Heavy Metal

Evolución. Historia. Rock duro. Garage. Trash Metal. Iron Maiden. AC/DC. Led Zeppelin. Bon Jovi

  • Enviado por: Gichi
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas

publicidad

Historia del “Heavy Metal” (metal pesado)

Dentro del reino del rock, el heavy metal, constituye uno de los apartados más extensos e irreductibles. Sus orígenes se remontan a la segunda mitad de los sesenta. Tras Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath y demás grupos británicos que sentaron las bases del género, el heavy conoce una rápida expansión internacional, centrada sobre todo en Estados Unidos.

David Lee Roth dijo en 1982 que “el rock es entretenimiento escapista. Algo que toda sociedad necesita, sea occidental o comunista. En este sentido hacemos los mismo que Fred Astaire y Ginger Rogers, sólo que usamos un volumen mayor de sonido. La gente viene a nuestros conciertos y se olvida de los conflictos con su mujer, o con su novia, o con su jefe de la oficina o el profesor. Hay países que lo intentan prohibir pero es inútil: esas tácticas sólo consiguen que la gente se identifique más con el concepto del rock”.

Es música intimidante, repetitiva, visceral. Embutida en sudor, decibelios y muecas, preserva en estado puro el mito adolescente del rock como bandera de rebelión. Sospechosa ante los medios de comunicación, su falta de respetabilidad exacerba su aureola de heroísmo. Aparenta estar fuera de la ley para reforzar su magnetismo y vender una arisca válvula de escape.

Los forjadores del ruido metálico son los tres guitarristas que pasan por los Yardbirds: Eric Clapton que define el perfil de los reyes de la guitarra con libertad para atormentar las cuerdas, deformar el sonido y escupirlo con enormes columnas; Jeff Beck que se expresa con frases borrascosas e hirientes colocando las agujas en la zona roja; Jimmy Page moldea los bloque sonoros, extrayendo posibilidades dramáticas del enfrentamiento entre una guitarra en cinerama y una voz estratosférica.

Estas son las fases del asalto: la monumentalidad de Led Zeppelin abre el mercado; mucho menos estetas, Deep Purple plasma una espectacularidad febril.

Lo empiezan a denominar Heavy Metal (metal pesado) y, en la primera mitad de los sesenta, queda codificado. Musicalmente, con mayor o menor deuda hacia el blues eléctrico, es la suma de un bajo atronador, una batería machacona, una guitarra solista desaforada y poco más; la voz se intenta abrir paso, chillando entre instrumentos amplificados más allá del límite del dolor.

El heavy es rock elevado al cuadrado, el reflejo es un espejo deformante de todas las fantasías que han nutrido esa música desde sus orígenes. Le han colgado el sambenito de la violencia pero no se ha hecho merecedor de esa medalla a pesar de las poses y de las letras.

El incansable afán mitificador del cosmos heavy ha colocado a Deep Purple en lugar privilegiado de su parnaso. Lugar y leyenda conseguidos por unos cuantos temas célebres, un trío de músicos carismáticos y una abultada historia de descendencias bastardas. Pero no todo fueron durezas en la historia de este grupo británico. A decir verdad, cuando Deep Purple nace, en febrero de 1968, sus componentes no tienen claro qué tipo de música van a realizar.

Jon Lord (1941), un teclista con estudios musicales clásicos, que pasó por algunos grupos de rhythm and blues; Ritchie Blackmore (1945), un guitarrista intenso que acompañaba a seres extravagantes como Screaming Lord Sutch; Ian Paice (1948), batería miope y contumaz; el bajista Nicky Simper (1946), y el vocalista Rod Evans (1945), salen a la palestra con una afortunada versión de Hush, del sueño de Joe South. Pasó inadvertido en el Reino Unido, pero se encarama al número cuatro de las listas norteamericanas en el verano de 1968. Voces melodiosas y juegos pantanosos de órgano.

Angus Young el guitarrista de ACDC dijo en 1984 “cuando te conviertes en un grupo de primera fila, lo bonito es darle al público un buen espectáculo, algo extraordinario, eso sí, acoplado al mismo tipo de atmósfera que lograríamos en un pequeño pub. Pero, personalmente, lo que me gusta es tocar: tengo bastante con una guitarra y un ampli, no me hace falta nada más.

ACDC:

ACDC estableció un puente entre el decadente rock duro de mediados de los setenta y la nueva ola de heavy de principios de esta década. Australianos, se decidieron a conocer internacionalmente casi al mismo tiempo que el punk, fenómeno que parecía llegar desde su sonido tradicional. Nacieron en 1974, entre Sidney y Melbourne, alrededor del núcleo de los hermanos Young, y ofrecieron una alternativa válida a la senilidad prematura de los grandes monstruos de género. Su propuesta se basaba principalmente en la inmediatez , la energía y la falta de pretensiones. En su despegue inicial tuvo especial importancia la asistencia de George Young, hermano mayor de Angus y Malcolm, quien había acumulado experiencia musical durante los sesenta como miembro de Easybeats.

BON JOVI:

Carne joven. Emergieron en 1983 en el vagón de cola del nuevo heavy e ilustran la mutación del género. Son todo imagen. Sexo tierno. Maliciosos, guiños de lujuria adolescente servidos en sólidas canciones y lujosa factura.

IRON MAIDEN:

Cabecera de la nueva ola de metal británico, nadie ha conjurado como ellos los fantasmas del pasado: energía, técnica y épica mitología. Riffs reencarnados y melodías agraciadas esquivando cambios de ritmo y lances a dos guitarras.

KISS:

Son un comic. Llegaron en 1973 como la mayor extravagancia del rock. Escupían sangre. Echaban fuego. Y hacían explosiones nucleares, sirenas, mientras Gene Simmonds movía una viscosa lengua. Nadie podía fotografiarles sin el maquillaje. Todo un montaje traducido en 30 millones de discos.

GARY MOORE:

El heavy inteligente. Su esbelta combinación de impacto metálico y guante pop es la respuesta perfecta a las nuevas exigencias. Impresionante guitarrista, conserva reflejos y capacidad de sorpresa. Escoge con gusto sus versiones y evita los solos superfluos. A los 16 años, en Dublín ya andaba con los experimentos Skid Row.

En un género habitualmente masculino, pocas chicas han logrado hacerse un hueco. Aparte de las Runaways, Girlschool son el ejemplo más ilustre: duras inspiradas y buenas instrumentistas.

“El alcohol es lo que me hace tocar así. El alcohol y la gente que me rodea, gente viciosa” (Rowland S. Howard)

La industria del rock lanza regularmente estrellas de la guitarra, pero, después de Hendrix, ha ignorado sistemáticamente a los músicos negros. Sin embargo, algunos de los sonidos más abrasadores de los últimos tiempos proceden de guitarristas que vienen del punk-jazz.

LED ZEPPELIN:

Jimmy es un tipo raro, devoto de la brujería y los saberes esotéricos, y al mismo tiempo reputadísimo y precoz músico de sesión, que a esas alturas ha trabajado para los Kinks, Joe Cocker, Donovan, Them, Tom Jones y otras lumbreras de la música británica del momento.

Ese verano de 1969 conoce a Robert Plant (1948), solista en grupos ignotos, y las músicas de la Costa Oeste. El chico tiene imagen y, sobre todo, aúlla de un modo devastador. Congenian y queda fichado para el nuevo grupo de Page.

Precisamente Pant recluta como batería a un corpulento compinche, sumo bebedor y aporreador incansable, que atiende por John Bonham (1948). El bajista, en cambio, en cambio, será un viejo conocido de Page, músico y arreglista de estudio con el que coincidió en algunas sesiones.

Keith Moon, batería de los Who, bromea un día con ellos sobre el vuelo de un “dirigible de plomo”. Y la banda es bautizada como Led Zeppelin. A los mandos comerciales de la nave se sienta un tal Peter Grant, representante, reconocido y responsable en gran medida del meteórico ascenso de la banda.