El sueño; Sor Juana Inés de la Cruz

Filosofía racionalista. Razón. Alma. Entendimiento humano. Inteligencia

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Comentario del fragmento 730-780 de El Sueño.

En El Sueño Sor Juana Inés de la Cruz trata un tema filosófico. Se plantea la tarea de determinar si es el hombre capaz de entender la realidad y el conjunto de la creación valiéndose de su inteligencia. Todo esto se expresará mediante una aventura personal, la experiencia del sueño. Esto ocurre así, puesto que junto a esa búsqueda intelectual surge la necesidad de transcender del mundo real, de mirar las cosas desde otro punto de vista, por lo que Sor Juana pone en marcha el mecanismo literario del sueño tan frecuente en la literatura clásica. El cuerpo permanece dormido y el alma se libera de esa cárcel al modo platónico y se lanza a la búsqueda de conocimientos.

En el fragmento que nos ocupa (vv.730-780) se llega a la conclusión de que el intelecto es incapaz de entender el universo puesto que ni siquiera puede descifrar el misterio que hay detrás de lo más sencillo de la tierra. Es algo demasiado superior a él que ni siquiera pudieron dominar poderosos seres mitológicos como Atlante o Alcides.

Las palabras clave en este fragmento serán pensamiento, entendimiento o conocimiento. Todo se articulará en torno a estos conceptos pues se divagará sobre sus posibilidades. En esta línea filosófica, el concepto de razón será de gran importancia en el texto de acuerdo con las pretensiones de Sor Juana de realizar una exposición científica y lógica, por ello, todo se someterá a su dominio.

Ese tema se desarrolla en el fragmento de acuerdo a una estructura. Podemos establecer dos partes:

  • Esta primera parte comprendería los versos 730-756. En ella se expone la imposibilidad del entendimiento humano para comprender las pequeñas realidades de la vida, los misterios de los pequeños detalles naturales como son las flores.

  • Los versos 756-780 forman la segunda parte. Ahora la autora plantea el hecho de que si el entendimiento humano no puede descifrar un solo objeto de la naturaleza y teme enfrentarse a su conocimiento no debería pretender la comprensión de los hechos del universo, pues es éste de una existencia inmensa.

  • La métrica que la autora utiliza para su exposición da bastante libertad. Se trata de una silva, una construcción poética que combina sin un orden fijo versos heptasílabos y endecasílabos. Además, la silva no exige un número determinado de versos en cada estrofa sino que permite un número indefinido. La silva, que consigue un ritmo rápido, se utilizó mucho en la poesía científica y filosófica por la libertad que ofrece, además, Góngora la trabajó en sus Soledades. Sor Juana Inés decide que es la silva adecuada para el fin científico que le mueve al escribir esta composición. La rima presenta libertad, abundan los pareados asonantes, pero no hay un sistema fijo.

    El estilo del que hace gala Sor Juana en estos versos es fiel a la estética gongorina por lo que las figuras poéticas son comunes a éste. De esa influencia del estilo gongorino se deduce, en primer lugar, el constante hipérbaton que oscurece y dificulta la comprensión de la composición, pero que la dota de un carácter culto. Por otra parte, también la elipsis acercan el texto al estilo gongorino.

    El encabalgamiento es muy recurrente en estos versos pues da fluidez y agilidad a la exposición y la acerca a cierto prosaísmo menguado por la existencia de la rima: “...y asombrado el discurso se espeluzna/ del difícil certamen que rehúsa/ acometer valiente...”(vv.765-767). Las pausas internas son también numerosas pues resaltan lo expuesto, lo intensifican: “...candor al alba, púrpura al aurora/ no le usurpó y, mezclado, /purpúreo es ampo, rosicler nevado...”(vv.746-748).

    El nivel léxico está muy enriquecido. Es importante la presencia de epítetos, sobre todo en la primera parte donde son abundantes los colores puesto que hacen referencia a la flor: “ámbares”, “dorados”, “blanco”, “púrpura”, los que caracterizan la belleza de la creación: “frágil”, “fresca” y los de sugerente resonancia: “ebúrnea”, “escarolada”, “cairelada”. Estos epítetos consiguen crear bellas imágenes visuales: “pompa escarolada de dorados perfiles cairelada”. Las imágenes también se construyen con metáforas complejas: “tan espantosa máquina inmensa”, en este caso crea una hipérbole, con sinestesias: “dulce herida”, o con alusiones mitológicas (vv.774-775). Aparece léxico perteneciente a conceptos filosóficos al intentar acercan la naturaleza caracterizada por los epítetos anteriores a la mente humana: “pensamiento”, “conocimiento”, “entendimiento”, “comprehenderlo” o “investigar”. Encontramos personificaciones: “ámbares por qué exhala”, “... y asombrado el discurso se espeluzna...” .

    En el plano verbal, observamos que para la exposición filosófica es normal que la autora recurra a los verbos en presente y que éstos estén en tercera persona y tengan como sujeto, en gran parte de los casos, al pensamiento.

    La interrogación retórica de los versos 770-780 da fuerza al discurso y sirve para mostrar la sorpresa de la autora al descubrir que el entendimiento humano pretende comprender algo tan inmenso como el universo que le es totalmente ajeno.

    Con el afán de hacer una localización final situaremos estos versos en su conjunto. Pertenecen a la parte central de El Sueño. En la primera aparece la llegada de la noche y la etapa en que todo se duerme, también el protagonista. La segunda parte es la etapa del sueño, el alma se ha lanzado a un conocimiento universal y aspira a la comprensión del universo. Sin embargo, fracasa cuando se imagina el alma contemplando todo el conjunto de la creación desde lo alto, debe intentar conocerlo de una forma deductiva y progresiva. Se termina por reconocer la escasa capacidad humana para comprender la creación y los versos analizados dan cuenta de eso, se sitúan en este lugar. No se debe renunciar a este conocimiento a pesar de ser imposible para el alma humana. En la parte final, la del despertar, triunfa el día y se va la noche, la autora despierta de su experiencia.