Ideas de Platón

Filosofía griega clásica. Filósofos griegos. Academia de Atenas. Díalogos. Pensamiento platónico. La República. Ideas políticas y filosóficas. Dualidad. Mundo sensible y mundo de las ideas

  • Enviado por: Titi
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 23 páginas
publicidad
cursos destacados
El patrimonio Etnográfico en la Isla de La Palma
UNED
El curso trata de poner en valor el patrimonio material e inmaterial de la isla de La Palma y repasar el estado actual...
Solicita InformaciÓn

Doctorado en Unión Europea
UNED
El objetivo docente esdotar al alumno de una formación de alto nivel y especializada en alguna de las diversas líneas...
Solicita InformaciÓn

publicidad

Platón (en griego ) (ca. 447 adC/428 adC - 347 adC) fue un filósofo griego, alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, de familia nobilísima y de la más alta aristocracia. Su influencia como autor y sistematizador ha sido incalculable en toda la historia de la filosofía, de la que se ha dicho con frecuencia que alcanzó identidad como disciplina gracias a sus trabajos. Durante su juventud luchó como soldado en las guerras del Peloponeso de las cuales Atenas salió derrotada, y el poder y la economía que ostentaba sobre el mundo griego cayó en las manos de Esparta. Entre sus obras más importantes se cuentan los diálogos La República (en griego , politeia, "forma de gobernar - ciudad"), en la cual elabora la filosofía política de un estado ideal; el Fedro, en el que desarrolla una compleja e influyente teoría psicológica; el Timeo, un influyente ensayo de cosmología racional influida por las matemáticas pitagóricas; y el Teeteto, el primer estudio conocido sobre filosofía de la ciencia. Las narraciones alegóricas de algunas de sus obras, entre ellas el Timeo y el Critias, dieron origen al mito de la Atlántida.

Fue fundador de la Academia de Atenas, donde estudió Aristóteles. Participó extensivamente en la enseñanza en la Academia y escribió sobre muy diversos temas filosóficos, especialmente los que trataban de la política, ética, metafísica y epistemología. Las obras más famosas de Platón fueron sus diálogos. si bien varios epigramas y cartas también han sobrevivido. Se cree que todos los diálogos de Platón que se conocen son auténticos.

Los diálogos de Platón tienen mucha vitalidad y frecuentemente incluyen humor e ironía. Se considera que Platón es el filósofo más ameno de todos.

A Sócrates lo menciona frecuentemente en los diálogos. Cuánto del contenido y de los argumentos es obra de Sócrates o de Platón, es difícil decir, por cuanto Sócrates no dejó evidencia escrita de sus enseñanzas; esta ambigüedad es la que se conoce como el “problema socrático”. No hay duda, sin embargo, que Platón fue influido profundamente por las enseñanzas de Sócrates; de hecho sus primeras ideas y ensayos lucen como adaptaciones de las de Sócrates.

Biografía

Platón, que realmente se llamaba Aristocles Podros, y cuyo seudónimo Platón significa el de los hombros anchos, era hijo de una familia que pertenecía a la aristocracia ateniense, concretamente a la familia denominada Glaucón. Su padre se llamaba Aristón y su madre Perictione. Durante su juventud vivió las consecuencias de la guerra del Peloponeso. A los 21 años pasó a formar parte del círculo de Sócrates, el cual produjo un gran cambio en sus orientaciones filosóficas. Tras la muerte de Sócrates en el 399 adC, Platón se refugió en Megara durante un breve espacio de tiempo, donde comenzó a escribir sus diálogos filosóficos.

Sus conocimientos y habilidades eran tales que los griegos lo consideraron como hijo de Apolo y decían que en su infancia las abejas habían anidado en sus labios como profecía de las palabras melosas que salían de ellos.

Platón fue discípulo de Sócrates en su juventud y de acuerdo a sus propias palabras, estuvo presente durante su juicio, pero no en su ejecución. El trato que Atenas dio a Sócrates afectó profundamente a Platón y mucho de sus primeros trabajos registran la memoria de su maestro. Se dice que mucho de sus escritos sobre la ética estaban dirigidos a evitar que injusticias como la sufrida por Sócrates volvieran a ocurrir. Después de la muerte de Sócrates, Platón viajó extensamente por Italia, Sicilia, Egipto y Cirene en busca de conocimientos.

En el 396 adC emprendió un viaje de diez años por Egipto y diferentes lugares de África e Italia. En Cirene conoció a Aristipo y al matemático Teodoro. En Magna Grecia se hizo amigo de Arquites de Tarento y conoció las ideas de los seguidores de Parménides.

En el 388 adC viajó a Sicilia y en Siracusa, donde quiso influir en la política de Dionisio I y aprendió mucho de las formas de gobierno que plasmaría después en La República (en griego politeia que significa ciudadanía o forma de gobierno). Sus manifestaciones políticas, que en algunos casos eran irreverentes con la clase dominante, lo llevaron a prisión . Aníceris de Círene reconoció a Platón en la venta de esclavos y le compró para devolverle la libertad.

En el 361 adC, tras recobrar su libertad, Platón compró una finca en las afueras de Atenas, donde fundó un centro especializado en la actividad filosófica y cultural, al cual llamó Academia. El nombre procede del anterior dueño de la finca llamado Academo y dicha academia funcionó ininterrumpidamente hasta su clausura por Justiniano I en el 529 dC, pues veía en esta una amenaza para la propagación del cristianismo. Muchos filósofos e intelectuales estudiaron en esta academia, incluyendo a Aristóteles.

Platón también recibió influencias de otros filósofos, como Pitágoras, cuyas nociones de armonía numérica se hacen eco en la noción de Platón sobre las Formas; también Anaxágoras, quien enseñó a Sócrates y que afirmaba que la inteligencia o la razón penetra o llena todo; y Parménides, que argüía acerca de la unidad de todas las cosas y quien influyó sobre el concepto de Platón acerca del alma.

Platón murió en el 347 adC, dedicándose en sus últimos años a la academia.

Biografía (- 428 a - 347)

Los primeros años

Platón nació en Atenas, (o en Egina, según otros, siguiendo a Favorino), probablemente el año 428 o el 427 a. c. de familia perteneciente a la aristocracia ateniense, que se reclamaba descendiente de Solón por línea directa. Su verdadero nombre era Aristocles, aunque al parecer fue llamado Platón por la anchura de sus espaldas, según recoge Diógenes Laercio en su "Vida de los filósofos ilustres", anécdota que ha sido puesta en entredicho. Los padres de Platón fueron Aristón y Perictione, que tuvieron otros dos hijos, Adimanto y Glaucón, que aparecerán ambos como interlocutores de Sócrates en la República, y una hija, Potone.

A la muerte de su padre, siendo niño Platón, su madre contrajo nuevas nupcias con Pirilampo, amigo de Pericles, corriendo la educación de Platón a su cargo, por lo que se supone que Platón pudo haber recibido una enseñanza propia de las tradiciones democráticas del régimen de Pericles.

En todo caso,Platón recibió la educación propia de un joven ateniense bien situado, necesaria para dedicarse de lleno a la vida política, como correspondía a alguien de su posición. Según Diógenes Laercio llegó a escribir poemas y tragedias, aunque no podamos asegurarlo. También fue discípulo del heracliteano Cratilo, noticia esta que tampoco parece posible confirmar. La vocación política de Platón está constatada por sus propias declaraciones, en la conocida carta VII; pero su realización se vio frustrada por la participación de dos parientes suyos, Cármides y Crítias, en la tiranía impuesta por Esparta luego de la guerra del Peloponeso, conocida como la de los Treinta Tiranos, y que ejerció una represión violenta y encarnizada contra los lideres de la democracia. Sin embargo, el interés político no le abandonará nunca, y se verá reflejado en una de sus obras cumbre, la República.

La influencia de Sócrates

En el año 407, a la edad de veinte años, conoce a Sócrates, quedando admirado por la personalidad y el discurso de Sócrates, admiración que le acompañará toda la vida y que marcará el devenir filosófico de Platón. No parece probable que Platón mantuviera una relación muy intensa con el que consideró su maestro, si entendemos el término relación en su sentido más personal; sí es cierto que entendida en su sentido más teórico la hubo, y de una intensidad que raya en la dependencia. Pero también sobre su relación con Sócrates hay posiciones contradictorias. El que no estuviera presente en la muerte de Sócrates ha hecho pensar que no pertenecía al círculo íntimo de amigos de Sócrates; sin embargo, parece que sí se ofreció como aval de la multa que presumiblemente la Asamblea impondría a Sócrates, antes de que cambiara su decisión por la condena a muerte.

Primeros viajes

En el año 399, tras la muerte de Sócrates, Platón abandona Atenas y se instala en Megara, donde residía el filósofo Euclides que había fundado una escuela socrática en dicha ciudad. Posteriormente parece que realizó viajes por Egipto y estuvo en Cirene, (noticias ambas, aunque probables, difíciles de contrastar, no habiéndose referido Platón nunca a dichos viajes, por lo que también es probable que luego de una breve estancia en Megara regresara a Atenas ) yendo posteriormente a Italia en donde encontraría a Arquitas de Tarento, quien dirigía una sociedad pitagórica, y con quien trabó amistad.

Invitado a la corte de Dionisio I, en Siracusa, se hizo amigo de Dión, que era cuñado de Dionisio, y con quien concibió la idea de poner en marcha ciertas ideas políticas sobre el buen gobierno que requerían la colaboración de Dionisio. Al parecer, las condiciones de la corte no eran las mejores para emprender tales proyectos, ejerciendo Dionisio como tirano de Siracusa; irritado por la franqueza de Platón, según la tradición, le retuvo prisionero o lo hizo vender como esclavo en Egina, entonces enemiga de Atenas, siendo rescatado finalmente por un conciudadano que lo devolvió libre a Atenas.

La Academia

Una vez en Atenas, en el año 388-387, fundó la Academia, nombre que recibió por hallarse cerca del santuario dedicado al héroe Academos, especie de "Universidad" en la que se estudiaban todo tipo de ciencias, como las matemáticas (de la importancia que concedía Platón a los estudios matemáticos da cuenta la leyenda que rezaba en el frontispicio de la Academia: "que nadie entre aquí que no sepa matemáticas"), la astronomía, o la física, además de los otros saberes filosóficos y, al parecer, con una organización similar a la de las escuelas pitagóricas, lo que pudo comportar un cierto carácter secreto, o mistérico, de algunas de las doctrinas allí enseñadas. La Academia continuará ininterrumpidamente su actividad a lo largo de los siglos, pasando por distintas fases ideológicas, hasta que Justiniano decrete su cierre en el año 529 de nuestra era.

Últimos viajes

En el año 369 emprende un segundo viaje a Siracusa, invitado por Dión, esta vez a la corte de Dionisio II, hijo de Dionisio I, con el objetivo de hacerse cargo de su educación; pero los resultados no fueron mejores que con su padre; tras algunas dificultades (al parecer estaba en situación de semi-prisión) consigue abandonar Siracusa y regresar a Atenas. También Dión tuvo que refugiarse en Atenas habiéndose enemistado con Dionisio I, donde continuará la amistad con Platón. Unos años después, en el 361, y a petición de Dionisio II, vuelve a realizar un tercer viaje a Siracusa, fracasando igual que en las ocasiones anteriores, y regresando a Atenas en el año 360 donde continuó sus actividades en la Academia, siendo ganado progresivamente por la decepción y el pesimismo, lo que se refleja en sus últimas obras, hasta su muerte en el año 348-347.

Obras

Platón elige el diálogo como forma de expresión de su pensamiento; quizá como tributo a su maestro Sócrates a quién , por lo demás, convierte en interlocutor de prácticamente todos ellos; o quizá por el influjo de su época. Su obra se puede dividir en varios períodos, según distintos criterios, siendo una de las clasificaciones más aceptadas la cronológica:

1. Diálogos de juventud (de los 28 a los 38 años) (399-389)

 Los diálogos de juventud están dominados por los temas de carácter socrático, y en ellos Platón se mantiene fiel a lo enseñado por Sócrates. Son de esta época los viajes a Megara, Cirene, Egipto e Italia

- Apología de Sócrates (el conocido retrato socrático del joven Platón)
- Critón (Sócrates en la cárcel sobre problemas cívicos)
- Laques (El valor)
- Lisis (La amistad)
- Cármides (La templanza)
- Eutifrón (La Piedad)
- Ión (La poesía como don divino)
- Protágoras (¿Es enseñable la virtud?) (Hay una versión bilingüe griego/español de esta obra en internet, en las páginas del Proyecto Filosofía en español, pero necesitarás instalar la fuente griega para poder verla correctamente: la encontrarás en la página de la biografía y obras de Platón, del mismo sitio.)

2. Diálogos de transición (de los 38 a los 41 años) (389-385)

 En éste período Platón vierte en sus diálogos algunas opiniones que no podemos considerar estrictamente socráticas, comenzando a introducir elementos de su propia cosecha, algunos de los cuales apuntan ya hacia la teoría de las Ideas. Tiene lugar en ésta época el primer viaje a Siracusa (Sicilia) a la corte de Dionisio primero y la amistad con Dión. El objeto del viaje fracasa, siendo vendido por Dionisio como esclavo en Egina y rescatado por un conciudadano.

- Gorgias (Sobre retórica y política)
- Crátilo (Sobre la significación de las palabras)
- Hipias mayor y Menor (Sobre la belleza el primero, y sobre la verdad del segundo)
- Eutidemo (Sobre la erística sofista)
- Menón (¿Es enseñable la virtud?)
- Meneceno (parodia sobre las oraciones fúnebres)

3. Diálogos de madurez (de los 41 a los 56 años) (386-370)

 En estas obras encontramos ya el pensamiento de Platón en toda su dimensión. La influencia de Sócrates es mínima, y el pensamiento que expresa en los diálogos responde estrictamente al pensamiento de Platón. Su actividad se centra fundamentalmente en la Academia en Atenas.

- Fedón (Sobre la inmortalidad del alma, el último día de Sócrates en prisión)
- Banquete (Sobre el amor)
- República (Sobre política y otros asuntos: metafísicos, gnoseológicos, etc.)
- Fedro (Sobre el amor, la belleza y el destino del alma)

4. Diálogos críticos y de vejez (de los 56 a los 78 años) (370-347)

 a) (369-362, de los 56 a los 63 años): Revisión crítica de la teoría de la Ideas y de algunas de sus consecuencias, aunque ello no signifique que sean abandonadas. Segundo (369) y tercer (361) viaje a Italia a la corte de Dionisio II, quien al poco tiempo rechazó su educación.

- Parménides (Crítica de la teoría de las ideas)
- Teeteto (Sobre el conocimiento)
- Sofista (Lenguaje, retórica y conocimientos)
- Político (Sobre política y filosofía)

b) (361-347, de los 64 a los 78 años): Creciente pesimismo de Platón, si nos atenemos al contenido de sus obras últimas, que ya en la fase crítica parecían inclinarse hacia el predominio de los elementos místico-religiosos y pitagorizantes de su pensamiento.

- Filebo (El placer y el bien)
- Timeo (Cosmología)
- Critias (Descripción de la antigua Atenas, mito Atlántida...)
- Las Leyes (La ciudad ideal, revisión pesimista de la República)
- Carta VII (en esta carta Platón nos presenta su conocida y breve autobiografía)

1. La Teoría de las Ideas

La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través del cual se articula todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino tratada, desde diferentes aspectos, en varias de sus obras de madurez como "La República", "Fedón" y "Fedro". Por lo general se considera que la teoría de las Ideas es propiamente una teoría platónica, pese a que varios estudiosos de Platón, como Burnet o Taylor, hayan defendido la tesis de que Platón la había tomado directamente de Sócrates. Los estudios de D. Ross, entre otros, han puesto de manifiesto las insuficiencias de dicha atribución, apoyando así la interpretación más generalmente aceptada.

La formulación tradicional

Tradicionalmente se ha interpretado la teoría de las Ideas de la siguiente manera: Platón distingue dos modos de realidad, una, a la que llama inteligible, y otra a la que llama sensible. La realidad inteligible, a la que denomina "Idea", tiene las características de ser inmaterial, eterna, (ingenerada e indestructible, pues), siendo, por lo tanto,ajena al cambio, y constituye el modelo o arquetipo de la otra realidad, la sensible, constituida por lo que ordinariamente llamamos "cosas", y que tiene las características de ser material, corruptible, (sometida al cambio, esto es, a la generación y a la destrucción), y que resulta no ser más que una copia de la realidad inteligible.


La primera forma de realidad, constituida por las Ideas, representaría el verdadero ser, mientras que de la segunda forma de realidad, las realidades materiales o "cosas", hallándose en un constante devenir, nunca podrá decirse de ellas que verdaderamente son. Además, sólo la Idea es susceptible de un verdadero conocimiento o "episteme", mientras que la realidad sensible, las cosas, sólo son susceptibles de opinión o "doxa". De la forma en que Platón se refiere a las Ideas en varias de sus obras como en el "Fedón" (el alma contempla, antes de su unión con el cuerpo, las Ideas) o en el "Timeo" (el Demiurgo modela la materia ateniéndose al modelo de las Ideas), así como de la afirmación aristotélica en la "Metafísica" según la cual Platón "separó" las Ideas de las cosas, suele formar parte de esta presentación tradicional de la teoría de las Ideas la afirmación de la separación ("khorismós") entre lo sensible y lo inteligible como una característica propia de ella.

El dualismo sensible/inteligible

Una de las primeras consecuencias que se ha extraído de esta presentación tradicional de la teoría de las Ideas es, pues, la "separación" entre la realidad inteligible, llamada también mundo inteligible ("kósmos noetós") y la realidad sensible o mundo visible ("kósmos horatós"), que aboca a la filosofía platónica a un dualismo que será fuente de numerosos problemas para el mantenimiento de la teoría, y que Aristóteles señalará como uno de los obstáculos fundamentales para su aceptación.

Lo inteligible

En cuanto a las Ideas, en la medida en que son el término de la definición universal representan las "esencias" de los objetos de conocimiento, es decir, aquello que está comprendido en el concepto; pero con la particularidad de que no se puede confundir con el concepto, por lo que las Ideas platónicas no son contenidos mentales, sino objetos a los que se refieren los contenidos mentales designados por el concepto, y que expresamos a través del lenguaje. Esos objetos o "esencias" subsisten independientemente de que sean o no pensados, son algo distinto del pensamiento, y en cuanto tales gozan de unas características similares a las del ser parmenídeo. Las Ideas son únicas, eternas e inmutables y, al igual que el ser de Parménides, no pueden ser objeto de conocimiento sensible, sino solamente cognoscibles por la razón. No siendo objeto de la sensibilidad, no pueden ser materiales. Y sin embargo Platón insiste en que son entidades que tienen una existencia real e independiente tanto del sujeto que las piensa como del objeto del que son esencia, dotándolas así de un carácter trascendente. Además, las Ideas son el modelo o el arquetipo de las cosas, por lo que la realidad sensible es el resultado de la copia o imitación de las Ideas. Para los filósofos pluralistas la relación existente entre el ser y el mundo tal como nosotros lo percibimos era el producto de la mezcla y de la separación de los elementos originarios (los cuatro elementos de Empédocles, las semillas de Anaxágoras o los átomos de Demócrito); también Platón deberá explicar cuál es la relación entre ese ser inmutable y la realidad sometida al cambio, es decir entre las Ideas y las cosas. Esa relación es explicada como imitación o como participación: las cosas imitan a las Ideas, o participan de las Ideas.

Lo sensible

Por su parte la realidad sensible se caracteriza por estar sometida al cambio, a la movilidad, a la generación y a la corrupción. El llamado problema del cambio conduce a Platón a buscar una solución que guarda paralelismos importantes con la propuesta por los filósofos pluralistas: siguiendo a Parménides hay que reconocer la necesaria inmutabilidad del ser, pero el mundo sensible no se puede ver reducido a una mera ilusión. Aunque su grado de realidad no pueda compararse al de las Ideas ha de tener alguna consistencia, y no puede ser asimilado simplemente a la nada. Es dudoso que podamos atribuir a Platón la intención de degradar la realidad sensible hasta el punto de considerarla una mera ilusión. La teoría de las Ideas pretende solucionar, entre otros, el problema de la unidad en la diversidad, y explicar de qué forma un elemento común a todos los objetos de la misma clase, su esencia, puede ser real; parece claro que la afirmación de la realidad de las Ideas no puede pasar por la negación de toda realidad a las cosas.

La revisión crítica de la Teoría de las Ideas

En los diálogos de vejez, especialmente en los llamados diálogos críticos y, entre ellos, en el "Parménides", Platón revisa la teoría de las Ideas, especialmente en lo referente a la relación de las Ideas con las cosas y a las clases de Ideas, así como las relaciones que pueda haber entre ellas. Por lo que respecta a la relación entre las Ideas y las cosas expone Platón dos formas de relación: la imitación y la participación. La semejanza mutua que existe entre los objetos es el resultado de la imitación de un modelo que permanece él mismo inmutable; pero tal afirmación plantea, dice Parménides, un problema que no parece de menor importancia: si eso es así, entonces la semejanza que existe entre los objetos de la misma clase y el modelo que imitan deberá tener a su vez su razón explicativa en un tercer modelo al que imiten tanto la Idea como las cosas; y este argumento se podría realizar indefinidamente, ya que siempre necesitaríamos recurrir a un tercer modelo explicativo de las sucesivas semejanzas que van apareciendo (es el argumento conocido como el del "tercer hombre"). ¿Qué ocurre si en lugar de imitación hablamos de participación? Los problemas no parecen desaparecer, sino multiplicarse: ¿Participan las cosas de toda la Idea o sólo de una parte de ella? En el primer caso tendría que haber tantas Ideas como cosas, lo que contradice la no multiplicidad de Ideas; en el segundo caso las cosas participarían sólo de una parte de la Idea, lo que también contradice los principios de la indivisibilidad de las Ideas. En el transcurso de la discusión Sócrates es incapaz de solucionar los problemas que le plantea Parménides, pero se resiste a abandonar la teoría de las Ideas. De hecho Platón no la abandonará nunca. Otra cuestión que se discute es la de si existen Ideas de todas las cosas o sólo de los objetos o realidades nobles; Sócrates vuelve a reconocer lo absurdo que parece afirmar que existen Ideas de cosas innobles y abyectas, como el pelo y cosas así, pero tampoco está dispuesto a renunciar a su teoría: parece que tiene que haber Ideas de todas las cosas y que de alguna manera esos objetos universales, las esencias, han de ser reales y han de existir.

La jerarquización de las Ideas

Las Ideas, por lo demás, está jerarquizadas. El primer rango le corresponde a la Idea de Bien, tal como nos lo presenta Platón en la "República", aunque en otros diálogos ocuparán su lugar lo Uno, (en el "Parménides"), la Belleza, (en el "Banquete"), o el Ser, (en el "Sofista"), que representan el máximo grado de realidad, siendo la causa de todo lo que existe. A continuación vendrían las Ideas de los objetos éticos y estéticos, seguida de las Ideas de los objetos matemáticos y finalmente de las Ideas de las cosas. Platón intenta también establecer una cierta comunicación entre las Ideas y, según Aristóteles, terminó por identificar las Ideas con los números, identificación de la que sí tenemos constancia que realizaron los continuadores de la actividad platónica en la Academia.

El origen de la Teoría de las Ideas

¿Cuál es la génesis de la teoría de las Ideas? Descartada la hipótesis de que Platón la hubiera tomado tal cual de Sócrates, como hemos visto anteriormente, podemos distinguir dos corrientes de influencia en la elaboración de la teoría de las Ideas. Por una parte, las enseñanzas socráticas, centradas en la búsqueda de la definición universal, habían apuntado la necesidad de destacar el elemento común entre todos los objetos de la misma clase. Ese objeto común o término del conocimiento, que en Sócrates no dejaba de ser un término lingüístico, es convertido por Platón en algo independiente del conocimiento y del lenguaje: de la afirmación de la necesaria realidad de ese objeto común Platón concluye que debe existir independientemente de la mente que lo concibe, y lo llama Idea. Por otra parte, las investigaciones de los filósofos anteriores, tanto de las escuelas jónicas como de las escuelas itálicas, habían puesto de manifiesto también la necesidad de reconocer la unidad en la diversidad, a través de la búsqueda del arjé. La preocupación socrática, limitada estrictamente a los objetos éticos, es extendida por Platón a la investigación de los objetos naturales: del mismo modo que debe existir una definición universal de "virtud", ha de existir una definición universal de todos y cada uno de los componentes de la realidad. Dado que Platón hace del término de esa definición universal una Idea, una realidad subsistente, termina por postularla detrás de los objetos éticos y de los objetos naturales.

La Teoría de las Ideas en el pensamiento de Platón

En los primeros diálogos no hallamos nada que nos pueda sugerir que Platón hubiera estado en posesión de la teoría de las Ideas. El discurso socrático en estos diálogos está orientado hacia la búsqueda de una definición de las virtudes, teniendo una intencionalidad fundamentalmente ética. En los diálogos de transición sí encontramos algunos elementos que parecen orientar el pensamiento de Platón hacia dicha teoría, como puede ser la formulación de la teoría de la reminiscencia en el "Menón". Sí encontramos esa formulación en los diálogos de madurez: "Fedón", "Fedro", "República" y "Banquete", en los que, a raíz de distintos temas, Platón presenta la teoría de las Ideas apoyándose en explicaciones figuradas que vienen recogidas en los más conocidos mitos de Platón. En dicho período podemos destacar una intención gnoseológica compatible con la intención ontológica con la que generalmente se identifica la teoría de las Ideas, es decir, con lo que podríamos llamar la metafísica platónica. Y aunque en el período de vejez Platón adopta una actitud crítica con la teoría de las Ideas no parece haberla abandonado nunca.

La Alegoría de la Caverna

 

          Sócrates: ...En una caverna subterránea, con una entrada tan grande como la caverna toda, abierta hacia la luz imagina hombres que se hayan ahí desde que eran niños, con cepos en el cuello y en las piernas, sin poder moverse ni mirar en otra dirección sino hacia delante impedidos de volver la cabeza a causa de las cadenas. Y lejos y en alto, detrás de sus espaldas arde una luz de fuego, y en el espacio intermedio entre el fuego y los prisioneros, asciende un camino, a lo largo del cual se levanta un muro, a modo de los reparos colocados entre los titiriteros y los espectadores, sobre los que ellos exhiben sus habilidades.

 Glaucón: Me lo imagino perfectamente.

 Sócrates: Contempla a lo largo del muro hombres que llevan diversos vasos que sobresalen sobre el nivel del muro, estatuas y otras figuras animales en piedra o madera y artículos fabricados de todas las especies... ¿crees que los prisioneros puedan ver alguna otra cosa, de sí mismos y de los otros, sino la sombra proyectada por el fuego sobre la pared de la caverna que está delante de ellos? ...¿y también de la misma manera respecto a los objetos llevados a lo largo del mundo? Y si pudieran hablar entre ellos, ¿no crees que opinarían de poder hablar de estas [sombras] que ven como si fueran objetos reales presentes? ...Y cuando uno de ellos fuese liberado, y obligado a alzarse repentinamente, y girar el cuello y caminar, y mirar hacia la luz... ¿no sentiría dolor en los ojos, y huiría, volviéndose a las sobras que puede mirar, y no creería que estas son más claras que los objetos que le hubieran mostrado?... Y si alguien lo arrastrase a la fuerza por la espesa y ardua salida y no lo dejase antes de haberlo llevado a la luz del sol, ¿no se quejaría y se irritaría de ser arrastrado, y después, llevado a la luz y con los ojos deslumbrados, podría ver siquiera una de las cosas verdaderas?

 Glaucón: No, ciertamente, en el primer instante.

 Sócrates: Sería necesario que se habituase a mirar los objetos de allá arriba. Y al principio vería más fácilmente las sombras, y después, las imágenes de los hombres reflejadas en el agua y, después, los cuerpos mismos; en seguida, los cuerpos del cielo, y al mismo cielo le sería más fácil mirarlos de noche ...y, por último, creo, el mismo Sol... por si mismo, ...Después de eso, recién comprendería que el Sol... regula todas las cosas en la región visible y es causa también, en cierta manera, de todas aquellas [sombras] que ellos veían... Pues bien, recordando la morada anterior, ¿no crees que él se felicite del cambio y experimente conmiseración por la suerte de los otros?... Y considera aun lo siguiente: si volviendo a descender ocupase de nuevo el mismo puesto ¿no tendría los ojos llenos de tinieblas, al venir inmediatamente del Sol?... Y si tuviese que competir nuevamente con los que habían permanecido en los cepos, para distinguir esas sombras, ¿no causaría risa y haría decir a los demás que la ascensión, deslumbrándolo, le había gastado los ojos?... Pero si alguno tuviese inteligencia... recordaría que las perturbaciones en los ojos son de dos especies y provienen de dos causas: el pasaje de la luz a las tinieblas y de las tinieblas a la luz. Y pensando que lo mismo sucede también para el alma... indagaría si, viniendo de vidas más luminosas, se encuentra oscurecida por la falta de hábito a la oscuridad, o bien si, llegando de mayor ignorancia a una mayor luz, está deslumbrada por el excesivo fulgor.

La República. Platón. Libro VII, 1-3, 513-18. Trad. De R. Mondolfo.

Mito de la caverna

El mito de la caverna es una explicación alegórica, realizada por Platón en el VII libro de La República, de la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento.

Platón describió en su mito de la caverna una gruta cavernosa, en la cual permanecen desde el nacimiento unos hombres hechos prisioneros por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas, de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna y no pueden escapar. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de lejanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan hombres cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

En este mito, los hombres serían los prisioneros. Las sombras de los hombres y de las cosas que se proyectan, son las apariencias, es decir, lo que nosotros vemos y que nos parece la realidad. La hoguera, el fuego, sería el sol. Las cosas naturales, el mundo que está fuera de la caverna y que los prisioneros no ven, sería el mundo de las ideas, en el cual, la máxima idea, la Idea del Bien , es el sol.

La situación en la que se encuentran los prisioneros de la caverna viene a representar el estado en el que permanecen los seres humanos ajenos al conocimiento, únicamente aquellos capaces de superar el dolor que supondría liberarse de las cadenas, volver a mover sus entumecidos músculos podrán contemplar el mundo de las ideas con sus infrautilizados ojos.

Este tipo de alegoría, en la que pone de manifiesto como los humanos podemos engañarnos a nosotros mismos o forzados por poderes fácticos, es repetida durante la historia por muchos filosofos u otros autores, como Calderón de la Barca con La vida es sueño. Ejemplos más modernos pueden ser el libro Un mundo feliz (Huxley, 1932) o la pelicula Matrix (especialmente la primera).

 

Grados de Conocimiento

GRADOS DECONOCIMIENTO

nombre

OPINIÓN (engriego doxa)

CIENCIA (engriego epistéme) (*)

tipos

conjetura
(eikasía)

creencia
(pístis)

pensamiento discursivo(diánoia)matemáticas fundamentalmente

dialéctica o ciencia ensentido estricto o inteligencia o filosofía (noûs)

definición

conocimiento sensible basado en la percepción de lassombras y los reflejos

conocimiento basado en la percepción directa de lascosas sensibles

conocimiento racional pero basado en los signossensibles

conocimiento puramente racional de las Ideas y susrelaciones esenciales, en particular de la Idea de Bien

instrumento delconocimiento

la percepción

la percepción

la razón, pero apoyada en signos sensibles ehipótesis

la pura razón

objeto deconocimiento


MUNDOSENSIBLE

MUNDOINTELIGIBLE

sombras y apariencias de los objetossensibles

los objetos sensibles y las cosasfabricadas

los objetos matemáticos

las Ideas, principalmente la Idea deBien

calidad del saber


*los términos utilizados por Platónpara designar el grado más excelente del saber no están claros y en distintasexposiciones se pueden encontrar distintas propuestas. En general, lasexpresiones más habituales para designar el género de conocimiento referido alMundo de las Ideas son “conocimiento intelectual” y “ciencia” (epistéme), perotambién en algunos textos Platón utiliza la palabra “inteligencia”. En cuanto ala especie de conocimiento inferior dentro de este género, el saber que se apoyaen signos sensibles y no estudia radicalmente aquello de lo que trata, es decirel saber matemático, la expresión que casi siempre utiliza Platón es“pensamiento discursivo” (diánoia). Sin embargo, tenemos más problemas a la horade encontrar un término adecuado para designar el saber más perfecto, el saberradical de las relaciones esenciales existentes entre las Ideas y, en últimotérmino, de la Idea de Bien: está claro que se identifica con la filosofía, perocon frecuencia se refiere Platón a él como “dialéctica”, o “ciencia dialéctica”y también “inteligencia” (“noûs”).

 Dialéctica

Método filosófico propuesto por Platón para acceder al Mundo de las Ideas.

La noción de dialéctica tiene variossentidos en la filosofía platónica, pero los más importantes son lossiguientes:

I. La dialécticaentendida como método racional: se identifica con la filosofía y laciencia. Las características que atribuye Platón a este tipo de conocimiento sonlas siguientes:

A.es unaactividad cognoscitivapues setrata delejercicio de la razón;

B.su objeto es el conocimiento del MundoInteligible, de las relaciones existentes entre las Ideas;

C.suaspiración últimaes elconocimiento de laIdea de Bieny del modo en que ésta es el fundamentoúltimo de toda la realidad; así, Platón definirá la filosofía como "una ascensión al ser";

D.por ser una actividad estrictamente racionalno se apoya en la percepción; por utilizarse la pura razón el conocimiento alque da lugar esconocimiento estricto, conocimiento universal ynecesario;

E.no acepta hipótesis:no acepta comoverdadera ninguna premisaque no haya sido cuestionada, busca el sentidoúltimo, la razón más profunda de cada tema quetrata.

II. La dialécticaentendida como impulso erótico (erótica del amor),características:

A.es unaactividad más emotiva y volitivaque intelectual, pues compromete laesfera del sentimiento, del amor odeseo de la Bellezay del gozo en su posesión;

B.elobjetoes lacomprensiónestética del Mundo Inteligible;

C.laaspiración últimaes la comprensiónestética dela Idea de Belleza;

D.en "Banquete" pone Platón en boca de Sócrateslas distintas fases de esta "dialéctica del amor": debemos iniciarnos enla aspiración absoluta de la Belleza empezando por el anhelo por la bellezasensible, la belleza que se encuentra en los cuerpos, para pasar a lacomprensión de la belleza de las almas, la belleza de las buenas acciones y delas leyes justas, la belleza de las ciencias, la belleza de la filosofía y,finalmente la comprensión de la existencia de una belleza absoluta o Idea deBelleza.

Ver “grados de conocimiento”.

Platón y la dialéctica del amor como camino que educa la sensibilidad y la voluntad y conduce a la contemplación estética del Mundo de las Ideas.

        "El que quiere aspirar a este objeto (el amor) por el verdadero camino, debe desde su juventud comenzar a buscar los cuerpos bellos. Debe además, si está bien dirigido, amar uno sólo, y en él engendrar y producir bellos discursos. En seguida debe llegar a comprender que la belleza, que se encuentra en un cuerpo cualquiera, es hermana de la belleza que se encuentra en todos los demás. En efecto, si es preciso buscar la belleza en general, sería una gran locura no creer que la belleza, que reside en todos los cuerpos, es una e idéntica. Una vez penetrado de este pensamiento, nuestro hombre debe mostrarse amante de todos los cuerpos bellos, y despojarse, como de una despreciable pequeñez, de toda pasión que se reconcentre sobre uno sólo. Después debe considerar la belleza del alma como más preciosa que la del cuerpo; de suerte, que una alma bella, aunque esté en un cuerpo desprovisto de perfecciones, baste para atraer su amor y sus cuidados, y para ingerir en ella los discursos más propios para hacer mejor la juventud. Siguiendo así, se verá necesariamente conducido a contemplar la belleza que se encuentra en las acciones de los hombres y en las leyes, a ver que esta belleza por todas partes es idéntica a sí misma, y hacer por consiguiente poco caso de la belleza corporal. De las acciones de los hombres deberá pasar a las ciencias para contemplar en ellas la belleza; y entonces, teniendo una idea más amplia de lo bello, no se verá encadenado como un esclavo en el estrecho amor de la belleza de un joven, de un hombre o de una sola acción, sino que lanzado en el océano de la belleza, y extendiendo sus miradas sobre este espectáculo, producirá con inagotable fecundidad los discursos y pensamientos más grandes de la filosofía, hasta que, asegurado y engrandecido su espíritu por esta sublime contemplación, sólo perciba una ciencia, la de lo bello. "

Platón, Banquete, o del Amor, 210-212

Ideas

En la filosofía platónica, las esencias de las cosas, aunque separadas de ellas y localizadas en el Mundo de las Ideas.

Toda la filosofía platónica giraalrededor de las términos griegos"idéa"(Idea),"êidos" (Idea o Forma),"morphé" (Forma). Según Platón, todas lascosas del mundo material han sido creadas a partir de unas formas, moldes,arquetipos o paradigmas que denomina Ideas. No hay que confundir las ideas ennuestro sentido ordinario algo así como los pensamientos o conceptos quetenemos sobre las cosas con las Ideas en el sentido platónico. Las Ideas sonentidades independientes de la mente humana aunque el hombre no exista, ellasexisten y constituyen la auténtica realidad. Sonaespaciales,atemporalesyeternas. Las cosas temporales y mutables son unpálido reflejo de ellas. En un sentido amplio, podemos definir las Ideas comolasesencias independientes: la Idea de Belleza es la esencia de labelleza, la Idea de Virtud la esencia de todas las acciones virtuosas, la Ideade Cuadrado la esencia de las figuras cuadradas... pero las Ideas o esencias noestán en las cosas como una de sus partes físicas no están en el mundo físico sino fuera de ellas (eso es lo que quiere decir "independientes"), en el MundoInteligible.

Idea del Bien

La Idea del Bien es la entidad más importante de todas las entidades que pueblan el Mundo Inteligible.

El rango y funciones que Platón leotorga en su filosofía es tal que muchos autores la han identificado conDios. Este filósofo creyó que la Idea del Bien tiene dos papelesfundamentales:

  • crea las Ideas y el MundoSensible;

  • da inteligibilidad o racionalidad a las ideas y almundo Sensible.

La consecuencia de ello es quetodas las cosas y mucho más el hombre aspiran de un modo u otro alBien. La filosofía es precisamente expresión del afán por la comprensióndefinitiva de dicha idea ("la ascensión al ser", dicePlatón).
En el mito de la caverna la Idea del Bien se representa con lametáfora delSol.


  Ver “Teoría de lasIdeas” y “Universales”.

En el siguiente texto, Platón nos presenta la Idea de Bien como el objeto más adecuado para el alma y causa de la realidad, perfección y verdad de las cosas. A la vez, nos ofrece la metáfora del sol como la imagen más adecuada para ilustrar el alto rango de esta Idea.

     "Pues bien, he aquí -continué- lo que puedes decir que yo designaba como hijo del bien, engendrado por éste a su semejanza como algo que, en la región visible, se comporta, con respecto a la visión y a lo visto, del mismo modo que aquél en la región inteligible con respecto a la inteligencia y a lo aprehendido por ella.
-¿Cómo? -dijo-. Explícamelo algo más.
-¿No sabes -dije-, con respecto a los ojos, que, cuando no se les dirige a aquello sobre cuyos colores se extienda la luz del sol, sino a lo que alcanzan las sombras nocturnas, ven con dificultad y parecen casi ciegos como si no hubiera en ellos visión clara?
-Efectivamente -dijo.
-En cambio, cuando ven perfectamente lo que el sol ilumina, se muestra, creo yo, que esa visión existe en aquellos mismos ojos.
-¿Cómo no?
-Pues bien, considera del mismo modo lo siguiente con respecto al alma. Cuando ésta fija su atención sobre un objeto iluminado por la verdad y el ser, entonces lo comprende y conoce y demuestra tener inteligencia; pero, cuando la fija en algo que está envuelto en penumbras, que nace o perece, entonces, como no ve bien, el alma no hace más que concebir opiniones siempre cambiantes y parece hallarse privada de toda inteligencia.
-Tal parece, en efecto.
-Puedes, por tanto, decir que lo que proporciona la verdad a los objetos del conocimiento y la facultad de conocer al que conoce es la idea del bien, a la cual debes concebir como objeto del conocimiento, pero también como causa de la ciencia y de la verdad; y así, por muy hermosas que sean ambas cosas, el conocimiento y la verdad, juzgarás rectamente si consideras esa idea como otra cosa distinta y más hermosa todavía que ellas. Y, en cuanto al conocimiento y la verdad, del mismo modo que en aquel otro mundo se puede creer que la luz y la visión se parecen al sol, pero no que sean el mismo sol, del mismo modo en éste es acertado el considerar que uno y otra son semejantes al bien, pero no lo es el tener a uno cualquiera de los dos por el bien mismo, pues es mucho mayor todavía la consideración que se debe a la naturaleza del bien.
-¡Qué inefable belleza -dijo- le atribuyes! Pues, siendo fuente del conocimiento y la verdad, supera a ambos, según tú, en hermosura. No creo, pues, que lo vayas a identificar con el placer.
-Ten tu lengua -dije-. Pero continúa considerando su imagen de la manera siguiente.
-¿Cómo?
-Del sol dirás, creo yo, que no sólo proporciona a las cosas que son vistas la facultad de serlo, sino también la generación, el crecimiento y la alimentación; sin embargo, él no es generación .
-¿Cómo había de serlo?
-Del mismo modo puedes afirmar que a las cosas inteligibles no sólo les adviene por otra del bien su cualidad de inteligibles, sino también se les añaden, por obra también de aquél, el ser y la esencia; sin embargo, el bien no es esencia, sino algo que está todavía por encima de aquélla en cuanto a dignidad y poder."

Platón, República, libroVI

Platón (c.427-c.347 a.C.) creía que los doce dioses debían tener un rol central en la ciudad ideal. En sus Leyes, propuso que los ciudadanos fuesen divididos en doce tribus, cada cual a ser nombrado con el nombre de uno de los doce dioses, que serviría como su deidad protectora. También propuso que la ciudad ideal debiese celebrar un festival cada mes para uno de los doce dioses y que el festival del doceavo mes sería consagrado a Plutón.

Plutón, el dios griego del mundo subterráneo, no era uno de los doce dioses griegos. El último mes del año griego, que correspondía al doceavo mes de Platón, era Skirophorion, nombrado después del festival de Skira que se realizaba durante el mes. Skira parece haber estado conectado con el rapto de Perséfone/Kore por Plutón. Es aproximadamente equivalente a Junio, cuando actualmente en Grecia la naturaleza se seca y muere. Así, la muerte de la naturaleza coincidiendo con la muerte del año lo hacía un mes particularmente adecuado para ser dedicado a Plutón, y ya existía un festival durante el mes al cual el era asociado. Platón interpretaba a Plutón como " el dador de riqueza". En arte, Plutón sostiene regularmente un cuerno de la abundancia, símbolo de riqueza y de fecundidad

No existe evidencia antes del tiempo de Platón que, como grupo, los doce dioses griegos tuviesen alguna conexión con los meses. Se piensa que Eudoxos de Cnidos, quién es actualmente conocido como `el fundador de la astronomía científica', fue el responsable de la identificación de los doce dioses olímpicos con los signos del zodíaco. Al hacerlo, estaba obviamente siguiendo la tradición egipcia; se sabe que estuvo dieciseis meses en Egipto alrededor del período 378-364 a.C.

En su Phaedrus, Platón describe a los doce dioses como deidades astrales que recorren los cielos, manteniendo el orden en los cielos. Esto ha sido interpretado como confirmando la asociación de los doce dioses con los signos Zodiacales. En el pensamiento de Platón, los doce dioses ya no eran el grupo parroquial que velaba sobre la prosperidad de Atenas asegurando su dominación sobre las otras ciudades, pero deidades universales interesadas en el bienestar del Cosmos.

En 293 a.C., los meses de la ciudad de Demetrias en Tesalia eran nombrados a partir de los doce dioses olímpicos. Esta es la mas temprana asociación de los doce olímpicos como grupo con los meses. Solo conocemos los nombres de diez de los meses: Aphrodision, Areios, Artemision, Athenaion, Deios (de Zeus), Demetrion, Hephaiston, Hermaion, Hestios, y Poseidón. Lamentablemente no conocemos el orden de los meses.

Los doce eran representados de varias maneras, quizás el mas interesante siendo un círculo conteniendo un anillo con doce puntos en Epidauros. Sin embargo, no existe evidencia de que la asociación de los olímpicos con los meses fuese expresada en el arte griego.

En La República, Platón expone, en un diálogo (¿ficticio?) con Adiamante, las razones por las cuales deben ser erradicadas las narraciones “de ficción”en la educación de niños y jóvenes. En el Libro X, Platón fundamenta tal rechazo en su propia teoría del conocimiento. En los Libros II y III, el ataque se dirige concretamente a las tragedias de Esquilo  y a los poemas homéricos, en particular la Ilíada. El filósofo se muestra preocupado por el contenido poco edificante de muchas de las conductas que asumen los dioses y los héroes; y por el hecho, sin duda contradictorio, de que divinidades buenas incurran en arbitrariedades y otras debilidades más que humanas.

Sin desconocer que el rechazo al antropomorfismo homérico constituye, quizás, un progreso en el plano religioso e incluso moral, produce cierta zozobra pensar que, de haber triunfado las teorías platónicas en este aspecto, la Ilíada hubiera sido barrida del mapa, y también la Odisea, y todas las tragedias de Esquilo, excepto que, como no puede dejar de sospecharse, Platón hubiera conservado un ejemplar de  cada una de ellas para su disfrute personal. Que es, naturalmente —y a menudo afortunadamente—, lo que hacen y han hecho siempre todos los censores que en el mundo han sido.

Pero en el caso de haber subsistido las obras de marras, con las correcciones y podas recomendadas —exigidas— por Platón, probablemente hoy no las leeríamos.        

En efecto, en la lista de temas, tópicos y escenas típicas que Platón pretende eliminar se encuentran:

Las descripciones del Hades como un lugar triste, presentes en pasajes como el encuentro de Ulises con Aquiles (Homero, Od. XI, 405 - 491), o las  palabras de Aquiles cuando la sombra de Patroclo elude su abrazo (Il. XXIII, 103 - 104), ya que tales pinturas inducirían a la cobardía.

Platón también encuentra bochornoso que el héroe Aquiles exprese tan libremente como lo hace su dolor por la muerte de Patroclo.

Por otra parte, el afán moralizante de Platón no se detiene ante hechos aparentemente tan inocentes como los banquetes: el hambre de los héroes le parece un mal modelo de templanza para los jóvenes; y se crispa aún más ante la descripción de Zeus dominado por la pasión amorosa en la maravillosa escena del Canto XIV de la Ilíada (1).

Tampoco está dispuesto a aceptar la risa de los dioses:

   

“E inextinguible nació entre los dioses la risa

cuando vieron en la sala a Hefesto afanándose tanto”.

(Il., I, 509 - 600)

 

Al  respecto, dice Platón, terminante: “No será admitida, por tanto, ninguna obra en que aparezcan personas de calidad dominadas por la risa, y menos todavía si son dioses(2).

En síntesis, hasta aquí, se pretende prohibir la representación del miedo, el dolor (excepto en mujeres, y éstas de la más vil condición), la risa y el amor.

Con respecto a los dioses en particular, Platón  encuentra inaceptables su arbitrariedad; y el hecho de que induzcan a engaño a los mortales. Con lo cual se asestarían rudos golpes a la Ilíada, concretamente se cuestiona el célebre pasaje:

 

“…dos tinajas Zeus en el suelo fijadas tiene: repleta está la una de buenos destinos y la otra de males”.

(Il., XXIV, 527 - 532)

 

Debería evitarse presentar a Palas Atenea y Zeus instigando al troyano Pándaro a violar los juramentos y romper la tregua (Il., II, 68 y ss.); el pasaje en el que Zeus envía el sueño a Agamenon (Il., II, 1 - 34) , y por supuesto todos aquellos episodios en los que los dioses aparecen tomando forma humana. En tal sentido, aunque Platón no lo cita específicamente, debería condenarse en particular aquél en el cual, con el expreso consentimiento de Zeus, Palas Atenea se le aparece a Héctor bajo el aspecto de su hermano Deífobo, y lo persuade de presentar combate a Aquiles. Tal hecho decide a Héctor, y constituye el principio del desenlace de todo el poema, siendo el momento en que Héctor advierte que ha sido engañado y que está solo y lejos de las murallas de Troya, uno de los momentos culminantes de la literatura universal.

De modo análogo, pretende Platón que no se represente la felicidad del malo y la desdicha del bueno, norma que, si hubiera de ser seguida por los poetas, terminaría con la poesía, ya que la esencia de ésta, como la de la vida, se halla fuertemente vinculada a la existencia de tales contrastes e injusticias.

Llegamos así al meollo de la cuestión: el filósofo también eliminaría la ira de Aquiles y su sed de venganza, pasiones ellas muy bajas para un héroe de su talla.

Cabe preguntar ¿qué quedaría de la Ilíada sin la cólera de Aquiles? Como bien dice Kirk (3), una de las genialidades de Homero consistió en articular el poema en torno a un tema relativamente secundario: o sea, colocar en primer plano el conflicto individual entre dos personalidades: Agamenon y Aquiles, manteniendo el asunto más general de la guerra de Troya como una especie de telón de fondo. En otras palabras, habría que ver si la mera narración de las batallas masivas y los combates singulares; de los catálogos de naves y de jefes con sus respectivas genealogías, no resultaría un tanto monótono —pese a estar estupendamente lograda en términos de lenguaje, a través de las metáforas, los símiles, los epítetos, la vividez de las escenas siempre análogas y siempre distintas, como por ejemplo, las muertes de los guerreros—.

En síntesis,  todos los temas que provocan el escozor y el rechazo de Platón son los que hacen que los lectores de hoy y de todos los tiempos sigamos leyendo la Ilíada con renovada emoción, y si bien podemos resolver adoptar como lema para nuestra vida la frase:

            

“Calla ya, corazón, que otras cosas más duras sufriste…”

(Od., XI, 15 - 20)

 

Seguiremos estremeciéndonos al leer las palabras de Aquiles a Apolo:

 

“Me engañaste, flechero, funesto entre todos los dioses,

pero bien me vengara de ti si me fuera posible”,

(Il. , XXII, 15 - 20) 

 

En conclusión, la Iliada, la Odisea, las grandes tragedias, no sólo nos hacen gozar, no sólo hacen nuestra existencia más vivible, más grata, sino que la hacen grandiosa, porque grandiosos, portentosos son los hechos de los dioses y de los héroes: derrochadores, magnánimos en sus risas, en sus amores, en sus banquetes, como también en su dolor y en sus cóleras. Resulta secundario que se trate de imitaciones de primero, segundo, tercero o cuarto grado. Felizmente, quizás, los dioses logran aún hoy engañarnos. Felizmente también, la buena ficción, la ficción bella se ha impuesto y sigue imponiéndose, no únicamente al chato y razonable realismo de los  mediocres sino —lo que es aún más extraordinario—, a los ocasionales, colosales errores de gigantes como Platón.

EL ACCESO A LAS IDEAS. LA DIALÉCTICA Y LA IDEA DE BIEN

Platón habla de un proceso que dice que conduce al ser humano desde la ignorancia al saber, la dialéctica. Este proceso se divide en dos etapas:

ð Doxa. Se mantiene en los limites del mundo sensible. Se pueden llegar a tener opiniones. La Doxa se divide a su vez en otros dos:

  • Eikasia. Es el más cercano a la ignorancia. Se puede traducir por imaginación. Aquí el conocimiento se tiene mediante conjeturas.

    • Pistis. Significa creencia. Se refiere a la creencia, que la mayor parte de los humanos tenemos, sobre los sentidos. La mayor parte de los seres humanos se encuentran aquí.

    ð Episteme. Significa ciencia, y se refiere al conocimiento fundado, en el que no se usan los sentidos sino que se usa la inteligencia.

    • Dianoia. Es el pensamiento, esto comienza en el momento que empezamos a razonar (matemática).

    • Noesis. Significa sabiduría. Es la meta y tiene por objeto el conocimiento de las ideas. Esto lo consigue aquel que llegue a alcanzar las ideas y contemplar el bien.

    Esta dialéctica puede ser ascendente, ya que el ser humano puede ir de lo particular a lo general; y también descendente, el que logra llegar al conocimiento del bien tiene la obligación de comunicárselo a los demás, plasmarlo en la realidad, y hacerlo real. Este proceso implica que:

    • Es un proceso llevado a cabo por nuestra alma.

    • Es un proceso de recuerdo (anamnesis).

    • Uno tiene que tener la capacidad para acceder al saber, y también voluntad.

    • Es un esfuerzo racional.

    • Hay que tener una relación erótica con el saber.

    • Es un proceso de purificación (catarsis).

    ð EL ORDEN POLÍTICO. LA POLIS IDEAL DE PLATÓN

    Esto aparece en dos obra de Platón: La República y Las Leyes.

    En la República, hace un análisis de los distintos regímenes políticos, valorándolos. Pero lo más importante es que aparece un retrato de cómo seria una polis ideal para Platón, una polis justa.

    Parte del principio de que “el hombre es un ser racional por naturaleza”. El hecho de que vivamos con otras personas no es un capricho, sino que forma parte de nuestra naturaleza, esto choca con la idea de los sofistas. También parte de otro principio, “El Estado y el individuo no son dos cosas que vayan por separado sino que están mutuamente interrelacionadas”. Para Platón un estado no es mas que la suma de los individuos que lo forman. Un estado dependerá de los individuos.

    Platón partiendo de estos principios establece:

    Una polis justa seria aquella en la que los ciudadanos llevan a cabo aquellas funciones de las que le son propias. La idea es que por naturaleza todos los hombres tenemos una serie de capacidades, Platón distingue tres:

    ð Gobernantes (Alma Racional).

    ð Guardianes (Alma Irascible).

    ð Productores (Alma Concupiscible).

    Tendría que haber una gran parte de los seres humanos que deberían ocuparse de las actividades básicas (productores). La mayor parte de los individuos están ahí.-

    Hay un segundo grupo, los guardianes, que tienen que mantener el orden social, defender territorio de posibles ataques externos.

    Por ultimo estarían los gobernantes (filósofos). Serian la elite, escogidos de entre los mejores de los guardianes. A estos se le pide la prudencia.

    En el estado platónico, los estamentos son bastante cerrados. La educación es un proceso encaminado a desarrollar y orientar las facultades de una persona, es el educador de la polis el que orientará a las personas hacia una u otra clase social. Cada una de las clases sociales anteriores esta hecha por naturaleza.

    La aristocracia (los mejores) platónica es por capacidad, dice que el gobernante tendría que ser él más capaz. Introduce una serie de novedades:

    • Ni gobernantes ni guardianes pueden tener propiedad privada. Quiere acabar con la corrupción. No tendrían bienes propios, tendrían un sueldo pagado por el estado, pero que tampoco seria necesario.

    • Quedaría abolida la familia, supo ver Platón que la familia es un tipo de propiedad. Solo podrían tener familia los productores. Los hijos fruto de la relación de gobernantes y guardianes serian hijos del Estado.

    • Platón defendía la incorporación de la mujer en todas las actividades al igual que los hombres. Lo que importa es que el Estado funcione. Las mujeres también podrían llegar a ser gobernantes.

    Un estado así, para Platón seria el estado justo. Pero no solo seria el mas justo, sino también el más feliz. Seria un estado en el que cada individuo estará haciendo la función para lo que es más capaz, y además seria más feliz porque se dedicaría a los placeres de la razón.

    El Estado (Pólis, politeía)

    La ciudad platónica se compone de tres clases sociales que se corresponden con las tres partes del alma, a cada clase, se le asigna una tarea y una virtud.

    ====

    'Ideas de Platón'
    La organización social se encuentra estrictamente jerarquizada ya que no todos los hombres se encuentran dotados por la naturaleza ni deben ocuparse de las mismas tareas.

    Cada clase social manifiesta el predomino de una parte del alma y por lo tanto debe ser educado de acuerdo con las funciones que deba desemepeñar. El estado platónico es pues, una institución educaativa. La existencia de los ciudadanos, se entiende en función del bien de la comunidad. Platón prevee un "comunismo" total par ala clases sociales superiores: abolición de la propiedad privada y de la familia, de este modo, gobernantes y guerreros estarían a salvo de los peligros de su ambición personal o las de su casta.