Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Ideas morales para adolescentes. Libertad, convivencia, responsabilidad, conciencia

  • Enviado por: Haity
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 12 páginas
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  • Resumen con citas.

  • I. De que va la ética

    En el principio propiamente, el autor, Fernando Savater procede a explicar la posibilidad de vivir normalmente aún careciendo de ciertos conocimientos sobre la vida, a la par que señala, la existencia de cosas realmente imprescindibles, sin las que de hecho no viviríamos demasiado tiempo.

    Lo prescindible y lo que no lo es. Estableciendo la diferencia entre cosas buenas y malas.

    También explica en qué ocasiones aquello que normalmente se considera malo, pasa a no ser tan malo, e incluso, en cierta manera, pasar a ser bueno. Como ejemplo básico nos habla de la mentira.

    Otro tema que trata es el de la libertad. Habla de los límites que posee ésta para nosotros. Podemos decidir entre unas determinadas cosas, pero existen otras contra las que no podemos luchar, como es la muerte. También nos comenta el autor acerca de la libertad de los animales, que se reduce a seguir su instinto.

    Cree que, en cierto modo, los humanos estamos programados. Se refiere a un programa cultural que nos es inculcado desde que nacemos y a lo largo de los años e influye en gran medida en nuestro comportamiento, aunque no en todos los casos.

    Aún así, destaca de nuevo nuestra posibilidad de escoger entre el “si” y el “no”, y es aquí donde de nuevo sale a relucir nuestra libertad. No somos libres de escoger lo que nos pasa, sino libres de responder a lo que nos pasa de tal o cual modo” (1). También nos cuenta que intentar algo no quiere decir que lo vayas a lograr.

    II. Órdenes, costumbres y caprichos

    Savater vuelve a hablarnos en este capítulo de la libertad. Según él, somos libres para hacer lo que prefiramos, pero esta libertad se ve limitada en numerosas ocasiones. Muchas veces se nos plantean dos opciones de las cuales tendremos que elegir una, aunque la verdadera preferencia sería no tener que elegir. Para dar ejemplo a esta cuestión, utiliza la historia de un capitán de barco. Este personaje se ve en una ocasión (durante un trayecto) en la cual , debido a una tempestad, se le plantea el dilema de salvar la mercancía que transporta, poniendo en peligro la vida de sus hombres, o bien deshacerse de la mercancía para lograr la seguridad de éstos.

    Este tipo de decisiones y de dudas aparecen porque la mayoría de las veces nos guiamos por determinados factores, que no siempre pueden determinar lo que es más o menos conveniente. Estos factores son los siguientes:

    • Órdenes: Tendemos a seguirlas, pero su justificación no está demasiado clara. Puede ser por miedo a las represalias tomadas por no cumplirla, para mostrar una muestra de afecto y confianza a un ser querido o bien con el único objetivo de obtener de ello una recompensa.

    • Costumbres: Realmente solemos guiarnos por ellas para lograr la comodidad de la rutina, o bien por estar sometidos a una determinada presión.

    • Caprichos: Generalmente los llevamos a cabo porque no pensamos dos veces las repercusiones que generarán, simplemente para llevar a cabo un deseo momentáneo.

    Una vez determinados estos factores, Savater nos hace reflexionar con nuevos interrogantes: ¿En cual de éstas situaciones una persona es más libre? Lo más fácil sería pensar que cuando se guía por un determinado capricho pero... ¿Realmente es lo que desea? Aunque para responder a esta pregunta tendríamos que preguntarnos también lo siguiente: ¿El capitán del barco actuaría por costumbre, recibiendo una orden o simplemente para satisfacer un capricho?

    III. Haz lo que quieras

    Respondiendo a la cuestión que nos hacía al final del anterior capítulo, Savater comenta que no todo en esta vida funciona dirigido por unas costumbres, órdenes o por un determinado capricho. Es aquí donde de nuevo hablamos de la libertad. Esta libertad de la que desde el principio hemos hablado es el poder elegir entre decir si y decir no. Cuando tomamos una decisión debemos tener en cuenta que la libertad que poseemos implica pensar las cosas dos veces antes de realizarlas, para así asegurarnos de que es realmente conveniente o no para nosotros.

    Para empezar podemos plantearnos si nos estamos guiando por costumbre, siguiendo una orden o satisfaciendo un capricho. Como generalmente esta primera pregunta nos abstenemos a hacerla ya que lo realizamos de un modo mecánico, debemos llegar a la segunda pregunta. Esta segunda cuestión sería la siguiente: En el caso de ser una orden... ¿Quién lo ordena? Lo que planeo hacer...¿Es bueno para mi? ¿Estoy entonces siendo esclavizado por alguien?.

    “Nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho”(2). Seguirlas no es sinónimo de ser “moral”. Y tampoco el concepto “bueno” posee el mismo significado que “moral”. Para hacernos entender esto cuenta que un futbolista puede considerarse muy bueno en su trabajo y no por ello poseer una moralidad destacable.

    Savater dice que esto sucede porque en todos los casos sabemos calificar lo que es realmente “bueno” excepto en el caso de un ser humano. ¿Sabríamos definir lo que es un hombre bueno? No será fácil puesto que no conocemos a ninguna persona q sea “buena” en todo, ya que nadie es perfecto, y porque las personas al contrario que los objetos no tiene una única utilidad esencial.

    Termina el capítulo con una alusión a François Rebelais escritor francés del siglo XVI en su novela Gargantúa y Pantagruel, dónde escribe en la puerta de la ética el lema: Haz lo que quieras, Savater juega a escandalizar pero en realidad esta de nuevo vinculando ética y libertad y oponiendo ética humanística a ética autoritaria.

    IV. Date la buena vida

    En este capítulo se pretende aclarar el verdadero significado de la frase: “Haz lo que quieras”.

    El hecho de hacer lo que se quiere es sinónimo de decidir mi propia vida, o lo que es lo mismo, ser libre. Claro que aquí nos encontramos ante una paradoja: El hecho de hacer lo que deseo sería cumplir la orden dada anteriormente, por lo tanto, no ser libre. Es aquí cuando debemos llegar a la conclusión de que todo en esta vida estará unido a una libertad. Aún habiendo decidido no ser libre y vivir para siempre a merced de un superior, seguiré valiéndome de mi libertad en el momento en que tomo yo mismo la decisión. Hace referencia el autor a una destacable frase del filósofo Jean - Paul Sartre: “Estamos condenados a la libertad”.

    Aclara Savater que en ningún caso se debe confundir la frase “haz lo que quieras” con el hecho de satisfacer todos nuestros caprichos o “hacer lo que venga en gana”. Realmente haciendo esto último no obtengo una ganancia, más bien una pérdida. Ésta pérdida la aclara por medio de un pasaje de la Biblia: El de Esaú y Jacob. La historia narra la vida de dos hermanos, de los cuales el mayor, Esaú, obtuvo, debido a su mayor edad, la primogenitura en la familia. Cierto día, trás una dura jornada de pesca, Esaú llegó a casa con el tremendo deseo de un plato de lentejas preparado por su hermano. Esaú se las ofreció a cambio de la primogenitura con la que contaba. Dejándose llevar por este capricho momentáneo Esaú aceptó, sin saber que lamentaría esa decisión el resto de sus días.

    Tras esta breve alusión al texto sagrado, el autor plantea lo siguiente: ¿qué es lo que verdaderamente quieres?

    Dando por hecho una respuesta generalizada, “darme la buena vida”, comenta que esta buena vida tan deseada es solo la que podría darse entre seres humanos. Aclara que, al contrario que los animales, no nacemos ya formados. Debemos seguir un proceso de humanización para hallar la “buena vida”, la cual debe ser recíproca.

    Concluye con un pasaje de la película “Ciudadano Kane”: el protagonista (que existió en realidad, siendo un magnate del periodismo norteamericano) vivió siempre por y para el dinero, su único objetivo era la concentración de riqueza y poder, político y económico, dejando a un lado a sus semejantes. Cierto día se da cuenta de que es mayor y toda su fortuna le es totalmente inútil; es entonces cuando recuerda su infancia, el único momento agradable de su vida cuando se veía arropado por el calor de sus familiares. “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte sino de la vida”(3).

    V. ¡Despierta, baby!

    Comenta que para ninguno de nosotros está totalmente claro lo que de verdad es “la buena vida".

    Alega que en ningún momento quiso tachar los caprichos como algo “malo”, sino pretendiendo que nos demos cuenta de que existen en la vida multitud de cosas más importantes que hacer “lo que nos venga en gana”. Es ahora cuando recuerda de nuevo la historia de Esaú. fue la muerte la causante de que se dejase llevar por el momento, la resignación ante la superioridad de ésta. Es la muerte una gran simplificadora. Comenta savater que la vida es una sucesión de complicaciones, pero que vivirla implica hacerles frente, no ofrecer simpleza ante ellas, siendo este el deseo de la llegada de la muerte.

    Con respecto a la historia del “Ciudadano Kane”, intenta justificarlo con moderación al decir que nos es malo tener unas metas en la vida , unos deseos, querer unas determinadas cosas. Pero alega después que estos deseos no deben ser excesivos ya que todo lo que poseemos llegará a poseernos a nosotros algún día. Para aclarar esto ejemplifica sus palabras con la historia del sabio budista. Este le ofreció a su alumno en cierta ocasión la posibilidad de poder elegir lo que de verdad desease. Extrañado el alumno y ante la posibilidad que se le planteaba, decidió pedir una valiosa copa que se encontraba en la estantería. La tomó entonces en su mano y escuchó de nuevo la misma proposición de manos de su educador. Fue en ese momento cuando decidió pedir la bolsa repleta de monedas que se encontraba sobre la mesa. una vez con ambos objetos en sus manos su maestro le ordenó: ¡Ráscate! Por supuesto en ese momento le era imposible.

    Tras este breve relato, Savater nos introduce en la reflexión de que no hay que excederse a la hora de “querer”, es decir, incorpora la noción del tamaño o la dosis. No nos basta un presente, los humanos necesitamos cosas que los objetos no poseen. Si a lo largo de la vida tratamos a los humanos como cosas, solo recibiremos cosas, no amistad, ni respeto y mucho menos amor.

    Desde fuera el Kane podría ser una persona envidiada, aunque no conoceríamos la verdadera realidad. Cuestiona el autor, esperando una reflexión, lo siguiente: ¿Tu serías feliz siendo poseedor de los bienes materiales de Kane? Debemos prestar atención antes de responder. ¿Cuál es la “buena vida” que tanto deseamos? No todo da igual antes o después de morir.

    Finalmente el autor señala que ser “moral” no significa seguir las normas establecidas, ni tampoco sublevarse contra ellas, sino de comprender que es lo que nos conviene y lo que no, discernimiento que es fundamental para encontrar “la buena vida”.

    Para cerrar el capítulo formula unas preguntas que más adelante podremos responder: ¿Por qué está mal lo que está mal? ¿Cómo se trata a las personas como tales?

    VI. Aparece Pepito Grillo

    Como no resulta de extrañar en un autor de la categoría de Savater empieza provocando al lector al afirmar que tenemos la obligación moral de no ser “imbéciles”. El significado de imbécil es: “No necesita bastón”. Se refiere esto a que una persona imbécil es aquella que precisa un sustento en el que apoyarse durante su vida. Hace una tipología de imbéciles, a saber:

    • Aquel al que todo le es indiferente, no siente atracción por nada en la vida.

    • El que todo lo desea, tan solo tiene ansia de poder.

    • El que no sabe lo que quiere. Se limita a hacer las cosas “porque si”, sin pararse a reflexionar.

    • Aquel que , aunque tiene claro qué es lo que quiere, no lucha por alcanzarlo.

    • El que quiere o desea de forma extremada, sin control alguno.

    Este tipo de persona tiende siempre a equivocarse, pero aquí conviene distinguir los distintos significados del término imbécil, aquel que no sabe o no puede saber , con el imbécil moral.

    Aclara el autor que no debemos confundir el término imbécil cuando se refiere a aquella persona que no sabe o que no puede saber, con el “imbécil moral” que estamos tratando.

    Lo contrario de imbécil es ser poseedor de conciencia. Claro está que son necesarias unas mínimas cualidades innatas, pero el “oído ético” y el “buen gusto moral” necesarios para tener conciencia podremos desarrollarlos a lo largo de la vida. La conciencia podemos en varias características:

    • Se debe “saber vivir humanamente”, es decir, estableciendo relaciones totalmente humanas y no como el trato a las cosas.

    • Debemos reflexionar acerca de si de verdad deseamos lo que hacemos.

    • Es necesario desarrollar el “gusto moral” hasta el punto de sentir repugnancia hacia lo “malo”.

    • Aceptar que somos nosotros los únicos responsables de nuestros actos.

    Aborda el análisis del egoísmo aplicado a evitación del mal. Aunque el egoísmo es poseedor de una muy mala fama, hay alguna ocasión en la que es muy justificable: “Querer lo mejor para mi mismo”, claro está sin, por ello, perjudicar al prójimo. Sería una cierta persona “egoísta consecuente” en el caso de que conociese qué es lo que realmente le conviene. Por el contrario, un “egoísta imbécil” aquel que busca una “buena vida” que no es tal, sino todo lo contrario.

    Ilustra esta reflexión con la historia “Ricardo III” de Shakespeare. El conde de Gloucester. Éste se dedicó a eliminar a sus sucesores en el trono para así lograrlo él cuanto antes. Hace esto porque nació con una deformación física y cree que será la única manera de hacerse respetar. Pretende imponer ese respeto. Claro está que fracasa; aunque consigue el trono, solo puede llegar a inspirar horror y odio, por lo que se vuelve “enemigo de sí mismo”.

    Las palabras que a continuación analizaremos serán “culpa” o “responsable”, las que relacionaremos con la conciencia. Estos términos nos hacen enseguida compararlos con “pepito Grillo”.

    Algo tan común como un remordimiento no sólo viene dado por un miedo a represalias, es el comprender que nos estamos estropeando a nosotros mismos, vienen dados por la repetitiva “libertad”.

    “ El remordimiento no es más que el descontento de los sentimientos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la libertad, es decir, cuando la hemos utilizado en contradicción con lo que deberás queremos como seres humanos”(4). Para evitar los remordimientos solemos recurrir a una justificación, aunque la verdadera solución sería actuar de una manera responsable. La palabra clave en las justificaciones, dice Savater, es “irresistible”, la cual podemos asegurar que se trata solo de un invento o superstición. La responsabilidad de la que hemos hablado se trata de pensar que cada acción que realizo me construirá, me definirá, cuando tomo una decisión me transformo.

    VII. Ponte en su lugar

    Este séptimo capítulo recuerda la historia de Robinson Crusoe. Comenta exactamente el pasaje en que el protagonista descubre unas huellas que le hacen ver que no está solo en la isla, sino que tiene con él a un semejante. Es entonces cuando comienza su preocupación acerca del comportamiento que debe tener con él. Ya no podrá sobrevivir de cualquier modo, sino que deberá respetar unas normas de convivencia, es decir, unas normas morales que le harán llevar la vida “humana” tan comentada en anteriores capítulos.

    Quizá el término “semejante” no define del todo al futuro compañero de Robinson. Crusoe era una persona culta, educada, religiosa... al contrario que Viernes, el hombre que encuentra, quien era un salvaje e inculto caníbal de los mares del sur, ambos son diferentes, en su piel, en su cultura, en sus aficiones, en sus sueños... Pero ambos a pesar de éstas diferencias podían relacionarse, más allá de la relación que se puede tener con un objeto o cualquier bien material. Ambos tenían su propio concepto del “bien” y el “mal”, pero podían comunicarse. Quizá el comportamiento inicial por parte de Robinson no hubiese sido el mismo ante un posible salvador o ante un vil enemigo, pero en este último caso, un trato despectivo no conseguiría otra cosa que ser respondido de la misma manera y que éste se convirtiese en un “verdadero enemigo”. Para explicar esta última cuestión, el autor hace alusión a un pasaje en la historia de Marco Aurelio, emperador de Roma. Cuenta que este personaje era el primero en opinar que todas las personas, por buenas o malas que fuesen, merecían ser tratadas como tales, porque todo ser humano, lo desee o no, me “conviene”. No solo debo inclinarme a portarme adecuadamente con los que “me vienen bien”, sino que debo tratar a todos por igual, sin malicia, únicamente con los miramientos que a todo debo darle, no solo a las cosas, porque no hay nada más importante que el vínculo del respeto y la amistad. Nos recuerda Savater que no por llevarme bien con alguien debo favorecer las malas conductas y que se han de tener dos cosas muy claras:

    • Una persona, por muy mala que ésta sea, no deja de ser un ser humano. No podemos juzgar a alguien como “un ladrón”, porque antes de ladrón es una persona.

    • Puesto que los humanos tendemos numerosas veces a imitar a los demás, debemos de tener en cuenta que el ejemplo que damos será en ocasiones modelo para alguien, por lo que debemos preocuparnos por él.

    Aquí se entra de lleno en el tema de los supuestos “malos”, abundantes en nuestra vida, y refiere para ello el caso del monstruo de Frankenstein. En un pasaje de ésta novela, el terrorífico protagonista comenta la desgracia que posee al ser “malo”. Sacamos entonces en conclusión que la mayoría de los malos que hay en nuestra sociedad se sienten desgraciados por ello. No ven nunca una muestra de afecto, de ternura... Por eso no es tan ventajosa ese trato de enemistad contra los amigos puesto que, aunque obtengamos con ello bienes materiales, no encontraremos nunca bienes interiores como amistad, comprensión...

    Llegamos ahora a la pregunta clave: ¿En qué consiste tratar a las personas como tales? Pues bien, la respuesta es que intentes ponerte en su lugar. Esta bonita frase se puede llevar a cabo si se empieza conociendo los derechos de los demás y, por lo tanto, sus razones. En una palabra: Tomarle en serio. Ese fue el fallo de personajes como Kane o Gloucester; no realizaron ni el intento de ponerse en el lugar de sus semejantes y, por supuesto, fracasaron.

    Aclara el significado de la palabra interés y la necesidad de relativizar el interés (todos los intereses están en relación con los demás, con otros intereses, con las leyes, con las costumbres...) Salvo un interés absoluto: el interés de ser humano entre los humanos. Ponerse en el lugar del otro, concluye el autor, no significa dar la razón siempre o hacer lo que otros quieren como si fuerais idénticos. Bernard Shaw usaba la expresión “no siempre hagas a los demás lo que desees que te hagan a ti: ellos pueden tener gustos diferentes.

    Para concluir, nombra la palabra “justicia”, alegando que esta va mucho más allá de lo establecido en las leyes, esta es la virtud de intentar por todos los medios “vivir bien”, humanamente con los demás; porque para ponerte en el lugar de una persona hay que amarla y comprenderla un poco.

    VIII. Tanto gusto

    En este capítulo, Savater, criticando el uso continuo de la palabra “inmoralidad” para definir las cuestiones no adecuadas que se refieren al sexo. Alega que solo este tipo de acciones son inmorales, cuando se utiliza esta palabra para hacer daño, al igual que en muchas otras facetas en nuestra vida, pero no hay nada de “inmoral” en disfrutar con nuestro cuerpo, porque no solo lo tenemos sino que somos un cuerpo. El sexo posee ante todo la función de la procreación, pero esta no es la única. “Cuanto más se separa el sexo de la simple procreación, menos animal y más humano resulta”(5). Al contrario de lo que mucha gente opina, no nos asemejamos a los animales en este aspecto. Ellos realizan algunas funciones solo para vivir, los humanos, por el contrario, las llevan a cabo para disfrutar de la vida.

    Savater asegura que esta relación establecida desde siempre entre el sexo y la carencia de moral no es otra que el miedo al placer, o a la distracción a la que tanto gusto podría llevarnos. para personas como los denominados “puritanos”, una acción es mala solo por el hecho de que nos guste hacerlo, alegando que el sufrimiento es la verdadera “moralidad”. Por supuesto Savater se halla en total desacuerdo con esto. Aclara por lo tanto que el puritanismo es lo más alejado a la ética. Tras esto, nos recuerda un consejo de Michel de Montaigne: “Debemos retener los placeres de la vida”. Recuerda que no debemos desear todos los placeres de pronto, en el mismo momento. La cuestión es saber disfrutar de todo con sus pequeños placeres. Hasta la más mínima insignificancia me produce un placer que debo saber encontrarle. También comenta que no debemos confundir el uso y el abuso de estos placeres, impidiendo que uno de ellos nos libre de todos los demás.

    También debemos saber que hay ciertos placeres que nos pueden llevar a la muerte, por lo tanto, no son tales placeres. No debemos depender de un placer para hacer más grata nuestra existencia, puesto que solo conseguiría llevarnos a la muerte.

    Viene ahora la pregunta clave: ¿Cuál es la mayor gratificación que se puede tener? Pues dice Savater que es, claramente, alegría. La alegría es un sí espontáneo a la vida que brota desde nuestro interior. Por esto un placer deja de serlo cuando perdemos la alegría, estamos entonces confundiendo lo que debemos de verdad considerar como “placer”.

    Tampoco debemos caer en la equivocación de probar algo “prohibido” en nuestra sociedad con un horrible sentimiento de culpabilidad, por lo que no deberíamos calificar algo placentero como tal solo por el hecho de estar prohibido. En ocasiones una rebeldía injustificada se inclina a buscar unos placeres considerados así solo por ser “criminales” o estar mal mirados.

    Concluye Savater este capítulo comentando que el hecho de gozar no tiene porqué ser contra alguien. No se debe pensar que el hecho de estar gozando provocará el sufrimiento a otra persona que no lo hace. Esto es solo producto de una represión social.

    IX. Elecciones Generales

    Irremediablemente, en este capítulo se trata el tema de la política. Ante el aluvión de adjetivos negativos que diariamente ésta recibe, nos recuerda Savater que la moral no es un arma para desprestigiar a todo aquel que no pertenece a los llamados “normales”.

    La pregunta que se formula sobre los políticos es: ¿Por qué su mala fama? Si los políticos salen elegidos es porque dan una imagen que se asemeja claramente a la de la gente normal, “de la calle”, e ahí la estrategia para obtener el voto. Aún así no comprendemos su mala reputación. La causa es, principalmente, que son más conocidos, por lo tanto, sus errores son más notables que los ajenos a ellos. Además, nos sentimos decepcionados cuando comprobamos que no todas sus promesas llegan a cumplirse.

    Como similitud entre la política y la ética podríamos destacar que ambas pretenden hallar la “buena vida”, humanamente hablando. Por ello, si pretendemos llegar a encontrar esa “buena vida” no podemos desentendernos total y absolutamente de los problemas que conciernen a la política.

    Como diferencias esenciales nombraremos las siguientes:

    • La ética es la búsqueda de la “buena vida” para uno mismo, mientras que la política pretende alcanzar la de un conjunto numeroso de personas.

    • La ética pretende que cada cual haga lo que de verdad quiera. Por el contrario, la política solo busca resultados, sin importar el medio.

    La ética nunca puede esperar a la política. “La ética es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible; el objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de modo que cada cual pueda elegir”(6). No debemos decir que la política impide llevar una “buena vida”, y si de verdad lo pensamos debemos luchar porque las relaciones políticas sean cada vez más humanas. Comenta Fernando que debemos buscar ese bienestar ante todo, aunque encontrarlo vaya en contra de nuestra opinión inicial. Nunca podremos evitar hallar la “buena vida” solo por hacer ver que el mundo político nos lo impide.

    En cuanto al asunto político que estamos tratando y con las conclusiones que hemos obtenido hasta este punto, debemos reflexionar de la siguiente forma:

    • Un régimen político deberá respetar la libertad y abstenerse de cualquier tipo de dictadura. Esta libertad vendrá guiada por la responsabilidad de los representantes políticos.

    • Deben tratar a las personas humanamente intentando, en la medida de lo posible, ponerse en su lugar. A esto le llamaremos justicia. Ésta debe existir porque todo ser humano posee una dignidad y no un precio, por lo que no puede ser sometido a tratos crueles para beneficiar a otro.

    • Como ya ha dicho antes el autor, debemos tomarnos a nuestros semejantes en serio poniéndonos en su lugar. Esto implica solidarizarnos con las desdichas ajenas: accidentados, inválidos... sin por eso llegar a generalizar demasiado. Por lo tanto, una comunidad política debe basarse en la libertad, justicia y asistencia. Considera Savater los Derechos Humanos como vergonzosos, alegando que es tan solo una lista de buenos propósitos sin resultado, a pesar de las continuas reivindicaciones por su total cumplimiento.

    Casi para concluir enumera Savater las desdichas que todavía hoy asolan al mundo, alegando que solo hay un modo de , al menos, intentar frenarlas, y es el establecimiento de una poderosa autoridad a escala mundial. Finaliza comentando que aborrece doctrinas intolerantes como el racismo, nacionalismos y cualquier tipo de ideologías.

  • Notas

  • Fernando SAVATER. Ética para Amador, Pág. 29

  • Fernando SAVATER. Ética para Amador, Pág. 57

  • Texto de la Ética de Spinoza, citado por Fernando SAVATER en Ética para amador, Pág. 81

  • Fernando SAVATER. Ética para Amador, Pág.114

  • Fernando SAVATER. Ética para Amador, Pág. 150

  • Fernando SAVATER. Ética para Amador, Pág. 169

  • Bibliografía.

  • SAVATER, Fernando. Ética para Amador. Barcelona, Ariel, 1992

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