Feminismo

Ciencias sociales. Día Internacional de la Mujer. Igualdad: lucha. Sociedad española. Política

  • Enviado por: Ruzago
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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es la fecha en la que se celebra la lucha por el derecho de la mujer al voto y por sus derechos políticos y económicos, en definitiva, por la igualdad entre el hombre y la mujer.

Primer Día Internacional de la Mujer:

El 29 de febrero de 1908 se organizó en EE.UU. el primer Día Internacional de la Mujer. Ese día las organizaciones de mujeres socialistas hicieron un llamamiento para desarrollar enormes manifestaciones públicas para luchar por los derechos políticos, económicos y al sufragio universal. En Manhattan, Nueva York, en 1909 asistieron unas 2.000 personas a una demostración para celebrar el Día Internacional de la Mujer. En 1910, las socialistas y las feministas de todo el país se unieron para celebrar ese día.

La Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas se celebró el 27 de agosto de 1910 en Copenhague, Dinamarca, a la que asistieron más de 100 delegadas de 17 países en representación de sindicatos, partidos socialistas y organizaciones de trabajadoras. EE.UU. llevaba como objetivo proponer el establecimiento de un día internacional de la mujer. Al final, la propuesta fue presentada por dos miembros del Partido Socialista Alemán, Clara Zetkin y Kathy Duncker, decidiendo establecer como fecha para esa celebración el 8 de marzo, por motivos históricos. Dichos motivos fueron dos eventos ocurridos ambos en la ciudad de Nueva York.

El primero sucedió en 1857. Miles de trabajadoras textiles marcharon sobre los barrios adinerados de Nueva York en protesta por sus miserables condiciones de trabajo.

El segundo ocurrió en 1908. Unas 40.000 costureras industriales de grandes factorías se declararon en huelga demandando mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga, el derecho de unirse a los

sindicatos, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil.

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Durante la huelga, los dueños de la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, Nueva York, encerraron a 129 trabajadoras para forzarlas a permanecer en su puesto de trabajo y no unirse a la huelga. Se produjo un incendio en la fábrica y todas ellas murieron quemadas.

En Europa, el primer Día Internacional de la Mujer se celebró el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria y Dinamarca. Las alemanas escogieron esa fecha porque, ese mismo día, en 1848, el Rey de Prusia, amenazado por un alzamiento armado, prometió una serie de reformas, incluyendo una incumplida promesa de entregar el derecho a voto para las mujeres.

La lucha por la igualdad en Europa:

Las mujeres vienen luchando por conseguir la igualdad desde hace varios siglos. La francesa Olimpia de Gouges publicó en 1792 su “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana”, lo que la llevaría a la guillotina. En esta Declaración defendía que si la Revolución había acabado con los derechos feudales, lo mismo debía hacer respecto a los privilegios del hombre. Ese mismo año, la británica Mary Wolltonecraft, casada con el filósofo anarquista William Godwin y madre de Mary Seller, autora de Frankenstein; escribió “Vindicación de los derechos de la Mujer”, en el que reclamaba el derecho de la mujer a la educación, al trabajo y a la vida pública y rechazaba como artificial la idea de feminidad que imponía una sociedad patriarcal.

Es a partir de 1839 cuando aparecen las primeras periodistas que crearon sus propios diarios y que reivindicaban la igualdad de los sexos inspirándose en los socialistas utópicos que habían defendido dicha igualdad. “La mujer libre” creado por dos obreras en 1832 incitaban a la rebelión contra el dominio del hombre.

En 1848 estalla en París una nueva revolución en la que las mujeres participaron activamente y expusieron sus derechos en el periódico “La Voz de las Mujeres”

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Aún sin derechos civiles ni políticos, muchas mujeres destacaron en ámbitos científicos.

En 1848 se celebró en Nueva York la primera reunión para tratar sobre los derechos de la mujer.

En 1868 el político y escritor británico John Stuart Mill perdió su escaño en el Parlamento por defender el derecho al voto de las mujeres. Al año siguiente publicó “la esclavitud de la mujer”, que inspiró al movimiento sufragista posterior.

Las reivindicaciones de las mujeres estaban apoyadas ocasionalmente por algunos destacados intelectuales y políticos progresistas que incrementaron dicho apoyo a partir de 1890, aunque no fue un camino fácil, ya que se encontraron con mucho prejuicios tradicionales que las consideraban seres inferiores poniendo en cuestión tanto su capacidad física como intelectual.

El movimiento sufragista británico fue pionero en la lucha por el sufragio femenino. Con este objetivo se fundó, en 1906, la Unión Social y Política de las Mujeres, dirigida por Emmeline Pankhusrt, cuyo radicalismo conmovió a la opinión pública británica y mundial. Se subían a los tejados con sus megáfonos, se encadenaban en público, boicoteaban los mítines de los partidos y realizaban manifestaciones en las que era habitual la violencia. Esto produjo una gran inquietud en el gobierno que prohibió en 1913 el movimiento y condenó a la señora Pankhurst a 3 años de trabajos.

Durante la famosa carrera anual del derby británico, Emily Davidson, militante del movimiento sufragista, se lanzó a los pies de los caballos para protestar. Habían conseguido sensibilizar a la opinión pública, incluso a las mujeres que no se atrevían a imitarlas.

La condesa y escritora Emilia Pardo Bazán (La Coruña 1851 - Madrid 1921), y su predecesora, la penalista Concepción Arenal, fueron las pioneras de un movimiento feminista que luchó por los derechos de la mujer durante las tres primeras décadas del siglo XX. A partir de 1.920 se sumaron otras mujeres. Las más destacadas fueron la

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periodista Carmen de Burgos, la jurista y profesora del Instituto-Escuela, Victoria Kent, la especialista en crítica artística Margarita Nelken y la abogada Clara Campoamor.

Las tres últimas, tras las elecciones de junio de 1931, fueron las primeras

parlamentarias españolas. Clara Campoamor fue la que más destacó en la defensa parlamentaria del derecho al voto de las mujeres.

En los años sesenta surgieron los movimientos feministas, formados normalmente por grupos políticos de la izquierda y trataban de hacerse cargo de las desigualdades sociales, de educación y de cultura existentes entre las mujeres.

La lucha llevada a cabo por la mujeres se ha dividido en dos ramas:

  • Una de ellas, se concentraba en la explotación industrial femenina.

  • La otra, se concentraba en la obtención de derechos civiles para las mujeres, en particular el derecho al voto.

Las socialistas fueron las que trataron de unir ambas luchas. Sin embargo, hubo un sector de mujeres de clase media y alta que solo luchaban por conseguir el voto, desasociándose con la lucha de clases en el contexto de las mujeres.

La lucha en otros continentes:

Aún no se tienen datos muy fiables de en qué lugar y momento se unieron las mujeres de los continentes africano, asiático y latinoamericano a la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Lo que sí sabemos es que las mujeres latinoamericanas en particular, han transformado esta fecha en un día de lucha contra las dictaduras capitalistas. Las mujeres chilenas, por ejemplo han salido a la calle

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cada 8 de marzo para luchar contra la dictadura militar capitalista del general Augusto Pinochet, que gobernó el país desde 1974 hasta 1990. Los partidos políticos en Chile, dirigidos mayormente por hombres, negociaron un retorno a la democracia capitalista, en esos momentos,

estas mujeres levantaron una bandera que decía “Democracia en el país y en la casa”.

Pérdida de derechos:

Durante la época franquista se perdieron los derechos conseguidos hasta el momento. La mujer quedó nuevamente supeditada legalmente al varón y se volvió a imponer una educación separada para los sexos.

Hasta 1975, las mujeres españolas, no eran consideradas “cabezas de familia”, sino que esa condición era atribuida a los maridos, por ello, no podían disponer de los bienes que habían llevado al matrimonio, ni tampoco aceptar herencias, hacer contratos o comparecer a juicio. Para todas estas acciones requerían el permiso expreso de sus maridos.

En la actualidad, la situación de las mujeres en algunos lugares del mundo ha empeorado, ya que han perdido derechos que tenían reconocidos. Un ejemplo claro es la situación de algunos países del Magreb en los que están volviendo a los antiguos “códigos de familia”, los cuales, entre otras cosas, impiden que las mujeres tengan un acceso igual a la herencia que los hombres y permiten la poligamia y el repudio de la esposa.

El camino hacia la igualdad:

La época preindustrial:

Durante el siglo anterior a la Primera Revolución Industrial, las mujeres, en teoría, solo debían trabajar si necesitaban ganar un salario o contribuir con su labor al sostenimiento de la explotación familiar. Pero en la práctica, la inmensa mayoría se encontraba en esta situación.

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A los 12 años el 80% de las mujeres campesinas abandonaban su hogar para emplearse en granjas agrícolas, en talleres urbanos o, sobre todo, en el servicio doméstico. Además de subsistir con el sueldo que ganaban, aprendían un oficio. Pero su principal objetivo era reunir una dote para atraer a un hombre y casarse, ya que su meta era depender del marido, aunque eso no la libraba del trabajo. El trabajo doméstico era labor exclusiva de la esposa, que constaba de tareas diversas y complejas, como la elaboración de los alimentos (salar el pescado, ahumar la carne, hacer conservas, etc.) y de la ropa que necesitaban todos los miembros de la familia. También participaba en la mayoría de las tareas agrícolas, en la industria doméstica o en el taller urbano; aunque esto último con menor frecuencia.

La Primera Revolución industrial:

Durante el siglo XVIII y principios del XIX el empleo mayoritario de las mujeres siguió siendo el trabajo doméstico, pero hubo cambios importantes. Los bienes producidos mediante procesos artesanales en el propio domicilio empezaron a fabricarse en seria con máquinas en grandes fábricas, utilizando el sistema industrial. Las mujeres competían en el mercado laboral con los hombres, pero trabajaban sobre todo en las primeras fases de elaboración de la lana y en las fábricas textiles. Los empresarios preferían emplear a mujeres en este tipo de sectores, por su habilidad y porque pagaban menores sueldos, pero también porque las primeras organizaciones sindicales solían estar formadas sólo por hombres. Lo habitual era que las mujeres fueran explotadas en las factorías, institucionalizándose un sistema en el que predominaban los bajos salarios, pésimas condiciones laborales, largas jornadas de trabajo y otra serie de abusos que, junto con la explotación infantil, eran algunos de los peores ejemplos de la explotación de los trabajadores durante el primer capitalismo industrial. La legislación relativa al salario mínimo y otro tipo de medidas legales intentaron mitigar este muy notorio abuso de las mujeres trabajadoras.

Las mujeres que desempeñaban actividades profesionales o eran dueñas de negocios, lo que a veces se conoce como profesionales de cuello blanco, sufrían menos los efectos de la explotación, pero se enfrentaban a graves desigualdades salariales y de oportunidades.

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Las fábricas comenzaron a alejarse del hogar y se organizaron de acuerdo con normas generales a las que todos los obreros debían atenerse. Esto supuso un grave inconveniente para que las mujeres casadas pudieran hacer compatible el trabajo en las fábricas con la atención de los hijos y el hogar. La mujer empezó a ser considerada como esposa y madre cuyo cometido principal era traer hijos al mundo y cuidar de ellos y del marido, de ese modo el trabajo fuera del hogar fue considerado como una tradición a su verdadera función en la sociedad. Esta mentalidad social provocó el aislamiento de la mujer del mundo del trabajo. Muchas jóvenes abandonaban su puesto de trabajo cuando se casaban o cuando nacía su primer hijo. Solo las mujeres adultas pertenecientes a las familias más pobres realizaban un trabajo remunerado. El trabajo de la esposa era considerado un motivo de vergüenza y una muestra de incapacidad del varón para mantener a su familia.

Las mujeres embarazadas seguían realizando el mismo trabajo, por duro que fuera, lo que multiplicaba los riesgos para la vida de la mujer. Tampoco existían permisos de maternidad de ningún tipo, lo que dificultaba el trabajo de las madres con hijos pequeños, que eran de su exclusiva responsabilidad.

Las asociaciones obreras se ocuparon poco de la problemática femenina, ya que estaban formadas mayoritariamente por hombres. Las mujeres que trabajaban por un salario menor eran consideradas unas competidoras desleales.

La creciente utilización de las máquinas de escribir y de teléfono, a partir de la década de 1870 creó dos nuevas clases de trabajo donde predominaba el empleo de mujeres, como mecanógrafas y telefonistas, pero éstas dos tareas se institucionalizaron como puestos de bajo nivel salarial y baja categoría laboral. La enseñanza, sobre todo la primaria, era un trabajo que realizaban mujeres, así como la medicina, profesión en la que ellas lograron cierta relevancia. La enfermería ha sido de forma tradicional una profesión reservada en la práctica a las mujeres.

Una de las primeras universidades que admitió a mujeres fue la de Edimburgo, Escocia, en 1889. Asimismo, las universidades argentinas

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admitían mujeres a finales del siglo XIX, conservando hoy un alto grado de participación de mujeres en la educación superior. Las actividades profesionales, cuyos estatutos fueron uno de los primeros objetivos de la legislación relativa a la igualdad de oportunidades, se convirtieron en una plataforma de partida para lograr la equidad de la mujer trabajadora durante el siglo XX, pero todavía no se ha logrado la igualdad salarial ni de oportunidades, más común en el sector empresarial.

Las primeras europeas en lograr la emancipación fueron las escandinavas. Selma Lagerlöf obtuvo en 1909 el premio Nóbel de literatura y en 1911 ingresó en la academia sueca siendo la primera mujer en hacerlo.

En 1830, en Francia, se abren escuelas municipales para niñas, aunque la asistencia no es obligatoria. Durante el siglo XIX los conventos fueron los lugares que educaban a las hijas de las familias acomodadas. Su interés por transmitirles conocimientos científicos era casi nulo pues el objetivo básico era educar a futuras buenas esposas y madres. A partir de 1857 la enseñanza en España empezó a ser obligatoria desde los seis a los nueve años tanto para niños como para niñas.

Durante siglos los estudios superiores y el acceso a la Universidad estuvieron prohibidos durante siglos a las mujeres. A pesar de que tuvieron acceso a ella a mediados del siglo XIX no se les permitió ejercer. EE.UU. fue el primer país que les reconoció ciertos derechos:

a partir de 1820 en algunos estados las mujeres pudieron ejercer como abogados, en 1848 se les permitió administrar su fortuna, aunque estuvieran casadas, en 1849 pudieron doctorarse en medicina, y en el estado de Wyoming se les concedió el derecho al voto.

A partir de 1830 aparecen las primeras periodistas que crearon sus propios diarios y reivindicaban la igualdad de los sexos.

En 1848 las mujeres participaron activamente en la revolución que estalló en París y expusieron sus reivindicaciones en el periódico

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“La Voz de las Mujeres” y reclamaban especialmente el derecho al voto. Entre las protagonistas destaca la escritora George Sand, que para no tener problemas a la hora de publicar sus novelas utilizó un seudónimo masculino al igual que muchas escritoras en el resto de Europa.

A pesar de que no tenían derechos civiles o políticos, hubo muchas mujeres que destacaron en ámbitos científicos: Sophie Germain y Sonia Kovalievskaia en matemáticas, Caroline Herschel en astronomía, Marie Curie (1867-1934) que descubrió el radio y la radioactividad, obtuvo dos veces el Premio Nóbel de física y alcanzaría una cátedra universitaria…

En el terreno sindical político de izquierdas tuvieron un papel importante entre otras: Flora Tristán (1803-1844), Emma Paterson y Margaret Fuller.

La I y II Guerra Mundial:

Las dos Guerras Mundiales provocaron que los empresarios y los gobiernos recurriesen a las mujeres para realizar los trabajos que habían abandonado los hombres al tenerse que incorporar al frente de batalla. Esta situación hizo que se valorara la participación de la mujer en el mundo laboral, que al estar altamente tecnificado y necesitar más habilidad y rapidez que fuerza se acomodaba muy bien a las mujeres. Además se propició la incorporación de éstas en las organizaciones sindicales. Los anarquistas fueron los primeros en tratar a las mujeres en un régimen de igualdad con respecto al hombre, tanto en el terreno laboral como personal.

Tras la II Guerra Mundial (1939-1945), en casi todos los países democráticos y desarrollados, el derecho al voto se haría realidad, al igual que alcanzarían la casi total igualdad jurídica y política, aunque persistirían las diferencias y desigualdades en el mundo laboral. Se produjo una redistribución de los trabajos: unos eran considerados masculinos y otros femeninos. Los salarios eran inferiores para las mujeres aunque desempeñasen el mismo puesto de trabajo que los hombres y no podían acceder a puestos de responsabilidad aunque tuviesen los estudios y la capacitación que posibilitase a su acceso.

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El ingreso de las mujeres al mundo laboral y la aparición de la “nueva mujer” o la “Eva moderna”, la alegre y divertida garçonne de los años veinte, provocó los comentarios de los que opinaban que los nuevos comportamientos de la mujer atacaban la moral de la mujer y temían que condujera a las féminas por caminos contrarios a su papel de esposa y madre.

La Revolución rusa:

Con el triunfo de la Revolución rusa, los bolcheviques establecieron por primera vez la igualdad salarial de hombres y mujeres y estimularon que éstas alcanzaran la máxima cualificación laboral. Sin embargo, Alexandra Kollontai (1872-1952), una de las líderes del movimiento feminista ruso, fue criticada y perseguida por el gobierno soviético por defender el amor libre, el cuidado colectivo de los niños y la desaparición de todas las instituciones que oprimían a las mujeres.

La sociedad española:

El proceso de modernización que ha experimentado la sociedad española se ha caracterizado por su lentitud y conflictividad no pudiendo fijar de manera determinante una fecha clave.

Hacia el año 1900 tan solo la Institución Libre de Enseñanza practicaba la educación no discriminatoria de chicos y chicas. La Iglesia católica la consideraba inmoral.

El Parlamento español había rechazado en 1907 y 1908 una enmienda que solicitaba el voto restrictivo para las mujeres mayores de 25 años solteras o viudas.

Hasta 1910 las mujeres necesitaban un permiso especial de las autoridades para poder matricularse en las universidades españolas.

En 1916 la ya mencionada Emilia Padro Bazán logró ser nombrada catedrática de Universidad, siendo la primera vez en la historia contemporánea española que una mujer obtenía ese cargo.

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Fue en la época de la Dictadura de Primo de Rivera cuando se reconoció el derecho al voto femenino para las mujeres solteras y viudas mayores de 23 años. Para las mujeres casadas era impensable este derecho ya que podría oponerse con su voto a la opinión de sus maridos.

A partir de 1918 en los medios de opinión españoles se produjo una auténtica polémica sobre el lugar que debió ocupar la mujer en la sociedad. Los comentarios aumentaron durante los años 20 por los cambios sufridos por las mujeres porque temían que abandonaran su papel fundamental de esposa y madre.

Una serie de mujeres españolas, durante las tres primeras décadas del siglo XX, combatieron intensamente por la situación discriminatoria que sufrían. Para ello crearon asociaciones feministas, fundaron revistas, escribieron libros, dieron conferencias, se entrevistaron con parlamentarios e incluso impulsaron proyectos legales con el fin de que les reconociesen derechos civiles idénticos a las de los varones.

Hasta 1931, ningún país mediterráneo había reconocido el derecho al voto de las mujeres.

Como hemos dicho anteriormente Victoria Kent, Margarita Nelken y Clara Campoamor fueron las tres primeras diputadas de las Cortes españolas, que fueron elegidas tras las elecciones de junio de 1931. Paradójicamente, su elección se realizó sin poder ser ellas electoras, como le ocurría al resto de las mujeres españolas, pues así lo establecía la ley electoral de mayo de 1931.

El partido republicano lerrouxista tenía como representante a Clara Campoamor que formó parte de la comisión parlamentaria que preparó el anteproyecto de la Constitución. Fue en la redacción inicial de este anteproyecto donde sólo de reconocía el derecho al voto para las mujeres solteras y viudas mayores de 23 años. Los partidos republicanos de izquierdas temían que las mujeres votasen mayoritariamente a los partidos derechistas, ya que pensaban que la Iglesia tenía una gran influencia sobre ellas.

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El artículo 23 del anteproyecto de la Constitución de 1931 decía textualmente: “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: el nacimiento, la clase social, la riqueza, las ideas políticas y las creencias religiosas. Se reconoce, en principio, la igualdad de derechos de los dos sexos.”.

Se aceptó una nueva redacción de éste artículo gracias a las protestas de Clara Campoamor por el hecho de que sólo se reconociese “en principio” la igualdad de derechos de las mujeres, quedando de la siguiente manera: “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios” (artículo 25 del texto constitucional definitivo).

Se había logrado ganar la primera batalla teórica, pero aún faltaban otras, dado que se consideraba que la joven República no era suficientemente fuerte y que las derechas podían beneficiarse de los votos de las mujeres e interrumpir las reformas en curso. En Francia se utilizó el mismo argumento para mantener la discriminación electoral femenina.

A pesar de que el debate parlamentario fue muy duro, Clara Campoamor, desmontando uno a uno los argumentos de muchos parlamentarios y apoyándose en el artículo 25 que había sido firmado previamente, consiguió mantener ese derecho al voto.

Comenzó en ese momento a discutirse el artículo 36, cuyo texto decía: “los ciudadanos de uno y de otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”. Este artículo fue aprobado por 161 votos a favor y 121 en contra. Por sólo 40 votos de diferencia, las mujeres adquirieron el derecho de ciudadanía el 1 de octubre de 1931. Los votos a favor se consiguieron por la mayoría de los parlamentarios del Partido Socialista, los diputados catalanistas y galleguistas, los intelectuales del grupo “Agrupación al Servicio de la República” (entre ellos el, el filósofo José Ortega y Gasset, el médico Gregorio Marañón y el escritor y profesor Miguel de Unamuno) y la casi totalidad de los representantes de las derechas. En contra votaron la mayoría de los

Republicanos lerrouxistas y de los Republicanos de izquierda.

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En 1933 la victoria de las derechas en las elecciones promovió nuevos ataques al recién estrenado voto femenino. Las izquierdas consideraron que el triunfo derechista fue debido a esta circunstancia y, por ello, Clara Campoamor fue objeto de muchos ataques y descalificaciones.

Sin embargo, la victoria del Frente Popular en 1936 dejó claro que el voto femenino no tenía por qué estar predeterminado hacia ninguna orientación política exclusiva.

Las décadas de los sesenta y ochenta fueron decisivas en la obtención de una sociedad más justa y menos discriminatoria. El proceso hacia la modernización social ha sido muy largo en la mayor parte de los países desarrollados. En la sociedad española, ese proceso en el sector femenino de la población, ha sido más gradual y prolongado, ya que ha tenido que realizar un enorme esfuerzo de adaptación a las nuevas circunstancias socioeconómicas que se presentaban en nuestro país durante el gobierno dictatorial de Francisco Franco Bahamonde (1936-1975).

La etapa del franquismo:

El Régimen de Franco supuso un letargo de las aptitudes y capacidades de las mujeres. Éstas quedaron nuevamente supeditadas legalmente al varón, a la vez que en el terreno educativo se impuso nuevamente una educación separada para los sexos. Sin embargo, las mujeres fueron una pieza importante de su política y de su sistema de dominación desde principios de 1939. Las afiliadas a la Sección Femenina prestaron distintos servicios al Estado según las necesidades de éste: asistencia social, hospitales, adoctrinamiento político, control ideológico, etc. A finales de la década de los cuarenta-cincuenta, la rama femenina de Falange ejercía una escasa influencia sobre las mujeres. Pero el Estado no dejó de controlar al colectivo femenino. Acción Católica complementaba la influencia de Falange en las mujeres españolas a través de un discurso moral y religioso que ejerció mayor poder social y político que el obsoleto falangismo.

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Desde 1946 existía en las Naciones Unidas una Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer que tuvo escaso impacto en nuestro país debido al aislamiento internacional del Régimen y su exclusión de Naciones Unidas.

Durante los años sesenta hubo diversos cambios en la sociedad debidos a la floreciente economía y el superficial contacto con el exterior. Estos cambios durante los llamados años de la “pretransición” fueron el descenso de la mortalidad y la natalidad, los cambios en la estructura de la población activa, etc. que fueron de gran importancia pero claramente insuficientes.

Sección Femenina fue quien se hizo cargo del debate de la posición de la mujer en la sociedad. En España se experimenta una tímida liberación de cara la exterior acompañada de una cautela en los problemas a resolver en cuanto a la cuestión femenina durante esta época de surgimiento en los EE.UU. de los Movimientos para la Liberación de la Mujer, debates sobre feminismo, contracepción, etc.

Pilar Primo de Rivera, delegada nacional, presentó a los procuradores en Cortes la Ley del 22 de julio de 1961 sobre derechos políticos que fue redactada por mujeres de la Sección Femenina y que no tuvo ningún valor en una sociedad sin constitución democrática, ni partidos políticos y tremendamente marcada por la desigualdad de los sexos, ya que el marido seguía siendo el representante legal de la mujer.

Empezaron a aparecer multitud de grupos de mujeres alejados de la ideología oficial y del discurso unidireccional mujer-esposa-madre propugnado desde el Estado y difundido por la Sección femenina. Estas asociaciones fueron: Amas de Casa, Asociación Española de Mujeres Universitarias, Unión de Mujeres Antifascistas, Unión de mujeres Españolas, entre otras. Ni siquiera con la creación de una subsección llamada Formación y Promoción de la Mujer pudieron converger para el establecimiento de posiciones comunes a favor de las mujeres. Esto fue debido a que las mujeres que lo formaron procedían de frentes opuestos. Las que pertenecían a colectivos antifranquistas venían de un pasado de clandestinidad, exilio y represión. Muchas de ellas muy ligadas al movimiento obrero en sus reivindicaciones y a su tradicional función de amas de casa, habían

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participado en los años cincuenta en las primeras huelgas del País Vasco, Madrid, Mataró, Sabadell y la cuenca asturiana. Con el desarrollo producido tras el Plan de Estabilización de 1959, el Estado necesitó mano de obra femenina: secretarias, telefonistas, servicio doméstico… Su tímida salida al mundo laboral y la constatación de las difíciles condiciones de vida que impuso el citado Plan, conformarán los factores básicos que les llevará a la protesta por la carestía de la vida, la inflación, movilizaciones para mejorar las condiciones de vida en los nuevos barrios de las grandes ciudades, peticiones de indultos y amnistías, etc.

Todos estos cambios desembocaron en una verdadera transformación de la sociedad femenina, pero de manera tan lenta que hasta 1975 no tuvo lugar.

La transición:

El porcentaje de mujeres que trabajaban fuera del hogar después del matrimonio era muy bajo. En 1977 la cifra rondaba el 45,7 %. Uno de los factores mas importantes que provocaba las diferencias más patentes entre población activa masculina y femenina. Los empresarios se retraían a contratar a una mujer en igualdad de condiciones que al varón por la interrupción del trabajo por el embarazo y la posibilidad de varios hijos. Para la mujer era bastante difícil compatibilizar ese trabajo con el cuidado de niños menores a los que en ocasiones se le añade el cuidado de ancianos. Las tareas del hogar eran realizadas exclusivamente por las mujeres, ya que se tenía la idea de que éstas correspondían únicamente a las féminas junto con la educación de los hijos pequeños y la dedicación al marido y a la familia. Esto se consideraba mucho más importante que el aprendizaje de una profesión. A todas estas dificultades se sumaban la falta de guarderías para los hijos, malas condiciones de trabajo, poca remuneración, escasa formación, falta de colaboración de la familia en las tareas domésticas, oposición del marido y la opinión contraria al trabajo de la mujer.

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La Democracia:

La Constitución de 1978, consolidó un régimen democrático en España y reconoció la igualdad de derechos políticos y de todo tipo para la mujer. Desde el año 1970 hasta nuestros días, se ha producido un cambio histórico en la imagen de la mujer al abandonar el perfil casi exclusivo de ama de casa y madre para incorporarse a la vida pública y social. El cambio ha sido muy rápido y de alta calidad respecto a las generaciones anteriores. Los elementos clave son el acceso a la educación superior y al trabajo extradoméstico. Las mujeres han tenido más posibilidad de penetrar en la vida pública en aquellos países en los que se han mostrado económicamente mas activas. El trabajo asalariado les confiere una imagen de poder que sirve para establecer comparaciones con el mundo masculino y, en definitiva, con la sociedad moderna. No obstante, no ha servido para liberarla de las tareas domésticas tradicionalmente adscritas a su sexo, si bien, la ausencia prolongada del hogar va dando como resultado la colaboración, aunque de forma tímida, de otos miembros de la familia en las mismas.

En octubre de 1982, las elecciones generales dieron la mayoría absoluta al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), produciéndose un hecho histórico de gran trascendencia para nuestro país.

En octubre de 1983, se creó el Instituto de la Mujer que produjo un impulso decisivo hacia la erradicación de la marginación para el colectivo femenino. Entre sus planteamientos iniciales figuran la promoción y protección de la mujer mediante políticas de igualdad y de no discriminación por razón de sexo. Otros organismos han complementado el ya mencionado Instituto de la Mujer, permitiendo canalizar las reivindicaciones, derechos y deberes de las españolas. Los organismos nacionales creados a tal fin han sido la Subdirección General de la Familia y el Ministerio de Asuntos Sociales. Durante los años ochenta se han instalado Comisiones o Delegaciones encargadas de promover mecanismos de igualdad, en función del grado de consolidación y organización de las diferentes comunidades autónomas. Las primeras en tener competencias plenas en esta materia en 1985 fueron: el País Vasco, Cataluña, la Comunidad Valenciana y Navarra.

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Además, se han llevado a cabo reformas legislativas en el ámbito de lo social con el Estatuto de los Trabajadores, de la legislación laboral con la Seguridad Social, etc., así como diversas reformas en el Código Penal, Código Civil y Sanidad. Estas reformas se han visto acompañadas por sucesivas campañas de información sobre discriminación y desigualdad que han calado de distinto modo en la opinión pública.

Los obstáculos en el camino hacia la igualdad no han desaparecido y aunque en los años ochenta hemos asistido a la incorporación de las mujeres a los órganos de toma de decisiones políticas, económicas y sociales: Asambleas, Congresos, Senados, Parlamentos Autonómicos, Ministerios y altos cargos de la Administración y Dirección, la presencia femenina es claramente insuficiente y sectorial.

Obtención del derecho al voto de las mujeres:

Las mujeres obtuvieron el derecho al voto en fechas muy diferentes dependiendo de cada país, llegando a tener una diferencia máxima de setenta y ocho años. El país que antes lo consiguió fue Nueva Zelanda, siendo el último Suiza, hace tan solo treinta y un años.

En Gran Bretaña, el derecho al voto se instauró en 1918 aunque solo para las mujeres mayores de 30 años. A partir de 1928 pudieron votar a la misma edad que los hombres.

En España aunque el derecho al voto se obtuvo en 1931, con la llegada del Régimen dictatorial franquista, se perdió ese derecho desde 1936, en que Franco subió al poder, hasta la llegada de la democracia en 1975, en que se volvió a recuperar.

A pesar de los grandes avances conseguidos en este terreno, muchos países poco desarrollados, aún hoy en día, no disfrutan de este derecho porque consideran a la mujer un ser inferior sin capacidad de razonamiento, que debe estar supeditado al varón.

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La relación por orden cronológico del derecho al voto de las mujeres en los diferentes países se obtuvo en los años siguientes:

Nueva Zelanda 1893

Australia 1901

Finlandia 1906

Noruega 1913

Dinamarca 1915

Holanda 1917

Rusia 1917

Gran Bretaña 1918

Alemania 1918

Suecia 1919

EE.UU. 1920

Austria 1923

Polonia 1923

España 1931

Francia 1945

Italia 1945

China 1947

Canadá 1948

India 1949

Japón 1950

México 1953

Egipto 1956

Suiza 1971

Los cambios del siglo XX:

El siglo XX es el siglo de la emancipación de la mujer. Aproximadamente la mitad de la población mundial ha visto alterada una situación de subordinación que se había mantenido durante toda la historia conocida de la humanidad.

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La situación entre las mujeres de los países industrializados y democráticos y aquellos que no lo son, sigue siendo muy diferente.

La tendencia hacia la globalización característica del siglo pasado ha hecho que el tema de la mujer se convierta en un problema abierto en todo el mundo.

Los cambios en la situación de las mujeres se debe tanto a los esfuerzos conscientes de las propias mujeres como a los procesos sociales amplios: el desarrollo económico y demográfico con sus efectos sobre las estructuras ocupacionales y de la familia, el acceso de las masas a la política, el cambio de las mentalidades, etc.

Los primeros movimientos organizados de las mujeres estuvieron relacionados en todas partes con la petición del derecho al voto.

En las sociedades occidentales, durante la primera mitad del siglo, reclamaban ese derecho las mujeres de clase media que trataban de

defender sus derechos políticos.

En los países socialistas la plena igualdad de derechos estuvo reconocida desde su misma institución.

En los países en vías de desarrollo, tan solo algunas élites occidentalizadas tuvieron el problema en cuenta y, sin embargo, la participación de las mujeres en los movimientos independentistas propició un cambio que se iría sintiendo con el tiempo.

La mujer trabajadora en la actualidad:

Aunque las mujeres representan más de la tercera parte de la fuerza laboral mundial y producen más del 70 % de los alimentos de África, su trabajo se sigue limitando a ciertos campos profesionales en los que no se requiere una alta preparación y que suelen ser actividades mal remuneradas. Sin embargo, según los datos de la Organización Internacional del Trabajo, a medida que los países se van industrializando las mujeres mejoran su categoría profesional.

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Los países industrializados:

El empleo de mujeres en Europa, EE.UU. y Japón es muy similar. Antes de 1990 la participación de la mujer en Alemania Occidental (ahora parte de la reunificada República Federal de Alemania), era de 38 %, y del 55 % en Suecia. En España el porcentaje es mucho menor, debido a la tardía incorporación de la mujer al mercado laboral. En casi todos los países industrializados existe una legislación relativa a la igualdad de oportunidades y a la protección de la mujer en el

trabajo. La negociación colectiva se utiliza con más frecuencia en Europa que en EE.UU. para mejorar las condiciones laborales de las mujeres.

Las políticas de empleo en la Europa del Este y en los países de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) con regímenes comunistas partían de la creencia de que la mujer tenía tanto el derecho como el deber de trabajar. En 1936 la Constitución soviética señalaba que no se podía legislar en contra de la igualdad de la mujer. La URSS y sus aliados promulgaron leyes a favor de la protección de menores, la educación, la salud y las actividades lúdicas. Según distintas estimaciones, en la décadas de 1970 y principios de 1980 el 85 % de las mujeres soviéticas entre 25 y 55 años trabajaban fuera de casa; en la Alemania del Este en número de mujeres asalariadas superaba el 80 %. Aunque participaban más en el mercado laboral que las mujeres de Occidente, las trabajadoras de Europa del Este también se ocupaban de tareas que requerían poca calificación y casi siempre en cargos de menor responsabilidad que los de los hombres. Por ejemplo, en Bulgaria el 78 % de los trabajadores del sector textil eran mujeres, pero sólo el 25 % contaban con la categoría de ingenieros; para la Unión Soviética estas cifras eran del 74 % y del 40 % respectivamente. Aunque no se fomentaba el empleo a tiempo parcial, el 50 % de las mujeres casadas trabajaban sólo una parte de la jornada. Los estados comunistas defendían que debía pagarse igual salario a igual trabajo, pero eran pocas las mujeres que alcanzaban lo más alto del escalafón. Sin embargo, la exactitud de estas cifras ha sido puesta en duda tras la caída de los regímenes comunistas en Europa y Euro Asia, aunque quizá sea cierto que las mujeres de estos países disfrutaban de una mayor igualdad salarial y un número superior de oportunidades que las mujeres occidentales.

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Sin embargo es interesante observar la evolución de la situación cuando desaparezcan las industrias estatales y los sistemas de seguridad social en los países de Europa Central y del Este.

En los países occidentales, Suecia es el único país que ha logrado una mayor igualdad laboral para las mujeres. Durante las dos últimas décadas los ingresos salariales medios de las mujeres han pasado del 66 % al 87 % de los ingresos de los hombres. Al mismo tiempo, el gobierno sueco ha emprendido una reforma de los libros de texto, la educación de los padres, la protección de menores, las políticas de impuestos y la legislación relativa al matrimonio y al divorcio para fomentar la igualdad de la mujer en el mercado laboral, al tiempo que se reconocen las necesidades específicas de las madres trabajadoras. Se crearon programas de ayuda y asesoría para las mujeres que se reincorporaban, tras un periodo de maternidad, al mercado de trabajo.

Otros países europeos ha analizado el modelo sueco, y algunos están adaptando los programas de ayuda a sus políticas de bienestar, aunque el costo económico de la adaptación del sistema de bienestar sueco es un obstáculo importante para conseguir estos cambios.

Japón, el país mas industrializado de Oriente, conserva algunas de sus tradiciones hacia la mujer. La participación de las mujeres en el mercado laboral es algo menor que en los países occidentales, pero la mujer suele dejar su trabajo de forma concluyente cuando tiene hijos, a pesar de que el alto porcentaje de educación en Japón hace que exista un elevado número de mujeres con estudios superiores. Se ha creado una legislación relativa a la igualdad de oportunidades para garantizar y fomentar el empleo de las mujeres en tareas diferentes a las reservadas según la tradición a la mano de obra femenina (empleos mal pagados, entre los que predominan las tareas de secretaría y administración) pero el promedio de mujeres que desempeñan altos cargos, tanto en el sector privado como en la administración pública, sigue siendo menor que el registrado en algunos países occidentales.

En Corea del Sur, Singapur y Taiwan, y en otras economías jóvenes en el plano industrial del sudeste asiático, se han creado, gracias al desarrollo de sus economías, nuevas oportunidades laborales para

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las mujeres. En Corea del Sur la presencia de la mujer en el mundo laboral es más reducida que en Japón; en los países de esta zona la presencia femenina es aún menor. Las actividades paternalistas tradicionales, la importancia de la familia en las diferentes religiones confucionistas y el predominio del Islam en algunas zonas tienden a disminuir el estatus y la presencia de la mujer en el mercado laboral.

Sin embargo, el crecimiento económico ha permitido que las mujeres puedan desempeñar cargos y cobrar salarios que nunca antes habían podido imaginar. Además, estos países son los primeros interesados en impedir que las limitaciones de la tradición reduzcan su potencial creación de riqueza.

Países en vías de desarrollo:

Algunas regiones de África, Asia, Oriente Próximo y América Latina siguen soportando economías agrícolas pobres. La mayoría de las mujeres trabajan en el campo y en los mercados o acarreando combustible y agua en largas distancias, pero su contribución económica sigue sin ser reconocida. Sin embargo en los últimos años cada vez más mujeres se incorporan a las actividades productivas con el desarrollo de los centros urbanos y la mayor educación en muchos países en vías de desarrollo. En los países africanos, en cambio, destaca el elevado porcentaje de la participación femenina en la fuerza laboral, pero su trabajo se limita a tareas agrícolas de subsistencia. A medida que la población se ha desplazado a las ciudades en busca de mayores ingresos, la mujer ha quedado relegada a permanecer en el campo como principal sostén de la familia.

El Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (BIRD) ha definido un "paquete de medidas para la enseñanza básica", imprescindible para mejorar la preparación de hombres y mujeres en los países menos industrializados.

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Entre esta serie de medidas destacan la alfabetización básica, la elección de las preferencias vocacionales, la planificación familiar, el fomento de la salud y la higiene, la protección de menores, la nutrición y el conocimiento de la participación cívica. El analfabetismo es mayor entre las mujeres que entre los hombres. Incluso en los países en los que se han logrado avances hacia la igualdad, los problemas como la elevada tasa de desempleo afectan negativamente al colectivo femenino. En estos países se ha logrado un relativo progreso para ampliar las oportunidades laborales de las mujeres, que siguen sin tener un acceso igualitario a la educación, los programas de formación profesional o los préstamos y facilidades financieras, sobre todo en las áreas laborales imprescindibles para el crecimiento de una economía retraída o atrasada.

Organización de apoyo a la igualdad en EE.UU.:

La Organización Nacional de la Mujer (NOW) es una asociación estadounidense que apoya la igualdad para las mujeres, con sede en Washington, D.C. La organización se fundó en 1966 por mujeres participantes en la Tercera Conferencia Nacional de la Comisión sobre la Condición de la Mujer. Su primera presidenta fue Betty Friedan, autora de La mística femenina (1963). NOW tiene más de 600 divisiones regionales a lo largo de 50 estados y el distrito de Columbia, y cuenta con más de 250.000 miembros entre mujeres y hombres.

La organización trabaja para eliminar la discriminación y los prejuicios contra las mujeres en la Administración, la industria, la religión, la educación, la medicina, las leyes y los sindicatos. NOW ha promovido la aprobación de la Enmienda para la Igualdad de Derechos en la Constitución de Estados Unidos. Enérgica defensora del derecho de la mujer al aborto, NOW fue la principal promotora de la Marcha para la Libre Elección de las Mujeres, en abril de 1992. NOW edita una publicación bimensual y celebra cada verano una conferencia nacional.

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Durante sus primeros años, la posición de la NOW sobre los derechos de las lesbianas creó controversias entre sus miembros. Algunas lesbianas fueron expulsadas de los cargos de dirección hasta que en la Conferencia Nacional de 1971 las activistas votaron a favor de reconocer los derechos de las lesbianas como una cuestión feminista.

La Constitución española:

En el capítulo segundo de la Constitución de 1978, en los derechos y libertades, el artículo catorce dice:

“los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Opinión personal:

Aunque los derechos de la mujer han aumentado y mejorado mucho durante los últimos siglos, todavía hay mucha desigualdad con respecto a los derechos del hombre. Pienso que va a costar mucho conseguirlo ya que la mujer no consigue deshacerse de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos. A pesar de que el hombre colabora en éstas cosas, no lo ha aceptado como una obligación sino como una ayuda hacia la mujer, al contrario que las féminas. Mientras que no acepte que el trabajo dentro y fuera de casa debe estar repartido a partes iguales, difícilmente obtendrá exactamente los mismos derechos que el hombre.

La tecnología también es un punto importante en la consecución de esos derechos, ya que ayudan a aliviar el trabajo doméstico al igual que lo han hecho la lavadora, el lavavajillas, etc.

En el mercado laboral la mujer está ocupando puestos de responsabilidad en menor grado que el hombre. Actualmente, debido a

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que el número de mujeres que terminan estudios superiores es aproximadamente igual al de los hombres, pienso que tendrán las mismas oportunidades de acceder a un puesto de trabajo con un cargo importante que los varones.

A pesar de que el ya mencionado artículo 14 del capítulo segundo de la Constitución española recoge la igualdad total, sin discriminación alguna, este derecho no es aplicado al 100 %, ya que todavía algunos empresarios prefieren contratar hombres en lugar de mujeres porque así se evitan las bajas por maternidad, los permisos por lactancia y por acompañar a los hijos al médico.

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Pág.

Día Internacional de la Mujer 2

Primer Día Internacional de la Mujer 2

La lucha en otros continentes 5

Pérdida de derechos 6

El camino hacia la igualdad: 6

  • La época preindustrial 6

  • La primera Revolución Industrial 7

  • La I y II Guerra Mundial 10

  • La Revolución rusa 11

  • La sociedad española 11

  • La etapa del franquismo 14

  • La transición 16

  • La democracia 17

Obtención del derecho al voto de las mujeres 18

Los cambios del siglo XX 19

La mujer trabajadora en la actualidad: 20

  • Los países industrializados 21

Países en vías de desarrollo 23

Organización de apoyo a la igualdad en EE.UU. 24

La Constitución española 25

Opinión personal 25

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