Europa Napoleónica

Historia contemporánea. Guerras del Directorio. Bloqueos. Revolución. Organización. Administrativa. Fiscal

  • Enviado por: Antonia
  • Idioma: castellano
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TEMA 4. LA EUROPA NAPOLEÓNICA.

La causa o excusa de la guerras del Directorio (la doctrina de las fronteras naturales de las naciones, es decir, la anexión de todo lo que hoy es Bélgica, incluyendo Amberes, y los países habitados por gente germánica de la orilla izquierda del Rin que, como tierras del Imperio, dependían de Austria) impuso un estado de guerra con las dos potencias europeas más fuertes de aquella época: Austria (porque con aquella pérdida comenzaba a desmembrarse el Imperio) e Inglaterra (que no podía tolerar que la costa de Flandes, por proximidad, fuera francesa). Esa idea de los límites naturales mantuvo a Europa en constante estado de guerra durante los agitados años del Directorio, el Consulado y el Imperio.

Las campañas de Italia y de Egipto proporcionaron al Directorio inagotables recursos y a Napoleón el prestigio necesario para hacerse con el poder absoluto en 1802 (Consulado vitalicio) y coronado emperador en 1804.

Pero la pacificación interior y exterior no podían satisfacer los ambiciosos proyectos de Napoleón. Por diversas razones (su espíritu romántico, deseo de liberación y posterior federación de los Estados europeos, necesidad de una política de prestigio para mantener sus posiciones en el interior, ansias de aniquilar el poderío inglés), puso en práctica una política expansiva, con la que pretendía erigirse en dueño del mundo. [→ Es de destacar la evolución política sufrida en Francia en apenas 15 años: de los ideales revolucionarios (República), se pasa a la forma imperial del poder. El Imperio significó un verdadero cambio (principio básico de la herencia monárquica, concordato con la Santa Sede, rehabilitación de la antigua nobleza...) respecto a los ideales del período republicano. ¿Representaba el imperio la desaparición de la herencia revolucionaria? No, según el art. 53 de la Constitución del año XII (1804), que convierte al emperador en garante de las conquistas de la revolución: igualdad de derechos, libertad política y civil, integridad del territorio, carácter irrevocable de las ventas de bienes nacionales. La herencia revolucionaria se respeta, pero el modelo político se decanta definitivamente del lado de la autoridad. En definitiva, Napoleón respeta los principios teóricos de la revolución, pero los atenúa al servicio de la concentración de poder y por otra parte contribuye al resurgimiento de algunos valores sociales de la monarquía (síntesis del régimen antiguo y el nuevo)].

La política exterior de Napoleón presenta una triple dirección: la rivalidad con Inglaterra, el deseo de entendimiento con Rusia y la alianza y unión con Austria. En la lucha por la hegemonía europea Inglaterra es el enemigo inevitable; con Rusia ha de entenderse para no sostener al mismo tiempo guerras con una potencia marítima (Inglaterra) y otra continental (Rusia); la alianza con Austria legitima el título de emperador ante las familias reales europeas gracias al matrimonio con Mª Luisa, hija del emperador austríaco, en 1810.

Ante el creciente poderío de Napoleón y el perjuicio que puede causarle su política económica, Inglaterra declara la guerra a Francia en 1803 (se rompe la paz de Amiens). Se formó así una tercera coalición (1804-1806) contra Francia formada por Inglaterra (→ deseo inglés de controlar las rutas oceánicas), Rusia (→ ambición por intervenir en Europa) y Austria (→ que busca la preponderancia en Italia y Alemania). La campaña de 1805 supone la gran derrota napoleónica en Trafalgar (que señala la supremacía marítima de Inglaterra) y de las grandes victorias continentales francesas en Ulm y Austerlitz (que supusieron el sometimiento de Austria).

Una cuarta coalición (Inglaterra, Rusia, Prusia) se forma contra Napoleón. La batalla de Jena (1806) inutilizó a Prusia, y Rusia fue vencida en Friedland (1807). Ésta última ocasionó el Tratado de Tilsit entre Napoleón y el zar de Rusia, que supuso la cumbre del poderío napoleónico (→ formación del Gran Imperio francés y de los Estados federados).

Tilsit somete Europa a Napoleón; únicamente Londres resiste. La derrota de Trafalgar de la escuadra franco-española desbarató los planes napoleónicos de invadir Inglaterra, pero podía estrangularla sometiéndola a un bloqueo comercial: por el decreto de Berlín de 1806, se prohíbe todo comercio con Inglaterra cerrándole los puertos de Europa. Francia dominaba la costa de Holanda y del Canal y podía imponer su voluntad a los estados de Italia, exceptuando a Nápoles; Bonaparte, sin embargo, se comprometió a obligarle a no aceptar mercancías de bandera inglesa, y Rusia tenía que hacer lo propio con los países escandinavos. El objetivo era hundir la economía inglesa, al cortarse al mercado europeo (crisis de superproducción, paro, restricción del crédito, devaluación monetaria). En esta situación, Inglaterra se vería obligada a firmar la paz. (← BLOQUEO MARÍTIMO A INGLATERRA).

En los primeros momentos (1807-1808), el bloqueo a Inglaterra alcanza gran efectividad. El país se salva pasando a la ofensiva -bloqueo al continente-: por una serie de medidas, Inglaterra responde al decreto de Berlín. Todos los países que lo aplican son declarados “bloqueados por Inglaterra”. Inglaterra se propone privar a Europa de mercancías que le son imprescindibles: productos coloniales, materias primas, maquinaria, etc. (← BLOQUEO CONTINENTAL).

Los europeos -a su cabeza los franceses- tratarán de reemplazar los productos coloniales por sustitutivos (azúcar de remolacha en vez de caña) y las producciones inglesas por el desarrollo de una industria continental (industria metalúrgica en Francia, Bélgica y el Rin). Pero no se tiene éxito y las zonas industriales de Italia y Alemania serán gravemente perjudicadas. En 1809, a través de Rusia y Holanda, el bloqueo estaba prácticamente roto.

El éxito inicial del bloqueo contra Inglaterra lleva a Napoleón a enviar un ejército a España (aliada por el Tratado de Fontainebleau, 1807, en el que se establecía el reparto de Portugal y de sus colonias) para invadir Portugal. Las tropas francesas instaladas en la península constituían la fuerza militar más importante de España. No fue difícil para Napoleón conducir a los reyes españoles a Bayona y allí obtener la abdicación de la corona de España de Carlos IV y Fernando VII, quienes renunciaron (voluntariamente) a sus prerrogativas reales a favor del emperador, que nombró rey de España a su hermano José. Todo ello provoca un alzamiento nacional que se inicia en Madrid el 2 de mayo de 1808. Inmediatamente se extiende por otros puntos de la península. El ejército napoleónico se vio hostilizado por las guerrillas (que se apoyan en una orografía montañosa), por la ineficacia de la famosa estrategia napoleónica al enfrentarse a un pueblo y no a un ejército, viéndose obligado a capitular en Bailén (julio 1808). Napoleón decidió intervenir personalmente en España. La `Grande Armée' cruzó los Pirineos y con relativa facilidad restableció la situación. En diciembre, Madrid capituló ante Napoleón, quien pronto abandonó la península para atender a los problemas que planteaba la formación de una nueva coalición en Europa encabezada por Inglaterra y Austria. En Lisboa, los ingleses habían desembarcado un ejército para hacer frente a las tropas francesas en España. La victoria de Napoleón frente a los austríacos en Wagram dio como resultado un matrimonio: el de Napoleón con la archiduquesa Mª Luisa, hija del emperador austríaco (Napoleón se divorció de Josefina debido a la infecundidad de ella). El imperio francés parecía consolidado y aseguraba su continuidad con un futuro Napoleón II. Fue entonces cuando Inglaterra se decidió por una política de desgaste, mediante el apoyo a españoles y portugueses.

Mientras tanto, el zar Alejandro I rompe el bloqueo continental en 1810 y Napoleón decide invadir Rusia. La desastrosa campaña de Moscú (debido en gran parte a la falta de abastecimiento y a las duras condiciones climatológicas), emprendida en 1812 en plena Guerra de Independencia española, animó a las naciones sometidas a sacudir sus cadenas. Las potencias europeas están ahora dispuestas a unirse frente al que consideran una amenaza continental. En 1813, al tiempo que españoles e ingleses casi expulsan de la península ibérica a los franceses, los rusos reciben en Europa central el refuerzo sueco. Aunque Napoleón consiguió las victorias de Lützen (mayo 1813) y Bautzen (mayo 1813), la deserción de Austria fue seguida inmediatamente por la abrumadora derrota francesa de Leipzig (octubre 1813). Francia se había quedado sola. Los ejércitos aliados avanzan hacia Francia. Al fin, viendo a Francia invadida, Napoleón abdica en abril de 1814 y es recluido con guarnición en la isla de Elba. Pero en febrero de 1815, Napoleón escapa y desembarca un mes después en Francia, con lo que se inicia el reinado de los Cien días. Su presencia en Francia produjo una revitalización de los núcleos revolucionarios, pero Napoleón no se decidió a buscar el apoyo popular, sino que se proponía gobernar como antes de su abdicación, es decir, como emperador.

Mientras tanto, una vez recuperado el poder, empezó la campaña de Bélgica, pero la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815), ganada por los ingleses y prusianos, dio al traste con las esperanzas de Napoleón, que acabó sus días en la isla de Santa Elena.

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La obra de Napoleón Bonaparte se iba a prolongar una vez desaparecido él de la escena política.

En primer lugar, la división territorial de Francia en departamentos, al tiempo que terminaba con unas provincias ficticias, herencia de los tiempos feudales, daría a la nación gran estabilidad, por huir de arbitrariedades y adaptarlas a regiones naturales.

En segundo lugar, el Código napoleónico, obra de su gran capacidad de legislador y administrador, serviría de pauta a todos los códigos civiles redactados en la Europa del s. XIX (→ derogaba todos los derechos particulares y los privilegios feudales, y proclamaba la plena igualdad ante la ley, lo que constituía el triunfo jurídico de la idea burguesa revolucionaria).

Por último, los movimientos de fronteras que provocaría con sus acciones militares tendrían honda trascendencia: se puede decir que Suiza, Holanda y hasta cierto punto Italia son obra de Napoleón.

La larga fase de Revolución y de estabilización post-revolucionaria en Francia transformó en sus fundamentos culturales y en sus comportamientos mentales y políticos a toda Europa. En efecto, Napoleón, que siguió primero el modelo de expansionismo revolucionario del año 1792 y luego del Directorio, aceleró singularmente la destrucción del Antiguo Régimen señorial y absolutista en Europa. Hasta 1807, la igualdad civil y la libertad individual (principales instrumentos de la destrucción de las sociedades jerarquizadas y feudales) progresaron en todos los lugares por donde pasaron los ejércitos franceses, gracias a la aplicación de la legislación inspirada en el Código napoleónico. La extensión de los principios revolucionarios, entre ellos el de la soberanía nacional, revirtió en contra de Napoleón cuando los pueblos dominados quisieron aplicarlos, que se movilizaron a menudo en nombre de los ideales de libertad y soberanía nacional importados de Francia.

Nueva organización administrativa y fiscal:

  • Basada en la capacidad económica del contribuyente.

  • Codificación legislativa.

  • Concordato con la Iglesia.

  • Organización del sistema educativo.

  • Principio de libertad de los campesinos y de la igualdad civil.

  • Abolición de los particularismos estatales en Italia y Alemania.