El príncipe; Nicolás Maquiavelo

Filosofía renacentista. Pensamiento maquiavélico. Gobierno de los principados y autoridad política. Ausencia de virtud

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Introducción

En este trabajo la obra que se eligió fue "El Príncipe", Me pareció muy interesante ya que pocas obras literarias han escrito tantas opiniones, profundos análisis y polémicas inconclusas y constantemente renovada. Además es una obra bastante corta, si nos ponemos a pensar en su contenido.

Investigando y recopilando datos averigüé que es una de las obras más difíciles de analizar a nivel mundial y pude comprobar que esta lectura va cambiando a medida que pasan los años en las diferentes épocas.

Este libro está separado en capítulos, no tiene muchos personajes y podemos encontrar más que nada definiciones.

Desarrollo

Autor: Nicolás Maquiavelo.

Nicolás maquiavelo

Niccolo di Bernardo Machiavelli nació el 3 de marzo de 1469 en Florencia. Historiador y filósofo político italiano, cuyos escritos sobre habilidad política, amorales pero influyentes, convirtieron su nombre en un sinónimo de astucia y duplicidad.

Nacido en Florencia el 3 de mayo de 1469, Maquiavelo comenzó trabajando como funcionario y empezó a destacar cuando se proclamó la república en Florencia en 1498. Fue secretario de la segunda cancillería encargada de los Asuntos Exteriores y Guerra de la república. Maquiavelo realizó así importantes misiones diplomáticas ante el rey francés (1504, 1510-1511), la Santa Sede (1506) y el emperador (1507-1508). En el transcurso de sus misiones diplomáticas dentro de Italia, conoció a muchos gobernantes italianos, y tuvo ocasión de estudiar sus tácticas políticas, en especial las del eclesiástico y militar César Borgia, que en aquella época trataba de extender sus posesiones en Italia central. Entre 1503 y 1506 Maquiavelo reorganizó las defensas militares de la república de Florencia. Aunque los ejércitos mercenarios eran habituales en aquella época, él prefirió contar con el reclutamiento de tropas del lugar para asegurarse una defensa permanente y patriótica. En 1512, cuando los Medici, una familia florentina, recuperó el poder en Florencia y la república se desintegró, Maquiavelo fue privado de su cargo y encarcelado durante un tiempo por presunta conspiración. Después de su liberación, se retiró a sus propiedades cercanas a Florencia, donde escribió sus obras más importantes. A pesar de sus intentos por ganarse el favor de los Medici, nunca volvió a ocupar un cargo destacado en el gobierno. Cuando la república volvió a ser temporalmente restablecida en 1527, muchos republicanos sospecharon de sus tendencias en favor de los Medici. Murió en Florencia, el 21 de junio de ese mismo año.

Durante toda su carrera, Maquiavelo trató de crear un Estado capaz de rechazar ataques extranjeros y afianzar su soberanía. Sus escritos tratan sobre los principios en los que se basa un Estado de este tipo y los medios para reforzarlos y mantenerlos. En su obra más famosa, El príncipe (1532), describe el método por el cual un gobernante puede adquirir y mantener el poder político. Este estudio, que con frecuencia ha sido considerado una defensa del despotismo y la tiranía de dirigentes como César Borgia, está basado en la creencia de Maquiavelo de que un gobernante no está atado por las normas éticas: "¿Es mejor ser amado que temido, o al revés? La respuesta es que sería deseable ser ambas cosas, pero como es difícil que las dos se den al mismo tiempo, es mucho más seguro para un príncipe ser temido que ser amado, en caso de tener que renunciar a una de las dos". Desde su punto de vista, el gobernante debería preocuparse solamente del poder, y sólo debería rodearse de aquellos que le garantizaran el éxito en sus actuaciones políticas. Maquiavelo creía que estos gobernantes podían ser descubiertos mediante la deducción, a partir de las prácticas políticas de la época, así como de épocas anteriores.

La formulación de Maquiavelo de los principios históricos inherentes en el gobierno romano puede encontrarse en su Discurso sobra la primera década de Tito Livio (1531), un comentario sobre la Historia de Roma del historiador romano Tito Livio. En este estudio, Maquiavelo parte de los conceptos teocráticos medievales de la historia, atribuyendo hechos históricos a las necesidades de la naturaleza humana y a los caprichos de la fortuna. Entre sus otras obras destacan: Sobre el arte de la guerra (1521), que describe las ventajas de las tropas reclutadas frente a las mercenarias. La Historias florentinas (1525) interpreta las crónicas de la ciudad, en términos de causalidad histórica. Maquiavelo fue también el autor de la biografía Vida de Castruccio Castracani (1520), de una serie de poemas, y de varias obras de teatro, entre las cuales destaca La mandrágora (1524), una sátira mordaz y obscena sobre la corrupción de la sociedad italiana de su tiempo. Muchos de sus escritos anticiparon el aumento de los estados de marcado carácter nacionalista.

El maquiavelismo, como término, ha sido utilizado para describir los principios del poder político, a partir de la máxima 'el fin justifica los medios'.

La obra

El primer capítulo de cuantas clases de principados existen y de que manera se adquieren. Los principados son: hereditarios, cuando los antepasados del señor los poseyeron por largo tiempo o nuevos. Y si son nuevos lo son por completo o son como apéndices añadidos al Estado heredado por El Príncipe.

Luego se habla de los principados hereditarios. Si el príncipe es de ordenado manejo, siempre se mantendrá en su Estado, mientras que una extraordinaria y excesiva fuerza no lo prive de él; y aún cuando lo fuera, cualquier tacha siniestra del conquistador le permitirá recuperarla.

El establece que la plebe que no lee tendrá las homilias de los Obispos y los curas y más aún: un catesismo aprobado por el legado del Papa no se resistirá a esta magia. No le falta nada desde el momento en que el Papa ha ungido su frente imperial.

En los principados mixtos es donde se presentan las dificultades, sus variantes nacen de una dificultad natural que existe en todos los principados nuevos: la que estriba en que todos los hombres mudan de señor de buena gana, creyendo mejorar con ello, y ésta creencia los impulsa a tomar las armas contra aquél; y se desengañan al advertir tras la experiencia vivida, que han empeorado.

Es cierto que si los países en rebeldía son conquistados por segunda vez, se pierden con mayor dificultad; porque el señor, aprovechando la ocasión que le ofrece la rebelión vacila menos en consolidarse castigando a los culpables, descubriendo a los sospechosos y afirmándose en las partes más débiles.

Afirmó por consiguiente, que estos estados son anexados a uno que pertenece de antiguo a quien conquista, o son de la misma provincia y de la misma lengua o no lo son. Pero cuando se adquieren Estados en una provincia diversificada en lengua, costumbres y orden, surgen dificultades; y uno de los mayores recursos y más eficaces sería que la persona que los conquistara habitarse en ellos. El otro remedio válido es enviar colonias a uno o dos lugares que sean como llaves de aquél Estado; porque es necesario tomar esta determinación o bien tener ésas gente de armas e infantería; en las colonia no se invierte mucho dinero; y sin mucho gasto o poco, se las domina. Debe aún quien se encontrase en una provincia desertificada, hacerse jefe y defensor de sus vecinos más débiles y cuidarse de que entre por accidente que entre un forastero tan poderoso como él. Los romanos en las provincias que conquistaron, observaron cuidadosamente estas reglas.

También se detalla que el deseo de adquirir es algo muy natural y común y siempre que lo hacen los hombres que lo pueden, son elogiados o no vituperados por su acción; pero cuando no pueden hacerlo e insisten en ello, incurren en error reproche.

Porque razón el reino de Darío, ocupado por Alejandro, no se rebeló contra los sucesores de sete a su muerte. Al considerar las dificultades que se experimentan para conservar el Estado recién adquirido, podría uno asombrarse viendo que Alejandro Magno se adeñuó de Asia en pocos años; no obstante sus sucesores lo conservaron , ya que bastaba con el hecho de pronunciar su nombre para defenderlo, ya que le temían.

De qué manera se debe gobernar las ciudades o principados que antes de ser ocupados, se sujetaban a sus propias leyes. Cuando se adquiere un Estado que está acostumbrado a vivir con sus propias leyes y en libertad, para querer conservarlo, es aconsejable acudir a tres recursos: arruinarlos(no tenían ningún valor en esa época), ir a vivir con ellos personalmente; o bien dejarlos vivir conformes con sus leyes, fijando un tributo y creando un gobierno de unos pocos que los conserven leal. Por ejemplo: Los espartanos conservan a Atenas y a Tebas, creando en ella un gobierno de poco, pero luego lo perdieron, ese gobierno fue el de los 30 Tiranos.

Las cosas son diferentes cuando las ciudades y las provincias suelen vivir bajo un príncipe y cuyo linaje haya sido extinguido, estando acostumbrados a obedecer y ya no saber vivir libres.

De los principados nuevos que se adquieran con armas propias y valor. Los principados completamente nuevos, en los que alguien sea el nuevo soberano, se hallará mayor o menor dificultad en mantenerlos según sea mas o menos virtuoso aquel que los quiera.

Para Maquiavelo los príncipes más excelentes fueron: Moisés, Ciro, Rómulo, Teseo y otros más.

Quienes, por senderos virtuosos, semejantes a aquellos, se convierten en soberanos, adquieren el principado con dificultad, pero lo conservan con facilidad: y las dificultades que tienen en adquirir el principado nace de los nuevos estatatutos y de ña manera ha que se ven obligados a recurrir para fundar su Estado y afirmar su propia seguridad.

Acá se habla de los principados nuevos que se adquieren con las armas y la fortuna ajena. Quienes se convierten desde el llano en Príncipes desde la fortuna, se hacen con poco esfuerzo pero asar fatiga les acarrea el mantenerlo y no tienen dificultad en lograrlo porque parecen volar en la tarea: pero las dificultades nacen cuando lo han conseguido. Ellos dependen exclusivamente de la buena voluntad o de la fortuna de quienes les han concedido el poder, dos cosas volubílisimas e inestables y no saben, y no pueden, mantener ese mismo poder.

Maquiavelo determina una serie de consejos: asegurarse de los enemigos, ganarse amigos, vencer mediante la fuerza o el fraude, hacerse amar o temer por los pueblos, seguir y respetar a los soldados. Aniquilar a los que te pueden o deben ofender, innovar con nuevas maneras las leyes antiguas, ser severo y grato, liberal y magnámico, destruir la milicia infiel y crear una nueva, mantener la amistad de los reyes y príncipes de manera tal que te beneficie con su gracia o bien ofenderlos con respeto.

Luego habla de quienes llegaron al principado mediante maldades. Ya que desde el llano se llega a príncipe de otras dos maneras, que no son debido a la fortuna o la virtud, Maquiavelo no cree conveniente dejarlas de lado aún cuando de una de las se pueda más cumplidamente hablar cuando se trate acerca de las repúblicas. Y éstas son: cunado mediante un camino malvado y nefasto se asciende a un principado o cuando un simple ciudadano llega al poder en su patria con el apoyo de sus conciudadanos.

Sobre el principado civil, el autor manifiesta que un ciudadano particular, no ya mediante la malda o cualquier otra intolerable violencia, sino con el favor de sus conciudadanos se convierte en príncipe de su patria y que puede merecer el nombre de principado y afirma que es posible alcanzar el poder con el favor del pueblo o con el de los hombres principales.

El principado es creado por el pueblo; pero en éstas condiciones el que tenga el poder se encontrará sólo y pocos o ninguno son aquellos poco dispuestos a obedecerle. Además no podrá satisfascer honestamente a los grandes, serán insaciables, y cuanto más adquieran mas cidiciarán; luego en su afán de obtener ventaja destruirán también a quien se opusiere.

Los principados suelen peligrar cuando están a punto de pasar del orden civil al poder absoluto.

A cerca de cómo se deben medir las fuerzas de todos los principados dice que es conveniente considerar, en el examen de las calidades de éstos, otros aspectos: si el príncipe tiene tal poder que pueda sostenerse por si mismo cuando fuere necesario o si siempre tiene necesidad de la ayuda de otros.

Sobre los principados eclesiásticos, opina que solamente ofrecen dificultades antes de su posesión porque se adquieren mediante la fortuna o el valor, y se mantienen sin que ambos intervengan, porque son sostenidos por los antiguos estatutos religiosos que han tenido tal calidad y prestigio cualesquiera fuesen su conducta y manera de vivir.

Solamente éstos príncipes poseen un Estado y no lo defienden; súbditos y no los gobiernan; y esos Estados a pesar de su indefensión no les son arrebatados.

¿Cuántas especies de milicias existen, y de los soldados mercenarios? Todo príncipe debe apoyarse en buenos cimientos, si no se produciría la ruina. Los principales cimientos que tienen todos los Estados, tanto nuevo o mixtos, son buenas leyes y buenas armas. Por lo tanto, no puede haber buenas leyes donde no hay buenas armas, las armas con que el príncipe defiende a su estado son propias, mercenaria, auxiliares o mixtas.

Las armas auxiliares que ya ha enumerado como inútiles, son aquellas facilitadas por otro poderoso que acude a auxiliares con sus fuerzas: tal como hizo en esa época el Papa Julio quien, habiendo visto en la campaña de Ferrara el fracaso de sus tropas acudió a los auxiliares y convino con el Rey de España la ayuda que podía darle con gentes y ejércitos.

Con respecto a la milicia al príncipe le corresponde no tener objetivos, cuidado ni capacidad para otra cosa más que para la guerra, su organización militar y su disciplina interna; porque es único arte que corresponde a quien manda.

El príncipe jamás debe distraer sus pensamientos de esta ejercitación en los hechos de la guerra; y aún más debe adiestrarse en la paz lo que logrará de dos maneras: uno con los actos y el otro con el pensamiento.

Cuando se refiere a la ejercitación de la mente, quiere decir que el príncipe debe leer historia y en ella meditar acerca de las acciones de los hombres.

Los hombres y especialmente los príncipes son alabados o vitupirados porque son: algunos liberales, otros míseros, otros reputados pródigos, algunos crueles, otros rapaces, otros piadosos, varios leales, infieles, afeminados, cordiales, otros soberbios, varios astutos, algunos duros, otros fáciles y podríamos continuar.

De la libertad y de la avaricia, el autor piensa que es beneficioso ser reconocido como liberal. Si la libertad es demasiado notoria, pero si se utiliza bien sería beneficiosa.

Ya que el príncipe no puede usar abiertamente la virtud de la liberalidad, sin ocasionarse daño, debe ser prudente, despreocuparse de ser tachado como avaro.

En éste capítulo se plantea si es mejor ser amado o temido, o ser temido más que amado. Maquiavelo dice que todo príncipe debe aspirar a ser temido por clemente y no por cruel, no obstante, advierte que no se debe usar mal ésta piedad.

Un príncipe no debe temer a la infamia de la crueldad para tener a sus súbditos unidos y leales. Será más clemente que aquellos por excesiva piedad dejan de nacer y continuar desórdenes que originan muertes y saqueos.

La controversia que se plantea es si es mejor ser amado que temido o, viceversa; lo mejor sería ser ambas cosas, pero como esto es difícil es más seguro ser temido que amado.

Es digno de alabanza un príncipe que mantiene su palabra y vive con integridad y no con doblez ; en ésos tiempos eso no era lo que abundaba.

Hay dos formas de combatir: Una con la ley( propia del hombre) y la otra con la fuerza( actitud de bestias); el príncipe necesita usar y saber las dos.

Para evitar el desprecio y el odio, debe abstenerse de ser usurpador del patrimonio y las mujeres de sus súbditos, ser rapaz, y tener actitudes detestables.

Cae en el desprecio cuando es considerado como variable, liviano, afeminado, pusilánime y esto debe evitarlo a toda costa.

Algunos príncipes para conservar con seguridad sus Estados han desarmado a sus súbditos; otros han mantenido en ellos enemigos contra sí mismos, unos han edificado fortalezas y otros, en fin, las han desarmado y destruido. Nunca hubo príncipe nuevo que desarmara a sus vasallos, siempre ha organizado a sus milicias; además encuentra más lealtad y utilidad en los hombre de quienes desconfiaban en el comienzo de su gobierno que en un principio fueron sus confidentes.

Un príncipe para ser apreciado debe dar extraordinarios ejemplos, si bien es preferible que sean singulares de sí para el uso interno. En cuanto alguien realice una acción fuera de lo común, buena o mala, se la debe premiar o castigar. También se estima a un príncipe cuando es verdadero amigo, claro enemigo.

Para el príncipe no es importante la elección de sus ministros, y cuando ellos son capaces y leales, lo podemos considerar prudente porque ha sabido reconocerlo como capaces y mantenerlos leales.

Para reconocer el mérito de un ministro, el príncipe tiene un recurso que jamás falla "cuando ves al ministro que se preocupa más de sí y que en todas las cosa busca la utilidad para su provecho, éste individuo jamás servirá como ministro".

Como huir de los aduladores. No existe manera de evitar la adulación más que enseñando a los hombres que más te lastiman si te dicen la verdad, pero si todos pueden decirte la verdad te falta, entonces tu respeto. Siempre debe pedir consejos, tiene que desanimar a quien quiera aconsejarlo acerca de algo, si él no lo pide.

Los hombres impresionan más por las cosas presentes que por las pasadas.

Las reglas anteriores, observadas con prudencia hacen parecer a un príncipe nuevo como uno antiguo.

El poder de las fortunas en las cosas humanas y el modo de resistirla cuando es reserva. Maquiavelo no era ajeno a lo que muchos han creído, que las cosas del mundo son gobernadas por la fortuna y por Dios a tal punto que los hombres no pueden corregirlas.

La fortuna demuestra poder allí donde el valor no sea ordenado.

En Italia las condiciones para celebrar a un príncipe nuevo y, si existe la materia para que uno prudente adquiera realidad, de tal manera que haciéndose honor así mismo beneficie a la totalidad de hombres Italianos.

El autor no puede expresar con que amor sería recibido por todas las provincias que han padecido bajo el alivión de extranjeros; con qué sed de venganza, con qué obstinada, con qué piedad, con qué lágrimas.

Conclusión

El libro trata sobre las diferentes consignas que hay que saber para ser un buen dirigente de un país o provincia; pero atrás de esto podemos también encontrarle un significado para los ciudadanos comunes. Por ejemplo a mi me sirvió para saber como se manejan los políticos y que bases tenían en su forma de gobierno.

Me gustó mucho leer ésta obra ya que va a ser muy útil para mi para el día de mañana ya que si bien no se si seguiré algo relacionado con la política es importante para mi cultura.

Me pareció también muy buena la iniciativa de éste trabajo ya que sin esto probablemente hasta dentro de unos "cuantos año" no iba a leerlo.

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