Ética para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Adolescencia y sentido de la vida. Argumento y temas: libertad y remordimientos, imbecilidad

  • Enviado por: Josu Bardasco
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas

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ETICA PARA AMADOR

He decidido mezclar el resumen y la crítica, porque me gusta comentar a medida que resumo el libro. Además, me resultaría muy dificil separar donde acaba el resumen y donde empiezo a dar mi comentario.

El libro está escrito por un padre (que no da su nombre en toda la historia) para su hijo, Amador. En el, tal y como explica a lo largo del libro, no pretende convencerle de nada, tan solo contarle lo que el sabe de la vida, quizas pueda querer orientarle pero nunca convencerle.

Comienza por explicar (o intentar explicar, ya que son conceptos demasiado amplios como para definirlos totalmente) algunos conceptos primordiales hablando de estos temas, como pueden ser ética, libertad, o bueno y malo.

Donde más se centra en un comienzo es en la ética o arte de vivir, y la libertad q va intimamente unida a ella.

La conclusión que he sacado de esas primeras explicaciones (bueno en realidad la conclusión la saca el autor, pero la he meditado y estoy totalmente de acuerdo con él), es que el hombre es el único ser que realmente es libre, ya que podemos tomar nuestras propias decisiones (que estarán más o menos condicionadas, pero serán nuestras decisiones), a diferencia del resto de los animales, que están programados por la Naturaleza.

Después, se centra en la libertad, en esas decisiones que somos capaces de tomar o no tomar. El las divide en tres decisiones diferentes: ordenes, costumbres y caprichos.

Lo más dificil es cuando hay que elegir entre dos o más opciones. A veces puede ser muy fácil, como cuando te dan a escoger entre tu plato favorito y uno que no te gusta, pero otras veces hay que elegir aunque prefiramos no tener que hacerlo, porque no nos gusta ninguna de las opciones.

Las decisiones que tomamos porque son consecuencia de ordenes u obligaciones, puede que no nos guste tener que tomarlas, pero hay que hacerlo. Asi que lo mejor es seguir aquello de "a mal tiempo, buena cara".

Las costumbres son algo casi mecánico si son muy viejas. Yo, por ejemplo, cuando hago la cama nada más levantarme, apenas me fijo en lo que hago, porque se ha convertido en rutinario para mi. Nadie piensa en lo que tiene que hacer para andar, ni para subir las escaleras, excepto los niños muy pequeños, etc... estamos tan acostumbrados que ya no es necesario.

En cambio, los caprichos son algo mucho más complejo, aunque a primera vista parezca que no. Cuando estas en la calle, en verano, y pasas por delante de una tienda de chucherias, y de repente dices "¡me apetece un helado!" , pues eso, claramente, es un capricho, no cabe duda. Puede que alguien diga que es una necesidad, porque hace calor y tiene sed, pero entonces lo más lógico sería beber agua.

Pero cuando estas andando por la calle, pensando en lo que vas a hacer al dia siguiente, en una chica, o en lo que sea, y de mientras vas dandole patadas a una lata vacia que algun indecente ha tirado al suelo, pues eso también es un capricho, porque no tienes costumbre de ir pateando latas por la calle, ni tampoco es una obligación.

O sea, que las ordenes y las costumbres vienen de fuera, porque se te imponen sin pedir permiso, pero los caprichos te salen de dentro, son tuyos y de nadie más.

Los caprichos están intimamente relacionados con la libertad (el tema que el autor trata seguidamente). Los caprichos responden a la libertad. Libertad es decidir, pero también darte cuenta de que estas decidiendo. Pero esos caprichos no tienen porque ser algo positivo. Si yo voy con la moto sin casco porque tengo calor, estoy satisfaciendo un capricho mio, pero si tengo la mala suerte de sufrir un accidente, ese capricho no ha tenido nada de positivo, sino más bien todo lo contrario.

La moral, etimológicamente hablando, tiene que ver con las costumbres. La moralidad suena a "esto es lo que debes hacer porque es bueno", pero cuando nos mandan algo que no es bueno (por ejemplo, en un pelotón de fusilamiento, cuando el general manda disparar) decimos que es malo o inmoral.

La moralidad, en parte, condiciona nuestros caprichos, ya que nos orienta acerca de lo que es bueno y por lo tanto, apetecible, y de que es malo y necesario de rechazar.

La palabra "bueno" ha adoptado muchas connotaciones. No es lo mismo que un futbolista bueno (hábil), una moto buena (con un motor potente) o una persona de quien dices "es un bueno", o "es un buenazo", cuando lo que en realidad estás diciendo que es el primo de turno.

El autor nos plantea una paradoja. Dice "haz lo que quieras". Si haces lo que quieres, estas obedeciendo al cartel, luego no haces lo que quieres sino lo que te mandan; y si desobeces al cartel, pues estas eligiendo por ti mismo, y por lo tanto, haciendo lo que quieres. Realmente es algo muy complicado, es de esas cuestiones que puedes estar dandole vueltas y vueltas sin llegar a una conclusión clara.

Su respuesta es:"No somos libres para dejar de ser libres".

Una distinción de Fernando Savater: hacer lo que quieras no es lo mismo que hacer lo primero que se te ocurra; y para demostrarlo, nos cuenta el ejemplo de las lentejas de la Blibia, el de Essau y Jacob.

Essau hizo lo primero que le vino en gana, comer; y claro, luego se arrepintio, porque se dio cuenta que eso no es lo que realmente quería.

En resumén (otra vez la conclusión es del autor, y otra vez acabo estando de acuerdo con él), haz lo que quieras quiere decir date la buena vida, pasatelo bien.

Sin embargo, hay que tener en cuenta una cosa: no es posible darse la vida padre a costa de los demas, porque no es posible disfrutar de todos los bienes que quieras en solitario. Puedes aguantar más o menos tiempo, quien sabe, pero al final acabas notando como que te falta algo.

Fernando Savater se tira todo un capítulo hablandonos de eso, contandonos una película de Orson Welles: Ciudadano Kane, en la que se cuenta la vida de un hombre multimillonario que logra todo lo que desea (una gran mansión, poder, dinero, servidumbre...) pero a costa de pisar a los demás y tratarlos como cosas. Tenía de todo, y sin embargo, le faltaba una cosa que no podía comprar con todas sus riquezas: afecto y amor verdadero. Al final, el tal Kane se da cuenta de que todo lo que ha conseguido no le vale para nada, porque está solo.

Para el autor, nuestra única obligación en la vida es la de no ser imbéciles. Imbéciles en el ámbito de lo espiritual. Nos comenta varios tipos de imbéciles; el que cree que no quiere nada y todo le da igual, el que lo quiere todo (estilo Kane), el que no sabe lo que quiere, ni se molesta en averiguarlo; el que quiere pero sin fuerzas, sin molestarse por conseguirlo; y el que quiere erroneamente. Toda está gente necesita ayuda, obviamente. Yo no estoy de acuerdo con eso de que nuestra única obligación es no ser imbéciles, esa solo es una de ellas. Aunque dependiendo del punto de visto, todas las demás obligaciones (amor, amistad...) pueden estar incluidas en esa. Lo contrario de ser imbécil es tener conciencia.

Esa misma conciencia es la que, cuando comentemos alguna infracción, nos produce una molesta sensación llamada remordimientos de conciencia. Los remordimientos pueden ser una especie de miedo, miedo a un castigo, ya sea físico, mental, o incluso puede que sea miedo a un castigo después de la muerte. Aunque yo añadiría que también puede ser un sentimiento de pena o de lástima hacia la persona que ha recibido la mala acción.

Los remordimiento vienen de la libertad, porque sin ella no podriamos sentirnos culpables, por lo que hemos hecho. Culpables u orgullosos.

El comportamiento de algunos hombres puede llevarnos a la confusión. Del hombre que roba o mata se suele decir que es un criminal, un malhechor. Pero al decir eso parece que nos olvidamos de su condición de ser humano. Y si precisamente se comporta así, es porque quiere, aunque podría no haberlo hecho. Y si podría no haberlo hecho y lo hizo, es que es libre de elegir. Y si es libre, es que todavía es un ser humano.

Otra característica de los seres humanos es la capacidad de imitación. Es esa capacidad la que nos permite progresar y avanzar, aprender de los demás cuando se es pequeño...

En el penúltimo capítulo, habla de la relación entre la inmoralidad y el sexo. Mucha gente (especialmente la Iglesia) dice que el sexo, cuando no es para procrear nos asemeja a los animales. Pero siguiendo las explicaciones de Fernando Savater (con las que nuevamente estoy de acuerdo), eso es precisamente lo que nos diferencia de los animales. El practicar el sexo por el mero hecho de experimentar placer es algo que los animales nunca podrán llegar a cabo. Ellos solo lo usan para procrear. Por lo tanto, no nos asemejamos a los animales, sino que más bien nos diferenciamos de ellos.

Finalmente, termina comparando la ética y la política. Si la ética es "el arte de vivir", la política puede ser "el arte de hacer que el colectivo vive bien".

Fernando Savater critica aquel tópico de "los políticos son todos unos ladrones, van a lo suyo". Dice que eso no tiene ninguna razón de ser. Lo que pasa es que es que esos defectos, que los puede tener cualquiera en cualquier otro oficio, pero lo que ocurre es que a los políticos destacan mucho más. Dice que si los políticos exageran, es porque tienen que hacerlo, si no, nadie les votaría. Tiene su parte de razón, pero yo, sin embargo, creo que seguiré aferrado al susodicho tópico.

Su conclusión es un resumén muy breve de todo el libro, aunque realmente solo se limita a recomendar algún libro, que intentemos comprenderle a él, y que pensemos en lo que dice, pero que no se convierta en nuestra guía de comportamiento.