Friedrich Nietzsche

Filosofía contemporánea. Nihilismo. Vitalismo. Moral. Mujer. Poder. Cristianismo. Eterno retorno. Zararustra. Superhombre

  • Enviado por: Maria
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 8 páginas
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Nietzsche

Nihilismo: el nihilismo es un advenimiento de unas repetidas frustraciones en la búsqueda de significado. Destino necesario. Esto se ve representado en su frase “Dios ha muerto”. Con esto quiere significar la crisis imperante del pensamiento europeo, la ruptura irreparable de los fundamentos, valores tradicionales. La definición exacta de nihilismo es que el mundo, y en especial la existencia humana, no posee de manera realmente objetiva ningún significado, propósito, verdad comprensible o valor esencial superior. Solo hay nada. La realidad tal como la vemos no existe, es incognoscible. Nihilismo es la negación de todo principio, autoridad, dogma filosófico o religioso. Negación a todo lo que predique una finalidad superior, objetiva o determinista de las cosas. Devenir constante de la historia objetiva, sin ninguna finalidad superior. Es partidario de las ideas vitalistas. De deshacerse de todas las ideas preconcebidas para dar paso a una vida más completa. Como niega toda finalidad niega así mismo toda autoridad. Nietzsche describió a la cristianidad como una religión nihilista porque evadía el desafío de encontrar sentido en la vida terrenal, y que en vez de eso crea una proyección espiritual donde la mortalidad y el sufrimiento eran suprimidos en vez de transcendidos. Nietzsche creía que el Nihilismo es un resultado de la muerte de Dios, e insistió en que debía ser superado.

La base sobre la que ha de construirse, según Nietzsche, la nueva filosofía es la siguiente:

  • El nihilismo como resultado de la negación de todos los valores vigentes: es el resultado de la duda y la desorientación.

  • El nihilismo como autoafirmación de esa negación inicial: es el momento de la reflexión de la razón.

  • El nihilismo como punto de partida de una nueva valoración: es el momento de la intuición, que queda expresada en la voluntad de poder, en quien se expresa a su vez el valor de la voluntad.

  • El hombre provoca, en primer lugar, la muerte de Dios, sin apenas darse cuenta de ello. En segundo lugar, el hombre toma conciencia plena de la muerte de Dios y se reafirma en ella. En tercer lugar, y como consecuencia de todo lo anterior, el hombre se descubre a sí mismo como responsable de la muerte de Dios descubriendo, al mismo tiempo, el poder de la voluntad, e intuyendo la voluntad como máximo valor.

    Moral de señor y moral de esclavo: la moral de señor es activa en los hombres nobles, mientras la moral de esclavo se desarrolla en los hombres débiles. Estas no son opuestas sino que se guían por diferentes “valores”. Quien posee la moral del señor realiza acciones que encajan como buenas o malas mientras aquellos que poseen la moral de esclavo ve las acciones como buenas o malas.

    La cristiandad y Nietzsche: Nietzsche critica a la iglesia alegando que la misma no ha sabido transmitir la vida de Jesús y la cristiandad es una ideología que fue establecida por las instituciones. Es muy importante cuando se refiere a Nietzsche distinguir entre Jesús y la cristiandad pues este reivindicó la figura de Jesús. Él admira a Jesús pues este logró trascender los valores morales de su tiempo y crear su propio sistema de valores. Por esto Jesús representaba un paso hacia al superhombre. Si bien lo reivindica también realiza críticas hacia él pues justamente como se dijo es un paso hacia el superhombre pero no del todo pues en vez de abrazar la vida como lo haría un verdadero superhombre niega la realeza por el Reino de Dios. Esto junto con su muerte son consecuencias del desajuste de ideas. Crítica a la religión cristiana pues la acusa de encontrar en Jesús la manera dominar las masas a través de la historia de la salvación de la humanidad. Una mala interpretación de la vida de Jesús.

    El cristiano interpreta el sufrimiento humano por el pecado; es decir, busca un fundamento racional para su disgusto, pues “las razones alivian” y cuando se “tiene un propio porqué de la vida, uno se adapta a cualquier cómo”. Con tal razonamiento el cristianismo ha creado un mundo de pecado en un lugar donde dicho sentimiento no existía por tanto convierte al enfermo en un pecado culpable. La decadencia de la fe en el Dios cristiano viene acompañada de una decadencia de la conciencia humana de culpa. Nietzsche buscó reconquistar la “inocencia” de la vida y volver a vincular, más allá del bien y del mal, la existencia con el cosmos natural de una vida que retorna eternamente.

    Según Nietzsche, el cristianismo dejó de ser una fe que dominaba el mundo al superarlo, para transformarse en una cultura y moral cristianas. Crítica a aquellos que son conscientes de las mentiras dichas por el cristianismo y aún así siguen profesando esta religión son ellos los que poseen la moral de esclavo. Por esto crítica también a ciertos miembros del clérigo pero reivindica a otros a aquellos que son fieles a sí mismos. Nietzsche propone un cambio en esta moral un cambio por la moral de soldado o de señor por la cual se es fiel a uno mismo. Se buscan las propias ventajas, la voluntad de vivir. La moral cristiana obliga a negar la moral. Con el derrumbe de valores se llegara a otra etapa a la búsqueda del superhombre. Los valores del cristianismo deben ser superados son parte de una moral que debe ser superada desde un punto de vista más allá del bien y del mal. Se debe buscar la voluntad de vivir o más bien la voluntad de poder. Esto último exige junto con la crítica de dichos falsos valores, la erección de un nuevo ideal el Superhombre.

    La voluntad de poder: Nietzsche veía en los instintos una fuerza que iba más allá del solo impulso a sobrevivir, protegerse y reproducirse de todos los seres vivo, de solo ser esto la vida se estancaría. La supervivencia era una de las consecuencias de un deseo aún mayor, impulso hacia una supravivencia, un deseo perpetuo de todo ser vivo por ir más allá de todos, el todo y hasta más allá de sí mismo, más allá de la muerte.

    La voluntad de poder se caracteriza por un ímpetu o impulso que va siempre más allá que no se detiene nunca. Es algo vital, biológico. La voluntad de poder es entendida en función de la vida. La adaptación orgánica es meramente pasiva pero la voluntad es supremamente activa, es justamente la voluntad de poder que va siempre de lo más interno a lo más externo, que consiste en manifestarse y expansionarse sin cesar. La voluntad de poder nietzscheana sobrepasa toda actividad individual y toda aspiración a la “felicidad” individual. Es una fuerza universal impulsora. Colocarse más allá del bien y del mal es el camino hacia la voluntad de poder.

    El tema de la mujer: La visión de Nietzsche de la mujer se centra en su papel de madre en potencia, y no se extiende mucho más allá. Deja a su esperanza decir "¡Quizá tendré al superhombre en mis entrañas!", considerándolas en función de la edad. Nietzsche resalta el valor «real» de la mujer, no siendo ésta tan débil como aparenta y generalmente el hombre supone. De hecho, Nietszche creía en las diferencias radicales en la esencia de los géneros como algo positivo. Ambos serían capaces de contribuir, cada uno a su modo, a las grandes tareas humanas, en función de sus respectivas condiciones sexuales, físicas y psicológicas.

    Así habló Zaratustra: El libro usa una forma poética de ficción y satiriza a menudo el Nuevo Testamento para explorar muchas de las ideas de Nietzsche. La temática central para Zaratustra es la noción de que los seres humanos son una forma de transición entre los monos y lo que Nietzsche llamó el Übermensch, literalmente "sobre-hombre", cuya traducción más común es la de "superhombre" La visión cíclica del tiempo, el "eterno retorno" también es postulada en este libro. En cierto sentido, este libro contiene toda la doctrina de Nietzsche en su etapa más madura. Sintetiza en sí misma toda la ambigüedad que ha caracterizado la enseñanza y la figura misma de Nietzsche. En este libro aparece la idea del eterno retorno, Nietzsche dice que este fue un descubrimiento imprevisto. Zaratustra presenta la búsqueda de un camino para salir de la decadencia. La crítica a la civilización «socrática» que Nietzsche llevó a cabo en aquellas obras tuvo como resultado una destrucción radical de las bases metafísicas y morales de esta civilización. Nietzsche afirmaba que por sobre todo valor superior existía un impulso egoísta a vivir y a afirmarse.

    Relacionado con estos temas también aparece la cuestión de la verdad. Según Nietzsche la verdad es solamente aquello que se adecua mejor a las reglas que utilizan la mayoría de los hablantes de una determinada lengua. Este proceso de autodisolución de la idea misma de verdad es lo que Nietzsche describirá como la muerte de Dios. Dios ha muerto, lo han matado sus fieles. Les mandó que fueran veraces y, finalmente, justamente para obedecerle, los fieles han tenido que reconocer que Dios mismo es una mentira. Nuestra civilización no se fundamenta en la verdad, sino en el error o, en todo caso, en convenciones arbitrarias inspiradas sólo en motivos de utilidad.

    Se puede ver los fines de este libro como análogos a los del Antiguo y Nuevo Testamento en la tradición occidental. Nietzsche hace hincapié en que uno de los errores de Jesús fue el hacerse demasiado comprensible es por esto que para él la enseñanza de Zaratustra sea más misteriosa y problemática. Se trata de una especie de manual para la preparación del superhombre.

    La idea principal de la obra es el "superhombre"; Nietzsche afirmaba que "el hombre es algo que debe ser superado, es un puente, no un fin".

    Las partes de Zaratustra:

    • Primera parte: La muerte de Dios

    • Segunda parte: La voluntad de poder

    • Tercera parte: El eterno retorno de lo idéntico

    • Cuarta parte: Necesidad de los "superhombres"

    La primera parte contiene en sí misma todos los temas que posteriormente serán desarrollados en las demás partes. Si bien se centra en la larga meditación sobre la decadencia la crisis de la cristiandad. En el prólogo se hace referencia al ocaso de Zaratustra, a la muerte de Dios, y a la preparación del superhombre. Para esto último, el hombre es solo un puente entre el animal y el superhombre. «De las tres metamorfosis», delinea las etapas principales de la crisis de la subjetividad del hombre de la tradición, que son también etapas de su superación: camello (soporta el dominio de la moral), león (crea una nueva moral, es libre), niño(crea nuevos valores mediante el juego). El camello es la fase de la obediencia como primer modo de superarse, imponiéndose el sometimiento; el león es el desvelarse de una voluntad de autoafirmación que quiere ejercer la propia libertad no en la aceptación de deberes, sino en la creación de valores nuevos; el león, sin embargo, no es creador, tal vez porque todavía le queda demasiado espíritu de reacción, está todavía demasiado centrado en destruir los vínculos del deber como para saber crear verdaderamente. Por eso es necesaria una tercera metamorfosis, la del niño que crea sin esfuerzo. Estas etapas se pueden interpretar también como momentos de la historia de la civilización occidental, que Nietzsche tiene siempre a la vista: espíritu de camello es el del ascetismo, tanto platónico como cristiano; rebelión de león se puede considerar el paso a la modernidad. El niño es probablemente una figura del superhombre nietzscheano, que sigue siendo el fin de todo el Zaratustra.

    La segunda parte se centra en el desenmascaramiento de falsas vías de superación. Relata la segunda bajada de Zaratustra y Nietzsche ataca a quienes se oponen a la voluntad creadora de una moral libre. Se abre con el capítulo sobre «El niño del espejo» -donde Zaratustra reconoce que su doctrina está en peligro porque «la mala hierba quiere hacerse llamar trigo»- y lleva casi como cierre el gran discurso «De la redención». Las falsificaciones de la doctrina de Zaratustra, es decir, las falsas vías seguidas hasta ahora para la autosuperación del hombre, se reconocen a la luz de un «criterio» que se indica en el segundo discurso, el titulado «En las islas afortunadas»: aquí Zaratustra anuncia que, de ahora en adelante, en el lugar de Dios habrá que poner al ultrahombre; Dios es, de hecho, una suposición excesiva, que va más allá de las fronteras de lo pensable y de la voluntad creadora del hombre. Suposiciones, símbolos, esto es, sistemas de valor, no deben mirar a lo eterno, sino al tiempo y al devenir. Las falsas vías que el hombre del pasado tomó para elevarse más allá de sí mismo se fundan todas en la oposición de un mundo eterno al mundo del devenir: es esta oposición entre un aquí y un allá, entre ser y deber ser, la que ha generado los hombres desequilibrados y deformes que se le aparecen a Zaratustra al comienzo del discurso «De la redención». La clave de la redención, sin embargo, no parece ser sólo la aceptación fatalista de las cosas tal como son, sino la libre voluntad creadora que llega a ser posible sólo al recomponer la unidad del hombre más allá de la fragmentación creada por una disciplina social. En «De la visión y del enigma» se empieza a dilucidar el paso hacia la tercera parte con el tema del eterno retorno. El «mordisco» que el pastor de la visión y el mismo Zaratustra deben dar a la cabeza de la serpiente muestra que el eterno retorno no es una «canción de organillo», un mero demorarse en el imparable ir y venir de las cosas, sino una conciliación «creativa» con el ser, que implica una decisión y un esfuerzo. Esta segunda parte, termina también con un fracaso: Zaratustra regresa a su montaña, incomprendido por los hombres que no entienden cuanto dice.

    La tercera parte tiene una importancia especial. En ella Zaratustra plantea la doctrina del "eterno retorno". Hacia el final de la tercera parte hay un discurso (el quinto contando hacia atrás) que es un esfuerzo por esclarecer y dar una formulación a la doctrina del retorno. Salvo por este discurso, la tercera parte tiene un desarrollo más bien estático en cual se denota que en vez de ser argumentado el tema del eterno retorno es “digerido” por Zaratustra y los lectores.

    La cuarta y última parte presenta a un Zaratustra anciano y desanimado ante el fracaso de su tarea, pero que todavía tiene la fuerza suficiente para reivindicar la necesidad de aquellos que denomina "hombres superiores". Éstos serán los únicos que podrán comprender su doctrina y vivir según la filosofía que Nietzsche representa: son los verdaderos "superhombres", que habrán anulado la mediocridad de la cultura occidental y constituirán una nueva clase de filósofos. La cuarta parte puede ser leída como una guía con pautas para la preparación del superhombre. En la “La ofrenda de la miel”, Zaratustra se declara pescador de hombres. Leída según esta hipótesis, la cuarta parte se presenta como una forma de redimensionar el proyecto del superhombre. La instauración de una temporalidad circular, que ya no sea prisionera del espíritu de venganza que acompaña a toda fe en la trascendencia y en la oposición entre el mundo del ser y el mundo del devenir, no puede a su vez presentarse como una radical novedad.

    El eterno retorno: El eterno retorno teorizado por Nietzsche, explica Heidegger, es el modo concreto de realizarse un ser que no es ya sino voluntad de poder, puesto que no hay ya sino manipulación, tecnología, desarrollo que solamente ha de producir más desarrollo, hasta el infinito, el devenir no tiene ya ningún sentido ni dirección, y puede ser definido justamente con la idea del eterno retorno de lo mismo. El ultrahombre que Nietzsche quiere preparar es sólo el hombre capaz de «elevarse» explícitamente a esa condición en la que, realmente, lo ha situado ya la metafísica-técnica que domina el mundo moderno.

    El superhombre: La conducta moral —en particular la defendida por el judeocristianismo, que según él es una doctrina esclava— tiende a permitir que el débil impida la autorrealización del fuerte. De acuerdo con Nietzsche, toda acción tendría que estar orientada al desarrollo del individuo superior, su famoso Übermensch (`superhombre'), que será capaz de realizar y cumplir las más nobles posibilidades de la existencia. Los hombres superiores no se preguntan realmente lo que importa: ¿Cómo se supera al hombre? Zaratustra dice que lo admirable del hombre es ser simultáneamente tránsito y ocaso, que viene a ser que es el camino hacia un nuevo hombre, el superhombre, pero a la vez es el fin de otro hombre, el hombre actual.

    Nietzsche argumentaba que el cristianismo mundanizado trastornaba la medida del hombre no lo dejaba llegar a su máxima expresión. Para resolver este conflicto exigía la superación del hombre, anulando en su totalidad a la humanidad cristiana. Esto se veía encarnado en el superhombre. Éste era la respuesta a la miseria en la que se encontraban los hombres. Era la solución ofrecida por los hombres superiores quienes a diferencia del último hombre podían despreciarse. El último hombre es la antípoda del superhombre. Pero el superhombre solo puede ser alcanzado con la muerte de Dios. Una vez aceptada su muerte el hombre debe ser superado pues junto con la separación de Dios viene la consiguiente superación del hombre. Es ahora un puente entre el animal y el superhombre y es por eso que es como el equilibrista del prólogo de Zaratustra quien se encuentra en una cuerda floja.

    El superhombre es aquel en quien la voluntad de poder se revela en toda su fuerza; es el que está situado verdaderamente más allá de la moral, el que tiene el vcalor de afirmar frente a la moral la virtù en el sentido del Renacimiento italiano. El superhombre es el que vive en constante peligro, el que, por haberse desprendido de los productos de una cultura decadente, hace de su vida un esfuerzo y una lucha. Si el superhombre tiene alguna moral, es la moral del señor opuesta a la moral del esclavo y del rebaño, y por lo tanto opuesta a la moral de la compasión, de la piedad, de la dulzura femenina y cristiana. La idea del superhombre, con su moral de dominador y del fuerte, es ya la primera inversión de los valores, pues éstos adquieren una jerarquía contrario cuando son contemplados desde su punto de vista. Objetividad, bondad, humildad, satisfacción, piedad, amor al prójimo son valores inferiores. La objetividad es sustituida por la personalidad creadora, la bondad por la virtù, la humildad por el orgullo, la satisfacción por el riesgo, la piedad por la crueldad y el amor al prójimo por el amor a lo lejano. En lugar de valores morales aparecen valores naturales.

    El estado para Nietzsche: argumenta que el Estado pretende volvera a organizar todo desde sí mismo y así convertirse en vínculo y opresión para todas las fuerzas que le son hostiles. Pretende ser idolatrado de manera análoga que a la Iglesia.

    Transvaloración: debe afectar a todos los valores no solo a algunos. Intención de Nietzsche establecer una nueva tabla de valores por tanto se busca el desenmascaramiento de los valores morales que en realidad son valores aparentes. Por tanto también hay inversiones, subversiones y transmutaciones.

    Simbología: arañas venenosas = sacerdotes

    El hombre más feo = el que asesinó a Dios