Fidel Castro

Historia de Hispanoamérica. Biografías. Revolucionarios cubanos. Cuartel Moncada. Dictadura en Cuba. Dictador. Revolución cubana

  • Enviado por: Derlys Ibarra
  • Idioma: castellano
  • País: Paraguay Paraguay
  • 10 páginas
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Portavoz de los intereses del Tercer Mundo

Fidel Castro Ruz es la más prominente figura política viva de la política internacional. Lideró en Cuba una lucha armada que terminó con la feroz dictadura de Fulgencio Batista. Enfrentó a los Estados Unidos, pese a la escasa distancia y a al enorme diferencia de poderío, prometiendo derramar hasta la última gota de sangre en el caso de una invasión. Inspiró a miles de revolucionarios no sólo en América Latina, sino en otras latitudes del mundo...

Lo más importante de su obra, sin embargo, reside en la profunda transformación que inauguró en la isla del Caribe, donde elevó sensiblemente, en un período relativamente corto de tiempo, la calidad de vida de la castigada población. Cuba presenta, en algunos campos, como educación, salud y nutrición, indicadores comparables a los países llamados del Primer Mundo.

Personaje polémico, es atracción central hasta el presente en todos los foros internacionales de los que participa. Su papel en la discusión sobre el problema de la deuda externa de los países subdesarrollados lo elevó a la categoría del portavoz de los intereses del Tercer Mundo.

A semejanza de otras experiencias socialistas, implantó en el país una economía hegemónicamente centralizada, pero a diferencia de las mismas, no impuso un estado policial.

Nace un líder estudiantil combativo

Hijo de Ángel Castro, natural de España, que llegó a Cuba en 1898 como combatiente en la guerra de España con los Estados Unidos, y de Lina Ruz González, cocinera de la familia, con quien Ángel se casó en segundas nupcias, Fidel nació el 13 de agosto de 1926 en el interior de Cuba (Birán), donde asó sus primeros años. Vivió en un ambiente relativamente holgado, pues el padre era propietario de una mediana hacienda de caña dulce (9.000 hectáreas)

Pese a la oposición del padre, que desvalorizaba la formación académica, Fidel frecuentó la escuela. Durante 12 años fue formado en colegios dirigidos por los jesuitas, y desde muy temprano aparecieron sus cualidades de rebelde y líder. A los 15 años inició la formación secundaria en la capital del país, en la renombrada Escuela Preparatoria de Belén, dirigida por jesuitas, donde se destacó rápidamente como orador, así como en el deporte.

Fue campeón de atletismo y béisbol, a los 17 años recibió el título de mejor atleta del curso secundario. Sin percatarse de ello y sin esforzarse, a esa altura ya comenzó a ganar fama.

En 1945 Fidel Castro ingresó a la Universidad para cursar derecho. Y fue en el seno universitario donde nació y se desarrolló su pasión por la actividad política. Su activismo combativo y sus cualidades de orador lo llevaron rápidamente a sobresalir, y ya desde el primer año formó parte de la Federación Estudiantil.

En la época en que Fidel fue universitario, el control de los Estados Unidos sobre Cuba parecía consolidado, por lo que llama la atención un trecho del informe del Servicio de Informaciones de la Embajada norteamericana sobre el líder emergente: “... Un joven cubano de buenos antecedentes que, por falta de control paterno o de verdadera educación, puede más adelante convertirse en auténtico gángster”. Lo más significativo de la cuestión es que desde muy temprano, ciertamente Fidel llamó la atención hasta de la propia representación diplomática estadounidense en el país.

La realidad política cubana del período era deplorable: una serie de dictaduras corruptas y violentas venían sucediendo desde comienzos de siglo. Gerardo Machado, derrocado en 1933, y Fulgencio Batista, serían considerados más adelantes como los más violentos.

Las desastrosas administraciones que dirigieron el país encontraron fuerte resistencia en el ambiente universitario. Y Fidel, un activista comprometido, no ahorraba palabras para estigmatizar a los que consideraba adversarios del pueblo cubano y de las ideas maestras del héroe nacional del país, José Martí. Así, por ejemplo, al referirse a Ramón Gráu San Martín, quien sucedió a Batista en 1944, dijo en una de sus intervenciones: “Si Machado y Batista asesinaron y persiguieron a personas decentes y revolucionarios honrados, el doctor Gráu acabó con todas las esperanzas del pueblo cubano...”.

En 1948, antes de concluir la carrera, Fidel se casó con Mirta Díaz-Balart, un estudiante de filosofía, hija de un político tradicional. Su luna de miel pasaron en Nueva York, y se dice que fue precisamente en esa ocasión que Castro entró por primera vez en contacto con la literatura marxista. Con Mirta tuvieron un hijo, Fidelito, que nació en 1949, y que después de la separación quedó con el padre.

En 1950 recibió el título de abogado, y se puso a trabajar en una oficina, sin por ello apartarse de la actividad política. El país estaba siendo gobernado entonces por Carlos Prío Socarrás, del Partid Auténtico, íntimamente ligado a la corrupción. Fidel se afilió al Partido Ortodoxo, organización fundada en 1947, cuyo carismático líder Eduardo Chivas era el fuerte candidato a triunfar en las elecciones programadas para 1952.

Chivas se suicidó en 1951, pero el Partido Ortodoxo siguió siendo favorito para triunfar en las elecciones, no obstante, tres semanas antes de su realización, el 10de marzo, Fulgencio Batista depuso a Prío Socarrás, e implantó una dura dictadura, limitando las actividades de los partidos y cercando la libertad de prensa y de opinión.

Para las elecciones proyectadas para 1952, Fidel era candidato a diputado, pero no pudo llegar, pues “una vez más -a decir de él- los tanques se transformaron en árbitros nacionales”.

El fracasado intento de salto al cuartel Moncada

En 1950, Fidel Castro se recibió de abogado e inmediatamente se asoció a una oficina de profesionales del mismo ramo. Su vida -marcada por la turbulencia- venía siendo convencional desde octubre de 1948, después de los violentos sucesos de Bogotá

El escritorio de Fidel se encontraba en el sector antiguo de La Habana, y la mayoría de sus clientes eran estudiantes contestarios y vendedores de marcados, perjudicados por los problemas de fijación de precios. La política, no obstante, seguía siendo su pasión y buscaba protagonismo central en el marco de esa actividad.

El 10 de marzo de 1952, tres semanas antes de las elecciones generales, para las que Fidel era candidato a diputado por el Partido Ortodoxo, el golpe de Estado de Fulgencio Batista puso fin a muchos sueños. Los móviles del golpe eran fáciles de comprender: electoralmente, Batista no tenía chances, y el temor de su grupo a ser excluido del círculo de poder económico, estimuló la drástica decisión.

Cuba hizo un rápido tránsito, a decir, de Ramón Bonachea, de”una democracia corrupta a una dictadura corrupta”. Batista suspendió todas las garantías constitucionales: prohibió las elecciones, restringió la libertad de opinión y de prensa, y limitó las actividades de los partidos de oposición. Los Estados Unidos reconocieron al nuevo gobierno 17 días después del golpe.

Como abogado, Castro promovió una acción contra los golpistas, la que fue rechazada por la Corte. El régimen de Batista se tornó rápidamente más corrupto y violento: había detenciones masivas y tortura; se robaba sin límites.

Fidel sostenía que no existía espacio legal para desplazar al dictador, y promovió una salida violenta. Al principio, trató de organizar grupos en el seno del Partido Ortodoxo, pero su iniciativa no fue muy feliz. Pasó, entonces, a desarrollar una nueva estrategia.

Su plan era simple: tomar por asalto la guarnición de Moncada, ubicada cerca de la ciudad de Santiago, Provincia de Oriente, a partir del cual esperaba que se pueda impulsar una rebelión popular. La idea no era descabellada, y se apoyaba en varios sucesos similares que se dieron a lo largo de la historia de Cuba.

Los seguidores de Castro, llamados “fidelistas”, eran hombres y mujeres de clase media-baja y trabajadores.

Los “fidelistas” compraron una hacienda y consiguieron alrededor de 18.000 dólares, que destinaron a la compra de armas. Hubo casos de gente que vendió sus negocios para invertir el dinero en el emprendimiento revolucionario. Muchos testimonios refieren que a esa altura era difícil ideológicamente a Castro: lo cierto es que quería derribar a Batista.

El 25 de julio de 1953, los revolucionarios escucharon de boca de Castro el plan para asalto al Moncada. Las acciones se iniciarían a las 5.30 del día siguiente, pues Santiago festejaba el carnaval y Castro estimaba que los soldados del Moncada participarían hasta tarde de la fiesta, por lo que estarían muy cansados.

Fidel, con 79 hombres, asaltaría el cuartel y trataría de capturar el depósito de armas. Raúl, su hermano, con 10 hombres, tomaría el Palacio de Justicia, desde cuyo techado daría cobertura a los atacantes. Abel Santamaría, subcomandante del movimiento, tenía la misión de ocupar un hospital, donde serían atendidos los heridos.

En 26 coches, repletos de hombres, llegaron los rebeldes a Santiago. Eran las 5.30 horas. Raúl Castro y Abel Santamaría capturaron sus objetivos sin dificultad. Los rebeldes avanzaron sobre el cuartel. “Abran camino para el general”, gritaron rápidamente controlados. Pero en el momento en que Fidel llegó, tres soldados lo bloquearon. El coche atropelló a dos de ellos, pero el que se salvó pudo alertar a los oficiales del cuartel. Los “fidelistas” perdieron el punto fuerte del plan: la sorpresa.

La reacción fue fuerte, con una cantidad de hombres y armas más de 10 veces superior. Castro ordenó la retirada. Apenas 3 rebeldes murieron durante el combate, pero otros 80 fueron capturados, y después parte de ellos muertos en tortura.

Después de la batalla, los rebeldes se separaron en grupos y se dirigieron hacia las montañas. El 1 de agosto, una patrulla comandada por el teniente Pedro Sarriá, detuvo a Castro y a dos de sus compañeros en la casa de un simpatizante. La orden era matarlo, pero el teniente Sarriá, que ya había evitado otras ejecuciones, respetó la vida del líder del frustrado ataque.

El fin de la dictadura comienza en la Sierra Maestra

Fuera de la prisión, Castro se encontró con una oposición tremendamente dividida, lo que fue altamente desestimulante. A eso se sumó el desorden familiar y la sistemática persecución por parte de los agentes de Batista, por lo que decidió salir al extranjero. El 7 de julio salió con destino a México, prometiendo volver.

Fidel no esperaba que pasaran largos 17 meses para retornar al país. De todos modos, en marzo de 1956 los preparativos para la invasión ya estaban encaminados. Un cubano, veterano de la guerra civil española, instruía a los hombres. Los fondos para financiar los operativos obtuvo Fidel de un viaje a los Estados Unidos, donde contactó con exiliados cubanos en varias localidades. En noviembre de 1956, recibió 40.000 dólares de Prío Socarrás, ex presidente y solidario líder de la oposición cubana.

Los rebeldes compraron un viejo barco: el “Granma”, con el que se trasladaron a la isla en la tempestuosa noche del 25 de noviembre. La llegada estaba prevista para el 30, fecha en que se daría un levantamiento popular organizado por el Movimiento 26 de Julio, pero las pésimas condiciones del tiempo hicieron con que los expedicionarios alcanzasen tierra cubana apenas el 2 de diciembre; el alzamiento del 30 de noviembre había sido violentamente aplastado.

Delatados por un hacendado, los guerrilleros fueron emboscados el 5 de 0diciembre, murieron en el combate por lo menos 20 de los hombres de Castro; otros se entregaron. El resto se dispersó en pequeños grupos y trataron de ganar la Sierra Maestra para salvarse. Batista anunció públicamente la liquidación del movimiento. No obstante, el 17 de diciembre, Castro llegó a la hacienda de Ramón Pérez, un campesino cuyo hermano era miembro del 26 de Julio.

Los demás, entre los cuales estaban Ernesto “Che” Guevara, Camilo Cienfuegos y Raúl Castro, se encontraban con Fidel días después; de los 82 hombres de la expedición, apenas habían sobrevivido 17. “Estamos en las sierras -dijo Fidel-, los días de la dictadura están contados”.

El 15 de enero de 1957 los guerrilleros hicieron su primera incursión militar tomando el puesto de La Plata. Fue un éxito, pero el gobierno evitó la divulgación de cualquier información sobre el caso.

En febrero la opinión pública se pudo informar sobre el foco guerrillero. El The New York Times divulgó una extensa nota con Fidel. El movimiento se fue expandiendo con lentitud pero con seguridad. Recién el 28 de mayo, los guerrilleros volvieron a dar señal de vida: atacaron exitosamente El Uvero, un puesto militar custodiado por 53 soldados. El gobierno, a partir de entonces, se vio forzado a abandonar prácticamente toda la Sierra Maestra.

Para comienzos de 1958, trece meses después del desembarco, Fidel ya estaba al frente de un ejército guerrillero de 300 hombres. Los mismos eran fácilmente reconocidos, por sus uniformes desprolijos y sus largas barbas. En las montañas, establecieron una trabajada infraestructura, comprendiendo 55 puestos de comunicación telefónica. A partir de febrero, salió al aire “Radio Rebelde”, a través de la cual castro hacía llegar sus mensajes a todo el país.

El 24 de mayo de 1958, Batista desencadenó una fuerte ofensiva contra los rebeldes. Envió 10.000 soldados, apoyados por tanques Sherman y blindados. Pese a la superioridad en número de combatientes y en armas, el ejército guerrillero provocó numerosas bajas y derrotas a las fuerzas del dictador, quien el 7 de agosto, ante la total desmoralización de sus tropas, tuvo que ordenar el fin de la operación.

Ante esa situación, Castro consideró que había llegado el momento de iniciar la contraofensiva que podría terminar en La Habana. El 20 de noviembre, un pelotón de 180 rebeldes avanzó sobre la estratégica guarnición de Guisa de Miranda, El 6 de noviembre, con 250 bajas, los militares leales a Batista abandonaron el puesto, y los guerrilleros entraron a la ciudad bajo el aplauso de los pobladores.

En diciembre de 1958, la Embajada de los Estados Unidos en Cuba estaba consciente del desmoronamiento del ejército de Batista, u promovió acciones para la renuncia de éste. No aceptó.

El 18 de diciembre, los guerrilleros, bajo el mando del “Che” Guevara, comenzaron el ataque al bastión de Batista: Santa Clara. El 31 de diciembre se toma la ciudad, y a las tres de la madrugada del 1 de enero de 1959 Batista embarca con sus íntimos colaboradores rumbo a República Dominicana.

El inicio de un profundo proceso de transformaciones

Repentinamente, en 1959, el poder fue a parar a manos de un grupo de jóvenes revolucionarios, entre los que Castro, con 32 años, era uno de los más viejos. “Éramos apenas n grupo de combatientes con grandes ideales y poca preparación”, dirá más adelante el “Che” Guevara.

Castro, de hecho, sin poder terminar lo que le esperaba, aseguraba que la libertad capitalista sin pan” y “al pan comunista sin libertad”, optaban por el “humanismo”. No obstante, muchos de los que lo ayudaron a derrocar a Batista eran comunistas.

Inicialmente se previeron elecciones para 18 meses después, nombrándose un gobierno provisorio, a cuya cabeza Fidel seleccionó hombres moderados y de cierta edad, como Manuel Urrutia, un ex juez que siempre se había opuesto a Batista. Sólo dos hombres del Movimiento 26 de Julio hacían parte del gabinete.

Fidel, personalmente, daba poca importancia al gobierno formal, participando activamente, sí, del “gobierno directo”, pues ello implicaba un permanente contacto con la población.

Durante 4 o 5 horas horas al día, Fidel llegaba al pueblo a través de la radio y la televisión, en didácticos y esperanzadores discursos, que sedimentaban su completo liderazgo.

El nuevo gobierno era popular; sus miembros eran dedicados y no afectos a los negociados. En febrero renunció el primer ministro provisorio y Fidel Castro asumió el cargo. Inmediatamente quedó en claro que había dos gobiernos en Cuba: uno, con sede en los escritorios del presidente, y otro, donde quiera que Fidel estuviese. Castro tenía tres residencias diferentes, y raramente quedaba en una de ellas por mucho tiempo.

En las semanas que se siguieron a la revolución hubo algunas cortes marciales. Raúl Castro, por ejemplo, ordenó la ejecución de algunos militares que estaban presos en Santiago.

CONFLICTO CON E.E.U.U.

Los juzgamientos de los criminales de guerra, hechos en adelante por tribunales formados por oficiales rebeldes y civiles, provocaron fuertes protestas en los estados Unidos. Castro estaba molesto, y el 22 de enero de 1959 tuvo la oportunidad de lanzar su primer ataque verbal contra el coloso del Norte. Un millón de personas acompañaron el acto. En un momento, Fidel pidió que alzasen las manos los que estaban de acuerdo con los juicios. La multitud respondió positivamente. “El jurado de un millón de cubanos de todas las opiniones y clases sociales ya votó”, determinó.

El conflicto con los Estados Unidos se agudizó rápidamente. El 17 de mayo de 1959, Castro anunció unan nueva ley de Reforma Agraria, según la cual todas las haciendas estaban ahora limitadas a una extensión de 405 hectáreas. Hasta que el programa de reforma se mantuviera como anunció, las críticas fueron moderadas, pero en junio el gobierno confiscó 131 grandes haciendas de ganado en Camagüey, entre las que se encontraban algunas propiedades de empresas estadounidenses.

Hubo reacciones desde el propio gobierno: por una parte, el jefe de la Fuerza Aérea, Pedro Díaz Lanz advirtió sobre los peligros del comunismo; y por otro, el mismo presidente Urrutia, el 13 de julio, atacó públicamente al Partido Comunista Cubano, sosteniendo que “estaba haciendo un mal terrible a Cuba”.

Días después, el 17 de julio, Fidel Castro, anunció su renuncia como primer ministro. En realidad, era una maniobra: mientras Castro hablaba por radio y televisión, enormes multitudes ganaban las cales pidiendo la renuncia del presidente. Urrutia renunció al día siguiente.

A mediados de diciembre de 1959, Estados Unidos comenzó a barajar la idea de presionar a Cuba con la compra de azúcar, pero Castro respondió con ataques verbales cada vez más fuertes, que más adelante fueron acompañados de otras confiscaciones de propiedades norteamericanas.

Las relaciones entre ambos países se desmoronaban. Hacia finales de mayo de 1960, el gobierno cubano pidió a las tres mayores refinadoras de petróleo en Cuba que procesasen óleo crudo proveniente de la Unión Soviética. Las empresas se negaron y Castro las ultimó: o refinan o son expropiadas las empresas. Al llegar el crudo soviético, las refinadoras habían sido abandonadas.

Una semana después, Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, anunció medidas contra Cuba. Kruschev, líder soviético, reaccionó rápidamente y anunció que compraría el azúcar cubano. En año después Fidel anunció, por su parte que el Estado cubano era “marxista-leninista”, y se abrió un proceso de aún más radicales transformaciones políticas y socioeconómicas.

El aplastante y categórico triunfo de la revolución

El 21 de enero de 1961 Estados Unidos cortó sus relaciones diplomáticas con Cuba. Castro advirtió a los norteamericanos ante una eventual invasión: “Armaremos hasta a los gatos, si podemos enseñarles a sostener un arma”.

Eisenhower, presidente saliente de los Estados Unidos, venía proyectando una invasión a la isla, y cuando el republicano Richard Nixon fue derrotado por John F. Kennedy, éste tomó conocimiento del proyecto y terminó dando a luz verde para su realización.

La fuerza invasora estaba compuesta de 1.500 hombres, que partieron de Nicaragua el 16 de abril; Somoza, el dictador nicaragüense, pidió a los combatientes que le trajesen algunos pelos de la barba de Fidel. Desembarcaron en la Bahía de los Cochinos, donde comenzaron a ser atacados por las fuerzas castristas ni bien la primera lancha alcanzó la playa. El resultado fue catastrófico para los expedicionarios: murieron 129 y fueron hechos prisioneros otros 1.180. En un inédito debate con los invasores, transmitido por televisión, Castro los puso en ridículo.

El 1 de mayo de 1961, declaró que Cuba era un “Estado marxista-leninista”.

En julio de 1962, Raúl Castro acordó con los soviéticos la instalación den la isla de misiles nucleares de corto y mediano alcance. Los norteamericanos descubrieron el proceso, y en octubre Kennedy sostuvo que era inaceptable la presencia de dichos armamentos en Cuba. Fue la llamada “Crisis de los misiles”, que involucró a tres líderes de mucho peso en la política internacional: el soviético Nikita Kruschev, el estadounidense John F. Kennedy y el cubano Fidel Castro. Después de días de muy alta tensión, los soviéticos concordaron en retirar los misiles. Castro reaccionó con virulencia, tratando de cobarde a Kruschev, mientras la multitud coreaba “Nikita mariquita, lo que se da no se quita”.

Las relaciones entre soviéticos y cubanos se tornaron tensas, y Castro comenzó a apoyar públicamente a los movimientos armados de América Latina, presentando como modelo el desenlace exitoso de la revolución en Cuba. En discurso ante las Naciones Unidas, en 1964 Guevara -uno de los hombres más cercanos a Castro- anunció que cuba apoyaría las luchas de liberación en el Tercer Mundo.

En enero de 1966 Castro organizó la primera Conferencia Tricontinental, que reunió a una vasta cantidad de movimientos de izquierda, y de donde salió como la figura más relevante. Declaró en 1966 como “Año de la solidaridad revolucionaria”, y no ahorró criticas a los partidos comunistas pro-soviéticos.

En 1967 divulgó la noticia de que el “Che” Guevara esta con la misión de montar una campaña militar en América del Sur. Aislado en las montañas de Bolivia, Guevara fue muerto el 8 de octubre de 1967. Castro declaró 1968 como “Año del guerrillero heroico”.

Por todo esto, cuando las tropas soviéticas invadieron Checoslovaquia, el 20 de agosto de 1968, se esperaba que Fidel condenase el hecho, pero asombrando a propios y extraños, apoyó la invasión. Las relaciones con los soviéticos entraron en una fase de recomposición, y se mantuvieron favorables hasta finales de los años 80.

En 1971, después del triunfo de Salvador Allende en Chile, Castro visitó dicho país, ocasión en que se pudo constatar el impresionante prestigio que el líder cubano tenía en el continente.

En octubre de 1975, Fidel ordenó el envío de 15.00 soldados a Angola, cuyo gobierno comunista enfrentaba a dos movimientos armados: uno, ligado a Sudáfrica, y otro vinculado a los Estados Unidos. En 1977, más tropas cubanas fueron enviadas a África, para unirse a las fuerzas soviéticas pata ayudar al gobierno de Etiopía a aplastar una rebelión separatista.

La revolución cubana se convirtió en un modelo para los revolucionarios del Tercer Mundo, y así, cuando en 1979 los sandinistas tomaron el poder en Nicaragua, proclamaron al país como “el segundo territorio libre de Américas”.

En agosto de 1985 Cuba fue sede de una imponente conferencia sobre el problema de la deuda eterna, evento que reunió a amplios y diversos sectores. De hecho, el tema era delicado, pues sobre una deuda total de 700.000 millones de dólares, la mitad recaía sobre América Latina.

Dos hechos adversos a Castro, no obstante se dieron en 1989: la derrota de Daniel Ortega, en Nicaragua, por un lado; y el inminente desmoronamiento de la Unión Soviética, por otra. Años difíciles esperaban a Cuba en el futuro inmediato, pero Castro consiguió mantener la situación.

La Cuba de Castro

La revolución cubana cambió radical y profundamente la estructura política y económica de Cuba, así como la calidad de vida de su población.

Antes de la revolución, las criaturas de las familias pobres iban a la escuela, en media hasta el cuarto año del primer ciclo, En 1985 había en el país tres veces más profesores que en 1958, y más de un tercio de la población, o sea, 3.500.000 habitantes estaban matriculadas en las escuelas. El índice de analfabetismo cayó de más de 50 por ciento para apenas 4 por ciento.

En la lucha contra el hambre, Cuba obtuvo amplias victorias. Los alimentos eran escasos, y no pocas veces se procedió a racionar su distribución, pero todas las familias cubanas tenían garantizada una cesta nutricional de alimentos esenciales. La desnutrición tremenda en la Cuba revolucionaria, afectaba a apenas 3 por ciento de la población en los años 80.

La salud de los ciudadanos cubanos mejoró de manera substancial. Campañas de vacunación masiva erradicaron la poliomielitis y redujeron a ínfimos niveles la ocurrencia de fiebre tifoidea y la malaria. La expectativa de vida de los cubanos se elevó de 57 años, en 1958, a 73,5 años en 1983; hubo una drástica caída de los índices de mortalidad infantil: 16,3 por mil nacimientos, lo que colocaba al país al lado de los países más desarrollados del mundo.

La posición de la mujer cubana también experimentó una sensible mejora. En el período pre-revolucionario solamente el 17 por ciento de la fuerza de trabajo era compuesto por mujeres, la mayoría de ellas para empleo doméstico o prostitución. En los primeros años de la década de 1980, el 36 por ciento de la fuerza laboral estaba compuesto por mujeres.

La situación de los negros también mejoró notablemente, pasando de discriminados a ocupar con plenos derechos cualquier posición en la administración

La definitiva desintegración de la Unión Soviética, en 1989, sin embargo, significó un duro golpe para la revolución cubana. La Unión Soviética inyectaba anualmente alrededor de 4.000 millones de dólares, y otros 3.000 millones ingresaban en concepto de intercambio comercial con los demás países del entonces llamado “bloque socialista”.

En 1991, cuando se dio el desmoronamiento del socialismo europeo, Cuba tuvo que enfrentar críticos problemas. El 20 de diciembre de ese año, anunció Castro el mayor recorte económico de su historia, que incluían medidas como la eliminación de 500.000 puestos de trabajo, la reducción de 30 por ciento en la cuota diaria de combustible, y la substitución del transporte público de ómnibus por bicicletas. Fidel intentó, y obtuvo relativos éxitos al reactivar el sector turístico, en sociedad con capitalistas extranjeros, sobre todo españoles.

Pese a la difícil situación, Castro mantuvo intacto su prestigio político, y preparó al país para enfrentar la más dura crisis del período revolucionario.

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