El horror económico; Viviane Forrester

Economía. Empresas. Civilización occidental. Trabajo. Desempleo

  • Enviado por: Raul Silleras
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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EL HORROR ECONOMICO

El trabajo constituye el elemento de la civilización occidental que domina en todo el planeta.

La perpetuación del trabajo se ha convertido en un mito vinculado a nuestras sociedades, por lo que el desempleo significa una tortura para aquel que lo sufre ya que le supone sufrimiento.

El desempleado es visto por los demás miembros de la sociedad de una forma negativa debido a la abundancia de puestos de trabajo que existen, lo que produce en esa persona un fuerte sentimiento de vergüenza.

Los desempleados engendran un fuerte sentimiento de culpabilidad, acusándose de aquello de lo que son víctimas.

Se establece que para tener derecho a la vida se debe trabajar, pero ¿ es normal o lógico, establecer como condición necesaria algo que no existe?.

Se pretende excluir a los desempleados de la sociedad cuando están siendo absorbidos por ella. Esta es la manera según Viviane Forrester de preparar una sociedad de esclavos definidos exclusivamente por su esclavitud.

En el mundo actual, el mundo de las multinacionales, de la mundializacion, de la desregulacion, etc. la desaparición del trabajo es algo inevitable ya que estos procesos no necesitan casi personal ya que bastaría con un par de llamadas telefónicas para mover una gran cantidad de mercados.

El funcionamiento de esta manera de las empresas acabaría con las formas de trabajo ya que a menor gasto en mano de obra, mas será la plusvalía generada por las empresas.

Los denominados “excluidos” del trabajo forman el embrión de esas multitudes que podrían ser nuestras sociedades futuras si se siguen desarrollando los esquemas actuales en cuanto al trabajo.

El pequeño numero de poderosos ya no necesitan el trabajo de los demás, el problema es que esos individuos rechazados no tienen ningún lugar donde poder trabajar, aunque esto produce un sentimiento de indiferencia en aquellos que no necesitan del servicio de los trabajadores ya que solo les interesa obtener beneficios económicos.

Se considera privilegiados a aquellos individuos que poseen un trabajo aunque este sea mal pagado, ya que la norma general es no tener ningún trabajo. Aquellos individuos que alardean de su estabilidad laboral serán los fundadores de la economía moderna en expansión. Sus argumentos son la promesa redundante de la “creación de puestos de trabajo”, aunque supondrán la desaparición del trabajo y la prolongación artificial de su imperio.

En cuanto a los jóvenes, estos están condenados de antemano a ese problema ya que esta situación no tiene soluciones ni limites aunque se acuse a los jóvenes de su falta de interés por la integración en el mercado de trabajo. Estos están abandonados en un “vacío social”.

Los poderosos que dominan el mercado temen principalmente a la conciencia de las clases mas bajas, por lo que intentan privar a esas clases de su conciencia.

Los jóvenes de los “barrios difíciles” están ligados a un sistema rígido que les impone precisamente lo que les niega, es decir, les niega la dedicación de una vida ligada al trabajo asalariado y dependiente de él.

En el otro palo existe el mundo generoso de la investigación, el pensamiento, la extravagancia que forman el mundo del intelecto. La sociedad actual es regresiva, es ciega a su propia historia que se organiza sin ella y la elimina.

La “ayuda a las empresas” no fomentaría la creación de puestos de trabajos, ó no tantos como se esperaba. Aparentemente nadie se pregunta en virtud de que operación milagrosa la miseria provocada por el desempleo se traduce en beneficios otorgados sin el menor resultado a las empresas, las que por su parte lloran miseria mientras que el mundo económico marcha globalmente bien.

La caridad no es la vocación de las empresas, a estas se las presenta como fuerzas vivas regidas por imperativos morales, sociales, abiertos al bienestar general, pero, en realidad se rigen por un deber y una ética que les obliga a obtener ganancias.

Con razón o sin ella, el trabajo representa un factor negativo, inutilizable y perjudicial para las ganancias.

La “creación de riqueza” es el único motor capaz de movilizar a las “fuerzas vivas”, que a su vez son las únicas capaces de provocar, gracias a sus riquezas, un crecimiento que se traducirá inmediatamente en la creación de puestos de trabajo.

Nuestros sistemas declaran “ciudadana” a la empresa y esta debe cumplir con sus deberes cívicos. Conociendo el bien y el mal ¿quién puede dudar que la “ciudadana empresa” optará por el bien?.

Pero no contrata a más trabajadores y amenaza con irse a otro país si no hace todo lo que ella quiere.

Los mercados no conducen a la creación de riqueza y además apenas emplean personal porque para manejar los mercados virtuales como ya mencioné anteriormente basta con un teléfono.

Las “fuerzas vivas” vinculadas con el estado colonizan económicamente a los países que los han enriquecido. Los habitantes pobres emigran hacia los países que han tomado sus recursos aunque son recibidos con indignación.

V. Forrester afirma que no son los inmigrantes quienes agotan una masa salarial en vías de extinción, sino los que permanecen en sus propios países trabajando por salarios muy bajos y en condiciones laborales muy precarias. Los inmigrantes son apreciados mucho por las multinacionales que los consideran modelos.

El mercado puede ahora elegir a sus pobres en los circuitos ampliados; el catalogo se agranda porque a partir de ahora existen pobres(pobres) y pobres(ricos).

Durante la denominada belle epoque se determina que los países ricos no por ser tales son prósperos.

Se hace general en vez de la propagación de la prosperidad, la mundializacion de la miseria incluso llegando a regiones donde la situacion era favorecida.

En cuanto al trabajo se crean nuevas formas como el “zero hour working” implantado en Gran Bretaña en la que el empleado solo recibe remuneración económica cuando trabaja, aunque solo trabaja esporádicamente, y cuando no está trabajando deben permanecer en sus casas, disponibles y no remunerados para estar localizables en caso de que el empresario los necesite. Este tipo de trabajo temporal introduce al trabajador en una categoría de “desposeído”.

Hay un deseo de explotar lo que se pueda de los vestigios del trabajo humano y a la vez conservar una cohesión social adquirida mediante la derrota, la vergüenza, y el terror contenido de las masas encerradas en la lógica destructiva de un trabajo que ha dejado de existir.

Ya es hora de darles a los desposeídos y a los marginados su verdadero sentido que es el de la vida, la dignidad y los derechos.

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