la arrogancia occidental, defienden la igualdad de todas las tradiciones, los segundos, para oponer los vértigos de la fluidez a las virtudes del arraigo” Este fin de siglo ha puesto al descubierto que las ideologías radicales, las posturas recalcitrantes y los fenómenos de exclusión nuevamente cobran vigencia.

El racismo y la intolerancia son alimentados por prejuicios y estereotipos, odios ancestrales y rechazo a una vida colectiva basada en la pluralidad y la convivencia solidaria. Con la creciente globalización, las migraciones y los avances tecnológicos, las tendencias cruzan fronteras y se expanden de forma tal que diversos sectores de la sociedad se vuelven vulnerables a su impacto.

La intolerancia no ha sido particularidad de una cultura o un período determinado. Es un fenómeno que ha estado presente en la historia humana ocasionando guerras, persecuciones religiosas y violentas confrontaciones ideológicas, ya que toda cultura tiende a defender los elementos que forjan su identidad, reaccionando ante el otro con suspicacia u hostilidad.

A pesar de lo anterior, resulta paradójico que en esta época en que la democracia se ha convertido en un paradigma a nivel mundial, estemos presenciando el resurgimiento de comportamientos discriminatorios y violentos que amenazan la coexistencia armónica.

Las naciones posmodernas no son homogéneas; más aún, se caracterizan por su diversidad de intereses, valores y conductas. Una sociedad plural no sólo debe tolerar modos de vida antagónicos sino que debe considerar que su misma existencia es un valor importante

Si pretendemos construir sociedades multiculturales en las que se legitime la presencia de las diversas minorías, es menester promover una cultura de la tolerancia que legitime el derecho a las diferencias, que impulse el diálogo y fomente el conocimiento mutuo.

“¿que quiere el pensamiento posmoderno? Lo mismo que las Luces: hacer independientes al hombre, tratarle como un adulto, en resumen, para usar palabras de Kant, sacarle de la condición de minoría de edad de la que el mismo es responsable” El posmodernismo, cita John Daniel, es difícil de definir; "No creé en la narrativa general, pone en duda la posibilidad del orden y niega que exista el comportamiento objetivo. El posmodernismo surgió primero en arquitectura; como un mosaico de elementos y estilos de cualquier procedencia.

A partir de la arquitectura el posmodernismo se difundió a la mayoría de las áreas de las ciencias humanas y sociales, recogiendo por el camino más y más elementos que añadir al mosaico. Es una mezcla relativa sin un núcleo central. Para explicar un poco más el término, John Daniel recurre a dos conceptos previos a la posmodernidad: la premodernidad y la modernidad.En el mundo premoderno todo lo significativo derivaba de la autoridad y la tradición ejercía una fuerte influencia en el comportamiento de los individuos. Los posmodernistas citan a la Iglesia Católica Romana como un ejemplo de institución premoderna. La explicación de las cosas se asumía como un dogma de fe. "A la premodernidad siguió la modernidad, que derivaba su inspiración e impulso del humanismo del Siglo de las Luces (siglo XVIII). El Siglo de las Luces rechazaba la autoridad y la tradición, sustituyéndolas con la razón y la ciencia. Los individuos autónomos pueden hallar significado y verdad mediante la razón y la ciencia, lo cual conduce en forma natural a la idea de progreso y a una actitud que valoriza tanto lo novedoso como lo racional. Mediante el uso de la razón y la ciencia podemos descubrir conocimientos novedosos que sean objetivamente verdad." En el mundo moderno la razón iluminaba la ignorancia del hombre sobre el mundo y la palabra constituía una referencia obligada para formalizar el conocimiento. De ahí el surgimiento de leyes y teorías universales que intentaba no sólo explicar el mundo sino también predecirlo.

Hoy en día el posmodernismo adopta una visión bastante diferente." Rechaza la idea del individuo autónomo y soberano y se centra, en cambio, en nuestra experiencia colectiva anónima y anárquica. Desaprueba las distinciones y hace hincapié en cómo se amalgaman las cosas (...) Debemos conformarnos con mininarrativas acerca de pequeños trechos de nuestra experiencia, sin pretender que tenga carácter universal. Los posmodernistas se oponen a las grandes narrativas porque ya no son creíbles. Para ello la historia sangrienta y los múltiples horrores del siglo XX demuestran que el avance de la humanidad es mera ilusión (...) El modernista considera que el saber es importante de por sí, porque resulta de la aplicación de la razón y de la ciencia. Para el posmodernista, el único valor del conocimiento es funcional. Está allí para ser utilizado. El saber posmodernista es un conocimiento que puede ser almacenado en un ordenador. Lo demás es ruido.

Los posmodernistas socavan la importancia del conocimiento señalan que cada quien construye con sus propios juegos lingüísticos la realidad. Por ello la existencia de juicios universales se vuelven cada vez más difícil.

En tanto el posmodernismo, con su énfasis en el relativismo y la fragmentación, se opone a la esencia de la noción de que hay derechos humanos universales. "Si todas las culturas están en pie de igualdad en cuanto a validez, entonces, ¿cuál es la razón del concepto de que un derecho humano desarrollado en una determinada cultura habría de ser aplicado en otra?"

El capitulo “Su majestad el consumidor”, como idea central se destaca que el consumo es una parte importante de la nueva cultura social, es un habito que se desarrolla desde su más tierna infancia. El consumidor desea consumir en cantidad, diversidad y calidad.

El desarrollo económico y político actual se caracteriza, según el últimoinforme del Worldwatch "La Situación del Mundo 2004" (Icaria/FUHEM), mas que por la victoria del capitalismo y la democracia sobre el comunismo, por el consumismo. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental. El cambio tecnológico nos permite producir más de lo que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos. El consumo y el crecimiento económico sin fin es el paradigma de la nueva religión, donde el aumento del consumo es una forma de vida necesaria para mantener la actividad económica y el empleo. El consumo de bienes y servicios, por supuesto, es imprescindible para satisfacer las necesidades humanas, pero cuando se supera cierto umbral, que se sitúa en torno a los 7.000 euros anuales por persona, se transforma en consumismo.

“…hubiera sido inconcebible para el burges del siglo xx extasiarse ante un par de botas o aplicar el calificativo genial a un caballo de competición . Pero lo que insopiraba dicho rechazo era el utilitarismo y no el humanismo, la desconfianza manifiesta respecto a cualquier forma de ocio…”

Hemos caído en la falsa diversión, en los falsos libertinajes, vivimos en una sociedad donde reina la apariencia y la falsía; una sociedad que parece haber perdido todos sus valores. Entre más adelantos ha tenido la ciencia, el mundo se ha mecanizado más y el hombre actual, entretenido con las máquinas y con lo que él mismo crea, se ha olvidado de sí mismo. El hombre actual se ha convertido en una máquina y el ser humano vive vacío aunque parezca que tuviera mucho..., le faltan los principios, la moral y el amor consigo mismo y con sus semejantes y es ahí cuando buscamos salidas o caminos a nuestros problemas y nos refugiamos en algún tipo de adicción... y es lo que sucede en este lugar somos adictos, hemos creado una necesidad psicológica y tal vez física... “ el hombre democrático se concibe a sí mismo como un ser independiente, como un ser independiente, como un átomo social: separado a la vez de sus antepasados, de sus contemporáneos y de sus descendientes, se preocupa, em primer lugar de proveer a sus necesidades privadas y se pretende igual al resto de los hombres”

El ultimo capitulo “Una sociedad finalmente convertida en adolescente”, la idea principal gira en torno a que los jóvenes son los cimientos de la nueva cultura, se les intenta inculcar los valores aceptados, ellos intentan cambiarlos, puede haber contradicciones pero, al final hay un consenso generalizado por todos. El Capitalismo que adopta nuevas formas de dominación nacidas de una nueva correlación de fuerzas. Un nuevo modelo económico, político y social, el neoliberalismo, nacido de la reestructuración del modo de producción capitalista, lo que unido al colapso de las primeras experiencias socialistas, nos sitúa en una nueva etapa, en la cual todos los ámbitos se encuentran afectados, y "nuevos" o "viejos" modelos se sitúan en el ojo del huracán del debate sobre su validez como alternativas a los grandes problemas que a lo largo y ancho del mundo abren interrogantes sin respuestas.

Corresponde analizar en que momento histórico nos encontramos, como funciona actualmente el sistema, como han variado los sujetos de transformación, como ha sido capaz el capitalismo de cambiar todo para que todo siga igual.

“En la lógica del consumo, por el contrario, la libertad y la cultura se definen por la satisfacción de las necesidades y, por tanto, no pueden proceder de una ascesis. La idea de que el hombre, para ser un sujeto por completo, debe romper con la inmediatez del instinto y de la tradición, desaparece de los propios vocablos que eran sus portadores”. De ahí la crisis actual de la educación…” El proceso educativo está sufriendo modificaciones dentro del marco actual de desarrollo del capitalismo.  Los ataques que sufre la educación pública van encaminados a ponerla al servicio de los intereses y beneficios empresariales y para la venta de la universidad al capital financiero. La privatización de la educación, en definitiva, responde a la política del modelo neoliberal de venta de los servicios públicos para el beneficio privado.Este proyecto de "educación de mercado" pretende eliminar cualquier resquicio de democracia en la educación haciendo de los órganos de gobierno elementos autoritarios y poniendo muchos de ellos al servicio de las empresas. Se pretende además cerrar la educación  a cualquier tipo de realidad social y política, cercenando la participación, el debate y la crítica de los estudiantes.Se articulan mediadas legislativas para consagrar la participación del capital financiero en la educación ya sea por la gestión de los recursos o por la financiación de los mismos.Pretende a su vez, acabar definitivamente con la igualdad de oportunidades a la hora de acceder a los estudios superiores, planteando un modelo a lo yanqui de competitividad entre universidades. Conduce por tanto, a la elitización de unas, las situadas en los centros de poder económico, y la degradación de otras, las situadas en zonas obreras o rurales. Este planteamiento dificulta e impide el acceso de los hijos de los trabajadores a la educación superior. Se implantan modelos como el de los créditos-renta en el cual los estudiantes dependen de los bancos para poder pagar su derecho a la educación cuestionando abiertamente la gratuidad de este derecho y con el objetivo de acabar con las becas o cualquier tipo de ayuda pública al estudio. Se supedita al principio del beneficio empresarial y los intereses privados la mayoría de las prácticas de investigación mediante el patrocinio de las mismas a través del uso de los recursos y las infraestructuras públicas por las grandes corporaciones.

La imposibilidad de encontrar trabajo a partir de las titulaciones elementales obliga a los estudiantes a completar su formación a través de los cursos de postgrado y los masters, que se establecen como complementos obligatorios y necesarios de formación que expanden de manera ilimitada la educación no reglada en manos privadas y a precios prohibitivos.A esto se unen las prácticas gratuitas y sin derechos que patrocinan las empresas como vía obligatoria para acceder a puestos de trabajo.

“¿Que ha ocurrido, pues? Por muy enigmatico que resulte, el delirio del que habla Fellini, no ha surgido de la nada, el terreno estaba preparado y puede decirse que el largo proceso de reconversión al hedonismo del consumo emprendido por loas sociedades occidentales culmina hoy con la idolatría de los valores juvenilesSon ya bastantes los pensadores de final del siglo XX que señalan como notas características de este tiempo el consumo y el hedonismo. En este sentido los jóvenes son un pueblo de reciente aparición que se impone con sus músicas, su cultura y sus costumbres, de manera que la juventud parece constituir el imperativo categórico de todas las generaciones. Así recuerda el grito “¡El Burgués ha muerto, viva el Adolescente!”. El primero sacrificaba el placer a las riquezas y a la apariencia moral, el segundo se quita la careta y quiere divertirse ante todo y escapar de los deberes de escuela de cualquier naturaleza por la vía del ocio y de las libertades. Y ésta es la manera de que la industria cultural y el comercio de la sociedad de consumo encuentran, en este recidivo “puerilismo”, el clima adecuado para ampliar la clientela...

La evolución histórica con sus impresionantes progresos va congregando razas y etnias, lenguas y culturas, creencias e ideologías en esa aldea global que hace más patente nuestro tiempo el pluralismo humano como una realidad constitutiva de la convivencia mundial.

Pluralismo y puerilismo. Pluralismo, o si se quiere “interculturalidad”, como reconocimiento de nuestra condición en el respeto a la diversidad de las personas y de los pueblos, pero que debería ayudarnos a madurar en la conciencia de la solidaridad y de la pertenencia a una misma familia que corre una suerte común que nos afecta a todos. Es un reto para el crecimiento en niveles de humanidad ante las relaciones de los seres humanos en cualquier parte del mundo, a fin de acudir en su socorro cuando se trate de desgracias y compartir bienes para poder crecer juntos en todo caso.

LA DERROTA DEL PENSAMIENTO

(Alain Finkielkraut)