Filosofía del Origen del Hombre

Libertad humana. Programación biológica. Racionalismo. Descartes. Selección Natural. Darwin. Malthus. Constructivismo. Maturana. Multidimensionalidad. Papp

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Índice

Contenidos Página

  • Introducción_____________________________ 3

  • Conceptos Antagónicos acerca del hombre:

  • El hombre como ser racional_____________ 5

  • El hombre como ser biológico____________ 8

  • Una nueva Concepción del hombre:

  • El hombre como ser biológico y racional____ 11

  • Conclusiones:

  • Análisis Retrospectivo________________ 18

  • Respuesta a la hipótesis_______________ 20

  • Bibliografía_____________________________ 21

Introducción

El objetivo de este trabajo es aplicar el método científico a un problema o interrogante que tenga como individuo inserto en una sociedad; y de este modo aplicar el concepto de método científico a un problema netamente de las ciencias humanas.

Al pensar en algún problema o interrogante a la cual quisiera responder, inmediatamente evoqué una inquietud que siempre he tenido: ¿cuál es nuestra esencia como hombres, supuestamente separados del reino animal?, ¿Qué es lo que nos determina a ser como somos?, ¿Existe algo que realmente nos distinga como hombres?, ¿Somos razón o biología?, ¿Somos razón o emoción?.

Para responder a estas inquietudes he analizado el planteamiento de dos grandes pensadores, que la humanidad ha tenido, como lo son: René Descartes y Charles Darwin, ya que ambos presentan una concepción completamente diferente respecto al hombre, el 1º lo define como un ser netamente racional, y el 2º como un ser netamente biológico.

Como un mediador entre estos dos planteamientos radicalmente opuestos, aparece Humberto Maturana, biólogo chileno quien plantea que el hombre es una perfecta armonía entre lo biológico y lo mental.

Cabe destacar, que por ser estos tres pensadores no contemporáneos, sus planteamientos diferentes pueden verse justificados, por las diferentes épocas en que vivieron, pero es interesante sin duda, ver las diversas “esencias” que se le han asignado al hombre a lo largo de la historia.

Por lo tanto dentro de mi interrogante: ¿Cuál es la esencia del hombre?, me gustaría responder específicamente a:

¿El hombre es absolutamente libre o está determinado biológicamente?,

aclarando que la idea de “absolutamente libre”, va íntimamente relacionada con la razón y la capacidad del hombre, por lo tanto, de elegir luego de haber reflexionado, pensado o razonado. En consecuencia esta idea es contraria a la de “determinado biológicamente” en la cual el hombre aparece como un ser instintivo, que responde a los estímulos del medio biológicamente y que, por lo tanto, su interacción con el mundo no estaría mediada por la razón.

Como hipótesis entonces, planteo que:

Ante las tendencias o corrientes de pensamientos que creen o consideran que el hombre puede confiar únicamente en su razón (René Descartes); o, en el otro extremo, que está biológicamente determinado (Charles Darwin), pienso que el hombre tiene que reconocer la conexión entre lo racional-emocional y lo biológico (Humberto Maturana).

Para avalar mi hipótesis me basaré en los argumentos de Humberto Maturana (constructivista); y para refutarla (mostrando dos planteamientos antagónicos), expondré las teorías de René Descartes (racionalista) y Charles Darwin (biólogo evolucionista).

Como un avistamiento a la conclusión, citaré unas palabras de Desiderio Papp: “Quizás sea bueno asumir de una vez que no hay “direcciones naturales” en el comportamiento de los hombres. Que cada dirección es el complejo resultado de actos estimativos confrontados luego con la realidad. Que aquello que hacemos, en tanto es fruto del encuentro entre nuestros deseos, la realidad y nuestro conocimiento, es reponsabilidad nuestra.” (Papp, 1993, 43)

Conceptos Antagónicos acerca del hombre

* El hombre como ser racional, según Descartes.

René Descartes (1596-1650), filósofo racionalista francés, es conocido como el padre de la filosofía moderna.

Plantea que el hombre se define a través de la razón, en la medida que “el buen sentido (razón) es la única cosa que nos hace hombres”, y que además, la razón es la certeza fundamental que se encuentra después de analizar los conocimientos vigentes hasta la época.

En su obra: Discurso del Método, para conducir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias, Descartes plantea que: “ el buen sentido (razón) es la cosa mejor repartida del mundo” (Descartes, 1967, 135).

Con esto quiere decir que la razón está naturalmente repartida entre nosotros: todos tenemos razón, por lo tanto, ya no es necesario discutir quien tiene más razón que otro; ahora el problema son las opiniones, ya que si bien todos tenemos razón, no todos pensamos lo mismo.

Descartes justifica esta distribución igual de la razón entre todos los hombres diciendo: “En cuanto a la razón, o el buen sentido, en la medida que es la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales, quiero creer que está toda entera en cada uno” (Descartes, 1967, 136).

Con esta diversidad de ideas y de opiniones... ¿Cuáles son verdaderas?, ¿Cómo podré llegar realmente a “la verdad”?. Descartes plantea que para llegar a la certeza el único camino posible es la razón, ya que sólo ésta nos conducirá a la verdad legítima:

“Las ciencias de los libros no aproximan tanto a la verdad como los simples razonamientos que puede hacer naturalmente un hombre de buen sentido acerca de las cosas que se le presenten” (Descartes, 1967, 144).

Luego en su obra: Meditaciones metafísicas, Descartes comienza hablando de las cosas que se pueden poner en duda; y reflexiona: “Desde mis primeros años había admitido como verdaderas una cantidad de opiniones falsas y que lo que después había fundado sobre principios tan poco seguros no podía ser sino muy dudoso e incierto” (Descartes, 1967, 216). Por lo tanto, se propone destruir todas sus antiguas opiniones para llegar a la certeza, y esto lo hace destruyendo el fundamento base de todas sus creencias, que piensa, fue tomado a través de los sentidos.

Pero el problema de los sentidos es que son engañosos, desarrollan sensaciones y experiencias, nos instalan en un ámbito individual del cual no podemos trascender: ya que no todos sentimos ni experienciamos lo mismo. Sin embargo dice: “Aunque los sentidos nos engañan a veces respecto de las cosas poco sensibles y muy alejadas, existen quizá muchas otras cosas de las que no se puede razonablemente dudar, aunque las conozcamos por su intermedio” (Descartes, 1967, 217).

Pero sin darse cuenta, Descartes comenzó a dudar de todo, sin poder encontrar algo que fuera certero, entonces dice: “Supongo que todas las cosas que veo son falsas; me convenzo de que jamás ha existido nada de cuanto mi memoria llena de mentiras me representa; pienso que no tengo sentido alguno, creo que el cuerpo, la figura, la extensión, el movimiento y el lugar no son sino ficciones de mi espíritu. ¿Qué podrá considerarse verdadero, pues? Acaso sólo que no hay nada cierto en el mundo.” (Descartes, 1967, 223).

He aquí el concepto de duda universal, mediante el cual Descartes hace todo su planteamiento. Se entiende duda como un principio que actúa constantemente poniendo en tela de juicio las cosas, para así separar la verdad del error. Por ende cuando dudamos, discriminamos, y si diferenciamos podemos llegar a separar lo equívoco de lo legítimo... sólo por medio de la duda podemos llegar a “la verdad”.

Sin embargo, Descartes se da cuenta que no puede dudar absolutamente de todo, porque mientras piensa que no existe nada, se da cuenta de que hay algo que piensa y ese algo es él... entonces razonablemente no puede dudar de su existencia: “Yo existo, sin duda, si me he convencido, o si solamente he pensado en algo. Pero hay un engañador (ignoro cuál) muy poderoso y muy astuto que emplea toda su habilidad en engañarme siempre. No hay, pues, ninguna duda de que existo si me engaña y engáñeme cuanto quiera, jamás podrá hacer que yo no sea nada en tanto piense ser alguna cosa. De modo que después de haber pensado bien, y de haber examinado cuidadosamente todo, hay que concluir y tener por establecido que esta proposición: `yo soy, yo existo`, es necesariamente verdadera siempre que la pronuncio o que la concibo en mi espíritu” (Descartes, 1967, 224).

Llega aquí Descartes a su principio: “Pienso, luego existo” o “Cogito ergo sum”, mientras piense puedo tener la certeza de que existo, y por lo tanto, puedo dudar de todo , menos de que existo.

Ahora Descartes tiene una certeza: sabe que existe, pero su problema no está resuelto, si sabe que existe ahora tiene que responder: ¿qué es?, es una cosa que piensa: “Yo no soy, pues, hablando con precisión, más que una cosa que piensa, es decir, un espíritu, un entendimiento o una razón... Yo no soy esa reunión de miembros que se llama cuerpo humano” (Descartes, 1967, 226).

Pero ¿Qué es una cosa que piensa?: “Es una cosa que duda, que concibe, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que también imagina y siente” (Descartes, 1967, 227). En esta afirmación Descartes señala que “siente”, como una cualidad de la razón, es decir pone a los sentimientos absolutamente subyugados a la racionalidad.

Si “pienso, luego existo” (cogito ergo sum), entonces muero cuando dejo de pensar, la locura, el no tener consciencia es la muerte: la irracionalidad.

La consciencia perdura más allá de la muerte, por lo tanto no importa que el cuerpo muera, porque la mente sigue funcionando y puedo seguir pensando, y mientras piense existiré... más allá de la muerte. Con esto, Descartes plantea que el hombre a través su razón y su facultad de pensar, se convertiría en un semidios... en un ser cuasi inmortal.

* El hombre como ser biológico, según Darwin.

Charles Robert Darwin (1809-1882): naturalista inglés, representante del evolucionismo, materializa el acontecimiento cumbre en la historia de las teorías biológicas, con su teoría de la evolución y su planteamiento acerca del hombre. Sus descubrimientos repercutieron poderosamente sobre dominios científicos y culturales muy distintos: “en los decenios siguientes a la gran publicación, parecía que la doctrina darwiniana ofreciera la clave para la mayoría de los problemas que por entonces perturbaban los sueños de los hombres” (Papp, 1993, tomo II, 215)

En 1859 publicó el libro en que había estado trabajando hacía casi veinte años: El origen de las especies por medio de la selección natural. El libro contiene una teoría explicativa de la evolución, basada en numerosas observaciones, y que desde el mismo momento de su publicación supuso la inmersión de Charles Darwin en los continuos debates, críticas y enfrentamientos científicos.


Para Darwin fue determinante la lectura de las teorías del economista Malthus quien planteaba que la estructura de la sociedad de la época, con un índice alto de pobreza, estaba determinada por una ley natural que imponía que una parte de los seres vivos debe sufrir escasez; sostenía que mientras el número de los individuos crece según una progresión geométrica (1,2,4,8,16...), la cantidad de los alimentos puede crecer sólo en progresión aritmética (1,2,3,4,5,etc.); de modo que la diferencia entre las bocas por nutrir y la cantidad de alimentos disponibles se torna cada vez más grande. Esto nos lleva a una cruel competencia por el alimento, y a la eliminación de los débiles en la implacable lucha por la supervivencia.

En esta idea estaba la clave del problema que Darwin había buscado. El enfoque malthusiano implicaba un doble concepto: por una parte, la lucha, la competencia por la vida; por otra, la selección de los más fuertes y la correlativa eliminación de los débiles. Darwin toma este planteamiento y le asigna la causa motora de la evolución de las especies, de este modo el gran naturalista le da un giro radical al planteamiento malthusiano, según éste la lucha por sobrevivir acompaña el sombrío porvenir de la humanidad, la decadencia de la sociedad; en cambio, de acuerdo a Darwin, la lucha por la supervivencia es la engendradora de una evolución progresiva y perfeccionadora en la naturaleza.

Ahora bien, si decimos que la naturaleza es una constante lucha cruel y sin tregua, ¿Quién sobrevive en ella y quién sucumbe? La victoria ha de corresponder siempre a quien posea una ventaja respecto de sus competidores. Estas ventajas distinguen sólo a algunos individuos y pueden parecer de poca importancia hasta el momento en que al ser necesarias determinan la selección natural y la supervivencia de los más aptos. El portador de una característica ventajosa posee mayor probabilidad de sobrevivir, alcanzar la madurez sexual y procrear, transmitiendo a sus descendientes dichas ventajas. El resultado es un proceso continuo de mejora y adaptación, así como la aparición de especies nuevas.


Darwin en su obra: El origen de las especies por medio de la selección natural, no había querido tomar posición frente a la problemática de los antepasados; sin embargo después de muchas vacilaciones se decidió a publicar, en 1871: "El Origen del Hombre y la selección natural", donde defendió la teoría de que la evolución del hombre parte de un animal similar al mono, tratando de mostrar las relaciones de la especie humana con los mamíferos. Factores como las modificaciones del medio y los cambios en la alimentación pueden provocar, en los individuos de una especie, variaciones que pueden dar lugar a modificaciones en la morfología o incluso en sus elementos reproductores, ya que en el desarrollo de las características humanas no sólo intervienen los factores del ambiente y la selección natural, sino también la selección sexual (se refiere a que las hembras elegirían a los machos más fuertes y bien dotados para reproducirse, asegurando así la transmisión de las características ventajosas que ayudan en la selección natural).

Darwin plantea además, en esta obra, que las características intelectuales del hombre, expresadas en las operaciones fundamentales de nuestra mente, como son la inducción, la abstracción, la generalización, la memoria, la facultad de imaginación y otras, no son específicamente humanas; también se encuentran en el resto de los animales, aunque en forma rudimentaria. Se han observado conductas en animales que implican una abstracción del objeto concreto y luego una generalización. Por la tanto la facultad de inducción se encuentra no solamente en peldaños superiores del reino zoológico, sino también en peldaños mucho más bajos.

Ahora, si analizamos la calidad moral del hombre, ésta tampoco nos separa ventajosamente del reino animal, ya que las formas de la moralidad humana son en función del tiempo y el espacio: varían de una época a otra, y aún en una misma época cambian según las latitudes geográficas. Por lo tanto, no es lícito buscar formas humanas de la moralidad en el reino zoológico, aunque se pueden encontrar rudimentos de moralidad en otros aspectos, como la conciencia del deber.

En suma, ni las cualidades intelectuales ni las morales del hombre permiten un aislamiento taxonómico y filogenético de nuestra especie frente al reino Zoológico, ya que el Homo Sapiens difiere de los animales psíquica y físicamente tan sólo en grado y no en esencia.

Darwin finalmente concluye: “Debemos confesar humildemente que la estirpe humana, el hombre actual, a pesar de sus excelentes cualidades, a pesar de la conmiseración con los más desdichados, a pesar de la simpatía que siente con los más débiles, a pesar de su excelso intelecto que le ha permitido descubrir las leyes del sistema solar, a pesar de todas esta características tan sublimes, lleva en su organismo los sellos indelebles de su humilde origen” (Papp, 1993, tomo II, 251).

Una nueva concepción del hombre

* El hombre como ser biológico y racional,

según Humberto Maturana.

Humberto Maturana revolucionó el mundo de la ciencia con su teoría biológica del conocimiento; que afirma, entre muchas cosas, que no se puede hacer referencia a una realidad independiente del hombre. La epistemología de este biólogo chileno de 71 años, perteneciente a la corriente sistémica, lo ha colocado entre los constructivistas radicales como von Foerster, Piaget y von Glaserfeld.

A continuación presentaré el planteamiento medular de Maturana respecto al hombre y su biología. El siguiente texto fue extraído de una entrevista realizada a Humberto Maturana, por su discípula Sima Nisis, y que fue publicada en una inportante página web de internet. Así tenemos aquí el planteamiento de Maturana, explicado por él mismo:

“La biología es un dominio de observación, de explicación y de reflexión sobre el vivir de los seres vivos. Lo biológico tiene que ver con el vivir del ser vivo, por esto se aprende biología 'biologizando', en el mirar y amar a los seres vivos.

En general, todo quehacer se aprende en la realización de ese quehacer.

Si el quehacer es discursivo, se aprende en el discurso, si es manipulativo, se aprende manipulando. Todo conocimiento es un modo de vivir y, por lo tanto, es multidimensional y su multidimensionalidad debe adquirirse en el vivir. Por ello, por supuesto, es necesario aceptar la multidimensionalidad del dominio del conocimiento que interesa en toda su magnitud.

¿Cómo se aprende?: viviendo las acciones que constituyen al otro como un legitimo otro en la convivencia. Naturalmente lo mismo vale si la pregunta se refiere a cualquier otro quehacer. En términos generales podemos decir que uno aprende el mundo que uno vive con el otro.

Los seres humanos en el vivir hablamos, conversamos. Estamos en el lenguaje cuando nos movemos en las coordinaciones de coordinaciones de acciones en cualquier dominio que sea. Pero, el 'lenguajear' de hecho ocurre en la vida cotidiana entrelazado con el emocionar, y a lo que pasa en este entrelazamiento llamo conversar.

Los seres humanos siempre estamos en la conversación, pero el lenguaje, como fenómeno, se da en el operar en coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales recurrentes. Lo que pasa es que nuestras emociones cambian en el fluir del 'lenguajear', y al cambiar nuestras emociones cambia nuestro 'lenguajear'. Se produce un verdadero trenzado, un entrelazamiento degeneración reciproca del 'lenguajear' y del emocionar. Eso es el conversar. Es una conversación por cuanto se da el entrelazamiento de que acabo de hablar. Estamos interesados, aburridos, alegres, enojados durante el fluir de nuestro lenguajear'. A veces nos movemos en una monotonía emocional, lo cual no quiere decir que no estemos en el conversar y que no nos movamos en el fluir emocional.

Convivir en la aceptación del otro como un legítimo otro es fácil. ¿Como?, aceptando la legitimidad del otro. Hay algo que uno siempre sabe aunque tal vez uno no se detiene a reflexionar en ello, o porque no quiere reflexionar o porque piensa que la reflexión va a tomar mucho tiempo.

Me refiero a dos cosas: la primera, es que si uno se encuentra con otro, el otro lo puede escuchar a uno solamente en la medida en que uno acepta al otro; la segunda, es que la aceptación del otro se da en la emoción y no en la razón.

No es que la emoción invite a desear algo. Uno se encuentra en el deseo o en el rechazo. El deseo aparece como algo que le sucede a uno en el vivir, aparece en el fluir que hay entre las coordinaciones de las coordinaciones conductuales del "lenguajear" y del emocionar entrelazados, ahí surge el deseo de saber sobre una determinada cosa, como algo que nos pasa desde la nada, aunque después nos parezca justificable.

El amor es el dominio de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en convivencia con uno. Uno se encuentra con otro y, o se encuentra en las acciones que lo constituyen como un legitimo otro en la convivencia, o no. A uno le pasa eso. También le pasa a uno que se encuentra con alguien en las acciones de rechazo, negación o indiferencia como algo que le sucede a uno porque sí, desde la nada.

El suceder de la experiencia le pasa a uno en el fluir del vivir. Así como el vivir humano se da en el conversar, el emocionar le sucede a uno en el fluir del conversar, y esto tiene una consecuencia fundamental: si cambia el conversar, cambia el emocionar, y lo hace siguiendo el curso del emocionar aprendido en la cultura que uno vive y ha vivido.

Es debido a esto el efecto terapéutico de la reflexión como un operar que lo centra a uno en su cultura y en lo fundamental de lo humano que es el amor.

* Ante todo, creo que uno tiene que aceptar su legitimidad; es decir, reconocer que lo humano no se constituye exclusivamente desde lo racional. Es cierto que lo racional es importante en el tipo de vida que vivimos, pero el primer paso para revalorar la emoción seria aceptar que entrelazado a un razonar esta siempre presente un "emocionar".

En el momento en que uno ve eso se da cuenta de que es así. Se podría invitar a alguien a una reflexión en cada momento: ¿Qué te esta pasando?, es una pregunta dirigida a mirar el propio emocionar y no a mirar el propio razonar. Desde el momento en que la persona la contesta, se encuentra mirando su "emocionar". Es decir, si la invitación a esa mirada es aceptada, entonces la presencia continua de la emoción y del fluir emocional se hace aparente. Pienso que en el momento en que uno acepta la presencia de la emoción y amplía su mirada reflexiva se da cuenta de que la emoción es el fundamento de todo quehacer.

Las emociones tienen una presencia que abre un camino a la responsabilidad en el vivir. Tenemos miedo de las emociones porque las consideramos rupturas de la razón, y queremos controlarlas. Creo que el deseo de controlar las emociones tiene que ver con nuestra cultura orientada a la dicotomía de lo bueno y lo malo; se enfatiza, como línea central de la vida la lucha entre el bien y el mal, "lo bueno y lo malo". Lo malo tiene una presencia enorme, no como una falla circunstancial o como un error, sino como algo constitutivo.

Ahora, desde el momento en que uno mira a los seres humanos constituidos en lo bueno y lo malo, y se vive en la lucha entre el bien y el mal, se pierde la confianza en lo humano y lo natural. Los seres humanos son malos, se dice, entonces no son confiables.

En un momento histórico como el nuestro, descendiente del periodo histórico de la ilustración, parece que la maldad se controla con la razón y que la razón nos acerca a lo bueno. El resultado es que vivimos en lucha contra las emociones en el supuesto de que ellas nos alejan de la razón, y nos acercan a lo arbitrario que es lo malo. Yo creo que lo humano no se constituye en la lucha entre el bien y el mal. La lucha entre el bien y el mal -pienso- pertenece a un momento de nuestra historia cultural, de modo que nosotros, culturalmente, estamos inmersos en esa lucha, pero ella no pertenece a la constitución de lo humano.

Las relaciones humanas se ordenan desde la emoción y no desde la razón, aunque la razón de forma al hacer que el emocionar decide. En nuestra cultura creemos que las relaciones humanas deben controlarse porque vivimos en la mentira de la apariencia y no en el respeto por nosotros mismos y por el otro que constituye lo social, precisamente porque vivimos en la dicotomía del bien y del mal como condición transcendente y, precisamente porque vivimos así, no vivimos en la responsabilidad de nuestros actos.

Mi reflexión comenzó al mirar a los seres vivos como sistemas autopoiéticos, como sistemas en los que todo ocurre en referencia a ellos en el proceso de vivir. Eso me llevo a pensar en la convivencia que dividí en dos tipos: uno que lleva a la destrucción del convivir y otro que lleva a la realización del convivir. Uno que lleva a la separación y, por lo tanto, a la no convivencia, y otro que lleva a la conservación de la convivencia.

Y así me di cuenta de que aunque ambos tipos de convivencia se realizan a través del vivir, el que lleva a la realización de la convivencia, a la realización del vivir con otro, solamente se puede dar en la medida en que la convivencia se hace en la aceptación del otro como un legitimo otro. La única forma de encontrarse con alguien es aceptando su "emocionar", no negándoselo.

El organismo como sistema existe en una armonía o coherencia interna que se pierde cuando sus relaciones de interacciones dejan de ser congruentes con esta armonía. La negación del amor rompe esta congruencia y da origen a alteraciones fisiológicas que hacen posible procesos como alteraciones en la dinámica motora, endocrina, inmunitaria, neuronal, o tisular en general. Así, gérmenes que coexisten normalmente con nosotros se hacen patógenos porque nuestra relación con ellos se altera, o se alteran procesos de regulación de la dinámica celular que resultan en disfunciones orgánicas, o sea, por alteración de la biología del amor se altera la dinámica endocrina de modo que surgen alteraciones en la dinámica tisular o, por ultimo, se altera la dinámica motora y de atención y surgen u ocurren accidentes por cegueras o esfuerzos desmedidos. Todos los fenómenos del vivir se pueden vivir en la armonía de su legitimidad desde la biología del amor, incluso una perdida. Pero para que esto sea así, la persona debe crecer en la dignidad del respeto por si mismo y por el otro que trae consigo la biología del amor. Pienso que la mayor parte del sufrimiento humano, y la mayoría de las enfermedades humanas tienen su origen en la negación del amor.

La existencia de un ser vivo en armonía con su circunstancia se da en la armonía interna que le permite moverse adecuadamente en un espacio de existencia legitima, y la única circunstancia que hace que la existencia humana sea legitima, es la armonía con la circunstancia del otro. Somos humanos en tanto somos animales que vivimos unos con otros en el conversar y eso se da sin lucha y sin conflicto solamente en la aceptación del otro como legitimo otro en la convivencia.

El crecer con respeto por si mismo y respeto por el otro, no asegura una conducta especifica ni una vida sin accidente ni dolor, pero asegura una vida en la cual el niño y luego el adulto pueden moverse en congruencia con su circunstancia y vivir los sucesos del vivir en legitimidad social, es decir, como seres responsables de sus actos porque aceptan sus emociones.

Sin embargo, vivimos en una cultura que niega el amor al darle un carácter especial subiéndolo al pedestal de la virtud. Vivimos una cultura que esta centrada en la distinción entre el bien y el mal, en la exigencia de la obediencia y, por lo tanto, en la desconfianza, y no vemos que sin confianza no se constituye lo social. Por esto, solo vemos la desconfianza, el desamor, la competencia, la lucha. Luchamos todo el tiempo y esa continua lucha es una continua enajenación en la desconfianza que va creando fracturas en la trama de la convivencia social. Vivimos una cultura que habla del amor pero lo niega en la acción.

En la infancia guiamos a los niños en la colaboración, el respeto mutuo, la aceptación del otro, el respeto por si mismo, el compartir y la legitimidad de la sensualidad. En el pasaje a la vida adulta los guiamos en la apropiación, la lucha, la negación del otro, la competencia, la dominación y la negación de la sensualidad valorando sobre todo la razón. Es decir, guiamos a nuestros hijos durante la infancia en la biología del amor, y en la juventud los guiamos a la biología de la agresión. Así como el amor es el dominio de las acciones que constituyen a otro como un legitimo otro en convivencia con uno, la agresión es el dominio de las acciones que niegan a otro en la convivencia con uno. Los seres humanos vivimos permanente o recurrentemente en esta contradicción: aprendemos a amar en la infancia y debemos vivir en la agresión como adultos. Por esto el amor para nosotros se ha vuelto literatura o, lo que es lo mismo, una virtud, un deber, un bien inalcanzable o una esperanza.

Para vivir en la biología del amor tenemos que recuperar la vida matrística de la infancia y para ello tenemos que atrevernos a ser nosotros mismos, atrevernos a dejar de aparentar, atrevernos a ser responsables de nuestro vivir y no pedirle algo de sentido a nuestro existir. Pero hacer todo eso, en verdad, no es tan difícil si damos el primer paso recuperando nuestra dignidad al aceptar la legitimidad del otro, quienquiera que este sea. Si usted además me pregunta como se hace eso, yo diría: si vas por un sendero y se cruza una serpiente venenosa di: Ah, una serpiente venenosa, debo dejarla pasar! Si vas por un prado y ves una mariposa di: Ah, que bella mariposa, que hermoso como vuela de flor en flor! Si vas por la ciudad y ves un ladrón, y hay para ti la posibilidad de impedir su acción, impídela... así de fácil...”

Después de leer algunos capítulos de la obra de Humberto Maturana, puedo decir que para él hay varios principios que relacionan lo biológico o corporal, con lo psicológico o mental:

  • Se entiende biología como la constante transformación interna que sufre el ser humano frente a cada experiencia de vida. Así podemos entender biología no sólo como genoma, sino como la constante interacción del individuo con el medio.

  • Todas nuestras actitudes y comportamientos están determinados por fenómenos biológicos, por como nos enfrentamos al medio y a los demás organismos.

  • Como cada uno de nosotros es biológicamente diferente, presentamos conductas diferentes.

  • A todo fenómeno psicológico le corresponde un fenómeno biológico diferente, éstos son la base de los fenómenos psicológicos.

  • Hay tres factores que influyen igualmente en toda conducta: los genes, el medio y el desarrollo.

  • Sin corporalidad no hay conducta, no hay actividad mental si no hay información corporal. La complejidad de nuestro sistema nervioso explica la complejidad de nuestra conducta, que surge de relaciones internas entre los componentes del organismo.

  • El ser vivo opera siempre en su “presente estructural”, pasado y futuro no influyen en el operar. El organismo se va transformando con cada experiencia, por lo tanto siempre se está generando una nueva estructura corporal, por eso se dice que el pasado no influye, porque está asimilado... es parte de ese organismo.

  • Todo organismo tiene una historia de cambios estructurales en un medio: ontogenia.

  • Las perturbaciones externas sólo modulan los constantes cambios de actividad del organismo, por lo tanto, no especifican lo que a éste le ocurre.

  • Toda experiencia nos modifica, conocer es toda acción efectiva.

  • “Toda conducta es una visión externa de la danza interna del organismo”

Conclusiones

  • Análsis Retrospectivo:

Luego de haber analizado los planteamientos de estos tres autores, he podido hacer una comparación entre sus fundamentos:

Darwin al concebir el hombre como un ser biológico le otorga un carácter instintivo, animal y dice que el ser humano no posee cualidades intelectuales ni morales que lo separen del reino zoológico, ya que si bien tenemos diferencias psíquicas y físicas con el resto de los animales, sólo lo son en grado y no en esencia.

En un sentido totalmente opuesto, Descartes concibe al hombre como un ser absolutamente racional, afirma: “el buen sentido es la única cosa que nos hace hombres y nos distuingue de los animales”, es decir, concibe al hombre como un ser superior al animal, y claramente diferenciado en sus capacidades intelectuales.

Por otra parte, Descartes ve en la razón la vía liberadora, lo único que nos lleva a la verdad, concibe el pensamiento como la base del existir humano: “Pienso, luego existo”.

Darwin, en cambio, ve en el instinto la causa motora de la evolución, nuestra capacidad innata (dada por características ventajosas) nos permite luchar y sobrevivir de esta manera a la selección natural dada por el medio.

En consecuencia, Descartes ve en la razón la base de la existencia del hombre; y Darwin ve en el instinto el medio para sobrevivir a la constante lucha que se da en la naturaleza, es decir, a la existencia.

Ahora, analizando la teoría de Humberto Maturana, puedo decir que lo más relevante de ella, siempre referido a la temática de este trabajo, es la siguiente frase: “Ante todo, creo que uno tiene que aceptar su legitimidad; es decir, reconocer que lo humano no se constituye exclusivamente desde lo racional. Es cierto que lo racional es importante en el tipo de vida que vivimos, pero el primer paso para revalorar la emoción seria aceptar que entrelazado a un razonar esta siempre presente un `emocionar`". Es decir, si bien Maturana reconoce la importancia de la razón en la vida del hombre, no deja de reconocer la emoción como un factor fundamental en el individuo.

Esto es contrario al concepto de Descartes sobre la razón, para él es algo tan fundamental que llega a decir que la imaginación y la emoción están dentro de la razón, es decir, pone a la emoción subyugada a la razón, la muestra como una cualidad de la racionalidad.

Si bien Descartes y Darwin plantean dos elementos sifnificantes como constitutivos del hombre: la razón y el instinto, Maturana propone uno nuevo: la emoción.

Maturana plantea que en la vida cotidiana, en el convivir con el resto de los individuos uno constantemente se “encuentra” con los demás, y en este encuentro el otro lo puede escuchar a uno solamente en la medida en que uno acepta al otro, y esta aceptación del otro se da en la emción y no en la razón. Con esto, Maturana plantea como factor esencial del hombre: la emoción, en la medida que le permite convivir con los demás... y sobrevivir, ya que el hombre no puede vivir sólo, aislado de su medio.

Según Maturana: “la emoción es el fundamento de todo quehacer”, y todo quehacer se aprende en la realización de ese quehacer... todo quehacer es un conocer, por lo tanto Maturana estaría planteando que la teoría del conocimiento se basa en la emoción.

Siguiendo el argumento de Maturana, podemos decir que hoy en día el hombre le teme a sus emociones, porque las considera una ruptura de la razón, por lo tanto tendemos a controlar y reprimir nuestras emociones, para así no “salirnos” de la razón. Esta tendencia a controlar las emociones, está dada por la cultura en que vivimos donde se enfatiza como línea central en la vida del individuo la lucha entre el bien y el mal; y al parecer el mejor método para controlar la maldad y acercarnos al bien, es la razón. El resultado de todo esto, es que vivimos en una lucha constante contra las emociones, ya que se supone, que éstas nos alejan de la razón y nos acercan a la maldad.

Como planteamiento final, Maturana afirma: “Somos humanos en tanto somos animales que vivimos unos con otros en el conversar y eso se da sin lucha y sin conflicto solamente en la aceptación del otro como legitimo otro en la convivencia”; y, como ya habíamos dicho, la aceptación del otro se da en la emoción y no en la razón; la única forma de “encontrarse” con alguien es aceptando su emocionar, no negándoselo.

  • Respuesta a la hipótesis:

Después de haber analizado estos tres planteamientos, anteriormente expuestos, he llegado a la respuesta de mi hipótesis:

Mi posición al respecto es que la esencia del hombre no está bien definida, pero lo que no se puede negar es que hay una intima relación entre lo biológico y lo emocional-racional. Así, ni Descartes ni Darwin tendrían, para mí, ciento por ciento validez en sus argumentos, ya que el hombre no es sólo razón o instinto, sino que es una perfecta armonía entre emoción, razón y biología.

Siempre entendiendo biología como la constante transformación interna que sufre el ser humano frente a cada experiencia de vida. Así podemos entender biología no sólo como genoma, sino como la constante interacción del individuo con el medio.

Bibliografía

- Autor : Desiderio Papp.

  • Título : “ Ideas revolucionarias en la ciencia”.

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  • Editorial : Universitaria.

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- Autor : Desiderio Papp.

  • Título : “De Galileo a Einstein”.

  • Editorial : Apuntes de Pregrado de Teoría de la Ciencia.

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  • Editorial : Apuntes de Pregrado de Teoría de la Ciencia.

  • Año : 1998.

- Clasificación en SISIB : C 131 c.1

- Autor : Humberto Maturana y Francisco Varela.

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  • Editorial : Universitaria.

  • Año : 1988.

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  • Autor : Humberto Maturana,

compilado por Jorge Luzoro Gracía.

  • Título : “Desde la Biología a la psicología”

  • Editorial : Universitaria.

  • Año : 1995.

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  • Autor : René Descartes.

  • Título : “Obras Escogidas”.

  • Editorial : Sudamericana.

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“De Galileo a Einstein”