El Menón; Platón

Filosofía griega. Pensamiento platónico. Menón y Sócrates. Diálogos platónicos. Virtud

  • Enviado por: Andrew Poe
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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El Menón

Platón

El Menón; Platón
El Menón (Platón)

Resumen

Menón plantea a Sócrates de forma brusca las siguientes preguntas: ¿es enseñable la virtud? ¿Se puede adquirir por ejercicio? ¿Les llega a los hombres por naturaleza alguna, o de otro modo? Sócrates le explica que no puede responderle a tales preguntas porque desconoce el significado de virtud. Menón no cabe en su asombro y le explica que todo el mundo conoce la virtud del hombre y de la mujer, la virtud del joven y el viejo... Sócrates le replica que para que todas esas virtudes lo sean tienen que tener algo en común. Menón lo ve muy sencillo y le responde que la virtud es el poder de mandar a lo que Sócrates le responde que no sólo se equivoca (ya que se trata de mandar justamente, pues el tirano no es ningún ser justo) sino que sólo ha definido una virtud entre otras muchas. Le insta a intentarlo de nuevo y Menón ahora incurre en el error de definir la virtud por unas de sus particularidades. Menón entonces se ve obligado a admitir que no tiene la menor idea de lo que pueda ser la virtud, y en vez de querer averiguarlo con Sócrates le pregunta como investigar una cosa que se ignora por completo y cómo en caso de encontrarlo (el significado), saber que se ha encontrado. Aquí es donde plantea Sócrates la teoría de la reminiscencia, es decir, que no se aprende, sino que se recuerda. Para demostrar esta teoría hace que un esclavo de Menón, sin ningún conocimiento matemático, descubra una proposición geométrica fundamental. Lo consigue haciendo solamente preguntas. Pero Menón vuelve a retomar su primera pregunta. Sócrates para ello le hace ver que para ser enseñada debería ser una ciencia, y por ello, habría maestros de virtud, y Sócrates no conoce ninguno. En este momento aparece Anito. Al preguntarle a este último si conocía a algún maestro de virtud a lo que responde que cualquier ciudadano ateniense sería capaz de enseñar la virtud y no recurrir a los sofistas. Anito aclama a los grandes hombres de bien de Atenas sugiriendo que estos eran grandes virtuosos, pero al no saberlo enseñar, deduce Sócrates que la virtud no es enseñable. Anito, al no poder replicar a Sócrates, se enfada y se va. Por ello se deduce que no es una ciencia al no ser enseñable, pero tampoco es un don natural, por lo que dice que hay aún una salida, que la virtud es algo así como una creencia ciega pero acertada. Para concluir acaba Sócrates diciendo que no podemos saber como es la virtud sin antes conocerla.

El Menón (Platón)

Comentario Personal

Al terminar la lectura de este diálogo de Platón, me planteo un par de dudas: ¿Acaso Menón no quiere sacar provecho de las lecciones que le da Sócrates? ¿Es que no se da cuenta de sus errores, o quizás no quiere rectificar su postura? ¿Es realmente útil el diálogo como método de enseñanza? ¿Enseñar es realmente recordar? Supongo que podré contestar a estas preguntas reflexionando un poco sobre ellas.

Respondiendo a la pregunta sobre si es Menón el que no quiere aprender del diálogo con Sócrates, se podría decir que no es del todo culpa suya. Probablemente tiene una parte de hedonista dentro de sí que le hace no querer ser un sofista (conocedor del saber) sino lo que busca, en palabras de A. Koyré, “son <<las cosas buenas>> de la vida: éxito, riquezas, poder” Lo que le pasa es que no se deja enseña, es decir, está obcecado en que Sócrates le responda a su pregunta, a pesar de no conocer el verdadero significado de virtud quiere saber si es o no enseñable. Probablemente si se hubiese dejado guiar por Sócrates habría comprendido el significado de la virtud y podría haber conocido si es o no es realmente enseñable. Lo único que consigue es darse cuenta de su ignorancia sobre la virtud. Ni aún habiéndolo reconocido se da cuenta que el hacerlo es un paso esencial para poder investigar en otros aspectos de la virtud. Para resumir, según dice Koyré “Menón no sabe pensar, ya que nunca ha aprendido a hacerlo. Pues pensar (esto es, pensar acertadamente, razonar correctamente, de acuerdo con la realidad) es aquello que constituye la ciencia; lo cual es cosa que se aprende y se enseña [...] Pero Menón, amigo y discípulo de Gorgias [...] lo único que ha aprendido de él, no es el razonamiento correcto, sino el discurso persuasivo; no es un filósofo, sino un retórico: la verdad no le importa nada; no la busca a ella, sino el éxito”.

Respondiendo a la pregunta formulada sobre si se da cuenta de sus errores o si por el contrario no quiere rectificar su postura cabe decir que es una mezcla de ambas cosas. Por un lado, al principio se da cuenta de su error cuando Sócrates le introduce en su juego del diálogo (durante la ironía), pero cuando está ya preparado para poder aprender (mayeútica) “se ha negado a entrar en el estudio del problema principal y ha vuelto a llevar la conversación por el camino equivocado”, en palabras de Koyré.

Relacionada con la pregunta anterior me planteo la siguiente, referida a la utilidad del diálogo como método de enseñanza. Debido al planteamiento anterior no puedo decir que el diálogo no tenga utilidad, ni que sea ineficaz, pero sí puedo decir que no es infalible ya que Sócrates no consigue hacerle aprender a Menón. Bien es cierto que “Dado que la virtud es ciencia, no podrá ser enseñada más que como se enseñan las ciencias, es decir, merced a un esfuerzo de descubrimiento por parte del alumno, y no valiéndose de un adiestramiento por parte del maestro: desde el interior, y no desde el exterior” De acuerdo con lo dicho por Koyré si el alumno no tiene interés por conocer, la virtud no se puede enseñar. Por ello la respuesta a la “pregunta planteada por Menón, es absolutamente clara: sí la virtud se enseña, por ser una ciencia [ver cita anterior]; pero no se enseña a Menón

Respecto a si enseñar es realmente recordar, hay una prueba fehaciente que nos plantea el diálogo “Pues si Sócrates ha podido <<enseñar>> geometría al esclavo de Menón es porque en su alma había vestigios, huellas, gérmenes del saber geométrico, y las preguntas socráticas han podido despertar, hacer germinar y que lleven fruto tales gérmenes [...] innatos en el alma” Por otro lado hay que reconocer que una parte de la actual enseñanza se basa en “despertar” las cualidades innatas del ser humano.

Bibliografía

- Ferrater Mora, J. “Diccionario de Filosofía de Bolsillo”

Alianza Editorial. Madrid, 1997.

- Mindán Manero, M. “Historia de la Filosofía y de las Ciencias”

Editorial Anaya. Salamanca, 1964.

- Navarro Cordón, J. M. y Calvo Martínez T. “Historia de la Filosofía”

Editorial Anaya. Barcelona, 1998.

- Textos aportados por el Departamento de Filosofía (I. E. S. Cardenal Herrera Oria). Madrid, 1998.

El Menón (Platón)

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