Guerra de Marruecos

Historia de España contemporánea. Desastre de Annual. Romanones. Dictadura

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LA GUERRA DE MARRUECOS

MARRUECOS Y EL DESASTRE DE ANNUAL.

Política colonialista española.

Después de 1898 la acción colonial española se reducía a África con escasa presencia y poco beneficio. Marruecos estaba controlado por la autoridad política del sultán y la posición estratégica de este país le hacían interesante para potencias europeas como Francia y Gran Bretaña.

En 1906 se celebró la Conferencia de Algeciras en la que se adjudicó Protectorados a Francia y España, pero la implantación del dominio español se hizo tan lentamente que Francia siempre llevó la delantera, por lo que los siguientes acuerdos firmados por estos dos países redujeron la zona de influencia española a 45.000 km2.

Antes de los incidentes de 1909 en Barcelona “La Semana Trágica”, se amplio el dominio español en la zona oriental de Marruecos y desde la primera guerra mundial se incremento el territorio controlado por España en la zona occidental, quedaba por controlar el Rif, zona montañosa habitada por indígenas muy belicosos, los “beréberes”, que se enfrentaban a un ejercito español que desconocía el terreno y nada interesado por la expansión colonial.

La guerra de Marruecos fue muy impopular, el pueblo español se oponía a ella porque los reclutas procedían solo de las clases humildes y los políticos de uno y otro signo no se mostraban muy a favor de la expansión colonial y a pesar de no atreverse a abandonar Marruecos no tenían prisa en una ocupación total.

En el verano de 1919 el general Dámaso Berenguer fue nombrado Alto Comisario español en Marruecos. Éste intento una penetración lenta pero resuelta con el mínimo uso de la fuerza, la cual surtió efecto en la zona occidental. Pero esta zona estaba separada de la zona oriental, donde el general Silvestre era el encargado de la comandancia de Melilla, por una amplia comarca en la que la situación política y militar era controlada por el líder nacionalista indígena Abd-el Krim.

En 1919 y 1921 el general Silvestre duplicó el territorio español en torno a Melilla, pero su afán por conseguir una gran victoria le llevó a un exceso de agresividad que provocó la reacción de los rifeños, que en julio de 1921 atacaron por sorpresa el puesto español de Annual. Este episodio termino por una desbandada española hacia Melilla con consecuencias desastrosas, en 20 días se perdió lo que con tantas dificultades se había conseguido en años. Él ejercito perdió su general y 10.000 hombres.

Después del desastre se restableció la situación militar con los refuerzos llegados de la Península y en octubre de 1921 se volvió a la línea de 1909 en la zona de Melilla.

Annual provoco un cambio de actitud en los colonizadores, los políticos optaron por un “protectorado civil” para evitar las confrontaciones militares.

A principio de 1923 en la parte occidental la situación seguía siendo la de antes del desastre a costa de una numerosa presencia de tropas. Por primera vez el Alto Comisario español era un civil.

Las consecuencias del desastre de Annual fueron sobre todo políticas. El ejército se dividió aun más y se enfrento a los políticos, el Rey fue responsabilizado de los hechos por ser partidario de la expansión Marroquí. La impopularidad de la guerra enfrento a las clases populares contra el sistema político. “La cuestión de Marruecos” se convirtió en un factor de la descomposición política y los partidos de la Restauración se enfrentaron duramente en torno a las responsabilidades.

GOBIERNOS DE LOS CONSERVADORES

En 1919 cae el gobierno de Romanones por los graves disturbios de Barcelona. El partido conservador gobernó en España desde 1919 a 1921 fecha en la que se produce el desastre de Marruecos.

Desde abril hasta junio de 1919 gobernó Antonio Maura con sus partidarios derechistas, su posición de extrema derecha provocó el fracaso de su gestión gubernamental y el endurecimiento de la oposición en las elecciones a Cortés. Estas se celebraron sin garantías constitucionales, lo que daño el prestigio de Maura, además de ser inútiles, ya que al abrirse las Cortes el gobierno no tenía mayoría y fue derrotado al primer incidente.

Eduardo Dato, jefe de la minoría mas numerosa de las Cortés, tenia que formar gabinete, cosa que delegó en Joaquín Sánchez de Toca, quien gobernó hasta finales de 1919. Su gobierno en cuanto a situación social de Barcelona era de corte liberal, por lo que situó en el Ministerio de la Gobernación a Burgos y Mazo, político de los más abiertos desde el punto de vista social, y nombró un nuevo gobernador civil en Barcelona para erradicar el terrorismo. Al mismo tiempo intentó impulsar la legislación social e la integración legal de las organizaciones obreras, hecho al que el sector patronal español se opuso y provocó la dimisión de Sánchez de Toca.

Se formó entonces un gobierno de coalición donde junto a los conservadores estaban presentes algunos liberales. La política en lo referente a la situación de Barcelona dio un vuelco y el nuevo Ministro de la Gobernación envió un nuevo gobernador civil que adopto una política represiva que provoco el crecimiento del maximalismo y un violento enfrentamiento.

Eduardo Dato no tuvo más remedio que hacerse cargo del poder en mayo de 1920. Su nuevo ministro era partidario de una política condescendiente, pero la situación social y la creciente protesta autonomista no hacían posible una solución moderada.

A finales de 1920 el general Martínez Anido fue nombrado Gobernador civil de Barcelona, este se enfrento con violencia a los sindicalistas provocando atentados y muertes. Eduardo Dato sufrió las consecuencias de esta política, fue asesinado en marzo de 1921. En ese mismo año apareció de nuevo el tema de Marruecos con unas consecuencias políticas muy graves.

LA PENDIENTE HACÍA LA DICTADURA

El desastre de Marruecos tuvo como consecuencia directa la formación de un gobierno de concentración presidido por Antonio Maura y formado por miembros de todos los grupos políticos de la Restauración. Este gobierno duró de agosto de 1921 a marzo de 1922 y aunque los mayores desacuerdos de este gobierno fueron entre partidarios de intensificar la intervención en Marruecos y los que deseaban el abandono, el motivo que le llevó a dejar el poder fue el del restablecimiento de las garantías constitucionales en Barcelona.

Se formó entonces un nuevo gobierno presidido por Sánchez Guerra (sucesor de Eduardo Dato en la jefatura del partido conservador), este planteó en las Cortés la cuestión de las responsabilidades por el desastre de Annual, lo que le hizo perder el poder ya que afectaba directamente a su partido.

A finales de 1922, se formó un gobierno de concentración liberal presidido por Garcia Prieto. Su programa se basaba en conseguir una amplia democratización de la Monarquía hasta el punto de que esta se asemejara a una república.

El fracaso fue total, no lograron eliminar los métodos tradicionales del sistema político de la Restauración y las rivalidades entre miembros del gobierno provocaron inestabilidad. Los liberales no fueron capaces de cumplir sus promesas y sobre todo parecían no ver lo que para la opinión publica y la prensa era evidente, se estaban creando las condiciones idóneas para un golpe de estado.

En 1923 el sistema político de la Restauración estaba en crisis, los pocos cambios sólo habían contribuido a una mayor inestabilidad. Desde el poder cada vez resultaba más difícil controlar el resultado de las elecciones y muchos pequeños grupos políticos reclamaban más participación en el poder lo que contribuyo aun más a la inestabilidad gubernamental.

Entre 1917 y 1923 se produjeron veintitrés crisis de gobierno totales y treinta parciales, la opinión publica consideraba con razón que el Estado iba a la deriva en manos de incapaces. Además no existía una verdadera oposición al sistema, el Republicanismo había perdido fuerza, los católicos seguían desmovilizados, los regionalistas estaban divididos y los socialistas no tenían la capacidad necesaria para producir un cambio en el sistema político.

EL DIRECTORIO MILITAR Y LA CUESTIÓN DE MARRUECOS

En el Manifiesto de septiembre de 1923, el general Primo de Rivera había anunciado que gobernarían militares u hombres civiles colocados bajo su patrocinio. En los dos primeros años del régimen, hasta diciembre de 1925, se opto por la primera solución, es decir, un gobierno de carácter militar que se llamó Directorio. Fue solo a finales de 1925, cuando el problema de Marruecos parecía ya encaminado a solucionarse, que Miguel Primo de Rivera pensó en volver a dar paso a los civiles en la formación de su gabinete.

El conflicto de Marruecos era la mayor preocupación del dictador Primo de Rivera, que antes se había declarado partidario del abandono por lo impopular de la causa Marroquí, pero su postura resultaba arriesgada y contrastaba con lo que se defendía en el seno del ejército que no era partidario del abandono. Sus primeras gestiones se orientaron a conseguir un acuerdo negociado, que no convencieron a Abd-el-Krim (líder nacionalista indígena). En marzo de 1924, la imposibilidad de lograr un acuerdo con los rifeños impusieron el cambio de política de Primo de Rivera, que penso en un semiabandono de Marruecos volviendo a las fronteras del año 1918, con un numero limitado de fuerzas y un coste menor. Pero la presión de Abd-el-Krim hizo que Primo de Rivera asumiera él mismo en octubre de 1924 el Alto Comisariado en Marruecos, allí ordeno la retirada desde Xauen, ésta supuso unas 2000 bajas pero evitó un posible desastre. La victoria de Abd-el-krim parecía absoluta, pero fue la causante del giro radical de Primo de Rivera con relación al problema de Marruecos. El éxito del líder rifeños le hizo cometer errores y renuncio a negociar con España. En abril de 1925 decidió atacar el Marruecos francés, lo que incito las conversaciones entre Francia y España para una política coordinada, ambos países prometieron autonomía a las tribus del Rif y la Yebala, pero al mismo tiempo aumentaron sus tropas para imponerse por la fuerza si era preciso, lo que pronto sucedería.

El 8 de septiembre de 1925, tuvo lugar el desembarco de Alhucemas, operación exitosa, casi exclusivamente española, se sorprendió al adversario por la espalda y se logró dividir en dos la zona que dominaba. La guerra fue muy cruel por ambos bandos pero la superioridad técnica se impuso. Abd-el-Krim quiso negociar pero fue rechazado. A finales de mayo de 1926 tuvieron lugar los últimos combates importantes y el líder rifeño se entregó a los franceses.

La victoria en Marruecos fue el logro más espectacular de Primo de Rivera, logro hacer olvidar que en un principio sus propósitos eran distintos. El desembarco de Alhucemas resolvió un problema perpetuo de la política interior española y pareció justificar una política exterior con pretensión de convertirse en primera potencia.

DESCOMPOSICIÓN DEL SISTEMA CANOVISTA

EL GOBIERNO DE MAURA

En enero de 1907 subió al poder el partido conservador presidido por Antonio Maura, en lo que se denominaría “su gobierno largo”(1907-1909). Maura contaba con el apoyo incondicional de su partido, lo que influyo en que fuera un periodo de estabilidad gubernamental. Este gobierno tenia buenas relaciones con el Rey que cada vez intervenía menos en política. Dentro del conservadurismo su equipo de gobierno tuvo un claro signo derechista.

Antonio Maura realizó una intensa acción política, las medidas económicas que tomo fueron el inicio de una político nacionalista y de intervención estatal; la ley de protección de la industria nacional o la de fomento de industrias y comunicaciones marítimas fueron muy positivas para la siderurgia vasca. Otras disposiciones como la creación del Instituto Nacional de Prevención, entre otras, tuvieron una gran importancia con respecto a lo social.

Maura intentó sobre todo realizar desde el gobierno un programa político muy amplio, con varias reformas.

La reforma de la Ley Electoral de 1907, que aunque recogía varias medidas para purificar las elecciones, no lo consiguió. Intento que fuera aprobada una ley de represión del terrorismo que fue rechazada por la oposición de las izquierdas y de los liberales.

Pero en lo que puso el mayor empeño fue en la Ley de Administración Local que consideraba fundamental para cambiar el comportamiento político español. Maura pretendía dar una mayor autenticidad y autonomía a la vida local, ya que él pensaba que la administración Central tenía demasiados medios para intervenir en la vida local y corromperla, pero se equivocaba, precisamente algunos de los peores males de la vida pública española residían en la vida local. En esta ley se incluyó, las mancomunidades, que daban posibilidad a las diputaciones de colaborar entre sí, lo que podía satisfacer a los catalanistas. Esta región se había convertido en un problema despues de las elecciones de 1907 en las que venció Solidaridad Catalana, movimiento político nacido de la protesta colectiva catalana en contra de la Ley de Jurisdicciones de 1905, que daba a los tribunales militares la responsabilidad de juzgar los delitos de prensa en contra de la Unidad del Estado.

Francesc Cambó principal dirigente catalanista en el Parlamento de Madrid se mostró muy receptivo hacia Maura, lo que contribuyo a dividir a Solidaridad y a su vez Maura se mostraba más abierto a las revindicaciones catalanas.

El proyecto de reforma de la Administración Local se eternizó en las Cortés, los liberales e izquierdistas no se atrevían a aprobarla por miedo a que hubiera un predominio de los conservadores a nivel local y nacional.

LA SEMANA TRÁGICA DE BARCELONA

Maura, que no se había encontrado con demasiados problemas en su gestión de gobierno, tuvo que enfrentarse a partir de julio de 1909 a una difícil situación a causa de los acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona.

Los sucesos de esa semana tuvieron su origen en un incidente con los marroquíes, cerca de Melilla, que hicieron enviar a Maura una unidad de reservistas catalanes casados, decisión que fue muy mal recibida y la guerra de Marruecos que ya era impopular entre las clases bajas pasó a serlo también entre las clases altas. Entre el 25 de julio y el 1 de agosto, durante el embarque de las tropas en Barcelona se produjeron varios enfrentamientos y protestas dirigidos por los izquierdistas.

El 26 de julio estalló la huelga general, al principio esta fue pacífica y aceptada por las clases medias, pero degeneró en una intensa revuelta que se extendió por toda la cuidad. Al cabo de una semana la revuelta fue reprimida con gran dureza por los militares y el ministro de gobernación, lo que provocó la dimisión del Gobernador civil. Esta revuelta, sin que se explicaran en ningún momento las pretensiones de los revoltosos tuvo un balance de un centenar de muertos, y la dura represión por parte del gobierno supuso el arresto de más de mil personas y condenas a muerte de las que cinco se ejecutaron, entre las cuales levantó mayor indignación la de Francisco Ferrer Guardia, inspirador de escuelas anarquistas en Barcelona.

El gobierno de Maura cometió graves errores ante estos sucesos, no sólo había obrado mal al recurrir a los reservistas catalanes, sino que había dejado la ciudad con una guarnición escasa. Además, la ejecución de Ferrer Guardia, fue un error no solo jurídico, sino también político, que convirtió a este personaje en un mito que en realidad no correspondía.

Tras la dura represión los liberales exigieron la dimisión de Antonio Maura, y aunque al principio el Rey le apoyaba tuvo que aceptar su forzada dimisión, por las presiones de los liberales, en octubre de 1909.

Segismundo Moret, dirigente del partido liberal, subió entonces al poder. Pero sólo por unos meses, ya que no fue capaz de hacer frente a los acontecimientos y a la dura oposición de la mayoría de los políticos.

CANALEJAS O EL REGENERACIONISMO LIBERAL

En febrero de 1910, José Canalejas sustituye a Moret. Este gobierno fue el segundo intento de regeneración interna del sistema de la Restauración, pero ahora desde el lado liberal.

Canalejas como Maura tenía un programa de gobierno avanzado que se proponía llevar a la práctica, supo imponerse rápidamente dentro de su partido y tenia dotes de mando, por primera vez desde la Restauración, los liberales parecían tener un verdadero jefe.

Canalejas hubo de enfrentarse a problemas frecuentes, sobre todo de orden público, pero supo imponer su autoridad y con ello tranquilizo la clase conservadora.

La labor legislativa de Canalejas fue más discreta que la de Maura. Presentó un proyecto para sustituir el impuesto de consumo por un impuesto progresivo sobre las rentas urbanas, este proyecto produjo protesta de las clases acomodadas y le costo mucho que fuera aprobado. Otra medida fue la reforma de la ley de Reclutamiento, que establecía un servicio militar obligatorio remunerado de cinco meses, y que no podría ser eludido mediante pago por los jóvenes de las clases burguesas. Las disposiciones de tipo social fueron características de este gabinete, aunque muchas de ellas recibieron fuertes oposiciones.

Los dos grandes problemas del gobierno de Canalejas fueron las Mancomunidades provinciales y la religiosa;

En diciembre de 1911, los catalanes presentaron un proyecto de Mancomunidades provinciales al margen de una ley general de Administración Local. En mayo de 1912, el gobierno presento un proyecto menos amplio que este, y consiguió que fuera aprobado por el Congreso a pesar de haber provocado la unánime irritación de los anticanalejistas y de los centralistas. Pero cuando el proyecto estaba pendiente de su paso por el Senado, el Canalejas fue asesinado.

En el tema religioso, Canalejas consideraba que el atraso cultural del Clero español se debía al acuerdo del gobierno con la Santa Sede, por el cual se financiaba la Iglesia, por lo tanto pensó que lo mejor era llegar a la separación entre la Iglesia y el Estado por medio de negociaciones entre los dos poderes. A Roma, esto no le agrado demasiado, y dilato la respuesta a la espera de un cambio político en España. En diciembre de 1910, se aprobó la ley del Candado por la que se podían establecer nuevas ordenes religiosas en España sin previa autorización, esta ley no tuvo eficacia, pues se aceptó una enmienda por la cual si en un plazo de dos años no se aprobaba la ley de Asociaciones que incluía las religiosas, esta perdía su vigencia.

Canalejas fue asesinado el 12 de noviembre de 1912, por el error de un anarquista que pretendía matar al Rey. Su pronta desaparición hace difícil hacer un balance de su obra política, sin duda fue el gran gobernante liberal durante el reinado de Alfonso XIII, de Canalejas se podía esperar mucho más.

LA CRISIS DEL REGENERACIONISMO GUBERNAMENTAL

La crisis del Regeneracionismo desde el poder tuvo lugar tras la muerte de Canalejas, esta vino acompañada de una fuerte fragmentación de los partidos políticos, en consecuencia los gobiernos fueron inestables y desbordados por los acontecimientos.

Las figuras del partido liberal como Romanones, Garcia Prieto o Santiago Alba no consiguieron unirlo, ni dotarlo de un programa.

En cuanto al partido conservador, mantenía una unidad más aparente que real. Maura era un problema grave para el conservadurismo, a pesar de tener un enorme prestigio por sus capacidades políticas, su desplazamiento del poder en 1909 le inhabilitaba para gobernar. Además, Maura que denunciaba los males del sistema político de la Restauración, no supo tampoco organizar un partido capaz de solucionar estos males. El maurismo fue un movimiento de protesta popular y derechista con elementos muy diversos que iban desde el autoritarismo reaccionario hasta el catolicismo demócrata.

TENSIONES DE 1917

LOS GOBIERNOS DE DATO Y ROMANONES

El gobierno de Dato

El sucesor de Antonio Maura en la jefatura del partido conservador fue Eduardo Dato. Desde octubre de 1913 a diciembre de 1915, Dato ocupo la presidencia del Consejo de Ministros con un gobierno conservador que agrupaba a todas las tendencias excepto el maurismo. Eludió el enfrentamiento con las Cortés manteniéndolas cerradas durante dieciocho meses de los veintitrés que duró su mandato.

La medida más importante de Dato fue la aprobación por decreto en diciembre de 1913 de las Mancomunidades (forma de autonomía regional). En Cataluña las Diputaciones Provinciales asociaron sus servicios bajo la presidencia de Prat de la Riba, pero esta solución no satisfizo del todo a los catalanistas. Al estallar la primera guerra mundial, exigieron una legislación económica que Dato no estaba dispuesto a concederles, pues esto provocaría protestas de otras regiones españolas.

Eduardo Dato fue duramente criticado por Maura y sus seguidores, le acusaban de no representar a todas las derechas, esto le supuso el fracaso en su intento de reconstruir el partido conservador.

El gobierno de Dato cayó cuando en las Cortes la oposición solicitó una legislación relativa a los problemas económicos.

El gobierno de Romanones

El sucesor de Dato fue el Conde de Romanones, jefe de los liberales, quien estaba al frente de un gobierno que agrupaba lo mejor de ese partido. Santiago Alba destacaba como político liberal por su preparación, su talento y su reputación izquierdista. Desde el ministerio de hacienda Alba propuso un programa muy ambicioso de reformas económicas, con medidas que desde el punto de vista social hubieran resultado muy positivas, pero este proyecto no salió adelante por la oposición de los sectores conservadores y la falta de apoyo por parte de Romanones, quien estaba centrado sobre todo en los problemas de política exterior que le costaría su caída del poder.

Romanones fue sustituido por Garcia prieto, simple cambio de personas sin consideración ideológica. Este nuevo jefe de gobierno tuvo que enfrentarse con dos problemas fundamentales; la protesta social y la protesta de los militares que más tarde conducirían al movimiento revolucionario de 1917.

EL TURBULENTO VERANO DE 1917

Los sindicatos

A partir de la Primera Guerra Mundial la cuestión social experimento un cambio importante, por primera vez los sindicatos se convirtieron en organizaciones de masas. Entre 1910 y 1912, el sindicato socialista UGT, triplico sus afiliados y en 1913 alcanzó su máxima cota de afiliación por mucho tiempo. Una nueva generación de dirigentes empezó a ocupar los puestos claves de la organización socialista controlando también el sindicato. Entre estos el intelectual Julián Besteiro.

El otro gran movimiento sindical, el anarquismo agrupado en la CNT, vio como en 1914 aumentaba su afiliación de forma sustancial. Este sindicato básicamente catalán tenia como principal método de actuación la huelga general.

Los movimientos huelguísticos empezaron a generalizarse y el aumento de los precios provoco la protesta social que en un principio fue espontanea, pero que a partir de 1916 los sindicatos UGT y CNT decidieron canalizar y actuaron de manera conjunta. En marzo de 1917 en un manifiesto los sindicatos emplazaron al gobierno para que solucionara el problema de las subsistencias bajo la amenaza de una convocatoria de huelga general.

El descontento en el ejército

Para el sistema político de la Restauración el mayor problema, no era la protesta sindical, a pesar de su gravedad, sino la protesta del ejercito. Este ejercito tenia mucha relevancia en la monarquía alfonsina, y tras el desastre del 98 era un ejercito formado por una cantidad excesiva de oficiales. Además realmente había dos ejércitos; el de la Península muy burocratizado y el de África a cuyos oficiales se ascendían por méritos de guerra.

No solo las clases obreras sufrieron el impacto del alza de los precios, también lo padecieron los empleados de la Administración y entre ellos los militares.

En el primer trimestre de 1916, él ejercito peninsular protagonizó la protesta militar, esta tuvo su origen en una prueba de aptitud que quisieron imponer a los oficiales. Los militares se organizaron en Juntas Militares de Defensa dirigidas por Coroneles que protestaban contra los ascensos por méritos de guerra y la situación económica de los militares. El coronel Márquez fue el principal dirigente, este consiguió extender las Juntas a la mayoría de las guarniciones de la península.

Este movimiento fue bien recibido e incluso imitado por otros sectores de la Administración, es más las personas o grupos que venían pidiendo una regeneración política vieron las Juntas Militares como un posible instrumento para ello, aunque realmente las Juntas no eran un medio para la renovación.

La actitud del gobierno fue dudosa y confusa, en principio las Juntas fueron aceptadas pero luego Romanones ordenó que fueran disueltas, cosa que no se cumplió. Despues con el gobierno de Garcia Prieto, se ordeno de nuevo su disolución y la detención de los junteros, pero los militares consiguieron imponerse al gobierno e incluso Alfonso XIII tuvo que ponerse en contacto con las Juntas. En junio de 1917, las Juntas quisieron imponer a Garcia Prieto su reconocimiento, éste se negó y tuvo que dimitir. De nuevo el partido liberal era incapaz de hacer frente al ejército.

LOS INTENTOS POR AFRONTAR LA CRISIS

Ante la grave situación Alfonso XIII recurrió al cambio de partido en el poder y llamo al conservador Eduardo Dato. Este suspendió las garantías constitucionales, impuso la censura de prensa y aceptó las Juntas provocando la indignación de los sectores renovadores, pero esta solución no termino con los problemas.

A las protestas sociales y militares se sumo una protesta política por la negativa de Dato a abrir las Cortes. El catalanista Francesc Cambó organizo en Barcelona a principio del mes de julio una Asamblea de Parlamentarios para presionar al poder a llevar a cabo una regeneración política con el apoyo de todos los grupos. Esta Asamblea pidió la formación de un gobierno provisional y la convocatoria de Cortes constituyentes. Sin embargo la Asamblea tuvo una participación reducida y el gobierno la permitió mientras tuvo una escasa trascendencia pública, pero cuando se reunió el 19 de julio fue inmediatamente disuelta.

Poco después de la reunión de la Asamblea, los movimientos obreros protagonizaron la actuación antigubernamental. El 9 de agosto el sindicato ferroviario de la UGT decidió ir a la huelga por la pasividad que había demostrado el gobierno ante sus problemas, y en los días siguientes todo el sindicalismo socialista se lanzo a la huelga general. Los incidentes fueron muy graves y ocasionaron más de sesenta muertos en toda España, pero a pesar de eso, esta huelga fue un fracaso pues solo la siguieron los socialistas y no todos ellos.

Lo que quedo bien claro es que el ejercito era totalmente contrario a la revolución social, el coronel Márquez dirigente de las Juntas fue con su propio regimiento en contra de los huelguistas.

Los acontecimientos del verano de 1917 vinieron a demostrar que el sistema político de la Restauración tenia poco animo ante los deseos de reforma de la sociedad. También es evidente que él ejercito, los parlamentarios y los obreros no tenían objetivos comunes. Pero lo que hizo fracasar la coyuntura reformista no fue el programa de los parlamentarios que se aproximaba a la realidad de las circunstancias, sino la confusión e indecisión de los militares y el rumbo revolucionario adoptado por los obreros.

Los sucesos de 1917 tuvieron importantes consecuencias en la vida española. A corto plazo se podía pensar que Eduardo Dato era el triunfador de la crisis por lograr dividir sus adversarios pero a medio plazo no fue así. Las Juntas Militares de Defensa, al actuar de forma represiva perdieron su popularidad, por lo que decidieron actuar en política acusando a Dato de no haber previsto los acontecimientos. Dos meses despues de la intentona revolucionaria el ejercito acabo con el gobierno y se produjo una grave crisis política.

LOS PRIMEROS GOBIERNOS DE CONCENTRACIÓN

En noviembre de 1917 se encargo de formar gobierno a Garcia Prieto del partido liberal, este quiso integrar a representantes regionalistas y de las Juntas Militares de Defensa. Este gobierno era el menos indicado para resolver una situación tan difícil y fracaso en todos los aspectos. Se convocaron unas elecciones que dieron como resultado una fragmentación de los partidos del turno, convirtiendo las Cortes en “una torre de Babel”.

En marzo de 1918 sobrevino la crisis del gobierno de Garcia Prieto, produciéndose una situación más grave que la anterior, la sensación era de que nadie quería gobernar, y el que estuviera dispuesto no seria aceptado por el resto de fuerzas políticas. Finalmente ante la amenaza de abdicación del Rey, se logro formar un Gobierno Nacional formado por los políticos más importantes. Lo presidía Maura y formaban parte de él Dato, Romanones, Cambó, Garcia Prieto etc. Uno de los escasos méritos de este efímero gabinete (9 meses) fue lograr superar los últimos meses de neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial. Pero las pocas coincidencias de sus miembros hacia que poco a poco los ministros querían dimitir pues gobernar en esas circunstancias les suponía mas perjuicios que beneficios.

Como consecuencia de la repentina interrupción del Gobierno Nacional en noviembre de 1918 se produjo una nueva crisis política. Garcia Prieto, fue llamado de nuevo a formar gobierno, este aporto un programa que incluía la abolición de la ley de Jurisdicciones y la concesión de la autonomía universitaria, pero fue incapaz de dar solución al problema de la autonomía catalana. En la misma fecha la Lliga redactó unas bases autonómicas que entrego al jefe de gobierno el planteamiento de la cuestión catalanista llevo a la descomposición del gobierno, por la división de opiniones de sus ministros sobre este tema.

Romanones sustituyo a Garcia Prieto al frente del Consejo de ministro, la formación del gabinete fue complicada pero el nuevo gobierno tuvo una duración mayor de la que se le auguraba y desarrollo una excelente gestión.

El tema de la autonomía catalana fue el asunto primordial del gobierno, éste presento ante las Cortes un proyecto de ley sobre la autonomía Catalana y municipal. Los catalanes por su parte elaboraron un Estatuto de autonomía y pretendían que fuera aprobado bajo amenaza de un movimiento civil de protesta.

Romanones tuvo que dimitir cuando las autoridades militares barcelonesas desautorizaron a las civiles al producirse grave disturbios en Barcelona y los catalanistas se vieron muy perjudicados por el fracaso de su postura ante la monarquía.

LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

EL PRONUNCIAMIENTO; PROGRAMA Y REPERCUCIONES

En septiembre de 1923, Primo de Rivera enunció superficialmente su programa en un Manifiesto que no aportaba soluciones concretas, pero que seguía la línea del regenacionismo. En él se expresaba la necesidad de acabar con todos los “males” que comenzaron en el 98, y explicaba que los militares iban a hacerse con el poder, para imponer un nuevo orden. Para ello se suspendía la Constitución de 1876 y se imponía la censura previa.

El proclamamiento de Primo de Rivera fue bien recibido por la opinión pública, que veía en el general un líder que por fin seria capaz de llevar a cabo la regeneración tan esperada. Además el dictador no se encontró con demasiada oposición, el gobierno de la Concentración Liberal se mostró pasivo ante el Golpe de Estado, los republicanos asintieron ante el proclamamiento, los socialistas permanecieron expectantes, la derecha católica recibió a Primo de Rivera con muchas esperanzas porque esta podía ser la forma de que un partido religioso llegara al poder, en cuanto a la prensa su actitud fue también de expectativa tolerante.

LA REGENERACIÓN DICTATORIAL

Lo primero que hizo Primo de Rivera tras hacerse con el poder fue declararse en contra del caciquismo rural, y afirmo que sus propósitos no eran políticos pero que venia a hacer una política verdadera para así hacer posible una situación nueva, eliminando la manipulación ejercida por una minoría dominante social y económicamente. Para los españoles de entonces resultaba bastante creíble que un hombre bueno y apolítico ejerciendo un poder autoritario pudiera mejorar la vida política local mediante una actuación corta pero enérgica.

La lucha contra el caciquismo

Entre septiembre de 1923 y abril de 1924, se disolvieron todos los ayuntamientos y diputaciones provinciales y fueron sustituidos por los mayores contribuyentes y personas mas votadas en anteriores elecciones. Los gobernadores civiles (que ahora eran militares), investigaron en los pequeños municipios a fin de detectar irregularidades e inmoralidades. Despues esta labor fue encargada a unos delegados gubernamentales militares en cada partido judicial (unidad territorial que comprende varios pueblos). En realidad, se trataba de que estos gobernadores militares realizaran a nivel local la política que Primo de Rivera hacia para toda España. La actuación de estos gobernadores aunque con buena intención fue superficial, además entre estos militares también se dieron casos de corrupción.

A menudo los delegados gubernativos se encontraron con impedimentos entre las autoridades judiciales y junto a los métodos contrarios a la justicia que empleaba el dictador supuso un enfrentamiento con la totalidad del poder judicial. A partir de 1928, estos enfrentamientos con los jueces fueron agravándose hasta el momento en que Primo de Rivera decidió suspender las disposiciones vigentes en materia de traslado de personal judicial y crear un juzgado especial para perseguir los delitos de conspiración. Esto venia a contradecir los propósitos de Primo de Rivera de separar la política de la administración de justicia.

LA CREACIÓN DE UNIÓN PATRIOTICA

Desde el punto de vista regeneracionista, el dictador no solo debía acabar con el caciquismo corrupto, sino que debía potenciar una política nueva. A ello quiso responder la creación el 14 de abril de 1924, del partido Unión Patriótica. Según Primo de Rivera este partido debía agrupar a la gente de ideas sanas sin vínculos políticos de derechas o izquierdas hasta entonces. En principio el dictador afirmo que coincidirían en Unión Patriótica todos aquellos acordes con la Constitución de 1876, que el mismo había violado, pero luego enuncio un programa en el que se decantaba por una nueva constitución con una sola cámara y aprobación mediante plebiscito (por mayoría de votos de todo el pueblo). La vinculación entre el gobierno y Unión patriótica también era confusa, en principio en el partido aparecían sectores católicos pero poco a poco fue adquiriendo un carácter gubernamental. En 1927 Primo de rivera decidió que la mayoría de ayuntamientos y diputaciones fueran dirigidos por Unión Patriótica, a pesar de esto este partido que no tuvo nunca voluntad de monopolio, tampoco fue único pues aunque limitados existieron otros.

Las colaboraciones más valiosas de la Dictadura procedían de la extrema derecha, como los mauristas que evolucionaron en sentido cada vez más autoritario. Este autoritarismo se mezclaba con un cierto aire tecnocratico que se reflejaba en los libros de propaganda de la dictadura donde abundaban cifras y estadísticas relativas a la eficacia de su gestión.

En líneas generales la labor dictatorial en cuanto a la oligarquía (gobierno en que el poder esta en manos de unos pocos) y el caciquismo fue un fracaso. Los caciques no habían desaparecido sino que habían sido cambiados por otros y con la de la perdida de las pocas libertades existentes, los males del país no disminuyeron sino que aumentaron.

EL PROBLEMA REGIONAL

En los primeros momentos el régimen de Primo de Rivera despertó las esperanzas de un sector del catalanismo que veía lógico en un gobierno que tendía al regeneracionismo una transformación en sentido autonomista como la que deseaba la Lliga Catalana. Pero el dictador en el que muchos catalanistas tenían puestas sus esperanzas no tardo en olvidar sus propósitos regionalistas y los años de su gobierno constituyeron una marcha progresiva hacia el centralismo.

CONJUNTURA ECONÓMICA DE LA POSGUERRA

IMPACTO SOCIAL DEL CONFLICTO

Desarrollo económico

La primera guerra mundial tuvo una especial trascendencia en el desarrollo del capitalismo español, muchos industriales y comerciantes españoles se enriquecieron durante esta guerra. El comercio exterior creció a muy buen ritmo, una serie de productos de exportación habían experimentado en el mercado extranjero una gran demanda y otros que no se vendían fuera de España empezaron a resultar rentable para otras naciones. Tal fue el caso del hierro vasco, el carbón asturiano y de las compañías navieras. Pero, los beneficios de algunas empresas fueron tan espectaculares como efímeros, pues durante la postguerra muchas de las empresas se vieron obligadas a solicitar la protección estatal para sobrevivir, sin embargo las que habían crecido de una manera más discreta se mantuvieron. Se puede decir que en general la actividad económica española se vio muy estimulada por la Primera Guerra Mundial.

Además como consecuencia de la guerra surgieron dos tendencias que con el tiempo se convirtieron en los factores vertebradores de la economía española, incluso hasta hoy en día.

En primer lugar, la guerra Mundial favoreció la nacionalización de la economía española, en efecto el capitalismo español aprovecho para rescatar una parte importante de empresas mineras y ferroviarias en manos del capital extranjero, y algo parecido paso con la Deuda Pública exterior.

En segundo lugar, esta guerra supuso el salto decisivo para la banca española, los recursos propios de la banca se triplicaron y los ajenos se multiplicaron por cuatro, la cartera de valores por cinco, mientras en ocasiones los beneficios eran superiores al 20%. Además a partir de ese momento, la banca desempeñara un creciente papel en la industria y desde luego esta vinculación entre ambas es un hecho que todavía sigue vigente.

IMPACTO DE LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

Y AGUDIZACIÓN DE LOS PROBLEMAS SOCIALES

EL MOVIMIENTO OBRERO

El desarrollo económico español de la primera década del siglo XX no fue lo bastante fuerte como para evitar una intensa emigración de españoles hacia Africa y sobre todo hacia América. Los emigrantes procedían de regiones como Galicia que tenían una gran población y falta de recursos económicos y otros de regiones mas desarrolladas salían deseosos de hacer fortuna. Los que regresaban los llamaban “indianos”, estos desempeñaron a menudo un papel económico importante y contribuyeron a dotar a la sociedad española de mayor movilidad social.

La prueba de que España estaba aun muy lejos de los países occidentales europeos, a pesar del desarrollo económico de comienzos del siglo XX, es la relativa debilidad del movimiento obrero cuyo auge siempre va unido al desarrollo de la industrialización. Hasta 1910 no fue elegido el primer diputado obrero en el Parlamento Español, Pablo Iglesias, fundador del partido Socialista. La razón de ello fue la existencia en España de un anarquismo opuesto a cualquier intervención en política y muy poco reformista en el terreno sindical. El sindicalismo obrero tenia un papel muy pequeño en la vida política española, la media nacional no llegaba al 5% de obreros afiliados, lo que explica la poca difusión de las huelgas. Además tampoco existían sindicatos de alcance nacional, y a la hora de revindicaciones concretas no se podía llegar a una solidaridad global.

EL ANARQUISMO

La debilidad del movimiento obrero español era también producto de su división. El socialismo tenia malas relaciones con el anarquismo y además existía tendencias enfrentadas en su seno.

La tradición de los atentados terroristas por parte de los anarquistas perduraba en el siglo XX, los autores no eran obreros sino jóvenes inestables que despreciaban las masas obreras y la sociedad en general. El principal núcleo anarquista radicaba en Barcelona y quizás fuera Francisco Ferrer guardia uno de sus mentores. Poco a poco el terrorismo fue cambiando su forma de actuar; el atentado personal fue sustituido por la colocación de bombas en lugares concurridos, con lo que creaban un clima de tensión. La mala organización de la policía de Barcelona contribuyo a que se repitieran los atentados, apenas habían detenciones y a menudo estas eran equivocadas, lo que radicalizaba el movimiento.

A partir de 1910 predomino la corriente anarcosindicalista centrada en la difusión de sus ideas entre amplias masas y en ese mismo año se constituyo la Confederación Nacional de Trabajo localizada casi exclusivamente en Barcelona, donde unos años antes había aparecido un sindicato llamado “Solidaridad Obrera”. Así se fue formando un amplio movimiento anarcosindicalista aunque con escasa relevancia, ya que la CNT estuvo prohibida por orden gubernamental de 1911 a 1914. A partir de esa fecha iría creciendo hasta convertirse en el principal sindicato del país junto a la UGT.

EL SOCIALISMO

Aunque a finales del siglo XIX el socialismo era minoritario y estaba localizado en Cataluña, en la primera década del siglo XX consiguió su mayor implantación en Madrid, y alcanzo una fuerza creciente en Asturias y el País Vasco.

Lo que durante mucho tiempo dividía a los socialistas españoles desde el punto de vista ideológico era la colaboración con los republicanos, a partir de 1908 se acepto esta colaboración en determinadas circunstancias y tras el gobierno de Maura se pacto una alianza entre socialistas y republicanos. Esta alianza proporciono a los socialistas un nuevo crecimiento, entre 1900 y 1904 UGT aumento en 30.000 sus afiliados. Sin embargo los seis años siguientes fueron de recesión que se supero en el momento de la unión republicano-socialista. En efecto, desde el verano de 1910 hasta mediados de 1913 UGT creció excepcionalmente, además con Pablo Iglesia como diputado por Madrid en 1910 el partido disponía de un portavoz parlamentario. A partir de ese momento se inicio un traspaso de votos proletarios del republicanismo al socialismo, aunque este fenómeno todavía tardaría en hacerse definitivo.

Por otro lado, la clase trabajadora apoyaba el socialismo que siempre condeno la expansión colonial en Marruecos a su costa.

LA ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO OBRERO

El anarcosindicalismo

Hasta 1914 los sindicatos habían tenido una escasa importancia, lo más relevante del movimiento obrero español en esas fechas fue la constitución y crecimiento de una importante fuerza anarcosindicalista.

La mayor fuerza del anarquismo en España se logro a través del sindicalismo, ya que hasta entonces solo había agrupado a unos pequeños grupos de escasa importancia numérica. De 1915 a 1919 la CNT creció de 15.000 afiliados a 700.000, con una clara mayoría catalana. El Congreso Sans celebrado por la CNT en 1918 marco un momento importante en su historia, se reorganizo y surgieron nuevos dirigentes como Angel Pestaña y Salvador Segui. Los años entre el congreso y la proclamación de Primo de Rivera en 1923 fueron los de mayor actividad de la CNT y también en ellos se produjo su división interna en varias tendencias. Esto provoco en los primeros meses de 1919 los conflictos sociales más graves del movimiento obrero español, con una huelga que duro 44 días en una empresa eléctrica cuya patronal intentaba disminuir los salarios. Todo ello provoco una reacción de la clase conservadora cuya primera manifestación fue la creación del “somaten” un cuerpo armado voluntario de la clase media.

La agitación social prendía no solo en Cataluña sino también en Andalucía durante los años 1918, 1919 y 1920 que fueron denominados el “Trienio Bolchevique”, nombre con poco fundamento pues los protagonistas fueron los anarquistas que llevaron a cabo una rebelión campesina. En principio los huelguistas triunfaron pero poco a poco se iniciaron huelgas sin motivos que llevaron a la desaparición de los frágiles sindicatos agrícolas.

En estas condiciones la lucha sindical desemboco en simple terrorismo, dando lugar a una situación explosiva mal controlada por la policía. Un sector de los patrones catalanes reacciono con la misma violencia (no la Lliga que lo condeno), promovió su propio pistolerismo y a finales de 1919 se formaron en Barcelona sindicatos libres que aceptaban en ocasiones el empleo de armas. Todo esto provoco la intervención del ejercito en Barcelona.

Como consecuencia la CNT acabo por destruirse, su descrédito era total y su numero de afiliados cayo de manera vertiginosa.

El sindicalismo socialista

También crecieron de manera notable el Partido Socialista y la UGT. Este crecimiento se debió fundamentalmente a su presencia en el medio rural, sobre todo en Andalucía donde hasta entonces había estado ausente. Quizás a causa de la poca información sobre el socialismo que tenían los nuevos afiliados, el rápido crecimiento se convirtió en un rápido descenso despues de la agitación social.

El Partido Socialista tenia un carácter reformista, sin llegar a ser socialdemócrata. Su programa político incluía la abolición de la Monarquía y del Senado tal como estaba estructurado, se afirmaba además que los socialistas no participarían en un gobierno burgués aunque podrían influir desde fuera de forma decisiva en los acontecimientos. Julián Besteiro, sustituyo a Pablo Iglesias tras su muerte, este era partidario del parlamentarismo y pensaba que la dictadura del proletariado solo era valida en Rusia. Sin embargo, los socialistas cambiaron de opinión cuando el nuevo régimen comunista triunfo en Rusia, empezaron a proliferar en el partido grupos filocomunistas de jóvenes e intelectuales que pedían al PSOE apoyo decisivo al régimen soviético. Parecía que estos grupos iban a triunfar, pero los sectores moderados utilizaron el prestigio de la figura de Pablo Iglesias como argumento, el partido Socialista se negó a ingresar en la III internacional aunque se declaraba partidario de la revolución rusa.

Finalmente en 1921 un sector del socialismo se separo y formo el Partido Comunista, este partido de tendencia extremista tuvo poca importancia en estos años.

LA POLÍTICA ECONÓMICA Y SOCIAL

EL DIRECTORIO CIVIL Y LAS CUESTIONES ECONÓMICAS Y SOCIALES

Solucionado el tema de Marruecos, Primo de Rivera pudo pensar en volver a la normalidad con la constitución del Directorio civil, que según prometió actuaría durante un corto plazo, seria rápido y eficaz en el procedimiento, no convocaría elecciones y se mantendría la censura.

El nuevo gabinete estaba formado por el General Martínez Anido como ministro de la Gobernación, pero la mayoría de los puestos fueron ocupados por civiles, figuras de la vieja política como José Calvo Sotelo, procedente del maurismo, ahora nombrado ministro de Hacienda. También ocuparon puestos en el Directorio civil Eduardo Aunós, catalanista, como ministro de Trabajo, o el conde de Guadalhorce, ingeniero de elevado prestigio.

El hecho de constituir un gobierno civil no tenia otro fin para Primo de Rivera que el de permanecer en el poder. Pasado medio año de la constitución del nuevo gobierno, el dictador anunció su propósito de convocar una Asamblea Consultiva para encaminar el país hacia la legalidad, pero una nueva legalidad con otra Constitución. En el tercer aniversario de su golpe de Estado convocó una especie de consulta popular que obtuvo una gran cantidad de adhesión a su régimen, pero que no ofrecía ninguna garantía, pues se realizo mediante la firma de unos pliegos. Lo que demuestra este hecho es la necesidad del Dictador de compaginar su autoritarismo con manifestaciones seudodemocráticas. El proyecto de Asamblea Consultiva quedo paralizado ante la actitud reticente de algunos miembros de la vieja política y del Rey que sabia que si aceptaba la convocatoria quedaría como claro violador de la Constitución.

Mientras tanto el gobierno civil de la Dictadura se enfrentaba a otro aspecto del programa regeneracionista. Si antes había afrontado las cuestiones políticas con la persecución del caciquismo, ahora le haría con los aspectos económicos y sociales obteniendo mucho mayor éxito.

Las obras públicas

Otro éxito de la gestión dictatorial tan alabado como la solución de Marruecos, fue el impulso de las obras públicas. En este terreno lo más ambicioso fue la política hidráulica, que aunque los proyectos se planearon durante la etapa anterior, el parlamentarismo no había sido capaz de llevar adelante. Se crearon por todo el territorio nacional confederaciones hidrográficas para aprovechar las cuencas fluviales, tanto par regadíos como para la obtención de energía. Las confederaciones tenían una organización democrática interna y se financiaban como cajas autónomas. También se preocupo de las comunicaciones, carreteras y ferrocarriles, en 1926 se creó el Circuito Nacional de Firmes Especiales, que gestiono la construcción de 7.000 Km de carreteras mediante, una caja autónoma, aunque en ocasiones el Estado colaboró. En cuanto a los ferrocarriles, la dictadura inicio un camino de intervencionismo (intromisión del Estado) que había de concluir en su nacionalización. Solo se llego a cumplir una pequeña parte de sus programas de construcción de vía férrea y fue criticada por inmoralidad en las concesiones.

La producción industrial

La política intervencionista fue positiva en cuanto a promoción de la inversión pública, pero uno de sus aspectos negativos fue el intento de regular la producción a través del Consejo de Economía nacional. A pesar de ello, el efecto de la política de expansión del gasto público en los años de la Dictadura fue tan importante que el índice de producción industrial por individuo activo se incremento notablemente.

La emisión de Deuda pública (obligaciones contraídas por el Estado), fue el gran motor de la expansión industrial. Sin embargo no se recurrió a una política fiscal avanzada y, de esta manera, al aumentar el gasto sin que los ingresos lo hicieran al mismo tiempo, el resultado inevitable fue la inflación. José Calvo Sotelo, ministro de Hacienda, elaboro proyectos de reforma del impuesto sobre la renta, pero estos quedaron muy limitados por la oposición de los sectores conservadores de la sociedad que sostenían el régimen dictatorial y no deseaban el aumento y la racionalización de los impuestos. Para aumentar la recaudación se extendió el monopolio estatal a los productos petrolíferos mediante la creación de CAMPSA, en un momento en que ya se empezaba a vislumbrar el auge del automóvil.

Balance de la política económica de la Dictadura

En general la política económica de la Dictadura puede ser considerada como positiva, aunque es preciso tener en cuenta algunas circunstancias para explicarla. Primo de Rivera se beneficio del auge económico común en todo el mundo en esa época (felices años veinte) y muchas de sus disposiciones procedían de una gestación anterior que el sistema parlamentario no había sabido sacar adelante. En su acción la Dictadura beneficio a las clases pudientes y, en concreto, a la banca privada que vivió su edad de oro y adquirió algunas de las características actuales, como su peso sobre la industria española. También se produjo una importante potenciación de la banca oficial.

Frente a este balance positivo es necesario decir que los últimos años de la Dictadura se sufrió una crisis económica producida por la reducción del valor de la peseta a causa de las malas cosechas, la reducción de la llegada de divisas enviadas por los emigrantes españoles y la propia carencia de medios para costear los programas de inversión pública. El gobierno no fue capaz de dar una solución a estos problemas.

Corporativismo y movimientos obreros

La obra social de la Dictadura correspondió al ministro de trabajo, Eduardo Aunós, y consistió en primer lugar en la publicación del Código de Trabajo en agosto de 1926, que resumía las disposiciones anteriores concernientes a contratos de trabajo, accidentes y tribunales industriales. En abril de 1924 se había creado el Consejo Nacional de Trabajo, Comercio e Industria, y poco despues el Instituto de Reformas Sociales, este por su papel en la promoción de la legislación social fue integrado en el ministerio del Trabajo. La Dictadura también completo la legislación social en otros aspectos, creación de escuelas sociales, vivienda popular, protección del emigrante etc.

Pero lo más brillante y más discutido fue la creación de un sistema corporativo a partir de los llamados comités paritarios (asamblea o reunión de trabajadores y patronos, formada por representantes, en igualdad numérica y de derechos, de las dos partes.). La organización tenia como elemento fundamental el comité paritario, el segundo grado lo constituían las comisiones mixtas provinciales y finalmente los consejos de la corporación, que eran el órgano superior de cada oficio. En cada uno de estos escalones existía igual representación de patronos y de obreros, siendo el presidente nombrado por el gobierno. Su misión era regular las condiciones de trabajo y por lo tanto evitar la conflictividad social. Sin embargo, este sistema fue muy criticado por varios sectores aunque sin fundamento.

Es indudable que con la política social de la Dictadura la clase obrera se vio beneficiada desde el punto de vista de la estabilidad en el empleo y a través de las mejoras indirectas por la extensión de la seguridad social, pero el nivel de los salarios se mantuvo estable y con tendencia a la baja, por lo que la labor de los comités paritarios no resultó tan decisiva como cabía esperar.

Durante los primeros años del régimen Primo de Rivera encontró escasas dificultades con los movimientos obreros, a partir de 1923 descendió de forma notable el número de huelgas y solo en la etapa final se produjo un cierto aumento. También logro un buen resultado en lo concerniente a la seguridad ciudadana con la practica desaparición de los atentados.

Lo más espectacular de las relaciones entre la Dictadura y los movimientos obreros fue la colaboración del Partido Socialista, muy difícil de entender desde una óptica actual y que le fue muy reprochada por el sindicalismo anarquista. La propaganda de Primo de Rivera insistía periódicamente en la colaboración con el PSOE, al que consideraba el único partido honesto, incluso sé penso que se iba a crear un nuevo sistema de turno como el de liberales y conservadores de otro tiempo entre socialistas y Unión Patriótica, pero sectores del PSOE eran anticolaboracionista y la Dictadura se presentaba como un régimen temporal y que proporcionaba más beneficios al mundo obrero.

En definitiva los primeros años del régimen dictatorial el Partido Socialista no se beneficio mucho de su pasividad, las cifras de afiliación a la UGT crecieron muy poco entre 1923 y 1927. El líder sindicalista del PSOE, Francisco Largo Caballero, pasó a formar parte del Consejo de Estado como vocal de representación obrera, pero el partido Socialista se negó a participar en otros organismos oficiales. La situación empezó a cambiar en 1927 cuando los socialistas se negaron a enviar representantes a la Asamblea Consultiva de Primo de Rivera. A partir de 1928, en el congreso del partido venció la línea no colaboracionista y el cambio de posición del socialismo fue absoluto.

En cuanto al sindicato anarquista CNT, el nuevo régimen le obligó a la semiclandestinidad desde septiembre de 1923. Su actuación se limitó a realizar atentados y actos subversivos. Los locales de la CNT fueron clausurados, pero perduraron algunos sindicatos cuya actitud era mas bien reformista. El periódico anarquista “solidaridad Obrera” desapareció pero se mantuvieron algunos otros. Esta persecución selectiva contra la CNT fomentó el radicalismo, en 1927 se fundo la Federación Anarquista ibérica (FAI), que actuó a favor de una estrategia de rebeldía en el seno del sindicalismo.

Desarrollo DE LA OPOSICIÓN AL RÉGIMEN

LOS OPOSITORES AL RÉGIMEN

La larga duración de la Dictadura se explica sin duda por la impotencia de las oposiciones que no solo se debía a los medios represivos del régimen.

Los políticos de la vieja guardia

Era previsible que entre los mas decididos opositores del régimen estuvieran los miembros de la vieja política. La postura de estos al principio era de expectación ante lo inevitable del golpe de Estado y la idea de que el régimen seria poco duradero. Sin embargo poco a poco entre los políticos del antiguo régimen fue creciendo el descontento por dos causas principales; la actuación de la Dictadura en contra de la oligarquía y el caciquismo, que desorganizo los sistemas de clientelas que tenían organizada la vieja política en los pueblos y a esto hay que añadir las acusaciones de inmoralidad colectiva que lanzaba Primo de Rivera en contra de todos los políticos anteriores a él.

Pero la oposición que los viejos políticos le hacían a Primo de Ribera resultaba inofensiva, consistía en gestos intrascendentes como lanzar acusaciones mas o menos disimuladas en algún banquete. Otro recurso frecuente fue apelar al rey, cuya postura era bastante delicada y Alfonso XIII solo pudo intentar pedir al dictador moderación en sus manifestaciones respecto a los políticos, cosa difícil dada su incontinencia verbal.

Sánchez Guerra, jefe del partido conservador se convirtió en él mas caracterizado representante de la oposición, su prestigio nacía de su carácter entero y su austeridad. Cuando Primo de Ribera convocó la Asamblea Consultiva, decidió exiliarse en un gesto romántico y valeroso que venia a demostrar que la monarquía comenzaba a apartarse de una porción importante del país, por culpa del dictador.

Los Republicanos

Si el régimen dictatorial demostró que los métodos utilizados por la vieja política ya estaban fuera de lugar, algo parecido sucedió también respecto a los republicanos. Estos tenían el grave inconveniente de estar desunidos, aunque en febrero de 1926 firmaron un especie de pacto “Alianza Republicana”, la realidad es que cada grupo actuaba por su cuenta. El mismo Azaña que representaba un nuevo republicanismo, mas tolerante, pero también más activo y con un programa concreto, criticaba la actuación de otros republicanos como Alejandro Lerroux o el escritor Vicente Blasco Ibañez.

La oposición militar

Para los viejos políticos como para los republicanos, la única esperanza de acabar con el régimen residía en la colaboración con el ejército. Así que las apelaciones a la insurrección militar se hicieron cada vez más frecuentes, sobre todo a partir del momento en que Primo de Ribera intentó realizar una reforma militar.

Las primeras muestras de oposición al régimen por parte del ejército resultaron inconexas, quizás porque obedecían a muy distintos motivos. Pero a partir de 1925/26 la oposición militar comenzó a coordinarse con la oposición política, y en junio de 1926 se puso de manifiesto esta colaboración en los sucesos de la noche de San Juan, la llamada “Sanjuanada”, que aunque no paso de ser una protesta con pocas repercusiones, fue la primera reunión importante de militares y políticos.

Para entender la actitud reticente del ejército hacia Primo de Ribera es necesario tener en cuenta que multiplico sus adversarios con ciertas reformas militares, como la de apoyo a los ascensos por méritos de guerra que favorecieron los militares de África frente a los de la Península. El conflicto más grave se le planteo por parte de la artillería que siempre habían negado los ascensos que no fueran por estricta antigüedad, al querer imponer el nuevo criterio el dictador se encontró con una fuerte oposición que desencadenó sangrientos incidentes y Primo de Ribera tuvo que disolver el cuerpo de artillería. El Dictador forzó al rey a firmar un decreto por el que se obligaba a los artilleros a prometer fidelidad al gobierno para lograr su reingreso. A partir de entonces una parte importante del ejército rompió las relaciones con el rey y adopto una actitud prorepublicana.

Sin embargo en otros aspectos relacionados con el ejército, Primo de Rivera actuó con mucha menor decisión. En 1927, creo la Academia General Militar de la que al año siguiente se hizo cargo el general Francisco Franco. En cuanto al número de oficiales, Primo de Rivera no consiguió una reducción notable, sin duda todavía seguía siendo excesivo el presupuesto para el ministerio de Guerra con relación al presupuesto general.

Los intelectuales y la Dictadura

Otro de los sectores de la sociedad española que iba a enfrentarse al régimen fue el mundo intelectual que, sin duda, tenía una gran influencia sobre la opinión publica. El primer choque se produjo a comienzos de 1924 cuando Miguel de Unamuno fue suspendido de empleo y sueldo y desterrado a la isla de Fuerteventura.

La postura de Unamuno no solo representaba la de la oposición lógica de un liberal, sino también un enfrentamiento personal con el rey y el dictador. Más tarde, desde su voluntario exilio a Francia, Unamuno junto a Ortega y Gasset redactaron unas “Hojas libres” atacando al régimen.

Con el tiempo las tensiones se fueron agudizando, sobre todo por la incapacidad de Primo de Rivera de rectificar sus actuaciones. Éste destituyo la Junto del Ateneo de Madrid, cerro la revista “España” que dirigía Azaña, persiguió el uso del catalán, destierro a varios catedráticos que protestaron por e destierro de Unamuno y se enfrento a Valle-Inclan censurando uno de sus libros lo llevó al escritor a adoptar una postura antimonárquica radical.

Un reducido sector intelectual evolucionó hacia el autoritarismo, como Eugenio D´Ors y Ramiro de Maeztu que incluso sirvieron al régimen dictatorial en puestos diplomáticos en el extranjero.

Fue en la etapa final de la Dictadura cuando la protesta de los intelectuales adquirió mayor relevancia al unirse a la de los estudiantes. En 1928, se recrudecieron los conflictos a causa de una disposición dictatorial del estatuto universitario que favorecía algunos centros universitarios privados, y en marzo de ese año se produjeron grave incidentes estudiantiles, que provocaron el cierre de las universidades de Madrid y Barcelona. Primo de Rivera con su actitud y sus declaraciones agravo mas aun el asunto que se fue politizando y puesto que la mayoría de los estudiantes procedían de la clase burguesa, que solía apoyar la monarquía, este desvío era muy significativo. Las criticas del dictador contras la universidad le pusieron en contra el estamento docente, y catedráticos como Ortega y Gasset, Fernando de los Ríos y Luis Jiménez de Asúa abandonaron la docencia. La agresión dictatorial hizo que la clase intelectual en su totalidad coincidiera en el objetivo de librar al país del régimen.

LA CRISIS DEL RÉGIMEN DICTATORIAL

Más que las conspiraciones, la murmuración contra lo injusto e ilegal de su actuación acabaron por hacer estallar la firmeza del régimen. El país que en un principio acogió de buen grado a Primo de Rivera se cansó a la larga de su actitud. Se produjeron varias conspiraciones en contra del régimen. A finales de enero de 1929, Sánchez Guerra, que se apoyaba en el ejército, dio un golpe de Estado en Valencia, aunque este fracaso porque los conspiradores esperaban mas apoyo del que recibieron, demostró la falta de seguridad del régimen y la división del ejército. Cuando se juzgó a Sánchez Guerra, éste se convirtió de acusado en acusador lo que provoco un deterioro aun mayor del régimen. La creciente oposición, no hizo sino aumentar la indecisión de Primo de Rivera acerca de cómo recuperar el rumbo y esto le obligo a mostrar una faz represora. Cuando en julio de 1929 intento ampliar la representación corporativa en la Asamblea Consultiva obtuvo un resultado decepcionante, la Universidad de Valladolid eligió como representante a Unamuno, el colegio de abogados de Madrid a Sánchez Guerra, Santiago Alba y Ortega y Gasset. La Academia de Jurisprudencia, los miembros de la vieja política y el Partido Socialista se negaron a asistir.

Ante esta situación, el dictador era consciente de que tenía que prepararse a dejar el poder, incluso sus ministros le insistían en la necesidad de realizar una elecciones que dieran fin al régimen, prueba que nunca se consideró una solución permanente.

Entretanto se iba deteriorando la situación económica, la peseta caía en picado, en parte por motivos políticos, por otro lado los conflictos sociales comenzaron a ser graves, aumentaron las huelgas y continuaban las conspiraciones.

Finalmente tras una consulta a los altos mandos militares, Primo de Rivera presentó la dimisión el 28 de enero de 1930. Despues se marcho a París donde moriría al poco tiempo de manera repentina. La opinión pública culpó al rey de los males de la Dictadura y tras hacer un juicio de esta etapa, el general se convirtió en un mito para sus seguidores. El mas perjudicado por el régimen fue en definitiva Alfonso XIII.

HUNDIMIENTO DE LA MONARQUÍA

LOS ÚLTIMOS GOBIERNOS MONÁRQUICOS

El rey encargó a Dámaso Berenguer que se hiciera cargo del gobierno y condujera el país a la normalidad constitucional de 1876. Pésima elección, pues Berenguer carecía de la capacidad política suficiente para captar la situación real del país. La lentitud de su régimen para volver a la normalidad recibió el apelativo de “dictablanda” en contraposición a la dictadura de Primo de Rivera. Además Berenguer pretendía no solo la vuelta a la constitución de 1876, sino también con ella las practicas caciquiles que no podían ser aceptadas en 1930.

Su anuncio de retornar a la constitucionalidad junto a algunas medidas liberales, como la devolución de cátedras a los profesores, le valió en un principio la simpatía de la opinión pública y en los primeros meses de su gestión desaparecieron las conspiraciones militares. Sin embargo con el tiempo se dejaron notar las graves deficiencias de sus planteamientos de gobierno.

El anacronismo que representaba una solución política como la que los españoles presenciaron en 1930 fue duramente criticada. Y tal como dijo Ortega y Gasset no es que Berenguer cometiera errores, sino que también lo habían cometido otros al nombrarlo presidente del Consejo de ministro, a eso le llamo el “error Berenguer”. El pueblo español había cambiado y la monarquía se identificaba con el pasado, se acusaba al rey de haber sido infiel a la constitución, y la opinión publica empezó a desempeñar un papel creciente en la vida política. Por primera vez en mucho tiempo los republicanos vieron aumentar sus partidarios. Había un republicanismo histórico presidido por Alejandro Lerroux, pero surgió también un republicanismo nuevo procedente de la monarquía representado por Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura, o el de los sectores intelectuales que lideraba Manuel Azaña. Por primera vez los españoles se interesaban por la política y a la vez se expresaban en contra de un régimen monárquico que parecía incapaz de sobrevivir.

En agosto de 1930 se firmo el “Pacto de San Sebastián” que supuso la alianza entre los diversos sectores del republicanismo y las fuerzas políticas al margen del sistema. A partir de ese momento se formo un gobierno provisional republicano presidido por Alcalá Zamora. Los intelectuales acudieron a la llamada de una “Agrupación al Servicio de la República” inspirada por Ortega y Gasset.

Berenguer continuo ignorando el cambio producido en la sociedad española y cada vez estaba mas marginado de las fuerzas políticas reales. Cuando a finales de 1930 Berenguer quiso convocar elecciones generales se encontró con la protesta de los partidos monárquicos que pretendían primero unas elecciones municipales como único medio de garantizar la imparcialidad electoral. Berenguer se vio obligado a presentar su dimisión al rey.

En febrero de 1931 le sustituyó el gobierno del almirante Aznar, en el que estaban representados todos los partidos del turno (liberales, conservadores) que seguían fieles a la monarquía. Este gobierno no logro calmar los ánimos de la opinión publica, continuaron los desordenes universitarios y no se adopto una política coherente debido a las tensiones entre miembros del gabinete. Aznar convoco elecciones municipales el 12 de abril de 1931, estas en cuanto a resultado eran inciertas, pues desde 1922 no se habían celebrado elecciones y el censo había aumentado considerablemente y resultaba imprevisible su comportamiento. Otra novedad era la no-intervención del poder publico, además la apatía de los monárquicos que apenas hicieron campaña y acudieron desunidos a las elecciones. Tanto para los republicanos como para los monárquicos la jornada electoral se simplificaba a una consulta popular a favor o en contra de la monarquía.

La victoria de las izquierdas en las capitales de provincia tuvo como resultado el cambio de régimen.

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