El Príncipe; Nicolás Maquiavelo

Filosofía Renacentista. Pensamiento Maquiavélico. Conservación del Poder Político. Introducción. Análisis de la Obra

  • Enviado por: JM Gr
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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MAQUIAVELO, El Príncipe.

Introducción:

El pensamiento de este autor, está considerado como uno de los pilares base de la Teoría Política, que posteriormente auspiciaría el desarrollo de las Ciencias Políticas. Este autor renacentista, que vivió a caballo entre el siglo XV y el XVI, ha sido uno de los autores más controvertidos en la argumentación teórica, ya que algunas de sus interpretaciones, no han sabido gestionare correctamente por algunas disciplinas sociales.

El Príncipe es una de la obras base de este autor italiano, que parece imprescindible para poder comprender parte de sus aportaciones teóricas. Fue una obra que escribió Nicolás Maquiavelo dedicado a León X, como “manual para el gobierno de los principados” y que se publicó en 1531, una vez muerto su autor. El libro consta de veintiséis capítulos, los cuales me dispongo a analizar de manera individual aquellos que sean susceptibles de ello, y por grupos los que tengan una temática más o menos similar.

Análisis de la obra:

En el primer capítulo, Maquiavelo hace una distinción entre los tipos de estado, atendiendo a una primera división de los mismos entre Principados y Repúblicas; para en el capítulo II, comenzar reflejando las características de los primeros. Así pues, los principados se pueden dividir entre hereditarios o nuevos. Entre éstos encontraríamos las anexiones que se producen entre Estados. Siempre, un principado que haya estado gobernado por un príncipe, es más fácil de conservar que el que no lo haya sido, ya que simplemente se tiene que respetar el orden anterior.

Esta idea de clasificación de principados sigue en el capítulo III, donde se nombra otro tipo de estado, al cual denomina el autor como Mixto: sería ese estado que en algún tiempo estuvo anexionado a otro Estado y que ha cambiado esta circunstancia por un levantamiento contra el gobernante. Su gobernabilidad es más difícil, ya que los residentes en él, han puesto esperanzas en la nueva corona, y si falla en su hacer, tendrá en contra no sólo a los que no estaban de acuerdo con su nueva situación, sino también, a los que le ayudaron a tener la nueva anexión. La aniquilación de los miembros reales y la conservación de sus leyes, también ayudan a esa gobernabilidad. También esboza Maquiavelo, otros casos de posibles anexiones donde por ejemplo, un pueblo tenga cultura, costumbre y lengua distinta. Así pues, le será más factible su conservación al soberano si establece en dicho lugar su residencia y se posiciona al lado de los más desfavorecidos, ya que el debilitamiento de la nobleza local es un factor clave. El autor cita ejemplos de todo ello al final del presente capítulo y en el siguiente.

En el capítulo quinto, Maquiavelo continuará con las características de los distintos estados, y su mejor gobernabilidad. Por ejemplo, expone que será más fácil gobernar un principado que ya lo había sido por un príncipe, que por medio de un principado gobernar lo que fue república, porque los habitantes en ésta están acostumbrados a una cierta libertad, que pueden creer perdida. Y, en la mima línea, destruirlas o trasladarse a vivir allí, suponen la forma más efectiva de poseerlas. También, el mantenimiento de las propias leyes en aquellos territorios que ya poseyeran legislación, facilitará su mantenimiento bajo dominio del soberano.

A partir del capítulo sexto, comienza a determinar las formas para alcanzar el poder. En el mismo capítulo, habla de la adquisición de los principados por medio de las armas y el talento personal, de tal modo que si se consigue gracias al talento personal (con la virtud) será difícil de conseguir pero fácil de mantener. La dificultad a este respecto, viene determinada a la hora de establecer nuevas instituciones, a lo que serán reacios buena parte de la población. La opción de utilizar sus propias fuerzas como garantía, refuerza la conservación de éste. Sin embargo, en el capítulo siguiente se expone como cuando la consecución de un territorio se hace gracias a fortuna y armas de otros, probablemente sea más fácil de conseguir pero muy difícil de mantener, dependiendo este mantenimiento de un segundo, que es el que le otorga el territorio o del que lo ha adquirido por medio de dinero. Otra forma de alcanzar el poder, es mediante crímenes, según expone el texto en el capítulo octavo. El obrar sin virtud ni fortuna, es llegar al poder asesinando a los ciudadanos, traicionando a los amigos, careciendo de palabra, de honor, de respeto, de religión, etc. En este caso, el mantenimiento es muy difícil, pero en algunas ocasiones, este poder es justificado si la repercusión va en favor del bienestar general de los súbditos. No obstante, este uso de la crueldad sólo podrá utilizarse al principio y toda de una vez, para generar la ocupación de las necesidades de los súbditos al principio, y no prorrogar la crueldad y las necesidades durante siempre. Los dos capítulos siguientes también exponen otro modelo de principado, el civil, y el método de conseguir el poder para el mismo, mediante el apoyo por parte de los ciudadanos a uno en particular, el cual no necesita más cualidades para alcanzar dicho poder que astucia para mantener el favor de los que lo hicieron llegar, ya sean los ciudadanos en general o un grupo con privilegios. Pero dicho mantenimiento del poder será más fácil con el apoyo de los primeros que con el de los segundos, ya que configuran un número más reducido de población y no siempre se subordinan bajo el poder de un igual. Al contrario, será más poderoso el principado de cara al exterior si cuenta con el apoyo de los nobles que sufraguen los gastos de un ejército fuerte. Y por último, el capítulo decimoprimero trata de los principados eclesiásticos, cuyo análisis Maquiavelo radica en su sustento, que se basa en las instituciones religiosas y las leyes de estas. Son unos Estados especiales, ya que sin tener defensa poderosa, nadie se atreve a destruirlos y sus súbditos, aceptan las directrices del monarca sin intentos de rebeldía interna. Así pues, son los más felices y seguros.

Los tres capítulos siguientes, son utilizados por el autor para exponer el tema de la guerra y los ejércitos, donde señala una distinción entre tres tipos de ejércitos: el propio, el mercenario, el auxiliar y el mixto, que mezcla propios con mercenarios. Para Maquiavelo, es necesario estar en posesión de armas buenas, que implica según su teoría, que el Estado tenga buenas leyes. Por ello, es necesaria la posesión de ejércitos. De ese modo, las peores tropas con las que puede contar un estado, son mercenarios y auxiliares; los primeros por su talante ambicioso, indisciplinado y su carácter remunerado, cuyos costes arruinan al estado, teniendo en cuenta que además, los propios generales de éstas primarán sus aspiraciones individuales antes que su sumisión al príncipe; y los segundos, porque aunque puedan parecer efectivas y buenas, al final el interés no será otro que el del príncipe que las mande para ayudar, y al final, la derrota parece estar asegurada. Con respecto a las mixtas, compuestas por propios y mercenarios, son inferiores a las únicamente propias, pero superiores a las que ya hemos señalado. Por lo que, los príncipes más prudentes, acabarán teniendo propias, compuestas por súbditos que le ofrecen respeto y lealtad. Así pues, la principal labor del príncipe en su gobierno será la de estar al frente de las tropas para proyectar batallas y conseguir victorias, consiguiendo el respeto y la admiración de los suyos. A tal efecto, deberá curtirse en el arte de la guerra con ejemplos teóricos y prácticos.

A continuación, el autor expone las acciones del príncipe en el gobierno de los estados. Esta exposición ocupa del capítulo decimoquinto al vigésimo segundo. Al igual que todas las personas, según Maquiavelo, el príncipe debe tener cualidades para ser alabado tanto como para ser odiado. Por ello, la principal característica ha de ser la prudencia, para que sepa dejar a un lado la infamia que le desprendería del poder. No obstante, no puede obviar aquellas infamias que sin embargo sí lo hacen poseedor de la soberanía.

En primer lugar, se puede señalar que un rasgo ha de ser la liberalidad, pero gestionada de modo que derive ésta en la calificación de mezquino, es decir, que sus gastos se ajusten a una correcta parsimonia para que los ciudadanos vean que se está llevando acabo una correcta administración del dinero disponible. Asimismo, la clemencia debe ser otro rasgo fundamental, que deriva el que no sea reconocido como cruel, pero teniendo en cuenta que si se posee la fama de cruel con el fin de garantizar la sumisión y lealtad de los súbditos, tampoco estará mal visto. La crueldad, es un rasgo característico de aquellos nuevos príncipes, ya que la temeridad ofrece más garantías que el amor del pueblo. Pero siempre, con prudencia y respeto hacia las propiedades de los súbditos, y un respeto a los mismos. Sobretodo, la utilidad de la crueldad es importante con respecto del ejército. En conclusión, esta segunda cualidad podría resumirse en respeto y temor, pero no hasta el punto de odio. Otro aspecto del gobernante, ha de ser su palabra, es decir, que sea un hombre de palabra y cumpla los compromisos que adquiera. La historia nos demuestra que esto no ha sido siempre así, y además, las consecuencias del no cumplimiento no han resultado positivas. A este fin tiene dos caminos: lo propiamente humano (que son las leyes) o lo propiamente animal (que es la fuerza). Ambas tienen que estar bajo la posesión del monarca (cita el autor una metáfora en este capítulo, cuando señala que tiene que tener el príncipe la astucia del zorro para esquivar las trampas y la fuerza del león para asustar lobos). Así pues, aunque alguna de estas cualidades no se tenga, al menos se tienen que aparentar, con el fin de no ser odiado. A tal fin, en el capítulo decimonoveno, se dedican una serie de recomendaciones. Usurpar bienes y mujeres del súbdito por ejemplo, convierten al príncipe en odioso para con los mandados. Del mismo modo, ha de estar al corriente tanto de asuntos internos como concernientes a otros principados poderosos. Si los asuntos interiores marchan correctamente, de cara al exterior la imagen será buena. Si son los asuntos exteriores los que marchan con benevolencia, el gobernante tendrá que mirar para el interior, por si se produjere descontento o conjuras entre los súbditos. Pero un pueblo contento, no es usual que conjure contra su monarca. El estimo a la persona del monarca, también tiene que ser cultivable por este a través de grandes cometidos (conquistas), diversión del pueblo (fiestas, espectáculos) y con otras acciones que también vallan encaminadas a tal efecto. Del mismo modo, se tiene que declarar amigo de alguno y enemigo de otro, y por supuesto, abstenerse de atacar a alguno en coalición con uno más poderoso que él.

La seguridad en el estado, es un factor que Maquiavelo considera de bastante relevancia, lo que supone que el monarca tiene que poner en marcha medidas con utilidad en esta materia. El armar a la población o no desarmarla, supone el tener un ejército no mercenario bajo su servicio. Aunque es muy peligroso dejar armado un territorio que incorporas al principado. El fraccionamiento del territorio, tampoco parece útil en el sentido de que es más propenso a su desintegración. Y en cuanto a la creación de fortalezas, depende de la utilidad también de las mismas. Se deben de articular cuando se tema más a los de dentro que a los de fuera, pero sin duda, la mejor de éstas es la construcción de una imagen que no genere odio para con los súbditos.

El capítulo vigésimo segundo, habla de los secretarios del príncipe, destacando que si éstos poseen lealtad y buen hacer, el príncipe será calificado como sabio por esta elección. Mas al contrario, cuando uno de éstos piense más en él que el príncipe, la elección no habrá sido fructífera. Una buena honra y remuneración de los buenos secretarios, evitará problemas de ese tipo.

Maquiavelo considera en el capítulo que continúa, que un problema de las cortes son los aduladores. El decir la verdad al gobernador, es un valor que tiene que fomentar éste, para llegar a buen término, y lo tiene que fomentar entre los hombres que lo rodeen y para el consejo que este pida. Pero en última instancia, la decisión y ejecución, está bajo la responsabilidad del monarca.

En el análisis que sigue, voy a dar un pequeño salto sobre el capítulo XIV, ya que creo conveniente relacionarlo con el último.

Por ende, el capítulo XXV, vuelve sobre el tema de la fortuna y la virtud, señala que la gente es propensa a que la fortuna determina el devenir, y la acción de ella (ya sea Dios, por ejemplo) es infranqueable. Maquiavelo expone que acepta esta premisa, a medias, porque de la virtud pueden obtenerse conclusiones para combatir una fortuna adversa. En relación con los príncipes, señala que aquellos que sólo se consideran bajo el caudillaje de la fortuna, dependerán totalmente de un cambio en ésta. Por ello, es necesario ser un virtuoso e intentar estar prevenido a todos los cambios de fortuna, los cuales, favorecen a los jóvenes.

En último lugar, cabe señalar el análisis del capítulo XXIV y del último, el XXVI, que hablan sobre el territorio donde residía Maquiavelo. En el primero de éstos, expone que los principados en Italia, pierden a sus príncipes, teniendo que esta que éstos son principados nuevos, y según su análisis, la prudencia y la virtuosidad en estos tiene que ser mayor que en los hereditarios, para ganarse el favor del pueblo. No han obrado bien, ni con respecto a la población ni con respecto a las clases poderosas. En el segundo, se pueden ver lo que muchos expertos han señalado, atisbos de un primer nacionalismo, con la exhortación a liberar a Italia de los bárbaros. En su análisis, se ve como Maquiavelo cree que ha llegado el momento de que un príncipe nuevo, que tenga las características que él ha desarrollado en su libro, haga que la situación de aquella Italia fragmentada y dividida, a la par que dominada, se vea de facto modificada. También expone que para ello, es necesario un ejército que sea distinto a todos los que ha habido, que no han sido capaces de cumplir este cometido.