David Hume

Filosofía inglesa siglo XVIII. Entendimiento humano. Naturaleza del hombre. Conocimiento empírico. Papel de la experiencia. Principios de la moral y ética humana

  • Enviado por: Elena
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TEXTO Nº 1 INVESTIGACIÓN SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO

En la parte I de esta sección comienza Hume señalando la distinción entre dos géneros de objetos presentes a la mente humana: a) relaciones de ideas; b) cuestiones de hecho

Son relaciones de ideas todas aquellas proposiciones que se limitan a operar sobre contenidos ideales, sin referirse a lo que existe o puede existir. Pueden constituir el objeto de un conocimiento cierto, propio de las ciencias formales (geometría, álgebra, aritmética), que se fundamentan en el principio de no contradicción.

Por el contrario, las cuestiones de hecho, no gozan de la misma evidencia: su conocimiento no depende de la razón, sino de la experiencia, y el tipo de conocimiento que les corresponde es el "moral' o probable, que es aquel que admite su contrario sin que implique contradicción. Para referirse a él, Hume introduce la noción de creencia. En el ámbito de las cuestiones de hecho no se obtiene un conocimiento demostrativamente cierto como ocurre en las relaciones de ideas.

Hume se plantea investigar la naturaleza de la evidencia propia de los razonamientos que conciernen a las cuestiones de hecho, cuando no se trata de algo inmediatamente presente a los sentidos. Su repuesta es la siguiente:

“Todos nuestros razonamientos acerca de cuestiones de hecho parecen fundarse en la relación de causa y efecto. Tan sólo por medio de esta relación podemos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y sentidos. ( ... ) Todos nuestros razonamientos acerca de los hechos son de la misma naturaleza. Y en ellos se supone constantemente que hay una conexión entre el hecho presente y el que se infiere de él”.

Hume va a criticar la idea de relación de causa a efecto y a exponer su particular teoría de la causalidad. Su análisis parte de la constatación de un hecho frecuente y ordinario, que se repite de continuo. Para investigar cómo llegarnos á conocimiento de la causa y del efecto, adopta como principio general e imprescindible la afirmación de que el conocimiento de la relación causal en ningún caso se alcanza por razonamientos a prior¡, sino que surge enteramente de U experiencia, cuando encontramos que objetos particulares cualesquiera están constantemente unidos entre sí.

La tesis según la cual las causas y los efectos no puede descubrirse por la razón, sino por la experiencia, establece un principio opuesto a la tradición racionalista, pues para Hume el efecto es totalmente distinto de la causa, de manera que un examen, por detenido que sea, de la supuesta causa no permite descubrir en ella el efecto. Todo efecto esun suceso distinto de su causa. No podría, por tanto, descubrirse en su causa, y su hallazgo inicial o representación a priori, han de ser enteramente arbitrarios. Cuando razonamos a priori y consideramos meramente un objeto o causa, tal como aparece a la mente, independientemente de cualquier observación, nunca puede sugerirnos la noción de un objeto distinto, como lo es su efecto, ni mucho menos mostrarnos una concesión inseparable e inviolable entre ellos.

Hay que afirmar, pues, que la experiencia es el fundamento de todas nuestras conclusiones referentes a la causa y el efecto. Pero esa respuesta plantea de inmediato la cuestión de cuál será el fundamento de las conclusiones que extraigo de la experiencia.

La parte II, está dedicada a analizar la validez de la inferencia inductiva acerca de los hechos de la experiencia.

Una vez establecida con firmeza la necesidad de la observación y de la experiencia en la inferencia causal, Hume da un paso más y afirma que incluso después de haber tenido experiencia en las operaciones de causa y efecto, nuestras conclusiones, realizadas a partir de esta experiencia, no están fundadas en el razonamiento o en proceso alguno del entendimiento. Con esto quiere señalar que la conexión misma o inferencia causal no es un razonamiento que constituya un término medio entre la causa y el efecto, es decir, que no hay una idea del causar mismo que tenga su correspondiente impresión, de la que tal idea sería su imagen debilitada. En el tema de la causalidad, si se pregunta de qué impresión deriva esa supuesta idea, deberíamos reconocer la imposibilidad de asignarle una.

En lugar de la impresión originaria de la causalidad, lo que tenemos es la suposición de que el futuro será como ha sido el pasado y esta suposición es el punto de partida de todas nuestras conclusiones experimentales, que se basan en la semejanza que descubrimos entre los objetos naturales.

Con respecto a la experiencia pasada, sólo puede aceptarse que da información directa y cierta de los objetos de conocimiento y exactamente de aquel periodo de tiempo abarcado por su acto de conocimiento. Pero por qué esta experiencia debe extenderse a momentos futuros y a otros objetos, que, por lo que sabemos, puede ser que sólo en apariencia sean semejantes. En realidad, todos los argumentos que se fundan en las experiencia están basados en la semejanza que descubrimos entre objetos naturales, lo cual nos induce a esperar efectos semejantes a los que hemos visto seguir a tales objetos.

La experiencia nos asegura de nuestras observaciones presentes, y el testimonio de nuestra memoria nos asegura de las pasadas, pero es incapaz de explicar este tipo de conexiones causases. La experiencia sólo nos atestigua la continuidad espacio-temporal y la sucesión temporal entre dos hechos, pero jamás la conexión necesaria que se considera absolutamente imprescindible para poder afirmar la causalidad. Que un hecho venga unido y suceda a otro no prueba que proceda siempre y necesariamente de él.

Hume va a criticar el principio de uniformidad o regularidad de la naturaleza. En efecto, justificar la causadas implica mantener que los hechos se rigen por determinadas leyes, y que el futuro se conformará al pasado, ya que las mismas leyes que rigen el futuro son las que rigen el pasado. Sin embargo, dirá Hume, aunque el curso de la naturaleza, hasta ahora, haya sido muy regular, por sí sólo, sin aportar algún nuevo argumento, tampoco nos demuestra que en el futuro lo seguirá siendo. Ningún argumento de 1a experiencia puede demostrar la semejanza del pasado con el futuro, pues todos ellos están fundados precisamente sobre la suposición de esa semejanza.

  • RELACIÓN TEXTO-TEMA

EL PROYECTO FILOSÓFICO DE HUME

David Hume (1711-1776) pretende dar un giro diferente a las especulaciones filosóficas, señalándoles con precisión los únicos asuntos en los que, a su juicio, se puede esperar conseguir seguridad y convicción. Tal propósito sólo puede lograrse con la construcción de la ciencia de la naturaleza humana: preocuparse por el alcance y validez de nuestro conocimiento antes de intentar conocer las cosas mismas. Sólo conociendo las posibilidades del entendimiento humano, la naturaleza de las ideas que empleamos, así como de las operaciones que realizarnos al argumentar, podremos conocer los progresos que se pueden hacer en las ciencias.

La ciencia del hombre es la única fundamentación sólida de todas las demás ciencias. Pero esta ciencia del hombre debe construirse con un fundamento enteramente nuevo que Hume define claramente en el subtítulo de su «Tratado sobre la Naturaleza humana»: «ensayo para introducir el método experimental de razonar en los temas morales». El sentido de la expresión «temas morales» es muy amplio, para Hume: incluye tanto las indagaciones filosóficas acerca de la naturaleza y límites del entendimiento, del sentimiento y de las pasiones, como aquellas que se refieren a los principios de la conducta.

El método propuesto consiste en aplicar el usado por Newton, para la astronomía, a la ciencia del hombre. Hume busca ser considerado como el Newton de las ciencias morales, explicando científicamente la vida de nuestra conciencia como él había explicado el movimiento de los astros. Las reglas del razonamiento enunciadas por Newton en sus «principia mathematica» encuentra su equivalencia en las afirmaciones de Hume. Especialmente señala que debe seguirse el criterio o principio empirista que entiende que no hay otra fundamentación sólida que podamos dar a la ciencia del hombre si no es la experiencia y la observación.

En realidad, a su método, en lugar de «experimental», debería llamársele descriptivo o «experiencial». El propio Hume al poner de manifiesto las desventajas y diferencias de la filosofía moral en relación a la ciencia natural, expresa cómo deben ser los experimentos en la filosofía moral. «deben hacerse a partir de una observación cuidadosa de la vida humana, tomándolos tal como aparecen en el curso normal de la vida diaria y según el trato mutuo de los hombres en sociedad, en sus ocupaciones y placeres».

Lo más particular de su empirismo es haber puesto de manifiesto que el ámbito del conocimiento humano debe quedar limitado, en última instancia, al ámbito de la experiencia humana y que, en consecuencia, «toda hipótesis que pretenda descubrir las últimas cualidades originarias de la naturaleza humana deberá rechazarse desde el principio como presuntuosa y quimérica». Así, pues, habrá que renunciar a vanas e inútiles pretensiones que quieran ir más allá de la experiencia, para tratar de instaurar una filosofía experimental del hombre, que sirva de base para la conducta y para la vida.

LAS PERCEPCIONES IMPRESIONES E IDEAIS

Hume comienza con el análisis de nuestras actividades cognoscitivas, tratando de descubrir sus elementos constitutivos. La base de nuestro conocimiento será la percepción. Una percepción es cualquier hecho de conciencia que experimentamos, una modificación interna de nuestra mente. Todos los contenidos de la experiencia serán percepciones, que puede ser de dos clases: impresiones e ideas. La única diferencia entre ambos tipos de percepciones es el grado de fuerza y vivacidad con la que se presentan a la mente, «con que hieren al espíritu».Las impresiones son percepciones que penetran en mí con gran fuerza y vivacidad (comprenden nuestras sensaciones y también nuestras pasiones o emociones). Las ideas son representaciones internas más débiles y menos vivas que afectan a los sentidos internos (memoria, imaginación) y al entendimiento. Son «imágenes débiles" de las impresiones, que son, pues, anteriores a las ideas y causas de las mismas: «todas nuestras ideas derivan de nuestras impresiones sensibles».

Tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples (que no admiten distinción ni separación) y complejas (que pueden dividirse en partes), que se constituyen por combinación o agrupación de las simples. Nuestras ideas están relacionadas y vinculadas entre sí; el paso de las ideas simples a las complejas tiene lugar, según Hume, en base a dos factores. uno natural o espontáneo, que consiste en las leyes de asociación (la de semejanza, la de contigüidad espacio temporal y la relación causa-efecto), y otro factor arbitrario mediante el cual la imaginación puede combinar libremente nuestras ideas.

Por otro lado, Hume divide también las impresiones, tanto las simples como las complejas, en impresiones de sensación e impresiones de reflexión. Las primeras, como se ha dicho, son anteriores a las ideas y causa de las mismas; en cambio, las impresiones de reflexión derivan de las ideas; así, por ejemplo, la idea de placer evocada por la memoria o la imaginación puede producir en nosotros un estado placentero, que sería una impresión de reflexión.

Genéticamente el origen de todo conocimiento está en las impresiones de sensación. No hay ideas innatas. Todas las percepciones penetran en nosotros simples y proceden de la experiencia sensible externa o interna: no empezamos a conocer hasta que no percibimos.

Por lo que se refiere a la naturaleza y extensión de nuestro conocimiento, Hume sostiene que el ámbito de nuestro conocimiento se reduce o a «relaciones de ideas», conocimiento seguro y necesario o a «cuestiones de hecho», conocimiento imperfecto, probable, pero que otorga el conocimiento práctico, suficiente para la vida.

Según Hume, no nos será posible deducir leyes universales y necesarias en los razonamientos que se fundamentan en la experiencia; lo que sí podemos hacer en función de los datos que ella nos suministra, es «presumir», suponer que las cosas seguirán sucediendo probablemente como hasta ahora: es razonable suponerlo, aunque no podemos saberlo con certeza. Debemos atenernos a la experiencia, conscientes de que ella nos da solamente una cierta probabilidad, que nos sirve y nos basta para la vida. El mundo de los hombres no es el de las grandes verdades inmutables y necesarias, sino el de las meramente probables y cambiantes.

Hume es el filósofo al que se considera habitualmente como el crítico de la causalidad. Efectivamente critica la causalidad real, o mejor dicho, niega críticamente que nosotros podamos nunca llegar a conocer ningún proceso causal real: nosotros lo más que conocemos es que un fenómeno, al que llamamos causa, antecede a otro que llamamos efecto; conocemos que esos dos fenómenos se dan ordinariamente, en conexión sucesiva, en concomitancia. Con su famoso ejemplo, conocemos que el impacto de una bola de billar antecede y está en conexión con el movimiento de otra bola. Pero no vemos, no experimentamos, que el impacto de la primera «produzca», cause el movimiento de la segunda. Para afirmar la causalidad sería preciso que existiera una conexión necesaria entre ambos fenómenos. Pero eso no es experimentable ni se puede demostrar.

Ahora bien, que no conozcamos la causalidad real no quiere decir que no tengamos que pensar los fenómenos unidos en una relación de causa efecto. Es decir, según Hume, la causalidad no funciona como una ley de las cosas, de la realidad, sino como una ley de nuestro modo de pensar las cosas, debido a una experiencia acumulada (costumbre, hábito) que nos determina a pensar así los fenómenos. La idea de causa necesaria de un efecto se debe a la conjunción de cuatro factores: la contigüidad, la sucesión, la regularidad y el hábito psicológico; es la costumbre de ver una sucesión regular entre dos fenómenos la que nos lleva a creer que el primero es causa del segundo.

El conocimiento de la realidad no tiene, pues, justificación en esta doctrina. Como no conozco causas reales, resulta que no sé a qué se deben mis impresiones de sensación, que son los conocimientos absolutamente originarios. Y si en el momento fundamental del conocimiento hay una desconexión entre el conocimiento y las cosas o cualidades que se pretenden conocer, resulta que todo el edificio del conocer carece de base sólida: tenemos impresiones que no podemos saber a qué se deben o de qué son, sin que pueda acudir a la afirmación de que el efecto me remite a la causa. Tampoco sé qué valor puedan tener mis ideas o impresiones de reflexión, que, en definitiva, han de apoyarse en las impresiones de sensación. Así pues, según Hume, de la realidad externa del mundo no tenemos, en rigor, conocimiento en sentido estricto: el conocimiento no trasciende fuera de mi conciencia, no alcanza las cosas tal como son en sí mismas.

Por otro lado, como para Hume carece de valor toda idea a la que no pueda señalársele la impresión de la que sea copia o derivación, es ilegítima la idea de sustancia por la sencilla razón de que no podemos encontrar impresión alguna que nos dé ese contenido al que llamamos sustancia. La sustancia («una colección estable de ideas simples, agrupadas bajo un solo nombre») no es más que un artificio de la imaginación con que poder explicar la permanencia con- que las cosas se nos presentan: tenemos que imaginamos las cosas como sustancias, pero no hay ninguna legítima idea de la sustancia. Asimismo, de eso que llamamos yo, no conocemos más que una serie o colección de percepciones. Por eso, igual que sucedía con el mundo externo, creemos en el yo, pero no lo conocernos en sentido estricto.

ÉTICA

Hume conserva la noción tradicional de la moral como ciencia de las reglas que hay que seguir para conseguir el bien y la felicidad, mediante la práctica de la virtud. Pero el fundamento de la moral no puede buscarse, según este autor, ni en Dios, porque no podemos conocer su existencia, ni en la razón o en normas universales y necesarias.

Hume parte de la realidad de las valoraciones morales, para preguntarse a continuación si se derivan de la razón o del sentimiento. La razón se ocupa tan sólo de establecer conexiones entre las ideas o de cuestiones de hecho. Su función es conocer pero no valorar u obligar. Conoce las normas prácticas de la moral, pero no las establece: «la razón fría y desinteresada no puede ser motivo de acción; ella no hace más que distinguir el impulso recibido del apetito y la inclinación». Así pues, la moral no es objeto del entendimiento sino del sentimiento. El juicio moral se deriva de una acción que excita un sentimiento. De donde surge «la aversión o inclinación hacia un objeto es de la perspectiva de dolor o de placer». La razón queda relegada en el campo moral a ser simplemente «esclava de las pasiones, sin poder pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas».

Las sensaciones de placer y dolor son, para Hume, los resortes fundamentales del dinamismo humano. El motivo de la acción es el impulso que esas sensaciones originan en el hombre: de acercamiento hacia lo que promete placer y de alejamiento de lo que anuncia dolor. El ámbito específico de la razón es de índole teórica, por lo que no cabe atribuirle una función propiamente directiva -normativa- de la acción. Tesis fundamentales de Hume son: primero «que la sola razón no puede constituir jamás el motivo de una acción de la voluntad; segundo, que no puede oponerse en absoluto a la pasión en la dirección de la voluntad». Así pues, la razón tiene, en la acción, una función auxiliar, al ser- vicio de la satisfacción de los impulsos.

Según Hume, si los objetos no originan un sentimiento de deseo o de aversión en nuestra sensibilidad, las conexiones que la razón pueda establecer nunca podrán hacer que nos sintamos «prácticamente» afectados por ellos. Toda ordenación puramente racional resultará siempre ajena al dinamismo humano del que brota la acción; con otras palabras no existe, para Hume, un bien inteligible. Hume atribuye a la razón un limitado papel de dirección “técnica”, es decir, la razón juzga la adecuación de los medios a los fines que surgen de la vida impulsivo, pero no es competencia suya el pronunciarse sobre el valor de esos fines.

Por tanto, lo que en Hume se podría llamar razón practica es una razón técnica, instrumental, limitada a la búsqueda de los expedientes más útiles para conseguir los objetivos que ponen en movimiento el apetecer impulsivo.

El fundamento de la moral es la naturaleza humana, que es la misma en todos los hombres. Existe una especie de «instinto natural», el cual, bajo la forma de inclinación o sentimiento, determina el bien y el mal. Las cualidades morales, buenas o malas, son equivalentes. a las cualidades sensibles, agradables o desagradables. Así como existe el instinto natural que nos hace distinguir lo agradable o desagradable, lo bello de lo feo, hay un instinto o sentido moral que nos hace apreciar lo que es bueno y lo que es malo. El bien viene a ser como la belleza moral. En último término, lo que los hombres llaman bueno o malo no es más que lo útil o nocivo: lo que sirve a la vida sensible y satisface sus aspiraciones o lo que le es contrario. El criterio para discernir el bien y el mal moral es la utilidad y el gozo o fastidio que nos causa.

Hume no da a ese instinto un sentido egoísta y personal, sino que lo extiende a la utilidad general. El fundamento del orden moral consiste en la simpatía, o el sentimiento de camaradería que proviene de que las manifestaciones de gozo o de dolor de los demás provocan en nosotros, por asociación, impresiones o ideas semejantes. La aprobación o desaprobación común de los hombres respecto de ciertas acciones es lo que las determina como virtuosas o viciosas. «Llamaremos virtuosa toda cualidad o acto mental que encuentra la aprobación general de la humanidad, y llamaremos viciosa toda cualidad que es objeto de repulsa o de censura general». En el fondo, la aprobación o desaprobación general recae sobre lo que es útil o nocivo a la vida individual o social. El que formula juicios morales abandona su propio punto de vista particular y se sitúa en un plano común a los demás. Así, la virtud es determinada por el sentimiento y se define: “Cualquier acción o cualidad mental que da a quien la ve un sentimiento agradable de aprobación”. El vicio es lo contrario.

TEXTO Nº 2 INVESTIGACIÓN SOBRE LOS PRINCIPIOS DE LA MORAL

La moral fue el tema que más interesó a Hume desde el comienzo de su formación, hasta el punto de que algunos especialistas sostienen que, si todo su sistema filosófico no fuese interpretado a la luz de este interés básico, no se nos revelaría su significado peculiar. También puede ser significativo el hecho de que Hume exponga la moral en la tercera parte de su "Tratado sobre la naturaleza humana', después de dedicar la segunda a los sentimientos.

En este apéndice de la "Investigación ... ' se plantea de nuevo explícitamente el papel de fa razón en la moralidad: "Examinar en qué medida la razón o el sentimiento entran en todas las decisiones de alabanza o de censura'.

La intervención de la razón en las decisiones morales no es negada por Hume al suponer que un fundamento principal de la alabanza moral está en la utilidad de cualquier cualidad o es evidente que la razón debe tener una participación notable en todas las decisiones de esta clase, pero se reduce a descubrir ciertas relaciones morales en las que no consiste la moralidad. El juicio moral no es, propiamente hablando, un juicio de la razón que compara las acciones con una regla establecida, sino un sentimiento. Los juicios morales no tratan acerca de relaciones de ideas ni de cuestiones de hecho, objetos de la razón; se trata más bien de una cuestión de hecho, pero que es objeto del sentimiento.

La moralidad, pues, se determina por el sentimiento. A este respecto, Hume habla de un sentido o sentimiento moral -en algún texto lo denomina gusto moral- que la naturaleza ha universalizado en toda la especie humana y que está en el origen de las distinciones morales, pues a su juicio los fines últimos de las acciones humanas no pueden ser explicados, en ningún caso, por la razón, sino que se recomiendan por entero a los sentimientos y afecciones del género humano, sin dependencias de las facultades intelectuales.

Si a un hombre se le pregunta por los motivos de sus acciones, en último término sólo encuentra el rechazo del dolor y el deseo del placer, sin que pueda hallarse una razón más allá de ésta. Hume niega que la razón humana como tal pueda mover la voluntad, es decir, que la razón pueda servir como fundamento a la vida moral. La moral, en efecto, afirma Hume, suscita pasiones y promueve o impide acciones, pero la razón no está en condiciones de realizarlo.

La razón realiza una función previa que nos lleva a conocer las circunstancias y relaciones que configuran el hecho de que se trate, pero una vez examinadas todas esas circunstancias, nuestra parte no queda sino experimentar un sentimiento de censura o aprobación, a partir del cual decidimos si la acción es criminal o virtuosa.

La analogía que Hume establece entre moral y estética se explica por su común radicación en el sentimiento: 'Esta doctrina se hará más evidente todavía, si comparamos la belleza moral con la natural, con la que guarda semejanza en muchos aspectos": el análisis del juicio moral es análogo al del juicio estético, pues en ambos se aprecia la diferente función de la razón y del gusto. Aquella es especulativa y se limita a descubrir los objetos tal como existen, mientras que el gusto posee una facultad productiva que hace surgir, en cierto modo, una nueva creación, merced al sentimiento -de belleza o deformidad, vicioso o virtuoso- que suscita. El juicio de la razón tiene como norma lo que existe en la naturaleza de las cosas, mientras que la norma del sentimiento la constituye lo que cada hombre siente en su interior.

- RELACIÓN CON TEMAS ANTERIORES

Se conoce con el nombre de empirismo a un movimiento filosófico que se desarrolla en las Islas Británicas a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

Enfrentado en líneas generales al racionalismo continental, tendrá en común con él la preocupación por el problema gnoseológico, es decir, del conocimiento, aunque propugnen soluciones diferentes. Tanto los racionalistas como los empiristas lo primero que se van a plantear es el alcance y validez de nuestras facultades cognoscitivas: si sirven para lo que pretenden, es decir, para conocer la realidad.

Intentando delinear los rasgos principales del empirismo habría que señalar:

a) Negación de cualquier tipo de ideas innatas : no hay conocimientos independientes de la experiencia sensible. Para los empiristas, el entendimiento humano es como una tabla rasa, como un papel en blanco, en el que nada hay escrito antes de que la experiencia empiece a actuar en él.

b) Establecimiento de la evidencia sensible como criterio de verdad: sólo el conocimiento sensible nos puede poner en contacto con lo real y sólo la evidencia sensible nos permite distinguir entre lo verdadero y lo falso.

c) Hay que rechazar como ilegítimo cualquier contenido que no tenga un correlato previo en la experiencia.

d) Negación de la posibilidad de un conocimiento de validez universal y necesario: todo juicio es un juicio provisional, susceptible de posteriores correcciones.

Los empiristas exigirán que todo conocimiento vaya certificado por la experiencia y que los métodos sean fundamentalmente métodos experimentales: observación, inducción, análisis de hechos. La experiencia será la originaria de todo el conocimiento, debiendo el «pensamiento racional» depender de ella.

Naturalmente, una experiencia con tantas prerrogativas es una experiencia entendida de un modo muy amplio. Experiencia es la sensación, la percepción, las ideas, las leyes de asociación de imágenes, los hábitos psíquicos. Se podría decir que la experiencia es todo hecho, interno o externo, que pueda ser observado y explicado con una cierta legalidad. Precisamente esta atenencia a los hechos concretos observables destierra del empirismo la presencia de conceptos, de ideas universales.

  • VOCABULARIO

A PRIORI: Lo que en el conocimiento no procede de la experiencia. Hume rechaza cualquier contenido 'a priori' o ideas innatas.

ASOCIACIONISMO: Principio explicativo que hace de las leyes de la asociación de ideas (semejanza, contigüidad en el tiempo y en el espacio, y relación causa-efecto) un factor determinante de la vida psíquica.

CAUSA-EFECTO (Relación): Una de las leyes de asociación de ideas, debida a una experiencia acumulada (costumbre o hábito). La relación de causalidad es establecida por la mente (no es real) basada en la mera sucesión (conjunción constante ) de dos hechos, sin que se pueda demostrar que haya una conexión necesaria entre ellos. La percepción sensible sólo nos puede atestiguar la contigüidad y sucesión temporal de dos hechos: jamás su conexión necesaria. No se da pues, según Hume, una cualidad que consista en causar.

CONOCIMIENTO: Su ámbito es el de las "relaciones de ideas", es decir, proposiciones que versan sobre contenidos ideales y están fundamentadas en el principio de no contradicción. Goza de evidencia y es, por tanto, seguro y necesario.

COSTUMBRE. Experiencia reiterada, que pone en marcha el dinamismo de nuestra imaginación, y conduce a la creencia en la regularidad de los fenómenos: es decir, nos lleva a esperar en el futuro una serie de acontecimientos similares a los aparecidos en el pasado.

CREENCIA: Nivel cognoscitivo propio de las "cuestiones de hecho', es decir, proposiciones que no implican una necesidad lógica porque no llevan consigo la contradictoriedad de la afirmación en contrario. Se trata de un tipo de conocimiento meramente probable o "moral' y no demostrativamente cierto, pero que es suficiente para que el hombre actúe en su vida ordinaria.

CUESTIONES DEHECHO: Proposiciones que provienen de la experiencia y que no implican una necesidad lógica. 'Lo contrario de cualquier cuestión de hecho es, en cualquier caso, posible". El nivel cognoscitivo propio de las cuestiones de hecho es denominado “creencia“

ENTENDIMIENTO: La misma imaginación cuando opera según reglas o principios permanentes: actúa bajo la 'fuerza suave' de las propiedades asociativas de las ideas.

ESCEPTICISMO: Doctrina que sostiene que el hombre no puede conocer la verdad o las razones últimas de la realidad, por lo que es oportuno no considerar ninguna opinión más probable que otra. “Hemos de considerar presuntuosa y quimérica toda hipótesis que aspire a descubrir las últimas cualidades originarias de la naturaleza humana”. En Hume está motivado por el fenomenismo, llegando a poner en duda, incluso, la evidencia sensible, la existencia del mundo externo y la identidad del yo.

EXPERIENCIA: Conjunto de sensaciones (impresiones de sensación) a las que se reducen todas las ideas o pensamientos de la mente, o bien, en un segundo sentido, que versa sobre el pasado, el conjunto de las percepciones habituales que tienen su origen en la costumbre . Para Hume, la experiencia es el origen, fundamento y límite de todo nuestro conocimiento, que en ella comienzo y termina.

FENOMENISMO: Doctrina que sostiene que el conocimiento no trasciende fuera de la mente y, por tanto, no alcanza las cosas tal como son en sí mismas. Así, se reduce la realidad exterior a lo que de ella aparece ante la conciencia (fenómeno): "ningún ser está presente a la mente sino las percepciones'. La conciencia se encierra en sí misma y se limita a conocer sus propias impresiones, entendidas como meros datos, sin alcanzar lo que las produce.

HÁBITO (Costumbre): Principio de la mente en virtud del cual la constante repetición de fenómenos en el pasado determina a esperar lo mismo para el futuro.

IDEA: Percepción más débil y menos vivaz. Representación interna, copia o imagen atenuada de una impresión. 'Entiendo por ideas las imágenes debilitadas de las impresiones'. Puesto que se derivan de las impresiones, también pueden ser simples y complejas.

IDEAS GENERALES (ABSTRACTAS): Toda idea es, según Hume, siempre individual en sí misma. La constitución de las ideas generales es fruto de la costumbre, que tiende a agrupar una idea bajo un término general. La unidad es sólo nominal, de manera que .una idea particular se hace general al unirse a un término general, es decir, a un término que por una asociación habitual se encuentra en relación con muchas otras ideas particulares.

IMAGINACIÓN: Facultad de la mente capaz de variar, separar y combinar las ideas entre sí, de diversas formas. Hume afirma que: “nada es más libre que la imaginación humana”, a la par que concede particular relevancia a su papel en nuestro conocimiento, pues sobre ella descansan los principios de asociación de ideas, que ejercen su actividad mediante una especie de atracción, similar, en el orden mental, a la que se da en el mundo físico.

IMPRESIÓN: Percepción que incide en la mente con gran fuerza y vivacidad. 'Esta denominación abarca todas las sensaciones, pasiones y emociones, cuando realizan su primera aparición ante nuestra mente'. Pueden ser simples y complejas. También hay que distinguir entre impresiones de sensación (que son originarias) e impresiones de reflexión. Las impresiones de sensación constituyen el fundamento último del que proceden todos nuestros conocimientos, y surgen en el alma de causas desconocidas, inexplicables por la razón humana.

MENTE. No es otra cosa que un cúmulo o colección de diferentes percepciones, unidas entre sí por ciertas relaciones, con la suposición -aunque falsa- de que están dotadas de una perfecta simplicidad e identidad. Hume se muestra escéptico en el análisis de la identidad personal (del yo como sustancia).

PASIONES: Impresiones que proceden de otras percepciones (impresiones de reflexión ), y que dependen de forma inmediata, en su mayoría, del placer o del dolor. Son un elemento originario y propio de la naturaleza humana, independientes de la razón y no sojuzgarles por ella. La razón es, y sólo debe ser, la esclava de las pasiones y no puede pretender otra función que la de servirlas y obedecerlas.

PENSAMIENTO Conocimiento intelectual. Es concebido por Hume corno un conocimiento sensible debilitado, que se reduce en último término a la impresión recibida. Para Hume la impresión es sentida, mientras que la idea es pensada, y se debe poder remitir siempre a una impresión: no podemos pensar algo que no hayamos sentido previamente.

PERCEPCIÓN Hecho de conciencia o modificación de nuestra mente. Contenido que está presente a la mente. Sólo hay dos tipos de percepciones: impresiones e ideas. El fenomenismo de Hume le llevará a sostener que nuestras percepciones no nos darán nunca la menor indicación de algo más allá": "nunca daremos un paso fuera de nosotros mismos, ni Podremos concebir otra clase de existencia que la de las percepciones que aparecen dentro de esos estrechos límites".

RAZÓN Designa al entendimiento cuando actúa discursivamente, bien en razonamientos demostrativos (que conciernen a las relaciones de ideas) o solamente probables (referidos a cuestiones de hecho). Su papel es exclusivamente teórico, especulativo, y no puede constituir jamás el motivo de una acción ni oponerse a las pasiones. Su función práctica es meramente auxiliar: ponerse al servicio de la satisfacción del apetecer impulsivo, juzgando la adecuación de los medios a los fines apetecidos.

YO Haz o colección de diferentes percepciones que se suceden unas a otras con una rapidez inconcebible y que están en perpetuo flujo o movimiento. Según esto, Hume niega también la sustancia “yo”, cuya idea es fruto de una ficción de la imaginación, porque no hay impresión de la que derive esa supuesta idea: 'el yo o la persona no es una impresión, sino aquello a lo que se supone que hacen referencia nuestras diferentes impresiones e ideas'.

VIRTUD Cualquier acción o cualidad mental que da a quien la ve un sentimiento agradable de aprobación. El vicio es lo contrario.

RAZONAMIENTO MORAL O PROBABLE El que se refiere a las cuestiones de hecho y de existencia. Está fundado en la experiencia y constituye la mayor parte del conocimiento humano. Se basa en la relación causa-efecto, pues sólo mediante esta relación podemos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y sentidos.

RELACIONES DE IDEAS Proposiciones que se limitan a operar sobre contenidos ideales (reino propio de las ciencias formales: geometría, álgebra, etc.), sin referirse a lo que existe o puede existir. Se obtienen básicamente como consecuencia del principio de no contradicción, y es el único ámbito en el que se da una certeza demostrativa y tiene lugar el conocimiento en sentido estricto.

SENTIMIENTO MORAL Origen del juicio o valoración moral (aprobación o censura de un acto). Responde a un instinto o gusto natural, semejante al sentimiento estético, que nos hace distinguir lo bueno de lo malo, en definitiva, lo útil de lo nocivo para la vida sensible. Es común a todos los hombres (todos lo poseen y en todos se despliega de la misma manera).

SUSTANCIA Simple colección de ideas unidas por la imaginación, a las que se le asigna un nombre particular mediante el cual podemos recordar, a nosotros mismos o a otros, esta colección. Hume niega la existencia de sustancias. La idea de sustancia (de la que no podemos encontrar la impresión originaria) no es más que un artificio de la imaginación.