Crisis asiática

Macroeconomía. Retroceso económico. Japón. Mercado asiático

  • Enviado por: Juan Arco
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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4. La función del pensamiento económico dominante

La economía como área de conocimiento científico se presenta como las

posibilidades de asignar medios siempre previos al logro lógico de fines

alternativos. Es definición la cual es la función de la economía es la

comúnmente aceptada en el ámbito académico, pero que si esto no fuera así,

estuviera sirviendo más para ocultar, que para racionalizar, una realidad

que responde a unos intereses bien guardado y bien defendidos a través de

una ideología conservadora del status quo que lo genera, como sugiere

Naredo1.

La extensión del capitalismo encontró su principal fuerza en el bastión

ideológico, revestido de ciencia, del status quo capitalista dominante en el

mundo y su principal flaqueza reside en que esta función degrada su

capacidad de interpretación y predicción de los problemas del presente,

socavando su propio estatuto científico.

Donde pretende llegar es a que las ideas normales de sistema político y de

sistema económico generan una red analítica inadecuada para comprender los

problemas del mundo actual, pero muy útil para defender los intereses

dominantes. Para ello debemos recordar que las ideas de sistema político y

económico surgieron y se afianzaron separándose de la moral presuponiendo

que el afán de acumulación y de mantener poder es algo irrefrenable en el

hombre.

El Estado aparece como árbitro supremo y garantiza el respeto de la

propiedad y la libertad individual, mediante reglas de juego que rigen ambos

sistemas y que asegura la paz y el bienestar social. La cuestión empieza a

disociarse en el momento en que se consigue limitar el poder perseguido por

líderes y partidos políticos y no se consigue limitar el poder económico

donde el objetivo principal es la consecución de riqueza.

La dimensión de los Estados

Es una cuestión comprometida a merced de los poderes económicos, en los

últimos tiempos estamos asistiendo a la ruptura del vínculo que unía al

Estado con el dinero, al permitir su creación a las empresas privadas en un

sentido amplio y despojar al Estado del poder privativo que mantenía sobre

la creación de dinero y como medio básico para reforzar su poder político.

Este cambio responde al nuevo predominio de la economía sobre la política y

de las organizaciones empresariales sobre los Estados.

Curiosamente la globalización de los mercados financieros abre al

capitalismo transnacional la posibilidad de comprar el mundo apoyándose para

ello en el ahorro que el mismo mundo genera y que se dirige a los mercados

financieros a comprar los pasivos que emite ese capitalismo transnacional. A

la vez la situación económica privilegiada de los países ricos, donde se

ubican las sedes de las empresas y mercados transnacionales residen en buena

salud de sus propias divisas, cuya cotización se apoya en el ahorro foráneo

que acude a comprarlas para colocarse en cuentas corrientes u otros activos

financieros emitidos por ellos. Por lo tanto, como no podía ser de otra

manera, a estas organizaciones transnacionales no les interesan. Estados

sobredimensionados con capacidad regulatoria que controle estos movimientos

de capital ya que generaría su autodestrucción por la lógica sobre la que

están montados.

De esta manera la mencionada globalización nos arrastra hacia el predominio

de un juego económico de suma cero, en el que las ganancias de unos y otros

han de ser sufragadas por otros. Con la salvedad de que la tendencia al

crecimiento continua de la burbuja financiera mundial permite mantener entre

los jugadores la idea de que se está produciendo un enriquecimiento

generalizado.

La eliminación de las trabas que las fronteras nacionales ponían al

movimiento de capitales está posibilitando una expansión sin precedentes de

compras de propiedad y empresas por parte de grupos transnacionales que

disfrutaban de posibilidades de financiación hasta hace poco inconcebibles.

Al predominio de la economía financiera sobre la producción de la misma se

añade el desplazamiento desde la acumulación primitiva hacia la que está

llevando a cabo el capitalismo supranacional a partir de las propiedades de

los estados y del capitalismo local. Por lo tanto, se observa un claro

divorcio entre las maneras de actuar y de financiarse del capitalismo

transnacional, que opera sin actividad ni patria definida, y el capitalismo

local, ligado a actividades ordinarias territorializadas.

Con la paradoja de que la gran oportunidad compra de que dispone el

capitalismo transnacional sobre el mundo se apoya en el crédito que éste le

otorga como una forma natural de actuación.

El papel de las nuevas tecnologías en los medios de comunicación

Hoy son las empresas y holdings privados lo que plantean dominar el mundo y

amasar enormes botines. Nunca los amos del mundo han sido tan numerosos sin

portentosos.

Como sugieren Benjamin Constant2, Thorstein Veblen3, el comercio estaba

llama a sustituir a la fuerza como medio de aproximación de riquezas en el

mundo cuyo instrumento sería la empresa nómada. Para conseguir que se

aplique hacían falta dos requisitos, primero la actual revolución de las

comunicaciones que diera el espaldazo final a la revolución de los

transportes, permitiendo una verdadera globalización de los mercados y en

segundo lugar hacía falta fe en los mercados para eclipsar las consecuencias

negativas de tal globalización y hacer entrar en razón a los Estados para

que levantaran las trabas al comercio internacional de mercancías y

facilitarse la desregulación en el movimiento de capitales, aunque ello

fuera en detrimento de su propia soberanía.

Como consecuencia se ha levantado por todos los confines este modelo de

empresa nómada transnacional, que ve en las organizaciones y holdings

empresariales un mero instrumento para la adquisición de dinero y de poder.

En este contexto el dinero está perdiendo el papel tan determinante que

había adquirido, pero la expansión y divenificación de activos líquidos, y

la transparencia electrónica de fondos, hicieron obsoleta la tenencia de

dinero por motivos de transacción y precaución. Lo mismo que el poder se

apoya hoy más en la capacidad de emitir pasivos o "valores virtuales" que

todo el mundo acepta, que en la acumulación del dinero mismo mediante

actividades productivas ordinarias.

El sistema político. Un sistema funcional

La democracia, si va acompañada de la eliminación de las trabas económicas

a la libre entrada de capitales y productos, y facilitando la subordinación

de los países a los dictados del capital transnacional, resulta

perfectamente funcional a los poderes establecidos pero con ello el sistema

político se desacredita, al tener que estar los gobiernos más pendientes de

practicar políticas más acordes con los intereses del capital transnacional,

del que dependen, que de mantener sus procesos electorales.

Hasta la capacidad de crear dinero y de endeudarse de los Estados se ve

ahora continuamente vigilada, limitada y llegado el caso, penalizada por

éstas. Pues son estas las que manejan, en era de la globalización, los

recursos económicos más libremente, en cantidades mayores que los Estados y

los sometan cada vez más a sus dictados para facilitar sus negocios.

Esto ha dado lugar a lo que Ramonet denomina Regímenes Globalitarios.

Europa, Japón y el fantasma de Keynes4

Para evitar un arbitraje que tiende a remendar las intervenciones de los

bancos centrales, los países precisan poner obstáculos frente a los

movimientos indeseados de inversión y retirada de fondos en su moneda. Eses

es el principal propósito de los impuestos sobre transacciones de divisas

que se están estudiando en todo el mundo.

La protección sobre una globalización financiera extrema es esencial para

mantener una política económica sólida.

La austeridad contra la irrestabilidad notoria no es un ingrediente

esencial para solucionar las crisis económicas nacionales e internacionales.

Las economías con problemas precisan de reformas estructuradas con programas

de recuperación inmediata.

Japón es un ejemplo clarísimo. Sin estancamientos y sus recesiones son la

consecuencia de una increíble incompetencia en política macroeconómica

básicamente por5: la pasividad de las autoridades niponas ante la situación

económica de su país; el retroceso económico generalizado de los países

asiáticos; la caída del precio de las materias primas y de los productos

energéticos; la modificación de las ventajas comparativas a consecuencia de

las devaluaciones de las divisas asiáticas y el nerviosismo imperante en los

mercados de capitales y de divisas.

De hecho, los socios de Japón en el G-7 han estado pidiendo que aplique

políticas Keynerianas. Es necesario más gastos público y privado, incluso

gasto que genera déficit, a gran escala y de manera sostenida, tanto para

consumo como para inversión.

Es necesario suspender todas las consignas a favor del ahorro hasta que la

economía japonesa recupere las espectativas empresariales y las inversiones.

El gobierno del país debería transferir unilateralmente grandes cantidades

de yenes a otros países asiáticos o a otros países pobres del mundo, para

proyectos de desarrollo y alivio de la pobreza, a cambio tan solo de que

esos yenes se gasten en Japón.

En definitiva, carece de fundamento pensar que los problemas bancarios

causaron el desastre japonés o que su resolución restaurará la prosperidad,

en este sentido el fantasma de Keynes planea sobre Europa y Japón.

El naufragio de los dogmas liberales6

"El modelo americano es atacado por todas partes, el mercado está siendo

percibido cada vez más como el enemigo del crecimiento. Las naciones se

vuelven atrás como reacción a una de las mayores destrucciones de riqueza

nunca conocidas".

Tras la crisis de los setenta llegan al poder los doctrinarios neoliberales

(Margaret Thatcher en 1979, Ronald Reagan en 1980, y Francois Mitterrande en

1981). Teniendo en cuenta la falta de cultura de los dirigentes occidentales

y la alarmante mediocridad de los medios de comunicación que les informaban,

se puede preguntar cómo, a partir de los ochenta, tantos "expertos" hayan

podido imponer la idea extravagante de que la historia habría dejado de

contar, que cada sociedad no era más que una arcilla moldeable por las

"leyes de economía, que la comunicación y el mercado iban a disolver las

diferencias entre las naciones, indicando el camino de una modernización

cimentada en una feliz mundialización.

Con este pobre programa operativo y con cuatro bastos elementos para

actuar, (desreglamentación, privatizaciones, bajada de impuestos y

librecambio) las organizaciones económica internacionales buscan transformar

el mundo a imagen del "modelo anglosajón".

Sin embargo, tal y como señala un neoliberal desengrandrado "Propagar el

capitalismo no constituye simplemente un ejercicio de ingeniería económica.

Es un ataque contra la cultura, la política de otras regiones que hace casi

inevitable un choque".

Fue sobre todo la administración del presidente Clinton la que a partir de

1993, a la vez por falta de proyecto estratégico y por falta de medios,

decidió reducir su política exterior a una política comercial y financiera.

Exigió por todas partes la apertura de los mercados extranjeros a las

exportaciones de mercancías y de capitales.

Un semanario de corte liberal como The Economist acuerda ahora: "El

descenso según el cual los capitales, que sin considerar los riesgos a los

que se exponen, se precipitasen a los mercados emergentes, después, sin

preocuparse por las consecuencias a largo plazo, se retirasen de golpe,

delimita bastante bien la realidad. Incluso aunque las cosas no se agraven,

las consecuencias de tales errores son ya desastrosas. La idea de

reglamentar los flujos financieros no está provista pues de pertinencia".

En esta línea, Anthony Blair no ha encontrado todavía esa idea, cuando hace

saber que "la solución a los problemas financieros no reside en las

tentativas mal inspiradas que apuntan a controlar el comercio y los marcados

internacionales.

Otros continúan empeñados en que los países golpeados por la crisis son

responsables de que les haya pasado, que no se trata, en definitiva, más que

de "la dura y justa ley de los mercados financieros". Prueban lo que se

entreveía ya: el liberalismo es más que una sume de prescripciones

económicas; es también una cultura, una moralidad particular. Pero, desde

ahora, incluso algunos de sus partidarios más dogmáticos y más cínicos

redescubren las virtudes del Estado cuando este trata de proteger

capitalismo de sus pulsiones autodestructivas, hasta el presidente Clinton

comprende que "una transición económica dolorosa, emprendida sin una red de

protección social adecuada puede sacrificar vidas en nombre de una teoría

económica. No hay que obsesionarse con los destellos de lucidez de las

clases dirigentes cuando el próximo presidente del Banco Central Europeo Win

Duisenberg, desprovisto actualmente de brújula y de modelo admite así su

desconcierto ante la tempestad financiera: "Hacemos lo que podemos, pero no

hay gran cosa que podamos hacer".

Los guardianes del orden monetario7

Mientras que cada semana, o casi, desde el Verano de 1997, las plazas

bursátiles registran una sacudida nueva, las miradas se vuelven otra vez

hacia los responsables de los Bancos Centrales, considerados con razón o sin

ella como los veladores últimos del orden monetario y de la prosperidad

mundial.

Podemos preguntarnos si los saberes y las prácticas en la que se apoyan los

dirigentes de los Bancos centrales estarán suficientemente contrastados como

para evitar que la economía mundial se salga por mucho tiempo del sendero de

crecimiento equilibrado que se supone que ellos deben mantener. Podemos

esperar que impulsen una nueva política monetario y financiera susceptibles

de remontar las turbulencias ligadas a la aceleración de la especulación,

aludida cada vez con más frecuencia, de una próxima recesión mundial, muy

avanzada ya en ciertos países donde comienza a aparecer el hambre.

¿Quiénes son esos seres excepcionales capaces de representar a la

colectividad hasta el punto de ser considerados aptos para guiarla, para

determinar, junto a los demás responsables financieros, el valor de las

monedas, controlar los sistemas bancarios y defender sus decisiones ante los

mercados y los ciudadanos?

Indiscutiblemente, la elite dirigente de la política financiera mundial

está impregnada de la cultura económica anglosajona que difunden los

departamentos económicos de las universidades norteamericanas.

Por su trayectoria escolar y geográfica, los responsables de los Bancos

centrales representa un reducido núcleo de altos diplomados en economía, en

gestión y más raramente en derecho, para los que el mundo norteamericano es

el primer espacio de referencia. Sus vínculos con el mundo de los mercados

es más estrecho de lo que cabría pensar de su imagen de neutrales celadores

del orden y de Padres Justicieros de los especuladores.

La crisis asiática ilustra la acentuada fragilidad de los Bancos Centrales

en un universo donde el poder de los actores de mercado se ha visto

desmultiplicado: las reservas de divisas de funden, al igual que las del

FMI, sin que la situación económica y social arrojase por ahora atisbos de

restablecimiento. La devaluación a la que las autoridades monetarias suelen

acabar por ceder no es suficiente para evitar el maremo industrial, bancario

y social en el que se han hundido sectores enteros de economías hace poco

muy prósperas: erigidas en modelos por los celadores del orden Neoliberal.

Y lo que es peor; representa el medio más seguro de extender la crisis al

resto del planeta, se temen ya las consecuencias de una devaluación en

Brasil, confirmada en estos días y en China.

Los guardianes del orden monetario o money doctors de los Bancos Centrales,

en línea con las políticas recomendadas por el FMI y por el B, ¿pueden

representar a categorías sociales drásticamente empobrecidas cuando no han

parado en descalificar como "populistas" la menor sensibilidad ante los

efectos sociales de sus políticas económicas?

El presidente norteamericano ha pedido a Robert Rubin, su ministro de

finanzas, y a Alan Greenspan que organice una reunión con sus homólogos con

el fin de hallar los medios de adaptar el sistema financiero internacional,

¿podemos esperar de ellos la gran reforma financiera internacional que

permita asentar un crecimiento económico ecológico y socialmente más justo?

En su tiempo, Keynes habría imaginado esta reforma necesaria, pero la mayor

parte de los responsables incluidos socialistas y social demócratas, la han

olvidado. Supone poner de nuevo en discusión demasiados intereses

establecidos como para ser pensada por expertos salidos de otro mundo, el

del neoliberalismo triunfante.

La tasa Tobin para dominar la especulación8

Solo a través de la fiscalidad se pueden subordinar los flujos de capitales

a una lógica de interés general.

A medida que se desmantelan las fronteras, la mundialización erosiona la

base tributaria con la que contaban los gobiernos. Socava su capacidad para

gravar con impuestos los productos de la especulación financiera. Los

beneficios y las inversiones de las grandes empresas. Los capitales de los

países desarrollados están en continuo movimiento alrededor del planeta y lo

que convierte en extremadamente difícil tanto la definición de los

beneficios imponibles como la identificación de los Estados a los que se le

podría aplicar esos impuestos. Los países menos desarrollados multiplican

los favores fiscales para atraer a cualquier precio las inversiones

extranjeras. Las grandes empresas utilizan esas condiciones para exigir una

desgravación de impuestos a los que están obligados en sus países de origen.

Y la erosión de la base tributaria aumenta lo mismo que las deducciones

sobre el trabajo.

¿ Cómo pueden los países seguir la pista de esas transacciones, cuando,

como ha escrito The economist "Internet no solo elimina las fronteras, sino

que también borra la identidad de las empresas y de los individuos que

comercian"?

Así, en 1978, el premio Nobel de Economía, el norteamericano Jamen Tobin

propuso una tasa sobre los beneficios logrados durante las transacciones al

contado (spot) en los mercados de cambios; en respuesta a los problemas

financieros de fines de los años setenta: inestabilidad monetaria después

del hundimiento del sistema de Bretton Woods, convulsiones petróleras,

hundimiento del dólar, especulación intensa sobre otras monedas y sobre todo

el oro, arranque déficit del nuevo sistema de tipos de cambio flotantes. La

proposición de James Tobin buscaba alentar la estabilidad financiera

haciendo pagar un precio a su especulación.

James Tobin habría sacado su inspiración de uno de los más grandes

pensadores del Estado moderno del siglo XX John Marynard Jeynes, que, medio

siglo antes de la aparición del ordenador personal, y de las tecnologías de

la información, escribía con una sorprendente agudeza: "A medida que se

perfecciona la organización de los mercados de inversión, aumenta el riesgo

de dominio de la especulación. Los especuladores no son peligrosos sin duda

en tanto que burbujean en una corriente regular de actividad de la empresa.

Pero la situación se hace grave si la empresa se convierte en una burbuja en

el torbellino de la especulación". En lo que ahora se ha convertido en una

metáfora popularizada por James Tobin, cuando hablaba de "echar un poco de

arena en los engranajes bien engrasados" de la especulación financiera.

En definitiva, se trata de aspirar a una mayor justicia y seguridad, ya que

las elites utilizan la modernización y la globalización para atacar a los

sistemas de seguridad social, a los pobres de los países desarrollados y a

los más pobres de los países en desarrollo. Ya es el momento de demostrar

que las armas de la modernización pueden ser utilizadas con otros objetivos

más altruistas.

La privatizaciñon. Respuesta a unos intereses concretos.

El análisis convencional justifica los procesos privatizadores en: la

búsqueda de la eficiencia y mejora de la competitividad; es un instrumento

para sufragar los déficit públicos y reducir los niveles de deuda, y permite

la formación de capitalismo popular. Pero y sí, como sugiere Naredo1 esta

justificación respondiera a una ideología conservadora del status quo que lo

genera. Hay voces, dentro de este enfoque neoclásico, que claman en contra

de esta propia corriente aduciendo que se ha tendido más a unos objetivos de

naturaleza política e idológica y a una reducción del poder sindical. Por

todo esto se hace necesario otra lectura distinta del proceso privatizador a

escala mundial.

Desde la crisis de los setenta veníamos asistiendo a una reducción en las

tasas de beneficio y, cada vez con mayor desesperación, se trata de dar

salida a esta situación y para ello se persigue una desregulación a escala

mundial que permita la puesta en explotación de nuevos espacios económicos.

Para ello se hace necesario la reducción del tamaño de los Estados y la

cesión de su soberanía en materia fiscal, creando espacios económicos

incontrolados que sean caldo de cultivo para la especulación y no sea un

obstáculo del crecimiento económico.

Por otro lado, advierte, nuestro conocido profesor López Castellanos9,

acerca del riesgo de infravalorar los activos enajenados y del deterioro de

la situación patrimonial del sector público. Privatizando se corre el riesgo

de un trasvase del poder del Estado a entidades financieras y grandes

corporaciones privadas multinacionales. En realidad, es el terreno propicio

para la Banca, donde en estos días en España asistimos a una mayor

concentración del sector con el objetivo de escalar posiciones en el ranking

mundial, concretamente con la fusión por absorción del Grupo Santander y el

Banco Central Hispano.

La Banca encuentra en este campo alternativas al negocio bancario

tradicional en un entorno de tipo de intereses a la baja. La cuestión no

merece muchos comentarios cuando por ejemplo, sólo el grupo Banco Santander

ha obtenido unos beneficios netos anuales, datos presentados estos días, de

cincuenta mil millones de pesetas.

La globalización como proyecto económico10

Las características permanentes del capitalismo son: Aplicar sin cesar la

producción y desarrollarse más allá del ámbito nacional.

En los 70: La reducción de los márgenes de beneficio conduce a un proceso de

desregulación a escala mundial, una pérdida de papel central de los Estados

Nacionales y una pérdida de capacidad para definir el marco de referencia de

una actividad económica mundializada.

- A ello se une un cambio ideológico donde lo que prima es tener una actitud

y talante competitivo.

En los 80: Los gobiernos liquidan inversiones improductivas y recortan los

presupuestos sociales. Todo esto ha tenido como consecuencia en la esfera

teórica la difusión del modelo Keyneriano y la revaluación del

"Neoclasicismo global".

Para Keyneriano el gobierno era el protagonista de la política económica

comercial y propugnaba la progresiva liberalización comercial para favorecer

el comercio internacional, pero la restricción a la movilidad del capital

era necesaria para que tuviera éxito una política efectiva.

Para el Neoclasisismo global su unidad de análisis es el mundo entero y

supone un mercado único y cualquier país que pretenda apartarse de la lógica

del mercado mundial lo hará en detrimento propio.

La pérdida de las fronteras y la cesión de la soberanía por parte de los

estados difumina la propiedad del capital que se desplaza a aquellos lugares

donde se obtienen mayores márgenes de rentabilidad y huyendo de áreas con

mayores cargas impositivas y mercados financieros regulados. Cuando estos

mercados financieros pierden competitividad el capital se desplaza buscando

nuevas áreas de rentabilidad, por ello ganar competitividad exige desregular

en sentido amplio.

Por lo tanto objetivos de este modelo tenemos la libertad de comercio y la

competencia como regulador del sistema.

El principal mensaje del Neoclasisismo Global es que el mercado es

inevitable y los gobiernos son impotentes frente al mercado.

Esta idea sugiere si han sido los gobiernos conscientemente los que han

contribuido a la formación de estos mercados a través de su poder político o

si por el contrario han sido los poderes económicos lo que han forzado a los

gobiernos a que se llegue a la situación actual; en este sentido nos

posicionamos en el bando de aquellos que piensan que los grandes poderes

económicos a través de su actuación con medidas de presión sobre los

gobiernos han conseguido la progresiva desregulación vinculada a los

movimientos de capital en busca de nuevos espacios económicos que permitan

mantener e incrementar los márgenes de rentabilidad.

Como consecuencia de todo esto el divorcio entre los espacios económicos

universalizados y las políticas nacionales (en particular la

político/económica) es más que manifiesta y en todo este proceso el gran

beneficiario han sido los mercados financieros cuyo desarrollo se ha debido

a su capacidad para eludir las restricciones de las políticas nacionales.

(fundamentalmente las cargas impositivas). Por todo ello, los mercados

financieros son, hoy día, gracias a poderosos movimientos especulativos, los

creadores de nuevos mercados, "el sujeto de soberanía" y "el vigilante de la

buena conducta de los gobiernos". En este sentido es tal el poder que

acumulan los mercados financieros que tienen a los gobiernos sometidos a sus

decisiones cada vez con más énfasis.

Ante este hecho se han propuesto establecer en un conjunto de medidas:

- GreenSpan propone la vuelta al patrón iro.

- Tobin, establecer un impuesto a la circulación de capitales

- Delor, frenar la velocidad de circularción del K en los mares de cambios

- Rubén Méndez, creación de una "Bolsa Mundi el de divisas" y la formación

de un organismo internacional público afiliado al sistema de las Naciones

Unidas, con la intrusión de gravar una parte de las rentas generadas por las

actividades comerciales transaccionales.

Teniendo presente toda esta realidad lo que si parece necesario es: Según

Sindic:

* Establecer fuertes políticas nacionales con objeto de oponerse a la lógica

librecabista de los grupos multinacionales.

* Revisar las políticas e instituciones dominantes.

* Crear un nuevo sistema de regulación de los mercados que garantice los

productos nacionales.

Los gobiernos tienen una amplia tarea para regular los mercados:

- Establecer el control sobre los movimientos de capitales.

- Gravar las utilidades especulativas.

- Eliminar los paraísos fiscales.

Paralelamente según Petrella: Hay que desarmar la economía y hay que

desvalorizar la competitividad y los indicadores que constituyen el abc del

pensamiento económico que alimenta la cultura de la guerra económica.

Desmontar los 2 elementos claves del discurso dominante: El impuesto de la

competitividad en tanto e ideología de legitimación de un economismo

mercantil vulgar. La idea de racionalidad que la modulización de la economía

ha conferido a las acciones y estrategias de las empresas multinacionales.

(1) José Manuel Naredo, Archipiélago/33, pag. 13-26

sobre la función mixtificadora del pensamiento económico dominante

(2) B. Constant, La Pleidade. París, 1957

(3) T. Veblen, Theory of Leisure Class, 1884, trad. FCE, Mexico 1966.

(4) Europa, Japón y el fantasma de Keynes, James Tobin. El País, 12/11/98,

opinión.

(5) Boletín de coyuntura económica. Año 2, Nº3, Noviembre 1998

(6) El naufragio de los dogmas liberales, Serge Halimi

Le Monde Diplomatique, Octubre, 1998.

(7) Fréderic Lebaron, Le Monde Diplomatique, 8 octubre 1998

(8) Howard. M Wachtel. Le Monde Diplomatique. Octubre 1998

Tres tasas globales para dominar la especulación.

(9) Fernando López Castellanos. La Privatización. Una estrategia en la

creación de nuevos espacios económicos. Marzo 1998

(10) Fernando López Castellanos. Mundialización de la economía y pérdida de

soberanía de los Estados Nacionales, Santiago de Compostela, 1995.