Kant. Stuart Mill. Bentham

Filosofía. Racionalismo. Idealismo trascendental. Lógica. Utilitarismo. Hedonismo

  • Enviado por: Belén Kayser Vacas
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Kant

Kant dista mucho de ser un filósofo más. Su obra supuso una perfecta síntesis de las tres mayores corrientes filosóficas de la Edad Moderna: el racionalismo, el empirismo y la Ilustración. Esta síntesis significó además el origen de todo el pensamiento filosófico de los últimos doscientos años.

En los siguientes cinco años su pensamiento evoluciona desde el dogmatismo racionalista para acercarse progresivamente al escepticismo de Hume en sus teorías del entendimiento humano. En este periodo, llamado de escepticismo, escribe "Sueños de un visionario, explicados mediante los sueños de la Metafísica", refutación de las teorías del extraño filósofo Swedenborg.

En 1770 comienza su periodo crítico con "Sobre la forma y los principios del mundo sensible e inteligible", que supone el comienzo de su madurez filosófica y le valió el acceso, contando 46 años, a la plaza de profesor ordinario de lógica y metafísica de la Universidad de Königsberg. Gracias a esto terminaron por fin sus dificultades económicas, y tuvo la oportunidad de profundizar en sus investigaciones filosóficas.La concepción filosófica de Kant persigue la respuesta de cuatro preguntas: ¿Qué puedo saber?, ¿Qué debo hacer?, ¿Qué puedo esperar?, ¿Qué es el hombre?. La primera se refiere a la naturaleza, alcance y límites del conocimiento humano, y es desarrollada en "Crítica de la Razón Pura" y "Prolegómenos". ¿Qué debo hacer? estudia el problema de la conducta humana, la ética; ¿Qué puedo esperar? se refiere a la naturaleza religiosa y ¿Qué es el hombre? es un interrogatorio antropológico. Pero es la primera la que a Kant le parece más importante no ya de su trabajo, sino de toda la filosofía, porque que en su opinión es necesario plantearse qué se puede saber realmente y si es posible saber algo. En filosofía esto es denominado el Problema Crítico.

EL PROBLEMA CRITICO

Kant somete a la razón a un juicio donde ella misma es juez y defensor. Según el empirismo de Hume, las Matemáticas y especialmente la Física, no son Universales y Necesarias, y por tanto verdaderas Ciencias, por cuanto que sus deducciones no son necesarias sino que se reducen a un saber de necesidad y probabilidad. Las Matemáticas sí son Universales y Necesarias pero a costa de ser tautológicas, es decir que su predicado está contenido en el sujeto sin

aportar nada nuevo a la relación entre ambas.

Kant se propuso demostrar el carácter de Ciencia de estas disciplinas que él admiraba profundamente como integrantes del saber científico de su época. Para ello avanzó en los conceptos tradicionales de juicios analíticos y juicios sintéticos creando un nuevo tipo de juicio que llamó juicio sintético a priori. "Los juicios analíticos no dicen nada en el predicado que ya no haya sido pensado realmente en la noción del sujeto, aunque no tan claramente y con la misma conciencia. Cuando digo que todos los cuerpos son extensos, no he agregado nada absolutamente a mi noción de cuerpo... no tengo más que obtener el predicado siguiendo el principio de contradicción y así adquiero al mismo tiempo la conciencia de la necesidad del juicio". Los juicios sintéticos están basados en la experiencia, como decir que algunos cuerpos son pesados, conteniendo algo que no está implícito en el conocimiento de cuerpo, pero no son universales y necesarios. Kant formula los juicios sintéticos a priori de los que razona que son universales y necesarios pero sin estar contenidos en la experiencia, es decir, que son a priori.

Entonces pasa a demostrar que tanto las Matemáticas como la Física están constituidas por juicios sintéticos a priori, que razona mediante el ejemplo de 7+5=12. Según Kant, en el concepto de siete y en el de cinco no está ontenido el de 12, por lo que éste debe proceder de alguna otra parte, no directamente de la primera noción. Además, dice, ese mismo concepto 12 puede ser obtenido mediante la combinación, incluso con la misma operación, de otras muchas variaciones de números en los que tampoco está nunca contenido el concepto final. Un razonamiento similar le sirve para demostrar que también la Física está constituida por juicios sintéticos a priori, y por lo tanto ambas disciplinas pueden y deben ser consideradas Ciencias. Sin embargo aún le falta demostrar cómo estos juicios son elaborados por la mente humana, y para ello desarrolla una nueva teoría del conocimiento que se denomina Idealismo Transcendental.

EL IDEALISMO TRANSCENDENTAL

Partiendo de que las matemáticas no son fruto de la experiencia sino de la razón, y que sin embargo son con frecuencia aplicadas a la experiencia, deduce que alguna relación debe haber entre ambas. Según Kant, el juicio sintético a priori se construye gracias a la unión entre dos principios: uno material formado por las impresiones recibidas por nuestros sentidos y nuestra experiencia, y otro formal, a priori, innato a nuestra naturaleza e independiente del otro. Estas formas a priori que Kant enumera como Espacio y Tiempo reciben la denominación de Intuiciones.

Otra facultad cognoscitiva es el entendimiento, que reestructura las impresiones sensibles a partir de las formas a priori que tiene y que Kant denomina Categorías al agruparlas en doce diferenciadas. Para explicar la forma en que el entendimiento aplica una u otra categoría al dato sensible, Kant desarrolló una de las partes más complicadas de la Crítica de la Razón Pura, la denominada "Teoría del esquematismo de los conceptos del entendimiento puro". Todo este planteamiento integra la concepción kantiana de conocimiento, que en la relación de conocimiento el mayor peso lo lleva el sujeto cognoscente ya que son sus formas a priori las que determinan la forma exacta en que la cosa va a ser conocida. Esta es a grandes rasgos la formulación del concepto de Idealismo Transcendental de Kant. La novedad de esta teoría se debe a que anteriormente era la cosa conocida la que retenía el peso de la relación meintras que el sujeto se limitaba a recibir los estímulos emitidos por la cosa. Las formas a priori aplicadas por el entendimiento hacen que nuestro conocimiento desvirtúe y modifique las impresiones sensibles en lugar de reproducir fielmente la realidad. Debido a ello somos incapaces de conocer la realidad de las cosas exteriores que Kant denomina Cosas en Sí o Númenos en oposición a los Fenómenos o formas en que las cosas se nos presentan a través de nuestras formas a priori.

Por tanto, concluye, el verdadero conocimiento solo es posible a través de la Matemáticas y la Física. De esta forma queda delimitado el verdadero Problema Crítico, que se centra en la Metafísica, es decir, hasta qué punto puede la razón elaborar juicios sintéticos a priori sobre el universo, el alma y Dios.

John Stuart Mill

Fue educado exclusivamente por su padre, ferviente partidario de la disciplina y de los autores clásicos para moldear el carácter y la inteligencia de los jóvenes. A la edad de ocho años, cuando ya era capaz de leer autores griegos en la lengua original (Esopo, Herodoto), John Stuart empezó a estudiar latín, geometría y álgebra. Con diez años, podía leer a Platón y Demóstenes con facilidad, a los doce se dedicó al estudio de Aristóteles y de la lógica escolástica, el año siguiente comenzó a estudiar economía política y se familiarizó con las ideas de Adam Smith y David Ricardo. Esto no le impidió leer muchos libros de historia en inglés y prácticamente todas las obras griegas y latinas que se utilizaban en los colegios y universidades de la época.

Entre mayo de 1820 y julio de 1821, el joven John Stuart residió en Francia en casa de un hermano del filósofo Jeremy Bentham, y allí estudio francés, química y botánica. De vuelta a Londres, empezó a estudiar psicología y derecho, con la intención de dedicarse a las leyes, pero poco después, cuando apenas tenía 17 años, entró en la oficina de exámenes de la India House, en la

que ocupó diversos puestos: examinador ayudante en 1828, encargado de las relaciones entre la British East India Company y los estados indios de 1936 (año en que murió su padre) hasta 1856, y director de la oficina de exámenes desde ese año hasta la disolución de la compañía en 1858.

Stuart Mill rechazó entonces un puesto en el consejo del nuevo organismo encargado de las relaciones con la India y prefirió jubilarse con una pensión de 1500 libras. Poco después murió su mujer, Harriet Hardy Taylor, escritora que compartía sus ideales políticos, con la que se había casado en 1851. La actividad de John Stuart Mill como escritor empezó hacia 1822 con una serie de artículos y ensayos, que fueron apareciendo en publicaciones como The Traveller, The Morning Chronicle o The Westminster Review. Tras una crisis personal, de la que salió con un pensamiento menos rígido y con unas ideas más tolerantes sobre la naturaleza humana, Stuart Mill vuelve a publicar a partir de 1830, con trabajos sobre filosofía, lógica y economía política, aparecidos en The Examiner, The London and Westminster Review y The Edinburgh Review.

Sus ideas sobre la lógica aparecen expuestas en A system of Logic, obra en dos volúmenes publicada en 1843, en la que propone integrar la nueva lógica inductiva en la lógica deductiva tradicional como base para los nuevos métodos de investigación científica, y en la que formula una lógica de las ciencias humanas basada en las relaciones de causalidad tal como las entiende la filosofía de Hume. Las ideas sobre economía política de Stuart Mill se encuentran explicadas, básicamente, en su obra Principles of Political Economy, publicada en dos volúmenes en 1848. Convencido de que la cuestión social es tan importante como los problemas políticos, Stuart Mill pone en duda el carácter inamovible de la propiedad privada y critica el sistema de distribución del trabajo y de la propiedad que condena a las clases trabajadoras, en la emergente sociedad industrial, a una existencia desesperada de hambre y miseria. Aunque no llega a una solución de tipo socialista, John Stuart Mill tiene el mérito de haberse replanteado el tema social desde una perspectiva nueva. Tras la muerte de su mujer, Stuart Mill publicó una serie de obras sobre ética y política que en parte había escrito en colaboración con ella: On Liberty (1859), Thoughts on Parliamentary Reform (1859) y Considerations on Representative Government (1861), en las que expone sus ideas sobre el gobierno democrático de las naciones.

Al mismo tiempo, Stuart Mill participa en la vida política de forma activa. Así, apoya de forma incondicional la postura de los abolicionistas de la esclavitud en la Guerra Civil de los Estados Unidos y es elegido para el parlamento de Westminster en 1865, donde defiende sus ideas progresistas. Derrotado en las elecciones de 1868, Stuart Mill se retira a su villa de Aviñón. Allí pasó el resto de su vida, dedicado a leer, escribir, pasear y charlar con amigos y contertulios hasta su muerte, ocurrida el 8 de mayo de 1873. Tras su muerte aparecieron algunas obras más de forma póstuma: Su Autobiography y Three Essays on Religion, ambas publicadas en 1874. El cuarto volumen de sus Dissertations, recopilación de artículos y ensayos publicados en los últimos años, apareció en 1875.

BENTHAM

Nacido en Londres y principal representante del utilitarismo dio a éste el sesgo más radical al formular como primer principio de la ética el llamado "principio de interés". Ésta era, por lo pronto, el resultado de una comprobación psicológica: Bentham afirma que el hombre se rige por su interés tanto porque así se advierte cuando se profundiza en sus actos como porque así se revela en el curso de toda su historia. Mas este principio de interés es sólo el primer peldaño de la teoría utilitarista de Bentham; lo que éste quiere decir, en rigor, es que el interés del hombre es su felicidad y que ésta consiste, en última instancia, no en el goce individual y egoísta, sino en la mayor dicha posible para el mayor número posible de individuos. Pues, según Bentham, la naturaleza ha colocado al hombre bajo el imperio de "dos maestros soberanos" —el placer y el dolor— y estos maestros son los que deciden de los actos de los hombres y los que convierten todo su ética, sea cual fuere su externa formulación, en una moral "utilitaria".

El principio de utilidad o del interés es, de consiguiente, el principio de la felicidad y éste es a su vez la norma según la cual el hombre tiende al aumento del placer y a la eliminación del dolor. Sin embargo, este aparente hedonismo radical queda paliado por el hecho de que se aplica, no al individuo egoísta, sino a la total colectividad humana. Placer y dolor son entendidos por Bentham en el más amplio sentido: si es verdad que no distingue cualitativamente entre las diferentes clases de dolores y de placeres, no es menos cierto que parece aspirar a una jerarquía que, aunque fundadas en la cantidad, se aproxima cada vez más a la jerarquías clásicas. La fundamentación cuantitativa y, con James Mill, asociacionista de los placeres y dolores en que se cifra el utilitarismo antes de John Stuart Mill, no se debe, empero, simplemente a una mera teoría: en el fondo de todas las especulaciones de Bentham, y no obstante la paradoja de su hedonismo, resuena la experiencia puritana de una vida que tiene precisamente horro a toda experiencia excesiva, que combate todo impulso intenso y que concibe como bien supremo la reducción de la vida a su mínimum vital.

El Utilitarismo

Definido del modo más general, el utilitarismo es la doctrina que sostiene el primado del valor de utilidad sobre los demás valores o que sostiene inclusive que sólo él es propiamente un valor. El Utilitarismo puede ser entendido, por lo pronto, en dos sentidos: como práctica, anterior a toda especulación y a toda justificación, y como la reflexión sobre tal práctica. Si en el primer caso el utilitarios parece huir de toda filosofía, en el segundo parece intentar la elaboración de una teoría de los valores, de un ética y aún de una metafísica basadas en el predominio del valor mencionado, Sin embargo, la diferencia entre ambos utilitarismos no es tan simple. En rigor, el primero es la "actitud natural" de la vida sumergida en la acción, la idea, o mejor dicho, el vago sentimiento de que todo en la naturaleza es ventajoso o nocivo, de que ha de ser tratado utilitaria y no especulativamente. El sentido que entonces adquiere el utilitarismo es demasiado amplio para que pueda servir de definición para una doctrina filosófica —demasiado amplio y demasiado angosto, pues expresa a la vez una posición en la teoría del conocimiento—. Aun como actitud ante la vida, el utilitarismo puede entenderse de dos modos: como el acto sugerido por la inteligencia, que señala al individuo lo que le es beneficioso o dañino, y como la acción que surge del fondo mismo del instinto, de acuerdo con la conveniencia de la especie. Esta última distinción no es ociosa, no sólo porque marca netamente la diferencia entre lo que podría llamarse Provisionalmente el utilitarismo individual y colectivo, sino también, y sobre todos, porque el primero de ellos caracteriza el utilitarismo9 filosófico que representa una superación total del punto de vista egoísta y que hace

decir, por ejemplo, a Bergson que se requieren muchos siglos de cultura para forjar un utilitario como John Stuart Mill.

Si el utilitarismo filosófico representa, pues, una racionalización de la acción, no permanece en la fase primitiva de la inteligencia egoísta, sino que intenta decididamente superarla. Tal pretensión se advierte ya en la diversas corrientes morales griegas que no por azar proceden de la elaboración del punto de vista utilitario en Sócrates. Pero el utilitarismo se manifiesta con la mayor precisión en la corriente llamada justamente utilitaria, surgida en Inglaterra a fines del siglo XVIII y representa, aunque con grandes discrepancias mutuas, por Jeremy Bentham, John Mill y John Stuart Mill. En los escritos de estos pensadores y en la Westminster Review, fundada por Bentham en 1824, el utilitarismo o "radicalismo filosófico" llega a depurarse de tal suerte, que puede servir como modelo para toda discusión acerca de la ética utilitaria. En lo primero se presenta la doctrina utilitaria como un propósito de reformar los usos humanos; sin embargo, si Bentham señala esta intención es porque sólo conformándose al principio de utilidad podrá llegar el hombre a tocar la misma entraña de su existencia. El hombre es para Bentham el ser al cual "la naturaleza ha colocado bajo el gobierno de dos maestros soberanos: el dolor y el placer". De ahí la necesidad de un análisis de la naturaleza humana para que pueda ser aplicado íntegramente. Seguir este principio quiere decir, en efecto, atraer el placer y eludir el dolor. Ahora bien, estas operaciones solamente pueden ser realizadas, según Bentham, mediante una cuantificación de las afecciones, de suerte que el hombre pueda con plena consciencia y seguridad elegir lo que de acuerdo con el principio de la dicha le conviene. Así, el intento de superación del utilitarismo vulgar

que se insinúa en toda construcción filosófica adscrita al utilitarismo se advierte ya en el propio Bentham cuando sustituye el principio de utilidad por el de la felicidad y cuando señala que la determinación de esta felicidad no puede dejarse al albedrío del individuo. El objetivo de toda moral es entonces, como en las éticas clásicas, la felicidad, por la cual hay que entender, empero, simplemente el aumento de placer y la disminución de dolor. En esta proporción coinciden los tres utilitarios, bien que de manera muy distinta. En efecto, mientras Bentham determina tal aumento y disminución de un modo puramente cuantitativo, y James Mill le sigue con el intento de fundamentar la ética utilitaria en el asociacionismo psicológico, John Stuart Mill señala la insuficiencia de la cuantificación y la estrechez de un punto de vista que, extremando sus principios, iba a desembocar en una negación de todo valor vital y de todo espíritu. John Stuart Mill subraya vigorosamente el carácter cualitativo de las afecciones, pues "es enteramente compatible con el principio de utilidad reconocer el hecho de que algunas especies de placer son más deseables y más valiosas que otras. Sería absurdo que mientras en todas las demás cosas la cualidad fuera tenida en cuenta tanto como la cantidad, la estimación de los placeres dependería únicamente de esta última" (Utilitarismo, Cap. II). Esto permite no sólo señalar la superioridad específica de los placeres intelectuales y afectivos sobre los sensibles, sino superar de un modo radical todo hedonismo vulgar y en particular todo atomismo social y psicológico. Las limitaciones naturalistas, egoístas y

hedonistas del utilitarismo de John Stuart Mill quedan así claramente salvadas, y por eso el utilitarismo de John Stuart Mill no representa ya ese utilitarismo moderno meramente basado en los valores de lo agradable y empeñado en subordinar, como ha señalado Maz Scheler, el fin al medio. Al distinguir entre la felicidad y la satisfacción, John Stuart Mill invierte la jerarquía que Bentham había intentado establecer y por eso John Stuart Mill puede ser considerado sólo hasta cierto punto como un utilitario, a menos que se otorgue al utilitarismo un sentido bien diferente del que tiene toda concepción vulgar.

Hedonismo

Es toda doctrina según la cual el único bien es el placer y el mal supremo, el dolor. El hedonismo adoptado principalmente por los cirenaicos, pero desarrollado también entre los epicúreos, no equivale, sin embargo, a la busca del placer sensible, sino primordialmente a la evitación del dolor y las perturbaciones del ánimo, lo cual exige a veces inclusive una actitud ascética, una negación de todos lo sensible que pueda ser causa o motivo de ulteriores trastornos. El hedonismo se ha manifestado en muy diversas corrientes morales y ha sido adoptado por casi todas las direcciones del materialismo francés del siglo XVIII, así como por gran parte del utilitarismo inglés.

Ya esta múltiple admisión del hedonismo muestra, sin embargo, que el término no es ni mucho menos unívoco. Si, por un lado, puede entenderse el hedonismo como inclinación al placer individual, por otro puede estimarse como aquella actitud que busca, análogamente a Bentham, el mayor placer y el menor dolor para el mayor número posible de individuos. Y, en segundo lugar, el hedonismo puede entenderse en múltiples sentidos según sea la significación dada al término placer: éste puede se de carácter material, pero también de carácter moral, puede referirse a un placer que, como el romántico, tienda al infinito, como el clásico, se mantenga dentro de la mesura. Nacido en Londres, era hijo de James Mill, quien le dio una rigurosa educación basada en los principios del utilitarismo de Bentham. Después de una crisis espiritual descrita en su Autobiografía (1873; hay trad. esp.), de la que se salvó en parte por la lectura de los poetas y con cierta rebelión contra los angostos puntos de vista del utilitarismo, prosiguió la tarea de la fundamentación de las ciencias iniciada por sus antecesores de la escuela, pero con mayor amplitud en sus miras, Coincidiendo con Comte en la posición anti- metafísica, pero discrepando de él en diversos puntos capitales, particularmente en los problemas del método y en el reconocimiento de la Psicología como ciencia efectiva, J. Stuart Mill aplicó ante todo sus reflexiones a la Lógica, entendida como ciencia de la prueba, y a la Psicología, como parte esencial de las ciencias morales. La Psicología de J. Stuart Mill es de carácter netamente asociacionista; siguiendo las tendencias iniciadas por Hartley y Priestley y consecuentemente desarrolladas por el utilitarismo, Mill concibe los hechos psíquicos como estados elementales a cuya unión se otorga un carácter substancial, sin que sea lícito, por otro lado, averiguar el fundamento de semejante substancia, pues el psicólogo debe atenerse pura y exclusivamente a las relaciones entre los estados mentales elementales y a la formulación de las leyes correspondientes. Pero los hechos mentales son, en última instancia, el producto de las impresiones proporcionadas por la experiencia. Toda ciencia que no se funde en esta experiencia, todo saber que pretenda averiguar algo más que las relaciones dadas en la experiencia, son fundamentalmente falsos. Esta vinculación a la experiencia es propia no sólo de las ciencias físicas y morales, sino también de las ciencias matemáticas. Por eso la Lógica debe estudiar principalmente la teoría de la inducción como el único método adecuado para las ciencias. Los conocimientos científicos son producto de la inducción, pues las mismas generalidades ideales que se suponen adquiridas a priori son el resultado de generalizaciones inductivas. Las previsión de los fenómenos tiene, por tanto, un carácter probable, pero su probabilidad, aun la más tremenda, no es nunca seguridad definitiva. En la inducción se resuelve el silogismo, lo mismo que el axioma matemático, cuya respuesta aprioridad es el resultado de una efectiva aposterioridad. Basándose en las investigaciones de Whewell y Hershell (On the study of natural Philosophy, 1831) sobre la historia y la filosofía de las ciencias naturales, Mill establece cuatro reglas o "cánones" de la inducción destinados a averiguar las relaciones de causalidad, est es, los "antecedentes invariables e incondicionales" de todos los fenómenos; la regla de concordancia, la de diferencia, la de residuos y la de las variaciones concomitantes. Estas reglas, destinadas al investigador científico, se fundamentan por su eficacia y por la capacidad de prueba de los resultados obtenidos, Pero la relación de causalidad no es a su vez una noción a priori; es también el resultado de un procedimiento inductivo, análogos al que produce toda especie de generalización.

La lógica de las ciencias morales no se diferencia de las ciencias naturales y matemáticas más que por la cualidad de sus objetos; la dificultad de establecer reglas válidas con la mayor probabilidad obedece a la gran complejidad de los fenómenos morales, complejidad ya subrayada por Comte en su ensayo de clasificación de las ciencias. Pero contra Comte sostiene Mill la posibilidad de la Psicología como ciencia independiente. Es justamente la Psicología la que, como teoría de las asociaciones de los elementales de la vida psíquica, permite convertir las otras dos ciencias del espíritu, la Etología o estudio del carácter, y la Sociología, en ciencias deductivas, pero este carácter no es adquirido por ellas sino gracias a la fundamentación psicológica, a las generalizaciones inductivas que la ciencia de lo psíquico proporciona al investigador, Los hechos sociales son el resultado de la concurrencia de todas las circunstancias y de ahí que puedan ser en principio previsibles, pero en ellos se introduce como uno de sus factores principales el factor individual, que desempeña un papel a veces preponderante. Por esta salvedad del reconocimiento individual, la ciencia social de J. Stuart Mill no queda reducida más que a su aparato exterior a una mera estática de los factores externos; en realidad, es una dinámica de fuerzas cuyo resultado, aunque previsible, debe incluir como factor el deseo del individuo, su creencia y su voluntad. Por eso Mill, al propio tiempo que es un riguroso empirista y determinista en materia social y política, es un resuelto liberal, que amplía los cuadros del utilitarismo de Bentham con un socialismo ético. La posterior reflexión de Mill tiende a la superación del utilitarismo por medio de una afirmación del valor superior de la vida moral y del altruismo frente a la estimación unilateral del egoísmo como motor principal de las acciones humanas. En esta superación hay que incluir indudablemente su reconocimiento de los valores religiosos como factores susceptibles de colaborar en la marcha del hombreen busca del ideal moral.